Capítulo 10

El cuerpo cayó sin ceremonia alguna sobre el suelo. Podría haber sido un simple costal con cualquier contenido y las dos figuras en la oscuridad habrían tenido la misma reacción al verlo caer y ocasionar que la superficie plana emitiera un sonido seco: ninguna. Sin embargo, el vampiro que estaba sentado en el sillón en medio de la habitación dejó mostrar una sonrisa entre sus facciones, la reacción había sido ocasionada porque, en cierta forma, la orden había sido cumplida y la segunda porque le complacía ver al otro vampiro cubierto de sangre; le daba un aspecto más salvaje que hasta ahora Moriarty no había tenido el placer de ver. Sherlock tenía una deliciosa expresión en su pálido rostro, era una extraña combinación entre la más pura frustración que viene con el conocimiento de que no se logró todo lo que se buscaba y la increíble satisfacción que viene después de matar. Sus manos estaban repletas de sangre, así como su camisa y habían caído unas cuantas gotas a lo largo de sus pantalones oscuros.

-Intenté traerlo con vida, pero él me lo hizo imposible -anunció controlando las expresiones en su rostro.

Moriarty también adoptó una expresión más neutral, una usada para negocios; una que no le mostrara a Sherlock Holmes que en realidad ya tenía ganada su confianza, ni que, en realidad, le agradaba bastante la presencia de aquel vampiro inteligente. No, Sherlock tendría que esforzarse más si quería su atención, aunque ya la tuviera. Era una especie de juego y a él le fascinaban los juegos, sobre todo si involucraban sangre y seducción.

-¿Estás seguro que fue uno de los que asesinaron a mi soldado? -preguntó. Por supuesto, aquel vampiro muerto no le importaba en lo más mínimo, a decir verdad, varias veces había pensado en deshacerse de él por su cuenta, pero aquella era una manera de observar trabajar a Sherlock. Se había dado cuenta muchos años antes que su capacidad deductiva era impresionante y esa era una de las principales razones por las que había llamado su atención en primer lugar.

-Sí. Fueron tres, en realidad -aclaró Sherlock, después volvió a hacer esa mueca de frustración que arrancó una involuntaria sonrisa de los labios de Moriarty-. Probablemente su ausencia alerte a los otros dos, pero no lo suficiente como para sospechar que estás siendo rastreados, por lo que he decidido infiltrarme en el lugar que se reúnen, es un bar, al parecer algunos de sus encuentros los hacen ahí para confundirse entre los demás, aunque no me será difícil conseguir más información pronto.

-Es decir... esto tiene que ver directamente con la Oposición -dijo Moriarty, no sin mostrar su claro disgusto al pronunciar aquel nombre. Llevaba años tratando de encontrarlos y demostrar que eran reales... ninguno de sus malditos generales había encontrado nada acerca de ellos y ahora su oportunidad se presentaba con Sherlock Holmes... comenzaba a preguntarse por qué no había tratado de reclutarlo antes.

-No puedo afirmarlo completamente -respondió el vampiro de cabello oscuro después de un rato-, pero a juzgar por lo que observé mientras estaba cazando a este... lo más probable es que tengan alguna relación con el movimiento, sin embargo, no estoy seguro de que se tan numeroso como los rumores han tratado de hacernos creer.

-Tienes una semana para traerme información interesante -soltó, su voz vibró con amenaza y desconfianza, como si se tratara de la última prueba. Sin embargo, no dejó entrever en su rostro que aquel tiempo era bastante para alguien con las capacidades de Sherlock; estaba siendo demasiado generoso, pero no quería que él lo supiera y por ello no podía acortar el tiempo, no podía dejarle ver que le estaba dando privilegios desde ese momento. También sabía que lo más prudente era enviar a Moran con él, ya que Sherlock todavía no demostraba absoluta lealtad hacia él... Lo más inteligente era hacerlo trabajar con alguien más, mantenerlo vigilado en todo momento, pero también sabía que alguien como Moran lo retrasaría, que Sherlock trabajaba mejor sólo y no disfrutaba de la compañía de mentes inferiores a las de él. Lo sabía perfectamente porque él se sentía de la misma forma. Y por eso lo dejó pasar, decidió darle todas las comodidades a Sherlock Holmes e ignorar su razonamiento.

