Dumbledore nos hizo esperar en la entrada del gran comedor. Todos los alumnos y profesores ya estaban cenando, era lógico porque llegamos de madrugada a esa época. El gran comedor era igual a nuestro futuro, no se diferenciaba en nada y me produjo algo de alivio sentir por unos instantes que no estaba fuera de lugar aunque era mentira. Todos los alumnos nos miraron preguntándose quienes éramos, normal, pocas veces en Hogwarts se introducía gente desconocida de fuera. Me fijé en la mesa de Slytherin y encontré a Tom Ryddle hablando con una chica, seguramente estaba explicando de que nos conocía.
Dumbledore fue a buscar a un anciano a la mesa de profesores e intercambió unas palabras con él hasta que el hombre se levantó de su asiento y comenzó a avanzar hacia nosotros. Esto hizo que también los profesores nos comenzaran a mirar, entre esos profesores pude reconocer a pesar de la distancia a Horace Slughorn con su inconfundible aspecto de morsa. Cuando llegaron hasta nosotros cerraron las puertas del gran comedor.
—Os presento al director Dippet—nos dijo Dumbledore. Entonces recordé que lo tenía visto de cuadros de Hogwarts, un hombre de piel pálida, ojos marrones y calvicie muy avanzada.
—Pero Albus ¿No crees que estos chicos son demasiado jóvenes? Normalmente los celadores son personas mayores y con experiencia—dijo el director.
—Pero son cuatro empleados y cobraran lo mismo que uno. Creo que salimos ganando contratando a unos jóvenes con ilusión. —insistió Dumbledore.
El director se mantuvo unos segundos reflexionando, al parecer no estaba muy convencido.
—Si acepto a estos chicos, prométeme que como mínimo te replantearas la propuesta del ministerio de magia de ir tras Grindelwald —propuso Dippet.
—Si aceptas, me lo pensaré pero no te puedo asegurar que acepte—contestó Dumbledore. En su semblante se formó una expresión de ira que me extraño, jamás la había visto en su yo del futuro.
—Trato hecho, es más de lo que esperaba conseguir —afirmó Dippet, después de esas palabras se dirigió a nosotros—¡Felicidades! Estáis contratados como los nuevos vigilantes y celadores de Hogwarts. Ahora os tenéis que presentar en el gran comedor.
Hubo un largo silencio tras esas palabras, el director Dippet se extrañó de nuestra reacción, seguramente esperaba que estalláramos de alegría, pero fue todo tan confuso que ninguno de los cuatro supimos cómo reaccionar.
—Muchas gracias—dijo finalmente Luna—¿Nos podría dejar pensar un momento en nuestro discurso de presentación?
El director Dippet asintió con una gran sonrisa y entro otra vez hacía el gran comedor, diciendo que lo pensáramos antes de la finalización de la hora de la cena. Tras su marcha todos explotamos de golpe.
—¡¿Somos los nuevos Filch?! —preguntó un gemelo sin creérselo.
—Si ese tal Filch es el conserje en vuestra época, exactamente—nos explicó Dumbledore—. Nuestro conserje ha enfermado y ayer se jubiló debido a eso antes de tiempo. Teníamos pensado poner hoy un anunció buscando conserje pero por suerte habéis llegado en el mejor momento.
—¿Pero usted está seguro de lo que está haciendo contratándonos a nosotros? —dijo el otro gemelo.
—Tampoco es un puesto que tenga mucha dificultad, vuestras principales y únicas misiones son tener todos los accesos de la escuela controlados y vigilar a que los alumnos cumplan las normas—indicó Dumbledore.
—¿Has contratado a Fred y a George para que hagan cumplir las normas? ¿Quieres que Hogwarts se vuelva una anarquía viejo chiflado? ¿Qué será lo siguiente? ¿Poner a Umbridge de profesora de una guardería muggle? —este viejo se había vuelto definitivamente loco.
