En el Centro del Laberinto

Capítulo 3: No es lo que parece

"Dime, bruja, esta conspiración tuya… no matará a Kurogane, ¿verdad?" le preguntó Amaterasu a la Bruja Dimensional a través del portal de Mokona.

"Ésta no es mi conspiración, como tan crudamente dices, Amaterasu," dijo Yuuko con indiferencia. "Esto es algo que debe pasar. Sin embargo, sí, siempre hay el riesgo de que mueran."

"Yuuko, Mokona tiene miedo," dijo la bolita de pelo blanco con tristeza. Habían pasado por muchas dificultades últimamente, y ahora Fay y Kurogane habían desaparecido. ¿Qué otros males tendrían que sufrir antes de que acabase todo?

"Ya lo sé, pequeña," dijo la bruja, mostrando un extraño indicio de compasión. "Pero debes mantenerte aparte y dejar que pase. Esos dos no pueden seguir avanzando a menos que superen esto."

"Pero… ¿qué pasa con Syaoran y Sakura?"

"No le digas nada a Syaoran si lo puedes evitar. Deja que duerma. Si la suerte los acompaña, Fay y Kurogane se librarán de la pesadilla antes de que se despierte."

"Tomoyo y tú os empeñáis en llamarlo pesadilla. ¿A qué os referís con eso?"

"Eso es lo que es," comenzó a explicar Tomoyo. "El mundo en el que están ha sido creado a partir de los sueños y pesadillas de ambos. Una parte de la pesadilla pertenece a Kurogane, y eso se hará evidente más tarde, pero la mayoría proviene de Fay. Si Fay quiere terminar el sueño, debe vencer a sus pesadillas."

"Así pues… ¿nada de esto está ocurriendo realmente?"

"Oh, no. Es real," le aseguró Yuuko. "El lugar en el que están atrapados ahora no es diferente del mundo en el que está Sakura. La única diferencia es que ellos están en cuerpo y alma. Si Fay no puede derrotar al laberinto, su alma se convertirá en sombras."

"Y… ¿qué sería de Kurogane si esto ocurriese?" preguntó Amaterasu, dirigiendo una mirada de preocupación a su hermana pequeña.

Tomoyo le devolvió la mirada con una sonrisa triste. "Kurogane no lo abandonará. Ahora lo sé. Esperaba que no tuviese que ser así, pero si Fay cae, creo que Kurogane lo seguirá a la oscuridad. Quedará atrapado en la pesadilla… para siempre."

"¿Lo sabías?"

Tomoyo asintió. "Sí. Pero quiero que Kurogane sea feliz. Si Fay lo hace feliz, entonces renuncio a él. Sobrevivió a la muerte de sus padres y a la pérdida de su hogar. Sobreviviría al exilio permanente de Japón. Pero no sobreviviría a la pérdida de Fay. Si tengo algo que decir al respecto, nada los separará."

La emperatriz de Japón posó una mano sobre el hombro de su hermana. Normalmente, no haría semejante gesto de consuelo en público, pero estaban solas con Mokona y Yuuko. No sabía lo que había entre Kurogane y el mago, pero si Tomoyo estaba dispuesta a arriesgarse a dejarlos participar en esa peligrosa búsqueda, entonces lo que había entre ellos debía ser muy poderoso.

"Es noble por tu parte, Tomoyo," dijo Yuuko, interrumpiendo ese momento con discreción. "Quizás tus plegarias harán que lo consigan."

La joven princesa le dirigió una sonrisa valiente a la Bruja Dimensional. "Kurogane es mi mejor protector y un buen amigo. Esta promesa es lo único que me queda para él."

XxX

"¡No sigáis!"

"¡Volved atrás ahora que aún podéis!"

"¡Este no es el camino!"

"¡Haced caso y no sigáis adelante!"

"¡Cuidado! ¡Cuidado!"

"¡Pronto será demasiado tarde!"

"Fiuu," dijo Fay imitando un silbido mientras miraba las caras de piedra que había en las paredes de la caverna. Cada una gruñía una advertencia cuando Syaoran y él pasaban a su lado. "Alguien es ruidoso y obstinado."

"¡Pfft! No les hagas ningún caso," Syaoran chasqueó la lengua con desdén. "Sólo son falsas alarmas. Encontrarás muchas en el laberinto. Sobre todo cuando vas por buen camino."

"¡No vais por buen camino!" interrumpió otra cara de piedra.

"¡Oh, cállate!"

"¡Lo siento, sólo hago mi trabajo!"

"¡A nosotros no hace falta que nos lo hagas!" replicó Syaoran con irritación.

"¡Cuidado, os…!" empezó la siguiente cara con voz retumbante.

"¡Basta ya, pelmazos!" la interrumpió Syaoran.

"¡Oh, por favor!" gimió la cara de piedra. "Hace tanto tiempo que no lo digo."

"¡Oh, de acuerdo!" Syaoran puso los ojos en blanco. "Pero no esperes que te hagamos caso."

"No, no. Claro que no," les aseguró la cara antes de aclararse la garganta. Entonces continuó con una voz extremadamente nefasta, "¡El camino que tomaréis os llevará a una destrucción segura!"