Sherlock asintió simplemente, no parecía preocupado por el reto. Moriarty entonces decidió reparar un poco el daño que había hecho y caminó hacia él y se detuvo a pocos pasos de distancia. Se distrajo un poco cuando notó que también tenía sangre en el rostro y retiró unas gotas de sangre de sus pómulos para después llevárselas a los labios y sonreír en su dirección.

-Espero no me defraudes, Sherlock -dijo, sin dejar de sonreír-. Conoces las consecuencias que ese error te traería.

-Las conozco y lo entiendo -respondió él, a su vez-. Traeré la información que deseas.

-Si lo haces te ganarás mi confianza.

-Eso deseo.


John lo escuchó llegar en aquella ocasión. Y sólo en ese momento se dio cuenta de que lo había estado esperando con cierta tensión; al verlo otra vez, en cambio, su cuerpo comenzó a relajarse.

Sólo era la segunda vez que lo veía así: cubierto de sangre, y aún así supo identificar que no era la suya, por ello se tranquilizó, aunque su tranquilidad sólo duraba el tiempo en que Sherlock permanecía en el departamento; todas sus preocupaciones regresarían en el momento que el vampiro decidiera volver a salir.

Trató de calmarse y acercarse a él, sin embargo, a pesar de que Sherlock parecía alegre al verlo, no le permitió acercarse; le aseguró (sin saber que John lo sabía) que la sangre no era de él y le insistió en que no podía acercarse hasta que se cambiara completamente y saliera limpio del baño. Sin embargo, al escuchar la regadera, el humano decidió que quería sentir a su vampiro cerca en esos momentos. Sintiéndose un poco inseguro, se acercó al cuarto de baño y entró al abrir completamente la puerta y acercarse a la regadera; retiró la cortina de plástico lentamente y observando a Sherlock directamente a los ojos, comenzó a quitarse la ropa.

-¿Puedo acompañarte? -preguntó. Sherlock mantuvo la mirada fija en el y logró asentir con la cabeza, sin abrir los labios. Sus ojos se detenían en cada centímetro de su piel que comenzaba a descubrirse y John no pudo evitar ruborizarse al sentir otra vez aquella sensación de apreciación; nunca se había sentido tan deseado, ni disfrutado tanto de aquella sensación como en ese momento.

No pudo evitar sonreír, mucho menos cuando estuvo completamente, desnudo y sus pies descalzos lo guiaron hacia Sherlock. Lo primero que sintió fueron las gotas de agua acariciar su piel, seguidas de las manos del vampiro, las cuales se detuvieron, como si pidiera permiso para comenzar a acariciar su cuerpo. John casi puso los ojos en blanco ante aquella reacción; todavía no entendía cómo era que aquel vampiro no aceptara completamente que él deseaba estar con él; siempre volvía a asegurar que aquello fuera lo que John deseaba en verdad.

Así que el humano se acercó a él y se aferró a su cuello para atraerlo más hacia sí. Sherlock se inclinó y John se puso de puntillas para alcanzar sus labios y besarlo lentamente. Sintió, debajo de sus labios, cómo los del vampiro dibujaban una sonrisa antes de entregarse completamente al beso; sus manos descendieron completamente por su espalda y se aferraron a su cintura para acercarlo todavía más. John cerró los ojos y se entregó más a aquel beso; cada curva de su cuerpo sintió el roce del agua y de la piel de Sherlock. Sólo entonces se sintió completamente tranquilo otra vez. Su cuerpo pertenecía junto al de aquel vampiro.

-No tienes idea lo terrible que es para mí estar lejos de ti -murmuró Sherlock una vez que sus labios se separaron de los de él. Entonces comenzó a besar lentamente su barbilla, bajando por la curva de su cuello. John sintió esa agradable sensación eléctrica recorriéndole la espalda, la anticipación y el deseo que era como una terrible necesidad en toda su piel que lo atravesaba por completo hasta que los dedos de Sherlock lo tocaban.

-¿Tienes hambre? -le preguntó sonriendo, antes de inclinar su cabeza y exponer más la piel de su cuello, se dio cuenta de que los ojos de Sherlock se oscurecieron por la sed, sin embargo, parecía estar inseguro si beber de él o no. John se acercó más y tocó su cabello que ahora estaba empapado por el agua-. Está bien, no vas a lastimarme.

