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Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Todos humanos.
ALAS AUSTERAS
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._Mi trozo de cielo_.
Me puse el brazo sobre el rostro, y sonreí, este era el último trayecto que haría en carro, pronto podría ver a mi querida Bella, ¿estaría ella tan ansiosa como lo estaba yo? La verdad, esperaba que sí. Me coloqué mejor entre la paja, la verdad es que había sido el carro en el que mejor había viajado, menos mal que aún había buena gente que se ofrecía a transportar a gente, sin costarle.
-¡Chico, tienes que bajarte aquí! - Gritó el hombre. Me senté y reconocí a la primera en donde me encontraba, salté sin pensármelo.
-¡Muchas gracias! ¡Que Dios se lo pague! - Grité mientras se alejaba y volví a enfocar mi camino.
Caminé, el camino había sido bastante duro, hacia dos días y medio que había salido de la aldea donde trabajaba y el tiempo se me había pasado realmente lento, sentía que había pasado una eternidad sin verla, sin poder observar como sus ojos marrones traspasaban los míos con aquella inocencia tan característica de ella.
Miré mis manos, esperando que las uñas no estuvieran muy negras, los callos aún seguían marcados, debido a que no había parado de trabajar desde que entré en aquel horrible infierno…
Con una bolsa a mis espaldas, con algo de ropa, llegué al Convento donde mi pequeña princesa vivía. ¿Qué expresión tendría su rostro cuándo me viera? Toqué el portón con fuerza y con los nervios a flor de piel, por fin iba a verla de nuevo.
-¿Quién es?
-Soy el hijo de Elisabeth Masen, dejé hace unos meses a Bella Swan. - Pasaron unos segundos silenciosos.
-Espere aquí joven.
Escuché unos pasos alejarse con gran lentitud, ¡estaba deseoso por verla!, miré al cielo, el cual estaba vestido de nubes, el frío comenzaba a azotar la aldea. Escuché unos pasos rápidos, casi podía jurar que alguien corría hacia la puerta, ¿sería ella? ¿sería Bella?
-Rápido, rápido… - Sí.
-¿Bella? - Pregunté, pero la puerta se abrió de repente y casi no me dio tiempo de poder observarla ya que se lanzó con gran ímpetu sobre mi cuerpo, dándome un emotivo abrazo que tuve que responder.
Su olor delicioso se propagó por todo mi ser en un solo segundo, anunciándome que estaba de vuelta a casa. Deslicé una de mis manos por su cabello, sintiéndolo más sedoso que nunca. La estreché más fuerte contra mi cuerpo, con la sonrisa delatándome en todo momento, con los ojos cerrados, solo sintiéndola a ella.
-Te he echado tanto, tanto de menos. - Murmuró con la voz quebrada, algo iba mal. Me separé, acuné su rostro con mis manos y la miré a los ojos, anegados de lágrimas.
-Yo también, amor, pero no llores… no llores más, estoy aquí, contigo. - Sorbió la nariz, sequé con mis pulgares sus lágrimas y una sonrisa se formó en sus labios de miel.
-Edward… - Susurró. - ¡Oh, Edward! - Y volvió a abrazarme.
Parecía que había dado un estirón, y que se había desarrollado más en estos meses. Quizás se debía a su estancia en el Convento, las monjitas debían portarse muy bien con ella. Estaba hermosa, siempre lo había sido.
-Quizá… le gustaría pasar a saludar a la Madre Superiora. - Dijo la hermana incómoda por la situación. Diablos, debía haberme contenido algo más en frente de ella.
Asentí, y me zafé a regañadientes del abrazo de Bella, aunque no me deshice por completo de su contacto, entrelazó con fuerza nuestras manos, y en todo momento estuvo muy cerca de mi. La sonrisa no desaparecía por nada en el mundo, estaba de nuevo con Bella.
-Madre Superiora.
-Buenas tardes hijo. ¿Cómo estás?
-Bien.- Contesté mirando a Bella. - Tenía muchas ganas de volver.
-¿Cómo te va todo? Bella, ya nos ha informado que estás trabajando.
-Sí.- Afirmé rascándome la nuca. - Pero si no es mucho pedir, me gustaría que estuviera unos meses más aquí, estoy construyendo algo para los dos, quiero casarme e irme a vivir con ella cuanto antes, pero necesito un poco más de tiempo. - La Madre me miró seria.
