Renuncia. Nada de esto me pertenece, la película es de sus respectivos creadores.
Pareja Marianne/Bog (obviamente) Dawn/Sunny, además de algunas que salgan por ahí.
Como mi madre es fan de la película y fan de mis fics (lee casi todo lo que escribo ciertamente) agregué a Kerwen, que viene siendo a ser el IMP que sale en Strange Magic, espero que no sea muy pesado de leer y por supuesto que hay una versión de la Poción de Amor, no es gran cosa ni es mágica, tampoco creo que actúe así de rápido pero bueno, fue divertido de escribir.
Si hay algún personaje en especial que les gustaría que saliera coméntenmelo, aún no he escrito el fic en su totalidad por lo que lo podría agregar en alguna pequeña escena.
Ah y Sale un personaje de otra película ¿Alguien quiere comentar de dónde es? Solo me pareció divertido.
Puede pasar un día cualquiera
Parte II
George Fairwoods había hablado con Bogart King-Forest y al parecer todo era un mal entendido, el abogado había asegurado no saber de qué se trataba. El padre de Marianne cortó la llamada con menos preocupación pero aún con la duda en mente, su hija se las podía arreglar para causar un desastre y ocultarlo de la vista obvia, al menos hasta que el problema volvía "morderla por la espalda", aunque ella no era de las que corría, ella asumía las consecuencias y a veces de formas poco aconsejables, pero él estaba seguro de que un enfrentamiento con King-Forest padre era algo de lo que ella no se repondría pronto.
Por otro lado, cuando su esposa se enterara de esto iba a ser un desastre monumental, ella no estuvo de acuerdo en que su hija ingresara a trabajar ahí desde un principio y sin embargo aceptó sólo porque él le aseguró que no habría peligro alguno. Heavenly estaba en ese momento de viaje con su familia, entiéndase ambos padres y dos de sus hermanos más jóvenes, volvería en aproximadamente un mes. George miró la fotografía que tenía en su escritorio, estaban los cuatro de ellos, cuando sus hijas eran unas niñas.
Había conocido a su esposa en ese mismo edificio, él estaba con su padre, que en paz descansaba ahora, aprendiendo todo sobre su división de la empresa, cuando la vio, fue durante la hora del almuerzo, ambos Fairwoods habían ido a la cafetería del lugar, en un primer momento pensó que ella trabajaba ahí, porque iba de los mismos colores que las mujeres que servían la comida, le tomó un poco más de su observación notar que ella era una joven dama de sociedad, hija de un futuro inversionista. Ella le había sonreído y le señaló sutilmente que tenía una migaja en su barba; había sido un momento terriblemente incómodo pero fue uno de los días más recordados de toda su vida.
ÉL suspiró cerrando los ojos, tendría que hacerle frente a lo que sea que su hija había causado y dar la cara por ella, eso es lo que un buen padre haría. Tal vez estaba siendo dramático y todo lo que hacía falta reemplazar era una de esas bellas peceras que tenían en la recepción del bufete. Llamaría a sus abogados más tarde sí hacía falta.
Bog llegó a las oficinas en poco menos de veinte minutos, sabía que no era bueno para nadie hacer esperar a su padre cuando estaba en ese estado de humor. Bajó del vehículo blanco mientras gruñía, Thang y Stuff se había colgado de sus brazos durante todo el trayecto, mirando con nerviosismo para todos lados y casi besaron el piso una vez que se bajaron del carro, no era culpa de ellos por supuesto, todo era culpa de su muy joven primo Kerwen, más pariente de su tía caramelo que de él, aunque su madre dijera que la familia era familia y ese era el final del tema. Miró de mala gana al muchacho alvino que los llevó, con la piel tan pálida y el cabello rubio platinado, casi blanco, solo le hacían falta los ojos rojos para parecer un conejo.
Iba a caminar cuando se acordó de las reglas básicas de convivencia con "El Imp", nunca de los nuncas dejarlo solo a ese chico en las oficinas de nadie, o en los negocios de otros, en realidad él no estaba permitido a vagar sin supervisión. Bog gruñó por lo bajo ¿Por qué permitió que su madre y su tía lo convencieran de dejar que ese pequeño demente los llevara? Bueno, ahora no tenía importancia, debía detenerlo antes de que se escapara.
— Hey, Kerwen ¿Por qué no vienes con nosotros un rato? — estaba prácticamente cantando las palabras, como lo hacía cuando estaba en un punto superior en una discusión o alardeando, en ese momento estaba fingiendo para que su primo mordiera el anzuelo — El tío Bogart seguramente querrá saludarte ¿No crees? — sí, él estaba consciente del cambio de sus acento y entonación en distintas circunstancias cuando hablaba — También hay dulces en la oficina —
El muchacho sonrió mostrando todos los dientes, sus ojos brillaron de emoción, seguro recordando sus travesuras de la última vez que estuvo ahí, se bajó de su carro y siguió al mayor. Él era bastante más bajo que el abogado, apenas estaba llegando al metro y medio pero nunca se sintió acomplejado por ello, le gustaba vestir de blanco porque era albino y no hablaba para nada, no porque no pudiera, simplemente le gustaba más el lenguaje de señas, hacía sentir mal a los adultos por gritarle cuando pensaban que era discapacitado, el mundo debía de cuidarse de ese pequeño diablillo.
— Stuff y Thang van a llevarte con Bruttus para que comas los dulces primero — de todas formas él no sería quien lo sufriera una vez que el chico tuviera una de sus alzas de azúcar — Puedes preguntarle a Bruttus cuando lo veas — respondió la pregunta hecha con señas que el menor le hizo, al principio había sido difícil de entender, con el tiempo casi hasta podía decir qué significaba cada signo automáticamente, veía a su primo más seguido de lo que le gustaría.
Los otros dos tragaron audiblemente mientras se miraban entre sí, todavía se acordaban de aquel fatídico día en que renunció la última recepcionista, se fue furiosa, con el maquillaje de su rostro corrido grotescamente mientras que ellos trataban de salvar los pescados de la pecera pequeña. Bog los mandó directo al séptimo piso, mandó rápidamente un mensaje a los guardias para que dejaran pasar al albino. Después se dirigió a la oficina de su padre, tenía la impresión de que el dolor de cabeza que tenía iba a ser mortal en breve.
Al ingresar a la oficina él se dirigió al frente, sin ver que había una persona sentada en uno de los sillones laterales; su padre tenía la ira contenida reflejada en el rostro pero para quien no lo conocía solo parecía estar irritado y aburrido. Bog se puso enfrente del mayor y solo cuando estuvo cerca saludó apropiadamente.
— Buenas tardes, padre — su tono era suave y monótono, acostumbrado a las reprimendas silenciosas — Tía Caramelo manda sus saludos y sus buenos deseos, la igual que mi madre — eso lo dijo como si de verdad le diera gusto pasarle el mensaje, era más o menos algo como eso; permaneció de pie, más que nada porque esperaba irse de inmediato.
— Bien, toma asiento, esto puede tomar un tiempo — su hijo puso los ojos en blanco y obedeció — Ahora ¿Qué fue lo que sucedió en el estacionamiento esta mañana con la asistente? —
— Eso… — él maldijo entre dientes una palabra que no fue muy clara para nadie más — Tu nueva asistente es bastante persistente y supongo que su voz es un poco fuerte — él estaba asumiendo que su padre se enteró porque alguien los había escuchado — ¿Qué problema hay con todo esto? — él estaba pensando que tal vez ella había ido a quejarse, pero no tenía sentido porque la más perjudicada al final sería ella misma ¿Qué hacía una "princesita hija de papi" trabajando ahí de cualquier forma?