"Muchas gracias," añadió en el último momento.

"¡Bravo!" dijo Fay, aplaudiendo a la cara de piedra. "¡Bellissima!"

Syaoran iba a hacer un comentario insidioso al mago demasiado entusiasta cuando se dio cuenta de que se había levantado viento en la caverna. Sin explicación alguna, el joven agarró a Fay por la muñeca y comenzó a guiarlo a toda prisa, incluso cuando hubieron dejado atrás la caverna de los rostros.

"¿Qué pasa?"

"Problemas."

"¿En serio?" preguntó Fay con curiosidad. Normalmente, estaba más alerta, pero el hecho de no ser capaz de notar la magia había reducido su percepción más de lo que pensaba. De haber sido capaz de notar algo, habría sentido la llegada de una magia extremadamente poderosa.

Syaoran se paró en seco cuando el túnel cambió y se encontraron ante un mendigo lisiado. La cosa decrépita estaba sentada contra la pared del túnel y envuelta con una tela gris hecha jirones.

"¿Qué anda por ahí?" preguntó el mendigo con voz marchita.

"Eh… nada," contestó Syaoran rápidamente, poniéndose delante de Fay como si quisiera esconderlo.

"¿Nada?" requirió el mendigo, poniéndose de pie de un salto. "¿Nada?" La capa cayó de repente y la figura se enderezó, convirtiéndose en Ashura, el Rey Goblin, con un movimiento fluido. "¿Nada-da-da-da?"

"Majestad," dijo Syaoran con nerviosismo, haciéndole una reverencia. "Qué agradable sorpresa."

"Hola, Chow mein," dijo Ashura con una sonrisa cargada de veneno.

"Shaolin," lo corrigió Fay de forma incorrecta.

"Syaoran," los corrigió el chico, indignado, mirando a Fay con acritud.

"Syaoran… ¿es posible que estés ayudando a este hombre?" Le preguntó Ashura mientras caminaba lentamente delante de ellos.

"¿A-ayudar? ¿En qué sentido?" dijo Syaoran intentando eludir la pregunta.

"En el sentido de que lo estás llevando hacia el castillo," respondió Ashura, avanzando amenazadoramente.

"No, no," se apresuró a asegurarle. "Lo estaba llevando de vuelta al principio, Majestad."

Fay permaneció callado. Sabía que seguramente debería sentirse traicionado y enojado, pero había algo en todo eso que no le encajaba. Así que decidió recostarse contra la pared y dejar que siguieran.

"Le dije que iba a ayudarlo a cruzar el laberinto, un pequeño truco por mi parte," explicó Syaoran. "Pero en realidad…"

"¿Qué es esa cosa plateada que llevas tras la oreja?"

Syaoran palideció. Retrocedió, alejándose de Ashura, e intentó hablar varias veces, pero fracasó miserablemente.

"Charisse..."

"Syaoran."

"Sí. Si por un segundo pensara que me estás traicionando, me vería obligado a colgarte cabeza abajo en el Pantano del Hedor Eterno."

"¡No! ¡Majestad!" Syaoran de repente se convirtió en un revuelto lloroso a los pies de Ashura. "¡El Hedor Eterno no!"

"¡Oh, sí!" dijo Ashura con sorna mientras apartaba al chico de una patada y pasaba por su lado como si no existiera. Se acercó a Fay.

"Y a ti, Fay… ¿te está gustando mi laberinto?"

"Es pan comido," le dijo Fay con bravura, aunque el hecho de que estaba retrocediendo poco a poco decía otra cosa sobre cómo se sentía en ese momento.

"¿Sabes? Es maravilloso que tengas tanta confianza en ti mismo. Nadie más cree que puedas conseguirlo. Kurogane no cree que puedas conseguirlo."

"No te creo," dijo Fay, dejando de retroceder de golpe.

"Qué lástima, porque es cierto. Dijo que deberías marcharte… que eres demasiado débil para salvar a nadie. Dijo que no puedes estar ni cinco minutos sin que necesites que te salven."

"Kuro-wan… no ha dicho eso," Fay dudó, sintiéndose de repente menos seguro.

"¿Tú qué crees sobre esto? Kurogane dice que no te necesita."

No te quiere. Nunca lo ha hecho. No eres más que una molestia para él, de golpe, la voz de Ashura sonó en su mente. La oscuridad se cerró sobre Fay y tembló cuando las palabras calaron en él. No era como si nunca hubiese pensado en eso. Lo que lo asustó más fue cómo de veraces vio esas palabras cuando Ashura las pronunció.

Tenías razón desde el principio. No eres deseado. A nadie le importas… ni siquiera a aquél que más te importa.

Por un momento, se le ocurrió que había magia de por medio, pero ya había llegado demasiado lejos para que le importara o incluso para hacer algo al respecto. No se había dado cuenta, pero Ashura lo había arrinconado contra la pared literalmente.

Estás solo, avanzando en la oscuridad, tropezando ciegamente por un laberinto… y todo para rescatar a alguien que no cree que valgas ni el sudor que cuesta levantarte del suelo cuando te caes.