-Cuentas con que el plazo acaba en pocos meses.
-Lo sé, pero creo que podré acabar antes, solo necesito un poco más de tiempo. - La hermana asintió.
-Bien.
-Madre, ¿le importaría que me llevara a Bella a dar una vuelta? - Frunció el ceño.
-No. - Dijo después de unos segundos. - Solo espero que tengas en cuenta que esto es un Convento. - Dijo con las cejas levantadas, haciendo hincapié en la última palabra.
-Entiendo Madre.
Sabía perfectamente a qué podía referirse, y no estaba en mis planes faltarle el respeto a Bella, nunca lo haría, y menos si ella no estaba preparada.
-Puede llevársela.
-Gracias.
-¿Bella?
-¿Sí, Madre?
-Pásalo bien.- Y le sonrió, un gesto que me anunció de alguna manera el bienestar en el que vivía Bella.
Salimos del Convento, la luz del sol ya comenzaba a esconderse por desgracia, pero al menos había llegado antes de lo que había esperado. N cuando salimos de aquel lugar, no pude evitar rodearla con mis brazos a la sombra de un árbol, cerca del Convento, pero lo suficientemente lejos y estratégico para que no nos vieran, no podía aguantar más, necesitaba hacerlo.
-Edward… - Susurró, acariciando con sus delicadas manos mi rostro.
-Te amo. - Murmuré, inclinándome hacía su rostro. Noté como se puso de puntillas y alcanzó por fin a mis labios para besarme.
Fue especial y diferente a todos los besos que nos habíamos dado. Este realmente estaba cargado de necesidad, de conflicto, sus suaves labios se movían con decisión sobre los míos, mientras sus brazos envolvían mi cuello con fuerza, con tensión.
Pero poco duró, porque comencé a sentir sus manos acariciando mi cabello y una de las mías no dudo ni un minuto en hacer lo mismo con el suyo. Abrí mis ojos cuando noté como su lengua se deslizaba por mi labio inferior y al segundo me miró. Solo eso bastó. Una vez más nuestros labios volvieron a juntarse, pero esta vez entreabiertos, entrelazando nuestras lenguas, sintiendo la suya suave y dulce con cada caricia.
Su cuerpo se pegó más al mío aún y sus caricias se hacían cada vez más insistentes, al igual que sus besos demandantes, algo que por un momento me cegó, mal por mi, porque dejé a mi cuerpo viajar a lo pecaminoso delante de mi doncella.
-Bella. - Susurré contra sus labios.
-No, Edward, por favor, bésame. - Me suplicó mirándome de nuevo intensamente, traspasándome una vez más.
No pude negarme y una vez más la besé, pero mis manos quedaron rígidas a cada lado de su cadera, mi mandíbula estaba tensa por mi estado, no podía seguir con esto, tenía que detenerme. Intenté relajarme.
-Amor. - Murmuré con una sonrisa. - Ya, todavía nos quedan mañana y pasado, tendremos tiempo de saciarnos, pero mira, ya ha anochecido, ¿no tienes hambre? - Me miró con el ceño fruncido y dejó de observarme.
-Sí.- Murmuró
Le ofrecí mi brazo y ella lo tomó para salir de nuestro momentáneo escondite. La llevé a cenar a una Taberna, donde muchas veces mis padres me había llevado , todo estaba diferente, pero la esencia seguía. Pedimos algo para cenar, y casi no pude meterme nada en la boca observándola, estaba realmente bella, preciosa, el cambio le había sentado muy bien y estaba tan feliz de volver a tenerla conmigo… Pero algo iba mal, porque ella no retiraba la mirada de su plato de comida.
-Bella.- La llamé, pero no me hizo caso. - Bella. - Esta vez irguió un poco la cabeza, solo lo suficiente para darme cuenta de la expresión de su rostro y sus ojos. Fruncí el ceño. - ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras mal? ¿Estás enferma? Puedo llevarte de nuevo al Convento si lo deseas. - Dejó de juguetear con la cuchara de madera y me miró, esta vez erguida por completo.
-Aun me ves como una niña, ¿no es así? - Fruncí más el ceño.
-Bella, ¿de qué hablas? ¿Qué estás diciendo?
-Por eso no quieres besarme, porque aun no puedes verme como una mujer. - Realmente no sabía de qué me estaba hablando, el culpable de que no pudiera besarla era yo mismo.