— No son los gritos o la falta de ellos de lo que se trata — abogado era y así permanecería — He sabido que su comportamiento fue grosero, además de poco apropiado para referirse hacia alguien cuya autoridad está por encima de la suya — Marianne sentía su rostro arder de vergüenza desde el lugar donde estaba sentada, no tenía permitido intervenir en la discusión hasta que el padre lo permitiera o no sería solo su despido con lo que tendría que lidiar, su jefe había implicado que su amigo Sunny e incluso las recepcionistas podrían verse afectados por su causa, ella tenía tantas ganas de levantarse y gritarles a los dos que se fueran al mismísimo infierno.
— Bueno, eso es algo objetable — él contestó tratando la acusación como una nimiedad — La contrataste sabiendo que era una Fairwoods — y no perdería la oportunidad de responsabilizar a su padre, porque eran muy pocas las ocasiones en las que podía tener una oportunidad así; Marianne no sabía cuál de los dos la estaba ofendiendo más en ese punto — Creció para ser mimada y tener autoridad, ¿Estabas esperando que ella pudiera lidiar con un trabajo de fondo como asistente de oficina sin incidentes? — su sonrisa de lado solo estaba irritando a su padre y la morena se estaba conteniendo para darle un golpe ya mismo — ¿No tiene una carrera? La hubieras contratado en su ramo y esto no estaría pasando —
— De nuevo estas yéndote por la ramas — él tenía la sartén por el mango aún, debía haber alguna razón por la cual su hijo no había hecho un escándalo por eso o al menos haberle dado algún comentario sarcástico sobre ella desde el mismo instante en que ese pequeño alboroto sucedió — Bastante lejos esta vez. Estas afirmando que ella no mostro un comportamiento deliberadamente insubordinado o negligente ¿Puedo tomar tu declaración de esa forma? — Marianne estuvo a punto de levantarse y gritar en ese momento, Bog comenzó a hablar de inmediato, frenando su ira en segundos.
— Sí, puedes considerarlo de esa forma — su voz fue bastante calmada, sacudió una de sus manos como si estuviera alejando algo de su rostro, gesto de su madre que se le había pegado desde joven — Lo que ella dijo o no dijo no importa, hizo lo que le dije que tenía que hacer y eso es suficiente para mí, después de todo — dijo restándole importancia, quería decir que después de todo no fue él quien la contrató pero eso solo hubiera alargado esa discusión. — Ahora si me disculpas aún tengo asuntos que ordenar — estaba levantándose para ponerle fin pero su padre tenía otros planes.
— No hemos terminado — se quedó mirando a su hijo, quien se detuvo en su intento de zafarse de ese mal entendido — En vista de que no hubo acusaciones en su contra dejaré éste hecho pasar, sin embargo espero que no se repita, señorita Fairwoods — no fue hasta que dijo esas últimas palabras que su mirada se dirigió hacia ella — Puede retirarse —
— Yo… — ella se había quedado sin habla, no esperó, jamás, que King-Forest hijo fuera a minimizar su pequeño incidente en el estacionamiento, de hecho ella estaba esperando que él no perdiera oportunidad de acribillarla — Sí, ammm con permiso — miró al padre y luego al hijo para salir casi corriendo de la oficina, no sabía porque no la acusó y no importaba, ella podía conservar su empleo y eso era una victoria.
— ¿Qué? — Bog se puso de pie mientras la miró salir para luego girarse hacia su padre — ¿Por qué no me dijiste que ella estaba ahí? — casi le gritó, solo lo detuvo el respeto que le tenía al mayor, pero era muy evidente que estaba enojado, no sería la primera vez que le hacía algo como eso.
— Ya hemos hablado sobre tu falta de observación, Bogel — su padre solo elevó una de sus cejas, esperando el inicio de otra rabieta que luego de unos segundos era evidente que no llegaría, su hijo estaba madurando un poco cuando menos, en otros momentos se hubiese puesto a gritar y manotear — Ahora hay otro asunto que necesitamos tratar ¿Qué es todo eso de mandarle a George Fairwoods una notificación de una demanda por daños materiales? — el padre ya no se veía enojado, pensó que la demanda tendría algo que ver con lo que la joven Marianne le contó, pero en vista de los últimos acontecimientos no parecía ser el caso.
— Es exactamente como lo indiqué, daños materiales — él habló entre dientes, sin haberse tomar asiento de nuevo — Puede ponerse en contacto conmigo directamente si desea saber de qué se trata y negociarlo pacíficamente — él realmente no pensó que Fairwoods le llamaría a su padre en lugar de a él, pero ese cuento de que ambos mayores tenían una historia parecía que era cierto.
— Todo lo que tenga que ver con los Fairwoods será manejado exclusiva y personalmente conmigo, mándame la información, te informaré de la resolución del asunto según lo considere — con eso la discusión se dio por concluida — Una cosa más — miró la ira en los ojos de su hijo pero pretendió que no se enteraba — Nadie más debe oír sobre el tema, especialmente Marianne Fairwoods —
— Como desees — él gruñó las palabras justo antes de salir, cerrando las puertas con un poco más fuerza de lo necesario. No sabía que iba entre su padre y George Fairwoods pero justo en ese momento todo lo que quería era matar a alguien a golpes. Si su padre quería ser quien se encargue estaba bien, de paso podía ir ya atendiendo los demás casos que tenía en su escritorio porque ese día no planeaba hacer nada más, iba a salir para perderse el resto del día y quizás de la semana también.
Marianne llegó a la primera planta a toda prisa, apenas salió del ascensor fue a paso rápido al baño, respirando profundamente una vez que se encerró en un cubículo. Había estado muy enojada, su corazón estuvo latiendo fuertemente por los nervios y la incertidumbre y al final no había sido capaz de decir ni siquiera un" gracias".
Estaba aturdida, fue como volver años atrás, en los grados de la preparatoria, cuando él había golpeado a unos chicos en uno de los pasillos y el maestro que llegó a poner orden lo había reprendido, los otros dos habían comenzado a agredirlo verbalmente así como a otros estudiantes y en instantes la discusión pasó a los golpes entre un grupo de estudiantes, pero "Bog King" no trató de culpar a los otros ni de zafarse del problema, él había sido castigado junto con los demás. Ella llegó a saber después que él había dicho que fue quien inició la pelea, no solo por el "bien" de su reputación de Bully sino que también lo hizo para que sus compañeros, Stuff y Thang entre ellos, no se vieran afectados y no los expulsaran de la escuela.
Se quedó sentada en la tapa de la taza de baño, se alegraría más tarde de que el personal de limpieza se asegurara de que le lugar siempre estuviera impecable, una sonrisa incrédula y casi sin humor salió de su boca, al parecer ese chico no había cambiado en lo absoluto, solo se había convertido en un hombre más amargado, no que ella fuera quién para decir algo al respecto.
Salió del baño luego de lavarse las manos, más por costumbre que por otra cosa, ella no debía de distraerse, ahora que estaba segura de que no iban a despedirla tenía que hacer su trabajo sin generar nuevas quejas, en especial ese día. Apenas puso un pie fuera se dio cuenta de que algo no andaba precisamente de la manera habitual pero no le dio importancia, se dirigió a la recepción que es donde le dejaban sus pendientes, vio al alto abogado salir del edificio, de bastante mal humor. Ella quiso ir detrás de él para hablar de lo ocurrido, cuando menos para hacerle saber que ella no era una mal agradecida y tampoco le gustaba la idea de deberle nada a nadie, pero una mancha blanca se cruzó en su camino.
Era un chico más bajo que ella, quizás de la altura de Sunny, de cara alargada y nariz puntiaguda, cabello y pestañas blancas, parecía un ratón la verdad. Él la miró con una sonrisa de oreja a oreja, le entregó un pequeño paquete y le guiñó un ojo, después salió corriendo como si nunca hubiera chocado con ella.
