Cuando nos recuperamos de la impresión y comenzaron a venir los primeros curiosos atraídos por los llantos de la chica, nos alejamos evitando que más personas se cruzaran con nosotros, ya habíamos intervenido en el desarrollo de ese tiempo más de lo que deberíamos.
—¿Qué era eso? — pregunté.
—Una persona—me contestó un gemelo.
—¡Ya sé que era una persona! —exclamé enfadado, me estaba cansando de la situación y de las compañías.
Avanzábamos otra vez por el callejón central, pero en esa ocasión pegados a la pared como si nos quisiéramos fundir con ella. Lo hacíamos para no llamar la atención pero creo que siendo cuatro actuando de la misma manera conseguíamos el efecto contrario.
—Quizás estaba poseída por los Wolfkraph—dijo la chica rubia.
—¿Eso es una nueva forma de decir que estaba drogada? —pregunté, era eso o esa chica estaba de manicomio.
—¿No te parece extraño Fred? Esa cosa inmovilizó a la chica con magia pero intentó herirla con una herramienta muggle—preguntó un gemelo al otro.
—Sí que es extraño, con lo fácil que es usar un Avada Kedavra y solucionado—razoné, pero recibí una mala mirada de los gemelos por el comentario—¿Preferís que os corten en trocitos estando vivos antes que una muerte rápida e indolora?
Los gemelos por suerte se dieron cuenta de que yo obviamente tenía razón y no dijeron nada más.
—¿Tú nombre era Luna?—le preguntó un gemelo a la chica que asintió. Hasta ese momento ni recordaba su nombre.
—Nuestra idea es ir a Hogsmeade donde conocemos varios pasadizos secretos para colarnos en Hogwarts.
Genial, Hogwarts, el autonombrado por sus profesores "lugar más seguro del mundo" tenía pasadizos secretos para que hubiera vía libre para entrar y salir del castillo. Otra genialidad más de esa escuela de tercera categoría, como me hubiera gustado ir a Durmstrang. En ese momento recordé el armario evanescente, si había pasadizos secretos ¿Por qué los mortífagos me obligaban a arreglarlo?
—Si utilizamos el método de aparición para llegar hay posibilidades de que Malfoy y tú perdáis partes del cuerpo, con Malfoy nos arriesgaríamos porque si sale mal mala suerte, pero no contigo. Además ir al hospital para que restauren partes del cuerpo también puede alterar el futuro—comentó un gemelo.
Menudos rencorosos, seguramente todavía estaban enfadados porque el año pasado, o mejor dicho, de aquí unos cincuenta años, llamé "gorda y fea" a su madre y "pobre perdedor" a su padre en el partido de quidditch.
—Y qué plan tenéis para llegar a Hogsmeade? —pregunté.
—¡Polvos Flu! —Me contestaron al unísono, odiaba cuando hacían eso.
—Tengo una idea mejor ¿Recordáis cuando empujasteis a Montague dentro de un armario?
Irónicamente, la única salida para salvar a mi familia me la dieron ellos cuando descubrieron el poder del armario al lanzar dentro a Montague, un compañero mío de Slytherin. Me lo encontré en un sifón de inodoro y por lo que me contó supe de la existencia del armario evanescente. Pero jamás lo reconocería ni les daría las gracias por ello.
Les expliqué mi plan que era ingresar a Hogwarts con el armario de Borgin y Burkes directamente y ahorrarnos los polvos flu o cualquier inconveniente de pasadizos secretos. Pero claro, primero teníamos que comprobar si se encontraba en el mismo lugar medio siglo antes, pero algo de esperanza había porque la tienda sí que estaba porque fue fundada en el siglo XIX. Pero también había otro problema, nada me aseguraba en caso de encontrarlo que nos llevara al armario situado en Hogwarts. Obviamente con esos problemas los gemelos Weasley no estuvieron muy convencidos de mi plan, pero Luna con una sonrisa dijo que se podía intentar.
—¿Cómo sabes que el armario evanescente se encuentra en Hogwarts ahora mismo? —me preguntó George, era una pregunta lógica que ya me esperaba.
