Hola a todos :D
Les traigo el siguiente capítulo, creo que está más relajado, no quiero provocar repentinos sangrados de nariz ;D
Gracias por leer y comentar :)
Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo escribí la historia por puro gusto y diversión.
Capítulo 11: Obediencia (parte II)
– ¡Jaken!, ¿Dónde estás? – llamaba Sesshomaru, mientras recorría los pasillos.
El pequeño sirviente no aparecía por ningún lado, por lo que salió al patio. Lo vio en el pórtico de entrada, hablando con una de las bestias guardianas. Momentos después regresó corriendo para ponerlo al tanto de la situación.
–Amo Sesshomaru, me reportan que un grupo de ogros está cazando sin permiso en la parte sur de sus tierras– explicó Jaken.
–Así que hoy tenemos ogros– dijo, sonriendo sutilmente. –Jaken, busca a la curandera, que atienda las solicitudes de la mujer. Has que se alimente y vigílala… no quiero errores– ordenó Sesshomaru, al tiempo que se alejaba volando.
– ¿A la curandera?, genial, ahora tengo que soportar a ésta humana mientras esté aquí– se quejó el pequeño demonio.
…
Un par de horas después, Diana despertó de su letargo. Se incorporó lentamente hasta quedar sentada, inmediatamente el dolor le recorrió el cuerpo.
–Maldición, como duele…– se quejó, tratando de gatear a la orilla de la cama. Pero la molestia física fue mayor y terminó recargándose sobre unos cojines. –No puedo, estoy muy débil. –
De pronto se escucharon pasos y voces fuera de la habitación, Diana seguía recostada boca abajo y solamente levantó el rostro cuando abrieron la puerta. Era Jaken, acompañado por otra criatura, la cual parecía ser una mujer de edad avanzada, con rasgos animales, de los cuales resaltaba su cola esponjada. Ella guardó silencio mientras se acercaban.
–Humana, ésta curandera atenderá tus dolencias, después se te dará alimento y bebida– dijo el sirviente de forma impasible.
–Vaya, que amable es tu amo, no esperaba menos de él– respondió la joven con sarcasmo.
–Tonta, deberías ser más agradecida, en otros tiempos mi amo te abría asesinado desde el primer momento– contestó de forma burlona.
– ¡Tu amo es un desgraciado y tú un sapo idiota!– gritó Diana enojada, el actuar de Jaken la alteraba.
– ¡¿Cómo te atreves a decir eso?, humana insolente!, ya verás, le diré al señor Sesshomaru lo que has dicho– exclamó ofendido, saliendo de la habitación.
La extraña anciana siguió al pequeño demonio con la mirada hasta que se retiró, después volteó a ver a Diana.
– ¿No puedes levantarte, verdad?– preguntó amablemente.
Diana no relajó su gesto de molestia y cuestionó irritada.
– ¿Quién eres, qué eres y qué te ordenó tu señor?–
–Mi nombre es Aki, soy un demonio zorro y tengo órdenes de atender tu malestar físico. Soy curandera y tengo conocimientos de medicina humana, a veces he curado a la niña Rin cuando se enferma. No soy tu enemiga, sólo sigo las órdenes de Lord Sesshomaru– explicó la anciana tranquilamente.
Diana la miró unos instantes y después dejó escapar un suspiro, tendría que acostumbrarse a las criaturas y situaciones de ese lugar mientras estuviera ahí. No podía hacer nada respecto al trato con Sesshomaru, así que no le quedaba más que aceptar lo que le ofrecía.
–Me llamo Diana y necesito asearme– dijo finalmente.
La anciana asintió con una sonrisa y se acercó a ella, con cuidado la ayudó a levantarse y la llevó a las aguas termales. Varios minutos después, la joven terminó de bañarse y la mujer zorro le ofreció un té de extrañas hierbas moradas.
–Bebe esto, te ayudará a recuperar las fuerzas– explicó la curandera.
–Sabe amargo– se quejó Diana. –De todas maneras no creo que se me quite el dolor corporal tan pronto. –
–Eso se puede solucionar con esto– contestó, enseñándole una vasija con una sustancia de tonalidad coral.