— ¿Qué es esto? — ella preguntó a sí misma, mirando al joven albino desparecer en el ascensor, él había llegado por las escaleras, o eso le pareció — ¿Quién es ese chico? — miró su mano y eso parecía papel de china blanco, lo que no fue una sorpresa — ¿Qué es esto? — ella estaba sombrada al mirar el contenido, eran unos dulces, pequeños mazapanes y tenían pinta de ser caseros — ¿Qué…? — no tuvo tiempo de objetar nada, Martha, la recepcionista, la llamó en ese momento, ella parecía muy asustada, al parecer un delincuente había entrado en las oficinas por la puerta de atrás o la lateral.
Las dos recepcionistas, Marianne, así como dos secretarias se metieron en el cuarto de entregas del primer piso, la castaña no podía entenderlo ¿Por qué estaban ahí guardadas? Si solo era un delincuente podían hacerle frente entre todas ¿Y dónde estaba el guardia de la entrada? ¿No debería estar haciendo algo, como detener a ese delincuente?
Griselda, Dawn y Sunny se quedaron en el restaurante después de que Bog y los otros tres se retiraran. La madre estaba muy decepcionada, esperaba que su hijo mirara a la chica con más detenimiento, un poco de atención de su parte, cuando menos un elogio pero cada día parecía ir más y más ciego ¿Cuándo iba a tener nietos? ¡Los quería ahora!
— Lo siento mucho, querida, mi hijo no sabe apreciar la belleza y es un obsesionado de su trabajo, al igual que su padre — eso parecía ser dicho con mucho pesar.
— No te preocupes Griselda, yo sé lo que es vivir con gente así — su padre, sus tíos, a últimas fechas Marianne — Y él es como lo recuerdo, un poco más alto nada más y bueno, puede que un poco más…. Menos…. Ammm — no estaba muy segura de que palabra quería usar.
— ¿Un poco más amargado, quizás? — Caramelo ofreció, llegando a la mesa, ella se había ausentado solo para asegurarse que ningún daño mayor quede desatendido luego de la visita de su "querido" sobrino Kerwen.
— Sí, mi precioso muchacho no ha sido el mismo desde ese "incidente" — ella se lamentó, recordando esos horribles días en que su hijo estaba tan deprimido que no se levantó de la cama por una semana y a pesar de los gritos y su mal humor Thang y Stuff estuvieron ahí, para tratar de animarlo hasta el momento en que se puso de pie de nuevo.
— ¿Ese incidente? — Sunny preguntó movido por la curiosidad, dejando de beber un momento de su jugo de piña.
— Sí, un terrible noviazgo de la secundaria que destrozó su corazón — Caramelo suspiró con cierta derrota, ella había animado a su sobrino a salir con esa chica, al igual que lo hizo Griselda, las cosas no pudieron salir peor ese lejano día.
— Ahora él desprecia al Amor y todo lo que tiene que ver con ello, a pesar de ser un hombre se porta como un mocoso — la madre emitió un gruñido al recordar algunas cosas — Prepara bromas terribles para el día de San Valentín, incluso cuando vamos a la playa en lugar de disfrutar de la vista todo lo que hace es molestar a los que están a su alrededor —
— Y después dice que no es pariente de Kerwen — Caramelo estaba sonriendo en algunas memorias — Aunque algunas si han sido muy divertidas, como cuando vertió tinta roja en una piscina durante la fiesta de otro pariente, todos pensaron que se había matado al caer así de la tabla, fue realmente estupendo — tendría que ir a su casa a desempolvar sus viejas grabaciones y ver si hallaba ese disco — También lo hiso cuando fuimos al mar, la gente creyó que lo había mordido un tiburón —
— ¿Un tiburón? — Dawn y Sunny ahora si estaban intrigados, ahí no habían tiburones.
— Fue en Miami, buscaré a ver si tengo algo de eso grabado — lo dudaba pero nada se perdía con intentar.
— Como sea, mi hijo ha renunciado al Amor, si tan solo apareciera una chica que lo hiciera cambiar de parecer, eso sería perfecto — ella parecía tan afectada que casi se ponía a llorar.
— Lo entiendo, no es fácil ver como alguien reniega de lo mejor del mundo, el Amor — Dawn susurró, pensando en su hermana — Marianne, ella piensa de la misma manera, sí ¿Se acuerdan que les dije que iba a casarse? Pues — ella estaba apretando su dedo anular izquierdo con su mano derecha, rotándolo lentamente — Su ex novio la engañó con otra y mi hermana se enteró, al verlos de frente — las dos mujeres mayores se quedaron perplejas en ese momento — Por eso ella detesta todo lo que tiene que ver con el romance y creo que está mal, no puedo culparla por pensar así, pero… — una lágrima bajó lentamente por su mejilla — Ella tiene derecho a ser feliz, si tan solo entendiera que no todos los hombres son así — Sunny le sonrió suavemente y le dio una palmadita en el hombro para luego abrazarla delicadamente, reconfortándola.
— Ella encontrará a la persona indicada para ella, Dawn, ya lo verás, no es tu culpa —
— Tiene razón — Caramelo sonrió, tomando una de las manos de la joven rubia — Todo estará bien, después de todo el amor es extraño y es mágico, pero al final todo resultará bien—
— Bueno, dejemos las cosas tristes de lado, es hora del postre — Griselda sonrió, dejándolos pensamientos deprimentes para otro momento, estaba segura de que aún podía arreglar otra cita para su hijo ese fin de semana, quizás alguien un poco mayor que la jovencita rubia y de otro tono de cabello, al parecer su hijo no apreciaba la belleza del cabello dorado. Ella sonrió, su hijo se parecía tanto a su padre.
En las oficinas de Royal Amber todo estaba en calma, después de quince minutos de estar encerradas Marianne decidió que tenía que hacer algo, no podía ser que solo se quedaran a esperar a que alguien lo solucionara. Salió a pesar de los reclamos y consejos de las demás mujeres, ella sabía defenderse sola, no necesitaba que ningún hombre fuera a defenderla.
Caminó lentamente y sin bajar la guardia, todo estaba vacío, al menos en el primer piso, no veía nada sospechoso, quizás eso de que entró alguien al lugar había sido una broma o algo así. Una melodía dulce irrumpió el silencio, ella no reconoció esa canción, tardó cinco segundos en darse cuenta que era su celular, ella recordaba haberlo puesto en silencio. Justo lo que le faltaba una distracción mientras había un delincuente vagando por ahí.
— Hola mamá — al menos sabía quién le estaba llamando — No, estoy bien, no es gripa — no dejaba de mirar por todos lados, no debía de confiarse — Estoy susurrando porque estoy en mi trabajo — comenzaba a darse cuenta que los días que no quería levantarse eran malos, todo el tiempo —No debería estar permitido gritar en ningún lado — su madre era una persona maravillosa pero a veces le daban ganas de colgarle y fingir que se cortó la comunicación — No voy a regresar a trabajar ahí — justo como en ese momento — ¡Porque yo puedo cuidarme sola! ¡Y por supuesto que puedo mantenerme! No gano millones pero me alcanza bastante bien — le pareció oír algo, un jadeo o un suspiro angustioso, no estaba segura — Mira, tengo que colgar — pero su madre no parecía estar escuchándola en ese momento — Porque estoy trabajando y no quiero que me despidan — y pensaba que podía arreglarlo todo con solo pensarlo — Mamá, no voy a volver a trabajar ahí aunque despidieran a Roland, ya habías hablado de esto — más sonidos, estaba cerca, ese tipo no sabría que lo golpeó — Espera ¿Qué? —se detuvo y miró hacia la puerta, seguía cerrada — ¿De verdad? ¿Y cuando llegas? — eso la puso feliz, tanto que casi gritó de alegría — ¿Hoy? ¿Por qué no me lo dijiste antes? — se dio la vuelta de pronto, corriendo hacia la oficina en la que había estado escondida — Pues claro que quiero ir — no se dio cuenta de que alguien salía del ascensor cuando pasaba frente a esa puerta.
