¡Hola a todos! Hace bastantes días que no me paso por aquí con capítulos nuevos, pero he tenido varios contratiempos estos días, y he entrado en un nuevo proyecto de foro del cual me encargué de decorar y ayudar en todo lo que he podido( y seguiré ayudando) así que por eso he estado ausente, pero hoy vengo con un one-shot totalmente nuevo, que no he publicado antes, como disculpa por la ausencia.

kid-4869 Tu mejor que nadie sabes por que no he publicado nada estos días jajaja, así que muchas gracias por comentar :)!

Karen: Ah te he tenido abandonada estos días sin nada que publicar ~ ! te ruego que me perdones D: ! ahora podré publicar más a menudo. Este Shot no lo has leído ya que es nuevo, así que espero que te guste ^^ !


Lo que te conté mientras dormías

Era una noche inusualmente calurosa, de esas tan horribles de verano que nadie medianamente humano era capaz de soportar. Se encontraba sentado en el sofá observando el suelo, meditando si sería la mejor cama posible para aguantar aquel soporífero calor, y deseando aplastar la cara contra él, pues solo así podría olvidar por un momento el ardor interno.

Ladeó la cabeza entonces, intentando olvidarse de su extraño plan para soportar el calor y contempló a cierto detective, borracho y durmiente, sujetando una de las tantas latas de cerveza que había esparcidas por la mesa.

—"Nunca cambiará" —Pensó mientras se quitaba las gafas y pasaba la mano por la nariz sudorosa, estaba claro que incrementaban todavía más el calor. —"Lamento no poder quitármelas en situaciones así"

No debía bajar la guardia, ni siquiera en simples noches de verano, donde la oscuridad reinaba en la casa y los tres estaban tan cansados y sofocados que sus mentes no trabajaban correctamente.

—"Pero no puedo..." —Se decía apesadumbrado, volviendo a colocárselas. —"Solo de imaginar que Ran viese la cara de Shinichi en mi..."

La karateca, ajena a los preocupados pensamientos del niño, acababa de lavar el último plato y lo secaba mientras meditaba sobre sus propios problemas. Aquella misma tarde, había recibido una de las tantas llamadas del detective desaparecido, ese escurridizo amigo suyo de la infancia, el que la tenía perdidamente enamorada. Habían charlado de esto y lo otro, sin detenerse en un punto serio, evasivas y más evasivas, convirtiéndose poco a poco todo aquello en un gran circulo vicioso.

—"¿Qué demonios pasa, Shinichi?" —Se preguntaba entre preocupada y enfadada. —"Cada vez entiendo menos todo esto".

La quería ¿Pero no la quería? Le había pedido que le esperase ¿Pero no volvía? Tantas preguntas dudosas o sin respuesta, tanto sin sentido intentando aclararse, buscando una forma... iluminado la oscuridad.

Sacudió la cabeza intentando despejarse, y guardó el plato en la encimera. Ahora tenía asuntos más importantes que atender, más importantes que las tonterías de aquel detective de segunda.

Se dirigió al salón en penumbra, donde Conan y Kogoro medio dormían aguantado aquel insoportable calor.

—Conan —Susurró, intentando molestar lo menos posible. —¿Podemos hablar?

El pequeño se incorporó al instante y centró su atención en la castaña.

—Claro Ran-neechan —Le respondió en el mismo tono. —¿Pasa algo?

—Verás, papá a vuelto a hacer de las suyas, y ha manchado tu futon de cerveza —Le explicó medio avergonzada, recordando lo sucedido aquella misma tarde. —Lo he puesto a lavar, pero hasta mañana no estará del todo seco.

—No pasa nada —Le sonrió quitándole importancia, mientras miraba de nuevo el suelo, parecía que al final si dormiría en él. —Puedo quedarme aquí y...

—¡De eso nada! —Lo cortó al instante. —Dormirás conmigo.

—¡¿C-Contigo?! —Exclamó intentando contener el rubor de sus mejillas. —N-No hace falta...

