Capítulo 6

Antes de John había pocas cosas que hacían a Sherlock preocuparse, sin embargo, en esos momentos, sentía que no podía estar tranquilo a menos que estuviera constantemente observándolo. Detestaba tener que dejarlo, detestaba no tener noticias de él mientras se encontraba fuera del departamento y aunque sabía que John no estaba en peligro, sus pensamientos no lo dejaban tranquilo. Y aquella sensación molesta aumentaba en noches como esa, en la que Moriarty lo necesitaba para algún servicio.

En esos momentos se encontraba en la gran sala de la casa, observando el cadáver de un vampiro; en su pecho había un agujero profundo y su corazón había desaparecido. Frente a él se encontraba Moriarty, con sus ojos fijos en el cuerpo inmóvil; su rostro reflejaba una ira mal contenida. Pero Sherlock tenía mucha experiencia en leer postura corporal y expresiones como para saber que el cuerpo era lo que menos le importaba a aquel vampiro. Lo que verdaderamente lo hacía sentirse furioso era la sensación de que alguien se pusiera en su contra.

Pero tenía razón; el cuerpo era evidencia suficiente de que en algún lugar de la ciudad el grupo en su contra comenzaba a actuar. Porque, si bien era cierto que el vampiro no era un miembro importante de todos aquellos que eran fieles a Moriarty, su muerte traía un mensaje consigo.

-¿Qué piensas? -cuestionó el vampiro, observando a Sherlock fijamente-. ¿Una simple pelea callejera o algo planeado?

Interesante. Sherlock consideró aquella pregunta como otra prueba; Moriarty era lo suficientemente inteligente como para deducir que aquella muerte traía una declaración de guerra consigo, sin embargo, el hecho de que le hiciera a él una pregunta tan evidente significaba que todavía tenía sus dudas acerca de él.

-Me gustaría ver el lugar donde se encontró el cadáver antes de decir algo más concluyente, pero me atrevería a decir que esto fue planeado. Los golpes que recibió el vampiro fueran calculados, como si su oponente hubiese estudiando su forma de luchar por días, quizá semanas. Además fue acorralado y sometido, por lo que dudaría mucho que fuera algo espontáneo -dijo Sherlock.

Moriarty sonrió; Sherlock pudo ver la satisfacción brillar en sus ojos y supo que había logrado pasar aquella prueba también.

-¿Crees que puedas encontrar al responsable?

Sherlock asintió y le pareció que algo más destellaba en los ojos del vampiro. Lo vio acercarse lentamente.

-Sólo necesito unos días para ello. Tengo que ir al lugar donde ocurrió todo y hacer unas observaciones.

-De acuerdo -aceptó Moriarty, mientras trazaba uno de los pómulos de Sherlock con sus dedos-, pero recuerda que no soy un vampiro muy paciente...

-Tendré noticias pronto -prometió Sherlock. Por supuesto, necesitaba encontrar a los responsables pronto, pero no para traerlos ante Moriarty sino para advertirles. Aquella sería su primera oportunidad de hacer contacto directo con la Oposición. Y después tendría que planear algo para engañar a Moriarty... Aunque aquello resultara cada vez más arriesgado.


John se despertó con el aroma del té, sus labios dibujaron una sonrisa en su rostro cuando salió de su habitación y bajó de las escaleras. Sin embargo, aquel gesto alegre desapareció rápidamente.

-Me alegra que ya hayas despertado -dijo la señora Hudson, sonriendo desde la cocina.

John hizo una mueca cuando ella se giró y le dio la espalda, demasiado ocupada abriendo la alacena y seleccionando comida para preparar algo.

Por supuesto, no estaba feliz, pero no era debido a que su presencia lo molestara, era que el hecho de que ella estuviera en el departamento a aquellas horas de la noche sólo podría significar que Sherlock había salido. Y John no podía evitar preocuparse cuando él no estaba.

-¿Moriarty otra vez? -se atrevió a preguntarle, mientras arrastraba los pies, tratando de mover su cuerpo hacia la cocina.

La mujer se giró nuevamente y sus ojos se apagaron, como si su energía se hubiese esfumado de pronto. John se estremeció.

-Sí, pero no debes preocuparte, él regresará pronto -dijo ella, antes de seguir con lo que estaba haciendo-. Y mientras eso pasa, yo voy a cenar contigo.

