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Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Todos humanos.
ALAS AUSTERAS
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._Arriesgando para ganar_.
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Las cosas se habían puesto realmente feas. En la última visita a escondidas, Taylor no había dejado bien los alambres, solo eso bastó. A nosotros nos dejaron tres días sin comida, sin contar los numerosos latigazos que nos dieron por negarnos a responder quién había sido y a ellas… Dios, ¿¡Qué le habría pasado a Bella!?
Me removí en mi lugar, y sentí abrirse las heridas en mi espalda. Ardor y más ardor, pero más ardor me provocaba el no saber cómo estaría ella. Levanté la cabeza de mis rodillas y miré frente a mi a todos mis compañeros. Ojos morados y bocas sangrientas, a parte de las múltiples heridas dibujadas en la zona de la espalda y en los hombros y parte de los brazos.
Nadie tenía derecho a un trato tan humillante. ¿¡Quien se creía esa Marquesa, para decidir lo que tenía que hacer con nosotros dos!? Apreté mi puño derecho y cerré fuertemente los ojos. Solo me quedaban dos noches más aquí, a Emmett y a mi. Pero volvería a por ella, de eso estaba seguro. Aún no sabía como lo haría, pero la iba a sacar de este mugroso lugar.
Al día siguiente, como si nada hubiese ocurrido, nos sacaron a trabajar, a humillarnos y burlarse de nosotros. Y pobre de nosotros el que se negase o no pusiera empeño en ello. Las heridas quemaban y la luz del sol no ayudaba en absoluto, calentando las gotas de sudor. Más de uno se desmayó, pensé que casi iba a perder las fuerzas cuando nos informaron que por aquel día era suficiente.
Al día siguiente fue peor, la impotencia de no saber nada de ella, sobre su bienestar, sobre su integridad, dolía mucho más que las heridas que me rasgaban el cuerpo. Esa noche casi no pude conciliar el sueño, en parte por el dolor de las heridas aún existentes y en parte por pensar en Bella. Rememoré la sensación que me habían producido sus dulces y suaves labios al acariciar los míos: una chispa de electricidad, bienestar, amor… Porque aún le importaba a alguien, y si bien no sabía cuanto tiempo más vería a Emmett y Jasper, sabía que a Bella no podía dejar de verla, no lo permitiría.
Cuando la tarde del día siguiente cayó, todos nos dirigimos a nuestro albergue y nos sentamos. Me sentía raro, sí, aún me dolía todo el cuerpo, pero era otro tipo de sensación. Iba a salir de aquel lugar, y no sabía si alegrarme o entristecerme. En las dos noches anteriores, había planeado junto a Emmett un plan, que esperaba ciertamente que saliera bien, si no podríamos salir mal parados. Había cogido con mucho trabajo y con los nervios a flor de piel una cuchilla de hoz, la había guardado bajo los harapos de Emmett, rezando porque ellos no vieran nada extraño, y poniendo como excusa que no me había fijado cuando se había soltado al volver, que debía estar tirada por el campo. Claro que me llevé un par de golpes, pero al menos la teníamos.
La hora llegó y el Gordo abrió la puerta. Sabíamos lo que teníamos que hacer. Emmett y yo ya nos habíamos despedido previamente de todos, les habíamos deseado suerte, por lo cual nos levantamos en silencio en dirección a aquel matón. Apreté la hoz con seguridad en mi cuerpo, impidiendo que fuera descubierta, pero tuve que dejar de hacerlo, pues como ya sabía tenían que atarnos las muñecas y apretar mejor los tobillos. Subimos al carro, a aquella especie de jaula humana y nos quedamos en silencio, hasta que notamos como los caballos comenzaron a caminar. Cuando consideré que había pasado un tiempo prudencial y vi que habíamos perdida de vista, aquella cárcel para niños, deslicé mis pies hasta Emmett, provocando que alzara la cabeza.
-¿Estás preparado?- Susurré, él solo asintió.
Nuestros cuerpos se movieron y nos sentamos al lado, Emmett subió mi especie de camisa, desgastada y rasgada, y logró sacar con las manos juntas la cuchilla de hoz que se había aguantado hasta ahora del cinturón que había salvado.
