¡Nenas!, al fin es martes (diremos algunas jajajaaj) pero si ya es martes y como siempre aquí está el cap, bueno nenas ya está decidido el futuro de esta historia,
les cuento que ya sé exactamente cuántos caps van a ser y les cuento que serán 16 porque le agregue uno más que es el Nº 11 ese será como un extra que no
estaba contemplado pero que pienso hacía falta. Sé que este cap es largo y creo que todos los que vienen serán de igual manera, espero no les moleste lalalalala…
si a alguna le molesta hágamelo saber en un Rws para acortarlos mas XD…. El capitulo 10 está escrito y ahora mismo estoy redactando el Nº11.
¡GRACIAS POR LOS 40 COMENTARIOS DEL CAPITULO PASADO! ESOS COMENTARIOS SON LOS QUE ME ANIMAN A ADELANTAR CAPS ASI QUE
SI VEO EL MISMO NUMERO ¿Quién sabe? Y suba a mitad de semana… pero ¡COMENTEN!
Con Amor…
Tiwii Cullen
― Tu piel huele a rosas—me dijo suspirando contra mi cuello.
― Lo sé, ¿no te agrada?—le pregunte, buscando sus ojos, lo único que pude encontrar fue su cara incrustada en mi piel tomando de mi esencia. El no me respondió solo se quedo ahí, inhalando mi aroma.
Estábamos en la oficina, esta semana había sido muy ajetreada, Edward se había enfrentado a miles de problemas y por consiguiente había tenido 3 crisis mas, una de ellas llevándolo nuevamente al hospital. Hacia algunas horas que estábamos sentados en uno de los sillones de la oficina, Edward me había sorprendido acurrucándose contra mí y descansando su cabeza en mi hombro, no le tomo mucho tiempo para llegar a mi cuello y absorber el aroma que había en mi piel.
― Me duele la cabeza—susurro contra mi cuello—maldita cabeza—gruño enojado
― Entonces es señal para que nos marchemos, además ya has terminado aquí, debes descansar esta noche.
― Lo sé, tengo 32 años se exactamente lo que hacer con mi vida—me dijo haciéndome enfadar, me pare del sillón y su cabeza cayó junto con su cuerpo hacia el sofá—¡hey!—me regaño
― Entonces si sabes lo que tienes que hacer, toma tus cosas y vámonos. Antes de que nuevamente te de una crisis—camine hacia donde estaba mi bolso, acomode mis ropas y comencé a salir hacia la puerta. Edward murmuro algo más a mis espaldas pero no me detuve a escucharlo.
Llevábamos dos semanas "juntos", Edward y yo hacíamos el amor a cualquier hora y en cualquier parte. Sentía la necesidad de tenerlo cada vez que podía las primeras veces el había iniciado nuestros juegos y encuentros pero con el pasar de los días era yo la que ansiaba sentirlo conmigo. Su carácter seguía igual, muchos días andaba de un humor de perros por los problemas que tenia, habíamos discutido unas cuantas veces en la semana por su comportamiento descuidado con su enfermedad pero todo nos llevaba a lo mismo, cuando el día se acababa siempre terminábamos amándonos en donde el deseo nos encontrara. Me gire para verlo y estaba recogiendo sus pertenencias del escritorio a la tenue luz de las lámparas se veía magnifico, mi mente traicionera no podía evitar imaginanarlo sin ropa y llamándome para entrar en su cama. Reprimí un gemido e intente controlar mi libido.
― Vámonos—me dijo pasando por mi lado algo enojado, toda la semana le había pedido que se cuidara pero el parecía no hacer caso, Edward era un tipo muy testarudo y llevado a su idea, jamás tenía en consideración las opiniones de los demás y por supuesto que tampoco tendría las mías. Caminamos hasta el ascensor inmersos en un incomodo silencio, la "relación" que llevábamos no era convencional, aquí no primaba el amor y el cariño si no los bajos instintos y el deseo irrefrenable que teníamos por el otro. No podía negar que lo deseaba tanto o más que cuando lo conocí, ahora mismo mientras estamos distanciados, lo deseaba, sería capaz de desnudarlo aquí en el ascensor y hacerle el amor sin su permiso. Negué con mi cabeza ante tales pensamientos, no lo haría, no lo haría.
Llegamos al subterráneo ahí estaba James con una amable sonrisa, nos abrió la puerta del auto a ambos y corrió para subirse también.
― A la casa de la Señorita Swan—le dijo Edward con voz pasiva.
― Si señor—el chofer asintió y emprendió camino hacia mi casa, a la mitad del camino vi que Edward se apretaba fuertemente las cines conteniendo la puntada que seguramente atravesaba su cabeza. Mire de reojo hacia donde James y el botón que nos podría dar un poco de privacidad, no lo pensé dos veces y lo apreté dándonos un poco más de espacio. El vidrio subió hasta arriba dejándonos separados del conductor por un grueso cristal tintado.
― ¿te sientes mal Edward?—el asintió levemente mientras se dejaba caer sobre el asiento—te daré una de tus pastillas—le dije abriendo mi bolso y buscando entre sus medicamentos—mierda—exclame fuerte cuando me di cuenta que hoy nos habíamos terminado todas las dosis, eso no era nada bueno tendría que hablar con Emmett.
― ¿Qué sucede?—pregunto en un susurro
― No te quedan dosis de pastillas, hoy te tomaste todas las que traía.
