Hacía rato que había dejado de escuchar la voz de mis padres y a mis hermanos, simplemente por seguir a esa criatura a ciegas y ofuscado. El reptil solo se detuvo a los pies de un encapuchado que desprendía un fuerte olor a quemado.

— ¿Cómo te llamas pequeño? —me preguntó la figura con una voz grave.

—George—conteste todavía embrujado sin tener capacidad suficiente para tener miedo.

— ¿Cuántos años tienes hermanito? —me preguntó. Mientras esas palabras salían de su boca bajo sus pies las plantas perecían de manera irreal pasando de verde a negro en cuestión de segundos. Eso me alertó.

—Tengo tres años y no soy tu hermano—exclamé tímidamente. Esa figura no era Bill, tampoco Charlie, ni Percy, mucho menos era su hermano gemelo o los pequeños Ron y Ginny.

—No somos cercanos, cierto, pero tenemos más en común de lo que crees. Dime ¿Me harás un favor pequeño ángel?

P.O.V Malfoy

—Los padres de Heather Smith han ido a buscar el cadáver de su hija esta mañana—dijo Fred con dificultad.

Mi cuerpo tembló al escuchar ese nombre, todavía no estaba preparado para escucharlo sin tener sentimientos de miedo o culpabilidad, sobretodo aunque parezca egoísta predominaba el miedo. No habíamos hecho nada importante o fuera de lo común desde nuestra llegada al pasado, y a pesar de eso habíamos hecho lo suficiente como para causar una muerte y atraer Dementores. Lo peor, eso no era lo único que estaba mal en mí, mi cabeza también tenía problemas graves e incluso afirmaría que había caído en la locura ¿la razón? Desde el día anterior no había dejado de pensar en la cara desencajada de Ryddle, mejor dicho, de Voldemort.

¿Le tenía lastima a él? No, no era eso, simplemente tenía la sensación de que esas lágrimas me afectaban a mí, que esos gritos habían sido pronunciados para herirme. No tenía ningún sentido pero por un momento me sentí conectado a él, lo peor, cada vez que me venía la cara de Ryddle a la cabeza por alguna razón también me venía la de San Potter. Ni en un viaje temporal a antes de su nacimiento me libraba de esa incomoda presencia.

—Me dan pena los padres—dijo George—. La escuela dará la culpa al ministerio y el ministerio a la escuela, estarán así hasta que todo el mundo mágico menos los familiares se olviden. Seguramente la vida de los padres ya está arruinada porque jamás saldrán culpables por el asesinato de su hija.

—Bueno, para nosotros mejor, eso significa que Hogwarts no cerrara—dijo Fred.

—No es muy ético decir eso teniendo en cuenta las circunstancias—reprochó George.

—Fred tiene razón—dije con desgana—. Puede resultar cruel alegrarse de esas cosas pero si cierran Hogwarts las cosas podrían empeorar para nosotros y el futuro.

Termine esa frase clavando la vista a la mesa donde estábamos sentados, esperando una respuesta que no llegaba. Me extrañe pero unas leves risas me obligaron a mirar a los gemelos, la frase que vino a continuación fue la menos esperada.

— ¿Has dicho Fred? —me dijo el mismo Fred.

— ¡Claro que he dicho Fred payaso! ¿Desde cuándo he de pedir permiso para pronunciar tu nombre? —exclamé enfadado.

— ¿Sabes quién es Fred y quién soy yo?

Tras comprender lo que me querían decir, mi rostro se enrojeció violentamente. No me había dado cuenta de que sabía quién era Fred y quién era George, en verdad no sabía ni como me lo hacía para diferenciarlos, no podía decir ninguna diferencia física, pero estaba claro que mi cerebro sí había descubierto una y no me quería dar esa información.

Los ojos de los gemelos seguían fijos en mí, con una sonrisa maliciosa esperando a mi respuesta, pero no sabía que contestar para huir de eso. Por suerte Luna, a quien estaba empezando a adorar, interrumpió el momento.

— ¿Se han dicho las causas de la muerte? ¿Se sabe de alguna razón por la que quisieran acabar con su vida?

—En un principio no han descubierto las causas, pero quizás lo saben y no lo quieren hacer público por alguna razón, tendríamos que presionar a los profesores—informó George, por suerte el cambio de tema había salido bien—. Sobre si alguien quería acabar con su vida, lo mejor será conseguir más cercanía con los alumnos para saber si tenía algún enemigo.

Querer acercarnos a los alumnos era una mala idea, si de verdad quisiéramos ayudar nos hubiéramos quedado en un rinconcito calladitos y sin llamar la atención hasta que Dumbledore arreglara el giratiempo, así cambiaríamos la vida a pocas personas. Pero era obvio que la curiosidad era más fuerte que la razón después de lo ocurrido, además, gran parte del daño ya estaba hecho ¿no?

Unos golpes en la puerta finalizaron nuestra conversación. Luna abrió y lo primero que vi fue a Ryddle, justo la última persona que quería ver en ese momento, nuevamente la imagen de San Potter me vino a la cabeza y me maldije internamente por ello. Las gemelas y Lamia también estaban con él.

