Capítulo 5
Dolor. Miseria. Pérdida.
John había experimentado aquellos sentimientos y muchos más cuando creyó perderlo todo; su familia ya no estaba y a él no le quedaban fuerzas. Y entonces conoció a Sherlock, un vampiro. No podía explicarse cómo era que había llegado a una situación como aquella. En la que un vampiro se había convertido en alguien tan importante para él.
Pero esa noche, un mal presentimiento se había apoderado de él; le oprimía el pecho de tal manera que su capacidad de respirar normalmente había disminuido de una forma alarmante.
Sherlock había salido y él se había quedado quieto; escuchado los sonidos que provenían de la calle, esperando reconocer sus pasos, observando el violín que parecía estar desesperado porque las elegantes y alargadas manos lo tocaran de nuevo.
John frunció el ceño al pensar en ello; por lo menos el violín había tenido la fortuna de haber sido tocado, en cambió él tenía que limitarse a observar a Sherlock de lejos, ya que los últimos días el vampiro había tomado la decisión de ignorarlo. Desde aquella vez que estuvo a punto de morderlo...
Los pensamientos del humano fueron bruscamente interrumpido al notar que las luces del exterior cambiaban; ya no podía distinguir si era de día o de noche, pero la presión en el pecho lo hacía olvidar aquellos insignificantes detalles.
-Es momento de irnos -dijo la voz de un vampiro, Mycroft, el hermano de Sherlock. El humano parpadeó varias veces tratando de recordar si lo había visto entrar, pero no podía.
-¿Qué? ¿Por qué?
-Le prometí a mi hermano cuidar de ti -respondió él.
John se hizo hacia atrás, sintiendo que su corazón se detenía, sus manos comenzaron a enfriarse.
-Pero él no me dijo nada de eso, ni siquiera ha regresado, ¿no podemos esperar a que regrese?
-Ya no va a regresar, es por eso que estoy aquí.
Sintió que las piernas le fallaban y su respiración se volvía más pesada. ¿Qué estaba sucediendo? Se aferró al respaldo de uno de los sillones. Todo estaba más oscuro, ya ni siquiera podía distinguir las ventanas, la cocina o la puerta de la entrada.
-No, no, no. Él me dijo que lo esperara -insistió John.
-Moriarty lo descubrió. Ya debe estar muerto para este momento.
John cayó de rodillas hasta el suelo. ¿Por qué el hermano de Sherlock estaba tan tranquilo? Tenía ganas de gritarle, tenía ganas de hacer que le dijera la verdad, porque aquella no podía ser la verdad. Él... él tenía que encontrar a Moriarty...
Pero todo se volvió más oscuro, ya no podía levantarse, todo giraba a su alrededor hasta volverse como el interior de un agujero negro...
Y abrió los ojos. Estaba en su cama otra vez; no se había dado cuenta que había gritado con fuerza hasta que se abrió la puerta de su habitación y entró Sherlock...
¿Sherlock?
-¿Estás bien, John? -el vampiro parecía muy preocupado, se sentó en la cama y tomó su rostro entre sus manos-. ¿Estás herido?
Pero John estaba demasiado aliviado como para contestar; se aferró al cuello del vampiro y dejó escapar un débil sollozo.
Todo había sido una pesadilla.
-John... -Sherlock acarició su cabello- ¿Estás...?
-Bien. Estoy Bien -el humano se hizo hacia atrás, para poder ver al vampiro a los ojos-. Sólo fue un mal sueño.
-Desearía poder hacer algo para borrar todo aquello de tu pasado que te atormenta -dijo el vampiro. Y John se ruborizó al sentir aquellos dedos en su mejilla, limpiando sus lágrimas.
-No le tengo miedo al pasado. El futuro es el que me preocupa -soltó John, sin atreverse a decir más.
Pero quizás fue algo que no debió hacer, porque una sombra apareció en el rostro de Sherlock y se levantó inmediatamente, alejándose de él.
-Haré lo que sea para que puedas ser libre pronto, John, no debes preocuparte.
No, eso no era lo que quería. No le importaba la libertad.
-Puede sucederte algo, si Moriarty te descubre -dijo John, tratando de hacerle entender qué era lo que realmente le importaba.
-Mi hermano cuidará bien de ti en caso de que eso suceda.
Sherlock era, definitivamente, el vampiro más inteligente y estúpido que había conocido. Pero John no insistió más, no pudo decirle directamente lo que quería...
-Trata de descansar un poco más, John -dijo Sherlock, antes de darse la vuelta. Pero el humano sabía que no podría volver a dormir si él no se quedaba, tal vez lograría cerrar los ojos y regresaría a aquel horrible sueño...
-¡Espera! Quédate conmigo... -soltó, con el rostro completamente enrojecido. Todavía no podía creer que se hubiese atrevido a decirlo- Por lo menos hasta que me duerma.
Pasaron tantas emociones por el rostro de Sherlock, que John no alcanzó a distinguirlas. Lo vio acercarse nuevamente.
-John... no... no creo que esto sea buena idea.
-Por favor, Sherlock. No quiero tener ese sueño de nuevo.
El vampiro asintió y se acercó un poco más. John tomó su mano y tiró de ella; quería que se acostara junto a él.
-Por favor -insistió al ver la duda en los ojos del vampiro. Después de unos segundos, accedió.
