One Punch Man no me pertenece, y esto solo es un pobre intento de Fic (¬¬)
Nunca escuché las campanas de su boda
Capítulo 3: Fubuki
(...)
No se hubiera preocupado de aquel problema, si su hermana mayor no la hubiese contactado, para quejarse acerca de ellos dos. Fubuki era una mujer de principios, y no solía meterse en asuntos maritales, pero la situación parecía haberse salido de control. Su hermana le envió un mensaje insultando a Saitama, e indicando que no se apareció para darles una mano en un desastre clase Demonio, que casi le cuesta la vida.
Más allá de que no era asunto de Saitama lo que les suceda a los héroes clase-S en sus misiones, y que siempre llega tarde pero aparece cuando más se lo necesita, a Fubuki le costaba creer que el héroe de ciudad-Z haya rechazado un enfrentamiento de esa magnitud. Sin embargo, lo más curioso de todo era que tampoco hubo señales de Genos, quien según Tatsumaki, ni se digno en aparecer en el cuartel general de la asociación durante toda la semana.
Fubuki estaba segura de que esos dos estaban teniendo un conflicto de pareja, y uno bastante serio, ya que habían cambiado de actitud drásticamente. A decir verdad, no le sorprendía, mas por el escándalo que estaba en boca de todos y los espantosos rumores que corrían en la mayoría de las ciudades.
Por otro lado, podía ver las posibilidades que presentaba esta situación. Esta era la oportunidad perfecta para ganarse la lealtad de Saitama. Utilizaría sus conocimientos y recursos para ayudarlo a resolver su pequeño problema marital, demostrándole así sus habilidades de liderazgo. Por supuesto que no dudaría en extender su oferta para que se una a su grupo, y estaba segura de que estará dispuesto a trabajar bajo su mando, una vez que aprecie sus impecable habilidad a la hora de resolver conflictos.
Ella ya podía imaginarlo en un lindo traje a la medida, con unos elegantes y sofisticados zapatos, que de seguro harían lucir Saitama como todo un profesional. No era malo soñar, pero el problema que encontró en su plan fue que no tenía idea que había pasado entre esos dos.
Iba a tener que averiguarlo de primera mano. De todos modos, un poco de investigación nunca hizo daño a nadie.
(…)
El pueblo fantasma de ciudad-Z era tal como las oscuras historias que había escuchado. El sitio era silencioso como una tumba y la hierba ya estaba invadiendo cada rincón de la acera. Podía verse los rastros de batallas anteriores, cráteres de tamaño considerable en el asfalto, postes de luz partidos a la mitad y restos de monstruos pegados en los edificios más viejos. Era incómodo el silencio que se alzaba en aquel lugar en contraste con el bullicio de las zonas aledañas. Hasta sus escoltas estaban atentos a su entorno y ella no los culpaba, pero era más que obvio que la criatura más peligrosa de aquel sitio era Saitama.
Era intimidante que nadie se atreviera a vivir cerca de ese hombre, y por eso Fubuki pensaba que Saitama era el tipo de recluta que necesitaba su organización. Debía jugar bien sus cartas, y pensar en cómo encarar la situación para llevar a cabo su plan.
Aunque ella era un poco vaga con sus ideas. Mientras tocaba la puerta del apartamento de Saitama, se preguntaba que talle de zapatos sería, y si le permitiría tomarle medidas para mandar hacer su traje. Era un asunto importante, ningún subordinado suyo andaría por ahí vestido de amarillo, no le gustaban mucho los colores vivos.
Cuando Saitama abrió la puerta, la joven psíquica supuso que estaba de mal humor. Aparentaba estar tan impasible como siempre, pero esa impresión cambió cuando comenzó a hablar.
-¿Qué haces aquí Fubuki? Ya te dije que no pienso unirme a tu organización- Detrás de la puerta, Saitama parecía más huraño que de costumbre. Esto iba a ser más complicado de lo que Fubuki pensaba -No tengo tiempo para tonterías…-
-Espera, solo vine a charlar un poco- Ella rápidamente movió su mano derecha y con la ayuda de sus poderes telequinéticos, hizo flotar una caja de madera llena de dango, lo suficientemente cerca de Saitama como para tentarlo –Traje bocadillos-
Por suerte para ella, Saitama aún conservaba su política de aceptar comida gratis. Dejó a su escolta para que vigilen el pasillo y entró al apartamento con suma cautela. No vio nada extraño desde la última vez que había venido, pero notó un montículo de cosas cerca del pequeño pasillo que daba al cuarto del baño. Lo extraño era que Genos brillaba por su ausencia.