—Simplemente lo sé—contesté secamente. En verdad tenía evidencias que lo demostraban, en estos últimos meses me hice muy amigo de Myrtle la llorona, el fantasma que vivió en vida por esta época. Alguna vez me comentó que el armario evanescente ya lo tenía visto de sus tiempos de estudiante antes de morir, aunque no sabía decirme exactamente de dónde, pero siendo hija de muggles no podía haberse movido mucho por el mundo mágico. Obviamente jamás admitiría delante de dos Weasleys mi amistad con una sangre sucia, por lo que prefería callarme esa parte.
Otro punto a favor para mi teoría era que mi padre me comentó que antiguamente en Hogwarts se vendían objetos de Borgin y Burkes, obviamente objetos bastante prohibidos en el ámbito escolar. En la década donde cursaban mis padres ya se habían descubierto muchos artilugios oscuros y comenzaron a sospechar de la tienda por lo que pararon su venta para no meterse en líos si eran descubiertos. No era una teoría nada descabellada pensar que llegaban a los alumnos de Hogwarts a través del armario evanescente.
Ya en la tienda miramos disimuladamente en el interior desde el escaparate, había solo un hombre atendiendo y se encontraba hablando con un cliente, o más bien dicho, discutiendo. Al parecer no andaba nada equivocado porque al fondo se podía ver el armario, pero no podíamos pasar sin que nos vieran. Me fije por curiosidad en el intercambio de palabras de los dos hombres del interior y al parecer el cliente quería que le rebajaran el precio de un artículo, pero parecía inútil. Finalmente, al ver que no podría conseguir esa rebaja dio un fuerte golpe al mostrador y se largó gritando maldiciones.
—¿Cómo lo hacemos para entrar sin que nos vea? —preguntó Luna.
—Creo que tendremos que usar polvos flu como estaba planeado al principio—dijo uno de los gemelos que ya comenzaba a retirarse.
—Ni muerto—advertí. Tras esas palabras, entré rápidamente a la tienda y sin pensar saqué mi varita y la apunté hacía el dependiente—¡Petrificus Totalus!
El hechizo dio en el blanco y el pobre hombre se quedó rápidamente rígido, pero con consciencia mirándome con furia, seguramente pensaba que era un ladrón. El dependiente todavía tenía en las manos el objeto por el que había estado discutiendo con el cliente anterior y por curiosidad lo miré, me llevé una gran sorpresa al ver un guardapelo con una serpiente parecida al símbolo de Slytherin estampada, sin duda alguna de haber estado en mí época habría sacado todo el dinero del banco para hacerme con él. Unos aplausos me hicieron reaccionar, eran los gemelos.
—Bravo Malfoy, pero no creo que delinquir sea la mejor manera de no entrometernos en el pasado.
—¿Se os ocurría un plan mejor? ¡Y no me vengáis con los malditos polvos flu! —grité, pero me eché bronca mentalmente. No era momento de llamar la atención, teníamos que desaparecer lo más rápido posible.
—Espero Georgie que tengas razón y se pueda temporalmente confiar en Malfoy—dijo un gemelo mientras observaba el armario de cerca.
—No te preocupes, alguien como Malfoy tendrá cero ganas de vivir en un mundo sin sus padres consintiéndolo a todas horas, seguro que es el que tiene más ganas de volver.
Me enfade por ese comentario, en verdad mi cuerpo se estaba llenando de ira ¿No sabían que mi padre estaba en Azkaban? ¿Cómo podían hacer ese comentario? Tuve un impulso de darle un puñetazo a George, pero intenté controlarme y en lugar de eso saqué mi giratiempo del bolsillo y me lo colgué en el cuello, si tenía que meterme en el armario lo veía más seguro de esa manera.
—Lo sentimos mucho. Solo vamos a usar el armario—se disculpó Luna al dependiente mientras hacía una reverencia, eso sí, con una sonrisa amplia en la cara.
No esperé más y apartando a los gemelos del armario con fuertes empujones, me introduje antes de escuchar sus quejas y sin pensar. Sentí como mi cuerpo giraba y vinieron los mareos, por unos segundos me arrepentí, pero enseguida todo paró y me trastabillé hacia fuera cayendo sobre un piso de madera, el viaje por lo menos había sido mucho más placentero que el anterior con el giratiempo.