— ¿Sucede algo, señorita Woods? — Bogart King-Forest iba saliendo del ascensor cuando la asistente había chocado con él, definitivamente no estaba de buen humor.
— Yo… Eh… — colgó su llamada en ese instante, procediendo a apagarlo porque sabía que su madre llamaría de nuevo e insistiría hasta que le contestara — Lo siento señor King-Forest, yo escuché que había un delincuente en el piso y…—
— ¿Delincuente? — él alzó una de sus cejas, no estaba enterado de eso — ¿Y estaba llamando a emergencias o quería comprobarlo con alguien más? —
— Err... No, eso fue una llamada de número equivocado — ya lideraría con su madre más tarde.
— Si hay un "delincuente" en las oficinas ¿Qué hace usted corriendo descuidadamente en el lugar? — él solo había bajado porque estaba llamando a las recepcionistas y ninguna había contestado, lo mismo pasó en el segundo piso el cual estaba vacío, así mismo con el tercer piso — ¿No estaría yendo detrás de él, verdad? —
— Bueno no puedo dejar que un tipo se salga con la suya ¿No cree? — trató de sonreír como si no fuera nada pero apenas fue una mueca de sus dientes.
— La contraté para ser asistente de oficinas señorita Woods, si quisiera que fuera detrás de algún ladrón o un intruso la hubiese contratado como personal de seguridad o la mandaría a al departamento de seguridad pública — ahora parecía más que estaba gruñendo — Seguridad hará su trabajo y usted irá por el personal del primer piso, el segundo y el tercero y dígales que regresen a sus puestos, es una orden — detrás de él salieron cuatro tipos enormes.
— Pero regresar a sus puestos de trabajo sin haberse asegurado de que no hay intrusos en el edificio es una locura, solo pondrá en riesgo al personal — ella frunció el ceño y elevó la voz, cruzándose de brazos, no iba a obedecer una orden tan absurda como esa.
— ¿Quiere agregar algo más, señorita Woods? — su intensa mirada azul se puso en ella, la chica no titubeó ni un poco, lo cual fue bastante sorprendente, las personas solían temerle, especialmente las que trabajaban para él.
— Cuando menos deberían comprobar el perímetro y las oficinas antes de que todos regresen a trabajar ¿Qué tal si ese ladrón está guardado en algún lado, armado y listo para dañar alguien a la menor oportunidad? — ella había movido los brazos a sus costados, alzado la voz y finalizó con el ceño fruncido, mirando a su jefe, olvidándose precisamente que se trataba de su jefe.
— Señorita Fairwoods no voy a repetirlo nuevamente, vaya a buscar al personal y asegúrese que todos se pongan a trabajar — se acercó a ella, solo lo suficiente para poner énfasis a sus palabras y para que los guardias, que ya estaban terminando de revisar el piso, no oyeran sus palabras —Ahora — él se giró, dándole la espalda, con eso daba por concluida la discusión.
— No puedo creerlo — ella masculló las palabras, tragándose toda la bilis que estaba haciendo, entendía el punto, si ella no obedecía estaba despedida y no sería la única, se lo había dejado muy claro cuando habló con ella sobre sus actos "groseros e insubordinados", si tan solo no necesitara el trabajo, pero solo serían unos meses más, era muy poco tiempo, poco…
Ella fue a la oficina en dónde las demás mujeres del primer piso estaban, habían más jadeos y quejidos proviniendo de ahí, Marianne apretó los dientes, no estando segura de que encontrar, ella no creía que ellas fueran capaces de algo así, especialmente en la oficina, después de unos segundos sus ojos se ampliaron dramáticamente ¿Y si el delincuente había entrado ahí cuando ella no estaba? ¡No! ¡No podía dejar que él se saliera con la suya! Abrió la puerta de inmediato, hallando las recepcionistas y secretarias con los ojos llorosos, lágrimas en sus rostros y sacudiendo sus manos en torno a sus bocas, las cuales estaban más rojas que el labial de Staiernich.
— ¿Qué les pasó? — ella preguntó muy confundida, no estuvo fuera mucho tiempo y hasta donde sabía en esa pequeña oficina no había nada peligroso para salud, o eso creía.
Para su desgracia ellas se pusieron a llorar casi a gritos y el resto del personal estaba entrando en ese momento, viéndolo todo, ellos estaban afuera ya que les habían dicho que realizarían un simulacro de contra incendios, Marianne y las otras mujeres no lo supieron porque ya estaban dentro de la oficina.
Las cosas estaban por ponerse peor, su jefe la estaba mirando como si ella fuera la peor criminal de la ciudad, pero no era su culpa, nada de eso lo era.
— ¡Los dulces que me diste eran de chile y ajo! — la mujer más joven gritó, sin dejar de llorar — ¿Por qué, Marianne? ¿Qué te hice? — ella fue la última en correr al baño, si no habían salido de la oficina antes fue porque tenían miedo de que el delincuente las encontrara.
— No, espera Maddy, yo no fui quien… — pero su voz se fue apagando, no tenía la intención de que eso pasara ¡Ese enano miserable! ¡Él le había dado los dulces! ¡Era su culpa! — ¡Voy a matarlo si vuelvo a verlo! — gritó, olivándose de que no estaba sola. El resto del personar ahora la miraba con desaprobación.
— En mi oficina en diez minutos, señorita — el jefe se controló para no gritarle, no le gustaba dar espectáculos, muy diferente de como era su hijo — Ya terminó la hora del almuerzo — les recordó a sus empleados, todos a la vez salieron corriendo hacia sus puestos, ninguno quería ser el blanco de la ira de su jefe o superior. Salió del primer piso, yendo a su oficina, mirando su reloj, más le convenía a la asistente no llegar antes ni después de los diez minutos que le indicó.
— No puede ser — ella suspiró, su día no podía ponerse peor, al menos tenía el consuelo de que vería a su madre al final del día.
Bog le había contado a Stuff y Thang lo que había pasado con su padre, bueno una versión recortada de los hechos, no tenían intención de hacerles saber todo lo que pensó y mucho menos que Marianne había estado oyendo desde el principio, quería mantener su imagen intacta un poco más, eso porque al alarga ellos lo acabarían sabiendo, estaba seguro, ya sea porque su padre se lo cuente a su madre o porque lo comentará en presencia de cierta tía insufrible que tenía.
Entraron a un Pub, bastante retirado de las oficinas, el lugar tenía el característico olor amargo del Bitter, todo estaba bellamente decorado en madera, un toque rustico y las farolas amarillas le daban un toque cálido y reconfortante. El que atendía era un hombre que estaba en sus cincuenta, con vetas de blanco en las patillas y los costados de su cabellera castaña, tenía un serio que casi cruzaba la línea en presunción, tenía también unos anteojos de moldura negra, era bastante bueno en su trabajo gracias años de práctica.
Ellos se sentaron en los bancos de madera rojiza, sin decir palabra el barman sirvió sus bebidas habituales, Whishky seco para el abogado, uno en las rocas para la señorita y una cerveza ligera para el joven caballero, era obvio que eran clientes habituales del lugar.
— ¿Qué tal, Bernard? — Thang sonrió, le parecía que le barman era un tipo agradable a pesar su "estilo estirado" y siempre recordaba lo que cada uno de ellos quería y no los confundía y sabía sus nombres y… Por muchas razones.
— ¿Un mal día en el trabajo? — Stuff bromeó, era algo regular ya que ese tipo no sonreía prácticamente nunca, había una apuesta entre los clientes regulares al respecto, si alguno lo hacía reír se llevaría todo el dinero acumulado, que en ese momento rondaba los mil euros más o menos, la apuesta había comenzado poco más atrás de un par de años.
— ¿Hay días distintos? — Bernard dejó escuchar su voz ligeramente nasal, sin cambiar su expresión en lo más mínimo, lo cierto era que el tipo era antipático.