Los dedos de Fay hurgaron el la pared, buscando desesperadamente algo a lo que aferrarse. No era cierto… ¿verdad? No tuvo tiempo para seguir considerándolo porque en ese instante, un dolor agudo atravesó su hombro derecho. Echó la cabeza hacia atrás, golpeándosela contra la pared. Esto, combinado con el dolor del hombro, lo ayudó a salir del trance. Fay dirigió la vista a su hombro y vio que una daga sobresalía de él. La sangre manaba de la herida y goteaba por la empuñadura plateada del arma. Lentamente, volvió a fijar la mirada en Ashura, sin entender.

"Mmm, perdóname por esto, pequeño mago, pero tiene un motivo. Verás, hay algo sobre mi regalo que no has entendido." Otra vez, el báculo negro apareció en las manos de Ashura. "Éste es un báculo especial. ¿Sabías que te permitirá usar magia sin que las barreras devoren tu mente? ¿Lo quieres?" volvió a preguntar.

"No," contestó Fay débilmente, y un grito agudo escapó de sus labios cuando Ashura agarró la daga y la retorció violentamente. Entonces cogió la mano de Fay y la colocó sobre el báculo, permitiéndole sentir el poder oscuro que lo recorría.

"Podrías usarlo para curar tu herida… y abrirte camino por el laberinto. ¿Estás seguro de que no lo quieres?"

"No lo usaré. Es la misma magia que se llevó a Kuro-pon."

"Muy bien," dijo Ashura, meneando la cabeza con tristeza mientras se apartaba de Fay. "Pero la oferta sigue en pie. Si decides usar el báculo, vendrá a ti cuando lo llames."

Syaoran tragó saliva nerviosamente cuando el rey se alejó de ellos tranquilamente.

"Así que el laberinto es pan comido, ¿eh?" preguntó Ashura de espaldas a ellos. "Bueno, veamos cómo te las arreglas con esta rebanada." Dicho esto, Ashura arrojó el báculo hacia el oscuro túnel como si fuese una lanza. En medio de la oscuridad apareció un punto luminoso y de repente el túnel quedó inundado por el horrible ruido de metal girando y chirriando. Cuando Ashura desapareció, de la oscuridad salió rodando lentamente una máquina espantosa cubierta de engranajes, sacacorchos, espadas y otros objetos metálicos puntiagudos e indescriptibles.

"¡Oh, no! ¡Los de la limpieza!" gritó Syaoran aterrorizado, girándose rápidamente y echando a correr en dirección contraria. Fay lo siguió, un poco más lento de lo normal debido a su hombro destrozado.

Fay echó una ojeada rápida a lo que tenían delante y se preocupó al ver que una puerta cerrada bloqueaba su camino.

"¡La limpiadora! ¡El Pantano del Hedor Eterno! ¡Seguro que has llamado su atención!" gritó Syaoran con enojo cuando se estampó contra la puerta. Mientras Fay forcejeaba con ésta, vio algo que su supuesto guía había pasado por alto. Había otra salida a la derecha de la puerta. Se la indicó al chico con una señal e inmediatamente se pusieron a empujarla. La máquina híbrida se les estaba echando encima.

Syaoran propinó varias patadas a la puerta y Fay la empujó con el hombro izquierdo, poniendo toda su fuerza en ello. En ese momento, echó de menos su sangre de vampiro. Como vampiro, tenía mucha más fuerza, pero ahora volvía a tener sus limitaciones humanas.

Con un último golpe, la puerta cedió y Fay y Syaoran cayeron sobre ella, justo cuando la limpiadora llegaba a donde estaban, destrozando con facilidad la puerta cerrada mientras seguía su feliz camino.

Fay dejó escapar un pequeño grito cuando se puso de pie, con la daga retorciéndose en el músculo de su hombro. Syaoran también se incorporó y se sacudió el polvo, mirando lo que había delante de ellos.

"Ah, esto es lo que necesitamos," dijo con alegría mientras se acercaba a una escalera vieja y desvencijada colocada contra la pared del túnel. "Una escalera. Eh…" paró, mirando al mago herido. "¿Puedes subir con un solo brazo? Quizás deberías considerar la oferta de Ashura..."

"¡No!" lo cortó Fay severamente. "¡No lo haré! Ese báculo es su magia."

"No es motivo suficiente. No puedes trepar todo esto con sólo un brazo y vendándolo no recobrarás el movimiento. Necesitas considerar tus prioridades. ¿Quieres rescatar a tu amigo ninja o no?"

Fay se quedó mirando al joven. No quedaba rastro de la cobardía que Syaoran había demostrado ante Ashura. Había tantos misterios en ese lugar. ¿Qué estaba pasado realmente? También estaba el hecho de que Syaoran tenía razón. En algún momento tendría que tratar la herida si quería salvar a Kurogane. Pero incluso si deshiciese el escudo e intentara usar su propia magia, sabía que no daría resultado. Era incapaz de realizar hechizos curativos.

Pero… Ashura había dicho que el báculo podría curarlo. Quizás si… ¡no! El báculo provenía de Ashura. Era malvado, ¿no?