Cuando alcé la vista lo primero que vi fue a un chico joven mirándome desde un mostrador muy extrañado y me quedé pálido. Eso no era Hogwarts. Sin previo aviso y asustándome algo me golpeó por detrás a gran velocidad y caí de morros al suelo, escuché una risa y supe quien había sido, uno de los gemelos que habían entrado por el armario, por lo menos me habían seguido y no me había quedado solo. Le grité unas cuantas maldiciones pero el pelirrojo no me hizo mucho caso y solo miró a su alrededor con curiosidad. En poco también llegó Luna, solo que esta vez había sido listo y ya estaba apartado del armario. Después apareció el último gemelo y así ya estábamos todos.
—Lo siento—me disculpé y me costaba horrores—. Creo que me he equivocado, esto no es Hogwarts.
Luna le intentó quitar importancia al asunto y lo conseguía con esa expresión de indiferencia, al parecer no había manera de que se diera cuenta de la peligrosa situación en la que nos encontrábamos. La rubia cogió sin previo aviso el giratiempo que permanecía descubierto y lo ocultó metiéndolo debajo de mi ropa.
—Mejor que nadie te lo vea.
Tenía toda la razón y solo pude darle las gracias. Los gemelos se encontraban mirando la tienda sin parar y me estaban poniendo nervioso, quizás se les había atrofiado el poco cerebro que les quedaba durante el viaje.
—¿Has visto esto George?
—Lo he visto Fred.
Ganas de darles una paliza aumentando.
—¡Bombas fétidas antiguas! —exclamaron a la vez.
—Me emociono—solté irónicamente lanzándoles una mirada de enfado que al parecer no notaron. Tras eso comenzaron a mencionar muchos objetos más: Bomba de tos, bombas fétidas, jabón de huevos de rana, arañas falsas, tazas que muerden la nariz, tenedores que se lanzan a hacer cosquillas… De todo menos algo útil.
—¿Por qué os emocionáis tanto con artículos de broma si lleváis un negocio que trata de eso? —pregunté sin entenderlos.
—¡Pero estos artículos son antiguos! Hoy en día no se encuentran en ninguna parte.
—Si buscáis algo bueno, la última moda son las chapas hucha—se escuchó decir a una voz—. Son chapas que se abren por la mitad y se comen las monedas, pero el dinero no lo sueltan sin unas palabras mágicas. Imaginad la cara de vuestros amigos si ven que una chapa se come todos sus ahorros y se niega a devolvérselos.
Cuando vi al dueño de esa voz, recupere de golpe toda esperanza. Era un chico de cabello negro, ojos castaños y piel clara, pero lo más importante, tenía puesto el uniforme de Hogwarts. Mejor aún, era un uniforme de Slytherin, por fin me encontraba con vida inteligente en esa época.
—¿Qué tienda es esta? —preguntó Luna.
—Tienda de artículos de Zonko ¿No lo sabíais? —nos dijo el chico
Fred, George y yo no contestamos, simplemente nos miramos mostrando una expresión de sorpresa ¡Estábamos en Hogsmeade y por lo tanto a pocos pasos de Hogwarts! Por fin la suerte me sonreía, sabía que no podríamos alejarnos mucho de la escuela usando el armario. Deprimió un poco descubrir que en el pasado un objeto tan importante estaba en una tienda tan estúpida. También ofendía un poco saber que Zonko estaba metido en la venta ilegal de objetos de magia oscura, porque estaba claro que tenían el armario allí para que llegaran los de Borgin y Burkes. Si lo pensaba fríamente eso me parecía más lógico, hubiera sido muy peligroso transportarse al colegio con las medidas de seguridad que tiene. Hogsmeade era el lugar perfecto para negociar con alumnos.
El chico desde el mostrador nos miraba con desconfianza y los cuatro nos dirigimos rápidamente a la salida sin mediar palabra. Habíamos pensado lo mismo, lo mejor era desaparecer lo más rápido posible antes de que el dependiente de Borgin y Burkes se librara de la maldición y viniera a buscarnos. El chico de Slytherin también salió de la tienda porque al parecer ya había terminado con las compras, llevaba una bolsita pequeña de la tienda.
—¿Qué pasadizo cogemos para entrar en Hogwarts? —pregunté a los gemelos.
