Hola chicooos ! hoy os traigo un shot SaguruxAkako con el que he participado en un concurso ! (quedé segunda por si os lo preguntáis xD) espero que os guste ^^.
Alice: Lo sé D: pero ahora ya sabes por que tuve ese parón, gracias a dios espero que no vuelva a pasar nunca más xDD muchas gracias .
Angel-laura: como me acosais con el shinmei hahahaha lo seguiré escribiendo xDDD muchas gracias .
yuu-chan: Si, después de una ilusión inocente tal vez escriba alguna cosa más con ella encogida xD gracias por comentar ^^.
Karen: holiii karen o jajajaja es que los besos son los que hay en una lista y pues hay que hacer todos los tipos xD, también hay besos que te gustarán más ya verás ajajaja! gracias por comentar!
midnightlrd: Me alegra que te gusten hahahaha :)
Maldición de Amor
Se consideraba un joven atento y educado, alguien que observa la vida pasar a su alrededor como un mero espectador ante un teatro, o eso solía decir siempre. Tenía un bonito pelo rubio oscuro, y unos ojos que reflejaban un gran misterio, algo necesario para un detective de su calibre, en definitiva, no tenía grandes motivos para quejarse.
Pero lo hacía, por supuesto que lo hacía, cuando nada ni nadie podía verlo, pues había algo que ocultaba a las demás personas y que jamás permitiría que nadie comprendiese. En su cuerpo albergaba poder, un gran poder mágico del cual había intentado huir, ni más ni menos que una maldición.
Recordaba a la perfección el día en el que la mala suerte lo acompañó. Acababa de resolver un caso muy difícil de asesinato, y la culpable resultó ser una gran bruja que aterrorizaba a medio pueblo con sus maldiciones, pero Saguru no se dejó amedrentar por ese tipo de tonterías, no creía en la magia, y la propia magia lo castigó.
—¡Jamás volverás a poder amar a nadie! —Había dictaminado la bruja furiosa, mientras la policía se la llevaba, condenandolo a una maldición de amor eterna.
Y así había sido, durante todo este tiempo, Saguru no había vuelto a sentir nada parecido a ese sentimiento que te llena el alma y te hace palpitar el corazón como si no hubiese mañana. Ahora solo sentía un hueco vacío en su interior, y vivía sin vivir, dejando a las horas pasar. Creía que vivía en una tortura, e incluso su halcón se había dado cuenta de que algo había cambiado, una parte de él se había perdido para siempre.
Se encontraba caminando por las calles de Tokio dando un paseo relajante. Había tenido un día de clases difícil y lo único que deseaba era no pensar en nada más y liberar el estrés, pero mirase a donde mirase, solo se encontraba con parejas caminando de la mano, recordándole que ellos tenían algo que él jamas podría tener.
Era increíble pensar que en toda su vida jamás se había preocupado por algo como el amor, y que ahora que sabía que nunca lo tendría, notaba al fin lo estúpido y frívolo que había sido al principio.
A su izquierda, aparecen dos compañeros de su clase, Kaito y Aoko, los cuales habían empezado a salir hacía apenas un mes. Les sonríe y ellos lo saludan con la única mano que tienen libre, parecen felices al tenerse el uno al otro, Saguru no puede evitar sentir envidia, pero todo el mundo sabe que llevaban enamorados muchísimo tiempo, así que rápidamente se le pasa.
—"Los dos han sufrido demasiado por amor" —Piensa apenado. —"Yo ni siquiera puedo sufrir".
Saguru alza la vista despejando la mente para poder observar el faro del puerto, pero esta vez es otra cosa lo que llama su atención, un destello rojo procedente de una melena que se alza a su lado.
Se acerca lentamente hasta poder identificar esa misteriosa silueta, y no le cuesta mucho descifrar que se trata de Akako, otra de sus compañeras de instituto, con la única diferencia de que ella llevaba semanas sin aparecer por clase. Su curiosidad de detective se despertó como un radar, y no pudo evitar acercarse a ella llevado por una fuerza invisible.
Su pelo largo y rojizo ondeaba con tal destreza que cortó levemente la respiración de Saguru, él cual no pudo evitar admirar aquel espectáculo tan colorido. Avanzó un poco más y miró por fin sus ojos, del mismo tono de rojo intenso, tal y como los recordaba, pero tristes, muy tristes. Su tristeza rebotó en su propio cuerpo, haciéndole sentir un malestar interior increíble.
