.
Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Todos humanos.
ALAS AUSTERAS
.
._Sacrificio para lograr la felicidad_.
-Te lo dije ayer y te lo vuelvo a repetir, no voy a dejar que pases ninguna calamidad a mi lado. Vas a estar mejor con ellas, Bella.
Ella suspiró y siguió andando más rápido, junto con Alice y Rose, dejándome atrás. Me paré un segundo. No hacía esto para alejarla de mi, incluso había arriesgado mi vida para sacarla de aquel lugar, ¿por que ella no podía entender que deseaba lo mejor para ella?
No podía llevarla conmigo a buscar trabajo, Dios era el único que sabía si me iría bien o mal y por cuantos lugares debería viajar para encontrar algo "decente y serio", simplemente no podía llevarla conmigo. ¿Y si pasaba hambre? ¿Y si en invierno nos faltaba ropa? Desde luego que no.
Aceleré el paso, cuando Jasper agitó la mano. Había pensado en llevar a Bella a un convento cerca de una aldea. Mi madre y Zafrina conocían a la madre superiora y estaba seguro que podría hacerme el favor de darle un trabajo a Bella, hasta que yo volviese a por ella.
Llegué hasta donde se encontraba ella y rodeé sus hombros con uno de mis brazos.
-Te prometo que volveré a por ti. Pensaré en ti a cada minuto, a cada segundo. - Murmuré en su oído, ella paró para mirarme con ojos cristalinos.
Los demás nos miraron unos segundos y decidieron dejarnos solos. Una lágrima resbaló por su mejilla rompiéndome del todo el alma y elevé mi mano para limpiarla con mi sucio dedo pulgar.
-Volver por ti y las ganas de verte serán la motivación para encontrar lo antes posible trabajo. Es más, te escribiré siempre que pueda, para que sepas donde me encuentro a cada momento y demostrarte que de verdad eres lo más importante de mi vida.
-No quiero volver a separarme de ti. - Confesó hundiendo su rostro en mi pecho. Me quejé un poco del dolor, a causa de los latigazos, cuando sus brazos rodearon mi cintura. ¡Malditos matones! - Lo siento.- Dijo separándose.
-No, Bella.- Esta vez rodeé su pequeño cuerpo con mis brazos. Me separé después de unos segundos y volví a observar sus ojos marrones con una pequeña sonrisa. - Nadie va a poder separarnos, nadie. ¿Lo entiendes, pequeña?
Frunció el ceño y dejó de mirarme, para mirar los hierbajos. Me separé un poco más, intentando descubrir qué era lo que le había molestado, porqué había tenido tal reacción, quizás era su terquedad, por querer venir conmigo…
-¿De verdad, me ves así?- Preguntó aun mirando el suelo.
-Verte, ¿cómo? - Inquirí sin entender.
-Me llamas pequeña, ya no soy una niña Edward…
En seguida me di cuenta de que aquel apodo, extremadamente tierno y significativo para mi, a ella le causaba un efecto diferente. Me quedé unos segundos observándola, su comportamiento a veces era realmente infantil, pero otras veces, podía comportarse como la persona más madura que conocía.
-Sé que ya no eres una niña, pero eres mi pequeña, mi princesa, mi tesoro. Eres por lo que me mantengo cada día en pie. - Con mi dedo índice, elevé su barbilla para que me mirara. - Y algún día, serás mi mujer.- Sus mejillas se tiñeron, de aquel rojo que tanto añoraba y noté como una pequeña sonrisa intentaba abrirse paso entre su seriedad. - Aun recuerdo nuestra promesa.
-Edward.- Llamó Bella, una voz mucho más infantil, y aguda que la de ahora. -Vas a caerte y te harás daño. - Aseguró cruzándose de brazos.
-Te dejaré que lo hagas cuando cumplas los 7, aun te falta 1 año y medio. - Seguí trepando el árbol y me senté en una de las ramas.
-En serio Edward Masen, bájate si no quieres que Zafrina salga y te vea. Se te caerá el pelo. - Sonreí satisfactoriamente.