-¿Dónde está tu perro guardián? Es extraño no tenerlo encima, amenazando con incinerarme si no te muestro respeto…- Fubuki se mordió la lengua al ver que los hombros de Saitama bajaron un poco. La respuesta a su pregunta no había llegado, y el calvo había pasado de ella para preparar un poco de té para los dos. Cuando iba a disculparse, él decidió contestarle.
-Genos se fue hace una semana atrás- Saitama parecía indiferente aquel asunto, pero Fubuki sabía que estaba bastante mal. El sujeto parecía estar muerto por dentro, sus ojos vacíos se dirigieron hacia la pila de cosas que había en el pasillo -Aún tengo que embalar sus cosas para enviárselas, pero no ha llamado para reclamarlas-
Fubuki pensó que Saitama era demasiado perezoso para su propio bien… Aunque por otro lado, parecía que Genos estaba evitándolo, y con sus cosas esperándolo en su apartamento, tenía la excusa perfecta para que vuelva hablarle.
Mientras Saitama terminaba de preparar el té, Fubuki aprovechó a mirar entre las pertenencias de Genos, y no encontró nada llamativo o vergonzoso. Al parecer, todo lo que había dejado atrás eran herramientas y repuestos para su cuerpo artificial. Aunque por otro lado, ella no tenía idea lo que es convivir con un cyborg.
-¿Qué te trae por aquí Fubuki? No eres de las que hacen visitas sociales- Saitama le miró con cierta desconfianza, pero ella se alejó de las pertenencias de Genos para sentarse en la pequeña sala.
-Me duele que pienses eso de mi, tengo sentimientos ¿sabes?- Ella fingió estar afligida, pero rápidamente sonrió con algo de calma. Cambiar el tema e iniciar una conversación más relajada era la mejor opción que tenía en ese momento. Decidió felicitar a Saitama por su reciente ascenso en el ranking, pero no sirvió de mucho.
-Sí, fue fácil subir de puesto cuando Genos se fue, al parecer era lo que el público quería- Saitama no le permitió retrucar a Fubuki, mientras le pasaba su taza de té. Ella no pudo evitar notar que era nueva (hasta tenía la pequeña etiqueta del precio), mientras que él tomaba en otra, que había sido reparada varias veces. El nombre de Genos aparecía debajo de las grietas de la loza y no pudo evitar sentirse mal por aquel hombre.
-¿Por eso lo echaste de aquí? ¿Para ascender en el ranking?- Fubuki estaba siendo demasiado cínica, pero Saitama parecía un muerto en vida. Verlo ofendido le ayudaría a tranquilizarla un poco, el ambiente estaba demás pesado.
-Yo nunca obligaría a Genos hacer algo que no quiere- Una expresión de rabia pasó fugazmente por el rostro de Saitama, pero volvió a su expresión impasible -Él decidió irse por su cuenta, se le metió en la cabeza que las personas no me querían por su culpa-
-Que ridículo, de por sí ya eres bastante repelente por tu propia cuenta- Ella no quiso sonar tan desagradable, pero estaba empezando a molestarle aquel asunto ¿Desde cuándo la asociación se dejaba llevar por el capricho del público? Todo parecía muy turbio. Saitama por su parte se río amargamente antes de agregar.
-Supongo que en parte es mi culpa, no pude decirle que no me importaba lo que la gente piense de mí-
Fubuki miró su taza de té y bebió en silencio, pensando con cuidado lo que debía hacer. Necesitaba asegurarse de algo antes de irse a buscar a Genos.
-Si tuvieras la oportunidad de hablar con él ¿Se lo dirías?-
-Estoy un poco enfadado, pero lo haría, de todos modos sigue siendo Genos- Saitama subió sus hombros, como si fuera lo más natural del mundo.
Fubuki miró las cosas del cyborg, que solo acumularían polvo antes de que este se digne a regresar. Lo mejor era acelerar las cosas, para no dejar que esos dos comiencen a replantearse su relación, y la situación empeore.
(…)
Hallar el laboratorio del Dr. Kuseno fue relativamente fácil. La red de información del grupo Blizzard encontró rápidamente la dirección del buen doctor y al parecer, la casa no estaba demasiado oculta para identificarla. Fubuki no se molestó en tocar a la puerta cuando llegó allí. A un par de kilómetros de aquella residencia, escuchó varias explosiones, y fácilmente divisó una columna de humo negro elevándose hacía el cielo.