—¡No hay respuesta negativa que valga! —Le replicó ella, mientras lo tomaba de la mano y lo acompañaba hasta la puerta de su cuarto. —Ve cambiándote mientras mando al borracho de mi padre a la cama, no tardaré.

El detective la vio alejarse sin poder articular palabra. Entró automáticamente en el cuarto, y una vez cerró por completo la puerta, soltó todo el nerviosismo que había estado acumulando.

—¡No puede ser! —Se dijo caminando en circulo. —Con toda esta calor y...

En su mente se formó la imagen de un bonito y provocador pijama de verano.

—¡Céntrate Shinichi! —Se exigió borrando aquella escena de su mente, muy a su pesar.

Intentó cambiarse como pudo, mientras se preguntaba como podría manejar aquella situación de la mejor forma posible. No era capaz de conciliar el sueño al lado de Ran y lo sabía.

—"¿Por qué tiene que estar tan bonita cuando duerme?" —Pensaba fastidiado volviendo a dar vueltas.

Debía centrarse y borrar cualquier pensamiento bueno o malo de su cabeza, concentrarse en el sueño. Al fin y al cabo, solo era un niño durmiendo con su hermana mayor.

—"Ya me gustaría a mi que fuese de otra forma" —La mente del detective seguía jugándole una mala pasada.

Ran no tardó en aparecer por la puerta, ya vestida con el pijama, confirmando así los peores temores de Conan.

—"¡No puede ser tan corto!" —Pensó nada más ver el conjunto que lucía la karateca.

Se trataba ni más ni menos que de una camiseta fina de tirantes y unos pantalones muy cortos, casi del tamaño de la ropa interior, de un bonito tono azul violáceo a juego con el color de sus ojos.

—¿Ya estás listo Conan-kun? —Le preguntó viéndolo saltar directamente sobre la cama. —¿Pasa algo?

El solo se dedicó a cubrirse con las mantas hasta la nariz, a pesar de la gran calor que había, no quería que ella viese sus rosadas mejillas.

—¡Pero no te tapes! —La karateka retiró las mantas en su totalidad, desprotegiendolo totalmente. —Dormiremos sin ellas.

El pequeño se limitó a asentir preguntándose que demonios había hecho para tener tan mala suerte, y al mismo tiempo para tener tanta. Ran se acostó a su lado, girándose hacia él, mientras acomodaba la cabeza en la almohada.

—He puesto el aire acondicionado —Le explicó al pequeño. —así dormiremos fresquitos.

Conan volvió a asentir, solo se veía capaz de hacer eso, pues no encontraba palabras suficientemente buenas para responderle.

Ran apagó la luz, y la habitación quedó parcialmente a oscuras, tan solo eran iluminados por el gran ventanal que tenían a la izquierda, y que reflejaba la silueta de la chica de forma clara y evidente.

—Buenas noches Conan-kun —Le dijo en un ligero susurro, cerrando los ojos para conciliar el sueño e intentando alejar de su mente una vez más a cierto detective.

Lo que ella no sabía era que aquel detective estaba acostado a su lado, intentando concentrarse en un punto indefinido del techo para no pensar en la noche de tortura que le esperaba.

—Buenas noches Ran-neechan —Le respondió finalmente susurrando también, pero ella ya se había dormido.

Ran tenía esa extraña capacidad para dormirse muy rápido cuando estaba cansada y Shinichi la admiraba, pues ojalá pudiese dormirse así cuando la tenía tan cerca.

Ladeó la cabeza y lo primero que vio fueron sus finos labios bañados por la luz de la luna, parecía que le pedían a gritos que los besase, parecían resplandecer de forma sobrenatural.

—"Solo son imaginaciones tuyas" —Pensó frustrado mientras se ponía boca abajo y apretaba la cara contra la almohada, intentando así liberar su mente de cualquier pensamiento extraño.

