THE TRUTH

—¿Lo tenéis todo claro?- Pregunta Bo.

—Recapitulando —Eric toma la palabra—. Nosotros y los indios creamos una distracción para que Pequeño Lobo se acerque a la cabaña y libere a nuestros amigos; Mientras tanto, tú y tu rubita os acercáis tranquilamente a la entrada principal para ver a tu padre. Por mi perfecto. Ya dirás cuándo empezamos

—Cuando anochezca, los hombres estarán cansados y a punto de acostarse, ese será nuestro momento.

—¿Qué haremos si Tamsin o Vex están heridos?-Pregunta Lauren.

—Antes de empezar os indicare cual es la casa de Ciara, si hay heridos, o cualquier otro incidente nos reuniremos en su casa. Yo respondo por ella. Nunca me traicionaría.

—Bo, tú has matado a Dyson. Has matado a su marido. ¿No te guardara rencor?

—No lo creo, Lauren. Dyson era un borracho cobarde. Mal padre y un peor marido. Aunque ahora Ciara no lo vea es lo mejor que podía pasar.

—Y hasta que anochezca ¿Qué hacemos? — Pregunta Pequeño Lobo.

—Prepararnos bichejo —replica Bo—. Necesitamos idear una distracción. El rancho es enorme y debemos dirigirlos a todos hacia un lugar.

—Eso es fácil —dice el pillastre—. Necesitamos crear una estampida con el ganado.

—¡No pequeño lobo! ¿Acaso no has aprendido nada de mis enseñanzas? Todos los seres vivos tienen que ser respetados incluido el ganado- replica Lauren—. Ya podéis ir pensando algo que no afecte ni a hombres ni animales. Tenéis unas cuantas horas hasta que caiga la noche…

—¡Fuego!

El urgente grito de alarma despierta a Vex y Tamsin del sopor en el que se encuentran y los impulsa a ponerse en pie con todos sus sentidos instantáneamente alerta.

—No, no, no —repite como una mantra Vex—. Otra vez no.

La parte trasera de la cabaña brillaba ligeramente con la luz anaranjada de las llamas. ¡El fuego estaba cerca! El humo entraba por la rendijas de la puerta y las ventanas y lentamente se elevaba hasta el techo. En el exterior de la cabaña se podía oír los gritos de los vaqueros que pedían más agua.

—Venga Lanister, date prisa pásame los cubos.

La luz se intensifica en la cabaña ya se acercaban las llamas del incendio. Tamsin siente que la temperatura se eleva dramáticamente en su prisión. Gotas de sudor surgen de su frente para después caer al suelo, mientras un velo de humedad aparece en sus brazos y piernas. El grillete de su pie izquierdo se desliza sobre su tobillo.

—Vex, espabila. ¡Ayudame!. Tamsin se agacha y comienza a tratar de deshacerse del grillete. Lo retuerce y, con la ayuda de Vex, hace todo lo posible por abrirlo. Sea como sea.

Una lengua de fuego serpentea por la pared trasera y comienza a escalar hacia el techo. Tamsin vuelve la atención hacia el tobillo.

—Ayúdame a quitarme la bota Vex. La rubia estaba casi segura, ayudada por le sudor, que podía pasar el tobillo por el grillete. Tenía que hacerlo. Nadie les ayudaría y Vex estaba a punto de colapsar. Era el momento.

Fuera los gritos crecen en intensidad, en competencia con la furia de las llamas. Más y más hombres piden agua, corriendo en todas direcciones.

Al fin el grillete comienza ha deslizarse, ayudado por el sudor y la sangre que produce al cortarle la piel.

—¡Vamos Vex, tira mas fuerte!

Al fin el pie queda libre. Tamsin se levanta y cojea hasta la chimenea, asiendo un atizador.

—Tranquilo Vex, en un santiamén estarás libre.

Una vez liberados se aproximan a una de las ventanas. Los guardias han abandonado sus puestos de vigilancia para ir a combatir el fuego. De repente ven como el humo oculta parcialmente la figura de un muchacho que corre hacia la cabaña, Vex pierde la estabilidad y se desliza hacia el suelo, tosiendo sin parar.

—Espabila, reverendo. Se supone que tienes que salvar a la chica. Así que ya me dirás que haces en el suelo, lloriqueando como una niña.

La puerta se abre y, con ella, una explosión de llamas inunda la habitación. Tamsin se lanza al suelo al lado de Vex, cubriéndolo con su cuerpo.

—¡Caras palidas! —grita el muchacho— ¿Estáis ahí?

—Aquí chico —replica Tamsin—. Ayúdame a sacar a Vex. El pobre reverendo no puede andar.

Entre los dos arrastran al reverendo fuera de la cabaña, hacia el porche.

