Hola de nuevo :)

Aquí les traigo el segundo capítulo de este fic, como ando de ociosa, puedo adelantar la historia. Ésta parte es un poco más larga ya que explico como la protagonista llegó al bosque. Muchas Gracias por leer, por dejar sus comentarios y aunque no los dejen, también les agradezco. Ambas situaciones me alegran el día :3

Saludos :)

Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo sólo escribí la historia por puro gusto y diversión.


Capítulo 2: Encuentro

Los portales tiempo/espacio existen. Pueden estar en cualquier sitio y son intermitentes en sus periodos de apertura y cierre. Pero no todos tienen la suerte o desgracia de encontrarse con uno de ellos.

El día era brillante y el ambiente estaba fresco, sin lugar a dudas sería un paseo entretenido en esa zona tan bella. Diana había planeado una excursión junto con sus amigas a un parque turístico. Parte del recorrido incluía el área de unas cuevas donde se esculpían, de manera natural, curiosas figuras en las rocas.

"Se dice que éstas cuevas guardan algunos secretos y en especial una de ellas, que alberga una enigmática leyenda. La cueva de la Luna tiene mala fama, algunos dicen que está cerrada a los pocos metros de haber entrado. Otros aseguran que el túnel se extiende más lejos y que se escuchan voces distantes. Y unos más, que han seguido el camino, jamás han regresado para contar la verdad"

Esa era la explicación que se encontraba afuera de la extraña gruta, cuya entrada tenía la forma de una luna menguante.

–Son tonterías, es una cueva común y corriente– dijo una de las tres mujeres.

–Seguro que es para atraer al turismo– le contestó otra.

–Sí, tienen razón, pero no deja de ser enigmática– terció Diana.

El trío de amigas observaba la entrada que estaba limitada por una cinta roja con un texto de prohibido el paso.

–Oye Diana, a que no te atreves a meterte y tomar unas fotos– le dijo una de sus compañeras.

– ¡Ya se!, vamos a hacer una apuesta de volados y quien pierda, entra a la cueva. Sólo unos metros y que se regrese sin hacer nada más– terminó por decir la otra chica.

Era un juego tonto, así que terminaron por aceptar las demás, ya que al no haber más gente en ese momento, se facilitaba la travesura. La moneda giró en el aire, el conteo de puntos fue descendiendo de tres a dos y después quedó la perdedora, Diana. La mujer tragó saliva mientras pasaba por debajo de la cinta, no había vigilancia, así que sería fácil.

Sus amigas esperaban en la entrada, Diana caminó varios metros mientras las veía de reojo, de pronto algo llamó su atención. Era un brillo a escasos pasos de ella, sin embargo al acercarse, descubrió un pedazo de vidrio roto sin importancia alguna. Se dispuso a dar la vuelta para regresar, cuando de la nada, sintió un ligero viento y al enfocar su mirada al fondo del túnel, se dio cuenta de que brillaba con luz natural. Entonces giró la vista para ver por donde había entrado, su corazón dio un vuelco y sintió una opresión en el estómago, detrás de ella sólo había roca sólida. El camino que apenas hace un minuto había recorrido, ya no existía.

Diana retrocedió asustada hasta tropezar y caer, tardó algunos segundos en asimilar la situación. Se levantó y caminó hacia el muro, lo golpeó con las manos y después lo pateó, pero sólo consiguió que le dolieran las extremidades.

–Debe ser una broma, no puede ser real. Seguramente me desvié del camino y las rocas me confundieron, sólo tengo que seguir la luz para salir– se dijo así misma, tratando de conservar la calma con una explicación lógica.

Caminó hacia donde brillaba la luz que delineaba la entrada con forma de luna menguante. Al salir, una fresca brisa le golpeó la cara y el sol la obligó a taparse los ojos debido a su intensidad. Cuando retiró la mano, tuvo la sorpresa de su vida, sólo había bosque frente a ella. No había cinta de prohibición, no estaban sus amigas, ya no estaba en el parque turístico.

– ¿Donde están chicas?, no me hagan sus bromitas… no se escondan… no es divertido…– poco a poco se fue quedando en silencio al caminar unos metros y darse cuenta de la realidad. – ¿Qué es éste lugar, cómo llegue aquí, si sólo caminé unos metros?–

No dejaba de cuestionarse y estaba a punto de caer en pánico, cuando vio un sendero rumbo al bosque. Comenzó a caminar, alejándose de la cueva y observando a su alrededor. Arboles, plantas, camino, cielo, nubes, etc. Todo era extraño y ajeno, definitivamente ya no estaba en su realidad. La posibilidad de que esa caverna fuera una puerta a otro tiempo y lugar se hacía más real al paso de los minutos y ella lo sabía muy a su pesar. Las historias de su madre respecto a esos portales le llegaron de golpe a la memoria, lugares que son "puentes" entre un sitio y otro, o bien, entre un tiempo y otro.

Diana recorrió por un buen rato el camino, el sol iluminaba sin problema ya que las copas de los arboles no eran tupidas, sin embargo no había nada ni nadie a la redonda y solamente se escuchaban los sonidos habituales de un bosque. Un poco más adelante, la corriente de un riachuelo llamó su atención. La mujer corrió a la orilla y con la mano tomó un poco agua, era sumamente fresca así que humedeció su cara y cuello. Dudando al principio, decidió beber un poco del líquido, ya que el recorrido la había cansado. No era una mujer deportista y el sobresalto de la cueva no ayudaba, además no traía cargando nada encima, sus amigas se habían quedado con su mochila.