― Demonios, se me va a partir la cabeza—me dijo poniéndome inquieta, no soportaba que sufriera si en mis manos estaba evitarlo.
― No te preocupes ya tengo la solución—levante el intercomunicador del auto y hable con James—James, date prisa en llegar a mi casa.
― Si señorita Swan—respondió e inmediatamente acelero la marcha
― ¿Qué harás?—pregunto cerrando fuertemente sus ojos y conteniendo el dolor.
― Te llevare a mi casa, ahí tengo algún medicamento que te podría servir—el solo asintió y comenzó a dormitar.
Realmente me estaba preocupando, si bien los exámenes de Edward habían salido normales las crisis aun continuaban y eso no era bueno, no me podía imaginar que le pasara algo malo, seria… terrible. Mañana temprano hablaría con Emmett acerca de lo que está sucediendo si Edward estaba sano yo presentía que el problema erradicaba más en su mente que en su cuerpo. James en solo unos cuantos minutos llego a las puertas de mi casa, moví a Edward y el reacciono de inmediato.
― ¿Qué sucede?—me pregunto con voz adormilada, la distinguía de todas ya que la había escuchado muchas veces.
― Vamos—le dije tomándole el brazo, el no parecía incomodo—entremos a mi casa debo darte un analgésico.
― Está bien—dijo aun con la voz pastosa, salió perezosamente del auto y se encamino conmigo, al erguirse tomo su natural altura, unos buenos centímetros por encima de los míos.
Caminamos por el jardín y todas las luces de la casa estaban apagadas. Hoy hacia un frio tremendo por lo que papa y Kate se tienen que haber recostado temprano. Abrí la puerta cuidadosamente seguida muy de cerca por Edward, tenerlo dentro de mi casa era algo completamente nuevo, jamás me lo había imaginado aquí en mi estar o en el recibidor, mire hacia atrás y el observaba toda la casa pero no se veía alguna expresión en su rostro, me permití grabar esa imagen en mi mente ya que sabia tal vez jamás se volvería a repetir. Camine a oscuras por el estar, solo nos iluminaba la luz de la chimenea que estaba encendida.
― Ven sígueme—le pedí indicándole la otra ala de la casa, la que estaba bien alejada de los cuartos. Caminamos y entremos en la enorme cocina que había en mi nueva casa, estaba provista de lo jamás podría haber soñado. No prendí las luces ya que no quería despertar a mi padre y hermana.
― Linda cocina—me dijo mirando todo
― Gracias, esta casa la rente hace poco.
― Ah—dijo casi sin expresión, camino hacia donde estaba yo. Comencé a buscar en todos los cajones que tenía, sabía que en alguno había metido los mismos analgésicos que toma Edward, después de unos intentos infructuosos di con ellos.
― ¿y vives sola?—me pregunto sacándome de contexto, ¿quería saber algo de mí?... ¿además del sexo?
― No—respondí un poco nerviosa—aquí vive mi padre, mi hermana y yo—el solo escucho—bien ahora to…
― ¿y donde están?—volvió a interrumpir.
― En sus habitaciones, durmiendo, creo—solté aire y volví a la carga—aquí encontré los analgésicos, tómatelos por favor.
Puse las pastillas en su mano junto con un jugo de Durazno, el no dudo y se las llevo a la boca bebiendo también todo el jugo del vaso. Cuando termino me lo extendió nuevamente devolviéndome mi gesto.
― Gracias—me dijo con sus ojos clavados en mí.
― De nada—un zumbido interrumpió cualquier cosa que iba a seguir, era su celular. Me miro y luego su mano se fue al bolsillo de su pantalón, tomo el aparato y lo llevo hasta su oreja.
― Frederick—susurro al contestar—no, ya me fui de la oficina. Dile que espere hasta mañana, no me interesa—le dijo agitándose cada vez más, el pareció recordar en donde estaba ya que apretó sus puños y bajo al máximo el tono de su voz—no voy a decir como debiera esto pero dile a ese mal nacido que vaya a joder a otra parte, no me interesa quien sea Frederick ¿te recuerdo quien soy yo?—le pregunto alzando la barbilla en un tono altivo y orgulloso—que bueno que lo tengas claro, haz lo que te dije y no llames mas—le dijo cortándole la comunicación.
Apretó fuertemente el celular en su puño llegando a hacer crujir el aparato, me acerque rápidamente a él y puse una mano encima de su agarre, momentos como estos le producían sus constantes malestares.
― Ya basta—le pedí—aumentaras el dolor de cabeza—el escucho, soltó un poco el teléfono y lo guardo. Su rostro se volvió a crispar pero esta vez la expresión que tenía era de horror— ¿vez?, maldición, si sigues así tendré que llevarte al hospital—le dije poniendo una mano en su frente.
― No—me dijo deteniéndola—solo necesito calmarme.
― Eso está claro, ven siéntate aquí—le tome la mano y lo arrastre hasta uno de los banquillos del mesón, se sentó y hecho hacia atrás su cabeza. Tome uno de los paños limpios de la cocina y lo humedecí un poco. Cuando lo pase por su frente dio un pequeño respingo pero parecía que después disfrutaba con el frio del agua—mejor ¿verdad?—el asintió.
Estuvimos así unos minutos más, detuve el cuidado por la hora, era casi media noche, debía levantarme temprano.