"Vale. Está bien," se rindió. "Pero sólo esta vez." En el pequeño instante que hubo entre que bajó el escudo e invocó el báculo, Fay sintió que el zumbido de las barreras entraba en su mente. Pero en el momento en que el báculo oscuro apareció en su mano extendida, el ruido paró. Incluso cuando el debilitado mago dirigió el cristal del báculo hacia su herida, pudo notar la magia oscura extendiéndose por su interior. Tembló de miedo cuando sintió que el poder se acercaba a su corazón. En el instante en que la daga salió de la herida y ésta se curó, Fay soltó el báculo y éste desapareció. Volvió a alzar el escudo con rapidez a su alrededor como si fuera una manta, estremeciéndose y frotándose los brazos, intentando librarse de la sensación de la oscuridad en su cuerpo.

"Nunca más," murmuró para sí.

"Mejor. Ahora vamos, sígueme," dijo Syaoran mientras empezaba a subir por la escalera.

"Dime, Syaoran-kun, ¿a qué juegas exactamente? Me llevas al principio, me ayudas a llegar al castillo, me llevas al principio otra vez. ¿Cuál es tu papel en todo esto?" le preguntó Fay, siguiéndolo con facilidad ahora que su hombro estaba curado.

"¡No es cierto! Sólo le dije que te estaba llevando de vuelta al principio para que no sospechara. Has de entender mi postura. Yo soy un cobarde, y Ashura me asusta."

"No, no lo eres. Es fácil ver que estás aquí con un propósito diferente de ser su mascota. ¿Por qué estás aquí?"

"No es de tu incumbencia. Y tú no serías tan valiente si hubieras olido el Pantano del Hedor Eterno."

"¿Es eso todo lo malo? ¿Que huele?" preguntó Fay con sorna.

"Créeme, es más que suficiente. Pero lo peor es que, si pones aunque sólo sea un pie en el Pantano del Hedor, apestarás durante el resto de tu vida. Nunca se te irá el olor."

En comparación con alguna de sus experiencias, oler mal eternamente no le parecía tan malo, pero de nuevo, hasta donde sabía, la mayoría de la gente no había experimentado los horrores que él había presenciado. Si el hedor eterno era lo peor que podía sufrir una persona… ja, afortunados.

"Ya hemos llegado," oyó que decía Syaoran desde algún lugar por encima de él cuando la luz se coló un la oscura caverna. "A partir de ahora sigue tú solo."

"¿Qué?" gritó Fay con indignación cuando salió por la abertura. Ambos cayeron de una vasija enorme sobre el duro suelo de piedra.

"Eso es. ¡Te dejo!" refunfuñó Syaoran mientras se ponía de pie.

"¡Un momento!" gritó Fay, siguiendo rápidamente al huidizo Syaoran.

"Dije que no te prometía nada. Que te llevaría lo más lejos que pudiera," contestó Syaoran, sonando satisfecho.

"¡Pequeño tramposo! ¡Horrible pequeño tramposo!"

"Ah, es inútil que me insultes. No tengo orgullo."

"¿Ah, no?" preguntó Fay mientras le arrebataba la bolsa de plumas del cinturón y bailaba de forma juguetona fuera de su alcance.

"¡Eh! ¡Mis plumas! ¡Devuélvemelas! ¡Devuélveme eso!" gritó Syaoran, corriendo tras el mago y lanzando en su dirección varias de lo que podrían haber sido patadas demoledoras.

"No, no," se burló Fay, esquivando con facilidad los ataques del chico y balanceando la bolsa fuera de su alcance. Finalmente Syaoran se cansó y Fay pudo dirigir su atención al castillo con seguridad, que podía de veras estar allí o no, dependiendo de la voluntad del laberinto, "Y ahora… allí está el castillo. ¿Qué camino elegimos?"

"¡Son de mi legítima propiedad! ¡No es justo!" gritó Syaoran malhumorado.

"No, no lo es," contestó Fay con una sonrisa agradable. "Pero así son las cosas."

En ese momento, entró en escena cojeando un visitante que hizo que el KaFuuSeibaru de antes pasara al segundo lugar del concurso de "las cosas más raras jamás vistas por Fay D. Fluorite". Una mujer mayor vestida con ropa negra hecha jirones entró con paso lento dentro del claro en el que se encontraban los dos combatientes. Esto en sí no habría sido extraño si no fuese por el hecho de que la mujer era una versión mucho más vieja de Yuuko, quien llevaba como sombrero una cabeza humana que compartía un raro parecido con su aprendiz, Watanuki. La vieja criatura gemía y tenía una expresión aturdida cuando se sentó sobre un montón de rocas.

"Disculpe," Fay llamó a la cosa rara. "¿Puede usted ayudarme?"

"¿Eh?" empezó la mujer, alzando la cabeza. "Oh. Un jovencito."

El sombrero Watanuki arqueó una ceja, sorprendido de que alguien estuviese hablando a la mujer que tenía debajo.

"¿Quién es ése?" preguntó bruscamente, inclinando la cabeza hacia Syaoran.