Se incorporó para seguir el camino, cuando de pronto vio a alguien parado en medio del sendero. Era una niñita con una curiosa vestimenta de colores anaranjados, tenía el pelo alborotado y no dejaba de mirarla con expresión de temor. Diana quiso decirle algo, pero lo dudó por unos segundos. Inmediatamente la chiquilla salió corriendo rumbo a unos arbustos.

– ¡Espera niña, por favor, necesito ayuda!– gritó Diana y fue siguiéndola lo más rápido que pudo.

De pronto, al atravesar los matorrales, vio a la pequeña junto a otro ser que no parecía un niño, no parecía humano. Sus enormes ojos amarillos la observaron amenazantes mientras blandía un extraño bastón hacia ella.

– ¡No te acerques mujer!, la niña está bajo la protección de Lord Sesshomaru y no irá contigo a ningún lado– gritó el ser de ojos amarillos y cara verde mientras la pequeña permanecía detrás de él, con un gesto de miedo.

Diana gritó sobresaltada y salió corriendo en sentido contrario. No entendía porque la niña se había asustado, pero eso ya no importaba, sólo quería alejarse de ese extraño ser humanoide con cara de rana. Corrió varios metros hacia el sendero inicial y de la nada, algo enorme le cerró el paso. La criatura parecía una especie de reptil, cuadrúpedo, bicéfalo y con una silla de montar en su lomo.

– ¡Un dragón, es un dragón!– gritó asustada mientras el animal le gruñía, sin hacer nada más que impedirle el paso.

Diana tragó saliva y comenzó a retroceder lentamente, tratando de asimilar la visión que tenía enfrente, una sorprendente criatura mitológica. En ese momento, sintió una poderosa presencia detrás de ella, giró para darse cuenta que otro ser le cerraba el paso.

Era un hombre de cabello largo y plateado. Sus ojos ámbar la miraban serenamente sin inmutarse. Fue una sorpresa a la vista de la mujer, ya que era muy atractivo, de rasgos finos, con atuendo completamente extraño y apariencia sobrenatural. Ella bajó la vista por un segundo, las empuñaduras de las armas que portaba en la cintura, llamaron su atención y aumentaron su miedo. Las palabras se le fueron de la boca cuando él le habló.

– ¿Quién eres y porque te acercaste a la niña?– dijo el extraño hombre con voz grave y masculina.

Diana trató de hablar pero al mirar de nuevo hacia abajo, se percató que las manos del individuo tenían largas uñas o mejor dicho, zarpas. Una reacción instintiva de huida le ordenó tratar de evadirlo y correr. Sin embargo, el movimiento fue rápido y fuerte, sintió como la atenazaba por el cuello. No tuvo tiempo de nada, la garra de ese individuo le cortaba la respiración.

–Te hice una pregunta, humana, responde si no quieres que te rompa el cuello– amenazó el hombre, que ligeramente aflojó los dedos para dejarla hablar.

–Yo… yo no quería asustarla… estoy perdida… y…– trató de hablar Diana con los nervios de punta y la adrenalina recorriéndola.

Pero antes de poder pronunciar otra palabra, observó como su captor hacía un gesto extraño, su nariz parecía moverse ligeramente. Su expresión cambió, sus ojos ambarinos comenzaron a abrirse más y más, como sorprendido por algo. De pronto él la liberó y dio un paso hacia atrás, llevándose la otra mano a la nariz.

Diana trastabilló sin caer al suelo e intentó alejarse, pero antes de que diera el primer paso, él la atrapó de nuevo por el cabello y la repego contra un árbol cercano. La obligó a mirarlo al rostro, sujetándola por la barbilla mientras seguía tapándose la nariz.

– ¡¿Quién demonios eres, porque despides ese olor?!– cuestionó el hombre de pelo blanco.

La faz de su rostro se descompuso totalmente, la esclerótica de sus ojos cambió a color rojo y sus pupilas dejaron de ser ambarinas. Su boca se abría revelando unos colmillos de forma amenazadora. Entonces la sujetó con ambas manos por los hombros y la empujó con fuerza contra el árbol, ella gritó y sus ojos se humedecieron.

– ¡Contesta, humana!– dijo, alzando la voz.

– ¡Suéltame por favor, me estas lastimando!– exclamó Diana al sentir las garras cortando su piel.

Se revolvió con fuerza tratando de soltarse y en un extraño e inconsciente reflejo defensivo, lanzó una dentellada a la mano izquierda del hombre. El morder es una reacción instintiva de supervivencia.

Él la soltó más por sorpresa que por daño, ya que el olor de su propia sangre le distrajo totalmente, hacía mucho tiempo que nadie lo hería. Observó por unos segundos la lesión en su mano, era pequeña pero sangrante. Escuchó como la mujer se alejaba entre los árboles, mientras su piel se regeneraba rápidamente hasta quedar curada. Trató de calmarse y olfateó el aire, al tiempo que sus ojos volvían a la normalidad. No podía creer que había estado a punto de perder el control. Percibió el rastro general de ella y la esencia que lo alteró era débil, pero seguía presente.

No entendía porque en un instante se perturbó de esa manera. Siendo una criatura sobrenatural, era evidente que todos sus sentidos estaban súper desarrollados y en especial el olfato. Le costaba creer que la esencia de esa mujer hubiera provocado tal ansiedad en él, en tan pocos segundos. No era normal que una hembra humana despidiera esa señal olfativa.

–Debo saber quién es esa extraña mujer, ¡Nadie se atreve a lastimar al gran Sesshomaru y vive para contarlo!– se dijo a sí mismo, mientras comenzaba a perseguir a la joven.


Continuará…