P.O.V George

La estancia del conserje era bastante grande, había una sala enorme parecida a la sala común y cinco habitaciones más sin contar el lavabo. Estaba muy bien para cuatro personas y no entendía como se podía quejar tanto Filch de sus condiciones de vida, para él y la gata esto tenía que ser como un palacio de grande.

Mi hermano y yo fuimos de un lado a otro investigándolo todo. Malfoy estaba en un sofá de la sala central refunfuñando y Luna estaba correspondiendo con una sonrisa a todos nuestros comentarios. Descubrimos que una habitación era el despacho de Filch al que tantas veces habíamos ido castigados, nuestros ojos se iluminaron al ver los archivadores de los objetos confiscados. Antes de que se pudiera decir "quidditch" un gran número de petardos confiscados comenzaron a sobrevolar toda la estancia. Malfoy no tardo ni un segundo en sobresaltarse y con un hechizo rápidamente hizo explotar todos los fuegos que habíamos encendido para nuestra desgracia.

—Que poco sentido del humor tienes—dije consternado.

—¿Poco sentido del humor? Estoy con unos chiflados encerrado en una alacena de mierda y en un pasado en el cual NO quiero vivir.

—¿Alacena? Si este lugar es enorme ¿Estas ciego? —le pregunté seriamente.

—Imagino que vosotros lo veréis grande porque lleváis toda la vida habitando una pocilga, pero yo no.

—Cuida tu lenguaje Draco, recuerda que dormiremos los cuatro juntitos y que productos Weasley vendía gran cantidad de productos para fastidiar a personas mientras dormían—le avisó Fred con un falso tono de cariño.

—¿Me estas amenazando? No servirá de nada antes de que lo consigáis os corto la mano y los huevos a los dos. Al lado del señor oscuro, bueno, de los señores oscuros porque para colmo ahora son dos y del basilisco, vosotros no sois ninguna amenaza.

—Que pesado estas con el basilisco, es Dumbledore, seguramente tendrá arreglado el giratiempo en menos de una semana.

Lo decía totalmente convencido porque en verdad eso quería creer. No quería poner en peligro el nacimiento de mis hermanos si es que no lo había jodido ya, tenía que volver cuanto antes al futuro. Además, Fred y yo estábamos cumpliendo nuestro sueño, un imperio de artículos de broma. Perderlo por ese endemoniado cacharro y cambiarlo por una vida aguantando las quejas de Malfoy era peor que un concierto de ópera de Snape.

—¿Sabes qué Draco? Tengo una idea para solucionar tu miedo de que se abra la cámara secreta—dijo Fred, pero yo no pillé en se momento que quería decir.


—…

Kikirikiiiiiiii

—Eso es un gallo—dijo secamente Malfoy.

—Exacto—dijo Fred. Nos había traído a los tres junto al corral de aves.

—¡¿Te estas quedando conmigo?! —gritó, a mí ya me estaba dando un buen ataque de risa.

—En ningún caso. El canto de los gallos mata a los basiliscos, eso lo sabe todo el mundo. Venga ¿cuál te gusta más? Lo llevaremos a nuestra habitación y así ningún basilisco se acercara a ti.

—Prefiero al basilisco que a una de estas estúpidas aves—gruñó Malfoy.

—Pero si son bonitos—me quejé—¿A que sí Luna?

Luna se encontraba alejada de nosotros acariciando el aire al parecer.

—Ahora voy con vosotros—nos dijo tranquilamente—. Cuando acabe de jugar con mis amigos Thestrals.

Me pregunté en ese momento si el apodo de "lunática" estaba bien puesto, a pesar de eso no me caía mal. Malfoy suspiro y dijo "la sigo viendo más normal que a vosotros y a vuestra familia" pero después de eso uno de los gallos se abalanzó sobre él y comenzó a picarle.

—¡Quitádmelo de encima! —chilló.

—¡Ese gallo me gusta! —concluyó Fred.

—Como odia a Malfoy le llamaremos señor Harry Norris y será nuestra mascota. Le adiestraremos para que cante cuando vea a un alumno haciendo algo que vaya contra las normas—propuse.

—¡Ni se os ocurra! —protestó Malfoy

—¿Crees que un gallo atacando a Malfoy cambiara el futuro? —pregunté a Fred con una gran sonrisa en la cara.

—No lo sé, pero valió la pena.


Volvimos por los pasillos después de librarnos del gallo justo cuando empezó a atardecer. Malfoy iba gruñendo y Fred y yo nos reíamos de él por detrás. Luna simplemente nos seguía por detrás dando saltitos. Todos los alumnos nos miraban sorprendidos, definitivamente no éramos un grupo normal y se entendían todas aquellas miradas, más si éramos los nuevos conserjes del colegio. Por el camino nos encontramos a un grupo de Slytherin peleándose con otro de Gryffindor, lo típico. Había dos alumnos en concreto chillándose como locos, un Gryffindor pelinegro y un Slytherin rubio. La conversación fue a más y el Gryffindor finalmente empujó con fuerza al Slytherin de tal manera que impactó contra Malfoy que pasaba por allí y los dos cayeron suelo. Hoy definitivamente no era el mejor día de Draco Malfoy.