— ¿Estas mejor? —preguntó Luna mirando a Lamia que asintió tímidamente.

—Gracias por venir a rescatarme el otro día—dijo la gemela sin la cicatriz, creo que era Dark—. Por mi culpa no solo puse en peligro a mi hermana y a mis amigos, también a vosotros y eso que no me conocíais.

—Hemos cocinado galletas para vosotros para agradecer vuestra ayuda, sé que es muy cutre pero debido al mago oscuro es muy difícil traer algo del exterior de Hogwarts y no sabemos vuestros gustos. Lo único que se nos ha ocurrido ha sido convencer a los elfos para que nos dejaran utilizar la cocina—explicó Lamia.

Dark abrió una pequeña cesta llena de galletas, tenían muy buena pinta y los gemelos no tardaron en abalanzarse para comer algunas, después cogimos Luna y yo. Estaban realmente deliciosas, no se podía negar.

— ¿Qué harás Light? —pregunto Dark a su hermana, pero la gemela de la cicatriz simplemente contestó negando con la cabeza. Me fije que tenía algo escondido en la espalda, pero no le di importancia.

—Obviamente no solo os entregaremos galletas—comunicó Ryddle—. También os queríamos invitar a una fiesta de la casa Slytherin para celebrar el cumpleaños del barón sanguinario mañana. Sé que suena algo cutre la fiesta de un fantasma, pero aprovecharemos eso para hacer un torneo de quidditch entre grupos de alumnos de Slytherin, el director nos ha dado permiso para utilizar el campo.

—Es que no sé si es bueno que los demás alumnos nos vean tan relacionados con una casa, podrían creer que tenemos preferencias—dijo Fred.

Los gemelos Weasley y yo nunca habíamos sido cercanos, al contrario, pero los conocía lo suficiente para saber que ignoraban las opiniones ajenas y que adoraban el quidditch. Solo había una razón que les impidiera asistir a ese evento y era su odio hacía Slytherin.

—No importa, a los próximos eventos de las otras casas asistiremos para compensar y ya está—dije recibiendo a cambio una mirada de reproché de Fred, pero no podía desaprovechar la oportunidad de ver a Weasleys en territorio enemigo—. Justo antes estábamos hablando de que queríamos ser más cercanos al alumnado.

— ¿Vosotros participareis? —preguntó Luna ignorando nuestra pelea en silencio.

—Yo no puedo porque soy capitana y cazadora de Slytherin, los del equipo oficial no podemos participar para no desequilibrar el torneo, pero haremos una exhibición—dijo Lamia—. Tom sí que participara pero no tiene equipo de momento, intentaré proponer que os dejen jugar para hacer equipo con él, sois jóvenes así que no creo que tengan inconvenientes.

Genial, iba a jugar un partido de quidditch con el señor oscuro, bonito evento para añadir a mi lista de cosas que hacían mi vida actual una autentica mierda. Tenía ganas de saber el nombre del equipo ¿"Los mortífagos"? ¿"Los Avada Kedavra sin rumbo"? ¿"Las marcas tenebrosas voladoras"?

— ¿Vosotras no participáis? —preguntó George a las gemelas.

—El quidditch es un deporte sobrevalorado y estúpido en el que juegan siete jugadores de los cuales seis sobran porque solo dependen de que uno coja una pelotita. Es un deporte para magos con cerebro de trol—contestaron las dos al unísono. Lo dijeron de tal manera que no sabía si reírme o enfadarme.

—Por cierto Draco, me gustaría que olvidases lo del otro día—me dijo Ryddle—. Es algo incómodo para mí.

Lo dijo con un hilillo de voz de tono avergonzado que me sorprendió. Nuevamente la imagen de San Potter me vino a la cabeza ¿Qué rayos me estaba pasando?

¿Las cosas en verdad podían ir peor?

En la sala de los menesteres

P.O.V ?

— ¿George? ¿Te refieres al conserje nuevo? —preguntó atónito una voz de chico.

—Sí, es algo arriesgado pero quizás nos puede servir de peón, lo he visto en sus recuerdos—afirmó una voz de mujer apagada.

Esas dos personas estaban sentadas jugando una partida de ajedrez. La chica sacó su varita e hizo aparecer un peón blanco en el tablero.

—Te recuerdo que nos faltan la reina negra y la reina blanca, sin esas piezas es imposible comenzar el juego.

—Creo que encontré a la reina blanca, ahora solo hace falta confirmarlo. En cuanto a la reina negra hay una manera de obtenerla.

— ¿Cuál es esa manera? Quedamos en que era imposible—recordó el joven con la voz temblorosa, era algo que deseaba pero que a la vez le costaba de afrontar.

—Es sencillo, volver a uno de los peones en la reina, es algo fácil de conseguir cuando un corazón ya está corrompido. Cuando eso pase, encontrar al peón restante será fácil.

—Y la partida…

—Estará completa.

Y las dos reinas aparecieron por arte de magia en el tablero.


-Siento mucho el haber tardado en actualizar, he estado deprimida este último mes y no tenía fuerzas para escribir, pero ya esta solucionado y estoy bien. Intentaré compensar subiendo otro capítulo muy pronto.