Hola a todos :D

Perdón por el retraso, no sabía cómo estructurar ésta parte de la historia, pero ahí vamos. Les dejo el capítulo 9. Gracias por leer y por sus comentarios ;)

Saludos :)

Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo escribí la historia por puro gusto y diversión.


Capítulo 9: Resignación

– ¡Sesshomaru!, ¿Qué rayos sucede?, ¿Qué hace aquí ésta mujer?, ¿Por qué huele de esa manera?– preguntó InuYasha bastante ansioso.

Vaya, que sorpresa, al parecer el olor del celo no lo alteró…– pensó Sesshomaru al tiempo que observaba al mestizo, poniendo atención en sus gestos y reacciones. Después, comenzó a acercarse tranquilamente al ver que no representaba peligro para la mujer.

En realidad InuYasha no se encontraba perturbado, no había cambiado su personalidad, ni demostraba ser una amenaza, solamente seguía ansioso por el aroma de la joven. Básicamente, se estaba comportando como un cachorro que olfatea insistentemente lo que llama su atención.

– ¡Contesta Sesshomaru!, sabes que desconozco algunas cuestiones de los demonios, sólo quiero saber por qué esta mujer huele tan bien– insistió nuevamente.

– ¡Cállate idiota!, esa humana está en mi territorio, así que mantén tu distancia– respondió fríamente. –El olor que percibes es por su periodo de celo, desconozco porque es tan fuerte… pero que te quede claro que el derecho de acercamiento es mío, porque ella está en mis dominios, ¿Entendido, estúpido?– concluyó el Lord del Oeste.

Los que son mitad demonio, reaccionan de forma diferente respecto al periodo de celo, el arrebato no es tan instintivo e impetuoso como en los demonios de sangre pura. Dado que InuYasha es más apegado a su naturaleza humana, sus instintos son más tranquilos, como los de los humanos. Aunque perciba el olor de la hembra, no entrará en frenesí, como le sucedió al señor de Occidente. Además, está esperando fielmente el regreso de la sacerdotisa. Esto lo sabía perfectamente Sesshomaru, pero le aburría tener que dar explicaciones al idiota de su medio hermano.

Mientras los demonios de pelo plateado discutían, Diana comenzó a recorrer el contorno del árbol con pasos cortos, para después alejarse en quien sabe qué dirección. Fue muy sutil su andar, ya que ninguno de los dos vio cuando se perdió entre los arbustos.

–No tienes derecho a decir que ella es de tu propiedad sólo porque está en tus tierras, Rin me dijo que se había perdi… ¡ya no está!– exclamó InuYasha, al voltear y no ver a la mujer. Su rastro se alejaba poco a poco.

–No te metas en lo que no te importa y lárgate ya, Rin te está esperando para regresar a la aldea– contestó Sesshomaru, al tiempo que se encaminaba en busca de Diana.

– ¡Idiota, más te vale no hacerle daño!, porque si no…– amenazó el medio demonio.

– ¿Daño, dices?, no, no le haré daño… todo lo contrario– respondió maliciosamente el Lord, sin voltear a verlo y sin prestarle más atención.

InuYasha se quedó extrañado por la respuesta, pero no le dio importancia. Sesshomaru había cambiado mucho su actitud con los humanos, así que probablemente no la dañaría. La verdad es que el semi demonio era tan despistado, que no se percató de lo que estaba pasando.

– ¿Ya nos vamos, señor InuYasha?– preguntó Rin, quien apenas venía acercándose junto con el dragón. – ¿Donde está Diana, ya se fue a su casa?–

–Sí, creo que ya se fue… bah, como sea, no es de mi incumbencia. Será mejor que volvamos, Kaede me regañó por no venir más temprano– explicó, mientras cargaba a la niña en su espalda para después alejarse rápidamente.

Por su parte, el dragón de dos cabezas emprendió el regreso a la morada de su amo.

Diana ya no podía avanzar más, estaba agotada y con tanto susto, su respiración se complicaba. Finalmente se detuvo, recargándose en una pared rocosa.

Ya basta Diana, piensa en otra alternativa, el correr a través del bosque definitivamente no es muy recomendable y mis pies ya no lo soportan– pensó para sus adentros, tratando de recuperar el aliento. –He tenido suerte de no encontrarme con algún animal peligroso o algún monstruo que quiera devorarme.

Alzó la vista revisando los alrededores y para su sorpresa, la formación rocosa pertenecía a la gruta que buscaba, se encontraba a escasos metros de la entrada. Despacio se acercó, estaba feliz por la posibilidad de poder regresar a su tiempo.

–Por fin estoy aquí…– dijo, adentrándose en el túnel.

Llegó al fondo de la gruta a los pocos metros, pero no había paso. Su mirada recorrió las paredes, el techo y el suelo, todo permanecía inalterable, no había viento ni cambios de luz.

