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Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Todos humanos.

ALAS AUSTERAS


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._Despedida_.


-Es tan relajante… - Murmuró tumbada a mi lado.

Tenía los ojos cerrados. Solo había dos cosas de las que estaba consciente: el sonido de la naturaleza y la presencia de Bella a mi lado, quien tenía mi mano entrelazada con la suya. Acaricié con mi pulgar el dorso de su mano y a los pocos segundos noté como el peso de su tronco se cernía sobre mi, por lo que abrí los ojos encontrándome sus dos preciosas esferas mirándome con tristeza.

El tiempo había pasado, desgraciadamente, mucho más rápido de lo que a mi me hubiese gustado. Ya era el último día que pasaría con Bella, habíamos ido junto a visitar a Zafrina y habíamos paseado por la orilla del río, para después tumbarnos sobre la hierba.

Podía ver en aquellos ojos la impotencia que sentía, al igual que yo, por no poder hacer nada al respecto. Pero debía ser así. Yo debía volver a terminar nuestro futuro hogar y ella debía quedarse aquí, con las monjitas, en buenas manos.

-Bella… - Susurré acariciando con mi mano su mejilla.

-No quiero que vuelvas a irte, Edward. - Confesó acortando la distancia y abrazándome fuerte, escondiendo su cabeza en el hueco de mi cuello.

Me sentí morir en ese preciso momento. Yo no quería irme, no deseaba dejarla sola una vez más, pero tenía que hacerlo, por los dos, en unos meses todo estaría listo y podríamos ser felices. Elevó de nuevo su rostro, esta vez dejando al descubierto sus lágrimas.

-Llévame contigo, Edward, por favor. - Su tono de voz, y sus ojos rojos me rompieron el alma. Alcancé su nuca con la mano y la presioné contra mi cuerpo para sentirla.

-No, amor. Te prometo que solo serán unos meses.

-¿Por qué? ¿Por qué no puedo ir contigo? - Preguntó sollozando en mi pecho, con su voz quebrada.

-Porque todavía no puedo ofrecerte nada. Espera, por favor.

-Lo único que quiero que me ofrezcas eres tú. Tú eres lo único que necesito.

-¿Es que las monjas no te tratan bien?

-Sí… - Respondió después de algunos segundos. - Me tratan perfectamente.

-Entonces ¿cuál es el problema?

-No quiero estar separada de ti.

Era imposible no reaccionar a su ansiedad y tristeza. Era incapaz de pronunciar una sola palabra por el simple hecho de que pareciera que no quería que viniese conmigo, cuando realmente era lo que más deseaba. Deseaba hacerla mi esposa, llevarla conmigo a nuestro nuevo hogar, trabajar para darle todo lo que se merecía y vivir por fin felices, pero todavía no era el momento, primero debía acabar la propiedad. Posé mi mano derecha superficialmente en la parte más baja de su espalda a la par que la otra acariciaba su cabello.

-Te prometo que no te olvido Bella, siempre estás metida en lo más profundo de mi ser, ¿lo entiendes? No te voy a dejar aquí, así que por favor, no me lo hagas tan difícil. - Susurré. - No tienes ni idea del dolor que le causas a mi corazón cuando te veo así… casi suplicándome. - Levantó la cabeza y me miró con ojos empapados por las lágrimas, las cuales sequé con mis pulgares.

-Te amo, Edward.- Murmuró. Fue tanta la intensidad de sus palabras, las pronunció con tal grado de adoración y pasión que fui incapaz de no besarla.

La miel de sus labios me nubló la razón por completo, eran tan suaves y cálidos y respondían a mis caricias con tanta necesidad que casi me estaba olvidando de todo. Sus manos se afianzaron a mi rostro y pude sentir su cuerpo completo sobre el mío, como el más dulce de los placeres que había vivido.

Me cegué en cuanto escuché su jadeo en mi boca, ahogándome en el perfume que destilaba su aliento. No pude controlar mis manos ya que enseguida se aferraron con ganas a su cintura, y Bella por aquel toque tan ardiente gimió, dejándome en un estado cada vez más descontrolado.

Los besos se hicieron cada vez más desesperantes y podía sentir el roce de su cuerpo sobre el mío, sus manos se habían perdido en mi cabello, pero cuando sus labios comenzaron a repartir besos por mi cuello tuve que alejarla unos centímetros.