—Tranquilo Malfoy, tenemos el record de más normas rotas en un día y en un año—dijo un gemelo sacando pecho.
—Y también somos los primeros alumnos que escapamos de Hogwarts a mitad de curso, somos los que más sabemos las diabluras que pueden hacer los estudiantes. Si nos ponemos serios seremos su peor pesadilla—prosiguió el hermano.
Dumbledore nos analizó minuciosamente, quizás estaba temiendo haber cometido un error, y seguramente no se equivocaba. Esa decisión podía suponer que le despidieran y que nunca llegara a ser director de Hogwarts, otro gran detonante para el cambio del futuro.
—Necesitamos a una señora Norris—propuso un Weasley.
—A mí me gustaría un conejo—dijo Luna.
—Yo un colacuerno húngaro—dijo un Weasley.
—¿De verdad pensáis que os van a dejar meter un dragón en el colegio?
La situación era demasiado irrealista, los gemelos Weasley los antecesores del profesor Filch. Esto no podía acabar bien y el futuro tampoco, lo raro sería que la línea temporal entera no explotase con ese sinsentido. Finalmente Dumbledore nos hizo pasar al gran comedor y al llegar a la mesa de profesores el director nos preguntó nuestros nombres, contestamos los verdaderos sin vernos con tiempo para pensar, pero obviamente no dijimos nada de nuestros apellidos, al director no pareció importarle.
—Todos tenemos un secreto que ocultar. Si Albus confía en vosotros yo también.
Tras decir esas palabras mandó callar a los alumnos.
—Os presento a los nuevos celadores de Hogwarts que vienen en substitución del señor Privet—nos hizo señas para que nos acercáramos más a su lado y entonces nos presentó señalándonos de uno en uno—. Estos son Draco, Luna y…Fred y George, con el tiempo supongo que sabremos cual es cual.
Hubo bastantes gritos por parte de los alumnos tras esa presentación. La mayoría de ellos eran a favor nuestro, se escuchaban comentarios como "tía buena", "cásate conmigo rubio" o "esos gemelos guapos". La idea en ese momento me comenzó a gustar, al parecer tener un alto cargo siendo tan jóvenes atraía. Pero al próximo o próxima que me llamé rubio le hago la maldición cruciatus.
Fred y George tras la presentación pidieron al director Dippet tener unas palabras y este les dio permiso. Los gemelos se aclararon la garganta y comenzaron a recitar las normas de la escuela.
—Como celadores os recordamos que está terminantemente prohibido entrar al bosque prohibido. Sobretodo porque después os hemos de ir a buscar y quizás en ese momento tenemos mejores cosas que hacer.
—También os recordamos que está prohibida la entrada a la sección prohibida de la biblioteca sin autorización. También está prohibido hacer cosas de pareja entre los estantes cuando nadie mira.
—Está prohibido traer ciertos animales peligrosos al colegio, sin excepción. No nos importa que vuestro troll sea clavado a vuestra madre o que no podáis dormir sin que os cante vuestra banshee.
Y así estuvieron un buen rato recitando todas las normas de la escuela con algún añadido. Sí, las decían los que más reglas habían desobedecido en toda la historia de Hogwarts con dos cojones. Los alumnos por su parte les reían las gracias y parecían encantados con ellos. Aproveché ese momento para observar mejor a los alumnos. Primero me fijé en la mesa de Slytherin y me pregunté si mi abuelo estaría cursando, sinceramente no sabía en qué época estuvo. Tom Ryddle se reía de las bromas pero captó mi mirada y se giró un momento hacía mí poniéndome mala cara, todavía estaba enfadado por mi reacción anterior. La mesa de Gryffindor la mire por encima y ya con eso tuve suficiente para saber todo lo que había allí: una panda de retrasados. La de Hufflepuff la miré rápidamente pero seguían siendo los mismos aburridos de siempre, después miré la de Ravenclaw y ahí fue cuando me quedé pálido y reconocí entre todos los alumnos la silueta de Myrtle la llorona.
