Capítulo 2
John tardó unos momentos en recordar todo lo que había sucedido después de abrir los ojos aquella tarde. Tal como le había indicado Sherlock se había puesto la ropa que encontró en el clóset de su habitación. Pero no le regresó su abrigo al vampiro, en lugar de ello se durmió con él, sin importarle si después el otro se lo quitaba. Se sentía seguro con él y le encantaba el aroma del que estaba impregnado.
Sin embargo tuvo que quitárselo cuando decidió salir de la habitación y dirigirse a la cocina; tenía demasiada hambre. Se preguntó si Sherlock estaría en el departamento o lo había dejado solo... ¿O quizás estaba dormido? Sabía que algunos vampiros dormían de día y que los más poderosos ya no tenían necesidad de cerrar los ojos en todo el día. Se preguntó si Sherlock sería uno de ellos... en realidad, se preguntaba muchas cosas acerca de él.
Caminó despacio, como si temiera ser descubierto, como si tuviera miedo de romper el repentino silencio que rodeaba todo el lugar. Sus pies descalzos apenas hacían ruido cuando hacían contacto con el suelo frío. Pero se detuvo en seco cuando escuchó dos voces que emergían de la sala.
-Lo que piensas hacer es peligroso -dijo una voz que John desconocía, pero que supuso, sería de otro vampiro.
-Sé exactamente lo que hago, Mycroft -replicó la profunda y hermosa voz de Sherlock-. Ya no tengo doscientos años, no soy un niño.
-Pero actúas como tal. ¿Quién te dice que esto va a funcionar? Y créeme si te metes en problemas yo no voy a ayudarte esta vez...
-No necesito de tu ayuda -gruñó Sherlock-. Sé exactamente lo que voy a hacer. Llevo mucho tiempo pensando en ello.
-Creí que estabas en contra de la esclavitud -comentó Mycroft.
-Lo estoy y por eso quiero acercarme a Moriarty.
-Aunque no sea real, no es bueno que tengas a un humano cerca de ti -insistió el otro vampiro.
John se estremeció, pero permaneció en silencio; por alguna razón le aterraba que Sherlock pensara mejor las cosas y decidiera deshacerse de él.
-Lo voy a cuidar bien -dijo él-, no voy a hacerle daño. Sólo quiero que Moriarty crea que soy como ellos. Necesito que me haga parte de su grupo.
-Los humanos son adictivos. Ten cuidado.
-No voy a beber de él -dijo Sherlock, molesto.
-Yo no estaba hablando de sangre, hermanito.
John reprimió un gemido, era cierto que no conocía mucho sobre familias de vampiros, pero no podía creer que dos hermanos se trataran de aquella manera.
De pronto, escuchó que uno de ellos dos se movía y antes de ser descubierto, decidió entrar en la sala como si acabara de salir de su habitación.
Sherlock se acercó a él inmediatamente, incluso John se sorprendió un poco debido a la velocidad de sus movimientos.
-¿Cómo te sientes? -Le preguntó. Por un momento le pareció una de aquellas elegantes manos se estiraba hacia su rostro, pero se retiraba en el último momento.
-Bien, gracias... sólo quería... algo para comer.
Sherlock lo condujo a la cocina y le explicó donde se encontraban todos los alimentos... John se preguntó si había comprado todo aquello sólo para él, aunque no debía sentirse tan especial, ya que él pudo haber elegido cualquiera de los otros humanos que estaban junto a él al momento de la selección. Así que se sentó a la mesa y se sirvió un poco de cereal, el cual le supo de maravilla; desde hacía mucho tiempo que no comía tan bien. Su dueño anterior nunca le daba mucho, prefería mantenerlos sin gastar demasiado dinero en su alimentación. Sin embargo, se detuvo un momento cuando se dio cuenta de que el otro vampiro lo observaba con curiosidad. Una extraña sonrisa se dibujó en sus labios.
-Interesante selección, hermano -dijo él, dirigiéndose a Sherlock nuevamente.
-Ya basta, Mycroft -gruñó el otro vampiro en respuesta.
-Cuando me dijiste que habías comprado un humano nunca pensé que podría lucir así -continuó ignorando las miradas furiosas de Sherlock o el hecho de que John estaba cerca y podía escucharlos perfectamente-. Nunca pensé que fueras tan predecible...
-Fuera de aquí -lo interrumpió, señalando la puerta-. He tenido suficiente de ti por el día de hoy...
-De acuerdo -el vampiro se puso de pie, sonriendo-. Sólo recuerda lo que te dije... los humanos también pueden ser peligrosos.
-Creí haberte dicho que te fueras...
