Disclaimer: Los personajes son de Stephanie Meyer y la historia es mía y está mezclada con Pasion con el Triunfo C:.
Summary: Bella es una patinadora artística y Edward un jugador de Hockey Universitario. El destino los junta. Pero Bella teme enamorarse de él después de lo que le hizo Jacob ¿Surgirá el amor a pesar de todo?
Capítulo 3.
Hace una semana que no veía a los chicos. Lo poco que sabía era que Kate estaba saliendo con Seth, y que Edward está ajustando sus horarios y hablando con su director para posponer su carrera durante un tiempo.
Kate me había despertado al llamarme por teléfono, necesitaba urgente hablar conmigo. Estaba en mi cuatro cuando sentí el timbre. Bajé corriendo las escaleras, tropezándome en el camino. Llegue a la puerta e intenté tranquilizarme.
— H—hola.
— Hola —respondió, su voz denotaba angustia—. Necesitamos hablar.
— ¿Qué ocurre? —Pregunté, cerrando la puerta.
— Vamos a la sala.
La seguí ansiosa. Al llegar a la sala, movimos los pequeños sofás y nos sentamos frente a frente.
— Suéltalo ya, Kate
—Durante un par de días he estado pensando —comenzó —. Lo que diré no es fácil, será doloroso para ambas… He decidido —tomó aire—. He decidido que ya no seré tu entrenadora. Comenzaré a ser profesora en un colegio, en la básica, para ser precisas.
Había quedado helada. Comprendía que un día me dejaría, pero ¿Ahora? Nunca.
Mientras yo aún era niña, ella comenzó a estudiar Literatura inglesa —lo que siempre he querido estudiar—. Se graduó con honores, a pesar de ser mi entrenadora. Aún así, sentía que mi mejor amiga me abandonaba, como últimamente lo hacía cada persona que entraba en mi vida y amaba.
— No tienes que decir más. Buscaré otro entrenador y llamaré a Cullen para decirle. Puedes retirarte —mascullé, tajante.
Comencé a levantarme de mi asiento, pero sentí a Kate sujetarme el brazo.
— Bella, estás entendiendo mal, déjame explicarte…
—No hay nada que explicar, sólo… Vete, por favor.
La dejé en la sala, subí a mi cuarto y me encerré. Cuando sentí la puerta principal cerrarse, mis ojos comenzaron a aguarse. Me fui resbalando por la puerta hasta llegar al piso y acerque mis rodillas al pecho, abrazándolas. Comencé a sollozar. No sabía porque había actuado así… La entendía, ella no vivía por mí. Pero comencé a sentirme sola y no lo pude controlar.
Intenté tranquilizarme, necesitaba hablar con Cullen. Saqué mi teléfono de mi bolsillo y lo llamé. Sonó dos veces antes que contestara.
— Diga.
— ¿Edward? —Murmuré con voz ahogada.
— ¿Bella? ¿Qué sucede? —Preguntó preocupado.
Respiré profundo.
— ¿Nos podemos ver? Necesito hablar contigo —murmuré y luego lo tranquilicé—: No es nada grave.
— ¿Dónde?
— Nos vemos en la cafetería de hace cuatro días.
(…)
Llegué rápido a la cafetería. Llevaba puesto unos lentes oscuros; no quería que nadie viera mis ojos rojos. Aún tenía ganas de llorar, pero tenía que comunicarle a Edward sobre la elección que había tomado Kate.
— ¿Le puedo ofrecer algo? —preguntó una dulce muchacha.
— Un café con leche, gracias.
— Enseguida.
Dos segundos luego de que hubiera desaparecido de mi vista, llegó y me trajo mi café con un plato con galletas.
— Regalo de la casa, para pasar las penas —intentó subirme el ánimo, a lo que respondí con una media sonrisa.
— Muchas gracias,…
— Ángela, soy Ángela.
— Muchas gracias, Ángela.
Me dedicó una sonrisa y se retiró. En un par de minutos llegó Edward muy acelerado.
Me miró inquisitivamente antes de sentarse.
— ¿Qué ocurrió? Me tenías preocupado.
Sonreí a medias y suspiré.
— Necesitamos buscar urgentemente un entrenador.
Demoró un segundo en comprender.
— Oh.
— Ajá. Tengo a alguien en mente. Ganó varias medallas de oro, es Heidi Williams, ¿Qué te parece?
— Me parece fantástico —sonrió—, pero me gustaría saber que te dijo Kate.
Asentí y tomé el primer sorbo del café.
— ¿No quieres tomar nada?
Se encogió de hombros, sonriendo. Llamó a la mesera que me atendió y también pidió un café.