Me encantaba como Bella me cuidaba y se preocupaba por mi, aunque en aquellos momentos no me diera cuenta plenamente de mis sentimientos hacia ella, pues éramos solo un par de niños, sabía que ella sería la mujer indicada para mi. Zafrina no iba a volver, al menos no todavía. Los Señores Marqueses habían salido a una celebración a otro Palacio, parecía ser que había una boda.
-Zafrina está con los Señores, no vendrá hasta dentro de unas horas. -Bajé del árbol y justamente cuando faltaban un par de metros para tocar el pasto, resbalé y caí. -¡Auch!
-¡Edward! Te he avisado.- Dijo enfadada, acercándose hasta mi.- ¿Te has hecho daño? - Preguntó preocupada. Me toqué la pierna, pues me había cortado con el tronco un poco.
La observé mientras me examinaba. Era una niña, con solo cinco años y medio, pero el rubor constante de sus mejillas, su cariño especial por mi persona, la devoción que habíamos creado hacía la otra persona, me encantaba.
-Voy a por algo para curarte. - Intentó levantarse, pero conseguí detenerla rodeando su muñeca con mi mano. Me miró confundida y retiró la mirada de algún lugar, ruborizándose más de lo habitual. Intenté girarme . - ¡No mires! - Susurró. Demasiado tarde.
Sabía que era un poco descarado, pero… bueno ellos lo eran más. La cocinera, estaba besándose con el jardinero a unos metros de nosotros, pensando que no eran vistos, evidentemente. Había que fijarse un poco, pues en teoría los altos arbustos que adornaban el patio del Palacio, eran los únicos testigos de su encuentro, mas no sabían ellos que dos inocentes y muy curiosos espectadores se habían fijado en su acto.
Me imaginé a Bella y yo de mayores, nuestra boda, ¿tendríamos hijos? Y bueno… podría besarla…
-Edward, para de mirar.- Susurró Bella, sosteniendo mi cabeza entre sus manos para lograr que girase el cuello.
-Lo siento… - Ella suspiró sonriéndome y se fue a levantar de nuevo, pero la volví a detener.
-¿Y ahora, qué?- Mi corazón comenzó a latir desenfrenadamente por lo que se me acababa de ocurrir.
-Quería… que hiciésemos una promesa. - Ella frunció el ceño.
-¿Qué… promesa? - Suspiré.
-¿Serás algún día mi esposa? - Contrariamente a lo que me había imaginado, se abrazó a mi cuello muy fuerte.
-Claro, y tu serás mi esposo.
-Algún día nos casaremos. - Confirmé.
-Entonces… ¿no me ves más como a una niña?
-Por supuesto que no. Cuando vuelva, te llevaré conmigo, para casarnos y ser muy felices. - Sus manos se entrelazaron con las mías y sonrió.
-Entonces… no te molestará que… - Comenzó poniéndose de puntillas y mirando mis labios. Un beso más, sería fantástico. Volver a probar sus labios… pero…
-Bella, están todos aquí. - En seguida dejó de ponerse de puntillas.
-Lo siento.- Se disculpó sonrojada. Sonreí y sostuve de nuevo su rostro con mis manos.
-No pasa nada… acabo de hacerme una promesa a mi mismo. - Sonreí y ella me miró confundida. - No me iré sin volver a probar tus labios. - Ella sonrió y un rubor más fuerte se anidó en sus mejillas.
Caminamos y caminamos, aunque en muchas ocasiones tuvimos que parar, pues nos encontrábamos realmente cansados. Cazamos y nos alimentamos de algunos frutos y agradecí que aún hiciese calor, pues si hubiésemos estado en pleno invierno no sé que habría sido de nosotros. Seguíamos el camino junto al río, seguramente nos llevaría a algún lugar, además ayudaba a escondernos.
Iba detrás de las chicas, con Jasper y Emmett, cuando logré divisar la entrada a la pequeña aldea que hacía tantos años a la que no volvía. Frené mis pies en seco y noté como Emmett y Jasper erguían su cabeza para mirarme.
-¿Qué pasa Edward? - Preguntó Emmett. Me quedé en silencio.