-No tienes que ser tan hostil, aunque te haré caso esta vez... pero regresaré a hablar contigo.
-Espero que no -murmuró Sherlock antes de que su hermano se fuera.
John observó al vampiro entrar en su habitación y salir con un violín en las manos. Y se puso a tocar maravillosamente; con cada nota parecía expresar mejor lo que sentía que con palabras. Y el corazón del humano comenzó a latir al ritmo de las notas y, ya que al parecer el vampiro se había olvidado de él, decidió sentarse en uno de los sillones de la sala a escucharlo.
Siempre había disfrutado la música, creía que era una forma de expresión tan hermosa... pero nunca pensó que podría rodearse de una atmósfera tan sublime como en ese momento. No sólo la música que brotaba de las cuerdas era deliciosa para sus oídos, sino también el vampiro, de pie, apoyando su pálida barbilla sobre el instrumento o la posición de sus brazos mientras se movía por la habitación mientras cerraba los ojos... todo tenía una especie de belleza. Y John no se cansó de observarlo o escucharlo hasta que oscureció y la noche se apoderó de todo... por un momento, aquella música lo hizo olvidarse de su pasado, de la esclavitud y de las lágrimas que había derramado.
De pronto, el vampiro se detuvo como si hubiera escuchado algo. Se acercó a la ventana y se asomó. Rápidamente dejó el instrumento sobre la mesa y se acercó a John como si se hubiese acordado en ese momento de que tenía un humano en el departamento.
-John... no voy a hacerte daño -le dijo, como si lo estuviera amenazando con un cuchillo-, siempre recuerda eso. Ahora no tengo tiempo para explicarte, pero necesito... que te quites la ropa.
El humano se ruborizó violentamente en ese momento. Había creído que aquel vampiro jamás lo tocaría... él había dicho eso, pero era un vampiro, después de todo, tal vez había cambiado de opinión. Y se dio cuenta de que su corazón estaba latiendo aceleradamente... pero no por temor.
John se puso de pie y asintió, sin peguntar ni siquiera protestar... aunque no podría hacerlo, aunque quisiera, después de todo él era su dueño ahora. Sherlock le dio la espalda y se acercó a la ventana, parecía un tanto preocupado por lo que veía afuera.
El humano se quitó la ropa y, aunque se sentía algo incómodo y expuesto, no pudo evitar pensar que todo iba a estar mejor cuando Sherlock se acercara y comenzara a tocarlo...
Entonces el vampiro se giró y sus ojos recorrieron el cuerpo de John lentamente, como si lo estuvieran bebiendo. El humano se ruborizó aún más y deseó que Sherlock acortara la distancia entre ellos. Sin embargo, el vampiro sacudió su cabeza y desvió la mirada.
-No quise decir que lo hicieras frente a mí -soltó con la voz ronca. Sin mirarlo nuevamente, le dio una bata-. Ponte esto.
El humano lo observó con confusión durante unos momentos antes de hacer lo que decía; no entendía para qué le había pedido que se desnudara si ahora quería cubrirlo. A John jamás le había importado su apariencia física (siempre había tenido otras cosas en las que pensar, como sobrevivir), pero en ese momento se sintió inseguro. ¿No le había gustado lo que había visto?
Entonces escuchó que abajo tocaban a la puerta y que esta se abría lentamente. Alguien comenzó a subir las escaleras.
El vampiro se sentó en uno de los sillones y lo tomó de la cintura para colocarlo sobre su regazo.
-¿Sherlock? -soltó John, nervioso y cada vez más confundido.
-No me tengas miedo, no voy a lastimarte -le prometió el vampiro, metiendo su mano lentamente debajo de su bata; comenzó a acariciar sus muslos. Poco después, su otra mano le descubrió el hombro y se inclinó para besarle la piel que ahora estaba expuesta...
Y John se olvidó de las preguntas que rondaban en su mente y de la confusión, su cuerpo reaccionó y se acercó más a él. De sus labios emergió un gemido de placer y cerró los ojos, mientras disfrutaba de las caricias del vampiro.
Había pensado que si su destino era pertenecer a un solo vampiro, que si alguien lograba comprarlo, su vida iba convertirse en una tortura, que las noches serían algo terrible... y era por eso que ahora no podía explicarse que lo estuviera disfrutando. Le gustaba sentir las manos de aquel vampiro sobre su piel, se gustaba que sus labios y su lengua jugaran sobre sus hombros, sobre su cuello... incluso estaba deseando que aquella lengua bajara un poco más...
Quizás se estaba volviendo loco. Sin embargo, no le importó y se acercó más a él, mientras sus dedos se enredaban en su rizado y oscuro cabello.