Estiré mis brazos y me puse frente a él. En un movimiento desesperado Emmett, se colocó para actuar y sentí la punta de la cuchilla sobre mi pierna, no pude evitar soltar un bufido. Miré a Emmett quien se disculpó con la mirada. Y luego continuó con mucho cuidado intentando cortar aquellas cuerdas que envolvían mis muñecas de manera tan brusca y desagradable.
Al poco tiempo mis muñecas habían quedado libres y sonreí tomando la hoz de sus manos, corté las cuerdas que aprisionaban mis pies y luego corte las de Emmett. Quedando los dos libres de aquella prisión me dispuse a seguir con el siguiente paso y quizás el más difícil: abrir la jaula. Cogí el grande y pesado candado desde afuera y pasé la hoz por uno de los barrotes, intentando introducir la fina punta por el cierre.
Esperaba el momento en que sintiera un "click", pero me llevó más tiempo del que hubiese pensado jamás, cada vez me ponía más nervioso, pues veía que nos estábamos alejando cada vez más, nos costaría encontrar el lugar de nuevo. Sonreí cuando por fin el candado se abrió, lo cogí y lo metí dentro, sujetando la puerta para que no hiciese ruido. Avisé a Emmett con un gesto y comencé a abrir la puerta intentando que no rechinase, si no éramos hombres muertos. Saltamos al camino de piedra, dejando atrás a los caballos y corrimos hasta refugiarnos entre los arbustos y los árboles.
-¡Sí!- Susurré emocionado.
-¡Lo hemos conseguido!- Exclamó Emmett después de unos segundos y nos abrazamos.
Corrimos siguiendo el camino de piedra, pero manteniéndonos escondidos gracias al manto de la noche y a la madre naturaleza. Teníamos claro, que sería difícil mantenernos a salvo si nos acercábamos demasiado, además necesitábamos cazar algo para recuperar fuerzas y poder actuar de manera eficiente.
Pasamos aquella noche entera, resguardados entre unos arbustos, planeando cómo entrar en aquel lugar sin ser vistos, y lo más difícil, como sacar a Bella y Alice de aquel lugar, porque Emmett estaba dispuesto a sacar a su hermana.
Me tumbé no muy tranquilo, aún estaba demasiado preocupado por mi pequeña, ¿Qué estaría haciendo? ¿Qué le habrían hecho? ¿Cómo se habría tomado la noticia de que me vendían? ¿Dudaría ella que fuera a rescatarla?
Intenté hacerlo, intenté dormir para recuperar fuerzas, pero fue casi imposible, solo me adormilé un poco antes de que los primeros rayos del sol hiciesen acto de presencia.
-Edward…- Susurró Emmett muy, muy bajito.
Me erguí sigiloso, con miedo de que alguno de aquellos matones nos estuviesen buscando por aquel lugar. Entonces lo vi coger una piedra, sin dejar de mirar a un punto fijo. Se giró por un momento y me guiñó un ojo. Alzó su brazo y lanzó aquella piedra con tal intensidad, que no me di cuenta a donde se dirigía hasta que dos orejas largas me anunciaron qué era lo que pasaba.
-¡Emmett! ¡Bien hecho! - Lo felicité, acababa de cazar un conejo.
Me acerqué mirando siempre que no hubiese nadie alrededor, y me fijé como aquel pobre animal aún agonizaba, así que cogí una piedra y volví a golpearle la cabeza. Odiaba tener que hacer aquello, mas si quería volver a por Bella, tenía que estar fuerte y debíamos alimentarnos para llevar a cabo esa misma noche el plan.
-Necesitaba algo así.- Dijo Emmett con la boca llena de grasa.
Habíamos encendido un poco de fuego gracias a la fricción de dos piedras, aunque no podríamos tenerlo mucho tiempo encendido, al menos nos daba para asar al pobre conejo.
-Debemos estar fuertes Emmett, esto tiene que salir bien.
-Va a salir bien.
El resto del día nos quedamos refugiados, esperando que el sol se escondiera para acercarnos al que había sido nuestro martirio, desde fuera realmente parecía una cárcel, aunque en realidad sabía que las cárceles solían ser subterráneas y que los presos eran separados por celdas, nada podía ser peor que ser un esclavo… ¿o sí?
