¡Hooooola a todos! Sé que hace tiempo que no subo un One-Shot para mi colección, pero el tiempo no me acompaña, y tengo demasiados proyectos y cosas que hacer y de momento no puedo duplicarme (?) xD Hoy traigo uno un poco corto, pero es necesario que así lo sea ya que es uno un poco... especialito xDDDDDD Va dedicado a Abbie, mi esposa, que hoy es su santo y así le demuestro yo mi amor incondicional ! xDD

Karen: Muchas gracias! le tengo mucho cariño a ese Shot asi que estaba deseando subirlo ^^ supongo que fue por que es el primero que publiqué y me hace ilusión, Muchas gracias por comentarme siempre ^^

UnBreakableWarrior : Muchas gracias :)!

Angel-Laura: Sin el momento Sonoko el shot no habría sido lo mismo xDDDDDDD muchas gracias ^^

WhiteLady20: Muchas gracias Marta u


Historias de cama

Ran Mouri caminaba decidida por las calles de su barrio. Hoy no era un día cualquiera, era uno decisivo y muy importante, uno que jamás olvidaría. Había tenido diecisiete largos años para prepararse, concienciarse de que este día llegaría a su vida, pues a todo el mundo de alguna forma acaba llegandole.

Hacía ya varias horas que los nervios se habían apoderado de ella, pero ahora que se dirigía directamente a la casa del chico, notaba que sus piernas se habían convertido en gelatina, y le costaba mucho cada paso que daba.

—¡Ya está bien! —Se exigió a si misma calmarse, debía continuar.

Ran estaba muy segura de lo que hacía, se podría decir que después de la llamada del detective había meditado mucho el siguiente paso, pero finalmente, había aceptado.

Estaban enamorados, se querían, ¿Qué puede tener de malo? Se trataba de lo más natural del mundo y la karateca lo sabía, haría cualquier cosa con él y por él.

Vislumbró a lo lejos la mansión de los Kudo, y las cosquillas en su estomago hicieron acto de presencia. No pudo evitar pensar en el día en el que el chico regresó, el día en el que le juró amor eterno, y ambos se dieron por fin su primer beso entre los escombros de aquel edificio destrozado donde se había llevado a cabo la batalla final contra aquella organización.

Había sido un día de largas e intensas emociones, pero todo había salido bien, y ahora, al fin, podían estar juntos para siempre. Debía confesar que echaba de menos al pequeño Conan, pero cada vez que miraba los ojos azules del chico y se sumergía en ellos, todas las preocupaciones desaparecían.

Con todas esas ideas felices y bonitas, tocó el timbre y esperó impaciente la respuesta del chico, el cual no tardó en aparecer por la puerta con su ya característica sonrisa radiante.

—¡Ran! —Exclamó corriendo hacia ella, abrazándola y girando sobre si mismo. —Te extrañaba.

—Pero si estuvimos juntos por la mañana... —Le recuerda ella sonriendo también.

Shinichi simplemente le responde con un beso, uno largo e intenso, el cual demostraba cuanto la echaba de menos realmente.

—Ven... acompáñame —La coge de la mano, y se dirigen al interior de la mansión.

La primera sensación que siempre nota cuando entra en la casa del chico, es un frío intenso, y a pesar de estar en pleno verano, la mansión Kudo siempre es sinónimo de congelador.

—¿Tienes frío? —Pregunta el detective visiblemente preocupado. —Tranquila pronto entrarás en calor.

La vuelve a abrazar y ella se abandona totalmente en sus brazos, dejándose llevar. Era increíble la seguridad que el detective le aportaba siempre, era como algo mágico.

—Tienes razón, pronto entraré en calor —Le responde sin poder evitar reírse al pillar el doble significado de las palabras del detective.

—¿Estás nerviosa? —La pregunta pilla a Ran desapercibida, para ella se trata de la pregunta decisiva.

No está muy segura de si serle sincera o no, pues realmente, no quiere confesarle que algo dentro de ella le indica que lo que van a hacer está mal.

—Ran, es algo tan natural como respirar —Él parece leer la respuesta en la cara de la chica. —No tienes de que preocuparte.