Cerró los ojos, y el silencio reinó unos instantes, pero su mente parecía no darle tregua, pues no pudo evitar recordar la conversación que había mantenido con ella aquella tarde. Había sido rutinaria, pero había notado un leve tono de enfado y tristeza más profundo de lo habitual en esa voz que tan bien conocía.

No podía culparla, al fin y al cabo se pasaba día tras día mintiéndole, y sabía que en algún momento, tarde o temprano, eso explotaría. ¿Pero que más podía hacer? Sentía que el mismo podía explotar también en cualquier momento si seguía así.

—¿Y que puedo hacer, dime? —Repitió en alto, mirando esta vez a la chica. —¿Cómo explicarte todo lo que siento, Ran?

Era consciente de que la karateca tenía un sueño extremadamente profundo, y que no despertaría. Tal vez por eso empezó a hablar sin poder detenerse, tal vez era la única forma de poder desahogarse...

—Yo no quería irme así, ¿Sabías? —Decía con un leve tono melancólico. —Pero no me quedó más opción...

Su instinto detectivesco lo había llevado a la boca del lobo, sus propias cualidades le habían hecho una mala jugada, y ahora todos debían pagar por su culpa. Aquel día... Tropical Land... nunca lo olvidaría.

—¿Como fui tan tonto al decirte que nada podía pasar en un parque de atracciones? —Recordaba irónicamente, sin apartar la vista de la cara angelical de la castaña.

Tal vez era el castigo que se merecía, por haber sido tan prepotente todo aquel tiempo, por no ver lo que tenía delante, por tratar de ocultar de aquella forma sus verdaderos sentimientos, esos que siempre lo habían acompañado a lo largo de los años permanentemente.

—Te amo, ¿Lo sabes verdad? —Le susurró inconscientemente, decírselo a la cara le relajaba de sobremanera. —Más que a nadie en este mundo.

Y ahora que por fin sabía la respuesta de ella, no podían estar juntos, pero se lo merecía y él lo sabía.

—Lucharé hasta que me quede sin fuerzas y entonces, tu y yo... volveremos a vernos. —Continuaba susurrándole su gran verdad, mientras acariciaba sus mejillas. —Te lo prometo.

No sabía cuando sería, ni si moriría en el intento, pero si algo tenía claro, es que volvería a estar con ella, y el día que eso sucediese, no se separarían nunca más.

—Hasta entonces... perdóname —Dijo en un tono más serio. —Perdóname por todo lo que te he hecho pasar, y por todo lo que queda.

Quería finalizar aquel secreto discurso de forma especial, se acercó lentamente a aquellos labios que tanto le robaban el sueño, y posó los suyos rozándolos levemente, aguantando la respiración, tan solo sintiendo el fuerte latido de su pequeño corazón que en cualquier momento se le saldría del pecho.

Se mantuvo así, tan solo rozando sus labios un buen rato disfrutando del momento de felicidad, para luego subir hasta su nariz y depositar ahí el beso, pues no quería besar sus labios hasta tener su propio cuerpo.

Se recostó en la cama cansado por todo aquel calor y por la extraña situación, a pesar de las confesiones que acaba de decirle a la chica, sabía que no podría conciliar el sueño igualmente.

Se resignó a mirarla toda la noche, a preguntarse con que soñaría y deseando muy adentro que fuese con él. Memorizó cada parte de su cara, a pesar de que la conocía más que perfectamente, y la luz del nuevo día, con el paso de las horas, empezó a asomar por la ventana.

Fue entonces cuando el pequeño detective concilió el sueño al fin, dejándose llevar al mundo de los sueños, justo al mismo tiempo que la karateka abría sus grandes ojos al nuevo día, y contemplaba al niño que reposaba a su lado.

Le habría gustado decir que todo había sido un sueño, pero aun tenía guardadas en su mente todas y cada una de las palabras que el niño le había dicho. Sonrió sin poder evitarlo y lo abrazó intentando no despertarle.

—Te esperaré hasta el día en que me muera —Le susurró entonces. —Odioso detective.