Llegué hasta la esquina de la tapia que tanto conocía y siseé a Emmett bajito para que me siguiera. Habíamos llegado por suerte hasta allí, ahora no podía salir nada mal. Ladeé mi cabeza para que estuviera en mi lugar y me acerqué hasta la próxima esquina, esperanzado con que hubiera lo que quería. Me asomé y justo en la puerta había uno de aquellos matones, guardando uno de los carros con caballos, con la espada colgando, pero realmente sin hacer sus labores.
Corrí hasta esconderme detrás del carro y busqué lo que necesitaba. Me colgué la cuerda del hombro y volví a observar, el matón ahora se había movido, cogiendo mejor postura. Suspiré y me preparé para correr hasta la esquina. Caminé hasta donde se encontraba Emmett. Me sonrió al ver que traía la cuerda e hice un nudo corredizo.
-¿Quieres que lo intente yo? - Susurró. - Creo que tengo más puntería.
Miré hacia arriba, el pequeño lugar por donde nos comunicábamos chicos y chicas, separado por alambres, tenía al final un hierro alto, que sobresalía la tapia, si éramos capaces de atrapar con la cuerda aquel hierro, podríamos entrar en el interior.
Asentí a mi compañero. Emmett dio un paso hacia atrás y miré a los lados, vigilando para que nadie nos viera. Alzó el brazo derecho y dio círculos impulsando la cuerda hasta que atrapó el hierro.
-¡Sí! - Murmuré.
-Shh. ¿Quién sube primero?
-Yo.- Susurré otra vez.
Me aguanté de la cuerda, comprobando que podía soportar todo mi peso y comencé a trepar por la pared. Notaba como las heridas aún se me abrían, no debían estar cicatrizadas, pero tenía que subir, tenía que verla, tenía que sacarla. Miré desde arriba el pequeño cuarto donde transcurrían aquellas visitas clandestinas, otro matón. Debía tener mucho cuidado si no quería que las cosas saliesen mal.
Noté el cuerpo de Emmett a mi lado, y ladeé la cabeza hacia el lugar donde se encontraba el matón, después deslizamos la cuerda hacia el otro lado para bajar en silencio. Una vez abajo corrí hacia la esquina del albergue y abrí la puerta muy despacio, intentando no despertar a ninguna de las chicas. Emmett se había quedado fuera vigilando, por si algo pasaba.
Miré y miré, pero no encontraba a Bella, y ahora todo era peor, pues no había casi luz, solo la que entraba de la luna. Caminé fijándome en todos los rostros dormidos, hasta que entre la penumbra y el silencio logré escuchar unos sollozos, bajitos, silenciosos, pero al fin y al cabo sollozos. Me giré y vi un bulto casi imperceptible, ya que la luz de la luna no lo iluminaba, caminé esperanzado, esperando que fuese ella.
-¿Bella? - Susurré muy bajito. Ella se giró de repente, no podía ver su rostro, ¿Qué pasaría si no fuera ella? ¡Quizás había arriesgado demasiado! Pero sus brazos rodearon mi cuello con fuerza, acallando los sollozos ahora más fuertes contra el mismo. - Sh, sh. Ya está, amor.
-¿Edward? - Susurró.
-Estoy aquí, ¿dónde está Alice? - Pregunté.
Me cogió de la mano y me llevó hasta ella, luego antes de salir me hizo esperar y me miró a los ojos.
-Rosalie… - Susurró, la hermana de Jasper. Asentí, ya éramos demasiados, y era peligroso, pero… era Rose, la pequeña Rosalie.
Cuando por fin estábamos todos, me asomé, primero envié corriendo a las tres chicas, una por una, después me asomé, esperando que aquel matón no me viera a mi tampoco y corrí hasta estar con ellas, seguido de Emmmett.
Mi amigo trepó primero, esperando arriba para ayudarlas a ellas, quienes con mucho esfuerzo lograron llegar arriba de la tapia. Después subí yo.
-Un momento…- Murmuró Rose. - ¿Y Jasper? - Emmett y yo nos miramos sin saber que decir. - Quiero que venga con nosotros.