"Mi amigo," respondió Fay rápidamente. "Tengo que llegar al castillo en el centro del laberinto. ¿Conoce usted el camino?"

"Mmm… de manera que tu… quieres llegar al castillo," murmuró Yuuko estúpidamente.

"Menudo poder de deducción, ¿eh?" cortó Watanuki.

"¡Silencio!" gritó Yuuko. "Pues, jovencito, para avanzar a veces hay que retroceder."

"¡Ah! ¿Vas a escuchar esa chorrada?" interrumpió Watanuki con sorna. Fay se tapó la boca con la mano para esconder una sonrisa. Syaoran puso los ojos en blanco.

"¿Quieres hacer el favor de callar?"

"De acuerdo."

"¿De acuerdo?"

"De acuerdo."

"¿Has acabado?"

Watanuki hizo una pausa antes de responder. "Sí."

Yuuko puso los ojos en blanco y volvió su atención a Fay. "Muchas veces, parece que no estemos llegando a ningún sitio, cuando en realidad…"

"Estamos llegando," interrumpió Watanuki.

"Estamos llegando," acabó la anciana, lanzando una mirada asesina a su sombrero.

"Me parece que así no voy a llegar a ningún sitio," dijo Fay, con un asomo de nervios en su sonrisa mientras miraba el claro.

"¡Únete al club!" dijo Watanuki con enfado.

Fay esperó a que Yuuko dijese algo más, pero entonces se dio cuenta de que se había dormido.

"¡Eh! Creo que ya has tenido tu parte. Por favor, deja una contribución en la cajita," dijo Watanuki… inclinándose él mismo hacia la cajita que Yuuko sujetaba con fuerza. Fay pensó un momento, y se dio cuenta de que no tenía nada de valor para meter en la caja.

"Creo que no…"

"Bah, no hace falta que repitas la frase. Unos mechones de tu cabello servirán."

Fay lanzó una mirada extrañada a la cabeza sombrero mientras se arrancaba varios mechones de su cabello dorado y los metía en la caja. ¿Qué significaba lo primero que había dicho?

"No tenías que haberle dado eso," dijo Syaoran mientras los dos se alejaban, escogiendo un camino al azar. "No te ha dicho nada."

"Sólo es cabello, Syaoran-kun."

"Bien, bien, pues, allá van un par de bobos," se dijo Watanuki cuando los otros dos se fueron. Entonces miró a su propietaria, que roncaba. "Es tan estimulante ser tu sombrero."

XxX

"¡Bastardo!" siseó Kurogane en el momento en que Ashura reapareció en la sala del trono.

"¿Qué he hecho ahora? ¿Por qué está el pequeño espadachín tan irritado?"

"Le has mentido. Nunca he dicho que el mago fuese despreciable."

"Quizás no, pero sí dijiste que querías que se fuese."

"Estás retorciendo lo que dije. Quería que se marchara para que no pudieses llegar a él."

"Ooh, qué dulce. Desafortunadamente, el propósito de este pequeño juego es llegar hasta él… por todos los medios."

"¿Qué quieres de él?" preguntó Kurogane, enojado.

"No se trata de lo que yo quiero de él. Se trata de lo que el pequeño Fay quiere para sí, y de si es suficiente fuerte o no para conseguirlo."

"¿A qué te refieres? ¿Todo esto es sólo… para probarlo?"

"Mmm, algo parecido. Pero él no es el único. Antes de que te vayas de aquí, asumiendo que lo hagas, te enfrentarás a tu peor miedo."

Mi peor miedo, pensó Kurogane. Sabía cuál era. Su peor miedo era ser incapaz de proteger a aquellos que le importaban. ¿Significaba eso… que no sería capaz de proteger a Fay? ¿De qué? ¿De Ashura? ¿Del laberinto? ¿De... esa pesadilla de la que todos hablaban?

¡Maldito seas, mago! ¿Cómo te puedes creer semejante basura? Pensaba que sabías que me importas. Después de todo lo que ha pasado… ¿cómo puedes llegar a pensar cualquier otra cosa? Los pensamientos de Kurogane corrían raudos mientras observaba el espejo con la imagen de Fay. El mago iba vagando por uno de los senderos del laberinto, por lo visto hablando consigo mismo. El Syaoran que no era Syaoran hacía rato que había desaparecido. ¿No se había dado cuenta ese mago idiota?

"No lo voy a perder," dijo Kurogane con seguridad al malvado Rey Goblin. "Me he esforzado mucho para mantenerlo vivo." Estaba empezando a querer vivir otra vez. Si lo perdía ahora…

"Mi querido Kurogane, realmente hay poco que puedas hacer si fracasa en resolver el laberinto. ¿Has olvidado que estás aquí atrapado sin ninguna escapatoria?"

"No me importa. Saldré de aquí y lo rescataré si es necesario."

Ashura compuso una mueca perversa. "Eres fuerte, pequeño ninja… pero te destrozaré… a los dos."

Kurogane le lanzó una dura mirada, desafiándolo a que lo intentara. El Rey lo hizo.