-Bella…

-Shh, Edward, por favor… déjame este recuerdo. Quiero recordarte así. - Inhaló en mi cuello. - Hueles tan bien… - Me besó en el mismo lugar provocando que un escalofrío recorriera todo mi cuerpo.

Sabía que esto no estaba bien, pero ya no podía contenerme más, yo también la necesitaba, quería sentirla mía, disfrutar de su aroma, de cada centímetro de su piel junto a la mía, de cada beso que propinaba al mío… Sostuve sus mejillas con las dos manos y elevé su rostro hasta que estuvo frente al mío, la miré a los ojos siendo consciente de todos y cada uno de sus sentimientos, tan sinceros e inocentes, tan deseosos y fogosos a la vez.

Esta vez fui yo quien acortó la distancia y devoré sus labios, ella en un gesto de alivio jadeó una vez más provocando que mis bajas pasiones salieran a flote sin poder ponerle remedio ya.

Noté como sus manos se escurrían entre nuestros cuerpos, deslizó los tirantes que sujetaban el pantalón por mis hombros y después comenzó a desabotonar mi camisa. Sentí sus dedos temblorosos tocar y descubrir mi piel y eso me causó el frenesí más increíble que alguna vez sentiría.

-Edward… - Susurró en mi oído, deslizando mi camisa por los hombros y dejando mi pecho al descubierto. Me miró a los ojos, yo miré a los suyos preguntándome si quizás se habría arrepentido. - Desvísteme, por favor. - Susurró suplicando. - Pestañeé un par de veces.

-Bella, hace frío, puedes enfermar. - Negó con la cabeza y se irguió, llevando sus manos hacia su espalda para comenzar a desatarse el corsé.- Suspiré frustrado, Bella era tan terca… - Me erguí, quedando sentado y tomando aire, lo cual hizo que la razón volviera a mi. - Bella, no tenemos que hacer esto, no ahora. - Su rostro se contrajo y al instante te volvió a acercar a mi para besarme de la misma manera que lo había hecho hacia un instante, dejándome una vez más sin el entendimiento necesario para parar esta locura.

-No me voy a enfermar, tengo calor, y Edward… te necesito, por favor. - Sus ojos suplicantes provocaron que tuviese que rendirme. Yo también quería demostrarle cuánto la amaba.

Sonreí con ternura, intentando tranquilizarla, ante todo quería que ella estuviese feliz, y si lo que le hacía dichosa en este momento era tenerme, la complacería, igual que ella me complacería a mi. Llevé mis manos a su espalda y encontré el lazo que ella misma había comenzado a desanudar, para abrir el corsé mientras besaba sus labios una vez más.

Sus manos recorrían mi pecho con gran lentitud ganándose de vez en cuando algún jadeo. Mi respiración al igual que la suya se volvió más rápida e irregular cuando solté del todo su corsé y su camisa quedó libre. Ella misma se la quitó mientras yo recorría su cuello una y otra vez con mis labios y mi lengua, grabándome el exquisito sabor y la suave textura que desprendía su piel de porcelana.

Subí con mis labios hasta el lóbulo de su oreja sin atreverme a bajar hacia su pecho y deposité un casto beso en aquel lugar para luego morderlo. Profirió un gemido que provocó que mi cuerpo se estremeciese, besé su mejilla mientras mis manos contorneaban sus brazos desnudos y llegaban a su cuello, en el mismo momento que mis labios besaron una vez más los suyos. Sentí su mano ardiente coger una de las mías y bajarla hasta uno de sus pechos. Me detuve en ese preciso momento ante la sorpresa y el tirón que sentí en mi entrepierna a la vez.

-Acaríciame.- Susurró contra mis labios.

No pude refrenarme y la besé con la mayor de las necesidades, mientras mi otra mano se unía a su otro seno y ella bajaba sus manos queriéndose deshacer de mi pantalón, por ello me obligó a tumbarme sobre la hierba, sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo al notar como la hierba fría tocaba mi espalda, pero en seguida dejé de notarlo al no poder evitar llevar mi mirada a los pechos de ella. Sentí adoración por aquella parte de su cuerpo, así como por el resto del mismo, pero jamás había visto algo tan hermoso, tampoco había visto aquella parte en una mujer, por lo que me quedé completamente prendado. Ella, cuando se deshizo de mi pantalón y volvió su vista a la mía se sonrojó, su gesto cambió a incomodidad y trató de taparse, pero no dejé que lo hiciera, así que rodeé sus muñecas con mis manos, atrayéndola a mi cuerpo de un suave empujón y dejando su rostro a escasos centímetros del mío, notando la presión que sus pechos ejercían en mi torso.