Cerré los ojos y sonreí al sentir la satisfacción recorrer mi cuerpo, por fin habíamos llegado. No me dio tiempo a alzar la mano y señalar.
-Estamos… estamos en casa.- Murmuró Bella.
Intenté recordar por donde desviarme para llegar al convento. Si miraba a aquella colina que quedaba a la derecha de la aldea podía hacerme una idea, igual no iría tan mal encaminado.
Rodeé los hombros de Bella con mí brazo y les hice seguirme. No tardamos mucho en llegar, intenté ponerme algo bien mis harapos antes de tocar el portón, pero no había nada que hacer.
-¿Quién es? - Preguntó una voz al otro lado de la puerta.
-Soy el hijo de Elisabeth Masen. - El silencio me incomodó por unos segundos.
-Perdone jóven, no sé de quién me habla.
-¿Se encuentra la Madre Superiora? Conocía muy bien a mi madre y a Zafrina, las dos trabajaban en el Palacio de la Señora Marquesa, infórmele, estoy seguro de que me recuerda.- El silencio se hizo mayor y la Hermana suspiró conmocionada.
-Hace 4 meses que la Madre Superiora falleció.
-¿Irina?
-Dios la tenga en su Gloria. - ¿Lo habría perdido todo? Estaba comenzando a sentirme abatido. -¿Qué podemos hacer por usted?
-¿Sería mucho pedir que acogieran a Bella Swan, mi prometida y futura esposa?
-Lo siento, pero esto no es ningún lugar de acogidas, es un convento.
-Lo sé, lo sé, por eso quería hablar con la Madre Superiora, estaba seguro de que ella podría ayudarme. Ella les tenía un afecto muy especial, a mi madre y al ama de llaves del Palacio de la Señora Marquesa, por favor, necesito su ayuda. - Noté como la Hermana guardaba silencio.
-Espere aquí.
-Sí, Hermana.
No contaba con que aquella pobre mujer hubiese fallecido, si tan solo hubiésemos podido llegar cuatro meses antes, todo hubiese sido diferente. Entrelacé la mano de Bella con la mía, acariciándole el dorso con mi dedo pulgar, intentando así tranquilizarla. No sé cuanto tiempo pasó, pero me fije en que cuatro carruajes pasaban al lado de donde nos encontrábamos nosotros. Entonces el portón se abrió.
-Pueden pasar, son bienvenidos. - Sonreí casi sin poder creerlo y me adentré con Bella. - Tiene suerte de que la Hermana Victoria se acuerde de su madre, asegura que son muy buena gente y que usted también debe ser de fiar. Pero aún no entiendo como todos ustedes vienen con estos harapos y así de mal cuidados.
Nos hizo pasar a una especie de sala, con un escritorio de madera enorme, allí solo nos dejó pasar a Bella y a mi, a los demás los dejó en el patio de fuera, en los bancos. Cuando entramos miré a la Madre Superiora.
-Buen día Madre Superiora.
-Buen día Hijos míos, podéis sentaros. Gracias Hermana, puede retirarse.
-Claro, Madre.
-¿Y bien? La Hermana Victoria me ha informado que su madre era una de nuestras más fieles devotas, junto con Zafrina, por ese motivo, creo que esa devoción debe ser recompensada. ¿Eres su hijo?
-Sí. Mire, mis padres fallecieron a causa de la viruela junto con los padres de mi prometida, los dos nos quedamos solos demasiado pronto, así que la Señora Marquesa decidió enviarnos al Comercio de Esclavos, y bueno… hasta ahora.
-Que horrible suceso, puedo comprender todo lo que han podido pasar, pero ¿cómo puedo ayudarle?
-Si no es mucho pedir, me gustaría que acogieran a mi prometida. Es una buena chica, muy trabajadora, podría ayudarlas en las labores mientras yo viajo y busco trabajo. Le prometo… le juro que volveré a por ella, pero por favor, necesito que me haga ese gran favor. No quiero que pase necesidades a mi lado mientras consigo algo… no lo merece después de todo lo que ha pasado.