—Perdone—llamé a Dippet en voz baja mientras los Weasley seguían hablando—. Cuando hemos llegado al castillo nos ha guiado un Slytherin llamado Tom Ryddle ¿A qué curso va? Es para agradecérselo después.
—¡Oh! Tom Ryddle es un estudiante de séptimo curso. Un buen alumno sin duda, no creo que os cause ningún problema.
Eso no fueron buenas noticias. Fred y George terminaron el discurso y el gran comedor se inundó de aplausos. Tras eso el director nos presentó a todos los profesores de uno en uno pero no presté mucha atención y solo di la mano automáticamente, ni siquiera escuché sus nombres. Simplemente esperé impaciente el momento para hablar con Luna y los gemelos, ese momento llegó cuando la mesa se alargó y cuatro sillas aparecieron mágicamente para que nos sentáramos a comer.
—¿No os resulta muy extraño que Dumbledore nos haya dado un puesto en Hogwarts siendo tan peligrosos? No se parece en nada al Dumbledore que conocemos—se adelantó a hablar Luna en voz baja para que no la escucharan los profesores.
—Simplemente Dumbledore es una buena persona—dijo un Weasley.
—Algo no va bien con él—insistió la rubia.
—Eso no importa ahora. Me acabo de enterar de que Myrtle la llorona está viva y de que Tom Ryddle va a séptimo curso —dije alterado.
—¿Y? —preguntaron los dos gemelos a la vez.
—La cámara de los secretos la abrió quien no debe ser nombrado, y por lo tanto Tom Ryddle, si es su último año y Myrtle está viva significa que este año se liberara al basilisco.
—¿Aún sigues con eso de que Tom Ryddle es quien no debe ser nombrado?
Estuve a nada de dejar de hablar en susurros y gritarle al Weasley que se fuera a la mierda, odiaba ser el único de los cuatro atrapados en ese tiempo con sentido común.
—Pero Fred, sea verdad o no, si Myrtle está viva es posible que abran la cámara de los secretos este año. Si es así podríamos estar en graves problemas.
—Nadie está en graves problemas Georgie, si se abre se informa a Dumbledore que la entrada está en el lavabo de las chicas y problema solucionado.
—Eso afectaría mucho al futuro—dijo Luna.
Luna tenía razón, mucha razón. Si la cámara de los secretos era abierta solo teníamos una opción, no actuar y dejar que Myrtle muriera como estaba planeado. Pero ese pensamiento me angustiaba ¿de verdad iba a ser capaz a la hora de la verdad de sacrificar a la única persona que me consoló esos meses de angustia? Pero también había otra pregunta ¿Iba a ser capaz de no alterar el futuro expresamente? Porque mi vista no paraba de dirigirse a Tom Ryddle, estaba fácil, demasiado fácil, solo un Avada Kedavra y todo acabaría. Esa época de terror jamás hubiera existido. Pero no he de negar que por otra parte me angustiaban esos pensamientos ¿Desde cuándo había tenido esas ganas de matar a Voldemort? Siempre pensé que había nacido para ser mortífago, incluso tenía la marca tenebrosa en el brazo que me hacía uno de ellos. Pero llevabas meses pensando si no estaba engañándome a mí mismo, quizás en el fondo jamás quise serlo.
—¿A qué viene tanto secretito? —nos preguntó Horace Slughorn—. Hablad con nosotros no tengáis miedo.
Fred, George y Luna se unieron a la conversación con los profesores, yo no, simplemente fingía seguir la conversación mientras de reojo observaba a Tom Ryddle con un gran dilema.
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—He leído que Voldemort abrió la cámara de los secretos en quinto curso, pero a mí me va mejor que sea en su séptimo curso así que esa será una parte cambiada de la historia.
