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Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Todos humanos.
ALAS AUSTERAS
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._El Infierno en la Tierra_.
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-Bella…- Susurré cerca de su oído. Aún seguía dormida sobre mi pecho. - Bella.- Dije esta vez acariciando su mejilla y provocando que su ceño se frunciera.
El día de hoy había sido su cumpleaños. Mi pequeña princesa había cumplido 13, y odiaba que los tuviera que pasar en aquella cárcel… por que eso era para nosotros.
Ella con 6 y yo con 8, nos habían separado de la manera más cruel, nos habían alejado del cariño de una de las personas a las que más le importábamos sin importarles nuestro dolor. Nuestros padres habían muerto a causa de viruela y nos habíamos quedado solos, solo una persona nos trataba con cariño, Zafrina, el ama de llaves del Palacio de la Marquesa.
No estaba permitido que los niños y niñas nos viésemos, pues estábamos separados por una tapia enorme, pero había más amigos en mi situación, Emmett y Alice, habían sido dos hermanos separados, igual que les pasaba a Rose y Jasper, gemelos.
Sabía que pronto me venderían a alguna familia como esclavo, pues mi infancia se había acabado hacía bastante tiempo, incluso estaba sorprendido porque no me hubiesen vendido ya, había superado los 15, me sentía completamente un hombre.
-Bella, tenemos que volver si no queremos tener problemas.- Me erguí poco a poco, intentando que ella entrara en razón.
-No quiero irme.- Murmuró abrazándome más fuerte por el cuello.
-No me hagas esto más difícil.- Dije separándome unos centímetros y tomando su rostro entre mis manos. - No quiero que te pase nada, imagínate lo que pueden hacerte si nos encuentran aquí juntos. - Ella agachó la mirada apenada.
Su cabello sucio y revuelto no había perdido del todo el brillo. Miré sus manos que descansaban entre las mías también sucias. Había sido muy difícil sobrevivir a todo esto. Anhelaba los momentos con mis padres, Elisabeth y Edward y los momentos felices junto a Bella.
Habíamos descubierto a los pocos meses de estar encerrados, un pequeño paso entre los alambres que separaban nuestros albergues, si es que podían llamarse de aquella manera. Unos alambres a los que no había llegado la fuerte y enorme tapia. Eric, se había convertido en un buen amigo, aunque ya hacía 2 años que lo habían vendido a una familia de nobles. Él nos había contado como ver a las chicas a través de aquel estrecho y pequeño paso.
No podía negar que era muy arriesgado, pero eran muy pocas veces las que nos podíamos ver, pues nos teníamos que turnar sino queríamos ser descubiertos. Nos mandábamos mensajes de ánimos y para vernos entre todos, y solíamos escondernos en una pequeña habitación, al lado del albergue, de 6 metros cuadrados si llegaba, con todos los utensilios que nos hacían utilizar para trabajar duro.
-Prometo que dentro de un mes intentaré volver.
-¿Me lo juras?- Preguntó intentando contener las lágrimas que amenazaban con salir en cualquier momento de sus dos enormes ojos.
-Te lo juro pequeña.- Aseguré abrazándola de nuevo.
No hacíamos nada indebido, lo único que necesitaba era estar con ella, poder abrazarla y saber que estaba bien, estar unas pocas horas junto a ella. Estaba enamorado, de aquello no cabía duda, desde siempre supe que Bella era la única mujer que podría hacerme feliz, ya lo había hecho desde su niñez, por eso estaba tan seguro.
Cuando lograra escapar de todo aquello, volvería para rescatarla, solo estaba esperando la oportunidad para hacerlo.
Me puse de pie, ayudándola a subir, aun era pequeña, pero sus ojos hablaban mucho más que su semblante de niña asustada y abatida.
-Prometí que volveríamos a estar juntos, no llores Bella.- Pedí secando sus lágrimas con los pulgares.
-No es justo.- Se quejó, escondiendo su rostro en mi pecho, nos quedamos así unos segundos más disfrutando de nuestra presencia.