Sherlock parecía querer protestar, sin embargo, asintió, confiando en las palabras del humano y John sonrió al sentir su cuerpo estremecerse nuevamente por la anticipación. Los labios de Sherlock recorrieron lentamente la curva de su cuello, hasta encontrar el punto adecuado. John se aferró con más fuerza al vampiro cuando sintió los colmillos atravesar su piel. Su cuerpo reaccionó ante aquella sensación y sus caderas comenzaron a moverse hacia las de Sherlock. Un gemido escapó de sus labios cuando su erección hizo contacto con la pierna del vampiro. Sherlock lo colocó lentamente contra la pared, John volvió a estremecerse ante la sensación fría que lo recorrió en la espalda, pero su cuerpo recobró el calor rápidamente cuando las manos del vampiro comenzaron a recorrerlo lentamente. Sintió la erección de Sherlock presionar contra su estómago y, en lugar de hablar, sus labios dejaron escapar un jadeo necesitado.

Finalmente, Sherlock retiró sus colmillos y comenzó a besar las heridas que había dejado en el cuello de su humano. Una de sus manos se apartó de él y John no se dio cuenta de qué era lo que estaba haciendo hasta que vio los dedos de Sherlock brillar con algo transparente, se estremeció de placer al darse cuenta de que se trataba de lubricante, y sus piernas se abrieron inmediatamente.

-Mío -Sherlock murmuró sobre su piel. John no pudo evitar sonreír ante la posesividad en aquella voz. Sintió que su cuerpo era levantado del suelo y sus piernas no tardaron en aferrarse por completo a la cintura del vampiro. Dejó escapar otro gemido de placer al sentir que aquellos dedos separaban lentamente sus glúteos, encontrando su entrada. Sin embargo, esos dedos no lo penetraron inmediatamente como él deseaba, sino que se tomaron su tiempo, acariciando alrededor de aquella zona, hasta que su cuerpo comenzó a relajarse lentamente.

-Sherlock -dijo, sabiendo que su voz delataba su necesidad y sintió que el vampiro se inclinaba más. Sus labios se apoderaron de los suyos y lograron absorber el siguiente gemido que brotó de ellos cuando, finalmente, uno de aquellos dedos se deslizó lentamente en su interior.

-Eres verdaderamente hermoso, John -escuchó al vampiro murmurar sobre su piel, mientras su dedo exploraba y se movía dentro y fuera de él.

-Más -fue todo lo que pudo decir el humano y se alegró cuando sintió que otro dedo se le unía a aquel. Sus caderas comenzaron a moverse en respuesta, sin embargo, no era suficiente.

Sherlock comenzó a besar sus hombros y su pecho, mientras aquellos dedos se movían dentro de él. John se mordió el labio, sintiendo descargar eléctricas recorrer su cuerpo, pero tratando de contenerse, no quería arriesgarse a alcanzar el orgasmo antes de que el vampiro estuviera dentro de él por completo.

-Sherlock -insistió, diciéndole muchas cosas sólo usando su nombre.

-Todavía no estás... -comenzó a protestar el vampiro, pero John lo interrumpió arqueando su espalda, rozando su erección en contra de la piel del vampiro.

-Estoy bien -dijo y se dio cuenta de que Sherlock le había hecho caso porque de pronto aquellos dedos salieron y su cuerpo era levantado un poco más, antes de sentir la erección del vampiro tocar su entrada y deslizarse lentamente en su interior. John dejó escapar un jadeo de placer al sentir como su cuerpo comenzaba a ser llenado lentamente. Su interior se estiró un poco más, adaptándose completamente al tamaño de Sherlock. Sus piernas se aferraron con mayor fuerza alrededor de su cintura.

-¿Estás... ?

-Sí, sí -respondió John rápidamente incluso antes de que Sherlock pudiera terminar la pregunta-. Muévete.

El humano escuchó la risa del vampiro al notar la orden que brotó de sus labios y su tono demandante. Entonces John se aferró con mayor fuerza al cuello de Sherlock cuando él comenzó a moverse. Sus caderas comenzaron a golpear con las suyas y John correspondió a aquellos movimiento arqueando su espalda una vez más, para que el vampiro pudiera entrar más profundamente.

-Ah -dejó escapar aquel sonido, como un suspiro de placer de sus labios cuando ambos encontraron un ritmo perfecto. Sherlock entraba y salía con suavidad y su erección hacía contacto con los músculos internos de John, los cuales se adaptaban a los movimientos y al tamaño del vampiro. Desesperado, el humano buscó los labios de su vampiro y lo besó con fuerza, Sherlock soltó un gemido de placer que fue absorbido por los besos de John y que después brotó de su boca al sentir que los dientes del vampiro atrapaban el labio inferior del humano y comenzaban a chupar. Entonces esos dedos que habían atrapado los pezones de John, bajaron más y se cerraron alrededor de su erección.

