Capítulo 9

Fue bastante sencillo regresar al lugar donde los fieles seguidores de Moriarty habían encontrado el cadáver del vampiro. Incluso fue rápido deducir qué era lo que había sucedido y por qué. El problema para Sherlock era lograr establecer una comunicación con ellos. Él sabía que los vampiros de la Oposición no confiarían en él, después de todo, ese mundo no era uno en el cual alguien se podía permitir confiar en quien fuera; debía de tratar de convencerlos, aunque no lograría nada hasta que no hablara con el líder directamente. Sin embargo, ¿cómo iba a llegar hasta él? Ya que, en todo el tiempo que Sherlock llevaba investigando a la organización, a pesar de lograr encontrar la ubicación e identificar a algunos de los miembros, sabía poco de su actual líder.

Tal vez debía acercarse un poco a las fuentes de información y comenzar a rondar por los lugares dónde sabía que se reunían los miembros de la Oposición, de esa manera podría llamar la atención del líder, ya que no le quedaba mucho tiempo y tendría que darle algunas respuestas a Moriarty, pero no quería hacerlo antes de acordar un plan con la Oposición.

Comenzó por entrar en los bares donde había reconocido a los miembros importantes de la organización y decidió hacer preguntas, que probablemente le ocasionarían problemas después, pero podría solucionarlo. En realidad, como descubrió horas después, todos ellos eran muy predecibles. Y sinceramente esperaba que su líder fuera mucho más inteligente que ellos, porque si no, no tendrían ninguna oportunidad contra Moriarty a menos que él interviniera pronto.

Como había previsto, al final de la noche era seguido por tres vampiros, lo cual sólo lo hizo poner los ojos en blanco, porque ninguno de ellos parecía saber lo que era la discreción. En verdad, ¿cómo era que pretendían permanecer en el anonimato por tanto tiempo? Con técnicas como esas Moriarty no tardaría en encontrarlos y erradicarlos. Y Sherlock no iba a permitir eso.

Así que, finalmente, se detuvo, cuando llegó hasta un callejón sin salida y ellos creyeron que lo tenían acorralado. Por lo menos se esforzó por no volver a poner los ojos en blanco.

Se giró para mirarlos de frente.

-Hemos escuchados que has estado haciendo preguntas peligrosas -dijo uno de ellos, en su tono más amenazante.

-Debiste pensarlo mejor antes de hacerlo. Eso te traerá severas consecuencias -dijo otro y Sherlock no pudo evitar resoplar. Sinceramente, aquello parecía algo que duraría mucho tiempo y lo que menos tenía era tiempo, no cuando John estaba en su casa y él estaba ansioso por volver a verlo.

Puso las manos detrás de sí y dio un paso decidido hacia ellos.

-Quiero hablar con su líder -dijo claramente, lo que dibujó una colectiva mirada de sorpresa en el rostro de los tres.

-Lo estás haciendo en estos momentos -replicó el que había hablado primero.

Sherlock trataba de ser paciente, pero ellos no le daban muchas oportunidades.

-No me refiero al "jefe" de un pequeño grupo de guardia nocturna, sino al líder de toda la Oposición -continuó.

-Soy yo -insistió el vampiro, después de dudarlo unos segundos, lo cual no le daba nada de credibilidad.

-Debes pensar que soy un idiota al considerar que yo puedo creer una mentira tan evidente como esa -dijo Sherlock a su vez-. Un líder no se comportaría como tu lo haces en estos momentos.

Los tres le lanzaron una mirada de desprecio. Y Sherlock cerró los ojos, tratando de controlarse, su gran defecto era que, por más que lo intentara, era pésimo trabajando en equipo y sabía que para ganarle a Moriarty, necesitaría integrarse en aquella organización.

Sin embargo, cuando intentó pensar en algo mejor que decir para tranquilizarlos, uno de ellos se acercó a él.

-Nuestra organización debe permanecer en secreto, no debemos permitir que nadie más se entere de esto.

-Si eso es cierto, entonces no debieron matar al vampiro que trabajaba para Moriarty de aquella manera, fue descuidado y pudieron arriesgar...

Pero Sherlock supo que sus palabras habían cruzado el límite pertinente cuando uno de ellos se lanzó hacia él, sin embargo, él lo esquivó y lo tomó del brazo para derribarlo, lo mismo tuvo que hacer con el siguiente, ya que el tercero decidió permanecer donde se encontraba, alerta.

-Mi objetivo es el mismo que el suyo -insistió-, no es estoy en su contra, porque si así fuera ustedes tres estarían muertos.

-Estoy de acuerdo contigo, Holmes -dijo una voz que Sherlock no reconoció. Un cuarto vampiro de cabello castaño y ojos verdes apareció entre las sombras, uno que hizo que el que todavía estaba de pie se retirara lentamente.

Ese era el vampiro con el que Sherlock quería hablar.

-Por lo que acabo de ver, tus habilidades en combate son muy buenas, mis guardias jamás podrían derrotarte -continuó el vampiro, sonriendo-, estoy impresionado.