Esta vez, el dolor lo golpeó como una ola gigante, sacándole todo el aire de los pulmones. Quizás habría gritado si no hubiese estado preparado como antes. Pero esta vez, estaba preparado. Mantuvo el control mientras la sensación lo recorría, encendiéndole los nervios y haciéndole hervir la sangre. El dolor se abrió paso a través de su cuerpo, destruyendo todo lo que encontraba a su paso. Apretó los dientes para evitar que cualquier sonido escapase de su boca. Se abrazó a sí mismo, hundiéndose las uñas en la piel hasta que se hizo sangre. Se dejó caer débilmente sobre la espalda, retorciéndose de dolor, pero sin permitirse el lujo de gritar.

Ashura puso cara de pocos amigos ante el elevado control del espadachín. "La próxima vez," susurró. "No me contendré."

Kurogane oyó sus palabras, pero no le quedaba suficiente sentido para aferrarse a él. Cuando Ashura lo liberó del hechizo, Kurogane se dejó ir de su conciencia, deslizándose agradecido a la oscuridad del sueño.

XxX

Fay le había estado hablando a la nada durante bastante rato antes de darse cuenta de que Syaoran ya no estaba con él. Por un momento pensó dónde había podido ir el chico, pero no tuvo mucho tiempo para darle vueltas porque de repente el silencio del laberinto se vio interrumpido por el horroroso rugir de una bestia atormentada.

El mago se paró en seco, preguntándose si no sería peligroso buscar el origen de los airados gruñidos. Pero entonces recordó lo que Tomoyo-oruga le había dicho sobre que las cosas no siempre eran lo que parecían. Quizás la fuente de esos gruñidos era el milagro que estaba buscando.

Se asomó con cautela por una esquina y vio una bestia gigante colgando cabeza abajo de un árbol. De la cabeza le sobresalían unos gruesos cuernos y estaba cubierta de un pelo largo y rojizo. Tres de sus extremidades estaban atadas con una cuerda, pero había conseguido liberar un brazo y lo estaba balanceando hacia sus torturadores. Tres de las sombras goblin de Ashura estaban atacando la criatura. Cuando se lanzaban hacia ella, dientes y garras tomaban forma entre las masas amorfas, haciendo cortes a la pobre cosa. Ésta aullaba de ira y dolor.

De repente, pareció que la bestia captaba a Fay. Lo miró directamente a los ojos, diciéndole en silencio lo que necesitaba.

"Si tuviera algo para tirarles," murmuró Fay, mirando a su alrededor.

La criatura aulló de nuevo. Si Fay hubiese podido usar sus poderes, habría percibido la magia que había en ese nuevo sonido. Ante la llamada de la criatura, una piedra suelta rodó hacia Fay, golpeando ligeramente su bota. El mago rápidamente agarró su nueva arma y la lanzó contra la sombra más cercana. Desafortunadamente, la roca pasó a través de ésta sin hacerle ni un rasguño. Los tres demonios se volvieron hacia él.

"Oh…" Fay soltó unos cuantos improperios celesianos. Había temido que eso pudiese pasar.

"¿No podemos hablarlo?" preguntó con una sonrisa nerviosa mientras los tres goblins se le acercaban. Dioses, no quería usar el báculo, pero… ¡esas criaturas no tenían cuerpos físicos! ¿Qué otra cosa podría funcionar contra ellos que no fuese magia? Quizás… ni siquiera tuviese que usarlo. A lo mejor sólo con verlo funcionaría.

Igual que había hecho antes, Fay bajó el escudo e invocó el báculo. En el momento en que el aterrador artefacto apareció en su mano, comenzó a sentir su poder llegando a su alma, intentando reclamarla. Sin embargo, esa treta desesperada había logrado lo que quería. En cuanto vieron el báculo, las sombras goblin retrocedieron, desvaneciéndose con chillidos atroces. Fay se deshizo rápidamente del malvado objeto, alzando el escudo mientras caía de rodillas. Había sostenido la maldita cosa menos tiempo que antes y no obstante había conseguido penetrar más en su espíritu. Tenía frío… un frío que nada físico podía calentar. Un frío como no había tenido desde… Valeria. El afligido mago se abrazó a sí mismo, intentando en vano fundir el hielo que se estaba formando en su corazón.

Justo entonces, un rugido desesperado le recordó por qué había usado el báculo. Fay alzó la vista y vio la bestia pelirroja luchando contra sus ataduras. Se puso de pie lentamente, aún temblando de frío, y se acercó a la criatura.

¡Bueno, para ya!" la amonestó Fay. "¿Ésa es tu forma de tratar a alguien que intenta ayudarte? ¿No quieres que te ayude a bajar?" le preguntó, inclinando la cabeza hacia abajo para poder mirar la cosa a los ojos.

"Sakura… abajo…" dijo la bestia lentamente con una voz muy áspera.

"¿Sakura?" preguntó Fay, estupefacto. Obviamente, ésta no era la Sakura que él conocía, pero aún así… "¿Te llamas así?"

"Sakura…" gimió la criatura.

"Pareces una bestia tan simpática," dijo Fay, rascando a Sakura-bestia bajo la barbilla. "Bueno, espero que seas lo que pareces ser."