-Bella, no tiene que ver contigo. Estás preciosa, más hermosa que nunca, estás cambiada…
-Pero me sigues viendo como una niña. - Dijo apenada, agachando la cabeza.
-No, amor, claro que no, no puedo besarte así, yo…
-¿Tú… qué?
-Haces que pierda el control. - Esta vez fue ella la que frunció el ceño, confundida. Negué con la cabeza restándole importancia, intentando zanjar el tema.
-No, Edward, dímelo. - Dijo mirándome con esos enormes ojos una vez más. - Quiero saberlo. - Exigió.
-Bella, es algo de lo que no quiero hablar, ¿vale? - Ella bufó, en un gesto que me pareció infantil. Sonreí. - Solo quédate, con que no tiene que ver contigo, ¿si? Te amo, Bella, quiero casarme contigo cuánto antes, trabajo sin descanso para tenerte conmigo de vuelta cuánto antes, así que por favor… no me lo hagas más difícil. - Algo pareció encenderse en su cerebro inmediatamente.
-¿En qué posada vas a quedarte esta noche? - Sonreí y me incliné hacia delante acariciando su mejilla.
-No te preocupes por mi, solo tienes que pensar en ti, ¿de acuerdo?
-No.
Suspiré pesadamente, Bella estaba más difícil que nunca. En cuanto acabamos de cenar salimos de la Taberna y caminamos entre la plebe.
-¿Me enseñas dónde vas a quedarte? - Puse los ojos en blanco.
-Aquí. - Señalé la posada que teníamos al lado, con suerte pasábamos en ese mismo instante.
-¿La de la señora Webber? - Asentí y ella me hizo un gesto para que me acercara. - ¿Sabes que justo en frente hay una posada de esas…? - Susurró en mi oído. Me erguí para mirarla un segundo, pero fruncí el ceño sin entender. - Sí, de esas que hay mujeres que… - Hizo un gesto que me lo dio a entender todo, reí por el mismo.
-¿Y qué tiene que ver, Bella?
-Tú, no… - Elevé una ceja incrédulo.
-¡Bella, por Dios! - Ella agachó la cabeza.
-Es que… tú eres un hombre… y… no sé, necesitas… eso… y tú me ves como a una niña, y… -Elevé su mentón con el dedo índice, su rostro estaba bañado en un color escarlata hermoso, aunque yo no debía quedar muy atrás.
-Bella, no necesito a ninguna mujer que me satisfaga, la única que puede hacerlo eres tú. - Se quedó mirándome por unos segundos, se mordió el labio sin dejar de hacerlo, parecía pensativa, decidiéndose por algo. Dejé de acariciar su rostro y me giré para caminar de nuevo, pero su mano me detuvo, y la vi de nuevo sonrojada.
-¿Y si… y si vamos a la posada? - Fruncí el ceño.
-Bella, no.
-Anda, la señora Webber nos conoce de siempre, seguro que no le extrañaría…
-Bella, quiero respetarte, y no tiene que ser ninguna obligación para ti, además es demasiado tarde, debemos volver.
-¡ES QUE NO ES UNA OBLIGACIÓN! - Gritó.
-Shh… - Le supliqué.
-Es que quiero hacerlo. - Susurró a mi lado. Suspiré.
-Bella… no está bien que hables así.
-Pero yo te quiero y…
-Yo también te quiero, pero no es el momento. - Agachó su cabeza triste. - Te amo, Bella, no lo dudes, todo lo que haga, lo hago por ti, ¿sí? - Asintió y me sonrió, pero no era una sonrisa sincera, podía notarlo, mas ¿qué podía hacer? Era tan terca…
Bueno, para empezar mil disculpas por el retraso, pero a parte de que mi inspiración se fue a tomar unas vacaciones por algunos días, la universidad me tiene atareadisima... lo siento... :( pero no me olvido eh? :) Vpy a dejar una imagen de Edward, así que si quereis verla pasaos por mi perfil :)
valeriana25, Lynn, Natasha Granger, gioviss, Elisabeth Lecter, Marylouu, BlackCullen, viszed, Arantxa, E. Cullen Vigo, Maggice, GRACIAS!
El siguiente capítulo será una continuación de este mismo... así que habrá un poquito de más Bella y Edward... :), y pronto se descubrirá que tiene esa carta tan misteriosa... :)
Besitoos!