― Ya es tarde, deberías irte—le pedí, el enderezo su cabeza y me miro con sus ojos, no me había dado cuenta pero estaba entre sus piernas, mi rodilla rozaba peligrosamente su entrepierna. Me puse nerviosa al percatarme del pequeño detalle, me hice hacia atrás pero sus manos cancelaron el intento.
― Antes—susurro enderezándose, movió su cabeza hacia mi cuello y lo lamio.
― Edward—susurre en la oscuridad de la cocina—empeoraras tu dolor.
― No lo creo—susurro contra la piel de mi cuello, el sentir su respiración en mi piel me hizo estremecer, la piel me quedo de gallina en todas las partes que el respiraba. Sus manos sujetaron firmemente mi cintura sin darme la posibilidad de escapar.
― Mi padre—le dije intentando que recapacitara pero ya mi cuerpo me pedía a gritos que continuara.
― Si no quieres que escuche entonces baja la voz—termino en un susurro haciéndome gemir nuevamente, sus manos subieron hasta mi espalda acariciándola por sobre mi blusa, algo pareció molestarle ya que con el ceño fruncido levando aquella y puso sus manos en contacto directo con mi piel, haciéndome gemir nuevamente. La clandestinidad de estos encuentros le daba un toque aun más placentero, la adrenalina que sentía cuando él me tocaba así en la oscuridad y en secreto me excitaba aun más.
― Esto está mal, nos pueden descubrir—susurre, una de sus manos bajo hacia mi muslo y comenzó a recorrerlo subiendo mi falda en el camino, sus dedos juguetearon con el elástico de mis medias que llegaban hasta el muslo, toco más arriba y alzo la mirada con sus ojos negros.
― ¿y esto?—me pregunto jugando con las ligas del portaligas nuevo que había comprado por consejo de Rosalie.
― Es mío—le susurre.
― Quiero verlo—me dijo poniéndose de pie
― No, Edwa—antes de que pudiera replicar me tomo en sus brazos y me sentó sobre el mueble de la cocina, sus ávidas manos subieron hasta mi cintura la falda dándole la vista que tanto ansiaba, sus dedos subieron lentamente por mis muslos despertando las terminaciones nerviosas que iba tocando. Cuando llego a la orilla del portaligas sonrió y deslizo sus dedos dentro del llegando a mis bragas, me estremecí cuando sus dedos rozaron mi centro. Mire su rostro y el parecía muy feliz por lo que estaba pasando—Edward, James te esta…
― Shhh—me dijo siguiendo con lo que se proponía, acaricio suavemente las líneas de mis bragas y comenzó a deslizarlas por mis piernas, cerré mis ojos e intente calmarme, él era el ninfómana no yo. Tenía que ponerle orden a esta situación, antes de que siguiera pegue un salto y me baje del mesón, el me miro sorprendido
― Edward no puedes hacer esto aquí, mi padre esta…
― ¿de verdad eso quieres?—me pregunto con una picara sonrisa—porque tu cuerpo no está de acuerdo—fijo sus ojos en mis pezones, me sonroje al ver que estaban completamente erectos, una clara invitación para que él los pellizcara hasta hacerme arquear.
― Si… si— tartamudeé me gire hacia el mesón no quería que el viera mi sonrojo, mala idea. Cuando menos lo espere Edward estaba pegado a mí, su entrepierna de amoldaba perfectamente a mi trasero, empujo hacia delante y un golpe de excitación llego a mi centro.
― ¿vez?, tu cuerpo habla por sí solo cariño—me estremecí al escuchar ese peculiar sobrenombre, hasta ahora no había recordado que Edward era británico y que tenía ese peculiar acento para hablar, mi nombre en sus labios sonaba diferente a todo el mundo además porque se veía hermoso cuando lo decía.
― Eres un— ¡maldito provocador! Le quería gritar pero su mano ahogo cualquier cosa que quisiera gritarle, la puso en mi boca acallando lo que quería gritar—shhh, guarda silencio cariño o nos descubrirán—su halito golpeo con fuerza en mi lóbulo, su lengua se apodero de el succionándolo y haciéndome perder en la sensación. El placer que sus caricias provocaban en mi fueron tan intensas que sin pensarlo lamí la mano que tenia sobre mi boca, el la aparto un poco pero la tome rápidamente y comencé a lamer cada uno de sus dedos.
― ¡Oh!... eso es— dijo disfrutando de mi caricia, sus caderas rozaban mas descaradas las mías haciéndome fantasear con la potente erección que escondían esos pantalones—bella— gimió aumentando el placer—pequeña— susurro contra mi oído.
Su mano bajo hacia mis bragas y de un solo tirón las saco, sentí la tela de estas rasgarse un poco pero no me importaba, estaba tan inmersa en el placer de sus caricias que unas bragas no arruinarían el momento, lo único que quería era que me lo hiciera aquí y ahora. Subió la mano hacia mi centro, mientras yo aun succionaba sus dedos, el contacto de la yema de sus dedos con mi centro fue abrumador. Mis manos se fueron contra la madera del mesón, tenía que afirmarme o me caería ahí mismo muerta por el deseo. Comenzó a juguetear con mi clítoris mandando corrientes eléctricas a todo mi cuerpo y despertándolo, al mismo tiempo, cada parte de mí ser deseaba ser tocada por él. Los gemidos comenzaron a salir de mi boca, el apretaba, masajeaba y pellizcaba mi centro cuantas veces se le antojaba, me tenia total y completamente arqueada y derrumbada psicológicamente por el placer, mi mente no concebía hilar dos palabras, definitivamente la clandestinidad le daba un plus diferente al encuentro.