-Bella, eres perfecta, hermosa. - Aseguré acariciándole las mejillas. - Te amo. - Susurré bajando mis manos por su espalda hasta llegar al cierre de su pesada falda, la cual bajé de un tirón con los pies, dejándola solo en sus pololos de los que me deshice también en seguida.

-Te quiero.

El calor, sin saber cómo, se elevó más cuando los dos nos encontramos totalmente desnudos, di gracias por estar al lado de unos arbustos bastante espesos, aunque sabía con certeza que era muy poco probable que alguien pasara por aquel lugar. Bella se irguió un poco para tomar aire, estaba tan sofocada como yo, sonreí y sin poder evitarlo, seguí besándola en su pecho, noté como ella se elevaba y quedaba más arriba ofreciéndome sus pechos. Al principio jugueteé con ellos tímidamente, pero al notar su disfrute por medio de los gemidos que profería de manera intermitente, me atreví a morderlos levemente. Podía jurar que nuestros cuerpos, a pesar del fresco que hacía, estaban bañados en sudor.

Moría por tumbarla en la hierba y besarla de principio a fin, pero quizás ella…

Jadeé por su inesperado movimiento. Rodeó mi cuello con los brazos, y con una repentina fuerza que no sabía de dónde la había sacado, nos rodó, quedando yo esta vez sobre ella, parecía haber leído mis pensamientos. Su sonrisa traviesa me hizo correspondérsela del mismo modo. Besé sus labios y continué un camino de besos, bajando por su cuello, bajando por la unión de sus pechos y bajando a su liso abdomen, el cual no paraba de subir, bajar y retorcerse. Mis manos acariciaron sus muslos suaves y les di un apretón.

Me dio por elevar mi cabeza y me encontré con su rostro mirando al cielo, con una hermosa sonrisa pintada en el mismo, con sus labios entre abiertos y los ojos cerrados.

Sentía mi erección impaciente por sentirla, la necesitaba con toda mi alma , quería sentir su cuerpo de una vez. Sus manos se enredaron en mi cabello y lograron elevarme una vez más hasta su rostro para besarme desesperadamente.

-Te necesito amor. - Me susurró.

Ahora venía la peor parte, realmente no sabía muy bien qué hacer… nadie nunca me había explicado nada, y sinceramente esto era complicado. Solo sabía que aquella parte de mi cuerpo necesitaba atención, fue entonces cuando ella elevó su cadera y soltó un gemido al rozar con su húmedo centro mi miembro. Tragué saliva nervioso.

Mi mano viajó hasta mi miembro y lo masajeé solo un instante antes de buscar el alivio que necesitaba. Sus pliegues estaban tan húmedas que produjeron en mi un alto nivel de locura… tanto que acabé hundiendo mi miembro en su cavidad de una sola envestida. Fue entonces cuando Bella gritó de dolor y yo me frené en seco. ¡Maldita sea! ¿¡Qué había hecho!

-Bella… - Murmuré casi sin voz. Tenía los ojos completamente cerrados con fuerza, sus uñas se habían aferrado con fuerza a mi espalda, provocándome incluso dolor. - Bella… - Volví a llamarla.

Sin saber qué otra cosa podía hacer, me quedé sin moverme, tal cual estaba. Soltó todo el aire de un golpe y abrió los ojos aguados de dolor. Me maldije y la besé sin un ápide de desesperación.

-Lo siento… - Me disculpé notando como mi masculinidad comenzaba a apaciguar su necesidad. noté que era el momento para salir de ella pero fue en ese preciso momento cuando su cuerpo comenzó a moverse, enviándome de nuevo una grandiosa ola de placer. - Po…demos parar. - Pronuncié con dificultad.

-No… - Su voz sonó tan entrecortada como la mía y malditamente ronca.

Comencé a moverme en cuanto escuché su primer gemido sin poder evitarlo. No estaba provocándole ningún daño, el sentimiento de culpa desapareció dándole rienda suelta al placer que embargaba nuestros cuerpos en aquel preciso instante.

-Edward. - Gimió en mi oído, provocando que mis movimientos se intensificasen. - Edward. - Gimió una vez más.