— Te gusta cambiar los temas ¿No? —bromeó.
Sonreí ante ello.
— No es eso, es que al tomar café, me acorde —volví a suspirar—. Me dijo que se dedicaría a trabajar en un colegio, que sería profesora de Literatura.
Asintió y Ángela llegó con el café.
— Gracias —murmuró Edward. Ella asintió y se retiró—. Bella, dime la verdad, ¿Por qué estas triste?
— No lo estoy —mentí.
— Si lo estás —insistió—. No me mientas, tu voz expresa tristeza y… Bueno, siempre estás alegre. No es que tus lentes ayuden de mucho tampoco.
Suspiré, mirándolo mientras me sacaba los lentes.
— Siento que me ha abandonado… Ella ha sido casi una madre para mí, siempre ha estado ahí y… —tomé aire; los ojos me picaban—Y últimamente la gente que amo, me abandona. Todos los que entran en mi vida, me abandonan.
Algunas lágrimas caían por mis mejillas. Cullen se paró y se sentó a mi lado, abrazándome. El llanto se hizo incontrolable.
— Bells —murmuró, haciendo que mi corazón se oprimiera y comenzase a llorar con más fuerza— ¿Qué ocurre? —Preguntó preocupado.
Intenté tranquilizarme.
— Mi padre solía llamarme así —me miró con curiosidad—. A los doce años, me fui a vivir con Kate, después de la muerte de mi madre. Charles cambió radicalmente, casi no estaba en casa. Al igual que mi hermano, Paul, al tener los 18, se fue… Nos abandono. Nunca le importé, por eso me fui, y hasta los 17 viví con ella, por fin había podido pagarme un hogar.
— Lo siento —susurró él—. Pero yo sé que Kate no te ha abandonado, estoy más que seguro. Probablemente es que ella quería tener la vida que se perdió contigo. Pero eso no significa que abandona tú amistad. Vales mucho para perderla.
— ¿Tú crees? —inquirí.
— Estoy más que seguro —me aseguró, dedicándome esa preciosa sonrisa torcida.
— Ahora me siento culpable —gemí, ocultando mi cara entre mis manos. Él rió—. No es chistoso, Cullen —mascullé, mirándolo enfadada.
— ¿Es que no puedo hacer nada para que me des una sonrisa real? Digo algo y te pasa otra cosa.
— Lo siento —murmuré—. Es que… Estoy un poco sentimental.
Aún estaba abrazada de Edward, terminamos de beber nuestro cafés y nos fuimos en busca de Heidi, cada uno en su auto.
(…)
Llegamos al Ice…, donde ella da clases. Vi a un hombre en recepción, así que me dirigí a él.
— Disculpe, ¿Está Heidi?
— Si —respondió, sin ponerme demasiada atención—, está en clases.
— Gracias.
Me dirigí a Cullen.
— Vamos, está en clases.
Juntos nos dirigimos a la pista. A lo lejos la vi, siempre elegante.
— ¡Heidi! — Grité
Se giró y me dedicó una sonrisa.
— ¡Chicas! —gritó, volteándose a su grupo—. Cinco minutos de receso.
Se comenzó a acercar a nosotros.
— ¡Pequeña Bella! —chilló, abrazándome—. Hacían varios años sin verte. ¿Qué es de tu vida?
— Bueno, el año pasado gané el segundo lugar en las olimpiadas de invierno, terminé con Black y Edward Cullen es mi nueva pareja —le conté, restándole importancia.
— Tú visita tiene una razón escondida ¿Cierto?
Asentí.
— Kate dejó de ser mi entrenadora, y necesito una…
Comenzó a alejarse.
— No Bella, eso lo dejé. No lo haré.
Intenté alcanzarla sin caerme.
— Heidi, por favor. ¿Prefieres vivir siendo una pequeña entrenado de un grupo de niñas, qué ser mi entrenadora y vivir la emoción que siempre amaste?
— Isabella, no estoy preparada —masculló.
— Yo sé que lo estás —insistí—. Él es parte de tu pasado, fue un tonto, pero ahora tienes a Demetri que te adora, y una pequeña hija de quien tú eres su ídola. Imagina lo que sentirá cuando sepa que volverás a vivir todos tus sueños… Por favor —murmuré, poniendo cara de cordero degollado.
Suspiró
— Está bien —cedió, sonriendo de a poco. Mi sonrisa creció aún más—. Eres muy manipuladora… Pero con una condición —asentí—. Cualquier problema, me retiro.
Asentí, feliz.
— ¡Cullen, ven! —Grité desde donde estaba. Él se acercó rápidamente.