Sin embargo, a Fubuki no le hizo mucha gracia encontrar a Genos en un acantilado, moviéndose a una velocidad bestial y disparando sus cañones de plasma en todas direcciones, como si estuviera peleando con un enemigo invisible. Era ridículo que aquel sujeto resulte ser más peligroso de tratar que el mismo Saitama, pero llegó a la conclusión de que ese par de idiotas se merecían el uno al otro.
Notó que sus escoltas estaban temblando por el miedo, y chasqueo la lengua molesta. Les ordenó quedarse en el desfiladero, mientras ella utilizó sus habilidades para descender suavemente hacia donde se encontraba el cyborg. Apenas sus caros y bonitos zapatos tocaron el suelo rocoso de aquel acantilado, Genos giró sobre sí mismo y disparó hacía su dirección, destrozando una enorme roca que estaba a poco pasos de ella.
La psíquica no pudo evitar morderse el interior de su mejilla, tratando de controlar su temperamento.
-¡Qué alivio! Vaya uno a saber las cosas horribles que ha hecho ese pedrusco- Fubuki rodó sus ojos con cierta irritación, y notó que su comentario no fue bien recibido por Genos ¿Demasiado sarcasmo para el niño bonito? Qué se joda.
-¿Qué es lo que quieres Fubuki?- Escupió con cierta molestia el cyborg. Por otro lado, ella se dio cuenta que debía tomárselo con calma, por más molesta que este.
-¿Qué es lo que quiero? En estos momentos, una crema humectante, todo este polvo hará estragos en mi bonita piel- Ella no le sonrió en aquel momento, y señaló con cierta apatía las rocas pulverizadas y el suelo al rojo vivo que había dejado a su alrededor –Y que hay de ti ¿Qué quieres conseguir con todo esto?-
-No es de tu incumbencia- Se defendió débilmente Genos.
-¿A, no? Como quieras, solo venía avisarte que Saitama aceptó formar parte del grupo Blizzard- Fubuki sonó casi tan impasible que Genos no detectó la mentira saliendo de su boca. Años y años viviendo con su hermana psicótica le había ayudado un poco a controlar su temperamento. Pero no importaba que tan buena sea engañando a los demás, Tatsumaki siempre la descubría y se lo restregaba en su cara.
-Mi maestro jamás haría algo así…-
-Ya no es más tu maestro, él mismo me lo dijo. Además, ya mandé hacer su traje y escogí personalmente sus zapatos…- Fubuki apenas parpadeo cuando Genos se le acercó peligrosamente para atacarla. Ella estaba sorprendida por la velocidad del cyborg, pero lo empujó rápidamente con una barrera invisible. Más o menos sabía hasta que punto podía enfrentarlo.
-¿Qué haces? No pienso pelear contigo- Fubuki miró con cierta duda a Genos, que parecía debatirse entre arrancarle la cabeza o hablar con ella. Por suerte, escogió la segunda opción.
-No debí dejarlo solo- Se lamentó Genos, por lo que de inmediato ella tuvo que preguntar.
-¿Y porque lo hiciste?-
-¿Has estado bajo una roca en el último mes?- Genos parecía estar sumamente irritado, y por suerte no trataba de ocultarlo. Por otro lado, Fubuki estaba agradecida de que quiera hablarle, prefería mil veces el sarcasmo por sobre los ataques físicos –Esos horribles rumores sobre mi maestro, personas que jamás me han conocido tratándolo como un monstruo en mi nombre ¡Él es un héroe! ¿Por qué les cuesta tanto trabajo verlo como yo lo veo?-
Fubuki subió sus hombros. No tenía la respuesta a esa pregunta y no iba a tratar de responderla. A veces había que ser como Saitama, y dejar pasar las cosas, mas aquellas en las que no tienes control. Vivían en un mundo muy loco y extraño, donde no tenían un solo momento de paz y siempre había un monstruo para destruir. La asociación de héroes se había convertido en una mala broma sobre empresas corporativas, y ellos no eran más que unos fenómenos acomplejados que debían lidiar con la opinión de la gente.
-Deberías ir por tus cosas antes de que Saitama abandone su apartamento- Fubuki sabía que lo mejor para una reconciliación era un encuentro en público, para así evitar desaires emocionales. Sin embargo, como estaban las cosas, las personas ajenas solo estorbarían. No había mejor lugar para que esos dos idiotas que el pueblo fantasma de Ciudad Z.
-Mi maestro jamás trabajará para ti, Fubuki- Genos le dedicó una mirada horrible, para luego darle la espalda y se alejó del acantilado, a una velocidad espantosa.