—El más sencillo de coger es el que hay detrás del espejo del cuarto piso de Hogwars, queda la salida en la zona sud de Hogsmeade.
—No funcionará—dijo el Slytherin que había escuchado lo que habíamos dicho—. Los pasadizos de Hogwarts han sido sellados con la misma magia protectora del castillo debido al peligro que supone el mago oscuro Grindelwald. No se puede acceder a ellos.
Eso tenía más sentido, seguramente con la resurrección de Voldemort los de Hogwarts de mi época también habían sido cerrados.
—Entonces ¿Cómo has llegado aquí?—preguntó Luna—. Eres el único alumno de Hogwarts que veo por aquí, no creo que sea horario de visita.
—Tienes toda la razón. Me he escapado de Hogwarts por el único pasadizo sin cerrar, uno que se encuentra en la casa abandonada cerca de la posada Wingtail. Hoy era el último día que pensaba utilizarlo porque pensaba informar de su existencia al profesorado.
—¿Enserio piensas decir a los profesores que cierren la única vía de escape?—dijo un gemelo.
—Obviamente no es algo que haría normalmente, pero el tema Grindelwald está muy delicado y prefiero asegurarme que ningún mago oscuro me despierte con Avada Kedavras en la sala común de madrugada. Tampoco pasa nada por perderme unos tres o cuatro viajes en secreto—, tras esas palabras nos miró fijamente y seguidamente hizo cara de espanto—¡¿No seréis seguidores del señor oscuro?!
—No—contestamos los cuatro al unísono.
—Simplemente se nos ha estropeado un objeto mágico muy importante y necesitamos ver a Dumbledore para que nos ayude a arreglarlo—dijo uno de los gemelos, y mentira no era.
—En ese caso yo os puedo llevar a su despacho, ahora creo que no tiene clases. Pero me extraña que busquéis para ese propósito al profesor de transformaciones, aunque no se puede negar que es uno de los magos más poderosos del mundo.
—¿Pero cómo vas a hacer que nos reciba? —le pregunté al chico.
—Le diré que es urgente y me atenderá, ventajas de ser prefecto—me contestó con una sonrisa de oreja a oreja. Me sorprendió que nos creyera tan fácilmente, también que alguien tan confiado fuera un Slytherin y sobretodo, que nombraran prefecto a un alumno con tendencias a desobedecer una de las mayores normas de Hogwarts, no era precisamente un delito menor escaparse a Hogsmeade.
Nos guío como dijo a una casa abandonada, era de madera y tenía varias paredes derrumbadas, también había un cartel de prohibido el paso. No recordaba que estuviera en el futuro y era lógico, esa casa ya no tenía arreglo y lo raro es que no hubiera sido demolida anteriormente. Seguramente el pasadizo cuando tiraron la casa abajo también fue destruido. Pasé con cuidado entre los escombros, bastante difícil debido a la gran cantidad que había, uno de los gemelos se hizo una herida en el pie cuando se apoyo en una zona con muchos cristales, no pude evitar reírme, incluso su hermano gemelo se reía por la expresión que puso, tampoco era nada grave.
El pasadizo estaba bajo una compuerta situada en el suelo, entramos y llegamos a un túnel de roca. En el camino no ocurrió nada remarcable y sin incidentes llegamos a un callejón sin salida. El chico de Slytherin pronunció unas palabras y la pared se movió, al cruzarla ya aparecimos en Hogwarts, concretamente en el tercer piso. Se notaba dónde estábamos, Hogwarts no había cambiado nada con el paso del tiempo.
—Es por aquí el despacho de Dumbledore.
Seguimos al Slytherin y por el camino vimos a un grupo de Ravenclaw hablando con la dama gris, un fantasma de Hogwarts. Los cuatro nos la quedamos mirando fijamente, era bueno ver a alguien conocido y que seguía igual.
—Gracias por ayudarnos, eres muy amable a pesar de ser de Slytherin—comentó un gemelo—¿Cómo te llamas?
—Me llamo Tom Ryddle—le contestó, y mi cuerpo se paralizo de golpe—¿A qué viene eso de a pesar de ser de Slytherin? ¿Eres de Gryffindor?
—Era, el año pasado terminé de cursar aquí.