—¿Quién coño eres tú? —Pregunta Tamsin.

—Yo soy "Pequeño Lobo". Soy el que os ha sacado de esta situación así que haber si espabiláis los dos y me seguís que nos están esperando.

—Renacuajo, por tus ropas supongo que conoces a Lauren.

—Mira que habláis los rostros pálidos. ¡Vámonos!

—¡Alto! —grita un vaquero cargado con un cubo de agua—. ¡Lanister, ven aquí, que escapan los prisioneros

Sin dudarlo el pillastre se lanza hacia el vaquero rodando los dos por el suelo. Tamsin se une a la refriega, noqueándolo, a los pocos segundos, con una piedra del camino.

—Rápido, enano, regístralo haber si lleva cualquier arma que enseguida llegaran los demás.

Todo sucede en un segundo, como un baile a cámara lenta. Un vaquero llega a la carrera con su colt desenfundado, mientras una pequeña mano le hace entrega a la rubia de un cuchillo. Mientras se gira, Tamsin lanza el cuchillo al pecho del vaquero…

Bo y Lauren cabalgan hacia la entrada del rancho, con la cabeza inclinada para protegerse del viento que acaba de empezar a soplar. Las nubes, cada vez más grises, oscurecen el cielo. Las tormentas de verano son violentas y ruidosas, todo rayos y truenos. Bo espera que a Eric y los demás les este yendo bien. No puede evitarlo, esta preocupada por el chiquillo. El fuego es peligroso y encima el viento lo único que hac es avivarlo y descontrolarlo. Espera que logren rescatar a Vex y Tamsin, antes de que estalle la tormenta.

Como siempre, el mero hecho de llegar a casa la pone furiosa. No lo entiende, pero es acercarse al rancho y ponerse enferma. Un relámpago cruza el cielo y, seguidamente, se escucha un trueno a lo lejos. Mira a Lauren, que cabalga a su lado.

—¿Está bien Shadow, ¿Le asustan los truenos?

—No Bo. Shadow y yo estamos acostumbrados a cabalgar bajo las tormentas, no te preocupes. ¿Te noto extraña y preocupada? No importa lo que diga tu padre, Bo. Nada cambiara lo que soy y lo que siento. Mi familia es mi pueblo y ahora he descubierto que mi familia también pueden ser mis amigos. Cuando vine con Hale y os conocí a todos, Kenzi, Tamsin, Vex, Crystal … pero sobre todo a ti, llenasteis un vacío que no sabía que tenía en mi corazón hasta que os conocí. No te preocupes Bo, nos enfrentaremos a tu padre "juntas".

Bo vislumbra el tejado de la casa principal. Al verlo siente un extraño escalofrió…

¿Terror?...¿Ira?... ¿Ilusión?... Quizás un poco de añoranza como cuando era una niña y volvía corriendo de la escuela para contarles a sus padres sus aventuras. Su madre la escuchaba sonriendo antes de mandarla a su habitación a cambiarse para el almuerzo. Cuando bajaba al comedor, y se encontraba con su padre, siempre esperaba esa mirada de aprobación que nunca recibía…

hasta aquel día…

Quince años atrás….

"— ¡Eres estupida!- ruge su padre.

Bo Dennis, de tan solo 8 años de edad, resiste de pie en la esquina de la habitación. Los improperios de su padre la azotan con oleadas de odio.

¡Pero padre, hacía calor y tenia sed, solo le di de beber!.

¡Silencio. Era un animal. ¿Lo entiendes? Un sucio indio. Todos son iguales., No son humanos, no sienten nada, no merecen nada..

Pero madre siempre dice …— la voz de Bo se pierde bajo aquella mirada aterradora. Las manos de su padre, grandes y retorcidas, se abren y se cierran, amenazándola. Bo esta pegada al suelo, temblando, asustada por su propia osadía. Iba a pegarla. Lo sabía. Se preparo para los golpes que vendrían a continuación… para la rabia que, inevitablemente, estaba a punto de estallar.

Aquel silencio interminable se hacía insoportable. Cuando por fin su padre hablo, fue todavía más sobrecogedor, porque no estaba gritando. Hablaba en voz baja, casi susurrando.

Puede que tu madre opine de otra manera, pero tú eres mi hija y tu comportamiento es inaceptable. Esa escuela no te ha servido para nada. Así que desde hoy dejaras de llevar vestidos y trenzas y empezaras a llevar pantalones. Vivirás con los vaqueros en los barracones y en vez de acudir a la escuela, te dedicaras a limpiar el estiércol de los establos. Serás un vaquero más en este rancho y si algún día te lo mereces volverás a entrar por esa puerta. Serás mi hija y ocuparas tu habitación, pero como vuelvas a defraudarme…

¡No lo haré! No puedes obligarme. Mi madre no lo consentirá.