― Edward—gemí fuerte y él me hizo callar
― Si vuelves a hablar fuerte parare y me marcho—me amenazo con voz sexy, era capaz de coser mi boca con tal de que continuara, reprimí todos los gemidos que amenazaban con salir, sus caricias comenzaron a bajar de ritmo hasta que saco sus dedos de mi ya empapado centro. Sus dedos estaban mojados por la intensidad de las caricias que me dio, seguí la trayectoria de su mano y esta se fue directamente hacia su boca, un nuevo golpe de excitación golpeo mi cuerpo, eso había sido lo más sexy que había visto.
― Sabes bien—pronuncio desarmándome por completo, este hombre sí que sabía dejarte lerda con solo unas palabras—me pregunto si— callo. Sus manos me tomaron de la cintura y me alzaron nuevamente hacia el mesón, sentándome. Miro hacia mi espalda y corrió unas cuantas cosas que habían detrás, me empujo hacia la mesa y no pude contener el gritito que salió de mi boca cuando su lengua lamio mi clítoris, me arquee fuertemente contra la madera y mordí mi labio inferior hasta casi romperlo para contener los gemidos que quería gritar—si es igual el sabor—dijo adentrando su lengua en mis pliegues.
¡Demonios! ¡Maldición! ¡Mierda!, gritaba incesante en mi mente, no sabía cómo mierda sacar toda la jodida excitación que tenía en este momento, mis uñas se enterraron en la madera de la mesa contuve todos los gemidos hasta que con el siguiente Edward me desarmo. Dos de sus dedos se introdujeron en mi, penetrándome primero lentamente para después ir subiendo el ritmo, la explosión se dio cuando el agrego su lengua. Me penetro, lamio, succiono todo lo que pudo, mi espalda estaba en un verdadero arco, no podía bajarla al suelo porque cada vez que intentaba dejar de sentir esto el me sorprendía con una nueva lamida que me hacia volver a mi ya estado original.
― Edward, no aguantare—le dije jadeando en voz baja, mis caderas se movían al mismo ritmo de su cabeza en mi centro. Mire sus ojos y estaban negros de tanto que disfrutaba tenerme así, a su merced. Unas pocas envestidas mas y el ritmo paso a frenético, sus dedos se movían como locos, su lengua trabajaba rápidamente.
― Vamos Bella, vente—me provoco—quiero ver cómo te corres—me dijo y solo esas palabras mandaron lo poco que necesitaba para que mi orgasmo se desatara, me convulsioné con fuerza sobre la mesa y el absorbió todo lo que mi orgasmo produjo. Mi respiración era frenética al igual que los latidos de mi corazón, me quede estática en la mesa intentando tranquilizarme. Edward dejo de lamer y saco sus dedos. Sentí sus paso llevarlo hacia donde estaba apoyada mi cabeza—exquisita— susurro rozando su nariz con la mía—ahora tengo la certeza que soñaras conmigo—agrego— me tengo que ir cariño, nos vemos mañana Bella—susurro contra mis labios, me beso aun con más pasión que la de antes, pude sentir aun en su boca mi propio sabor, aunque parecía imposible me sentí nuevamente excitada por esa acción
― Edward—lo llame intentando ponerme de pie, solo conseguí apoyarme en los codos mirarlo, se paro en la puerta de la cocina y me dio una pervertida mirada.
― Un privilegio verte así—me dijo mirando mi cuerpo aun expuesto para el—no te preocupes que ya me imagino cómo salir. Lo bueno de todo es que el dolor ya paso, tus medicinas son geniales—me dijo haciéndome sonrojar—buenas noches—susurro cuando iba saliendo por la puerta, eche mi cabeza hacia atrás y solté un enorme gemido— ¡Ah! Y algo mas—volvió para agregar, me levante nuevamente—me gustan los ligueros en ti, te vez endemoniadamente sexy—me guiño un ojo y se fue.
La boba sonrisa de siempre se apodero de mis labios, ¿Qué me estaba haciendo?, así parecía tan abierto, tan humano, tan Edward… que nada hace presagiar sus cambios de humor. Me baje con una pereza enorme, a pesar de que no habíamos hecho nada tan "físico" me dolía el cuerpo, las constantes arqueadas y la fuerza con la que me aferre a la mesa hicieron que mis músculos dolieran, arregle mis ropas y Salí hacia el living. La chimenea seguía encendida y dándonos todo el calor que necesitáramos, me acerque a la ventana y Edward estaba contemplando la casa, uno segundos más tarde se subió al auto y partieron. Me deje caer por la ventana y suspire.
― Me volverá loca de tanto placer—bufe—y una ninfómana—me reí de mi misma.
Me levante, ordene y limpie el desastre, borre cualquier huella que haya quedado de este fugaz encuentro en mi nueva casa. Cuando ya todo estaba listo me fui a la cama, contenta, feliz y mas que saciada, ese hombre sabia como hacerme pensar en él y tenía razón, esta noche si soñaría con el de eso estaba segura.
El otro día no fue muy diferente al anterior, Edward parecía obsesionado con verme llegar o tal vez con darme placer ya que en reiteradas ocasiones fui presa de sus manos o de su lengua, cuando ya no aguantaba más me bajaba de donde estuviera y arremetía contra él, terminábamos haciendo el amor salvajemente. Cuando dieron las 7 de la tarde Edward término con lo que hacía, este día tendría que pasar de estar con él después del trabajo ya que Kate tenía que llevar unas cosas y debía pasar por ellas. En un extraño gesto Edward me dijo que fuera con James pero desistí, no quería que nadie me viera de compras en el auto de mi jefe… o el de tu amante susurro mi mente.