La Madre miró analíticamente el rostro de Bella una y otra vez, consiguiendo que me pusiera nervioso, muy nervioso.
-No tienes más de catorce años, ¿verdad?
-Trece.- Conteste de manera automática. - Recién cumplidos.
-Podría tener problemas por tenerla demasiado tiempo, es casi una mujer.
-Solo le pido unos meses, un año, solo eso y volveré a por ella. - Volvió a mirarla muy seria.
-Está bien, pero si en un año no vuelves a por ella, tendré que romper nuestro acuerdo. - Sonreí y mis ojos se cristalizaron.
-Gracias Madre, muchas gracias.
-¿Va a quedarse ahora?
-¿Podría… volver por la tarde? Me gustaría visitar a alguien muy especial.
-Claro joven, los esperamos por la tarde.
Salimos del Convento y nos dirigimos por un camino que quedaba muy cerca del Palacio donde trabajaba Zafrina. Emmett, Alice, Jasper y Rose, se despidieron de nosotros, ellos debían buscar su lugar también.
Caminé con Bella, tratando de no ser vistos hasta llegar a la entrada por donde salía y entraba la plebe.
-¿A quién busca? - Preguntó de manera desagradable uno de los trabajadores del Palacio.
-Soy Edward Masen, busco a Zafrina.
-¿Edward?
-Sí.- Me miró de arriba abajo como si fuera una total cucaracha y mi presencia le repugnara.
-En seguida.- Bella apretó más fuerte mi mano.
-Tranquila, todo va a ir bien.
-¿Edward? - Escuché aquella voz tan familiar. - ¿Bella? - En seguida se acercó para abrazarnos. - Mis niños, mis niños, ¿Qué hacéis aquí? La Marquesa no debería veros, por favor.
-¿Por qué razón? - Zafrina me miró de manera pensativa y después retiró su mirada de la mía.
-El pasado…
-¿Ni siquiera podría darme trabajo?
-Dudo que le agradara la idea. - Otra vez pensativa, si no fuera porque consideraba a Zafrina como mi segunda madre, pensaría que algo me estaba ocultando. - Oh, pero no os quedéis ahí por favor, pasad, podéis asearos.
-Pero Zafrina…
-No pasará nada, todos están trabajando y el Señor y la Señora han salido. Confiad en mí, ¿es que ya no lo hacéis?
Suspiré, Bella me dio un apretón a la mano sonriéndome y acabándome de dar aquella confianza que necesitaba. Zafrina fue tan amable de dejar asearnos y prestarnos a mi ropa de su marido y a Bella algo suyo.
Podía sentir el agua recorrer mi cuerpo con gran libertad, necesitaba un baño, purificarme de alguna manera, volverme a sentir a gusto conmigo mismo. Me vestí con unos pantalones y una camisa, y salí hacia la cocina desencajando mi boca al ver lo que no podía creer.
Bella, iba vestida con una falda y un corsé, las manguitas de los cuales eran de farol, de un color tostado, como la falda, su pelo caía de manera natural sobre sus hombros acabando en aquellas ondas que habían estado enredadas hasta el momento . Era la plebeya más hermosa que jamás había visto. Sonreí, pues aquel nuevo aspecto le daba más el aspecto de una mujer, mi futura mujer.
-Estáis guapísimos.
-Gracias, Zafrina. - Dije mirando aún a Bella.
Zafrina estuvo con nosotros y nos dio de comer antes de que los Señores volvieran y tuviéramos que marcharnos, nos deseó toda la suerte del mundo en cuanto le informé todo lo que tenía planeado, incluido casarme con Bella.
Caminé cerca del río con Bella, el sol brillaba con todo su resplandor, haciéndome olvidar por escasos momentos el tormento que habíamos estado viviendo todo este tiempo separados y en un lugar tan tremendamente cruel. Nos tumbamos sobre el pasto, escuchando el agua del río.
-Así, que soy tu prometida.
-¿Lo dudabas? Prometí casarme contigo. - Dije poniéndome de lado y acariciando una de sus mejillas las cuales se habían sonrojado, otorgándole aquella inocencia tan adorable.