— Cullen —Heidi rodó los ojos; le molestaba que no le dijera Edward—, ella es Heidi, nuestra nueva entrenadora —la presenté, aún con una sonrisa— Heidi, él es Edward, mi nuevo compañero.
— Es un placer —sonrió mi amiga.
— El placer es mío.
— ¿Cuándo podemos comenzar? —Preguntó Heidi.
— Desde el lunes, así tendremos el fin de semana para ponernos de acuerdo —contestó Eddie.
Asentí.
— Bueno, nos vemos entonces —se despidió de nosotros y se fue con sus niñas.
Comenzamos a caminar hacia el estacionamiento.
— Es muy agradable —opinó.
— Si que lo es.
Se detuvo delante de mí.
— ¿Estás mejor? —Preguntó.
Asentí.
— Gracias por preocuparte —sonreí, besando su mejilla.
Sentí sus nervios a flor de piel y asintió. Al llegar a nuestros autos, nos despedimos y subí a mi coche. Pero mi querido Alfa Romeo Visconti no encendía.
Gemí.
— Funciona —rogué, mientras apoyaba/golpeaba mi cabeza en el manubrio.
No funciono. Miré hacia el asiento del copiloto y vi que Cullen aún no se iba. Suspiré, tendría que llamar para que vinieran a retirar y a revisar mi auto. Salí de mi coche y toqué la ventana de volvo.
Cullen se sobresalto y me miró. Sonrió de forma torcida y bajó la ventanilla.
— Mí coche no funciona —suspiré— ¿Puedes llevarme a casa?
El asintió y me dirigió al lado del copiloto.
(…)
— ¿¡Ésta es tú casa! —Asentí— Wow.
Se bajó del auto y llegó a mi lado. Abrió mi puerta y me ofreció su mano.
— Que caballero, gracias —salí del coche— ¿Quieres entrar?
— Me encantaría ¿Trotamos por los alrededores?
— Claro, arriba hay unos buzos. Quizás te quedan, yo iré a cambiarme.
Luego de cambiarme, nos juntamos en el patio trasero. Trotamos por una hora más o menos por los alrededores de mi casa, y luego descansamos en unos pequeños asientos con vista a un lago.
— Que linda vista — murmuró Edward.
Asentí
— Es preciosa.
— Cuando vivía con mis padres en Forks, tenía una vista así.
— ¿Viviste en Forks? —inquirí, sorprendida.
— Toda mi vida, me fui cuando entre a la universidad, ¿Por qué te sorprendes?
— Yo viví en Forks hasta que me fui a Port Angels con Kate.
— El mundo es pequeño, no recuerdo haberte visto.
— Era muy distinta cuando niña —suspiré—. Tenía el cabello más claro, era menos flacucha y era más baja.
— Yo también era distinto. Tenía el pelo más corto, el color de ojos más oscuro y era muy flacucho.
Reí, no podía imaginarme a Edward de pequeño.
— Mi infancia fue divertida, compartí con muchas personas —recordé a una niña súper dulce e hiperactiva, vivía en una gran casa a las afueras de Forks—. Oh. Mi. Dios.
— ¿Qué ocurre? —Preguntó curioso
— Conozco a Alice desde niña, ahora recuerdo esa parte de mi infancia que creí olvidada. Siempre nos veíamos en el parque o en nuestras casas, tú eres el pequeño Eddie. Mary y Eddie Cullen.
No lo podía creer, mi amor platónico de niña era Edward Cullen, el mismísimo bombonazo de mi compañero.
Edward rió.
— Cuando era niña, siempre le gustaba que le dijeran Mary —rió—. Recuerdo ese día, ustedes casi se pierden por ir a buscar una cueva secreta
— Recuerdo que fui un par de veces a tú casa, no sé cómo puedes emocionarte con la mía. Tu madre tiene un gusto exquisito.
— Lo sé, pero esto lo lograste mediante años de esfuerzo y fue impactante verla.
Asentí. Comenzó a reír.
— ¿De qué te ríes Cullen?
— Recordaba esa etapa de mi niñez, cuando nos escondíamos de Allie para comer nosotros dos las galletas de chocolate que preparaba mi madre. También cuando Allie nos obligaba a jugar a la 'casita'.
Reí ante eso.
— Ella tenía que ser la hermana que todos los días venía de visita.
— ¿Recuerdas la canción que te toqué en piano?
Me sonrojé. ¿Cómo se acordaba de eso? Cada vez que escucho Clair de Lune me acordaba de él.
— La verdad no —mentí—. Debió ser horrible —bromeé—, sólo por el hecho de tocarla tú.
Le saqué la lengua y me levanté corriendo
— Isabella, te atraparé —rió— ¡Me las pagaras!
