¡Hoola a todos! ¿Me echabais de menos? Sé que no xD, lamento estar tan ausente, no es por gusto, simplemente estoy me siento bastante agobiada por temas aparte de los fanfics, concretamente por una historia aparte que su exito me ha hecho plantearme si realmente lo mio son los fanfics, y eso me deprime por que me encantan, y eso, me he agobiado... en fin, se que se me pasará, solo me tomaré unos cuantos días de descanso y volveré a la carga! De verdad lo siento, prometo no tardar :).
Os dejo con dos drabbles que pertenecen a un concurso de besos de tu OTP, la mia es ShinRan por supuesto :) Espero que os gusten mucho! y muchas gracias a todos y a todas por comentar!
Beso de buenos días
Entró en la habitación sin hacer ruído, como solía hacer siempre. No podía negar que al principio sentía unos nervios terribles en el estomago, ¿Qué explicación daría si ella lo pillase? Prefería no tener que imaginárselo siquiera, pero los días pasaron, y los meses, y quedó muy claro que la karateca tiene un sueño de lo más profundo.
Lanzó un largo suspiro, y dejó la puerta casi cerrada, para poder salir mejor en cuanto llegase el momento. Esperó hasta recuperar un poco el dominio de su propio cuerpo, y observó el lugar en el que se encontraba. La habitación de Ran era ya un espacio muy comodo para él.
Se quedó mirando la ventana iluminada por los primeros rayos del día, y después ladeo la cabeza hasta ver su escritorio perfectamente ordenado, donde reposaba la foto de los dos juntos en Tropical Land; tambien conocido como el día nefasto, pero no era el momento de pensar en eso ahora, tenía que olvidarse de sus preocupaciones aunque fuese por un pequeño tiempo.
Se trataba de su momento preferido del día, el que más le gustaba de todos, también el unico en el que podía ser el mismo sin importarle lo que nadie pudiese opinar, pues podía ser Shinichi Kudo durante escasos segundos. Sonrió levemente y pensó en lo que diría Haibara de saber lo que solía hacer cada mañana.
—¡Inconsciente! —Susurró para si mismo, imitando la voz de la pequeña cientifica, y no pudo reprimir una pequeña risotada.
En ese mismo momento, Ran se movió entre las sabanas, haciendo que el corazón del pequeño detective se parase una fracción de segundo e intentase buscar un escondite. Milagrosamente, Ran solo había cambiado de posición.
—Menos mal... —No estaba muy seguro de si el dolor de cabeza repentino que estaba sintiendo se debía a eso o al poco tiempo que le quedaba, debía darse prisa.
Miró el reloj y confirmó sus sospechas mientras bordeaba la cama de la joven dispuesto a encontrar el mejor angulo para poder subirse a ella. Con mucho cuidado, dió un pequeño salto logrado sentarse en la orilla de la cama. Ahora su corazón latía todavía más fuerte si cabe, pero lo peor ya había pasado, solo tenía que gatear hasta alcanzar la cercanía suficiente.
—"V-Veamos..." —Pensaba mientras se acercaba muy despacito, consisiguiendo ver al fin la cara adormilada de Ran.
Su corazón no podía soportar tanta belleza, era preciosa, ni siquiera el simil de Angel podía servirle, ¿Como conseguía hacerlo sentir así? Ojala lo comprendiese, pero simplemente lo sentía y ya estaba, no necesitaba más.
Apartó muy despacito unos mechones de su cara, para poder contemplarla mejor. El contacto leve le provocaba cosquilleo en los dedos, debía reprimirse mucho.
Se acercó lentamente, intentando aguantar la respiración pues podía despertarla, y se encontró con la propia respiración de la chica, extendiendole las cosquillas por toda la cara al notarlo. Dirigió entonces la vista hacia sus perfectos labios rosados, necesitando de todo su autocontrol para aguantarse.
—"No, no, no" —Se decía a si mismo cerrando los ojos, no era el momento, ni l forma, ni siquiera su propio cuerpo. —"Todavía no"
Giró la cara, y depositó un suave beso en la mejilla perfecta de su chica. Cada vez que entraba en contacto con ella de esa forma, las cosquillas se transformaban en revoltosas mariposas, y lo arrastraban hasta mundos de colores indescriptibles, haciendolo sentir completo.
Se separó con la mayor lentitud de la que era capaz y observó una ultima vez su bonita cara, hasta darse cuenta de que si seguía allí subido Ran se despertaría enseguida para ir a clase. Muy a su pesar, tuvo que bajarse.
Se dirigió a la puerta cabizbajo, pero a fin de cuentas feliz, ¡Sin momentos como ese nunca podría afrontar el día a día!
—Buenos dias, Ran —Dijo finalmente, antes de cerrar la puerta del todo y dejarla de nuevo a solas.
