Buenas, buenas :D
Continuamos con la historia en su cuarto capítulo, gracias por los comentarios y sólo les diré una cosa... Diana no tiene escapatoria (sí, soy sádica).
Saludos y pasen a leer :3
Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo escribí la historia por puro gusto y diversión.
Capítulo 4: Instinto
Sesshomaru seguía alterado, no había logrado olvidarse de la esencia femenina. El alejarse unos kilómetros y refrescarse el rostro en un lago, no habían conseguido calmarlo. Desde el momento en que se acercó a ella y confirmó el aroma, su cuerpo empezó a comportarse de extraña manera, un insistente cosquilleo en su entrepierna se había despertado, su respiración se había acelerado e inconscientemente se relamía los labios.
Sabía lo que significaba ese olor, pero no podía creer que lo estuviera perturbando. Nunca antes el aroma de una hembra lo había inquietado, ni siquiera las de su especie. En otras ocasiones, cuando el llamado de la naturaleza se hacía presente en él, simplemente buscaba a alguna hembra en sus dominios que estuviera receptiva. Sólo sexo y placer, nada de sentimientos ni compromisos.
El rastro general de ella seguía presente, sabía que se estaba alejando de Jaken y Rin. El instinto empezó a controlarlo de nuevo por la simple idea de imaginarla sola y a su merced. Inmediatamente comenzó a seguir el aroma, pasó por el campamento y más adelante vio la silueta que se alejaba rápidamente. Un golpe olfativo invadió las fosas nasales y su expresión cambió en un instante, permitiendo que algo en su interior lo dominara.
– ¡Vamos por esa hembra, nos está llamando!– gritó su bestia interna. – ¡Es una maldita humana!, ¿Porque la percibo de esta forma?, ¡Me niego a aceptarlo!– se dijo a si mismo Sesshomaru. – ¡No puedes ir en contra de tu instinto, el llamado de la naturaleza es imparable y lo sabes!– sentenció la criatura. – ¡Despreciables humanos… esto no se va a quedar así!–
…
Diana se sentía desfallecer, pero no se detenía a pesar de la falta de aire. Estaba cerca de la cueva, pronto llegaría a ella, lo que no sabía es, si podría volver al parque. Pasando algunos árboles, finalmente se encontró frente a la entrada. Se internó algunos metros, pero para su sorpresa, el fondo del túnel estaba cerrado por roca sólida. Revisó metro a metro el contorno, pero no había paso ni huecos, estaba atrapada.
Inmediatamente sintió de nuevo esa poderosa presencia detrás de ella, tragó saliva y volteó muy despacio. En el umbral de la gruta se encontraba el demonio de cabello plateado, mirándola fijamente como un depredador a su presa.
– ¡No puede ser… no por favor!– gimió la mujer replegándose contra la pared.
Sesshomaru empezó a caminar hacia ella, al tiempo que sus sentidos se nublaban por el olor del celo mezclado con el miedo.
–No quiero hacer esto, pero maldita sea, siento que voy a enloquecer– pensó para sus adentros. –No te detengas Sesshomaru, ambos lo vamos a disfrutar, sin embargo, tienes que tener cuidado con la humana y controlarte, ¿No querrás matarla en pleno acto, verdad?– le respondió lascivamente la bestia.
De pronto cayó en cuenta de esas palabras, él jamás había poseído a una humana y nunca había obligado a ninguna hembra demonio a entregársele.
Detuvo su andar por un momento, en lo que recuperaba el autocontrol. La expresión de su cara se relajó y sus ojos volvieron a ser ambarinos. Si iba a dejarse llevar por su instinto, a pesar de que ella fuera humana, al menos buscaría la manera de que no se resistiera. Definitivamente no se comportaría como un vulgar animal buscando satisfacer su deseo carnal, ya que él era el gran Sesshomaru, señor del Oeste.
Diana temblaba de miedo y su estómago se contrajo dolorosamente cuando el demonio reinició su marcha hacia ella. En ese momento se dio cuenta de que su expresión se relajaba y tomaba una postura menos amenazadora, pero igual de altiva y dominante. Al aproximarse aún más, su corazón se paralizó y sus ojos quedaron al borde del llanto.
–P-por favor… n-no me l-lastimes… n-no quiero morir… p-por f-favor…– tartamudeó sin poder controlarse.
Sesshomaru quedó frente a ella y lentamente acercó su mano a la mejilla, acariciándola sutilmente con el dorso. Después tomó el mechón de cabello que tenía sobre el rostro y lo colocó detrás de su oreja.
–Deja de temblar, no pienso herirte a menos que vuelvas a hacer algo estúpido– le dijo con voz suave pero fría, mientras la miraba detenidamente.
Hasta ese momento no había prestado atención a los rasgos faciales de la mujer. Su pelo era oscuro y completamente lacio a la altura de los hombros, sus ojos eran de un café muy intenso casi negro, pero lo que más llamó su atención era el tono de su piel. Ésta no era blanca lechosa como en las mujeres de ahí, sino de color canela. Esto le hizo pensar que ella provenía de tierras lejanas, sin embargo no tenía interés en saber más, no cuando su olfato le indicaba que estaba receptiva para la cópula. Todo lo demás pasaba a segundo plano.
Diana no se movía, el demonio hizo un ademán frente a su rostro y de sus largas uñas se desprendió un vapor verde que inundó el ambiente. Ella intentó alejarse pero sus piernas no respondieron, se sintió aturdida y asfixiada por unos segundos. No perdió la conciencia, así que se dio cuenta cuando él la tomó en brazos y comenzó a salir de la cueva.
Momentos después, con los ojos entrecerrados, alcanzaba a distinguir el bosque pasando por debajo de ella y sentía el viento acariciándole el rostro. El Lord del Oeste la estaba llevando a algún lugar desconocido y no podía hacer nada al respecto.
Continuará…
Como es sábado y tengo tiempo de sobra (ajá), puede ser que en un rato más publique el siguiente capítulo, ya que la trama se pone más tensa ;)