— Hay días malos, muy malos y los peores según tu forma de verlo — ella contestó sin dejar de sonreír — Supongo que para ti un día malo es como tener un buen día para los demás —
— Los días malos son solo malos. Parece que alguien ha tenido un día oscuro — señaló al abogado con la mirada, sabiendo que él podía escucharlo y que no lo tomaría como ofensa.
— Asuntos familiares ¿No tienes familia "problemática, Bernard? — ella comentó lanzando una pequeña carnada, nadie sabía nada sobre la vida personal de ese hombre.
— Cuando trabajas con familiares es el mismo asunto — él sacó más cacahuates salados para Thang, quien los devoraba sin prestar más atención a la plática — Deberías considerar cambiar de lugar de trabajo, King —
— Debería cambiarme de país o de continente — contestó él, azotando su puño en la barra, ninguno de los otros clientes le prestó atención, ya conocían su temperamento — Quizás en algún lugar de América, remoto como Alaska o más al norte — el vaso, ya vacío, estaba siendo estrujado por la fuerza de su puño, por fortuna no era un vaso frágil — ¿Tendrás algún conocido en cualquier poblado lo más remoto posible? — estaba siendo dramático, estaba consiente, pero odiaba cuando su padre hacía ese tipo de cosas.
— ¿King huyendo de los problemas? — Bernard preguntó no sin burla en su tono — Este "asunto" involucra a una mujer ¿Cierto? — dijo con cierto tono, algo raro en su monótona forma de hablar, Bernard era de los pocos que conocían la historia de cierta chica que destrozó el corazón del abogado.
— No hay ninguna mujer — Bog susurró en un tono amenazante, mirando al barman con toda la ira que tenía contenida en ese momento.
— Entonces no tengo ningún motivo para darte información de ningún lugar remoto — él también conocía a Griselda y a Bogart, buenas personas, no malos padres, pero sabía que no debía ser fácil convivir con ellos todo el tiempo.
— ¿No tendrás enchilados? — Thang habló nuevamente solo para pedir más botanas. Bernard enarcó una ceja pero sirvió lo que el más bajo estaba pidiendo — Gracias —
— Terminó el receso — el abogado dijo en un gruñido, tenía pendientes que atender y no dejaría botado su trabajo por una rabieta infantil, así no era él. Se puso de pie y miró a sus dos compañeros encaminarse a la puerta del local.
— No puedes llevarte eso — Stuff susurró, mirando que Thang se estaba llevando los cacahuates con todo y el plato decorado de vidrio, en realidad era un cenicero de cristal cortado, muy bonito y algo pesado.
— Él no dijo que no podía llevarlo — el más bajo comentó, frunciendo el ceño, él creía que tenía derecho a tenerlo, si no fuera así ya alguien más se lo hubiese dicho, suponía.
— Pero es propiedad del bar, devuélveselo a Bernard — ella susurró la orden, mirando fijamente a su compañero.
— Pero… — Thang se giró para cumplir con la orden sin embargo.
— Está bien — Bog gruñó a los dos — No hará daño otro cenicero en el departamento — él dejó salir un suspiro de resignación y miró al barman — ¿Cuánto te debo? — no era algo nuevo, ya tenía un par de vasos, un cenicero, tres copas, un par de platitos de loza, cuatro tarros, una cosa más no importaba.
Tomaron un taxi al salir, tenían que regresar a las oficinas, pero tomarían la ruta "turística", además Bog prefería pasar a su departamento, el que compartía con sus dos compañeros, para cambiarse de traje, el gris oscuro iría mejor con su humor en ese punto. El abogado se permitió una pequeña sonrisa maliciosa, al menos su joven primo se quedó sin supervisión en las oficinas, seguramente dándole un dolor de cabeza a su padre tan descomunal que existía la posibilidad que no quisiera quedarse a terminar su día laboral.
Kerwen era una plaga la mayoría de las veces sin embargo también tenía su utilidad en los días como éste o en los que quería jugarle alguna broma a los demás.
El celular de Bog estaba vibrando, tenía llamadas perdidas de la oficina, de su padre y de su madre incluso, pero él no pensaba hablar con ellos más de lo estrictamente necesario. Lo único que podía sacarle una sonrisa forzada en ese momento era pensar en lo furioso que se pondría su padre si veía a Kerwen el resto de la tarde. Tomó su celular y le dio llamar al contacto de su primo.
Iba a lamentarlo más tarde, no había duda, en especial porque el joven albino tenía con él un cierto "algo" que le había causado problemas, a todos por igual, tiempo atrás y que no dudaría en usar de nuevo.
Marianne salió veinte minutos después de la oficina de su jefe, enojada y con ganas de golpear a alguien ¿Dónde estaba Roland cuando pasaban estas cosas? Para su buena suerte su jefe solo la reprendió e hiso hincapié en que ella tenía que controlar su carácter y obedecer cuando se le deba una orden, nada más. Miró su reloj, aún le quedaba poco más de una hora para terminar su día laboral y después podría ir a su departamento a gritar y beber algo mientras arrojaba cualquier cosa a la pared.
Entró a la oficina de entregas y comenzó a revisar los papeles, había poco en realidad, pero aún tenía que dar la ronda por todos los escritorios y ver que iban a mandar los licenciados y el intercambio de documentos para cada piso. Reprimió un suspiro y agradeció que sus zapatos fueran de tacones bajos. Miró hacia la recepción, tenía la esperanza de que Maddy le dejara explicarle o de esos malditos dulces.
Aprovechó que había poco trabajo para mandarle un texto a su madre, explicarle que tuvo que colgarle de esa manera no iba a ser fácil, pero saber que ella no estaría enojada por mucho tiempo era en sí mismo un gran alivio.
Marian pasó por los escritorios de los tres primeros pisos sin problema, cuando iba al cuarto piso se dio cuenta de algo importante, cuando pasó lo del "delincuente" solo el personal del segundo y tercer piso habían salido, no había nadie más en el primer piso en ese momento además de las que se escondieron, pero no había visto a nadie del personal del cuarto al sexto piso. ¿Qué había pasado con ellos? ¿Acaso no se enteraron del problema?
Cuando ella llegó al cuarto piso las puertas del ascensor se abrieron y todo lo que se escuchaba era el sonido de las secretarias tecleando. Marian salió del ascensor con cuidado, como si temiera que al dar un paso en alfo algo estallaría. Las cuatro secretarias que estaban presentes se le quedaron mirando como si fuera un bicho raro, algo que no era nuevo en realidad, ella procedió entonces a dejar los paquetes y tomar lo que tenía que llevarse.
Sabía que el cuarto y el quinto piso eran de contaduría, que el personal que estaba ahí trabajaba hasta las nueve de la noche y que parecían ser de otra dimensión ¿Quién trabajaba sin detenerse cuando te anunciaban que se estaba quemando el edificio o que había un ladrón ahí?
El quinto piso fue más de lo mismo y el sexto, bueno, en el sexto no parecía pasar nada, eran oficinas de ventas y casi todo el tiempo estaba vacío, no había paquetería ahí en ese momento.
Regresó al primer piso, con todas las entregas hechas y los envíos dejados en sus lugares correctos tenía unos buenos veinte minutos para descansar un poco y luego prepararse para salir, peor las cosas nunca eran tan fáciles. Ella miró por casualidad hacia la entrada, ahí estaba, junto a la puerta, como si fuera un inocente angelito, ese mocoso desgraciado. ¡Momento de la venganza!
Kerwen sintió que lo jalaron de su camisa, la chica de hacía un rato lo estaba sujetando por el cuello de la prenda, debía de estar muy enojada porque en sus ojos parecía estar saliendo fuego del infierno. EL joven albino sonrió, realmente sonrió, muy divertido pro la situación, quizás ella no tomó muy bien su pequeña broma de los dulces picantes.