-John -esta vez fue Sherlock quien parecía perder el control, mientras movía más rápidamente su cadera.

En ese momento, el humano sintió que aquella erección tocaba ese maravilloso punto en su interior y sus uñas se clavaron en la piel del vampiro. Sus piernas se apretaron más al vampiro, en un espasmo de placer que lo recorrió y de sus labios escapó una exclamación de éxtasis. Sherlock se dio cuenta y sus embestidas aumentaron, asegurándose de que cada una de ellas alcanzara ese punto dentro de John.

Tenía que jalar aire a sus pulmones cada vez que sentía otro espasmo de placer, ya que sentía que su respiración se perdía en las sensaciones, incluso la sensación de su piel contra la pared y los movimientos de las caderas de Sherlock se convirtieron en una tortura, en una placentera tortura.

-Ya no puedo más -soltó, sabía que su orgasmo se acercaba y sentía que tenía la necesidad de avisarle. Sherlock sonrió y sus manos se aferraron con mayor fuerza a su cadera. John se mordió el labio, soportando cada embestida sin dejar escapar los gritos que rogaban por salir de su garganta, mientras su erección se rozaba contra el cuerpo de Sherlock.

Sin embargo, el vampiro parecía tan afectado como él, sus ojos estaban completamente oscuros y de sus labios brotaban jadeos que sólo podían indicar que se acercaba su clímax. Sherlock besó a John en el cuello y volvió a salir casi por completo de él y, después, con un poderoso empuje entró profundamente; eso fue todo lo que necesitó el humano para soltar el grito de placer y estremecerse al sentir que el orgasmo lo recorría. Sherlock sonrió, le acarició los costados y se movió una vez más para alcanzar su propia liberación.

Una vez que ambos estuvieron en la cama y que Sherlock lo ayudó a secarse, ya que John estaba tan afectado que ni siquiera se atrevió a llegar a la cama por si sólo. Sus piernas todavía se sentían inestables y su cuerpo estaba cansado, pero era un cansancio casi placentero. Se acomodó en la cama y se alegró al ver que Sherlock se acostaba junto a él. Sus brazos lo rodearon y John se sintió seguro y protegido.

-Cuéntame... -dijo, después de que volvió a confiar en la estabilidad de su voz-. ¿Cómo te fue allá afuera?

Sherlock sonrió y lo besó en la frente.

-¿No prefieres dormir un poco antes?

-No -contestó John con tanta seguridad que aquello arrancó otra risa de los labios del vampiro.

-De acuerdo... encontré al líder de la Oposición -respondió-. Todavía no puedo determinar por completo su comportamiento, pero creo que sus intenciones son las mismas que las mías, su deseo por liberar a la humanidad es genuino. Además, está dispuesto a hacer lo que yo le digo, así que no tenemos que preocuparnos. Por otro lado, creo que Moriarty comienza a confiar en mí. Acordé con Victor que le daríamos información real, pero no muy importante, ya que es esencial que Moriarty esté seguro de mi lealtad.

-¿Victor?

-El líder de la Oposición, Victor Trevor -explicó Sherlock con calma-, ese es su nombre.

John hizo una mueca, aunque era normal, considerando que él no confiaba en ningún otro vampiro que no fuera Sherlock. Aunque su rostro no conservó mucho tiempo esa expresión y rápidamente se transformó en una de preocupación.

-Ten cuidado con Moriarty

Sherlock lo acercó más hacia él.

-No tienes por qué preocuparte por mí -le recordó.

-Lo sé, pero no puedo evitarlo... yo... a mí me importas -le dijo, haciendo que Sherlock le diera un beso en los labios.

-Nada me va a separar de ti -le prometió el vampiro, acariciando su cabello-. Tú eres lo más hermoso e importante para mí, John.

A pesar de que aquello no disminuía su preocupación, John no pudo evitar que su corazón diera un vuelco al escuchar esas palabras. Para ser sincero, deseaba que todo aquel conflicto terminara y que ese momento se extendiera para siempre, como si él pudiera vivir eternamente seguro entre los brazos de Sherlock, con su cuerpo junto a él y su cabeza enterrada en su pecho.