Tu madre está en Boston, con su madre y, Dios mediante, no volverá hasta que muera la bruja de tu abuela".

Top, Top, resuena la llamada en la puerta.

—Señorita Bo, señorita Lauren, que hacen llamando a la puerta bajo la lluvia. Entren, entren y pónganse a resguardo. Esperen mientras les traigo unas toallas —dice la anciana.

—No hace falta Alexandra. ¿Están mis padres en el rancho?

—Su madre está en la biblioteca, leyendo junto al fuego, y su padre salió. Al parecer se origino un incendio en unas de las cabañas de los vaqueros.

—Ok, Alexandra. Iré a ver a mi madre. No hace falta que nos anuncies.

—Bo, ¿estás bien? Te noto temblorosa—pregunta Lauren.

—No te preocupes Lauren. Es este lugar que me pone enferma. Vamos a buscar a mi madre quizás ella nos pueda aclarar algo antes de que llegue mi padre.

Las dos se dirigen hacia la biblioteca, tras llamar a la puerta, entran sin esperar invitación alguna.

—Madre, siento interrumpir tu lectura pero necesito que me ayudes a entender algo.

Stella levanta la mirada del libro.

— Bo, ¿Lauren? Creía que habíamos perdido tus habilidades culinarias, Trick no me explico porque abandonaste el rancho tras el éxito de la fiesta. Querida, todos los invitados estuvieron encantados con el menú. Fue un rotundo éxito, pero que hacéis las dos empapadas acercaros al fuego y explicarme a que se debe esta extraña visita.

—Madre, necesito que me respondas a una pregunta. ¿Tengo una hermana?

—¡Bo! Que tonterías estás diciendo, ya sabes la respuesta a esa pregunta. Tu padre y yo solo hemos tenido una hija.

—Si madre. ¿Pero soy yo tu hija?

—¡Para Bo! ¡Para! Ya tengo bastante con tu padre y sus juegos como para que ahora empieces tú.

—Bo —Lauren la intenta tranquilizar rozándole la espalda—, quizás sería mejor que yo empiece desde el principio y le explique la situación a tu madre.

—Si por favor Lauren. Dime qué le pasa a mi hija. ¿Por qué actúa de esa manera?

—Stella, hace unos días estábamos tomando un baño cuando su hija reparo en la mancha negra que tengo en mi espalda, en la parte baja del omoplato. Se horrorizo ya que dice que es exactamente igual que la que tiene su marido.

—¡Eso es imposible! ¡Déjame ver esa marca!

—Bueno yo —Lauren se enrojece.

—Por favor —suplica Bo—, necesito saber…

Lauren se vuelve de espaldas y, con la ayuda de Bo, retira sus ropas para que Stella vea su marca.

—Es imposible —Stella, viva imagen de la palidez, se desploma en el sofá.

—¡Madre, madre! ¿Te encuentras bien?

Lauren se arrodilla delante de Stella.

—Bo tráele una bebida a tu madre.

—No —dice Stella agarrando con mano temblorosa la cara de Lauren y girándola hacia el fuego—. Sube a mi habitación y busca un pequeño retrato que hay en el cajón de mi cómoda. Aparezco yo con cuatro años sobre las rodillas de mi madre y mi padre nos está abrazando a las dos. ¡Corre Bo!, tráeme ese retrato. Es imposible — repite una y otra vez Stella, llorando sin parar.

Bo, regresa y le tiende el retrato a su madre, que empieza a mecerse una y otra vez, hacia adelante y hacia atrás.

—¡Madre por favor!, me estas asustando —Bo pide ayuda con la mirada a Lauren.

—Trae un coñac Bo. Tenemos que hacer reaccionar a tu madre.

Tras la bebida, una llorosa Stella contempla a ambas jóvenes…tan distintas la una de la otra…

La morena como la noche, la mira con ojos amorosos y preocupados. ¿Amorosos? No recuerda haber visto esa mirada en su hija desde antes de su viaje a Boston. ¡Tantas cosas cambiaron en ese viaje!...

Y la otra, rubia como los rayos del sol, con una mirada clara y limpia.

—Bo, ven y mira el retrato de tu abuela. Después mira a Lauren, imagínatela como en el retrato con el pelo recogido en un moño.

—Madre —tiembla la voz de Bo—, ¿Qué está pasando?

Un ruido…

La puerta estrellándose contra la pared…

Fuertes pisadas…

Gritos…

Mujer, ¿Que diablos está pasando? Y tu, Bo, veo que ya has entrado en razón y me has traído a esta sucia india.

—Padre…