— ¡Tú! — Marianne no gritó, pero su voz tenía la intensidad suficiente como para hacer temblar a cualquiera, a cualquiera que no fuera Kerwen. El chico solo se encogió de hombros mostrando su blanca sonrisa — No me importa porqué lo hiciste, ahora me las vas a pagar — estiró su mano, apretando su puño, ese pequeñajo iba a ver a todos sus ancestros con ese golpe.
— ¡¿Qué estás haciendo?! — Bog llegó en el momento justo, caminando a prisa y bastante enojado, no le importaba realmente si golpeaban a su primo, pero nunca tendría un momento de paz con la madre del mocoso ni sus tías, por no mencionar a su madre y a su tía Caramelo.
— ¿Qué estoy haciendo? ¡Estoy por pegarle a este pequeño vándalo desgraciado! ¡Eso hago! — ella sacudió al "pequeño vándalo" en cuestión, su día solo había ido empeorando, eso no podía, realmente, poner las cosas más en picada desde su punto de vista.
— Suéltelo ahora, señorita Woods — él dijo casi gruñendo, ella era tan difícil de tratar.
— ¿Así? ¿Y qué vas a hacer si no lo hago? — cuestionó con una sonrisa cínica y maliciosa, todo se podía ir al carajo, de todas formas ya era seguro que la iban a despedir.
— Solo suéltalo ¡Ahora! — él levantó la voz, si así era como ella quería que fuera pues bien, iba a demostrarle a niña mimada que ese lugar no había espacio para sus caprichos.
Stuff y Thang estaban observándolos mientras pensaban que las cosas no podían ponerse peor, claro eso fue solo hasta que se dieron cuenta de que King-Forest padre bajaría en cualquier momento y entonces nadie iba a salir ileso, necesitaban hacer algo y pronto.
¿Quién dijo que Thang no tenía buenas ideas? Una vez cada siglo, o algo así, al crédulo administrador se le ocurrían buenas salidas para casos de emergencia, eso fue lo que Stuff pensó en ese momento.
La alarma contra incendios estaba haciendo un gran escándalo, los trabajadores, de todos los pisos, no se habrían tomado la advertencia en serio de no ser porque un tipo enorme, que por lo regular rondaba los pisos desocupados, llegó por las escaleras, indicando que algo en el piso ocho se estaba quemando y que era mejor que todos bajaran, con calma, para que nadie saliera herido.
Bogar King-Forest sintió el horrible dolor de cabeza golpear sus sienes cuando escuchó la sirena, no le importaba quien había sido, la persona que hubiese activado la alarma podía considerarse cadáver ya mismo. Se levantó, tomando todos sus objetos personales de diario y miró a su asistente personal, apenas un movimiento casi imperceptible hecho con su cabeza era suficiente para hacerle saber lo que quería en ese momento, tantos años a su servicio eran lo único que lo hacía posible.
Julio Magnus se comunicó por radio con su hijo, Bruttus Magnus, para preguntan, a base de un par de gruñidos y una amenaza en su áspero tono de voz, por la activación de la alarma contra incendios. La respuesta era mucho menos que satisfactoria.
— La alarma fue activada desde el piso ocho — su voz era melodiosa, a pesar de sonar tan grave y ronca, él tenía lo que se podría describir como "La voz de Todo un Hombre" — Fue activada por los sensores de humo al detectar un pequeño incidente en una de las cocinas de ese piso — ahora parecía estar más enojado que antes de llamar — El incidente fue contenido con los extintores, señor — y eso no indicaba nada bueno para los guardias de ese piso — Ya fue aclarado con los bomberos que no fue una emergencia real — él no estaba seguro de querer completar el reporte, pero si no le decía a su jefe en ese momento era seguro que la tiraría contra él después — Vieron a Kerwen Black-Forest en el primer piso después de la activación de la alarma —
— ¿QUÉ? — si no tenía un motivo para estar enojado antes lo tenía ahora, quería a su sobrino, pero lo quería bastante lejos de sus propiedades, especialmente de su oficina, si uno se fijaba con cuidado podía ver el aura roja de la ira emanando como lava de su cuerpo — ¿PORQUÉ NO ME DIJISTE QUE TU SOBRINO ESTABA EN MIS OFICINAS? —había marcado a velocidad luz a su prima solo para hacerle saber que su muerte sería lenta y tortuosa por esa jugarreta.
— Sí, buenas tardes para ti también querido gruñón — su voz aguda podía oírse bastante bien a casi un metro de distancia del celular — Oh y te recuerdo que igual es sobrino tuyo ¿Recuerdas? Peadar —el padre del conocido diablillo — es pariente tuyo también —
— ES TU HERMANO —el abogado replicó, mientras se dirigía de mala gana al ascensor, iba a ponerle un remedio permanente a todo ese alboroto —LO HACE MÁS PARIENTE TUYO QUE MÍO Y NO ME CAMBIES LA CONVERSACIÓN ¿PORQUÉ NO ME DIJISTE QUE TU SOBRINO ESTABA AQUÍ? —
— Bueno, Kerwen, tu sobrino, fue quien llevó a Bogel, Stuff y Thang, a tus oficinas cuando llamaste, interrumpiendo nuestro almuerzo —
— ¿QUÉ? — eso había sido horas atrás ¡Ese mocoso había tenido tiempo más que suficiente para destruir su edificio!
— Si te estás dando cuenta hasta ahora es terrible, dice lo mucho que te preocupas de tus oficinas ¿No crees, Bogart? — ella se burló con una risilla — Apropósito, ya que llamaste, debo decir que Gri… — no terminó de hablar, el abogado había colgado en ese momento.
— Voy a matarlos — gruñó, dejando que su ira pasara a lo que su esposa llamaba "fase dos" cuando dejaba de gritar y en su lugar se preparaba para aplastar a cosa o persona en lo que estaba enfocado.
Ya todos habían salido, corriendo y en total desorden, del edificio, en el primer piso solo quedaban Marianne y Bog, quienes habían pasado de gritarse a tratar de matarse, comenzó justo cuando el abogado la llamó "pequeña princesita de papito", ella, que ya estaba furiosa desde mucho antes, le había dado un derechazo que le hizo crujir la mandíbula al más alto, dejando libre al joven albino ese mismo momento. Él alcanzó a sujetar el puño de ella cuando Marianne trató de darle in segundo golpe y ahí estaban ahora, mirándose fijamente, deseando la muerte del otro como si fueran sus metas en la vida.
— ¿Qué te pasa, chica ruda? ¿Mucho para ti? — él aún sujetaba su puño, notando inconscientemente que era pequeño y cabía perfectamente dentro del suyo, por supuesto que había que mencionar que él tenía manos inusualmente grandes, aún para un hombre.
— ¡Por supuesto que no! — ella jaló su brazo, sin poder liberarse, el abogado tenía bastante fuerza, su silueta "esquelética" era engañosa, claro que los hombros anchos y su reputación en la escuela debieron ser un indicador, pero ella estaba muy enojada como para analizarlo adecuadamente en ese momento — ¿Qué pasa contigo? — ella había adoptado una pose defensiva ahora que estaba libre mientras que él solo permaneció de pie, sin moverse — ¿Tienes miedo de ser superado por una "Princesita"? — se preparó para recibir algún golpe, pero éste no llegó.
— Amm Señor — Thang trató de llamar su atención, sin resultado, Stuff estaba a su lado, mirando nerviosamente más allá de los dos buscapleitos.
— Ahora no — se dirigió a su amigo sin mirarlo —Golpeas como una bebita — él sonrió, burlándose de ella, lo cierto era que el golpe le dolió, pero tampoco había sido tanto que le molestara al hablar — ¿Quieres intentarlo de nuevo, princesita? —
— ¡Acabaré contigo! — ella se lanzó hacia él, lanzando golpes y patadas por igual. Normalmente estaría en desventaja por su altura pero ella sabía sacarle provecho a eso y los movimientos del oponente.