Fay se apresuró hacia la cuerda que sostenía colgando del árbol a la pobre criatura y empezó a trabajar en los nudos. "Espera un poco. Te bajaré. Un segundito." Finalmente, consiguió deshacer el nudo. Desafortunadamente, con la cuerda suelta, no había nada que sostuviese a Sakura y ésta cayó al suelo de piedra, aterrizando dolorosamente sobre la espalda.

"¡Oh, lo siento!" gritó Fay, corriendo hacia la bestia y ayudándola a incorporarse. "Lo siento, Sakura-chan. ¿Te has hecho daño?"

Sakura se desató con facilidad y lentamente giró su enorme y peluda cabeza hacia Fay. El mago estaba contento de ver que tenía los mismos ojos verdes que la Sakura que conocía.

"¿Amigo?" preguntó despacio.

"Eso es, Sakura-chan. Soy Fay."

"¡Fay-san! ¡Fay-san amigo!" gritó ella alegremente.

"Ahora espera," la interrumpió Fay antes de que tuviese la oportunidad de partirlo con un abrazo de oso. "Quiero preguntarte una cosa. Tengo que llegar al castillo en el centro del laberinto. ¿Sabes el camino?"

Sakura se lo pensó durante largo rato. Se rascó la cabeza pensativamente, pero finalmente se vio forzada a rendirse. Miró a Fay con unos ojos verdes, grandes y tristes. "No."

"Tú tampoco lo sabes, ¿eh?" suspiró Fay. "Me pregunto si alguien sabe cómo atravesarlo. Eh, espera un momento," comenzó, viendo de repente una pared que antes había sido un seto. En ella habían dos grandes puertas de madera y ambas tenían gigantes aldabas plateadas.

"¿De dónde han salido?" pensó en voz alta. Cuando las miró más de cerca, Fay vio que las dos aldabas eran iguales que Sorata y Arashi. Arashi tenía el aro para llamar pasado por las orejas, y Sorata lo tenía en la boca.

"¿Qué opinas, Sakura-chan? ¿Cuál debemos escoger de entre estos dos horribles aldabones?"

Mientras los compañeros examinaban la puerta de Arashi de cerca, ésta cobró vida de repente, gritando, "¡Es de muy mala educación mirar fijamente!"

Fay y Sakura pegaron un bote, sorprendidos. "Oh… lo siento. Sólo me estaba preguntando qué puerta escogía."

"¿Qué?" gritó Arashi-aldaba.

"Ez inútil que le preguntez nada, eztá zord…" intentó decir Sorata-aldaba a través del anillo de su boca.

"¡No hables con la boca llena!" gritó Arashi.

"¡No eztoy hablando on la oca llena!" respondió Sorata enfadado.

"Un momento. No entiendo nada," dijo Fay, acercándose a Sorata y quitándole el aro de la boca con cuidado.

"¿Qué dices?" le gritó Arashi a Fay.

"Ahh," gimió Sorata de alivio mientras movía su boca agarrotada de un lado a otro. "Se está tan bien sin esa cosa."

"¿Qué es lo que decías?" le preguntó Fay.

"Decía que es inútil que hables con ella. ¡Está sorda como una tapia!"

"Blah, blah, blah. Eres un conversador maravilloso," protestó Arashi.

"¡Di lo que quieras! ¡Sólo sabes quejarte!" le respondió Sorata.

"Es inútil. No te oigo."

Sorata suspiró y puso los ojos en blanco.

"¿A dónde llevan estas puertas?" les preguntó Fay, casi odiando interrumpir la dicha de los dos aldabones.

"¿Qué?" gritó Arashi.

"Ni idea. Sólo somos los aldabones," contestó Sorata con una risa alegre.

"¿Qué he de hacer para pasar?" preguntó, empujando la puerta de Sorata.

"¿Eh?"

"Llama… y la puerta se abrirá," dijo Sorata con solemnidad.

Fay miró a su alrededor, buscando dónde había dejado el aro de Sorata, y vio que Sakura se lo había metido en la boca.

"Sakura-chan," suspiró Fay alegremente mientras le sacaba el aro de la boca. Entonces se acercó de nuevo a Sorata-aldaba.

"¡No quiero tener esa cosa en mi boca otra vez!" dijo Sorata casi gritando.

"Vamos. Quiero llamar," insistió Fay.

"No quiere tener la anilla en la boca otra vez, ¿eh? No me extraña," dijo Arashi en voz alta.

Sorata-aldaba mantuvo la boca firmemente cerrada. La tendría así toda la eternidad si era necesario. O al menos lo habría hecho si en ese momento Fay no hubiese tenido una idea brillante y le hubiese tapado la nariz. Sorata aguantó más rato de lo que un humano sería capaz, pero finalmente tuvo que abrir la boca para tomar aire y Fay aprovechó la oportunidad para meterle el aro en la boca y llamar.

"Lo siento," se disculpó Fay mientras él y Sakura pasaban por la puerta, ahora abierta.

"A igual. Ia eztoy aosumbrado," contestó Sorata antes de que la puerta desapareciera.

