Parece que cuando actualizo el fic subo un one-shot xDDD pero ya que estoy... publicaré otro de los que tengo ya escritos, esta vez es ShinRan, uno que tiene ya un tiempo, y que ya publiqué hace tiempo en un foro... peeeero, quiero tenerlo aquí también ^^!
Karen: Lo sé, eres como yo xD pero el KaiAo es mi segunda pareja favorita y de vez en cuando también escribo sobre ella :) Además tengo una segunda parte que hacer de ese OS, se lo prometí a Laura jajaja. En este caso es ShinRan así que espero que lo disfrutes ^^!
Angel-Laura: Si la habrá! en verdad llevo tiempo con ella pensada para escribirla, pero ya sabes, tengo tanta cosa y tantos proyectos que al final acabo tardando más de lo que debería xD! Muchas gracias por comentar ^^!
No sé si decírtelo
No podía explicar con exactitud cuanto tiempo llevaba sintiendo aquello. Le era difícil recordar cuando habían empezado a aflorar todos esos sentimientos que lo inundaban por dentro, pero... Si sabía que no podría reprimir mucho más ese sentimiento que vivía y dormía con él.
Y es que cada vez que la miraba, algo dentro de él se iluminaba permanentemente, marcándole el ritmo del corazón y de todos sus movimientos, Ran era su motor de vida. Siempre había sido su amiga... Su mejor amiga, la chica que siempre lo acompañaba allá a donde fuese, y había estado muy ciego al no darse cuenta a tiempo del efecto que ella producía en él.
Pero era tan inmensamente idiota, que nunca conseguía que le saliesen las palabras correctas cuando estaba con ella, más de una vez había intentado decírselo pero no lo conseguía, se dedicaba a soltarle la primera tontería que se le ocurriese para que no notase su sonrojo incipiente.
Hoy era uno de esos días, como tantos otros, en los que iban de camino a casa después de clase junto a su otra amiga Sonoko. Él se había quedado rezagado, meditando sobre su pequeño problema sentimental, cuando escuchó algo que no se esperaba en absoluto.
—No puedes ser así Ran, en algún momento le tendrás que decir lo que sientes —Comentaba Sonoko.
—¡Deja de decir eso, Sonoko! —Le contestó su amiga medio sonrojada.
La cara de Shinichi se volvió blanca como la cera, ¿Desde cuándo a Ran le gustaba alguien?
—¿De quién habláis, chicas? —Preguntó avanzando hasta quedar a su altura.
Ran lo miró entre asustada y avergonzada y se apresuró a desmentirlo todo.
—¡No le hagas caso!, ya sabes como es Sonoko...
—¿Pero te gusta alguien, no? —Insistía celoso e impaciente.
—Yo... ¡No me gusta nadie! —Respondió mientras avanzaba apresuradamente hacia su casa. —Nos vemos mañana.
Shinichi no comprendía nada, ella estaba enamorado de otro y no se lo quería decir.
—¿Tú sabes quién es, cierto? —Le preguntó a su otra compañera.
Sonoko lo miró sonriendo picaramente, para luego responderle tajante.
—¿Tú no eras detective?, si quieres saberlo averígualo tu mismo.
Dicho esto, la castaña de pelo corto se fue dejándolo solo en aquel lugar apartado, aún quedaba bastante caminata hasta su casa y no tenía muchas ganas de irse pues quería subir y preguntarle a Ran de quien estaba enamorada.
¿Cómo podía habersele escapado ese detalle tan importante?, ¿Cuándo se le había adelantado ese suertudo?
Caminó hacia su casa resignado y cabizbajo, por su cabeza pasaban una y otra vez todos los nombres de sus compañeros de clase.
—"Tal vez sea Kimoto... Le ví alguna vez echarle miraditas a Ran..." —Pensaba el joven detective adolescente indicutiblemente celoso.
Se revolvió el cabello de la rabia que le producía todo esto. Abrió el portal y lo cerró de un manotazo. Esa noche no pensaba cenar, iría a su habitación a terminar los deberes y después a dormir directamente para no pensar más.