-Lamento haber llegado en mal momento -se escuchó una voz risueña, burlona. Una voz que le desagrado a John. Se giró un poco y se dio cuenta de que otro vampiro había entrado al departamento. Y no le agradó la manera en que lo observaba, de pronto se sintió avergonzado y enterró la cabeza en el cuello de Sherlock, como si quisiera protegerse. Los brazos de él se cerraron con mayor fuerza sobre su cintura y aunque parecía ridículo, se sintió protegido estando junto a él.
-¿A qué se debe tu visita, Sebastian? -preguntó Sherlock, sin inmutarse.
-En realidad sólo vine a traerte un mensaje de Jim -informó el otro vampiro, mostrando sus afilados colmillos al sonreír-. Quiere platicar contigo acerca de... negocios. Debo decir que al principio teníamos algunas dudas sobre tu capacidad, pero creo que las cosas han cambiado; podemos darte una oportunidad.
-Sería un honor -dijo Sherlock, sonriendo. Sus manos volvieron a moverse sobre el cuerpo de John y éste no pudo evitar gemir de placer.
-Quiere verte mañana en la noche, donde siempre.
-Ahí estaré -confirmó Sherlock, antes de inclinarse sobre John para besarlo en el cuello.
Sebastian se rió.
-Te dejaré, ya que tienes mejores cosas que hacer.
John se sintió mucho más tranquilo cuando lo vio girarse y dirigirse a las escaleras. Y se sintió más libre de corresponderle a Sherlock. Se removió sobre su regazo, haciendo que su cuerpo se rozara con el de él. El vampiro lo apretó con más fuerza y John no pudo evitar que sus dedos se movieran y comenzaran a desabrochar la camisa del vampiro. Sin embargo, cuando el sonido de la puerta al cerrarse nuevamente, llegó hasta sus oídos, Sherlock lo detuvo. Lo colocó sobre el sillón y se alejó de él como si fuese algo repulsivo, incluso le dio la espalda.
El humano estaba ruborizado, con el corazón latiendo dentro de su pecho alocadamente, pero también estaba confundido y... herido por el rechazo. ¿Qué estaba pasando exactamente?
-¿Estás bien? ¿Te lastimé? -le preguntó el vampiro sin mirarlo.
-No, estoy bien -contestó John, sintiéndose triste, sin razón alguna. Porque debería estar feliz, debería disfrutar que el vampiro que lo había comprado no lo deseara.
-Lamento no habértelo dicho antes -continuó Sherlock-. Necesito que hagas esto por mí, necesito que finjas que eres completamente mío frente a ellos. Sólo si ellos vienen.
John asintió, a pesar de que sabía que el vampiro no lo veía.
-Fingir, aunque en realidad no suceda nada, aunque en realidad ni siquiera... -pero John no pudo decirlo. El vampiro no lo deseaba, sólo iba a fingir que lo hacía. Y él no podía negarse, no iba a negarse, tenía que obedecerlo.
-No tienes por qué preocuparte -insistió Sherlock-. Espero no haberte asustado.
El humano se levantó y se acercó a él, trató de tomarlo del brazo, pero al sentirlo, el vampiro se alejó de él y se acercó a la cocina. De una de las alacenas sacó una botella con un líquido espeso y oscuro... Lo vació, con las manos ligeramente temblorosas, sobre un vaso de vidrio y lo bebió apresuradamente. John supo que esa era sangre sintética y se sintió peor al comprobarlo. ¿Qué tan repulsivo le parecería que tenía que quitarse el mal sabor de sus labios con sangre sintética?
Y se sintió ridículo en ese momento, porque debería estar alegre, debería agradecer su suerte por haber llegado a ese lugar. Ningún vampiro lo tocaría nunca o le haría daño. Sherlock jamás bebería de su sangre, ni siquiera acariciaría su piel con pasión... Era todo lo que un humano podría desear en esos días. Eso era lo que él había deseado tantas veces, cuando se encontraba con su dueño anterior...
Pero ahora... No, no tenía por qué ser diferente, tenía que disfrutar de su situación.
-Gracias -dijo, aunque no se sentía con ganas de decir esa palabra.
Sherlock asintió, sin verlo a los ojos o dirigirle otra palabra; lo vio caminar a su habitación y escuchó cuando cerró la puerta detrás de él. Y entonces John corrió a la suya y se quitó la bata que traía puesta para reemplazarla por el abrigo de Sherlock. Se cubrió con él y se dejó caer en la cama. Le gustaba demasiado la sensación de la tela sobre su piel y el gustaba más sentirse rodeado por el aroma del vampiro.
Tal vez se estaba volviendo loco.
