Capítulo 4
El vampiro no necesitó ninguna otra señal para comenzar; en cuanto su oportunidad se presentó se lanzó sobre Sherlock y lo golpeó en el pecho, provocando que él se cayera al suelo, sin embargo, era rápido así que se levantó nuevamente. Pudo ver de reojo que Moriarty se acomodaba en el sillón, como si se preparara para disfrutar una función.
-Espero que no me decepciones -le dijo, antes de guiñarle un ojo.
Nuevamente, el vampiro se dirigió hacia él, pero Sherlock logró esquivarlo en aquella ocasión. Una de las ventajas que tenía era que había logrado deducir muchas cosas sobre su atacante. Era grande y musculoso, por lo que su fuerza se concentraba en las extremidades superiores, y eso lo hacía mucho más lento. Sus puntos débiles eran sus piernas. Así que si lo golpeaba con bastante fuerza en una de las rodillas y se la rompía, ése sería su final.
Sólo tenía que llegar hasta él.
John comenzaba a sentirse desesperado; el miedo llegó a él por diferentes razones de las que esperaba. No quería si quiera pensar que Sherlock no podría regresar. Era ridículo pero estaba preocupado. Las horas se estiraban y se convertían en días, los minutos y el reloj se detenían sólo para volverlo loco. Observaba la puerta y después se dirigía hacia la ventana, con la esperanza de ver su silueta en la oscuridad. El violín, acomodado en el sillón en el que Sherlock se sentaba parecía ahora un anuncio ruidoso de su ausencia. John ni siquiera quería volver la cabeza en su dirección.
El humano escuchó que tocaron a la puerta y su corazón reaccionó inmediatamente, temeroso. Se acercó lentamente a la puerta, esperando que no fuera otro vampiro.
-No debes asustarte -emergió una voz al otro lado-, soy tu vecina, la señora Hudson.
Un poco desconfiado, John abrió la puerta un poco y vio a una mujer mayor al otro lado. Se sintió, repentinamente, aliviado.
-Lamento no haberme presentado antes, pero debes comprender mi situación, no puedo salir mucho de mi propio departamento -sonrió ella-. Una mujer de mi edad siempre es mal vista por los vampiros. Somos objetos inútiles para ellos.
-¿Se refiere a Sherlock, él no debe de verla?
-¡Por Dios Santo, no! Sherlock jamás le haría daño a un humano -respondió ella con seriedad, casi parecía molesta porque John había hecho aquella pregunta-. Por supuesto, son comprensibles tus dudas. Debiste tener unos años difíciles...
-Entonces, ¿Usted no es... esclava de él, también? -preguntó John, tratando de desviar la conversación. En aquellos momentos no tenía deseos de hablar sobre su pasado.
-Sí y no. Debes saber ya que existen humanos que sirven a los vampiros para las tareas menores, como mantener las casas en orden, traer encargos, mandar mensajes. Por supuesto, no muchos humanos llegan a mi edad, pero todavía hay unas cuantas personas como yo allá afuera. Así que, si un vampiro llega a verme, yo debo actuar como si fuera uno de estos humanos. Pero, en realidad, Sherlock jamás me ha pedido que haga nada por él. Me permite hacer lo que yo desee y yo he vivido tranquilamente muchos años gracias a él.
John se sentó en el sillón grande y ella hizo lo mismo. Estaba muy interesando en lo que ella pudiera contarle acerca de su... del vampiro que ahora era su dueño.
-¿Cómo se conocieron?
El rostro de la mujer se ensombreció y John se arrepintió de haber preguntado, quiso disculparse, pero ella, como si adivinara sus pensamientos, negó con la cabeza.
-Está bien... fue hace mucho tiempo. En realidad fue una afortunada coincidencia que Sherlock pasara en el momento justo por ese lugar... Mi dueño anterior iba a matarme, ya que él consideraba que yo ya no podría serle útil... Pero Sherlock me compró, para salvarme la vida.