Diana hizo un gesto de aprobación, se recostó boca abajo sobre una tela y dejó que la anciana comenzara a colocar la sustancia sobre su piel, al tiempo que le daba un suave masaje. El efecto fue casi inmediato, su cuerpo empezó a relajarse.
–Se siente muy bien– comentó la joven.
–Eres la única humana, aparte de Rin, que el amo Sesshomaru ha traído a éste lugar, ¿Eres su pareja?– preguntó curiosa la curandera.
La mujer se tensó al contestar.
– ¡No!, no soy nada de tu amo, por azares del destino caí en sus garras y como su olfato de perro le dice que huelo a hembra fértil, sólo quiere violarme hasta el cansancio– respondió crudamente.
–Ya veo, detectó tu celo, te trajo a la fuerza y ahora estás sometida a lo que su instinto diga. Me lo imaginé desde que percibí tu olor, las hembras humanas de aquí no huelen así– respondió la anciana zorro sin inmutarse. –Pero tengo que decir, que el amo Sesshomaru jamás había hecho algo como esto, a él no le agradan del todo los humanos, ni los mestizos. Tú eres un caso especial. –
–Desconozco porque mi cuerpo despide esa señal que sólo ustedes huelen, pero en éste momento ya no me importa, sólo quiero que tu amo cumpla con su palabra y me deje marchar– volvió a responder Diana enojada.
–El periodo de celo en los demonios tiene como objetivo el apareamiento y la fecundación para reproducirnos, es un instinto básico en todos los seres vivos. Sin embargo, no todos los demonios buscan eso. No creo que Lord Sesshomaru desee preñarte, no le agradan los mestizos. Puede ser que sólo se trate de deseo, pero tampoco puedo garantizarlo, ha cambiado mucho en los últimos tiempos– explicó la curandera.
– ¿Preñarme?, debe ser una broma– pensó Diana sobresaltada. –No, no lo creo, ese demonio sólo quiere poseerme por puro placer. Estos seres no son tan diferentes de los humanos, en cuanto al sexo por diversión se refiere– recapacitó con más calma. –No me interesa lo que tu señor quiera, sólo espero que respete el trato que tenemos– contestó finalmente.
–Lord Sesshomaru siempre cumple sus promesas y sus amenazas, ha sido así desde que lo conozco– dijo Aki, mientras concluía su actividad. –He terminado, el bálsamo tardará unas horas en hacer que el dolor desaparezca por completo. Sin embargo, no puedo hacer nada respecto a las heridas que te hizo en la piel, debes esperar a que cicatricen solas– finalizó.
–Por lo menos ya no me arden tanto. –
–En cuanto al té, tómalo dos veces más después de comer– indicó la mujer zorro.
Diana buscó con que vestirse entre las telas dobladas y para su sorpresa, se encontró con una bata de su talla. Aki la ayudó a salir de la habitación y se dirigieron al comedor.
…
– ¡Ya era hora humana, tengo hambre!– dijo Jaken con voz chillona.
–Nadie te pidió que me esperaras, rana fea– le respondió ella.
–Para ti, soy el señor Jaken. Además, tengo que vigilar que te alimentes– replicó, al tiempo que cruzaba los brazos.
La joven solamente le hizo una mueca de burla y lo ignoró mientras tomaba asiento junto a la curandera. Las viandas fueron servidas y todos empezaron a comer.
…
La tarde avanzó un poco más, la anciana salió a los alrededores en busca de más plantas medicinales. Diana se encontraba sentada en el jardín interior, bajo la vigilancia de Jaken, quien no le quitaba el ojo de encima.
–Oye, ¿Por qué no me dejas sola por un rato?– preguntó la mujer.
–Créeme que no estoy feliz con esto, pero si no te vigilo, podrías volver a escapar y el señor Sesshomaru ahora si me cortaría la cabeza– se justificó.
– ¿Y dónde está tu señor ahora?– interrogó ella de nuevo.
–Cazando a otros demonios, el amo Sesshomaru es muy celoso de sus tierras y le molesta que entren en ellas sin su permiso– explicó el sirviente.