Nos despedimos a regañadientes por parte de los dos y me fui. Tome el metro hacia el centro y camine buscando lo que necesitaba mientras iba por una de las callecitas consultando negocios me pare en seco al ver quien estaba en frente mío.
― Pero que sorpresa más grande—me dijo con su voz alcolisada—pero si es mi hija, la pequeña Bella—dijo con desdén en sus palabras
― Carmen—susurre
― La misma que viste y calza querida, veo que me abandonaron los mal nacidos ¿A dónde se fueron? ¿a un acilo?
― Eso no es asunto tuyo, ahora déjame pasar—le dije intentándola esquivar
― No tan rápido princesita—me dijo jalándome del brazo contra la pared. Mi espalda choco dura contra el concreto. Jadee cuando el dolor se apodero de aquella parte.
― ¿Qué demonios quieres?
― ¿Qué crees? ¿Dónde está mi hija?
― ¡tú no tienes hija!—le grite, como una maldición nadie pasaba en estos momentos por la calle como para pedir ayuda
― Claro que si, esa perra que es igual a ti, dime donde esta quiero que se venga conmigo
― ¡eso ni lo sueñes! ¡zorra!—le grite empujándola ella se tambaleo pero rápidamente se recupero
― A mí no me digas así, maldita bastarda ahora ¡dame dinero!
― No lo hare
― ¡dámelo hija de puta! O te lo quito
― Déjame en paz—intente huir de ella pero fue imposible, con una fuerza que solo se la daba el alcohol me puso contra la muralla y me registro a fuerzas, los manotazos y arañazos iban y venían, uno de sus puños golpeo mi mejilla haciéndome caer al suelo, sentí de inmediato el liquido caliente emerger de mi piel
― Mierda—grite pasando mis manos por la boca, sentía el palpitar de mi labio y el ardor de mi mejilla
― Eso es lo mínimo que te hare maldita y te lo vuelvo a decir tendrás que entregarme a Kate o te juro que te mato
― No lo hare ¡perra maldita!—le grite y con su pie pateo mi abdomen haciéndome retorcer de dolor.
Registro mi cartera y saco mi dinero, sonrió con malicia desapareciendo en las calles de la ciudad. Intente ponerme de pie como pude, tome mi celular y llame a la única persona que me podía ayudar.
― Rosalie—susurre jadeante
― ¿Bella? ¡Bella! ¿Qué demonios pasa? ¡Bella!—grito asustada por mi tono de voz
― Carmen salió de la cárcel—jadee aun sin recuperarme del golpe en mi abdomen—me la encontré… en la calle, ven por mi—le pedí casi sin aire
― Si voy enseguida ¿Dónde estás?
― En la calle Frucktuke—ya no podía hablar más, solté un jadeo y me quede tendida en el piso, escuche a Rose maldecir y cortar la llamada.
Quince minutos después Rosalie llegó a salvarme, le pedí de favor que me llevara a su casa, por la cara que puso sabía que estaba en lo correcto el golpe en la cara no iba a pasar desapercibido.
― ¡mierda!—exclame cuando paso el algodón con antiséptico por mi herida
― Esa maldita perra, si me la encuentro la estranguló—dijo curándome, se veía visiblemente afectada, las lagrimas las tenia al borde de escapar.
― Tranquila, llamare a la policía y notificare de este ataque. Espero ellos hagan algo—le dije maldiciendo nuevamente, la mal nacida me había reventado parte del labio y dejo mi mejilla muy morada además de un enorme moretón en mi abdomen.
Me mire al espejo y casi me retorcí al ver mi reflejo esperaba que mi padre y hermana no se dieran cuenta tan rápido de lo que había sucedido. Con la ayuda de Rose me maquille lo que más pude y regrese a casa, me arrepentía de no haber aceptado la oferta de Edward de ir con James a comprar. Al día siguiente Salí lo más temprano que pude de mi casa, deje todo listo y un papel en la mesa para mi familia, mientras caminaba me puse mis lentes de sol y me mire a un pequeño espejo.
― Demonios, se ve peor—dije con desgana, puse un poco mas de base sobre el moretón y camine segura de mi, esperaba que Edward con lo poco que me mira realmente a la cara no se enterara tan rápido.
Llegue a la casa y como era de costumbre me recibió Will.
― Buenos días Señorita Swan, ha llegado temprano—pase con mi cabeza mirando hacia otra parte.
― Buenos días Will, si me vine antes ¿el señor?—pregunte
― El Señor Cullen aun está en su habitación, pero si gusta puede pasar. —me estremecía pensar que este hombre supiera lo que había entre nosotros.
― Gracias—asentí y comencé a subir las escaleras.
Primero lo hice rápidamente para perderme de la vista del hombre pero a medida que avanzaba mi ritmo se fue aminorando. Tenía que estar confiada él no lo notaria, además Edward no se fijaba mucho en mi cara, a él solo le importaba mi cuerpo, acepte con mucho pesar. Gire la manilla de la puerta y entre. La habitación estaba vacía y se escuchaba bulla desde el baño, Edward se estaba duchando. Me senté en uno de los cómodos sillones de su sala de estar, saque el espejo que traía en mi bolsillo y mire nuevamente mis golpes, esperaba que nadie lo notara pero sabía que era imposible. El sonido del agua seso y Edward salió por la puerta completamente desnudo.
