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Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Todos humanos.

ALAS AUSTERAS


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._Sin rastro_.


-¿Estás seguro?

-¡Claro, Edward! - Exclamó Emmett dándome un golpe en el hombro. - No tardarás mucho, vas por Bella y vuelves, ¿no? - Elevó dos veces las cejas y puse los ojos en blanco con una sonrisa que delataba mi obvia felicidad.

-Tengo ganas de verla, debe estar guapísima.

-Preciosa Alice, está preciosa… - Aseguré recordando su perfecto rostro de ángel. Reaccioné cuando Emmett pasó su mano por delante de mis ojos intentando captar mi atención.

-Hermanita, ¿crees que llegará en ese estado? - Reí ante la pregunta.

-Creo que si pudiera llegar antes llegaría. - Respondió ella

-Bien lo sabes Alice… - Murmuré. - Bueno…- dije subiendo al carro, el cual me prestaba Emmett. - Voy entonces a preparar mis cosas, quiero salir temprano.

Él había comprado un carro y un caballo con el dinero que había estado ganando de repartidor de leche para formar su propio negocio. Había tenido la suerte de poder comprar unas pequeñas tierras para poder cultivar alimentos, los cuales vendía en el mercado, les iba verdaderamente bien.

Por lo que cuando insistió y noté que realmente no le haría falta su carro por 4 o 5 días, hasta que regresara con Bella acepté sin rechistar, era más rápido viajar con carro y posiblemente no correría la suerte que tuve en mi anterior viaje.

Me despedí de ellos y me dirigí a mi hogar. Había construido una pequeña propiedad muy cerca del centro del pueblo donde trabajaba. No era muy grande, pero era perfecta para Bella y para mi, sería nuestro hogar. Y como me gustaba pensar en aquello.

Partí cuando aun faltaba bastante para que saliera el sol, ansiaba poder estar con ella de nuevo, volver a abrazarla, poder besarla, reflejarme en aquellos ojos del color del chocolate tan únicos y preciosos, tan míos… al igual que toda ella.

Había rememorado todas y cada una de las noches la ternura y la pasión con la que nos habíamos amado. Aquel periodo de tiempo en el que sentí que iba a desaparecer por las sensaciones que estaba sintiendo, cuando me hizo el amor, cuando yo se lo hice… Era incapaz de olvidar la figura de su perfecto cuerpo, la seda de su piel, el calor de sus labios o sus gemidos…

Había sido lo mejor que alguna vez me habría pasado. Había pasado exactamente 3 meses desde aquello, le había enviado una carta informándole de que pronto nos veríamos, indicándole más o menos para cuando regresaría a por ella, pero no había recibido contestación, supuse porque el correo era bastante lento.

Me había tenido que acostumbrar a imaginar su voz antes de dormir, recordar su aroma y fantasear con tenerla cada noche a mi lado, sintiendo su calor junto al mío… pero todo eso se acabaría porque pronto volvería a verla y estaría conmigo para siempre.

Casi no dormí durante el recorrido del viaje, no veía el momento de poder verla y estrecharla fuertemente entre mis brazos. Paré en dos posadas, una cada noche de las dos que pasé en camino, pero solo dormí lo suficiente para poder seguir mi camino, quería llegar lo antes posible.

-¿Quién es? - Oí preguntar a una hermana cuando llegué al lugar. Me sentía totalmente nervioso, estaba a segundos de poder verla de nuevo.

-Soy Edward Masen, vengo a por Bella Swan. - Esperé unos segundos pero la hermana no contestó. - ¿Hola? - Pregunté.

-S-sí.- Contestó. - ¿Espera un momento, joven?

-Claro.

Aguardé no sé cuantos minutos. Comencé a caminar sin rumbo por delante de la puerta del convento esperando a que alguien me abriera y por fin pudiera ver a Bella. Volví a tocar pensando en que quizás se había olvidado de que yo estaba allí, pero ni rastro de nadie. Comencé a ponerme cada vez más nervioso hasta que escuché los cierres de la gran puerta. Me aclaré la garganta y tragué saliva esperando encontrarme con el rostro de mi pequeña, pero cuando se abrió el portón solo vi a la hermana.

-¿Y la señorita Swan? ¿E-está enferma? - Pregunté preocupado, fue lo primero que se me pasó pro la cabeza, últimamente había alcanzado a escuchar que una gran oleada de tuberculosis había alcanzado la aldea. Pero tampoco me importó mucho ya que Bella estaba a salvo dentro del convento.

-¿Me haría el favor de pasar? La madre Superiora desea hablar con usted. - Fruncí el ceño sin entender y temiéndome lo peor.

-¿Y Bella? ¿Le ha pasado algo? ¿Es que acaso ella…? - Comencé a preguntar temiéndome lo peor.