—¡Eh tú! —llamé la atención al Gryffindor para echarle bronca. Me había metido en el papel de Filch al completo irónicamente, a Fred no pareció gustarle ese tono siendo de nuestra casa—¿Cómo te llamas?

—Fleamont Potter señor—me dijo con la voz temblando. Me resultó extraño que me llamaran señor y más el apellido de ese chico.

—¿Y tú? —preguntó Fred al Slytherin que ya se levantaba del suelo junto a Malfoy.

—Abraxas Malfoy—contestó el chico altivamente.

Bueno, el pasado y el futuro después de todo no eran tan diferentes. Creía que Malfoy iría directamente hacía ese Fleamont Potter y le chillaría en toda la cara, mal asunto porque era nuestro primer día y lo último que necesitábamos era una pelea de uno de nosotros con un alumno, pero no fue así.

—Bueno, como me han hecho gracia vuestros nombres os perdono, pero que no vuelva a pasar—dije pero al parecer les sentó mal mis palabras a los dos. Pensándolo bien era obvio, ellos no sabían que lo decía por sus seguramente nietos y Fleamont y Abraxas eran unos nombres que seguramente recibirían más de una burla por día.

—Lo siento—dijo Fleamont Potter a Malfoy, "mala idea" pensé, pero Malfoy hizo algo inesperado.

—No pasa nada, vigila la próxima vez por favor—le dijo y tras esas palabras se alejó dejándonos a Fred, a Luna y a mí estupefactos. Ese no era nuestro Draco Malfoy de siempre.

¿Qué planeaba?


Finalmente llegó la noche, Dumbledore había venido a nuestra habitación a ofrecernos ropa y aceptamos gustosamente, excepto Malfoy que tuvo que poner pegas porque no era de marca.

Teníamos los cuatro mucho sueño, sobretodo por las emociones vividas ese día, pero como parte del personal de Hogwarts nos tocaba lamentablemente hacer la maldita ronda nocturna. Dumbledore nos dio una hoja con nuestros horarios y las zonas que teníamos que vigilar. Malfoy al ver la hoja gritó de alegría y Luna sonrió, obviamente porque ellos esta noche dormían y a mí y a mi hermano nos tocaba hacer el turno de vigilancia hasta las cinco de la madrugada.

—Bueno, pues yo me voy a dormir en mi calentita y cómoda cama, que os vaya bien—nos dijo Malfoy, Fred le contestó cogiendo un cojín del sofá y lanzándoselo pero el rubio lo esquivó en el último momento y cerró la puerta de la habitación entre risas.

—Lo peor es que nos toca en sitios diferentes la vigilancia, juntos sería más divertido—dije a mi hermano gemelo.

—No te quejes, a ti te toca la sala de envíos, algo entretenido. A mí me tocan las mazmorras, por lo menos quizás pillo algún Slytherin y le resto puntos, entonces Malfoy no se reiría tanto.

Lo más seguro es que más adelante Fred y yo enviáramos a la mierda al plano y vigiláramos juntos lo que nos diera la gana, pero siendo el primer día no nos queríamos arriesgar y por primera vez seríamos obedientes. La verdad es que no me quejaba del sitio que me tocaba, la sala de los envíos era el sitio donde iba a parar todo lo que enviaban a Hogwarts los familiares y amigos de los estudiantes. Por decirlo de alguna manera, allí se encontraban las cartas de las lechuzas que llegaban entrada la noche y los objetos que pedían los alumnos como material para clase, ropa y regalos de cumpleaños. Mis hermanos mayores y Ron que lamentablemente eran prefectos todos, nos solían decir lo maravilloso que era ese lugar por lo que podías encontrar y porque te podías llevar algunos artículos abandonados. Lo que no sabían es que pese a la vigilancia Fred y yo nos habíamos colado más de una vez.

—Ten cuidado con el basilisco—me dijo Fred en broma cuando se despidió de mí.

El lugar estaba como en el pasado, solo que los artículos se veían más antiguos, seguramente cualquier propietario de un anticuario vería en eso el paraíso. Me esperaban cinco largas horas de vigilancia pero en ese sitio no iba a estar tan mal.

SCHIAAAAA

O me equivocaba.

Escuché ese ruido y me asusté, era como un siseó fuerte y las palabras de Fred de "ten cuidado con el basilisco" inmediatamente me produjeron temor, hice lumos y avanzando hacia dónde provenía el ruido recé para que las palabras de mi gemelo se quedaran en lo que eran, una simple broma.