― ¡dios!—dije tapándome los ojos, lo había visto innumerables veces desnudo pero aun me daba algo de vergüenza.
― Lo sé—me dijo con sobrancia, me miro divertido y comenzó vestirse—llegaste temprano—me dijo, me miro nuevamente y sus ojos se clavaron en mi rostro, sentí como una gota de sudor atravesó mi espalda ¿me abría descubierto?, Frunció un poco el ceño y continuo vistiéndose.
― ¿hoy tienes mucho trabajo?—le pregunte intentando sacarle otro tema, el solo asintió. Cuando estuvo listo se acerco a mí, me puse de pie en un solo respingo. ¡demonios! Ahora sí que estaba perdida.
― Bella ¿Por qué estas…?—comenzó a hablar, sus ojos viajaron de los míos hacia mi mejilla ¡maldita sea! Se dio cuenta. Su expresión se volvió dura, mire atentamente cada uno de sus movimientos y estos parecían embrutecidos, con un rápido movimiento se llevo un dedo a la boca y lo humedeció. Mi boca soltó un quejido de desesperación, el había notado los golpes y yo tan estúpida pensé que no lo haría. Su húmedo dedo se deslizo con suavidad por mi cara sacando parte de la base y dejando a la vista mi moretón, sus dedos viajaron hasta la herida que tenía en la boca, sus ojos se estrecharon y comenzó a hablar
― Edward… yo—intente replicar
― ¿Quién demonios te hizo esto?—me pregunto con la voz ronca y la mandíbula apretada la mano que tenía en mi boca bajo, seguí la trayectoria, cuando llego abajo su puño se apretó con fuerza, no entendía su reacción ¿se había molestado?
― No es asunto tuyo—le dije escondiendo mi mirada, intente alejarme pero él me sujeto.
― ¡Dime quién demonios te hizo esto!—me pregunto con un tono fúrico, mi respiración se entrecorto donde no sabía que responderle, no tenía idea, mi mente estaba completamente en blanco. Unos golpes en la puerta distrajeron mi atención pero la del seguía puesta en mi. Comencé a pensar pero nada se me ocurría.
― Sr. Cullen— Will entro por la puerta y sentí un alivio, a Edward se le crispo el rostro.
― ¡VETE AL DEMONIO WILL, NO VUELVAS A ENTRAR!—grito enfurecido, ambos saltamos por su reacción, Will cerró la puerta pálido por la reprimenda de Edward, trate de retroceder unos cuantos pasos y me encontré acorralada en la muralla—responde—hablo un poco más bajo pero aun sentía la ira en su voz.
― Me… me asaltaron… ayer—le mentí, el estrecho nuevamente sus ojos y maldijo entre dientes.
― Te dije que fueras con James a comprar, mujer terca—asentí aun pegada en la muralla, el se giro y comenzó a avanzar hacia la puerta—desde ahora en adelante te irás y vendrás con James todos los días—sentencio, aun tenía miedo, mis piernas flaquearon por verlo tan enojado, debe odiar los asaltos o a los ladrones como para ponerse así. Abrió la puerta de la habitación y se giro para hablarme—hoy, Emmett irá a tu casa a revisarte, no aceptare un no por respuesta, espérame en el comedor que bajare enseguida—me dijo extendiendo la puerta para que saliera. Corrí afuera con el corazón en mis manos, me metí al baño que estaba en el segundo piso a intentar calmar mi respiración. Si me hubiera sentido tan intimidada por su carácter explosivo le habría recriminado sus ordenes pero ni eso alcance a hacer.
Me lave el rostro y me retoque todo el maquillaje baje hacia donde tenía que esperarlo, Will aun con la cara descompuesta me recibió con un intento de sonrisa. Edward llego al cuarto de hora después, desayunamos en silencio y el día comenzó como siempre. Ese mismo día Emmett nos visito en la casa, Rosalie estaba ahí también, quería saber cómo andaba todo.
― Hola Bella—me saludo Emmett alegre desde la puerta, lo salude con un abrazo que me hizo arrepentirme de inmediato, me retorcí cuando el solo oprimió un poco mis costillas.
― Es peor de lo que Edward me dijo, necesito examinarte—me miro preocupado. Entramos a la casa y Rosalie conversaba animadamente con mi padre, el ceño de mi amiga se frunció de manera graciosa al ver a Emmett
― Y ¿este jovencito quién es?—pregunto mi padre y los tres nos miramos sin saber que responder, papa no podía saber que Emmett era doctor porque o si no sospecharía, mire a Rose y ella a mí, el segundo pareció eterno pero ella reacciono más rápido que yo.
― ¡Es mi novio!—grito en medio de la estancia, Emmett me miro con sus ojos ensanchados.
― ¿tu novio?, no me dijiste que tenias algún pretendiente Rose—le dijo mi papa contento por la "noticia".
― No Charly lo siento—se acerco a Emmett y lo tomo del brazo. El la miro aun mas sorprendido, Rose le dio una mirada de "sígueme el juego", ella le apretó suavemente el brazo y mi amigo reacciono.
― ¡Oh!, perdón que mal educado, Emmett McCarthy Señor.
― Emmett, mucho gusto, Charly Swan.
