Nota: Este es el primer día del Reto Fanfickers de la página de FB Lo que callamos los fanfickers.

Día #1: Drabble de tu personaje favorito.


Si había algo que hería el ego de Tony Stark, era el no poder resolver una cuestión en segundos. Es decir, con su inteligencia era capaz hasta de crear armaduras e inteligencias artificiales. Entonces, ¿por qué demonios parecía olvidarse de todo al momento de observar la sonrisa de Steve con esos estúpidos puntitos a sus costados?

Era alguna especie de truco, magia negra como la que utilizaba Loki. Ni siquiera la sonrisa de Pepper le causaba eso, aunque bueno, ella no tenía hoyuelos. Debía ser por eso, ¿cierto? Porque cuando el Capitán reía, esa tonta mueca se formaba a los costados de sus labios.

Y ahora que lo tomaba en cuenta, sus labios eran extremadamente rosas. O utilizaba brillo labial o...no sabía, no sabía por qué se veían tan apetecibles. Cuando se trataba de Rogers no tenía respuestas, no encontraba soluciones ni comprendía sus reacciones. Eso le molestaba, le hacía pensar que su brillante mente no servía. ¿Lo peor? No estaba lejos de la realidad.

Estaba al tanto de que, cuando se trataba del corazón, ni las más ingeniosas tácticas o pensamientos de la mente podrían influir en algo. Era el corazón el que tomaba las riendas del cuerpo, el que decidía qué hacer; sin embargo, cuando aquello no pasaba y la cabeza actuaba, todo salía mal.

Y le frustraba. Su metálico corazón no sabía qué hacer.

Por eso mismo decidió terminar con aquello en una de sus tantas platicas con JARVIS; porque sí, su creación debía ayudarle a comprender unas cuantas cosas. Pero cuando salió del taller y se encontró con la imagen de un dormido Capitán América en el lujoso sofá, pensó que —tal vez— sería mejor dejarlo pasar.

—Algo está mal en mi —admitió en un tenue susurro, terminando de servirse un vaso de whisky. Se acercó a pasos lentos a Steve, quitando la libreta de dibujos del pecho de éste.

Su mirada chocolate se perdió en el rostro ajeno y, luego de apurar el trago, juntó el valor para inclinarse y deslizar su índice por las mejillas del Capitán. Eran tan suaves como la piel de un bebé, un contacto por demás agradable.

Rogers, en medio del sueño, sonrió. Y Tony volvió a sentir el aceleramiento de su respiración; estúpidos hoyuelos.