—¿Akako-san? —Pregunta sin poder evitarlo, sin poder contenerse mucho más dentro de esa aura de desesperación.
Ella se gira y lo mira, y sus ojos se intensifican y se mueve muy nerviosa por ser descubierta precisamente allí.
—Hakuba-kun —Pronuncia lentamente, mientras retrocede unos pasos hacia atrás. —¿Qué haces por aquí?
—Solo estoy dando un paseo... —Le explica intentando descifrar que es esta aura que le deja sin respiración.
Entonces lo entiende fácilmente, es algo más simple de lo que imaginaba. Se trata de magia, su magia interior reconoce el poder que emana esta chica a kilómetros.
—Tu... —La coge de la mano y siente una electricidad que sale de la punta de sus dedos y que lo recorre de arriba a bajo. —¡Eres una bruja!
Le suelta una bofetada nada más escuchar esas palabras, provocando que finalice así su leve contacto.
—No vuelvas a pronunciar algo así —Dice cabreada. —No aquí, delante de cientos de personas.
Saguru no comprende nada, pero no se va a amedrentar, pues el poder de Akako puede ayudarlo a recuperar esa parte de él que creía perdida.
—Necesito de tu poder, Akako-san —Dice olvidando de nuevo el sitio en el que se encuentran. —Necesito que me libres de esta maldición.
Ella lo mira a los ojos con intensa profundidad, leyendo en su interior, pero rápidamente los aparta al comprender el poder que alberga Saguru en su interior.
—Imposible... —Susurra agitando su cabello —Es magia demasiado poderosa, un conjuro maligno.
Pero él no tiene pensado rendirse asi que la toma otra vez de la mano, y de nuevo, esa electricidad anterior lo invade por completo.
—Vaya... —Akako también parece notarlo, pero a ella no le asombra. —Yo no puedo...
—¡Si puedes! —Exclama muy esperanzado. —Confío en ti plenamente, inténtalo por favor.
Akako lo mira a los ojos, y siente que se derrite como si fuese de chocolate. Sabe que no hay nada que pueda negarle a este detective que ahora tiene a su lado. Últimamente no deja de pensar en él, en desear estar con él, y por eso ni siquiera ha pisado el instituto, pero no podía decírselo, no ahora que sabía que Saguru jamás podría amar a nadie.
—E-Esta bien... —Accede finalmente con pesar. —Lo intentaré...
La sonrisa de felicidad del detective es tan intensa que no puede evitar sonrojarse un poco, pues se la dedica a ella, es solo para ella.
—Será mejor que me acompañes a casa —Le indica la pelirroja mientras empieza a caminar. —Necesitaremos varias sesiones, se trata de magia muy poderosa.
Saguru, por su parte, la acompañó muy interesado, escuchando todo lo que ella tenía que decirle sobre maldiciones. No sabía el porqué, pero a su lado se sentía de una forma especial, con una serenidad que no había sentido nunca antes.
Los dos días siguientes los pasaron juntos, mientras Akako se concentraba en hacer ciertos rituales que le asustaban un poco, pero cuando salía de su casa, se sentía un poco más lleno. El tiempo pasaba, las sensaciones se intensificaban, pero Akako se sentía muy frustrada, pues no lograba hacer desaparecer esa maldición, o eso creía ella.
—No te preocupes, Akako —Saguru intentaba consolarla como podía, ahora incluso se llamaban por sus nombres.
—Juro por lo que más quieras que conseguiré liberarte —Asegura levantándose del suelo, fijando su mirada en la del detective.
Akako ya lo había asumido como algo personal, y Saguru no sabía como decirle que ella ya lo había conseguido, había logrado liberarlo de esa maldición tan poderosa con una sola mirada de esos ojos penetrantes que volvían al chico literalmente loco. Akako había hecho por él en una semana más que nadie en años, lo había enseñado a amar.
—¡mañana lo conseguiré! —Aseguraba la pelirroja mientras guardaba sus cosas sin saber lo que pasaba por la mente del detective.
Entonces se le ocurre algo, una forma de poder expresarle a su nueva amiga el torbellino de sentimientos que albergaba en el pecho. No pensaba desaprovecharlo.
—Akako, ¿Que te parece si esta noche vamos a cenar a algún sitio? —Le pregunta, captando su atención. —Para agradecerte todo lo que haces por mi.