― Es un placer conocerlo, Rose me ha hablado mucho de usted—mintió con una gracia increíble, debería agradecerles eternamente este favor.
― Bueno mi amor—dijo Rosalie con burla—ahora vamos para que veas el color de la habitación de Bella es así como quiero la mía.
― Claro que si bebe, vamos—le dijo siguiéndole el juego. Ambos se dirigieron a mi habitación y yo los seguí, cuando nos perdimos en el pasillo junte la puerta dándonos privacidad. Ambos miraban un extremo de la habitación son sus brazos cruzados y con expresiones de molestia.
― ¡perdón!—les pedí— ¡discúlpenme! No había pensado en este problema
― Bueno. Da igual yo no me enojo por hacerme pasar por el novio de la rubia—dijo Emmett con burla a lo que Rose bufo
― Ya quisieras grandote, ya quisieras—dijo Rosalie con suficiencia.
― Está bien, a lo que he venido. Bella recuéstate por favor.
El examen de Emmett fue completo cuando vio mi estomago casi se puso blanco de la impresión, tenía un hematoma gigante en la barriga
― Demonios Bells—susurro mientras palpaba el moretón
― Lo sé, pero no fue por que quise—me defendí con una sonrisa
― Claro que no, fue por esa— dijo Rose, la hice callar sin que Emmett lo notara—por esos malditos ladrones.
― Tienes suerte que no te mataran Bella.
― Lo sé—Emmett me receto unos analgésicos y me mando a tomar rayos X, mientras hablábamos el móvil de Rose sonó.
― Bueno amiga me tengo que ir, mi coche ya lo tienen listo en el taller—se le había salido una manguera hoy en la mañana.
― Bien, gracias por venir.
― Yo también me voy—dijo Emmett guardando sus cosas—tomate los analgésicos y procura descansar.
― Si gracias por venir Emmett.
― ¿para dónde vas rubia?—le pregunto Emmett
― Al centro, pero no es asunto tuyo.
― ¿y andas sin coche? Vamos yo te llevo—dijo mi amigo, Rose dudo un poco pero de mala gana acepto, ella odiaba caminar.
Todas las visitas se fueron y los analgésicos dieron paso a un sueño reparador, uno que necesitaba después de todo esto. Al otro día todo fue un desastre, por suerte los moretones se tapaban mejor con el maquillaje, Edward colapso en el trabajo se desmayo en el medio de una junta de accionista. El caos se desato ya que nadie sabía cómo reaccionar solo yo. En cosa de segundos lo llevaron hacia su oficina y lo examine, esta vez la crisis fue más corta ya que despertó a los pocos minutos. A pesar de sus reclamos le dije que tendría que irse a descansar, llame a Emmett y el me dijo que se dirigiría de inmediato a la casa. Tome a Edward casi de las greñas y lo arrastre hasta el auto, a regañadientes se subió pero no reclamo mas.
Llegamos a la casa casi a la hora de mi antigua partida, a las seis de la tarde, porque desde que comenzaron nuestros encuentros yo me iba mucho mas tarde de lo que salía. Will nos recibió, yo traía a Edward del brazo apoyándolo casi en mi cuerpo, el mayordomo nos miro curioso.
― Sr. Cullen—dijo Alarmado
― Will viene saliendo de un desmayo y creo que viene otro en camino ayúdame a subirlo a su habitación.
― Si—respondió de inmediato el hombre, lo tomo del otro brazo y juntos lo llevábamos hasta su habitación. Lo dejamos suavemente encima, le quite los zapatos, la chaqueta y desabotone los primeros botones de su camisa.
― Will dile a una de las mucamas que me traiga una fuente con agua y compresas.
― Si señorita—el mayordomo salió de la habitación
― Odio cuando esto sucede—me dijo en un susurro, aun tenía sus ojos cerrados
― Yo también, odio verte así.
― Soy un maldito débil—se dijo a sí mismo.
― ¡hey!, no seas tan duro contigo además vele el lado positivo te libraste de la junta y del libidinoso de Aro—le dije ganándome una hermosa sonrisa en su rostro, ¡dios! Le tendría esa sonrisa siempre en la cara.
― Si, tienes razón además—abrió un poco sus ojos—aquí puedo besarte—me dijo haciéndome desfallecer, mis piernas temblaron por sus palabras y mi estomago exploto en mariposas. Sus dedos por primera vez los sentí tiernos sobre mi piel, acariciaron la mejilla que tenia aun dolida, me acerque a él sin dudarlo sus labios se entreabrieron esperándome, roce su boca con mi lengua y sentí como su cuerpo reacciono, se estremeció por completo, una risa se soltó de mis labios. Un golpe en la puerta nos interrumpió, salte afuera de la cama y Edward bufo.
― ¡Emmett!—dije saludando al doctor que venía entrando
― Hola, ¿Cómo estas Edward, Bella?
― ¿Cómo me vez?—le dijo haciéndome reír un poco, había notado que ahora Edward se notaba más expresivo, hasta el sentido del humor le había descubierto.
― Mal, déjame decírtelo. Bien te examinare.
Emmett comenzó con su examen, mientras él trabajaba en Edward mi teléfono móvil sonó. El número era desconocido, mire a Edward y estaba hablando con Emmett, tome el teléfono y conteste.
― Si quieres volver a ver a la perra de tu hermana, ven al antiguo departamento, si le dices a alguien la mato. —la voz de Carmen retumbo en mis oídos, tenía a Kate… pero eso no podía ser, ¡no podía! El tono de colgar salió, corte y marque rápidamente a mi casa.