–Dime una cosa, ¿Por qué mentiste sobre la cueva con forma de luna?– preguntó Diana, cambiando el tema.
–No sé nada de esa cueva, no tiene caso que me preguntes, sólo el señor Sesshomaru sabe cuando se abre. Lo único que puedo decir al respecto, es que los humanos que salieron de esa gruta, murieron devorados por las bestias del monte. Tú tuviste suerte de encontrarnos– concluyó el pequeño demonio.
En ese momento se escuchó el aviso del vigilante. – ¡Lord Sesshomaru, ha vuelto!–
Diana sintió un ligero nerviosismo y Jaken corrió al encuentro de su amo, de pronto se paró en seco. Sesshomaru venía cubierto en gran parte de su atuendo, con lo que parecía ser sangre muy oscura.
– ¡Amo bonito, ¿Se encuentra bien?, ¿Qué sucedió?!– preguntó sobresaltado el sirviente.
–Cállate Jaken, no es mi sangre… simplemente había demasiadas bestias que me subestimaron– dijo el Lord, tranquila y fríamente.
La joven lo observó a distancia mientras caminaba por el pasillo opuesto a donde se encontraba. Él volteó a verla y le dirigió un gesto malicioso al tiempo que se relamía los labios, después desapareció en otro corredor. La mujer sintió un escalofrío por todo el cuerpo.
–Al parecer, es un demonio bastante peligroso. No me agrada ni tantito la idea de permanecer aquí por más tiempo– pensó, conforme bebía la última taza del té preparado por Aki. En ese momento se percató de que el cansancio general había desaparecido. –Vaya, la curandera tenía razón, ya no me siento fatigada y el cuerpo ya no me duele tanto. –
…
La noche llegó, Diana caminaba por los pasillos sin saber a qué habitación dirigirse. De pronto, la llamaron desde un corredor apartado.
–Mujer, ven aquí– se escuchó la voz de Sesshomaru.
Diana tragó saliva.
–No puede ser, es muy pronto… aún estoy adolorida por lo de hace rato– pensó nerviosa, mientras caminaba hacia lo que parecía un gran salón.
Al ingresar, vio al señor del Oeste sentado con arrogante pose, en un lujoso diván de hermosos acabados. Solamente vestía una bata de color marfil, ligeramente abierta, que revelaba su piel hasta el abdomen. Él la miró fijamente al tiempo que bebía sake de un pequeño recipiente. La mujer se detuvo a la mitad del salón.
–Acércate… no pienso tocarte por el momento– habló impasible.
– ¿Qué deseas entonces?– preguntó Diana con reserva.
– ¿Quieres que te diga cuando se abrirá la cueva?– dijo, sonriendo con malicia.
Diana se sorprendió, en realidad quería esa información, pero sabía que tendría un costo. Aunque le revele la fecha, nada cambiará, ella tendrá que seguir atendiendo sus deseos por el tiempo restante.
–Sí, quiero saber cuándo será– contestó decidida.
–Bien, te lo diré después de que me complazcas… con tu boca– declaró con perversión, separando los muslos y exhibiendo su entrepierna aún cubierta por la tela.
La mujer se quedó sin palabras, la petición fue demasiado directa y descarada.
– ¿Cómo es posible que me pida eso?… ¿Cómo es que sabe acerca de eso?– razonó, tratando de asimilar la sorprendente solicitud.
–Estoy esperado tu respuesta, mujer– volvió a hablar Sesshomaru.
– ¡Maldito demonio… bien, seguiré tu juego!– accedió, reiniciando sus pasos hacia él. –Lo haré y espero que el señor del Oeste cumpla con su palabra– dijo Diana seriamente, sosteniéndole la mirada.
El Lord sonreía con deleite, al tiempo que terminaba de beber. La siguió con la mirada hasta que la mujer quedó frente a él. Ella se arrodilló despacio y sus manos se posaron en sus fuertes muslos. Los ojos femeninos lo miraban con furia por el nuevo chantaje, pero no le importaba, solamente deseaba someterla a sus apetitos.