Fay miró lo que los rodeaba ahora. Fuese donde fuera que estaban, ya no se parecía al laberinto. El lugar parecía más bien una vieja ciénaga. Árboles raquíticos brotaban de entre el musgoso suelo y había charcos de agua estancada por todas partes. Apenas había luz y el aire era quieto, pesado y apestaba a hojas podridas. Tenía un aspecto siniestro, como de cárcel. Desde luego no como ningún bosque o ciénaga que Fay hubiese visto nunca.

"Sakura miedo," gimió Sakura, intentando encogerse lo más posible mientras caminaba detrás de Fay. Una tarea poco sencilla.

"Ahh," dijo Fay dulcemente, acariciando su hombro de manera consoladora mientras pasaban por un terreno cenagoso. "Parece mentira que un bicho tan grande como tú tenga miedo."

Sakura asintió dócilmente mientras Fay seguía adelante.

"¿Ves, Sakura-chan? No hay nada que temer."

Al ver que no obtenía respuesta, Fay se giró y descubrió que Sakura había desaparecido. De lo que no se había dado cuenta era que mientras había estado buscando peligros, Sakura se había caído por un agujero convenientemente colocado que llevaba a quién sabe dónde.

"¿Sakura-chan? ¿Sakura-chan?" gritó Fay, temeroso. "Sakura-chan, ¿dónde estás?"

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Sakura-chan!" Syaoran oyó que Fay gritaba el la distancia. Sintió que su estómago se encogía dolorosamente de remordimientos por haber abandonado el mago, especialmente después de haberlo llamado amigo. Raras veces se sentía culpable, y por eso la intensidad lo dejó estupefacto. Claro que quería ayudar a Fay, pero tenía otras cosas que hacer. No podía olvidar la otra promesa que había hecho.

"¡Syaoran-kun! ¡Socorro!" Eso funcionó.

"¡Ya voy, Fay-san!" Pero apenas se había girado para ir a ayudar a su nuevo amigo, el temible rey de los goblins apareció ante él.

"Vaya," empezó Ashura, caminando hacia él con aire arrogante y peligroso. "Si estás aquí. ¿Y… eh… a dónde… te… diriges?" preguntó lentamente.

"Eh... uh... pues el mago se me escurrió. Pero acabo de oírlo. Así que estaba a punto de llevarlo de vuelta al principio… como vos me dijisteis," contestó Syaoran, retrocediendo nerviosamente.

"Ya veo. Por un momento pensé que corrías a socorrerlo. Pero… no. No después de mis advertencias. Sería una estupidez."

"Oh, podéis apostar que sí. ¿Yo? ¿Ayudarlo a él? ¿Después de vuestras advertencias?" Syaoran soltó unas cuantas risotadas falsas salpicadas de terror, obviamente para beneficio del rey. Ashura era plenamente consciente de que Syaoran no le temía de verdad. Lo que el chico temía era lo que podía hacerle a su amigo perdido.

"Oh, vaya. Pobre Showly," empezó, apareciendo directamente delante del chico.

"Syaoran," corrigió él con sumisión.

"Acabo de darme cuenta de que tus apreciadas plumas han desaparecido. Eso no es bueno. Nunca sabes cuál pluma puede ser la buena."

Syaoran palideció un segundo antes de mirar su cinturón, como si se acabara de dar cuenta también.

"Oh, sí. Pues es cierto. Mis queridas plumas... será mejor que las busque. Pero primero, voy a llevar al mago de vuelta al principio del laberinto… tal como habíamos planeado," dijo mientras se giraba para irse.

"¡Espera!" dijo Ashura tras él. "Tengo un plan mucho mejor, Xiao-mei. Dale esto."

Ashura le lanzó al chico algo anaranjado. Lo cogió con facilidad y lo miró, viendo que se trataba de un melocotón.

"¿Qu-qué es esto?" preguntó nerviosamente.

"Es un regalo."

"No le va a hacer daño al mago, ¿verdad?" le preguntó, sintiéndose aún más culpable. Ya sabía la respuesta.

"¿Y a ti qué más te da?"

"Yo no haría nada para lastimarlo."

"Oh, vamos, vamos, Charlotte. ¿Te has olvidado de Sakura?"

"¡No!" gritó Syaoran con vehemencia. "No me he olvidado. Bueno… él dijo que éramos…"

"¿Qué? ¿Compañeros inseparables? ¿Amigos?" preguntó Ashura de forma glacial.

Syaoran suspiró. "No importa."

"¡Es mejor que le des eso, Syaoran, o te echaré directamente al Pantano del Hedor Eterno antes de que puedas pestañear!" dijo, agarrando bruscamente a su sirviente de la oreja y sacudiéndolo. En cuanto lo soltó, Syaoran rápidamente empezó a alejarse de él.

"Oh, y Syaoran," Ashura gritó una última advertencia. "Si él te abrazara alguna vez, te convertiré en un príncipe."

"¿Lo-lo haréis?" preguntó Syaoran, alzando una ceja.

Ashura asintió de forma maligna. "¡El príncipe de la tierra del Hedor!"