—Si lo hubiera sabido no os hubiera ayudado—no parecía en verdad enfadado, al parecer solo bromeaba.
—Pero Malfoy sí que es de Slytherin.
El gemelo me señaló pero yo estaba con la cabeza cabizbaja y sin saber que decir. Era imposible, completamente imposible. Quizás había dos personas con el mismo nombre. Pero era imposible que ese fuese Voldemort, quizás mi padre se equivocó cuando me reveló el nombre verdadero del mago oscuro.
—¿Estas bien? —me preguntó Tom acercándose a mí—. Cuando lo vi de cerca mi imaginación me jugo una mala pasada y lo vi por un momento como su yo adulto, ese rostro feo y deformado. Obviamente comencé a huir caminando hacia atrás.
—¿Te pasa algo? —me preguntó un Weasley, los muy idiotas no sabían nada.
—Esa puerta de allí es el despacho de Dumbledore, ya hemos llegado—nos informó Ryddle, al escucharlo me dirigí a la puerta sin dirigirle la mirada—¿Puedo acompañaros?
—¡NO! —grité con todas mis fuerzas. Entonces abrí la puerta del despacho de Dumbledore y entré sin mirar. Dentro pude ver al director en su época de joven, pero ni siquiera me importó en esos momentos.
—¿Puedo ayudar en algo? —preguntó el anciano tranquilo. A pesar de que en ese momento no llevaba las ropas de Hogwarts y que no me conocía no pareció sorprenderse.
—¡Te has pasado! —gritó un Weasley al entrar seguido de su hermano y Luna—. El pobre se ha ido ofendido.
—¡Idiota! Era quien no debe ser nombrado ¿Cómo querías que reaccionase?
—¿Quién tu sabes? No digas tonterías Malfoy, es muy amable y sin él no estaríamos aquí ¿Me estás diciendo que es alguien malvado?
—¿Qué es lo que ocurre? —preguntó Dumbledore acariciándose la barba.
Le entregué el giratiempo y le conté toda la historia. El profesor se mostró interesado y tras finalizar de hablar se quedó unos segundos reflexionando, me fijé que en el rostro de nuestro futuro director habían signos de cansancio y por alguna razón se veía muy demacrado, peor que cincuenta años después. Encima de su escritorio había cientos de artículos sobre Gellert Grindelwald.
—Estáis en un problema—acabo diciendo, eso ya lo sabíamos estúpido barbudo—. Los viajes en el tiempo son muy peligrosos, ahora mismo quizás ya hayáis hecho desaparecer a varias personas de vuestro futuro. Sobre el giratiempo, me inquieta, ha sido por alguna razón alterado para que viajarais a esta época.
—Yo sé cuál puede ser la razón, terminar con el señor oscuro—dije totalmente convencido. Dumbledore me miró sin comprender y tuve que perder una media hora de mi vida explicándole la existencia de Voldemort y todo lo que había hecho, también que era el futuro Tom Ryddle, pero los muy idiotas de los Weasley lo negaban.
—No creo que el señor Malfoy este diciendo una locura—por fin decía algo sensato —, el señor Ryddle tiene oscuridad en su corazón, una profunda oscuridad imposible de iluminar. Es posible que en un futuro no sepa controlarla y se descontrole hasta cegar el amor. Hace años conocí a un muchacho cuyo corazón se mancilló hasta más no poder. Ya he vivido la transformación de un hombre en un monstruo.
Dumbledore fijó sus ojos en los artículos de Grindelwald, pero preferí evitar un posible desvío de tema y no pregunté.
—Si es cierto que han manipulado el giratiempo para llegar hasta aquí y matar a un genocida, —prosiguió Dumbledore—ha sido una muy mala decisión. Se salvarían muchas vidas, es cierto, pero muchas otras jamás llegarían a nacer y serían substituidos por otras. Por muchas muertes que haya causado Tom, no creo que os haga gracia la desaparición de amigos como sacrificio para salvar a otras, nadie es tan poco egoísta. Este giratiempo estaba preparado desde un principio para dejar de funcionar al llegar a esta época, seguramente los del ministerio que iban a realizar la misión no pensaban volver a un mundo donde su existencia y la de sus seres queridos no estaba garantizada.