-Sígame por favor. - La seguí sin rechistar, ya que necesitaba saber qué estaba pasando .

-Madre Superiora. - Saludé con un asentimiento de cabeza, de pie frente a su mesa.

-Joven Masen.- Respondió seria y hosca, una actitud que jamás había presenciado.

-¿Pasa algo con Bella? ¿Está indispuesta?

-No, joven, no…

-¿Entonces? No entiendo porque no ha venido a recibirme, ya le había avisado en una carta que pronto estaría con ella, pero…

-La señorita Swan ya no está aquí. - Me cortó una vez más seria, clavando sus ojos llenos de furia en los míos. Mi corazón comenzó a latir de manera enloquecida sin entender las palabras de aquella mujer. ¿Cómo que Bella ya no estaba allí?

-¿Q-qué? - Tartamudeé casi sin voz por la sorpresa.

-Ustedes se burlaron de nosotras. ¿Cómo pudo hacerlo? Confié en usted, pensé que podía fiarme de su palabra simplemente por ser hijo de Elisabeth Masen, pero no fue capaz…

-¿De qué está hablando?- Pregunté en tono incrédulo, Bella y yo no habíamos hecho nada.

-Lo sabe perfectamente. - Me quedé callado. - Hace un par de semanas la señorita, si es que puedo llamarla de ese modo, comenzó a marearse… - La boca se me secó por los nervios. La hermana se calló por unos instantes, respirando varias veces y después volvió a hablar. - La señorita Swan está embarazada, por lo que no podía permitir que se quedara más tiempo aquí.

Abrí mis ojos más, aun si podía, mi corazón cabalgó en mi pecho, parecía querer salir de mi boca. Cerré los puños con fuerza y los clavé en la mesa de su despacho sintiendo dolor en mis nudillos.

-¿¡Cómo pudo hacer eso!

-¿Cómo pudo romper la confianza que deposité en ustedes? Perdóneme pero esta es la casa del señor. ¿Qué pensaría la gente al saber que guardamos a una señorita embarazada? Simplemente era imposible tenerla aquí. Esto es un convento, se supone que debemos dar un ejemplo, la gente perdería la confianza en todas nosotras por permitir algo semejante. Es más, le debemos mucho más al ser al que me entregué para siempre señor Masen.

Su voz, tremendamente fría, solo conseguía encender más y más mi fuego. ¿Cómo era posible que hubiese sido capaz de abandonarla? ¿De dejarla sola en esto? Quizás yo había obrado mal pero eso no significaba que tuvieran que dejarla fuera.

-¿No puede decirme donde está?- Pregunté gruñendo.

-La verdad, no. No quisimos saber nada más de esa muchacha desde el primer momento en el que nos dimos cuenta.

Estiré de mi cabello con fuerza, y sin decir ni una palabras más salí a zancadas de aquel lugar, quizás sí había un lugar en donde podía buscarla. Quizás podía tener suerte y Bella estuviese protegida de alguna manera, sabía de alguien que nunca la abandonaría. Estaba seguro de que si Bella había ido a ver a Zafrina para pedirle ayuda, ella, aunque hubiese tenido que esconderla no le habría reprochado ni negado nada. Por eso en cuanto llegué al palacio de la marquesa toqué la puerta por donde accedían los trabajadores del lugar.

-Oh, hijo mío. - Exclamó Zafrina al verme y se enganchó a mi cuello abrazándome desesperadamente con lágrimas en los ojos. Sabía la respuesta al momento, pero no podía creerlo.

-Dime que está contigo Zafrina, dímelo por favor. - Zafrina se separó de mi. Sus arrugas se marcaban más a causa del llanto el cual era incapaz de apaciguar y yo cada vez me sentía más ansioso. Intenté tranquilizarla, con los nervios a flor de piel, necesitaba que me dijera algo, lo que fuese.

-E-ella estuvo aquí. - Los ojos se me abrieron y una pequeña chispa de esperanza alcanzó mi corazón.

-¿La viste Zafrina?

-Sí, sí. Me contó lo que había pasado… Edward ¿¡Por qué te arriesgaste! - Preguntó riñéndome y dándome un bofetón al final. Me lo merecía, por supuesto que me lo merecía. - ¿Cómo te atreviste, hijo? - Preguntó volviendo a sollozar. Fijé mi vista al suelo avergonzado.

-Lo siento Zafrina, yo… - Las lágrimas de repente cayeron por mis mejillas. - Lo siento todo, fui un patán. Me dejé llevar, no pienses que quise aprovecharme de ella, por favor, la amo. La amo tanto que fui incapaz de contenerme. Y sí, lo sé, estuvo mal, pero no me arrepiento de lo que hice, solo me arrepiento de no haber esperado a que todo acabara. La perdí… - Dije empezando a ser consciente de todo, las lágrimas salieron desparramadas una vez más, intenté secármelas. Un hombre nunca debía llorar, pero resultaba inútil.

