Buenas a todos :)
Perdón por el retraso, el lunes fue de asueto en mi país y anduve en otras cosas. Ahora les traigo el capítulo 6, es largo y me costó trabajo terminarlo, porque como les dije, se me andaba escapando el fic de las manos (y mi inspiración andaba de floja). Quería volver a dividirlo en 2 partes, pero fue imposible. Pasen a leer y de antemano gracias por sus comentarios.
Saludos :3
Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo escribí la historia por puro gusto y diversión.
Capítulo 6: Apareamiento (parte II)
Diana se sintió desfallecer por un instante, una lágrima recorrió su mejilla al responder.
–Quiero vivir…–
Sesshomaru lamió suavemente la salada gota mientras sonreía complacido. Por un momento pensó que ella se opondría con todas sus fuerzas, sin embargo, el miedo que había en sus ojos le decía que valoraba más su vida, por encima de lo que estaba a punto de suceder.
–No morirás, no temas por ello… los demonios no asesinan a la pareja de apareamiento– respondió.
En ese momento el alma de Diana volvió a su cuerpo, la amenaza de muerte quedaba descartada. Pero esto apenas era el principio, él no la tomaría bruscamente, pero ella debía asimilar la idea de que un demonio la poseería. Difícil de digerir en tan poco tiempo, no le quedaba más que dejarse llevar y experimentar.
El señor del Oeste la sujetó de los brazos obligándola a mostrar su cuerpo y la hizo girar para que le diera la espalda. Sus manos se posaron en la curva de sus caderas y su cuerpo se acercó aún más, Diana sintió un escalofrió. Las manos de él comenzaron a recorrerla despacio subiendo por su cintura y costados, ella no pudo evitar un sobresalto involuntario. Hasta ese momento, no recordaba lo sensible que era a ciertas caricias.
El demonio comenzó a besar sus hombros y cuello con sus tibios labios y después con su húmeda lengua, la cual recorría una y otra vez la piel canela, la devoraba hasta la saciedad y volvía a empezar.
–Acaríciala, excítala, has que implore por ti… – le susurró la bestia, que no perdía detalle del momento. – ¡Cállate, no necesito de tus consejos!– se respondió así mismo Sesshomaru. –Recuerda que es humana y tiene miedo, será sólo un cuerpo cálido en tus manos… sin emoción, sin deleite. Pero si logras que te corresponda, ambos recibiremos una deliciosa recompensa– contestó la criatura relamiéndose los bigotes. –Guarda silencio…–
Diana no podía mantenerse insensible, sabía que se entregaba físicamente, pero creyó que podía resistir mentalmente.
–Esto… no me lo esperaba, sus caricias son… son…– pensó vagamente, tratando de concentrarse en lo que estaba sucediendo.
Un gemido más fuerte se dejó escuchar al sentir las garras sobre sus senos. A pesar del filo de éstas, Sesshomaru parecía controlar muy bien su tacto ya que no la había lacerado en ningún momento y ahora comenzaba a masajear morbosamente la redondez de sus pechos, despacio y sin prisa, posesionándose de los pezones que comenzaron a responder al estímulo. El demonio continuaba saboreando la piel de su hombro derecho, donde empezó a morderla suavemente, sin herirla, provocándole cierto nerviosismo y agitación en su respirar.
Semejantes acciones empezaron a tener consecuencias en ella. Era rápida e inesperada la reacción de su cuerpo… a veces el razonamiento se desconecta, cuando el placer comienza a ser deliciosamente adictivo.
El Lord estrujó los turgentes senos al jalarla hacia él. Ella se sobresaltó por el contacto de su piel con el cuerpo masculino, era cálido, de suave textura, pero fuerte a la vez. Su cadera se repegaba descaradamente y Diana podía sentir su virilidad semi despierta. Los temblores involuntarios no se hicieron esperar y por más que la fémina quería resistir, los gemidos de su boca la delataban. El macho continúo con su libidinosa exploración, mientras la joven sólo temblaba, sin oponer resistencia. Él lo notó y se complacía de ello, así que sus manos comenzaron a bajar por la cintura, recorriendo atentamente sus caderas e iniciando un perverso masaje en sus torneados glúteos.
Diana ya no podía controlar los espasmos, ni reprimir los sonidos de su boca. De pronto se dio cuenta de que su cuerpo la estaba traicionado al responder a las incitaciones del demonio. No es que planeara resistirse, pero tampoco creía que su propia naturaleza se despertaría en tan poco tiempo. Algo había en el ambiente o en esa criatura sobrenatural que comenzaba a ofuscar su razonamiento. La confirmación final de ello la sintió fluir de su entrepierna, el adormecimiento de su flor femenina la alertó de su propia excitación. Su cuerpo lo empezaba a pedir, su deseo la obligaba a llamarlo y su instinto la forzaría a aceptarlo. Sesshomaru empezaba a adueñarse, no sólo de su piel sino también de su voluntad y percepción.
El demonio aspiró profundamente y gruñó.
– ¡El olor de tu sexo me dice que estas lista! – declaró excitado.