Cuando giré una esquina formada por cosas apiladas, no pude creer lo que veían mis ojos, delante de mí se encontraba Tom Ryddle tumbado en el suelo con los ojos abiertos e inexpresivos, mayor fue mi sorpresa cuando el cuerpo comenzó a cambiar de forma hasta convertirse en mi hermano gemelo. Fred estaba cubierto de sangre y pálido. Me agaché a toda velocidad para agarrar el cuerpo, le gritaba que reaccionara como un loco, pero no respondía. Fue en ese momento cuando un rayo de luz impactó contra mi cuerpo y provocándome poco dolor me desplazó unos cuatro metros obligándome a soltar el cuerpo de Fred. Antes de poder reaccionar unas manos me sujetaron y me empujaron para que corriera, pero yo me negaba.

—No puedo dejar a Fred solo—gimoteé.

—¡Es un boggart! —me gritó la voz de Tom Ryddle— ¡No es tu hermano!

Procese esas palabras y una gran sensación de alivio recorrió todo mi cuerpo y mire hacia atrás encontrándome cerca del cuerpo de mi hermano un reloj de carillón con la ventanilla abierta. Cuando verifiqué que tenía razón le hice caso y comencé a correr.

Cuando por fin estuvimos lo suficiente lejos, rompí a llorar más. Me sentía quebrado y todavía notaba el miedo recorriéndome todo el cuerpo. Recé con todas mis fuerzas para que Fred no apareciera en cualquier momento, tampoco quería que aparecieran Luna o Malfoy, no quería que nadie viera a uno de los gemelos Weasley llorando de esa manera, algo impensable.

—¿A quién se le ocurre encargar un boggart? —dijo Tom visiblemente enfadado.

—¿Qué haces aquí? —pregunté, aunque en verdad no me importaba, pero necesitaba decir algo.

—Soy prefecto, también hago ronda nocturna—me dijo y me eché bronca mentalmente, era obvio—¿Nunca habías visto un boggart?

—Sí. Pero jamás se había transformado en mi hermano, al igual que Fred siempre se transformaba en…bueno, no importa—iba a decir "quién no debe ser nombrado", pero no tenía sentido decírselo a alguien de esa época.

—Los boggart cambian de forma igual que nuestros miedos—me comenzó a relatar—. Cuando eres un niño o un adolescente sueles ver a animales o personas que te producen verdadero temor porque tú crees que no puede haber mayor miedo que ese. Pero, en la gran mayoría de casos cuando una persona alcanza la madurez o pierde a un ser querido, su mayor temor es la muerte y sobretodo si implica a las personas que más quiere.

Me quede mudo pensando ¿Cuándo había cambiado mi miedo de esa forma? Quizás fue por culpa de esa pesadilla que lamentablemente tuve meses atrás. En ese sueño estaba peleando en Hogwarts contra personas desconocidas, y llegado un momento que recuerdo borroso, me encontré en el gran comedor con el cuerpo muerto de Fred y todos mis hermanos llorando a su alrededor. Me desperté temblando aquella noche y con el rostro empapado de lágrimas, obviamente jamás se lo dije a Fred, porque se reiría de mí y le quitaría importancia para tranquilizarme, pero quizás a partir de ese momento mi miedo se instaló.

—¿Tú cadáver era tu boggart? —le pregunté con interés, mi voz aún se entrecortaba entre sollozos.

—Sí ¿Te resulta un pensamiento malvado tener como primer temor a tu propia muerte? —Me quedé pensativo, por una parte quizás parecía narcisista ese miedo, pero por otra lo veía como un miedo muy comprensible.

—¿Estaba dentro de ese reloj no? —pregunté cambiando de tema.

—Sí, eso es lo peor. Un boggart se suele ocultar en espacios más grandes como armarios y roperos, pero en relojes de carrillón o sitios de espacio similar es muy complicado. Ese boggart no estaba ahí por casualidad y no es normal traer algo así a Hogwarts.

Tom paró un momento la explicación y me entregó una hoja donde podía leerse "Reggne Johnson. Hufflepuff"

—Esta era la tarjeta que acompañaba el envío. Dejo en tus manos descubrir al culpable nuevo y misterioso guardián de las llaves de Hogwarts.

—¿Misterioso?

—Sí, muy misterioso. Eres muy joven pero aun así me has asegurado que estudiaste en Hogwarts y fuiste a la casa Gryffindor, no soy un idiota, es imposible que nadie te recuerde si pocos años atrás te paseabas con un hermano gemelo, llama demasiado la atención. Además, vista vuestra presentación, está claro que no sois la clase de personas que intentar pasar desapercibidas.

Me quedé callado sin saber que responder a eso, tenía razón, no tenía ninguna lógica.

—Me voy a dormir, se acabó mi turno de vigilancia—tras esas palabras, me dirigió una sonrisa victoriosa antes de desaparecer de mi vista.