En seguida sentí los brazos de Zafrina rodearme y me acunó en su pecho, como lo hacía cuando era pequeño, me sentía una vez más como un niño. Lo había perdido todo, ¿ahora que podía hacer?

-Quizás no la hayas perdido cariño. - Pronunció mucho más suave. Levanté mi cabeza mirándola a través de las lágrimas que se agolpaban en mis ojos sorprendido.

-Dime todo lo que sepas por favor. - Supliqué cogiéndola de las manos. Ella suspiró.

-Bella vino aquí, supuso al igual que tú que yo no podría negarle nada. Y por supuesto que no puedo, Bella y tú sois como mis hijos, en serio Edward. Intenté esconderla en mi habitación, sabía que era arriesgado, pero no se me ocurría un escondite mejor. La Marquesa no podía verla… pero…

-Pero la vio… - Murmuré con la vista perdida.

-Sí… Se puso furiosa, comenzó a gritar. Casi me echa a mi también… Quise irme con Bella, te juro que quise hacerlo, no quería volver a repetir el mismo error que cometí hace 7 años, pero la Marquesa actuó rápida.

-¿Le hizo algo? ¿Se atrevió a hacerle algo? - Negó con la cabeza.

-Si te refieres a daño físico, no…

-¿Entonces? - Zafrina calló haciendo que desesperara cada vez más.- La cogí por los hombros y la zarandeé. -¿¡Qué! ¿¡Qué!

-Ese día tenía visita. El Conde de Savoia había visitado a la señora para cerrar unos asuntos. Le dije a Bella que pasara a la cocina, esperando que la señora ya estuviese comiendo junto con él. Sin previo aviso la señora me mandó a traerle unos documentos que guardaba en sus aposentos, quise avisar a Bella, pero Angela, una de las chicas que trabaja conmigo, me dijo que ella lo haría. No sé que pasó Edward, no lo sé, debí cerciorarme de que Bella desapareciese de la cocina hasta que yo volviera y estuviese segura de que la señora no podría moverse de su lugar. Nerviosa por la presión de volver lo ante posible para darle los documento a la señora se me calló un pilón enorme. Tenía que colocarlos, quizás me entretuve demasiado. Cuando llegué al salón, Bella ya estaba allí…

-¿Y qué pasó?

-Al principio quiso echarme con ella, pero después por lo que dejó que se fuera con el Conde. - Callamos los dos.

Me había quedado sin saber como reaccionar. Al menos sabía que estaba con un Conde, pero no sabía como la trataría, ¿y si…? ¿ Y si se atrevía a tocarla? ¡Cielos! La sangre me hirvió y comencé a respirar muy rápidamente, cerré los puños con fuerza.

-¿Dónde vive ese Conde?

-No lo sé…

-Quiero ver a la Marquesa…

-Edward, no creo que…

-¡Quiero ver a la Marquesa! - Intenté avanzar para salir de la cocina, pero ella me lo intentó impedir estirando de mi brazo.

-No hijo, no. Tienes que ser sensato, ella no te lo va a decir.

-Pero tengo que saberlo, Bella está embarazada. - Zafrina suspiró.

-¿Tienes esa carta aún?

-¿Qué carta? - Pregunté confuso.

-Aquella que te di, la que te dije que abrieras cuando cumplieras los 17.

-Claro, claro que la tengo Zafrina. ¿Pero qué tiene que ver esa carta? - Zafrina calló por unos segundos, esperé intentando ser paciente.

-Tienes que leerla, tu madre te lo explica todo en esa carta.

-Pero… ¿Qué?

-Antes de enfrentarte a la Marquesa tienes que saberlo todo. Quería que esperaras porque quizás dentro de un par de años podrías enfrentarte mejor con ella, pero… ahora es necesario, es el momento. - Me acunó el rostro con las manos, sinceramente no sabía a qué se estaba refiriendo. ¿Mi madre me había ocultado algo? - Bella te necesita y tienes que estar con ella. - Asentí sin poder negarme a ello. Era lo único que importaba en aquel momento, debía encontrarla, debía saber dónde estaba. Ella y mi hijo.


Terminé los examenes :) Al fin! Aqui os traigo un capii :)

Maggice, sophia18, Fran Masen, missNICOLEturner, viszed, Lynn, GRACIAS!

E. Cullen Vigo, vaya muchas ganas de juerga, no he parado este finde en casa :) Muy bien, te he visto atenta, lo has adivinado! jajaja

Miley Lecter, tus dudas se iran disipando a lo largo de la historia :)

Marylouu, ahí quedan tus respuestas, ya iremos sabiendo más cosas de Emmett, Alice, Jasper y Rose :)

Gracias a todas muuá!