John se quedó en silencio unos momentos, no sabía qué decir, no entendía mucho acerca del comportamiento de aquel vampiro.
-¿Por qué? ¿Por qué un vampiro haría algo así?
La señora Hudson se encogió de hombros.
-Sherlock es diferente. No sé exactamente por qué, pero creo que se siente responsable... tal vez tenga un complejo de héroe (que siempre va a negar si tratas de hacérselo notar), algo que lo hace detestar esa situación. En la que alguien debe ser esclavo para satisfacer los deseos de otro. Tal vez se dio cuenta de que el mundo es un lugar horrible de esa manera... No lo sé.
-¿Por eso salió esta noche? -preguntó John, haciendo un esfuerzo por no pensar mucho en la situación en la que se encontraría.
-¿Fue con Moriarty, verdad? -dijo ella, a su vez. Cuando el joven asintió ella soltó un suspiro triste-. Le advertí que no se arriesgara, que ya había hecho demasiado, pero nunca me escucha. Por eso me pidió que me quedara contigo...
John se ruborizó y la interrumpió, sin darse cuenta.
-¿Él le pidió que viniera a verme?
La mujer sonrió.
-Me pidió que estuviera contigo el mayor tiempo posible y que si no regresaba al amanecer, que le hablara a Mycroft.
-Pero él regresará, ¿verdad? -la voz de John se quebró en la última palabra.
-No te preocupes, si... -ella titubeó, sus ojos se ensombrecieron y bajó la voz, como si la pena la hubiese quitado la energía- si sucede algo, Mycroft cuidará de ti. Él no es malo, te lo aseguro, aunque a veces es demasiado sincero, si me preguntas...
-No me interesa eso, no estoy preocupado por mí, sino...
John se interrumpió al darse cuenta de lo que iba a decir; agachó la mirada. La mujer le acarició el rostro con ternura.
-Debes tener un buen corazón como para preocuparte por un vampiro, sobre todo después de todo lo que has pasado. Pero no tienes nada qué temer... Sherlock es muy inteligente, él sabe cómo arreglárselas. Volverá.
La sangre salpicó y manchó su camisa y su pantalón; su abrigo estaba en el suelo, lejos del vampiro que yacía a sus pies. Se sentía extraño, agotado... Observó su mano que había atravesado el pecho del vampiro y que le había extraído el corazón; estaba completamente enrojecida con el líquido espeso y caliente.
Vio a Moriarty levantarse de su asiento y aplaudirle lentamente. Se acercó a él y tomó su brazo ensangrentado.
-Estoy impresionado, Sherlock -dijo él, pasando su lengua por el dorso de su mano-. Por supuesto, esta fue una prueba. Puedes ser uno de mis generales, pero para ser mi segundo al mando tendrá que pasar algún tiempo para que yo me dé cuenta de quién eres realmente...
Moriarty se acercó más y Sherlock tuvo que resistir las ganas de alejarse.
-Aunque estoy tentado a ignorar mis propias reglas... -dijo, colocando una mano detrás de su cuello. Sin embargo, movió la cabeza y se alejó- Puedes irte, cuando vuelva necesitarte, te llamaré.
Sherlock asintió, sin decir una palabra.
La señora Hudson se había marchado hacía unas horas, cuando sus ojos comenzaron a cerrarse por sí solos. Sin embargo, había insistido en que John podría llamarla a cualquier hora si necesitaba algo. Pero lo único que el humano necesitaba en ese momento era algo que aquella mujer no podía darle.
Y entonces se abrió la puerta y John casi se cae del sillón del susto. Sherlock había llegado y lucía terrible: sus ropas estaban cubiertas de sangre y su rostro se veía más pálido de lo normal. John no titubeó ni un instante en acercarse a él. Estaba asustado.
-¿Estás bien?
Sherlock lo miró con curiosidad.
-No es mía -le dijo para tranquilizarlo y luego se dio cuenta de que esa respuesta también podría asustarlo y añadió:- Ni de ningún humano. Es de otro vampiro.
