Capítulo 7

-John... sabes que no puedo hacer eso -contestó Sherlock inmediatamente, dando un paso hacia atrás-. No quiero... no voy a lastimarte.

Pero el humano estaba decido y tal vez era una locura, pero quería sentirse conectado al vampiro de alguna manera. Quería estar con él. ¿Por qué le costaba tanto trabajo entenderlo?

Así que se acercó nuevamente a él y rodeó el cuello del vampiro con sus brazos. Nunca hubiera imaginado que pudiera sentirse seguro estando cerca de uno de ellos, pero así se sentía.

-Yo quiero hacer esto -le dijo, atreviéndose a besar sus labios-. Quiero alimentarte.

Sherlock jadeó, John sabía que su necesidad estaba aumentando y supo, por el color que habían adquirido sus ojos, que no tardaría en sucumbir a sus instintos.

-John -fue todo lo que dijo antes de que sus labios cayeran sobre los del humano, moviéndose suavemente, casi con ternura, para después posarse sobre su mandíbula y bajar lentamente a su cuello.

El humano sonrió para sí, con triunfo, mientras sentía las manos de Sherlock sobre su espalda y su nuca, acercándolo más hacia su cuerpo firme. La lengua del vampiro comenzó a acariciar lentamente su piel. John soltó un gemido cuando sintió los afilados colmillos en su cuello y se estremeció cuando perforaron su piel, sin embargo, el pinchazo fue rápido y no le causó mucho dolor. Sherlock acarició su espalda suavemente, como si quisiera calmarlo.

Y cuando el vampiro comenzó a beber de su sangre, John sintió que una oleada de placer le recorría el cuerpo. Cerró los ojos y sus dedos se enredaron en los rizos oscuros de Sherlock, gimió otra vez, estremeciéndose completamente.

No recordaba que ninguna de sus experiencias anteriores fuera como aquella. Los músculos de sus piernas se relajaron y, por un momento aquella sensación lo atacó tan sorpresivamente que pensó que se caería, pero Sherlock lo tenía firmemente agarrado. Y casi pudo adivinar el momento en que cambió de parecer, porque de pronto se detuvo, su sangre dejó de fluir hacia los labios del vampiro y John dejó de sentir esa agradable sensación.

-Estoy bien -le aseguró, casi adivinando sus pensamientos y sintiendo que trataba de alejarse de él. Acarició sus rizos oscuros y los agarró con mayor firmeza, animándolo a continuar-. No me duele... yo... nunca había sentido nada igual.

John no pudo evitar soltar una exclamación de placentera sorpresa cuando el vampiro volvió a beber de su sangre, chupando con mayor fuerza. Instintivamente, acercó más su cuerpo al de él y comenzó a mover sus caderas... comenzaba a sentirse excitado. Sin embargo, no creía poder soportar mucho tiempo de pie, su cuerpo se sentía como si estuviera hecho de gelatina.

-Llévame a la cama, Sherlock.

Y para su sorpresa, el vampiro parecía estar de acuerdo, porque lo tomó de la cintura y lo levantó con facilidad. John enredó sus piernas a su alrededor y permaneció aferrado a él incluso cuando sintió que lo depositaba suavemente en la superficie suave de la cama. Y sintió el agradable peso de su cuerpo sobre el suyo, sintiendo como sus cuerpos se rozaban deliciosamente.

La ropa se convirtió en un estorbo.

John gimió y empujó sus caderas hacia Sherlock, mientras sus dedos comenzaban a desabotonarle la camisa.

-Sherlock -suspiró el humano cuando su sangre dejó de fluir hacia los labios del vampiro, se arqueó un poco más cerca y volvió a tomar con fuerza aquellos rizos oscuros. Los labios de Sherlock besaron las marchas de la mordida y su lengua acarició su piel nuevamente.

John lo vio a los ojos, la sed había desaparecido completamente de su mirada, sin embargo, el deseo aún brillaba en todo su rostro. Lo obligó a inclinarse nuevamente, tirando de su cabello, para besarlo en los labios apasionadamente, su lengua pudo saborear los restos de su propia sangre.

-John -la voz de Sherlock sonaba como una advertencia, su mirada se oscureció aún más y, a pesar del deseo, todavía se veía preocupado-. ¿Estás bien?

El humano sonrió y acarició su rostro, arqueando su cuerpo hacia él nuevamente, se alegró al escuchar que el vampiro jadeaba en respuesta.

-Mejor que nunca -respondió, tratando de quitarle la camisa. Sherlock respiraba agitadamente, pero lo detuvo.

-John, no sigas, no voy a poder detenerme -le advirtió.

-¿No me deseas?

Estremeciéndose de placer, John sintió que una de las manos del vampiro se deslizaba debajo de su ropa y tocaba la piel de su cintura lentamente, mientras la otra mano subía hasta su rostro y acariciaba sus labios.

-Por supuesto que sí -respondió Sherlock, con la voz ronca-. Pero siento que estoy perdiendo el control, no quiero... no quisiera...