John no pudo responderle, el sueño que había tenido estaba rondando en su memoria nuevamente. Odiaba no saber qué era lo que estaba pasando con Sherlock, odiaba sentirse tan vulnerable, todo lo que deseaba era que pasara el tiempo y que él regresara.

No logró tranquilizarse a pesar de todas las cosas que intentó hacer para distraerse mientras la señora Hudson preparaba la comida. Y sabía, por las veces que la atrapó mirándolo, que ella trataba de encontrarle una razón a su comportamiento.

Recordó en el momento en que ella lo llamaba a cenar, que se había despertado con hambre. Sin embargo, cuando se sentó frente a su plato y vio a la mujer frente a él, comiendo, no pudo levantar los cubiertos para comenzar a comer. Su hambre se había convertido sólo en un recuerdo, porque ahora sólo podía pensar en una sola cosa.

-¿Qué sucede, no te gusta?

-No, no es eso -dijo él-, es sólo que... ahora, precisamente, no puedo... no tengo muchas ganas.

Así que se levantó y se dirigió al sillón y se sentó en él. El tiempo pasaba y ya no sabía si eso era malo o bueno. Sherlock no regresaba y de pronto su mano se dirigió a uno de sus bolsillos, el que guardaba el teléfono móvil que el vampiro le había dado. Sus dedos cosquilleaban; sólo un botón y podría llamarlo... pero él le había especificado que sólo podía hacer eso en una emergencia...

Sin embargo, al escuchar que la señora Hudson se acercaba a él, se olvidó de todo aquello.

Ella se sentó junto a él y colocó una de sus manos en su hombro.

-Dime que no es cierto, John -al escuchar su voz preocupada, él giró la cabeza. Sus ojos parecían tristes.

-¿Qué?

-Dime que no es cierto lo que veo en tus ojos -dijo ella-. Porque, en ese caso...

Pero ella no pudo decirle, porque John se distrajo al escuchar pasos en la escalera de afuera y cuando vio que se abría la puerta y era Sherlock quien entraba no pudo evitar levantarse bruscamente y acercarse a él.

-Me alegra que hayas regresado -soltó, aunque la frase lo dejó insatisfecho, era como si aquellas palabras no pudieran expresar exactamente el alivio y felicidad que sintió al verlo de nuevo.

Sherlock sonrió y acarició el rostro de John, haciendo que se ruborizara.

-Gracias, señora Hudson -dijo el vampiro, girándose hacia ella.

-Ni lo menciones -respondió ella, dirigiéndose a la puerta. Sin embargo, antes de irse, le dirigió una mirada preocupada al humano-. Sólo hazme un favor, Sherlock, cuídalo bien.

John se mordió el labio, sintiéndose repentinamente expuesto, era como si ella supiera...

-Por cierto -añadió, antes de bajar las escalera-, haz que coma.

Sherlock arqueó una ceja hacia John y este desvió la mirada, por un momento se sintió como un niño pequeño.

Por fin, el vampiro cerró la puerta y se acercó más a John.

-¿No tienes hambre? ¿Te sientes bien? -quiso saber, como si estuviera verdaderamente preocupado.

John no entendía cómo era que él le daba tanta importancia a eso si en realidad el que se encontraba en mayor peligro de los dos era precisamente él.

-Estoy bien -le aseguró al vampiro, pero todavía podía ver la preocupación en sus ojos.

-Sólo recuerda, John: siempre hay algo por lo que luchar -dijo Sherlock, tomando el rostro del humano entre sus elegantes manos.

Y entonces él entendió por qué el vampiro tenía aquella expresión en el rostro, parecía tener miedo de ver a John rendirse, de verlo dejar de luchar por la vida. Pero él no sabía que ya había encontrado sus motivos para vivir, que había recuperado la energía que creía haber perdido hacía tiempo. Así que tomó una de sus manos y lo llevó hasta la pequeña cocina.

-Está bien, comeré un poco -prometió, observando como el alivio se dibujaba en el rostro de Sherlock-, después de ti.

El vampiro arqueó unas cejas hacia él; se puso tenso.

-Sé que tienes sed -le dijo John-. Así que yo no comeré nada hasta que tú te alimentes primero.

Todavía un poco confundido, Sherlock asintió y se dirigió al lugar donde guardaba las botellas con sangre sintética, pero John lo detuvo del brazo y lo obligó a girarse hacia él.

-No, esta vez quiero que bebas de mí.