Ella intenta negarse, pero él no se lo permite, tiene que aceptar si o si, pues lo que debe decirle esta noche a la chica es lo más importante que ha hecho nunca.
Corre a su casa y se cambia lo más rápido posible, poniéndose sus mejores galas: Un traje negro con camisa blanca y una corbata roja en honor a los ojos de su bella acompañante. Nota los nervios corriendo por sus venas, nota el palpito de su corazón latiendo con fuerza. La quiere demasiado y es consciente de que lo hace muy feliz.
Se mira levemente en el espejo y sale corriendo en dirección a la casa de la chica. Ella ya lo esperaba vestida con un elegante vestido negro carbón con pequeños brillantes por toda la tela. Llevaba un hombro al descubierto y el otro tapado, y en su cuello, un bonito collar plateado daba el ultimo toque perfecto. En cuanto a su pelo, lo llevaba totalmente rizado, cayendo graciosamente sobre sus hombros.
—¿Cómo has conseguido arreglarte tanto en tan poco tiempo? —Pregunta Saguru totalmente sorprendido por su belleza.
Ella se acerca a él sonriendo y lo toma del brazo. Está muy feliz de estar así a su lado.
—Bueno, despues de todo soy una bruja, ¿Cierto? —Le recuerda utilizando sus propias palabras.
Los dos se ríen y se dirigen al restaurante que Saguru ha elegido para pasar la noche en su compañía. No comprende por que tiene este detalle con ella, pero no puede negar que está encantada, ojalá Saguru pudiese sentir lo mismo.
Nada más entrar en el interior no puede disimular su asombro. Se trata de un precioso restaurante con un estilo muy elegante, todo parece estrategicamente bien colocado, y las mesas, con manteles azul oscuro y unas bonitas velas encima, se encuentran pegadas a unos grandes ventanales que muestran unas preciosas vistas de la ciudad. No puede ser más romántico.
Se sientan y el camarero no tarda en traerles la carta. Los dos eligen lo primero que encuentran si prestar atención realmente, pues solo desean disfrutar de la compañía del otro en secreto.
Saguru intenta concentrarse en decirle a la pelirroja todo lo que siente, todo ese remolino de sensaciones en su estomago que ha conseguido llenar su vacío corazón, ¿Pero como? Era muy inexperto, y si la chica lo rechazaba sabía que la maldición volvería, y lo haría para siempre.
La cena pasa y los dos se concentran en comer y en comentar cosas graciosas que le han pasado, o simplemente hablar sobre la maldición.
—Akako necesito decirte algo importante —Saguru se lanza por fin, y los nervios lo recorren de arriba abajo.
Ella simplemente alza la vista y lo mira con curiosidad, esperando expectante lo que él debe decirle.
—Verás... yo... —Su voz se entrecorta y siente que empieza a sudar.
Se queda callado y la pelirroja empieza a preocuparse por su acompañante creyendo que está enfermo. Toma su mano e intenta leer en su interior por si se trata de algo grave, pero entonces descubre otra cosa que la deja parcialmente helada. Suelta su mano y retira su silla hacia atrás del susto.
—T-Tu... —Lo mira con asombro, sin comprender como podía haber pasado. —¿Desde cuando estás curado?
Saguru sonríe, y entonces comprende cual es la mejor forma de explicarle lo que siente.
—Desde la primera vez que vi tu sonrisa —Con una sola frase nota como el rubor aparece en las mejillas de su acompañante, hecho que lo invita a continuar. —No sé como lo has hecho, pero ni siquiera el hechizo más poderoso ha impedido que me enamore de ti.
Akako se queda tan asombrada que se siente incapaz de hablar, pero sus ojos deciden hacerlo por ella, y empiezan a soltar pequeñas lagrimas de felicidad. Él, por su parte, la toma de la mano y la ayuda a levantarse de la mesa, aun siendo consciente de donde se encuentra, no puede evitar hacerlo, y finalmente une sus labios con los de ella en un profundo beso de amor.
Los últimos rescoldos de esa maldición espantosa desaparecen de su cuerpo nada más entrar en contacto con los labios de Akako, y el amor tan intenso que siente por ella se manifiesta abiertamente. Por una vez en su vida se siente completo, y todos esos años de soledad desaparecen de su mente con una facilidad asombrosa.
Ya no le importaba lo que pudiese pasar desde este momento, y mucho menos se atrevería a enfrentarse a la magia nunca más, no ahora que había encontrado, al fin, su otra mitad.