Pero una vez acabó los deberes, la imagen de Ran besándose con un desconocido aparecía por su mente a cada instante y no le permitía conciliar el sueño.
—"Pienso averiguar quien es, con mis dotes de detective no se me escapará" —Pensó al fin, encontrando una pequeña solución.
Tardó varios minutos más en quedarse dormido del todo, y en la mañana, cuando se despertó, tenía un sueño realmente aterrador. Sabía que era culpa suya por pensar tanto en ese misterioso chico, pero no le quedaba más remedio que aguantarse... De momento.
Espero la llegada de Ran como tantas otras mañanas, y como de costumbre, ella no tardó mucho en llegar.
—¿Ya estás aquí? —Preguntó desconcertada. —Si siempre se te pegan las sábanas.
El detective la miró mientras pensaba una buena excusa, no podía a decirle que fue precisamente por su culpa.
—No dormí muy bien hoy, estaba algo estresado —Le respondió.
—Eso te pasa por estar siempre pensando en los casos —Le recriminó la karateka mientras avanzaban.
—"No son los casos los que precisamente me estresan" —Pensó molesto.
Continuaron caminando y charlando animadamente sobre pequeños detalles irrelevantes de los deberes de ayer, pero Shinichi no podía concentrarse en aquello pues tenía ante él el mayor caso que se le había planteado: El corazón de Ran.
—Oye, Ran... Ayer tu y Sonoko... —Empezó el moreno, reuniendo la fuerza necesaria para aquella conversación.
Pero para su sorpresa, Ran le hizo un gesto para que se callase.
—Sé lo que quieres preguntar... Y si, me gusta alguien desde hace mucho tiempo, creo que estoy enamorada —Explicó sin mirarle a los ojos.
El silencio inundó la calle en la que ambos jóvenes se habían detenido. El detective no podía describir la tristeza que se había instalado permanentemente en su alma. Miró al suelo resignado con la declaración hacia otro chico de su amiga de la infancia y se dispuso a irse de allí, aguantando como pudiese los pequeños trozos de su corazón roto.
—Shinichi... —Lo llamó ella entonces, obligándole a detener el paso.
—¿Qué se siente... ¿Qué se siente cuando amas a alguien? —Preguntó.
El muchacho observó la cara anegada en lágrimas de Ran y se preguntó si realmente era necesario responderle, solo quería largarse de allí... Pero aquella mirada lo forzó a contestar de mala gana.
—Es muy difícil describir algo así... Desde el momento en el que amas a alguien, el mundo cambia por completo para ti, pues esa persona se convierte en el centro de el, robándote el sueño, entregándole tus mejores sonrisas... Y te vuelves torpe... Terriblemente torpe, no sabes que decir o hacer cuando estas con ella y piensas que no podrás gustarle nunca. El amor es lo más bonito que puede haber, pero también lo mas doloroso.
Ran no podía creerse que alguien como Shinichi pudiese decir algo así, eso solo podía significar que el detective también estaba enamorado. Deseó por un momento ser ella la responsable de ese torbellino de sentimientos que abatían al detective, pero sabía que eso era prácticamente imposible pues él tenía a demasiadas chicas detrás de él.
Lo miró entre triste y distante, y se dispuso a irse al igual que él, pero esta vez, fue el moreno quien la frenó.
—¿Porqué me preguntas eso?, ¿Acaso no estabas ya enamorada? —Preguntó, le costaba mucho disimular su cabreo.
—Solo quería comprobarlo —Le respondió terriblemente molesta —En cambio, tú no me habías contado que amabas a alguien.
—¿Es que importa ? —Estaba aguantándose demasiado, más de lo que normalmente aguantaría —Que más da a quien quiera yo...
Las lagrimas empezaban a formarse en los ojos la chica mientras se soltaba fuertemente de su brazo, provocando el desconcierto del detective.
—¿Y ahora que pasa, Ran?, De verdad que no comprendo nada ya —Le preguntó intentando limpiarle las lágrimas con sus temblorosos dedos.
