Hola, aqui les tengo el capitulo 5 de la historia, espero que les guste.

Gracias por sus comentarios Kokoa Kirkland y Miyako Hyuuga1912.

Capitulo 5 "Búsqueda"

El burdel era el mismo de siempre, con las mismas mujeres fáciles de siempre y con el mismo licor barato que inundaba el lugar con su olor. Todo era justo como lo recordaba, porque todo se había mantenido justo como debia ser. ¿Entonces que era lo que lo tenia tan inquieto?

-¿Porque esa cara tan seria? ¿Acaso quieres hacer otras cosas que solo hablar? -pregunto una mujer delgada de cabello castaño que estaba sentada en el regazo del capitán, era una de las mujeres que trabajaban en el burdel y nunca habia sido la favorita del español, normalmente Antonio prefería a las morenas y de vez en cuando a las rubias ; pero esta vez a penas vio a esa castaña quiso quedarse con ella.

Quizá era porque su cabello le recordaba al cabello de cierto jovencito con el que habia estado "pasándose el rato" últimamente, pero ahora teniéndola cerca, oliendo su exceso de perfume barato y sabiendo que en realidad no era ni la mitad de hermosa que aparentaba con todo ese maquillaje en sima; no ayudaba en nada a su libido.

Se quito de encima a la mujer y salio de el lugar.. Tenia unas ganas enormes de ir por el castaño, extrañamente solo quería poder abrazarlo y sin darse cuenta habia regresado al barco y estaba parado en frente de la puerta de la oficina de Francis.

Iba a golpear la puerta para que saliera Francis, pero entonces se dio cuenta de que todo estaba muy calmado, probablemente estaban durmiendo y él habia prometido dejar descansar al pequeño italiano.

-Ya sera mañana... -susurro para si mismo y fue a su camarote a beber licor.

Muy temprano los hombres regresaron al barco y Antonio les ordeno de inmediato zarpar a toda marcha hacia el horizonte, estuvo ocupado todo la mañana asi que fue hasta entrada la tarde que fue a la oficina de Francis y al abrir la puerta se encontró con su amigo inconsciente...

-Tch... Este mocoso... -Con mala cara miro a Francis mientras este se despertaba después de unos minutos por el aroma fuerte de el alcohol en su nariz.

-¿Que paso...? -pregunto el rubio.

-Eso mismo iba a preguntarte yo...Francis. -su enojo se escuchaba en su voz.

-Ah... El niño se escapo... Auch... si que golpea duro. -se quejo llevando su mano a donde lo habia golpeado lovino.

-Demonios Francis... Debemos ir por él... -y en ese momento un fuerte golpe hizo tambalear al barco.

-Capitán! Nos atacan...

-Eso es mas que obvio... -susurro Francis y se sintió otra gran sacudida en el navío.

Furioso el capitán salio de la oficina de el rubio y miro el barco del atacante mientras otra cosa impactaba contra uno de sus hombres.

-Suelten las anclas, preparen los cañones... Este hijo de puta..

El enojo podía verse reflejado en la expresión del capitán, siempre habia tenido enemigos a su alrededor, cuando eres piratas te ganas algunos enemigos por las traiciones o cosas asi. Extraño era que un pirata simplemente te odiara porque si, y ese era el caso de el pirata que los atacaba justo en ese momento.

El enemigo numero 1 de Antonio, el Capitán Arthur Kirkland. Un ingles mal humorado, mal hablado, sádico y con complejo de "caballero". Normalmente Arthur no quería quitarle su botín al español, simplemente se conformaba con lastimarlo y hundir sus barcos mientras se burlaba de lo inútil que Antonio podia ser para decirse "pirata".

La pelea fue algo corta, con una gran desventaja para Antonio el cual no podía pensar de forma clara por que no podia sacarse de la cabeza al italiano. Al final su barco fue abordado por su enemigo. Se enfrento al capitán del barco atacante, pero este lo derroto hiriéndolo en el hombro.

-Vaya, vaya, vaya... Te estas haciendo malo para esto Antonio... -dijo el capitán de el barco atacante moviendo un poco su cabello rubio . -¿Donde quedo el idiota que se me enfrentaba hasta el amanecer? -pregunto burlón clavando mas su espada en el cuerpo del castaño.

-Definitivamente me cobrare esto...Kirkland... -su mirada parecía la de una bestia que a pesar de esta atrapada no se dejaba vencer.

-Claro, claro... hazlo entonces. ¿Tienes el botin, Alfred? -pregunto viendo hacia uno de los mas jovenes tripulantes de su barco.

-Si... -respondió el menor mostrando el oro que le había tomado de el camarote de el capitán.

-Oh, gracias por ser tan generoso al juntar todo eso para mi. -dijo haciendo una pequeña reverencia antes de volver a encajar su espada en el cuerpo del español.- Nos retiramos!

Con la orden del capitán rubio sus hombres se retiraron de el barco del español, Francis ayudo a Antonio mientras veían que solo cinco de sus hombres habían sobrevivido a la pelea.