Pero en ese momento a John no le importaba esa información, su corazón había vuelto a latir normalmente al momento de escuchar que esa sangre no era suya. Sin embargo, no pudo preguntarle nada más porque él se dirigió al baño y no salió de ahí hasta que estuvo limpio de nuevo. Por su cabello escurrían gotas de agua y tanto su piel como su ropa olían muy bien.
Se veía cansado y algo... triste. Se dejó caer en el sillón y John se atrevió a sentarse junto a él.
-¿Qué sucedió?
-Moriarty quería ver mis habilidades en combate, así que me hizo luchar a muerte con otro vampiro.
John abrió la boca para decir algo, pero se dio cuenta de que Sherlock no lo escucharía. Además, era extraño que un humano se preocupara por su dueño. En lugar de eso, se inclinó más hacia él y tomó su mano, se dio cuenta de que sus ojos se habían oscurecido y John había vivido mucho tiempo junto a un vampiro como para saber lo que eso significaba.
-Tienes sed -comentó y se inclinó más, tratando de darle a entender que estaba bien, que podía saciar su sed con él. Tal vez estaba loco, pero John quería que Sherlock lo mordiera.
Y el vampiro lo miró a los ojos directamente, sus labios se entre abrieron y John pudo ver los colmillos... pero ni siquiera eso lo hizo retroceder. Sherlock tomó su rostro entre sus manos y lo acercó más... Pero negó con la cabeza antes de que sus labios llegaran a su cuello.
-Lo siento, John, perdóname -le dijo, levantándose rápidamente y poniendo distancia entre ellos. Parecía alarmado de sus propias acciones-. No volverá a suceder, espero no haberte asustado.
El humano se levantó y se acercó nuevamente.
-Está bien, Sherlock. Yo... yo quería... yo quiero que lo hagas.
El vampiro le sonrió y tomó sus dos manos y las besó, provocando que el rostro de John adquiriera una tonalidad escarlata.
-Te lo agradezco, pero voy a estar bien -dijo, antes de dirigirse a la alacena y sacar una botella con sangre sintética. Volvió a beber apresuradamente.
John caminó hacia su habitación, sintiéndose cada vez más confundido, pero se detuvo antes de llegar.
-¿Sherlock?
El vampiro se acercó a él rápidamente, ni siquiera había podido notar el momento en el que se movió. Le dirigió una mirada interrogante.
-¿Por qué me elegiste? Es decir, si necesitabas a alguien que fingiera ser tu esclavo... Pudiste haber elegido a cualquiera. ¿Por qué a mí?
Sherlock pasó una de sus manos sobre el cabello del humano, haciendo que este se estremeciera.
-Porque tú eras quien más necesitaba salir de ahí -respondió Sherlock-. Todos los demás aunque se veían destrozados emocionalmente todavía tenían ganas de luchar y tú... parecía que te habías rendido hace tiempo. Como si no te importara vivir o morir.
No... él no podía saber eso... ¿Cómo?
-¿Cómo lo supiste?
-Me gusta observar y hacer deducciones, John.
Una vez que la sorpresa se esfumó de la mente del humano, lo único que quedó en él fue agradecimiento, un sentimiento que lo hizo sentirse cálido. Y esa calidez le dio valor para acercarse más y darle un beso rápido en la mejilla al vampiro.
-Gracias.
Sherlock tardó en responder, parecía completamente perplejo, lo escuchó aclararse la garganta.
-Espero que mientras estés aquí recuperes tus ganas de vivir. Yo sé que no puedo pedirte algo así, y sé que probablemente no logre entender completamente la situación por la que pasaste... Pero sé, estoy seguro de que siempre hay algo por lo qué luchar. Siempre hay motivos para seguir viviendo, sólo tienes que encontrarlos.
Cuando Sherlock se alejó y le dio la espalda, John se permitió sonreír y sintió que su corazón volvía a latir como antes, con fuerza. Y se dio cuenta de que el vampiro tenía razón.
Siempre hay algo... o alguien.