—¿Tan difícil es de entender... Lo que hay en mi corazón? —Le preguntó levantando la vista y clavando sus violáceos ojos en los suyos.
Shinichi, por su parte, se perdió en la mirada de esa chica a la que tanto amaba, y no logró reaccionar a tiempo cuando ella salió corriendo.
—¡Ran, Vuelve aquí! —Le gritó mientras empezaba a correr detrás de la castaña.
Las reacciones de Ran le resultaban extremadamente contradictorias, ¿Cómo iba a deducir lo que había en el corazón de la chica que amaba?
Las arduas sesiones de Karate la habían curtido lo suficiente como para correr sin ser alcanzada por aquel desastroso cabezota que la tenía loca. Siguió sin detenerse hasta una calle muy transitada, donde logró camuflarse entre los transeúntes fácilmente.
Shinichi no tardó en llegar a la misma calle, con la diferencia de que se encontraba muy perdido. ¿Qué se suponía que tenía que hacer ahora? Para él, sus sentimientos eran muy evidentes, tal vez la karateka se había dado cuenta y por eso había huido.
—Será mejor que me vaya a clase... —Dijo comprendiéndolo todo.
Se giró dispuesto a irse a clases, pero tan solo logró dar un par de pasos cuando una voz la frenó.
—Y de nuevo te equivocas... Eres el mejor detective... Y no puedes comprenderlo —Susurró aquella voz a sus espaldas.
Él se limitó a agachar la cabeza, sabía que tal vez no era el mejor momento... Pero o se lo decía ahora o no podría hacerlo nunca.
—Ran... No sabía si decírtelo o no... Por que se que será algo incomodo para ambos —Le dijo mientras se daba la vuelta y veía esa hermosa cara llena de lágrimas. —Claro que sé lo que se siente al amar a alguien.
Ella le miraba con los ojos muy abiertos y atentos, por fin había parado de llorar, pues estaba completamente concentrada en sus reveladoras palabras.
—Y es que desde hace tiempo... Tanto que no puedo siquiera recordar desde cuando... —Empezó reuniendo todo el valor posible —Estoy enamorado... De ti.
Shinchi sintió al fin un alivio interior que no había sentido nunca, le rechazase o no... Al menos se había quitado ese enorme peso de encima.
—Shinichi... —Dijo con la voz entrecortada, su cuerpo estaba empezando a temblar. —Yo..
—No necesitas decir nada, Ran.
La abrazó lentamente mientras ella le llenaba la camisa de lagrimas. Le parecía increíblemente curioso tener que calmar las suyas cuando el mismo necesitaba soltarlas más que ella.
Pero Ran se apartó enseguida de él para luego abrazarle por el cuello.
—Solo lloro de felicidad... Por saber que el hombre al que amo me corresponde —Le dijo esbozando una sonrisa radiante entre todas esas lagrimas.
Por su parte, el joven detective no sabia que hacer o decir, ¿Había oído bien?, ¿Ella lo quería?
Un torrente de emociones nuevas, parecidas a las típicas mariposas de las que tanto había oído hablar le revolvían el estomago. Había soñado tantas y tantas veces con que aquella joven que tenía ahora en sus brazos le quisiese... Que no sabía que hacer o decir a continuación.
—Besame, Shinichi... —Susurró en su cuello.
No tuvo que repetirlo dos veces, pues no había caído en la cuenta de cuanto deseaba besar aquellos dulces labios. Se acercó lentamente y posó con timidez sus labios en los de ella, para luego al fin unirlos en un delicado beso, su primer beso y el primero de muchos más que deseaba compartir con ella.
No recordaba tampoco con claridad cuanto tiempo duró aquel beso... Pero si recordaba la sensación de vértigo y felicidad que lo embargaba cuando se separaron y juntaron sus cabezas... Sonriéndose el uno al otro, sonriendo a su amiga de la infancia, la cual seguramente... Empezaba hoy a ser algo más.
