Hola ;)
Bueno, aquí les dejo otro capítulo de esta historia, que sólo debía durar cinco, pero como ya se extendió ni modo, a seguirla.
Pasen a leer y gracias por sus comentarios :D
Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo escribí la historia por puro gusto y diversión.
Capítulo 8: Mestizo
La noche avanzaba tranquilamente, Diana no podía dormir del todo. Volteó a ver a Rin, quien reposaba profundamente con una calma envidiable.
– ¿Qué haces con éstas criaturas, niña?, ¿Acaso no convives con humanos?, ¿Dónde está tu familia?– pensó la mujer.
Minutos después, salió de la habitación en silencio y comenzó a recorrer los pasillos vacíos. Llegó a la parte del jardín interno y volteó a mirar el cielo despejado.
– ¿Dónde estoy?, no reconozco las constelaciones… o debería preguntarme ¿Cuándo estoy?, porque todo lo que he visto me dice que es otra época…– siguió caminando con precaución, tratando de memorizar el lugar y buscando la salida.
– ¡Humana, deja de andar husmeando por todos lados, Hip!– habló Jaken con voz graciosa, asustando a Diana. –Yo que tu, regresaba a la habitación y dejaba de dar problemas. Los humanos son tan molestos, ¡Hip!– era evidente que el pequeño demonio había tomado algo embriagante y ahora no coordinaba muy bien.
–Si eso es cierto, ¿Por qué Rin está aquí?– preguntó ella después del susto inicial y poniendo más atención al estado etílico del sirviente, tal vez podría obtener algo de información.
–Eso no es de tu incumbencia, esa traviesa niñita sólo está de visita, ¡Hip!– dijo Jaken tratando de parecer serio. –Mañana vendrán por ella y yo podré descansar… no sé porque el señor Sesshomaru la trae a veces, ¡Hip!, creo que no le gusta visitar tan seguido la aldea de Kaede, ¡Hip!, pero la mocosa debe regresar para continuar con su aprendizaje, ¡Hip!, de todas formas no te diré nada… ¡Hip!, no me agradan los humanos preguntones… ¡Hip!– terminó por explayarse totalmente.
– ¿Dónde está la salida de éste lugar?– cuestionó Diana. – ¿Qué tan lejos está el bosque donde nos encontramos?–
–No me engañas humana ¡Hip!, tú sólo quieres molestar a mi amo Sesshomaru, es más, vete ahora mismo, ¡Hip!– reclamó Jaken, señalando con el bastón que portaba, un pasillo y unas escaleras. –Ustedes son tan molestos con sus olores, ¡Hip!, vete a buscar la cueva que dices, el bosque está a un par de kilómetros hacia el este… espero que te devoren las bestias jejeje, ¡Hip!– el pequeño demonio no estaba razonando lo que decía.
Sin dudarlo un segundo, Diana caminó hacia el sitio indicado y se dio cuenta de que, efectivamente, era la salida a un enorme patio y más allá se levantaba un pórtico hacia el exterior, pero había un problema: Dos enormes bestias con apariencia de osos vigilaban la entrada.
–Esto no se ve bien, tengo que pensar en algo– se dijo a sí misma mientras regresaba a la habitación. Pasó al lado de Jaken, que parecía divagar entre sueños recargado en el muro, babeando feliz. –Vaya, los demonios también se embriagan. –
…
El día comenzó a tomar el lugar de la noche y el sitio inició actividades. Diana se despertó pensando en cómo escapar. Volteo a ver a Rin, quien ya se incorporaba.
–Buen día Rin, oye… ¿Crees que me puedas acompañar a buscar la cueva?– cuestionó disimuladamente.
– ¡Claro que sí, pero primero desayunamos!– respondió la jovencita.
A Diana no le quedó más que aceptar, si lograba salir en compañía de la niña, podría buscar la cueva. Por otro lado, Jaken seguía durmiendo en el pasillo sin darse cuenta de nada. Rin se acercó con gesto travieso y le colocó el pequeño sombrero sobre los ojos, para después alejarse entre risitas.
…
Un par de horas después, salían volando en lomos del dragón bicéfalo. Diana estaba aterrada al principio ya que nunca había montado sobre ningún animal y menos uno como ese. Rin, con su despreocupación habitual, trató de calmarla y hacerle plática en lo que se acercaban a la parte del bosque donde se conocieron.
–Entonces, si entras a esa cueva, ¿Podrás volver a tu casa?– preguntó la chiquilla.