Antes de que ella pudiera reaccionar, la levantó en brazos cual ligera muñeca y con premura salió del agua en dirección a la otra habitación, donde el lecho esperaba.
Diana había perdido el control de sus emociones, era innegable que la situación había subido a otro nivel para ella. Sesshomaru la había torturado tanto con su perverso juego de caricias húmedas, que ahora empezaba a desearlo, quería sentirlo en su cuerpo. Su nivel de excitación llegó al punto de querer gritarle que la hiciera suya en el instante que él percibió el aroma de su entrepierna. No sabía cómo sucedió, no tenía intención de averiguarlo, su instinto carnal había despertado para entregarse a la voluntad del sobrenatural y poderoso macho.
El Lord del Oeste parecía perder el control por momentos, la señal olfativa había alcanzado su punto más alto, no podía esperar más. Quería escucharla llorar y suplicar por él, no se lo diría, así que la obligaría a gritarlo con todas sus fuerzas. La tendió encima del lecho e inmediatamente se colocó sobre ella respirando agitadamente, sus manos empezaron a acariciarla de nuevo, sus besos ahora se situaron sobre los senos y el filo de sus colmillos rozó la dureza de los pezones.
La piel de Diana comenzó a sufrir por las nuevas caricias, que se hicieron más rudas. Sus muslos y caderas fueron arañadas ligeramente por las garras de Sesshomaru, el sutil dolor se mezcló con el placer que inundaba su cuerpo. Era demasiada tortura para la mujer, quien terminó rindiéndose y exclamando.
– ¡Te lo suplico, por favor!, ¡Hazlo ya!–
Eso era todo lo que el soberbio demonio quería escuchar, su bestia se regocijaba triunfal. Se enderezó en altiva postura, mostrando su perfecta figura. Diana lo admiraba y lo recorrió con ojos ansiosos, pero se estremeció ante la poderosa erección, que orgullosa se elevaba.
Sesshomaru tomó a la mujer por las caderas, haciendo que quedara completamente debajo de él, sus poderosas piernas se abrieron paso entre las de ella y su cadera se posicionó para la cópula iniciar.
– ¡Espera… espera por favor…!– trataba de expresarse Diana entre jadeos, al sentir la hombría tocar la entrada de su feminidad.
El demonio gruñó ante la repentina resistencia. Sujetándole las muñecas con una mano y tapándole la boca con la otra, clavó sus ojos ámbar en los de ella.
– ¡Guarda silencio, no te atrevas a detenerme porque lo lamentaras!…– le respondió agitado, mientras trataba de contener la primera embestida, lo cual era una verdadera tortura para un demonio en su máxima excitación y con la bestia de su interior buscando el control.
Liberó su boca, al ver el gesto de ella con la intención de responderle.
– ¡No, no te detengas!, sólo te pido que sea despacio… no lo he hecho… desde hace tiempo…– indicó Diana con cierto nerviosismo y sonrojo en las mejillas.
Tenía que decirlo, tenía que pedirlo, porque a pesar de su abundante lubricación, las ligeras contracciones en su interior le decían que no permitirían la invasión tan fácilmente.
El demonio miró a la mujer por un instante, tratando de entender sus palabras. Por respuesta, liberó sus manos y colocó los brazos a los costados de ella, sosteniendo su peso. Elevó un poco la cadera y comenzó a penetrarla lentamente… sin detenerse. Un jadeo primitivo escapó de su garganta al sentir la estreches de la joven.
Diana gimió dolorosamente, el sufrimiento fue inevitable, lanzó hacia atrás su cabeza quedando en la orilla del lecho, exponiendo su cuello ante él. Su cuerpo recibió una descarga de sensaciones, la humedad de su cavidad facilitó la invasión del grosor masculino y poco a poco comenzó a rodearlo. Las contracciones de su interior empezaron a transformarse en espasmos de placer más pronto de lo esperado. Era cierto que había permanecido mucho tiempo en celibato, sin embargo, su instinto sexual respondió rápidamente ante la estimulación del ser que ahora tenía encima de ella.
El Lord entró por completo en la hembra humana a pesar de sentir la resistencia de su cuerpo, lo hizo despacio sí, pero no se detuvo en absoluto hasta sentir su hombría completamente húmeda y abrazada. El placer obtenido lo hizo cerrar los ojos por breves instantes mientras se quedaba quieto sobre Diana, esperando a que ella soportara el dolor y se acostumbrara a su longitud. Sabía que sufría, lo sintió en sus pliegues internos y en las uñas clavándose en sus brazos.
Realmente no le importaba, sólo quería satisfacer su apetito carnal. No obstante, consideraba una deliciosa recompensa el conseguir que ella reconociera su tacto, que respondiera a sus besos, que entregara su cuerpo, sus gemidos de excitación y sus lúbricos fluidos, producto del placer corporal. Le extasiaba el poder tomar todo de ella… también la haría entregarle su culminación final.