-Bella… - Susurré en su oído, mordiéndole una vez más el lóbulo y ganándome uno más de sus maravillosos gemidos. - Te amo preciosa.

-Te amo. - Repitió ella.

Mis movimientos eran cada vez más rápidos y profundos, me sentía en el mismo infierno, pero a las puertas del cielo. Esto era demasiado para mi, jamás pensé poder disfrutar de un placer tan maravilloso en la Tierra.

Noté después de unos minutos como las paredes de aquel recóndito lugar de su cuerpo comenzaban a abrazar a mi virilidad provocando que un gruñido saliera de mi pecho. Bella comenzó a gemir sin control y me tuve que unir a ella por el éxtasis tan inmenso que mi cuerpo desprendía. Entonces vi el cielo por primera vez y lo mejor de todo era que lo había visto con ella. Caí sin poder evitarlo en su cuerpo, escondiendo mi rostro en su cuello, con la respiración muy agitada, al igual que la suya, mientras ella acariciaba mi cabello y mis brazos la abrazaban.

-Perdóname. - Me disculpé en cuanto fui consciente de lo que había ocurrido. Bella me sonrió y no dijo nada, solo me besó dejándome sorprendido.

-Te quiero… si tuviese que pasar por ese dolor siempre merecería la pena por el premio de después.

-Tendré más cuidado.- Prometí aun avergonzado por mi comportamiento. - Bella volvió a sonreír y me abrazó con fuerza.

Estuvimos unos minutos más así, hasta que fui consciente del frío que hacia. Así que obligué a Bella a vestirse mientras yo hacia lo mismo. Nos quedamos un rato más en aquel lugar, paseando de la mano y terminé sentándome en la hierba una vez más apoyando mi espalda en un tronco y atrayendo su cuerpo al mío.

-Te voy a echar mucho de menos.- Susurré en su oído. Ella se giró, rodeó mi cuello y me besó lentamente.

-Yo también, voy a estar rezando todas las noches, pidiéndole al señor que termines pronto.

-Debe estar muy enfadado con nosotros. - Susurré.

-Yo no estoy tan segura… lo hemos hecho porque nos amamos. Y no hay ley que prohíba que dos personas que lo hacen no puedan amarse.

-Sí la hay.- Discutí. - Y lo he hecho fatal, Bella, perdóname. - Chascó la lengua.

-Deja de disculparte, ¿Quieres? - Su repentino enfado me hizo reír. La abracé, colocándola de nuevo para que quedara mirando al río y apoyé mi barbilla en su hombro.

-Tengo que admitir que ha sido algo maravilloso y perfecto. - Mi doncella giró su rostro para darme un beso en la mejilla.

El sol desaparecía completamente, avisando de que ya quedaba muy poco tiempo para estar juntos y que yo debía regresar de dónde había venido para acabar de una vez por todas mi hogar. El hogar que construiría con Bella, porque ahora más que nunca sentía con el corazón y toda mi alma, de una manera que sobrepasaba la razón, que ella era la mujer que esperaba desde siempre.


Valee!, sé que me he pasado, pero por causas académicas, estoy demasiado estresada, pero bueno jajaja también estoy a 5 días de que todo acabe... :) aunque bueno después vendrán las cenas, celebraciones y playa, pero bueno, no pasará tanto tiempo :) Lo siento por el retraso de verdad!

En cuanto al capítulo, espero que os haya gustado... A partir de aquí va a venir un poquito de drama... :/ Aviso a navegantees!

Ah! y dejé el otro día una imagen de Bella, ahora subiré otra... :) así que si quereis pasao spor mi perfil.

Jay Masen Cullen, HippieLucy, Arantxa, sophia, Paolastef, Fran Masen, Elizabeth Lecter, Natasha Granger, BlackCullen, GRACIAS!

Marylouu, Jake? jajaja no lo sé, la verdad es que estaba pensando seriamente en si introducirlo o no... pero ya veremos... :)

Lynn, posiblemente te deshagas de la duda de si le pasa algo a Bella en el próximo capítulo... :) jajaja

visced, ya sabremos de tu querida Jasper y los demás más adelante :)

E. Cullen Vigo, parece ser que me tomé tus palabras realmente en serio jajajaja

Bueno chicas, muchisimas gracias por leer... espero no tardar tanto la proxima vez! :)

Un besito enorme!