–Eso espero… ojala pueda hacerlo– contestó Diana.
–Si no funciona, puedes venir conmigo a la aldea de la señora Kaede, son muy amables ahí– declaró Rin con una sonrisa. –El señor Sesshomaru me visita algunas veces y otras me deja venir con él, tú podrías hacer lo mismo. –
Diana tragó saliva nerviosamente al escucharla, realmente no quería decir nada al respecto, la niña no lo entendería, así que sólo atinó a sonreírle.
–Gracias Rin, pero yo espero poder regresar. Seguramente mis amigas estarán preocupadas. –
Minutos después bajaban a tierra, cerca del arroyo donde Diana vio por primera vez a la niña. Comenzaron a recorrer el sendero en dirección a donde debía estar la misteriosa gruta.
De repente, una figura saltó de entre el follaje de los arboles, quedando frente a ellas.
–Oye Rin, ¿A dónde vas?– cuestionó.
– ¡Hola señor InuYasha!, ¿Ya es hora de volver?– se expresó familiarmente la pequeña.
– ¿Quién es ella?, ¿Y porque no estás con Sesshomaru?, ya sabes que es un problema localizarte cuando vienes con él y yo pierdo tiempo buscándote. Sería mejor que te quedaras en la aldea, así no tendría que andar de niñera– dijo InuYasha.
Diana permaneció quieta, sin embargo, las orejas de perro sobre la cabeza del extraño individuo la alertaron. Los ojos dorados, el pelo blanco y las garras le decían que algo tenía que ver con el otro demonio.
–Ella se llama Diana y sólo le estaba ayudando a encontrar una cueva, porque se extravió al entrar en ella– explicó inocentemente Rin.
– ¿Una mujer perdida en el territorio de Sesshomaru?…que extraño, por lo regular los aldeanos se mantienen lejos de…de… ¿Qué es eso?– preguntó InuYasha, quien de un momento a otro empezó a olfatear el aire, acercándose a Diana.
Ella palideció inmediatamente al ver el gesto del recién llegado. Éste se aproximó a ella y violando todo espacio personal, quedó cara a cara, olfateándola cual canino ansioso.
– ¿Por qué hueles así mujer?… es delicioso… es…– decía InuYasha, mientras aspiraba más profundamente. Entonces retrocedió un poco, frotándose la nariz. – ¡¿De dónde vienes?, ¿Por qué tu olor es tan atrayente?!– volvió a preguntar más agitado.
– ¡No puede ser… éste sujeto también puede oler mis feromonas!– pensó Diana, al tiempo que retrocedía con temor.
Sin esperar un segundo más, salió corriendo rumbo al bosque.
– ¿A dónde vas?– preguntó la niña, sorprendida por la repentina huida.
–Quédate aquí Rin, yo la traeré de vuelta– indicó InuYasha, mientras brincaba hacia un árbol. La niña no alcanzó a ver el extraño gesto de él. –Esa humana huele delicioso… es como si su olor… me llamara…– pensó, conforme alcanzaba a la joven.
–No, no, no, esto no es bueno, ¿Ahora qué hago?– divagaba Diana, sumamente nerviosa al tiempo que corría.
No logró avanzar muy lejos, el dolor general de su cuerpo se lo impedía. De pronto, en un abrir y cerrar de ojos, algo le cerró el paso. InuYasha la detuvo, acorralándola contra un árbol. La mueca de éste parecía cambiar rápidamente, se notaba ansioso, muy ansioso.
– ¡Oye tú, dime de dónde vienes, ¿Por qué despides ese aroma?!– cuestionó exaltado.
– ¡Por favor no te acerques… déjame en paz!– gritó Diana, mientras él se aproximaba.
La sujetó por la barbilla y se acercó a su cuello al percatarse de la herida que tenía en el. Volvió a olfatear cerca de su piel e hizo un gesto de molestia. Inesperadamente, el medio demonio se quedó inmóvil por un segundo, después volteó a sus espaldas.
–InuYasha, estúpido mestizo… ¡Esa humana me pertenece, no te atrevas a tocarla!– siseó una fría voz.
De entre los arbustos apareció el imponente y soberbio Lord del Oeste. El estómago de Diana se contrajo dolorosamente y su corazón dio un vuelco, la situación había empeorado.
Continuará…
Vaya, no sé porque InuYasha se atravesó en el guion, pero bueno nada de qué preocuparse ;D