Diana seguía respirando agitadamente, las uñas de sus manos presionaban la piel de los fuertes brazos. Su interior le empezó a susurrar que estaba lista para continuar. La sorpresa de ella aumentó al notar que su cavidad seguía humedeciéndose y una deliciosa vibración comenzaba a gestarse en su botón de placer. Sintió perder la razón cuando el macho comenzó a moverse en su interior.
Sesshomaru abrió los ojos y su miembro inició el roce de los pliegues femeninos, la lubricación hacía su trabajo y el deleite comenzó a crecer. Los espasmos de placer recorrían su espina dorsal y estallaban en su mente, se derramaban por su cuerpo y volvían a empezar. Su excitación desbordada se complacía con la lujuria reflejada en los ojos de la hembra, que ahora le correspondía sin temor.
La joven trató de sostener el contacto visual, pero el frenesí del instinto sexual se transformó en algo tan poderoso, que derribó la última barrera de pensamiento racional que le quedaba. Dejó de ser ella, dejó de ser consciente, dejó de ser humana para transformarse en un animal copulando con otro animal… sin importar nada ni nadie, sin importar el ahora o el mañana y sin importar nada más.
Las embestidas eran constantes pero contenidas, el placer la embargaba y su espina dorsal era recorrida por una deliciosa corriente de sensaciones, sus senos endurecidos se mecían al compás de su cuerpo. Sin soltar los brazos de él, sus piernas empezaron a rodear la cintura masculina, su cadera se acoplaba al ritmo impuesto y su garganta profería gemidos fuertes y embriagantes para el poderoso macho que ahora la dominaba por completo.
–Continua así, no te detengas, ya es nuestra… ¡Libérame, quiero disfrutar!– susurró la bestia en la mente del Lord.
Sesshomaru se recargó un poco más sobre Diana, sus codos se flexionaron para soportar su peso y evitar asfixiarla. Parte del hermoso cabello plateado cayó sobre los hombros y el sonrojado rostro de ella, al tiempo que la unión de ambos vientres se perfeccionó. La mujer estrechó sus piernas aún más y él comenzó a embestirla con mayor fuerza. Los jadeos eran interminables y la respiración no alcanzaba a llenar sus pulmones. El vaivén de ambos cuerpos aumentó de ritmo así como las contracciones de placer. El sudor presente vició el aire con las feromonas de ambos.
Diana ahora mantenía su cabeza en el filo de la cama, su cabello se movía al ritmo de su cuerpo, su mirada estaba perdida y su boca sólo sabía gemir. Sus brazos ahora se aferraban a la espalda del Lord y sus uñas se clavaban sin piedad. Él seguía penetrándola con fuerza, al tiempo que aproximó el rostro a su cuello y los colmillos le acariciaron la piel. De la nada, sintió un ligero corte, la pequeña herida empezó a sangrar con gotas que el demonio comenzó a lamer. No fue una mordida, no fue una amenaza, sólo el deseo primitivo de probar el sabor de la hembra que se apareaba con él.
En ese momento la bestia fue liberada, exhibiéndose con ojos carmesí. Diana alzó la cara para contemplar el regocijo provocado por su sangre robada, la expresión era de total satisfacción. Los sobrenaturales ojos brillaron con la promesa del placer final que se avecinaba sobre ella. En un instante, las embestidas se hicieron más violentas obligándola a gritar.
El movimiento era enloquecedor, el vigoroso miembro entraba y salía sin piedad, su interior seguía tolerando la penetración entre el goce y el dolor, Diana no sabía si soportaría la cúspide final. Comenzó a llorar… a llorar de placer, el clímax estaba llegando imparable, frenético, explotando en su vientre, contrayendo sus músculos y cimbrando el centro de su ser. La incontrolable sensación subió por su espina dorsal y se esparció por todo su cuerpo, el orgasmo fue sublime, crudo y brutal.
Sesshomaru continuaba embistiendo una y otra vez hasta que sintió como se arqueaba el cuerpo de Diana, la bestia se regodeó ante su culminación y la deliciosa opresión de su virilidad comenzó a llevarlo al abismo final. Jadeó con fiereza al sentir el éxtasis explotando en su interior. Su endurecido miembro liberó incontrolable la cálida simiente en el interior de la hembra bajo él.
...
Respiraciones entrecortadas, sudor escurriendo por la piel, ambos seguían unidos, esperando a que sus cuerpos terminaran de asimilar el divino placer. El macho dejó caer parte de su peso sobre la hembra, quien ligeramente se quejó. No la asfixiaría, pero tampoco la liberaría de su posesión.
Diana tenia la mirada perdida, no se podía mover, su cuerpo estaba débil y él no la liberaba. Solamente seguía lamiendo la pequeña herida que había dejado de sangrar.
– ¿Qué más quieres maldito demonio?, la cópula ha terminado… ¿O es que tu instinto no ha quedado saciado?– fue el último pensamiento de ella, antes de perderse en la oscuridad de la inconsciencia.
Continuará…
Sí, faltan más capítulos, no puedo dejar a Diana en la garras de Sesshomaru :3