-¿De verdad volverás a por mi? - Dijo esta vez con la tristeza bailando en su voz y plasmada en sus enormes ojos.
-Te lo juro, Bella, voy a escribirte siempre que pueda, siempre. No te olvidaré, lo prometo. - Miré sus labios rosados, cayendo en la tentación de probarlos, pero no iba a hacerlo, no sin su consentimiento. Aunque ella aun albergara dudas de si volvería a por ella, yo me casaría en aquel mismo instante.
-Hazlo.- Pidió, rompiendo el hilo de mis pensamientos y acercándose a mi rostro.
-Bella…
-Necesito que lo hagas Edward, te quiero.
-Y yo a ti.- Dije sonriendo y acercándome hasta rozar sus labios, sintiéndolos cálidos y suaves como aquella vez.
Presioné un poco más mis labios, esperando que ella no se sintiera ofendida, cada vez se me hacía más adictivo ese sabor y me era más difícil separarme de aquel manjar tan espectacular como el sabor que destilaban sus labios. Sentí a sus labios moverse, deslizándose una y otra vez, provocando que los míos se entreabrieran y pronto sentí el peso de su torso encima mía.
No la moví, quizás era culpable y pecador por ello, pero me encontraba en ese mismo momento en el cielo. Moví mis labios sin poder evitarlo, no sabía cuánto tiempo estaríamos separados, así que debía llevarme su sabor, su roce, grabado en mi pensamiento.
Sus manos acariciaron avariciosas la piel de mi rostro y juguetearon con mi cabello y las mías no hacían otra cosa más allá que acariciar su semblante, aunque las ganas por estrecharla y acariciarla entera me estaban tentando a hacerlo.
-Te voy a echar tanto de menos.- Murmuró entre besos.
-Yo más, cariño. - Logré articular.
Sentí su mirada clavándose en la mía, incitándome, intenté controlarme, pero cuando su delicada y pequeña mano acarició toda la extensión de mi brazo no pude más.
-Bella… - Susurré.
Me moví y esta vez fue mi torso fue el que quedó sobre su cuerpo. La miré de manera intensa y con el dorso de mi mano acaricié su mejilla, ella giró su rostro, cerrando los ojos, sintiendo más mi caricia y dio un pequeño beso a la misma. Sonreí cuando volvió a abrirlos y me acerqué para besarla una vez más en los labios. Sentí su lengua acariciando mi labio inferior y me estremecí, yo también la necesitaba, pero no era el momento, no ahora.
-Amor, no - Murmuré.
-¿Por qué? - Preguntó entre dolida y confusa.
-Tenemos que esperar.
-Pero… - Colocó las dos manos en mi rostro. - Yo me siento preparada, ya soy una mujer, por favor, te quiero. - Dijo suplicante, acercándose más a mi.
-No deberías pedir eso Bella. No es de ser buena mujer.- Dije irguiéndome para sentarme.
-Pero yo te quiero. - Aclaró imitándome.
-Y yo a ti, pero espera por favor. Yo te voy a respetar, hasta el momento indicado, hasta cuando verdaderamente pueda reclamarte como mía.
-Ya soy tuya. - Sonreí tiernamente, me giré y volví a acariciar su mejilla.
-Isabella Swan, serás terca toda tu vida. - Conseguí arrancarle una sonrisa.
-Está… bien, esperare.- Dijo apoyándose en mi pecho.- Te amo.
-Yo también te amo mi princesa.
Uyyy, siento si he tardado... pero estoy de vacaciones! jajaja solo espero que os guste :). Como ya he dicho en los dos anteriores, si os pasais por mi perfil y accedeis a la dirección que he dejado escrita podeis ver algunas portadas de mis fics :)
visced, btvs22, gioviss, Natasha Granger, Angel0607, BlackCullen,Arantxa, Vigo, sophia, Paolastef, GRACIAS.
Lynn, pues sí, se separan, pero no te preocupes aun hay muchas sorpresas :)
Marylouu, jajaja si intentaré pasarmee por tu perfil :)
Muchas gracias a todas chicas! Nos leemos.
MUUÁ!