— Tienes que insistir — Stuff le susurró a su compañero, temiendo las consecuencias de decirle y también a las que habría de no decirle.
— Nada mal — él reconoció, después de recibir un par de golpes que, para su fortuna, no fueron bien asestados, por otro lado ella más que capas de bloquear los suyos casi sin dificultad, en definitiva no hubiera esperado que ella supiera pelear tan bien — ¿Niñas exploradoras? — dejó ir la burla en su tono sin darse cuenta.
— Esgrima y artes marciales mixtas — ella estaba sonriendo mientras le contestaba, orgullosa de su buen juicio en su juventud, mientras otras chicas tomaron danza o clases de piano, ella había optado por guitarra y artes marciales — ¿Qué hiciste tú? ¿Caminar por el parque? —
— Pero señor — él también sabía que las cosas se iban aponer muy mal.
— ¡Después! — lo ignoró de nuevo — Que presuntuosa — murmuró con burla, ignorando adrede el comentario de ella — Aunque lo haces bien, para ser una princesa — escucho un crujido suave, su traje no fue diseñado precisamente para ese tipo de actividad.
— ¿Así? Qué lástima que no pueda decir lo mismo de ti — ella también escucho el crujido, ah y eso que esa falda era nueva, no la había usado ni un mes, pero valía la pena por todo lo divertido que las cosas se estaban poniendo, esperaba.
— ¿A qué te refieres? — el bloqueo de ese último golpe y el rodillazo de la chica definitivamente le habían hecho una grieta a su saco en algún punto de la manga izquierda, pero eso sería para después.
— No lo sé — ella descuidó un segundo su defensa, mirando sus uñas y luego lo miró a él, quien aún mantenía su brazo izquierdo como escudo para el golpe que ella había lanzado instantes antes — Considerando tu reputación de "Chico Malo" esperaba algo más — ella se había percatado de que él solo había usado golpes para pelear, no rodillazos, no patadas, debía de tener una razón o quizás simplemente no sabía pelear realmente ¿Cómo podía ella saber?
— Pero el señor King-Forest — los dos compañeros del abogado estaban casi temblando ahora, quizás deberían ir a desalojar sus escritorios de una vez.
— Luego, Thang — pero le respondió casi sin darse cuenta, estaba muy acostumbrado a sus tonterías sin duda — ¿Si sabes que un traje a medida no precisamente la mejor opción para estos casos? — él dio un paso atrás para enfatizar el punto — No es una excusa, ciertamente —y lanzó otro golpe hacia ella, que fue bloqueado de nuevo.
— EL uniforme tampoco lo es, para todo caso — ya necesitaba ponerse a entrenar de nuevo, hacía mucho que no tenía que hacer tanto esfuerzo, quizás debía de comenzar a ir al gym de nuevo.
— ¡Pero Bog, tu papá está aquí! — no le quedó más remedio a los dos asistentes que romper el protocolo de trabajo y hablarle como siempre lo hacían fuera de la oficina, esperando que eso fuera suficiente.
— ¿Qué? — ahora tanto Marianne como Bog los miraron para luego girar sus cabezas en la dirección en la que Thang estaba señalando.
— Oh no, por favor, continúen, no se detengan por mí — la voz del padre tenía ese tono que denotaba que más les valía no continuar, tenía los brazos cruzados sobre el pecho, lo que significaba que no iba a escuchar a nadie y lo peor estaba en su mirada, los cuatro adultos jóvenes frente a él se sintieron como los niños que fueron atrapados en medio de una travesura.
Griselda se había ido a buscar a su esposo a las oficinas, no tenía que hacerlo, necesitaba hacerlo, durante su interrumpido almuerzo Bogart le había comentado que su hijo estaba demandando a George Fairwoods y no le dijo los motivos de dicha demanda, ella quería saberlo y no estaba dispuesta a esperar ni un segundo más de lo necesario. No se lo preguntaría a su hijo porque era seguro que él no estaba dispuesto a comentar nada al respecto, mucho menos luego de que habían almorzado con la pequeña Dawn.
Al llegar se topó con la jovencita de cabello rubio una vez más, parecía venir sola ya que no vio a su compañerito con ella esta vez.
— Buenas tardes cielo ¿Buscas a alguien? — la jovencita no había sido del gusto de su hijo, al menos esa impresión le dio, pero le daría un diez por su tenacidad, es más, incluso iba a apoyarla si hacía falta.
— Hola Griselda — ella saludó alegremente, las formalidades nunca habían sido lo suyo y menos cuando la gente le daba la confianza de tutearlas — Vine a buscar a mi hermana, trabaja aquí — ahora tenía una sonrisa radiante — Voy a convencerla de salir a bailar o de ir a algún club, con un poco de suerte y esta noche conozca al chico que la saque de su zona "Prohibido el amor aquí" — cuando ella lo decía de verdad sonaba gracioso.
— Ah, ya veo — no recordaba que hubiese mencionado que su hermana, de la que habló tanto en el almuerzo, trabajara en el lugar, pero eso sonaba como u buen pretexto para reunirse más a menudo — ¿Y a dónde planeas llevarla? ¿Conoces buenos lugares en dónde conocer chicos, no es así? —
— Bueno unos pocos, pero seguro que mis amigas tiene buenas recomendaciones — ese momento llegó corriendo el chico albino que conoció un poco más temprano ese mismo día — Hola Kerwen —
— ¿Kerwen? — Griselda puso sus manos sobre sus caderas, mirando al chico intensamente — ¿Dónde has estado? Y no me digas que aquí, jovencito, porque sé que no es verdad. Te hemos estado llamando, no creas que caramelo no se dio cuenta de que te llevaste "ya sabes qué" ¿Dónde está y qué hiciste con él? —
El Chico mostró su resplandeciente sonrisa y se encogió de hombros, haciendo graciosos chasquidos con la lengua y otros más que sonaban como los de algún pequeño mono, a base de algunos ademanes, algunos muy chistosos, dio a entender que no había pasado nada hasta ahora y que sus tías estaban exagerando. Una sirena comenzó a sonar, se podía adivinar que el sonido venía del interior del edificio.
En ese momento los tres vieron salir a todo el personal salir corriendo, parecían bastante desesperados como para tratarse de un simulacro, Griselda sujetó al chico de su camisa, solo para retenerlo el tiempo suficiente y mirarlo a los ojos, aunque eso le era un poco difícil, él era más alto que ella, aunque no por mucho.
— Espero que tengas una buena explicación, pequeño diablillo — ella podía sonar muy amenazante cuando quería, su joven sobrino sonrió mientras batía sus pestañas inocentemente — O tal vez prefieras explicárselo a tu padre por ti mismo — la amenaza cruel solía funcionar con todos los jóvenes, y no tan jóvenes, en toda la familia, pero Kerwen era el más temerario y siempre estaba dispuesto a correr el riesgo que fuera. — ¿Y bien? — a base de señas se hizo entender, que él no era el responsable, aunque hubiera sido muy divertido ser el protagonista de la broma y que una chica y Bog estaban peleando, a "karatazos" y todo, en la recepción — ¿Mi hijo golpeando a una chica? — ella le había dado mejor educación que eso, estaba segura. Su sobrino se apresuró a decir que fue en defensa propia y que los dos parecían estarse divirtiendo mucho, Bog incluso estaba sonriendo — ¿En serio? — y eso era la mejor manera de llamar la atención de Griselda — Tengo que verlo por mí misma —
— ¿Qué pasó? — él procedió a explicar lo mismo, con señas más definidas a Dawn — Eso casi suena como si Marianne, mi hermana, estuviera peleando con Bogkin — el chico asintió enérgicamente — ¿Es en serio? Ay, no puede ser, ahora si la van a despedir – antes de que ella se retirara el chico sacó un pequeño paquete de una de sus bolsas, entrapándoselo a ella — ¿Y qué es esto? — unas pocas señas después ella tenía una idea — Ah son dulces, que lindo Kerwen, gracias — después ella se fue corriendo a mirar mientras desenvolvía uno, eran bombones de chocolate y estaban envinados, eran deliciosos.