Sherlock estaba sorprendido, ya que nunca se habría imaginado que el líder supiera algo sobre él.

-Por lo que escuché, parece que querías hablar conmigo -dijo el vampiro, acercándose más hasta quedar a unos pasos de Sherlock.

Sherlock asintió.

-Me siento en desventaja en estos momentos, ya que tienes información acerca de mí, pero yo ni siquiera sé tu nombre -comenzó Sherlock, quien debía admitir, no estaba decepcionado al conocer al líder de la Oposición.

-No creo que Sherlock Holmes realmente pueda sentirse en desventaja ante nadie -volvió a sonreír el vampiro-, por lo que sé sobre ti, eres muy inteligente. Pero... ¿por qué no mejor discutimos esto en otro lugar? -preguntó ignorando las protestas de sus guardias.

-De acuerdo.

-Por cierto, mi nombre es Victor Trevor y debo decir que es un placer conocerte personalmente, Sherlock Holmes.


-No es necesario que se quede toda la noche aquí, señora Hudson -dijo John, después de asomarse por la ventana. Las calles lucían particularmente solitarias aquella noche.

La mujer le sonrió con ternura, mientras preparaba algo para cenar.

-Me gusta pasar tiempo contigo, John. ¿Qué haría tanto tiempo sola en mi departamento? -dijo, después de un rato.

-Dormir un poco, por ejemplo -sugirió John, tratando de sonreír, aunque no tenía ganas de hacerlo en ese momento.

La señora Hudson se rió y negó con la cabeza.

-Ya dormí demasiado en la tarde, además, me gustaría hacerte compañía un rato, por lo menos para que la espera no sea tan larga -insistió ella-. Y esta vez me aseguraré de que comas algo.

La espera... eso era una tortura para John, más ahora que sabía a lo que se enfrentaba Sherlock. El humano se alejó de la ventana y se sentó en el sillón. Un rato después, se dio cuenta de que la señora Hudson se sentaba junto a él y colocaba una mano sobre su hombro con gentileza.

-Sé lo difícil que puede ser esto para ti, John.

El humano asintió y permitió que ella lo abrazara, luchó para no dejar escapar las lágrimas que sentía en sus ojos.

-Perdí a toda mi familia. Y... cuando eso sucedió, pensé que lo mejor era rendirme y dejar de luchar contra todo esto, contra la situación en la que nos encontramos los humanos... estaba tan cansado de tener esperanza, porque creí que ya no quedaba nada para mí. Entonces conocí a Sherlock y las cosas cambiaron... -soltó, sintiendo que su garganta le quemaba- No quiero perderlo a él también.

-No lo harás -dijo entonces la mujer, conmovida-, no la harás porque Sherlock sabe exactamente qué es lo que está haciendo. Él nos sacará de esto, ya verás... él hará que las cosas cambien.

Entonces John sonrió, pero era una sonrisa triste, una que no llegaba a iluminar sus ojos.

-Sé que soy egoísta, pero yo ya no quiero que esto cambie, yo sólo quiero estar con él por el resto de mi vida.

La mujer se levantó de pronto y le dio la espalda, dirigiéndose a la cocina, sin embargo, John alcanzó a ver que sacaba un pañuelo y lo acercaba a su rostro.

-No eres egoísta, cariño. Después de todo lo que has pasado, está bien pensar en tu felicidad antes que en la de los demás -dijo ella, con la voz entrecortada-. Ven, es hora de cenar.


-Entonces... Sherlock, mis guardias te han visto en compañía de los generales de Moriarty -comenzó Victor, después de sentarse en el sillón de la sala de lo que parecía ser su departamento. Sherlock se preguntó seriamente por qué había decidido llevarlo ahí, si todavía estaba inseguro acerca de él-. ¿Cómo esperas que confíe en ti después de saber esto? ¿Cómo sé que tu lealtad no está realmente con él?

-Es bastante sencillo; yo conozco la ubicación exacta de los lugares donde tu gente se reúne, si de verdad trabajara para él, esos lugares ya estarían destruidos. Y la razón por la que yo mismo me presenté ante él es por estrategia; tú no puedes ganar esto desde el exterior, necesitas a alguien cerca de Moriarty para ello -dijo Sherlock.

Contrario a lo que pensaba él, Victor no parecía molesto, sino que una sonrisa amplia se dibujó en su rostro tras escuchar sus palabras. Sherlock decidió que era el momento para contarle que Moriarty se había enterado del asesinato cometido por uno de los suyos.

-Suponiendo que te creo y que te admito dentro de la Oposición -dijo Victor, después de un largo rato-. ¿Qué sugieres que hagamos para evitar que Moriarty se entere de todo esto?

Sherlock sonrió, porque sabía, a pesar de las palabras de Victor, que aquel vampiro había decidido confiar en él.

-Yo le llevaré información, nada importante, pero si la suficiente que lo haga confiar en mí. Moriarty es inteligente y ya debe sospechar que un grupo de vampiros intenta luchar en contra de él. Pero no sabe quiénes son, ni cuál es su forma de organización, por lo que podremos inventar algo sobre ello... además... voy a necesitar un cadáver.