-Parece que Arthur se volvió un poco bueno, antes definitivamente hubiera hundido tu barco... -comento Francis con una risa nerviosa, justo unos segundos después otro impacto se escucho en el barco y este empezó a hundirse.

-Este cabrón...

A duras penas lograron llegar a tierra, después de tratar las heridas del capitán juntaron a mas marineros para ir por un gran tesoro que Antonio tenia y después de conseguir otro barco -matando al capitán anterior- se embarcaron con la intención de ir a buscar al pequeño italiano.

Tardo casi una semana en llegar al lugar donde habian tocado puerto antes y de inmediato ordeno a sus hombres que buscaran al italiano, los marineros buscaron por todo el pueblo destrozando algunas cosas a su paso hasta que un hombre fue presentado frente a Antonio.

-Capitán, este hombre dice que sabe donde esta el chico que busca.

Antonio dirigió su mirada hacia el pueblerino el cual estaba temblando como una hoja, era un hombre regordete de cabello color zanahoria.

-¿Que es lo que sabes? Dímelo! -exigió el español.

-U-un chico que conozco, vende tulipanes y él se encontró con un muchacho hace casi una semana... estan viviendo juntos desde entonces.

Extrañamente eso de "están viviendo juntos desde entonces" hizo enfurecer al español, tomo al hombre de cabello zanahoria por el cuello y dedicándole una mirada furiosa como la de una bestia a punto de matar a su presa.

-¿Donde vive este tipo?

-Por allá! -indico de inmediato el hombre el cual fue arrojado contra el piso.

Al llegar a la casa indicada empezó a gritar para que el italiano saliera por las buenas, pero Vincent le impidió al Lovino salir. Poco a poco la paciencia del capitán se termino y ordeno que empezaran a quemar la casa.

-Si no sales ahora romano, voy a quemar todo aqui... -se podía escuchar su enojo en el tono de voz que estaba usando y esto solo asusto mas a Lovino. No podia permitir que dañaran a las personas que le habían ayudado cuando mas lo necesitaba.

-Bella, Vincent... Grazie... por favor entreguen esto a mi hermano. -dijo entregándole una carta al rubio, junto con el papel estaba el brazalete de diamantes. Después de hacerlo salio de la casa a paso lento, caminando hacia Antonio.

-Pensé que iba a tener que ir por ti... -dijo con una sonrisa mientras tomaba el brazo del italiano a penas lo tuvo cerca. -Quemen la casa! -ordeno.

-¿he? Vincent! -Lovino se volteo hacia atras y solo pudo ver que los hombres de Antonio comenzaban a incendiar la casa, trato de ayudar a los hermanos pero solo causo la molestia de el español, quien lo golpeo dejándolo inconsciente.

-Nos vamos! -oreno Antonio cargando a lovino de regreso al barco, los hombres lo siguieron sin cuestionarlo. Bella y Vincent lograron salir por la parte de atrás de la casa, la chica trato de ir tras los piratas para ayudar a lovino pero su hermano la detuvo.

-No podemos hacer nada por el Bella... Solo nos queda encontrar a su hermano. -pero aun si dijo eso se sintió terriblemente mal por no poder ayudar al italiano.

Cuando lovino abrió los ojos se encontró en un lugar que no le resultaba conocido, era un lugar oscuro y húmedo. Pudo saber por el movimiento que estaba en un barco y que las olas golpeaban fuerte contra el, se levanto de el suelo que era donde estaba tirado y camino unos pocos pasos, casi termina en el suelo de nuevo.

Cuando sus ojos se adaptaron a la oscuridad pudo darse cuenta de que se encontraba en la parte inferior de el barco, el lugar donde ponían a los prisioneros, sus tobillos estaban atados con gruesas cadenas que a penas le permitían moverse unos pasos sin lastimarlo.

Escucho el rechinar de la madera cuando alguien bajo por las escaleras hasta donde estaba, con sus ojos adaptados un poco a la oscuridad pudo darse cuenta quien era. Sintió miedo por la mirada tan fría que le estaba dedicando justo en ese momento, pero era su culpa después de todo.

-Francis...

-Lovino, así que tuviste la mala suerte de volver a ser atrapado por el capitán... Esta vez definitivamente no podrás escapar y yo ya no te estaré ayudando.

-... -lo entendía, era entendible que la única persona que le había ayudado en ese lugar ya no quisiera hacerlo después de lo que le hizo, pero después de todo estaba allí contra su voluntad, no tenia nada de que disculparse.

-El capitán ordeno que te quedaras aquí unos días, como castigo por escapar. Si sobrevives volverás al camarote con el capitán...

-¿Si sobrevivo...? -pregunto lovino viendo la sonrisa que se había formado en los labios del francés.

-Si sobrevives a lo que los marineros van a hacerte... -dicho esto salio dejando al italiano solo en ese lugar, agazapado contra el suelo y rezando para que su tormento no incrementara.