La aprieta con más fuerza contra él, esperando así lograr que se relajase un poco más, y se dejase llevar por el silencio.

—Pero sabes que si no estás segura, no tienes que hacer nada —Las palabras del detective son del todo sinceras.

La castaña levanta los ojos, y sus miradas chocan entre ellas, haciendo que los dos adolescentes se pierdan, literalmente, en la mirada del otro. Durante un rato tan solo se miran, y Ran reúne las fuerzas para calmarse un poco.

—¿Estamos solos? —Pregunta entonces, tomando su mano.

—Completamente solos —Responde sonriéndole, aquella sonrisa volvía a Ran loca.

¿Como no iba a hacerlo? Si lo quería más que a nada ni a nadie, nada más mirarlo esa sensación de seguridad la embargaba por completo. Iría hasta el fin del mundo con él.

—Hagámoslo —Afirma al fin, y sus mejillas se tornan un tanto rojas.

Sin soltar sus manos, ambos suben despacito hasta la habitación del detective. Sigue igual que siempre, aunque el desorden ya vuelve a estar presente. Por más que se la ordenase el siempre vuelve a dejar los libros por ahí tirados.

—Shinichi de verdad ya has vuelto a dejar esto hecho un asco —Le dice con tono reprobatorio.

Acto seguido empieza a recoger los libros, pero él se los quita fácilmente y los deja en el escritorio mientras vuelve a abrazarla.

—No hemos venido para recoger, ¿Recuerdas? —Le dice en un susurro dulce.

Se mecen lentamente mientras ella recupera la respiración y se gira para darle un pequeño beso. Uno muy pícaro que provoca la risa del detective.

—Tengo que confesarte algo —Dice entonces, sin separarse de ella. —Bueno... Anoche yo...

Señala la cama y Ran comprende al instante lo que quiere decir, pero no se cabrea con el.

—¿No pudiste esperar por mi? —Pregunta sin poder evitar reírse. —¡Hombres!

—¡No pude evitarlo! —Se defiende. —Lo siento.

Ran simplemente le da un beso en la nariz para demostrarle que lo perdona, y él la coge en brazos y la deposita en la cama. Había llegado el momento decisivo.

Se besan y se acarician el uno al otro, mientras se pierden en un mar de suspiros y deseos.

—¿Ves? Te lo dije, esta cama es comodisima —Le susurra en la oreja a su chica, mientras se la muerde. —La compré en la teletienda.

A Ran no le queda más remedio que aceptar la realidad. No se podía creer que Shinichi hubiese conseguido comprar un colchón de tan alta calidad a un precio tan bajo, y eso que es rico y se lo puede permitir.

—¡Es una verdadera ganga! —Exclama entonces, asintiendo con la cabeza. —Tendré que decirle a mi padre que me compre uno.

El detective sonríe ante su clara victoria, y se quita los zapatos al mismo tiempo que ella se los quita. La ayuda a levantarse poco a poco encima del colchón, y una vez se asegura de que Ran esta bien en el centro, empiezan a saltar como si no hubiese un mañana.

—¡Es super blandito! —Ran está maravillada ante la textura. —Si te soy sincera, cuando me dijiste de venir a probar el colchón tenía muchas dudas, pero ahora se que he elegido lo correcto.

Saltan sin parar hasta cansarse, y una vez paran, se acuestan el uno al lado del otro para recuperar las fuerzas.

—Me alegro de haber compartido esto contigo Ran —Se sincera completamente. —No podría haberlo hecho con nadie más.

Ella solo asiente y se acomoda en su hombro muy feliz. Había sido sin lugar a duda la mejor tarde de su vida, y la había pasado al lado de Shinichi, ¿Podía pedir más?

—"Bueno si, un colchón como este para mi" —Piensa decidida.

Descanso, su novio, y un colchón cómodo, para Ran Mouri aquello era el paraíso. Poco a poco cierra los ojos, y se queda dormida en los brazos del detective, el cual la mira con una sonrisa, aunque en su interior sentía una leve punzada de insatisfacción, al fin y al cabo, el esperaba algo más.