Diana lo miró por unos segundos más, después soltó un suspiro de resignación al momento en que bajaba la vista por el pecho, el abdomen y finalmente a la entrepierna, que parecía reaccionar con su cercanía. Ella percibió el fresco aroma de su cuerpo, era sumamente agradable y seductor.
Comenzó a recorrer sus muslos con cierto deseo. A pesar de todo, la mujer no podía evitar sentirse atraída por ese demonio, cuya belleza física resultaba difícil de ignorar. Lentamente retiró la tela que cubría el área genital, el miembro comenzó a despertar. Diana lo miró sorprendida, realmente era un excelente ejemplar de virilidad. Su grosor y longitud eran dignos de un semental. Después de todo, Sesshomaru era un macho alfa en toda la extensión de la palabra.
–Jaja, ¿Qué pasa contigo Diana, cómo puedes expresarte así de éste íncubo, que te atrapó para convertirte en su concubina temporal?– se rió para sí misma, al descubrirse admirando al demonio. – ¿Qué más da?, si me niego ahora, sé que me obligará– continuaba meditando, mientras sus manos recorrían las ingles, pasaban por el pubis y finalmente rodeaban la base del órgano viril.
Sesshomaru jadeó levemente ante el suave tacto. Poco a poco el roce de su miembro comenzó a excitarlo, su mirada morbosa se deleitaba con la mujer a sus pies. De pronto, se estremeció al sentir una ligera caricia en el área testicular. La hembra se tomaba la libertad de manosearlo sin reserva y eso lo estimuló aún más. Se recargó en el respaldo del diván y cerrando los ojos, se dejó llevar.
Diana sabía qué hacer, con algo de lectura y un poco de práctica, se pueden conseguir muchas cosas de un macho ansioso sabiendo donde tocar. Sus manos se distribuían las tareas de recorrer el miembro y acariciar la bolsa seminal. Finalmente la erección alcanzó su punto álgido y la humedad se empezó a manifestar. Con su dedo inició el suave recorrido de la punta, lento y sin prisa. El demonio soltó otro gemido y ella sonrío complacida.
Despacio la lengua femenina se acercó, la fresca caricia rodeó el contorno, subió y bajó. Ella se retira un poco, sólo para cambiar la ubicación del recorrido. Ahora sigue la fricción del tallo, de la base hacia arriba una y otra vez sin dejar área libre de su lúbrica saliva. El demonio no pude dejar de mirar a la hembra, parece divagar, el cálido masaje lo perturba ya.
Las manos de Diana sujetan la endurecida virilidad y su lengua sigue jugando, como si se tratara de un helado. Recorriendo la base, subiendo por el tronco y culminando en el grosor, la lujuria escurre sin control. Repite una y otra vez, dejando que el demonio agonice y suplique. Él no lo dirá, pero con la mirada implorará.
La hembra lo mira libidinosa y pareciera que los papeles se intercambian, ella tiene el control ahora y los ojos ambarinos lo constatan. El macho está en trance, pronto caerá al abismo, por ésta ocasión se deja someter, sólo es placer. Los gemidos masculinos continúan al ritmo de la lengua femenina, que ahora lo abraza y lo humedece dentro de su boca. La fricción es suave y constante, las sensaciones se desbordan en su interior, el final está por llegar.
Diana no pierde de vista el gesto masculino, atenta a su reacción, escuchando su fiero jadeo y sintiéndolo temblar. Percibe la dureza de su miembro y la contracción de su ser, ella retira su boca y las manos toman el control de la carnal fricción. El macho cierra los ojos y clama ante el éxtasis final, su cuerpo se estremece en su totalidad, el orgasmo lo colma ya. La joven siente la cálida simiente inundar sus manos y escurrir entre sus dedos, sorprendente cantidad. Ella sonríe con disimulo, mientras espera a que el Lord vuelva a la realidad.
–Pasado mañana…– susurra el demonio, perdido en el placer.
La mujer se incorpora con calma y abandona el salón.
–Pasado mañana es demasiado tiempo… espero que sea verdad– pensó, al tiempo que caminaba rumbo a la habitación principal.
Continuará…