Kerwen se dio una con la palma en la frente, no se los dio para ella, se los dio para su hermana, seguro necesitaría un licor fuerte después de que su tío Bogart le gritara por todo el alboroto y nada mejor que unos chocolates para la depresión, los bombones envinados eran la solución perfecta. Oh bueno, no podía hacer nada ahora, por otro lado él no quería estar ahí para cuando las cosas se pusieran de verdad feas y, sacó una pequeña botella de otra de sus bolsas, tenía aquello que quería desde hace mucho, no era su culpa si tía caramelo lo había dejado tirado en la cocina ¿Verdad? Se trataba de una maravilla química, Poción de Amor, el mejor perfume con feromonas que existía para atraer chicas, estaba seguro que la versión para atraer chicos aún estaba guardada en su carro, ahora que tenía los dos podía ir a cualquier club para rociarlo a todos los presentes. Eso iba a ser maravillosamente Romántico.
El albino se metió en su carro mientras se preguntaba porque su primo le había prohibido a su tía Caramelo distribuirlo, hasta dónde él sabía las feromonas no eran ilegales en ese país.
Griselda había esquivado a todos los empleados y socios de su esposo, finalmente llegó a la recepción, sin ver vista para suerte suya, sonrió al ver el intercambio de golpes y palabras de su hijo con esa chica. Habían pasado años, AÑOS, desde que había visto a su hijo disfrutar la compañía de una chica, aunque técnicamente estaban pelando, un detalle insignificante en realidad. Tenía que averiguar quién era esa joven, invitarla a comer con su familia, planear una boda, el destino de la luna de miel ¡Tenía que llamar a su hermana y a sus cuñadas! No iba a escatimar en esfuerzos ni medios para que todo fuera perfecto, lo primero era llamar al restaurante para que prepararan la mesa más romántica y con mejor vista, el mejor champagne, la comida más…
Dawn llegó junto a Griselda, terminado su ultimo bombón, estaban deliciosos, cuando viera a Kerwen le preguntaría en dónde los compró, se compraría una dotación anual y otra para Marianne, quizás algo dulce combatiría su amargo carácter.
— ¡Ah! — aspiró incrédula al verlos peleando, ella esperaba que todo fuera un mal entendido — Ahora van a despedirla — dijo con pesar, eso seguro sería un duro golpe para la mayor.
Dawn miró a un hombre mayor dirigirse a los dos luego de que se dieran cuenta de que estaban siendo observados, él tan alto como Bog pero de facciones más pronunciadas, adivinó que él sería su padre, la joven rubia tenía que hacer algo, lo que fuera, con tal de salvar a su hermana, incluso estaba dispuesta a decir que era su culpa, sea lo que sea que hubiese pasado.
— Oh no, por favor, continúen, no se detengan por mí — el mayor se cruzó de brazos, sin quitar la mirada, pero al ver que ninguno parecía querer continuar con ese absurdo y ridículo espectáculo procedió al interrogatorio — ¿Algo que quieran comentar antes de que haga suposiciones? — Bog Rodo los ojos ante esa declaración, no era nada nuevo.
— ¡Yo puedo explicarlo! — Dawn entró corriendo en ese instante, ignorando el leve mareo que le dio comer esos dulces, ella sabía que era "peso ligero" con las bebidas, pero es que eran tan deliciosos y no era como que hubiese comido mucho, apenas fueron tres chocolates — ¡Es mi culpa y lo siento mucho! — Ella quiso ponerse como una barrera entre el abogado más viejo, su hermana y Bog, pero tropezó con una de las perforadoras que habían quedado en el piso.
— ¡Dawn! — Marianne estaba aterrorizada ahora, ¿Qué diablos estaba haciendo su hermana aquí? ¡Hoy de todos los malditos días!
— Woa — Bog la había atrapado antes de que ella cayera al suelo — ¿Qué está haciendo aquí, señorita Fairwoods? — ese, en definitiva, era el día más bizarro que había tenido en su vida, además del peor del año, estaba seguro de que el año pasado hubo un día más malo que este, pero lo catalogaría más tarde.
— Ay, gracias, yo solo… Quería… — respiró profundamente, abrazarlo había sido uno de sus sueños cuando era una niña, nunca imaginó que podría tener la oportunidad de hacerlo — Oye, tu colonia huele muy bien — y ahora sonreía dulcemente y sus ojos brillaban como su tuviese focos en lugar de globos oculares en sus cuencas.
— ¿Qué? — Ok, sí, Bog estaba seguro de que ese era el día más bizarro de su vida.
— ¿Dawn? — Marianne estaba confundida, por lo general le tomaba un par de minutos más a su hermana para caer enamorada de un chico nuevo, aun contando que ella sabía que a la joven rubia le gustaba el Bully de escuela que el abogado fue años atrás — ¿Hola? —
— ¿No te importa si te abrazo un rato, verdad? — ella se colgó de él, sin dejar de sonreír, realmente no estaba borracha, pero ya que estaba aquí iba a aprovecharlo.
— ¿Qué? — por supuesto que no la quería colgada de él, pero tampoco podía empujarla, ella podía lastimarse al caer y con tantos testigos sería muy mal visto, aunque tampoco lo hubiese hecho de no haber nadie más, no era del tipo que disfrutara lastimando a jovencitas frágiles como ella, honestamente, para ser tan "frágil" tenía un abrazo fuerte, le pareció sentir que crujían sus costillas o quizás solo eran las costuras de su saco — ¿Claro que me importa! — mantuvo sus manos lejos de ella ¿Dónde estaban ese par de inútiles cuando los necesitaba? Él no sabía que Stuff y Thang se habían guardado detrás de uno de los escritorios, solo por si a su padre se le ocurría comenzar a arrojar cosas.
— ¿Qué pasa contigo Dawn? — ella también podía sentir el aroma de la colonia del abogado, pero era bastante leve y no creía que oliera tan bien, a decir verdad tenía un olor bastante dulce ¿Quién hubiera dicho que el matón de la escuela prefería perfumes florales? Un momento ¿Habían perfumes florales para hombres?
— Solo un momento más ¿Sí? —
— Poción de Amor — se acordó que cierto enano miserable le había echado algo cuando subieron a su carro, debió dejar que la asistente lo golpeara ¡Iba a matarlo! ¡Lo mataría y lo arrojaría a la fosa más profunda que pudiera cavar!
Griselda había ido junto a su esposo, susurrándole que dejara a su hijo en paz y a esa linda chica también, a lo que él gruñó de mala gana ¿Es que estaba pintado o qué? Sus oficinas no eran carpa de circo, si querían dar un espectáculo había un parque a unas cuadras de distancia.
— ¿Qué está pasando aquí? — una melodiosa voz provino de la entrada principal, una mujer rubia y bien conservada iba entrando, justo para ver todo el desorden y a su hija menor abrazando al hijo de esa mujer.
— Heavenly — Griselda gruñó el nombre, hacía mucho que no se veían y esperaba pasar el resto de su vida sin tener que mirarla de nuevo.
— Griselda — la madre Marianne y Dawn casi escupió el nombre de la mujer pelirroja, de haber sabido que la encontraría ahí hubiese esperado afuera por sus hijas.
Marianne se cubrió la cara con las manos, era un gesto de frustración total, su día ahora no podía empeorar.
— ¿Dónde están mis pequeñas? — George entró justo en ese momento, sonriendo y completamente inconsciente de toda la tensión y el alboroto que había en ese cuarto.
Y así Marianne supo que sí, sí podía ponerse peor y las cosas no estaban en camino de mejorar.
Bueno he aquí el segundo capítulo y pronto nos veremos en el tercero.
¡Saludos! ¡Y sí, no es justo que no haya más en español!