Sherlock se acostó junto a él y John no quiso desperdiciar su oportunidad y recargó su cabeza en el pecho del vampiro. Tan sólo percibir su aroma lo tranquilizó.
Lo escuchó reírse y John se atrevió a levantar su rostro para observar la pálida piel de su cuello y la sonrisa que se dibujó en sus facciones.
-¿Qué sucede? -preguntó, antes de ruborizarse al sentir los brazos de Sherlock, rodeándolo.
-No logro comprender cómo es que te tranquiliza estar en la misma cama que un vampiro después de todo lo que pasaste.
-Me siento... bien estando junto a ti -se atrevió a decir. Aunque no sólo se sentía 'bien', en aquellos momentos se daba cuenta de que su cansancio y sueño se habían esfumado; estaba demasiado consciente de que sus cuerpos estaban tan cerca. Le gustaba aquella sensación.
-No deberías confiar en mí... yo tengo las mismas necesidades que los otros vampiros, sólo que trato de reprimirlas -admitió Sherlock, su voz se había vuelto ronca.
John levantó la cabeza y vio que sus ojos se habían oscurecido; había deseo en ellos. Pero, en lugar de sentir temor, se acercó más a él.
-John... creo que...
-Tienes sed otra vez -comentó-, creí que ya habías bebido...
-Lo hice -respondió Sherlock, cerrando los ojos, como si quisiera controlarse-, sólo que a veces la sangre sintética no es suficiente, sobre todo cuando...
Pero Sherlock no dijo más, sus brazos soltaron al humano.
-Sabes que podrías saciar tu sed conmigo, si quisieras -dijo John.
-No quiero hacerte daño.
-No lo harás.
-Has pasado por mucho...
-Yo quiero que bebas de mí, Sherlock -insistió el humano. Ahora era él quien había tomado el rostro del vampiro entre sus manos. Sherlock abrió los ojos, estaban casi negros por la sed y el deseo.
Y John estaba tan desesperado, que ni siquiera lo pensó, sus labios se unieron a los de Sherlock. Su corazón dio un vuelco cuando sintió las manos del vampiro sobre él y se acercó más, disfrutando el momento en que la lengua de Sherlock entró a explorar su boca. Sus dedos, temblorosos, comenzaron a desabotonar la camisa del vampiro. Ahora que estaban tan cerca... en la cama, no sólo quería que él bebiera de su sangre, quería sentir su cuerpo, quería sentirlo dentro de él.
John se arqueó y recibió un agradable jadeo de Sherlock en respuesta. Sin embargo, en lugar de acercarlo más, el vampiro se alejó.
-No, John, no podemos -dijo él, respirando agitadamente.
El humano se sintió destrozado, esa era la tercera o cuarta vez que era rechazado por Sherlock.
-Creí que era... los otros vampiros me veían con deseo, pero yo jamás quise que se acercaran a mí, los odiaba... Y ahora que quiero estar contigo tú... tal vez no soy lo que deseas, quizás no soy tan atractivo para ti -soltó John, sintiendo que no podía reprimirlo más. Sabía que seguramente se veía ridículo en aquellos momentos, pero no le importaba.
Cerró los ojos, esperando a escuchar sus pasos, alejándose de él, sin embargo, tuvo que abrirlos nuevamente al darse cuenta que Sherlock se acercaba más y lo besaba otra vez.
-¿Cómo puedes pensar eso? -le preguntó el vampiro sobre sus labios-. Pensé que había quedado claro que yo me esforzaba constantemente en controlar mis deseos. John, no es que yo no te desee... lo hago tanto que me cuesta toda mi fuerza de voluntad para no distraerme pensando en ti. Antes de conocerte jamás había sentido la necesidad de beber sangre humana o tocar otra piel...
Sherlock se interrumpió para besar su cuello y John se estremeció de placer. Su corazón estaba latiendo rápidamente.
-Te deseo tanto que tengo miedo que si pruebo tu sangre o tu cuerpo me volveré adicto y me convertiré en uno de ellos, y te mantendré a mi lado en contra de tu voluntad. Tengo miedo de no tener el valor de dejarte ir cuando llegue el momento.
John lo besó.
-No tienes por qué dejarme ir. No me quiero ir.
Pero Sherlock se levantó de la cama y se alejó de él. Negó con la cabeza.
-No sabes lo que dices. Crees que no tienes otra mejor opción que estar conmigo, pero cuando puedas ser libre, entonces ya no te importará si yo te necesito o no. Hay cosas mucho mejores allá afuera, John.
El humano frunció el ceño y se sentó en la cama. No podía creer lo que estaba escuchando. No podía creer que se encontrara en una situación así. Parecía absurdo que él, después de todos aquellos años de sufrimiento deseando liberarse de los vampiros, ahora estuviera discutiendo con uno porque no quería separarse de él.
Sherlock no tenía idea. Él no podía saber lo que John deseaba verdaderamente o no. Ni siquiera sabía que la idea de perderlo lo aterraba tanto que hasta tenía pesadillas sobre ello.
-¿Cómo puedes decir eso? -se atrevió a decirle, apretando los puños.
-Yo quiero que seas feliz, John. Y aquí, siendo un esclavo, nunca podrás serlo.
John ni siquiera tuvo tiempo de protestar porque Sherlock se marchó. Se recostó en la cama, furioso y frustrado, pensando en ese vampiro tan testarudo, desesperante, imbécil y ciego.