Llegamos a la piscina y Cullen sonrió malignamente.
— ¡Nunca! —Grité riendo.
— ¡Corre, corre que te pillo!
Comencé a correr más rápido, lo sentía tras de mí. No podía dejar de reír por lo que dijo. Lamentablemente, nos conduje hacia la piscina. Edward me miró con una sonrisa malvada.
— ¡Ni sé te ocurra! —Chillé— ¡Serás hombre muerto! —Cada vez se acercaba más— ¡Le diré a tú hermana y a tu primo que estén contra tuya!
No lo pensó dos veces, me abrazó y caímos a la piscina.
Chillé
— Está congelada —balbuceé— ¡Me vengaré!
Edward me ayudó a salir. Rápidamente —y con una gracia increíble— salió también. Llegó a mí lado, tomó unas toallas que estaban ahí y me cubrió, comenzando a frotar sus manos en mis brazos.
De pronto, el ambiente era mágico. Comenzamos a acercarnos. Los brazos de Edward bajaron a mi cintura y los míos subieron a su cuello. Estábamos casi rozando nuestros labios… Pero alguien tocó la bocina de un auto, rompiendo la magia del momento. Me alejé rápidamente de él. No podía creer que casi lo había besado.
Corrí hacia la puerta entre tiritones por el frío. Al abrir, vi que era Kate.
— ¿Podemos hablar? —Preguntó.
Asentí.
— Primero yo —tomé aire—: Mi actitud no fue la mejor, temía que te alejaras de mí. Pensé que te perdería. Fui injusta contigo y lo lamento.
Nos abrazamos unos momentos.
— No me di cuenta, estás empapada ¿Qué ocurrió? Y estás colorada.
Me mordí el labio.
— Conseguí a Heidi, mi estúpido auto está allá, no sé que le ocurrió que no funcionó —Gemí. ¿Era tan complicado contarle?—. Bueno, la cosa es que me vino a dejar Edward, trotamos un rato y caímos a la piscina.
Justo en ese momento llegó él. Y como si fuera poco con el torso descubierto. Gemí, Kate me miró con reproche.
— Lamento interrumpir, me iré a vestir —murmuró mientras se dirigía a mi dormitorio.
Kate alzó una ceja.
—No ocurrió nada —le aseguré, cruzándome de brazos.
— No quiero que salgas lastimada; así comenzó con Black. No quiero que repitas la historia. Pero sólo tú tienes la elección. Sólo… No te enamores de él, y con tú encanto, no lo enamores.
Y con eso se despidió y se retiró.
Gemí y me fui a vestir ¿Por qué todo tiene que ser tan complicado? ¿Por qué volver a encontrarme con él después de tantos años? Fui a la cocina a preparar algo para comer, como mínimo invitarlo por venir a dejarme.
— Huele bien —ronroneó mientras se acercaba a mí.
Me corrí sutilmente.
— Siéntate mientras sirvo.
Comimos en silencio, pero era cómodo. Cuando estábamos terminando, sonó su móvil.
— Dime —murmuró—. ¿Qué ocurrió qué? —Preguntó riendo— Estaré en un rato por allá. Cuídate Enana y aleja a Emmett de los juegos.
— ¿Alice? —Pregunté.
— Si, Emmett hizo una tontería en un parque de diversiones, pero ya se solucionó, quieren que vaya —se notaba indeciso—. ¿Quieres ir? —Preguntó dudoso.
Eso me sorprendió. ¿Ahora qué hago? Amaba los parques de diversiones, pero no quería estar con él después de esto.
— Tengo planes para después. Saldré con unos amigos que no veo desde hace tiempo.
¿No se te puede ocurrir una mentira mejor?
— Oh.
Terminamos de comer, me ayudó a lavar los platos. Lo acompañé hasta la puerta.
— Gracias por traerme, y por una tarde agradable.
— No hay de qué —sonrió torcidamente— Espero que se vuelva a repetir.
Evité morderme el labio. Comenzó a acercarse. No, que no lo haga. Bella, muévete. Corrí sutilmente la cara justo en el momento preciso, haciendo que besara la comisura de mi labio.
— Bueno, eh… Mejor me voy. A—adiós.
Se fue sin voltear atrás. Gemí, fue lo mejor. Cerré la puerta y me deslice por ella. Será una tarea difícil.
;;~~~;;
N/A: Siii! Por fin subí el capítulo xdd
He estado muy ocupada con el colegio, estresa D: Pero cone stas pequeñas vacaciones intentaré avanzar C:
Geme *-* Gracias por el beteo ! Te adorooo ! 3
Gracias por los RR *-*
Cuídense mucho ;*