-Lo sé.- Dije separándome, volviendo a mirar su rostro y dándole caricias en el mismo.
-Edward…- Susurró mirándome suplicante.
-Dime.
-¿Me dejarías… hacer algo por mi cumpleaños?- Preguntó sorbiendo la nariz.
-Por supuesto.- Dije intentando sonreír.
Ella suspiró, elevándose de puntillas y tomando mi rostro entre sus pequeñas manos, aún con las mejillas húmedas del llanto y acercándose muy lentamente y cautelosa a mi rostro. Me tensé al notar sus intenciones y posé mis manos en su cintura intentando apartarla.
-Me has dicho que sí… - Dijo insistente. - Edward… necesito hacerlo. - Pidió.
No pude negarme a su petición. Bella siempre había sido mi pequeña y lo que más deseaba era estar con ella, pero nunca me había intentado sobrepasar con ella, sabía que a sus 13 años aún era débil y algo infantil, ni siquiera su cuerpo había acabado de desarrollarse, pero en aquellos momentos lograba superarme.
Me miró a los ojos, intentando confirmar de alguna manera mi consentimiento, cuando era lo que más deseaba, sentir sus labios en los míos. La acerqué un poco más a mi, sintiendo las pequeñas curvas que comenzaban a adornar su cuerpo y fue entonces cuando su respiración incontrolada cesó y por fin pude sentir sus labios.
Cerré los ojos, no había pasión, ni mucho menos deseo, ni siquiera nos habíamos atrevido a moverlos, simplemente los habíamos presionado, con la confianza que nos teníamos y con el amor que nos profesábamos. Un simple e inocente roce que consiguió conmover todo mi cuerpo y hacerme sentir más vivo. Un roce que confirmó una vez más que ella era la dueña de mi vida y la mujer con la que quería pasar el resto de mis días. Un beso dulce por el que lucharía con todas mis fuerzas para sacarla de ahí.
Sin ninguna intención más que de sentirla un poco más moví mis labios, acariciando los suyos y apartándome por completo, para mirarla.
-Gracias.- Me dijo.
-Yo también te quiero. - Ella sonrió satisfecha. - Dile a Rosalie que Jasper vendrá a verla dentro de 6 días y a Alice que Emmett está tratando de negociar con Ben para poder venir a verla. ¿Puedes decirle a Jessica que Mike recibió su carta? Parece que le ha gustado lo que le ha escrito. - Acaricié su mano. -¿Tienes algo que decirme?
-Ángela se rompió un brazo esta mañana, se cayó de un árbol, así que no creo que Ben quiera negociar con Emmett en cuanto lo sepa y a Lauren el otro día le vino el periodo, quizás deberías decírselo a su hermano.
Volví a abrazarla una vez más y cuando escuché al gallo cantar me di prisa. Me aseguré que Bella llegaba a su albergue y después corrí hacia el mío, colocando bien los alambres.
-Vamos Edward el Gordo va a llegar en cualquier momento, ¿cómo puedes exponerte y exponernos de esa manera? - Me regañó Jasper, quien era dos años más pequeño que yo. Todos comenzaron a acercarse, era lo que pasaba cuando alguno de nosotros volvía de nuestras visitas, buscando alguna respuesta o información.
-Sé lo que hago, ¿vale?
-¿Algo sobre Rose?
-No…
-¿Y sobre Jessica?- Preguntó Mike a mis espaldas.
-No, pero quizás deberías saber que tu hermana ya es una mujer.
Todos comenzaron a felicitarle, aunque Mike lejos de estar contento por la noticia estaba serio.
-Es una verdadera lástima que tengan que pasar tal alegría en un sitio como este. Deberíamos rebelarnos de algún modo, de alguna manera les ganamos en número.
-Ellos tienen las armas, no tendríamos ninguna oportunidad.- Dije. Él solo suspiró y se alejó a su rincón.
-Ben y Taylor, Ángela se ha roto un brazo cayéndose de un árbol.
-Malditos.- Dijo Taylor, su hermano, llevándose una mano al cabello.