–No puede ser… el portal está cerrado… ¿Qué hago ahora?– se preguntó, caminando hacia la salida. –Si no me equivoco, apenas han pasado veinticuatro horas desde que llegué aquí, ¿Se habrá terminado el tiempo de apertura?–

Estaba tan preocupada y sumida en sus pensamientos que no se dio cuenta de que la observaban. Sesshomaru ya la había alcanzado sin ningún problema y la miraba desde la sombras.

¿Qué esperas?, ¿No dijiste que la matarías?– murmuraron en su mente. –Silencio, no quiero tu opinión– contestó con fastidio. –Ya deja de engañarte, no ganas nada asesinándola. Ella es diferente a las hembras de nuestra especie, te gusta su aroma y quieres volver a probar su cuerpo… ¡No puedes negar que deseas sentir sus uñas en tu espalda una vez más!– insistió burlonamente la bestia. – ¡Cállate maldita sea!– respondió irritado, al tiempo que se percataba de su propio deseo, su instinto se alteraba una vez más ante la presencia de la hembra. Entonces decidió finalmente salir de su escondite.

–Deja de correr a lo tonto mujer, es peligrosa ésta parte del monte– habló, provocando el sobresalto de la joven.

Diana volteó con lentitud a pesar de la sorpresa. Ahí estaba de nuevo ese demonio, acosándola, con su apariencia fría e indiferente como la primera vez que lo vio. Realmente era muy atractivo, ¿Para qué negarlo?, su porte altivo denotaba su sangre noble y su gesto imperativo no admitía ningún tipo de negación a sus deseos. Definitivamente no tenía caso huir de él, ni de sus intenciones. Tenía que elegir otra estrategia.

– ¿No piensas dejarme ir?– cuestionó Diana.

–No por el momento– respondió secamente mientras se aproximaba.

– ¿No fue suficiente?– volvió a preguntar nerviosa.

Sesshomaru quedó frente a ella y la tomó por la barbilla, obligándola a mirarlo.

–No, aún no es suficiente– dijo, al mismo tiempo que su mirada ámbar reflejaba lujuria y la otra mano bajaba a las caderas de la mujer, comenzando a levantar la tela que llevaba puesta.

– ¡Espera, no pretenderás…!– protestó sobresaltada al sentir la caricia. – ¡¿Cuánto más tengo que soportar ésta situación?, ¿Por qué no buscas a una mujer de tu especie?!– reclamó asustada.

–Las hembras demonio no son receptivas en éstas fechas… y no huelen como tú. El aroma que despides es único y no deja de llamarme, así que no tiene caso huir, no puedes ocultarte– declaró descaradamente.

En ese momento su boca empezó a recorrer el cuello femenino, extasiándose de la fragante piel. Diana se alteró aún más, quería apartarlo de su cuerpo, pero ambas garras ya la abrazaban contra la pared de piedra. Estaba a punto de gritar y buscar la manera de zafarse cuando, repentinamente, el mismo demonio le dio la respuesta que no esperaba escuchar.

–La cueva no volverá a abrirse hasta dentro de unos días– le susurró al oído.

– ¡Cómo… ¿Cómo sabes eso?!– preguntó desconcertada, mientras toleraba su libidinoso manoseo.

–Ésta caverna ya existía en el territorio del Oeste mucho antes del nacimiento de mi Padre. Es muy antigua y su leyenda dice que sólo los humanos pueden pasar a través de ella, pero únicamente en su fase de apertura, el resto del tiempo permanece como una gruta vacía. Lo sé, porque durante años he observado su ciclo intermitente–explicó Sesshomaru.

–Tú sabes cuándo se abrirá de nuevo, ¿Verdad?– interrogó Diana con cierta sospecha.

Sesshomaru levantó la cara, retiró sus manos y se alejó un poco de ella, sin apartar su mirada lasciva.

–Así es, yo sé cuándo volverá a suceder– sonrió con malicia.

Diana lo miró consternada, sabía hacia donde se encaminaba la situación.

–Está bien, no más rodeos, tu mirada me lo dice todo, ¿Qué quieres a cambio de esa información?– habló con resignación en la voz.

–Quiero disfrutar de tu aroma y lamer tu piel, anhelo tomar tu cuerpo y beber tu sangre…te deseo a ti por completo, sin resistencia alguna– sentenció finalmente el señor del Oeste.

Diana soltó una exhalación de fastidio, era de esperarse semejante petición. Sin embargo, las dudas surgían en su mente, ¿Con que intención le pedía eso?, ¿Era sólo por instinto?, ¿Tal vez diversión y placer?, ¿O sólo era perversión?, ¿Que pasaría después, en verdad la dejaría marcharse?, ¿Decía la verdad sobre la apertura del portal?… no le quedaba otra opción más que arriesgarse.

–Está bien, será como tu desees… pero, ¿Cómo sé que no mientes, cómo sé que cumplirás el trato?– cuestionó nuevamente.

–No tienes alternativa mujer, pero te doy mi palabra– finalizó, denotando un gesto complacido.

Se acercó a ella y tomándola por la cintura, emprendió el regreso a su morada.


Continuará…