—Pero hemos tenido la mala suerte de ser nosotros quienes viajáramos en el tiempo para cambiar el futuro de toda la humanidad—dijo un gemelo.
—Eso es un problema—comentó Luna—. Quizás lo mejor es que nos asesinara ahora para preservar el futuro.
¿Qué? ¿Cómo podía dar esas ideas? Dumbledore se río al escucharlo.
—Eso no me solucionaría nada señorita, en primer lugar yo cambiaría de actitud si asesinara a cuatro inocentes, y por lo tanto, cambiaría mi futuro y de todo aquel que se cruzara conmigo. No hace falta asesinar o mover a las personas de lugar para alterar el futuro, alterar el sistema emocional influye igual en las decisiones de una persona. En segundo lugar, a mí no me importa e interesa un futuro con una asociación genocida suelta, tampoco conozco a los que nacerán en vuestra línea temporal y por lo tanto, no tengo nada en contra de cambiar el futuro. Si alguien ha de hacer algo sois vosotros que sois los que queréis salvar la vida que teníais.
—¿¡Entonces que quieres que hagamos!? —grité, estaba perdiendo los nervios.
—Lo que queráis, vosotros tenéis que decidir, quizás el destino ha querido que estuvieseis aquí por alguna razón. De momento os podéis quedar en Hogwarts mientras yo intento arreglar el giratiempo, creo que el director Dippet buscaba a personal, puedo convencerle de que os deje quedar en el castillo.
—¿Sabiendo lo peligroso que somos nos va a dejar viviendo en un lugar lleno de gente? —preguntó un gemelo.
—Por supuesto, si os relacionáis o no depende de vosotros. A mí no me causa ningún problema esta decisión—comentó Dumbledore con total tranquilidad.
—Está bien, viviremos aquí si no hay más remedio—comenté.
—Sí, después de todo esperar a que Dumbledore lo arregle es la única forma de volver. No creo que siendo vagabundos ayudemos mucho a no cambiar las cosas—razonó un Weasley.
—Por cierto ¿Sabes quién era la mujer que vimos en el callejón Diagon? —preguntó Luna.
—Supongo que era de una secta de magia negra, últimamente están muy activas.
Mi cuerpo tembló al escuchar eso. En historia de la magia había oído hablar de las sectas de magia negra, eran grupos de personas que realizaban todo tipo de actos prohibidos. Grindelwald fue malvado, pero hizo un favor a la humanidad y por esta época comenzó una persecución para asesinar a todos aquellos seres dementes y perversos. Los magos negros creían en magia falsa creada por los muggles, concretamente en pociones que alargaban la vida si se hacía con ciertas partes del cuerpo humano, quizás por esa razón la mujer sacó una sierra en el callejón Diagon, querría utilizarla para hacer pociones. Pero también utilizaban magia autentica obviamente, una prueba eran las tres maldiciones imperdonables, pero también habían otras todavía peores que fueron eliminadas con el paso del tiempo al estar condenada con pena de muerte el mencionar como realizarlos. Había oído hablar de esos hechizos desaparecidos, uno consistía en romperte todos los huesos del cuerpo, otro te reventaba las venas principales haciendo de tu cadáver un reguero de sangre, otro consistía en quemarte vivo por dentro y otro en secar toda la concentración de agua del cuerpo. Los mortífagos siempre han intentado redescubrir esos hechizos sin éxito, a lo máximo que llegaron fue a dejar el pie de una víctima inmóvil toda la vida, parecido al antiguo hechizo de magia negra de eliminar la sensibilidad y la movilidad de las piernas.
Todavía había muchas discusiones en el mundo mágico sobre si había sido buena la existencia de Grindelwald por eliminar a ese grupo de personas. Aunque el mago oscuro jamás lo hizo con buena intención, simplemente pensaba que la manera de dejarse engañar por recetas de pociones falsas y leyendas les hacía ver muy muggles.
En todo caso, no me gustaba nada vivir en la misma época de esa gente y cada vez me resultaba todo más peligroso y siniestro.
—Pues vamos a ver al director Dippet—comentó Dumbledore—. Y recordad esto: para vuestra época, ahora sois algo más dañino que un señor oscuro.
Y con esos ánimos nos encaminamos al principio de lo que sería, seguramente, la peor época de mi vida.
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