John se inclinó para besarlo nuevamente, el cuerpo del vampiro respondió inmediatamente a la pasión del humano, la mano que estaba en su cintura lo acercó más a él. John notó la erección debajo de sus pantalones y soltó una exclamación de placer.

-Todo va a estar bien, yo quiero hacer esto -soltó y a pesar de que sus mejillas estaban ardiendo con anticipación, nerviosismo y excitación, se las arregló para decir en voz alta:- Quiero sentirte dentro de mí.

John sonrió cuando vio en los ojos del vampiro lo que había querido ver desde hacía mucho tiempo; su naturaleza oscura y peligrosa se había apoderado de él por completo, pero todavía quedaba un pequeño destello de algo más, algo que no era sólo pasión o lujuria...

Había perdido el control.

Las manos de Sherlock eran mucho más rápidas que las de él y muy pronto se deshicieron de la ropa de ambos. John sintió aquella piel pálida y suave sobre la suya, absorbiendo la calidez que sólo podía desprenderse de una piel humana.

Lo vio estirarse y tomar un pequeño frasco de un cajón y John se estremeció al ver la sustancia brillante y trasparente sobre sus dedos. Se aferró con mayor fuerza a su cuello y abrió los labios, dejando escapar sonidos entrecortados cuando sintió que aquella mano separaba sus glúteos suavemente. Uno de sus dedos acarició su entrada. Entonces, aquel dedo se deslizó en su interior.

John se arqueó, queriendo empujar sus caderas hacia atrás, esperando que el dedo del vampiro comenzara a moverse dentro de él.

-¿Qué me has hecho, John? -soltó Sherlock antes de besar su cuello. Su dedo entró más profundamente, deslizándose con suavidad-. No creo que pueda dejarte marchar ahora.

-No... tienes que... hacerlo -jadeó el humano, cerrando los ojos, tratando de hablar claramente. Soltó una exclamación cuando sintió que otro se unía al primero, sus caderas se sacudieron en respuesta.

Sherlock se inclinó nuevamente, sus labios asaltaron salvajemente los de John, su lengua comenzó a explorar sin compasión y el humano se dio cuenta, por la forma en que saboreaba, mordía y probaba cada centímetro de su boca, que el vampiro se había reprimido en las otras ocasiones que lo había besado.

El vampiro retiró lentamente su mano, pero movió su cuerpo más cerca, tanto que la punta de su erección rozó con la entrada de John. Y el humano se arqueó y no pudo evitar que sus labios soltaran una súplica, un gemido que demostraba lo necesitado que se sentía, lo mucho que quería ser llenado por Sherlock. En otras circunstancias se hubiese sentido avergonzado por sus acciones, pero el deseo lo consumía en aquellos momentos que no podía pensar en otra cosa.

-Sherlock... -dejó escapar, desesperado.

El vampiro sonrió y movió sus caderas hacia delante, entrando profundamente en él. John colocó sus piernas alrededor de su cintura y gritó con fuerza.

-No quiero... ser egoísta, John -dijo él, comenzando a mover su cuerpo lentamente, provocando que el humano se estremeciera y se aferrara a su cabello con fuerza-. No quiero dejarme llevar por mi naturaleza. Quiero que seas libre, pero también quiero mantenerte a mi lado. Quiero consumirte completamente...

-Hazlo -lo interrumpió John, una vez que pudo respirar lo suficiente como para poder hablar-. Yo quiero que... tengas todo de mí.

Los ojos de Sherlock se oscurecieron más, sus movimientos se volvieron más salvajes; rápidos y fuertes. John se aferró a su cuello y a su espalda, clavando las uñas en su piel, como si sintiera que fuera a caerse. Se sentía mareado; la erección de Sherlock lo golpeaba justo en un punto que le enviaba oleadas de placer a todo su cuerpo y no sabía si iba a poder soportarlo más.

-Eres mío, mío, mío.

John se excitó más al escuchar la repentina posesividad en su voz. Aunque le gustaba mucho el Sherlock que lo cuidaba y lo respetaba, le gustaba saber que también había una parte de él que lo deseaba tanto como para perder el control y querer poseerlo completamente.

El vampiro inclinó su cabeza y lo mordió del otro lado del cuello. John gritó su nombre con mayor fuerza, al sentir que su sangre comenzaba a fluir hacia sus labios, mientras se movía con ferocidad dentro de él.

-Sólo tuyo, Sherlock -gimió y todo su cuerpo se agitó de placer cuando el orgasmo lo consumió completamente. Todavía no terminaba, cuando el vampiro levantó su cabeza y jadeó su nombre mientras explotaba dentro de él.

Besó suavemente la segunda herida que le había hecho y sus cuerpo comenzaron a relajarse, sintiendo los espasmos que los embargaron después del orgasmo.

Sherlock se salió de él y se acostó a su lado, tratando de controlar su respiración. John sonrió, completamente feliz, acercándose más y aferrándose a su cuello. Enterró el rostro en su pecho y suspiró. Los brazos del vampiro lo rodearon.

-Quiero ser tuyo siempre -murmuró sobre su piel, cerrando los ojos. Estaba tan cansado que no tardó en quedarse dormido.