-Es muy arriesgado Rose. - Susurré. - Baja, Emmett está esperando.
-Pero es mi hermano. - Suspiré y sopesé algunas ideas. Sabía donde dormía Jasper, pero ¿podría hacerlo? Igual, dormían todos por el cansancio, aún no habían comido, ¿sería fácil entrar sin que nadie me viera y llevármelo? Sabía que no, pero al mirar los ojos de Rose, vi que no tenía opción.
-Está bien.
-Edward… - Susurró Bella, mi pequeña, con sus ojos llenos de horror. Yo sonreí, intentando tranquilizarla.
-Bajad con Emmett, si tardo más de lo que debería, por favor marcharos.
-Pero…- Volvió a susurrar casi sin voz.
-Shh.- Siseé poniendo mi dedo índice en sus labios. - Volveré, te lo prometí. Dile a Emmett, que vuelva a tirar la cuerda a este lado, la necesitaré.- Dije besando su frente.
Su mirada cambió por un solo segundo a una más complaciente, y aproveché para bajar de nuevo. Caminé esta vez un poco más tranquilo hasta el albergue de los chicos, todo estaba silencioso, no se escuchaba ni un mínimo movimiento. Caminé hasta donde siempre solía dormir Jasper y distinguí sus rubios cabellos, entonces toqué su hombro y se alarmó emitiendo un audible gemido. Enseguida me recosté a su lado intentando disimular.
-Soy yo. - Susurré.
-¿Qué pasa Jasper? - Escuché la voz de Mike, a un par de cuerpos de mi compañero.
-Ey callaos, quiero dormir.- Escuché a Taylor.
-Una pesadilla.- Dijo Jasper.
Nos quedamos un rato callados, sin emitir ningún sonido, hasta que todo estuvo completamente en silencio y tranquilo de nuevo.
-Nos vamos.- Susurré a Jasper.- Rose te espera fuera.
Me levanté y lo cogí del brazo, llevándolo hasta la puerta, me fijé que el camino estuviese libre de matones y caminamos hacia la tapia, de donde colgaba la cuerda.
-Sube primero. - Ordené, tardó algo más de lo que me habría gustado que tardara, pero comprendía su falta de alimento. No estaba fuerte. Después subí yo. - Mierda.- Susurré, lanzando la cuerda hacia el otro lado.
-¿Qué pasa? - Contestó.
-No están.
Bajé después que él y dejé la cuerda al otro lado, de esa manera quizás tardarían más en darse cuenta que si la dejaba en la zona exterior. Miré a todos lados y no encontré ni rastro de ellos. Miré a Jasper, quien me miraba esperando que le dijera donde estaba su hermana, pero no lo sabía. ¿Dónde se habían metido?
Estiré a Jasper del brazo cuando escuché un carruaje, corriendo hasta que quedamos escondidos detrás de un árbol. Entonces un par de brazos, que sabía perfectamente a quien pertenecían, rodearon mi cintura y correspondí, claro que correspondí, por fin la tenía a mi lado y no iba a dejar que nadie me separara de ella.
-Te quiero.- Musitó contra mi cuello.
-Y yo a ti mi pequeña princesa.- Susurré, abrazándola más fuerte.
Digo yo que me ha costado escribir el capítulo, y no lo digo de pasaditas jajaja :) Espero que os guste.
Marylouu, sophia, katlin, Arantxa, Gracias.
Marvella, pues antes de lo que pensaba, pero sinceramente no me extraña :) igualmente gracias, aunque ya lo dejare asi ;) unbesoo
E. Cullen Vigo, has necesitado clinex? Este capi ha acabado bien dentro de lo que cabe, no? jaja
Black Cullen, intentaré acercarme lo más posible, aunque no creo que pueda del todo, eran demasiado crueles...
gioviss, hola amigaa (L) jajaja hombre, quien no desearia besar a edward? :)
Mrs. P. and C, claro que mejorará :)
Paolastef, espero no haceros sufrir mucho. :)
Gracias a todas un besito enorme, nos vemso en el proximo que tengo que irme a clase!
MUUÁ!