― ¡papa!—grite intente calmarme, mi padre no podía verme nerviosa—hola papa
― Hola pequeña ¿Cómo estás?
― Bien papa, dime ¿Kate esta por ahí?—di que si, di que sí.
― No Bella, me extraña que aun no haya regresado, tiene que haberse quedado en alguna parte con una amiga—un silencio me atravesó de pecho a espalda.
― Si… si—tartamudee— eso debe ser, bueno papa nos vemos en la noche.
― Nos vemos—me dijo y colgó.
Mi cuerpo sintió los estragos del panico, Carmen tenia a mi pequeña Kate y tan loca como estaba es capaz de matarla. Sentí unos ojos en mi piel, mire hacia enfrente y Edward estaba mirándome atentamente, trate de retener las lagrimas de desesperación e intente calmarme.
― Edward—le dije, Emmett me miro divertido el aun no sabía que nos tratábamos de tu—tengo que irme—él se enderezo
― ¿sucede algo?- pregunto con semblante preocupado, examino mi rostro, intente no mirarlo para que no descubriera la ansiedad que tenia por salir corriendo.
― No, solo un problema familiar- mentí
― Bien, ve entonces—me extraño que fuera tan considerado, antes jamás me habría permitido salirme un poco más temprano, en esos gestos me daba cuenta de que Edward había cambiado.
― Nos vemos mañana—le dije y salí corriendo de la habitación.
El camino se me hizo eterno, Salí corriendo de la casa de Edward y anduve lo más rápido que mis piernas me permitieron, estaba asustada, segada por el miedo, tenía un pánico enorme y no podía reprimirlo. Media hora después de correr a todo lo que pude llegue al edificio en donde vivíamos, el barrio seguía aun de malo, estaba lleno de drogadictos, asesinos y proxenetas. Camine lentamente por las escaleras hacia el piso en donde vivíamos, sentía el corazón bombearme en los oídos, mis manos temblaban por miedo de que algo le sucediera a mi hermana. Llegue a la puerta y estaba abierta, con todo el valor que sentía dentro entre sin mirar a atrás.
― ¡Kate!—grite— ¡Kate! ¿Dónde estás?—sin medir las consecuencias entre y la busque en todos los cuartos, cuando volví a la sala de estar me estremecí al ver quien estaba de pie esperándome.
― Tonta Bella, siempre he pensado que eres una maldita imbécil— me dijo y comprendí de inmediato que Kate no estaba aquí, ni siquiera la habían secuestrado.
― ¿Qué demonios quieres Carmen?—le pregunte con rabia
― ¿Qué quiero?—rio muy fuerte— ¡verte muerta!—me dijo y balanceo un bate de beisbol que tenía en sus manos. Trague saliva temiendo que no saldría bien parada de aquí.
― Que interesante, el sentimiento es mutuo—le dije burlándome de ella, tenía que ser valiente, ¡vamos Bella tu puedes!
― Maldita engreída, siempre fuiste igual. Te creías la gran cosa ¿no?, pero no eras nada ¡nada!, ni siquiera la mal parida de tu madre era buena, si ni te aguanto a ti, vienes de una mala fabrica—se burlo, mis puños se apretaron y sentí la rabia fluir de mi sangre.
― ¡eres una maldita zorra!—le grite enfurecida.
― Lo sé, ahora esta maldita zorra te partirá el cerebro así que dile adiós a tu bello hogar.
Me dijo Alzando el bate, pensé en mi padre, en mi hermana, en Rosalie…. La cara de Edward se apareció en mis pensamientos, tan clara y vivida, Edward, susurré en mi mente. Carmen se abalanzó hacia mí para atacarme, sabía que si no me defendía no volvería a ver a ninguna de esas personas.
Carmen arremetió contra mí, esquive un golpe con el bate y tome lo primero que pille, un sartén. Con mi nueva arma la comencé a atacar, ella esquivaba todos mis golpes.
― Nunca serás lo suficientemente buena para nadie—decía mientras me intentaba golpearme como loca—tú y tu familia se van a morir—me amenazaba constantemente.
Intente refugiarme detrás de los vigones pero ella seguía golpeando como si su vida dependiera de ello, y sabía que era así. Corrí hacia donde habían unos muebles y los tire al suelo, sin darme cuenta me caí con algo en el suelo y Carmen se aprovecho de ese momento.
― Ahora morirás ¡maldita!—grito y me golpeo con fuerza bruta en la espalda, un grito desgarrador salió de mi boca, las lagrimas saltaron solas de mis ojos— ¡perra, perra, perra!—decía mientras me golpeaba por todo el cuerpo. Me dolía hasta la última partícula de mí ser. Me retorcía en el suelo incapaz de escapar, lloraba, gimoteaba, jadeaba pero nada parecía ablandar el corazón y la locura de esta mujer.
Mi conciencia poco a poco se fue perdiendo, mientras sentía los múltiples impactos en mi piel recordé los rostros de mi familia, mis amigos… el rostro angelical de Edward…, si tan solo…. Tan solo…
Antes de que pudiera seguir pensando mi conciencia se apago volviendo todo oscuro. A lo lejos sentía una voz que me llamaba pero no era capaz de responder me deje llevar por el silencio y por la oscuridad que me abrazaba…
No supe nada más…
¡UH!
¿RWS?