Ahora debía ponerse sus gafas, su ropa, y dirigirse al colegio como Conan Edogawa, pero ese insignificante beso cargado de enorme significado que acompañaría a Ran todo el día, si era de Shinichi Kudo.
Beso en la frente
El sonido de las olas batiendo contra la arena siempre le había resultado de lo mas relajante. Cerraba los ojos y dejaba de pensar en los problemas que tanto lo atormentaban, olvidaba a la organización, a su pequeño problema, y se dejaba llevar por los sentimientos y sensaciones que le daban felicidad.
Se quita la camiseta y deja a la vista sus incipientes músculos de adolescente en plena forma. Siempre ha sido un chico delgado, pero el fútbol lo había curtido bastante. Tenía que admitir que echaba de menos su cuerpo hasta el extremo de sentirse incomodo siendo tan alto otra vez.
¿Cuanto tiempo le quedaba con su propio cuerpo? Haibara había dicho que era cuestión de pocos días, tal vez de pocas horas... Y a pesar de que siempre estaba encantado con ser Shinichi una vez más, esta vez no había ni un solo motivo para serlo. No ahora que no podía estar con ella como él quería.
Se gira con pena y observa la cama donde había estado durmiendo hacía apenas media hora. Allí dormía la niña pequeña que tenía absolutamente prendado al detective adolescente, la pequeña Mei.
Sonríe sin poder evitarlo y se tumba a su lado, rodeando su pequeño cuerpo con ambas manos. No podían estar juntos ahora que ella también se había encogido, y nunca permitiría que se tomase un antídoto solo por algo tan egoísta como besarla, lo primero para él era su seguridad.
—"Pero soy un egoísta" —Confiesa mentalmente mientras hunde su cara en el pelo de la pequeña bella durmiente.
Se podría pasar horas, incluso días, abrazado a ella, aunque fuese en esa forma de niña de siete años, no le importaba, era feliz sabiendo que tenía a su lado a su otra mitad.
En ese momento, Mei empieza a moverse lentamente en la cama, girándose hasta quedar cara a cara con su detective. Nada más ver sus ojos violetas adormilados le sonríe con ternura.
—¿Como ha dormido la princesa? —Pregunta acariciándole la mejilla.
Ella solamente se ríe, con esa risa sonora que le recordaba a unas campanas. Su risa favorita en el mundo.
—Podría haber dormido mejor —Le asegura entonces, hablando por primera vez. —Si me dejases tomar el antídoto...
—No —Shinichi la interrumpe nada más notar por donde iba la conversación. —Ya hemos discutido esto.
Ran se revuelve en la cama, apartándose un tanto enfadada del muchacho. No le gustaba nada su sobreprotección, ella realmente deseaba tomarse ese antídoto y disfrutar de unos pocos días a su lado, olvidando los problemas y fundiéndose el uno con el otro para siempre.
—Ey Ran... —Le susurra en tono juguetón, intentando hacer las paces con la pequeña. —No te enfades conmigo, sabes que no lo soporto...
Y ella no soportaba estar enfadada con él y lo sabía. Lo mira brevemente y no puede evitar sonreirle, ¿Qué demonios tenia Shinichi para hacérselo olvidar todo con una mirada?
—Te perdono si me dejas tomarme una insignificante pastillita de esas... —Dice testaruda, manteniéndose en su firme convicción. —Anda...
Él la mira, y por primera vez duda. Deseaba más que nadie tener a la autentica Ran a su lado y abrazarla, ¿Pero y si había un peligro?, últimamente todo les salía mal y sinceramente, si ella se muriese él se iba detrás.
Finalmente sonríe y se acerca lentamente hacia la pequeña, quedando frente con frente, violeta contra azul, Shinichi y Ran y nada más.
—¿Qué...? —Ran no comprendía que pretendía hacer y se estaba empezando a poner tremendamente nerviosa.
Pero entonces subió hasta depositar sus labios en su pequeña frente, con suavidad y ternura infinita, provocando que se sonrojase levemente. Sin duda estaba sintiendo todo el amor del detective en ese beso tan especial, no quería que se acabase nunca.
Cuando se aparta y la mira con sus profundos ojos, Ran siente que todo está bien, que él la esperaría una eternidad, al igual que ella lo esperó durante tanto tiempo. Se abrazan sin decir nada más, y esta vez contiene las lagrimas de felicidad.
—Otra vez será —Comenta Ran al fin, sin separarse del pecho fuerte del detective.
—Si, otra vez será —Afirma él levantándola de la cama y colocandola encima suyo. —Y ese día no te dejaré ir jamás.
Ran, por su parte, gateó hasta poder colocar su cara al lado de la suya mientras él cubría a ambos con las sabanas.
—Ni yo quiero que me dejes...
Poco a poco el detective y la karateca cierran los ojos, cayendo lentamente en un profundo y pacifico sueño, donde sus almas se juntan en un mundo donde nadie puede separarlos.