Fubuki volvió a respirar, dándose cuenta de que estaba reteniendo el aliento. Había hecho pocas cosas peligrosas en su vida, una de estas fue llevarle la contraria a su hermana mayor, y la más reciente fue enfrentarse directamente a Saitama ¿Le gustaba arriesgar su vida por tonterías? Bueno, no podían criticarla, los héroes suelen hacerlo todo el tiempo.
(…)
Genos llegó al departamento de Saitama a la hora de la cena, y se quedó parado en la puerta, tratando de decidir si tocar o no. Tenía pleno conocimiento de que había decidido marcharse por su cuenta, sin consultárselo a su maestro, y ni siquiera le dio tiempo para razonar con él.
Estaba avergonzado por haberse ido de esa forma, y no sabía si Saitama iba a perdonarlo. Es posible que Fubuki tuviera razón, y decidiera formar parte de su grupo, ya que había quedado solo por su culpa. Un poco molesto, mueve su cabeza hacía delante y golpea la puerta por accidente.
Debía admitir que no estaba preparado cuando la puerta se abrió, y Saitama se apareció del otro lado, mirándolo con una extraña expresión de asombro.
-Maestro, yo…- Genos se dio cuenta que no podía hablar, estaba muy nervioso.
-Ya es hora de cenar, preparé udon- Dijo Saitama al notar que él no podía hablarle. Genos estaba curioso, no esperaba que su maestro haya sabido que iba a regresar.
-¿Cómo sabía que venía para la cena?-
Saitama elevó los hombros, restándole importancia aquel asunto y contestó con tono neutral –He preparado la cena para los dos desde que te fuiste, supuse que volverías en algún momento-
Genos sintió algo raro en su interior, una sensación cálida que había olvidado ¿era pertenencia? Aun así tenía que estar seguro.
-¿No le molesta las encuesta de popularidad? Si nos siguen viendo juntos los rumores podrían empeorar-
-No me importa, al menos no tanto como debería- Su maestro dijo esto un poco resignado. Él sabía que quería tener un club de fans, pero al parecer había renunciado a eso. Al menos por ahora.
-Es verdad, casi olvido que usted es demasiado perezoso para preocuparse por esas cosas, maestro- Genos entró al apartamento, mientras Saitama le miraba ofendido.
-No te pases de listo que sigo enfadado por todo el drama que armaste-
Genos sonrió levemente, y dijo con cierta calma –Es bueno estar en casa… Por cierto ¿Usted iba a unirse al grupo Blizzard si no volvía?-
-¿Eh? No, por Dios ¿Qué tonterías estás diciendo?-
(…)
Había pasado un par de días después de todo aquel asunto, y Saitama sintió que Genos nunca se había ido. Recuperaron su rutina con tanta naturalidad, que le hizo sentir un poco de escalofríos cuando lo pensaba detenidamente. No se había dado cuenta lo mucho que el cyborg había influenciado en su estilo de vida, y le costaba trabajo imaginarse lo que sería su vida sin él.
Tal vez ya no quería estar más solo, y no estaría mal evitar este asunto vuelva a repetirse. Aún así, no tenía idea como se generaron esos rumores, pero iba a tener que solucionar ese problema para que Genos deje de preocuparse.
Esa mañana había comenzado un poco más tarde, pero era agradable despertarse con el aroma a panqueques para el desayuno. Saitama se levantó con pereza de su futon, y se acercó a la cocina rascándose el cuello. Bostezó un poco, y saludo a Genos al mismo tiempo, tal así que apenas entendió lo que le dijo.
-Buenos días para usted también- Genos no pudo evitar molestarlo por ser demasiado perezoso. Como si fuera a cambiar por él, que agradezca que no seguía en recostado en su futon.
-Ya, no empieces de nuevo- Saitama se acercó a Genos, ignorando lo bien que le quedaba su delantal, para mirar con interés lo que estaba cocinando –Eso se ve muy bien-
Genos asintió, exhibiendo una pequeña sonrisa, y luego agregó -¿Vamos a la tienda más tarde? Ya se acabaron los huevos-
Saitama iba a responderle, cuando escuchó que llamaban a la puerta. Decidió atender, para que Genos termine de preparar el desayuno. No había nadie del otro lado, pero habían dejado una caja de tamaño considerable con un enorme moño negro en su tapa. Cuando la abrió descubrió un traje negro y un par de zapatos, demasiados caros para su gusto.
-¿Pero quién dejo esto aquí? Qué extraño, parece algo que usaría en una boda-
TBC
N/A: Debo admitir que este capitulo no es muy bueno, no me ha gustado porque no le hace justicia de Fubuki. De todos modos, voy a tardar un par de semanas en actualizar el siguiente, para mejorar la calidad.