-¿Y a ti como te ha ido con Bella?- Preguntó Emmett. Una imperceptible sonrisa se dibujó en mi rostro. Todos comenzaron a apartarse, dejándonos solos a Jasper, Emmett y a mi.
-Cada vez me convenzo más de que es la mujer de mi vida.
-Eso es bueno hermano.- Dijo Jasper dándome una palmada.
-Hoy me besó.- Dije pensativo, envuelto aún en las sensaciones que sus labios me habían dado.
-Veo que lo vuestro va más en serio de lo que pensaba.- Dijo Emmett.
Sonreí y entonces la puerta del albergue se abrió de golpe, el Gordo, aparecía por la puerta con su ya caracterizante semblante de verdugo y matón. Con aquella espada colgando de su cadera.
-¿¡A qué esperáis!? ¡Vamos! - Nos agrupamos y comenzamos a salir del albergue, pero justo cuando me crucé con aquel maleante de dientes podridos y calvicie severa me paró, a mi y a Emmett. El miedo no tardó en invadirme, sabía lo que eran capaces de hacer. - ¿Quienes sois?- Preguntó demandante.
-Edward… Masen.- Respondí sin mirarlo a los ojos.
-Emmett Evans.
-Tenemos una noticia para los dos, os alegrareis. Por fin salís de aquí. - El miedo me invadió aun más al pensar en mi pequeña princesa.
-¿Qué? ¿Cuándo? - El Gordo me empujó con fuerza hasta la pared, haciendo que sintiera aquel golpe en todos los huesos de mi espalda.
-Las preguntas las hago yo, ¿De acuerdo? No me has dejado acabar. Salís dentro de 3 noches.
Sin decir palabra alguna, comencé a caminar cuando nos empujó hacia fuera del albergue, con la mente en blanco, solo podía pensar en ella.
La mañana paso algo rápida recogiendo las mazorcas de maíz, pero siempre se volvía demasiado largo cuando a penas sin comer, teníamos que volver para esta vez labrar la tierra hasta altas horas, hasta que el sol se escondía en el reino de Italia.
El trabajo podría clasificarse incluso de entretenido si no tuviéramos a aquellos matones vigilándonos, con sus látigos, golpeando al mínimo descanso que a veces, sin querer hacíamos. Ya tenía marcas en las espalda por aquellos fuertes latigazos que nos propinaban.
Volvíamos sucios y sudados a nuestro albergue para casi muertos del cansancio tumbarnos en la paja que teníamos. A veces las ratas nos visitaban con sus horribles chillidos y hasta alguna vez a alguno de nosotros nos habían llegado a morder.
-Usad el agua vosotros hoy.- Ofreció Emmett al grupo que siempre descansaba en el ala sur del albergue.
Y así tenía que ser, no había agua limpia suficiente para todos, por lo que nos turnábamos. Nunca acabábamos limpios del todo pues muchas veces el agua limpia tardaba en llegar muchos días.
-Taylor, dile a tu hermana Ángela que la quiero y que espero que se mejore.- Dijo Ben.
-Y por favor dile que le diga a Bella que me venden, pero por favor asegúrate de que le diga también que no me olvido de nuestra promesa, y… que la quiero. - Dije apenado, retirándome del montón de gente que rodeaban a Taylor, enviando mensajes.
Ya no la vería, pero… sabía que el calor de sus labios quedaría clavado en los míos, como el más dulce recuerdo de todos.
Bueno aquí os dejo el primer capítulo, espero que os haya gustado y no os haya entristecido demasiado :) Esto guarda alguna que otra sorpresaa, pero aun queda mucho camino :)
Paolastef, E. Cullen Vigo y gioviss, Graciass! :)
Sí, se que es algo duro sobretodo porque se los llevaron como esclavos cuando era más pequeños aún, pero nadie dijo que la vida en la Edad Media, fuese fácil y menos para los niños, a quienes consideraban adultos en miniatura! Ayyyyy, si es que me gustar sufrir a mi tb!
MUUUÁ!
