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Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Todos humanos.
ALAS AUSTERAS
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._Perdida_.
Salí corriendo sin cesar en cuanto aquellas brujas me echaron.
-¡Brujas! - Volví a gritar cuando cerraron la puerta en mis narices.
Y ya me podían atracar de mala educada y desagradecida… Cubrí mi rostro con mi pañuelo, el cual no había lavado pues seguía impregnado con su aroma, secándome de paso las lágrimas que comenzaban a salir de mis ojos.
¿Cómo podían llamarse hijas de Dios? ¿Cómo podían hacerlo? Miré al camino de piedras comenzando a caminar, tenía que encontrar cuanto antes a Zafrina. Inspiré una vez más el pañuelo, era lo único que en aquel momento podía reconfortarme y tranquilizarme, el aroma de Edward.
No quería ni pensar en como reaccionaría cuando se enterase de que me habían echado. ¡Y un poco más y me echan a patadas! Como si tuviera una enfermedad contagiosa o algo por el estilo cuando solo… solo estaba embarazada.
Y sí, se suponía que yo tan joven y sin haberme casado no debería haber ofrecido mi cuerpo, pero si lo hice fue porque lo amaba, por encima de todo, deseaba sentirme de él. Ni yo ni él éramos culpables, y si se trataba de buscar un culpable, ese solo podía ser el inmenso amor que sentíamos o que al menos yo sentía por él.
Toqué mi vientre caminando hacia el palacio, no faltaba mucho para llegar. No sabía que dar rienda suelta a mis sentimientos y a todos mis sentidos me daría algo tan especial, nos daría algo tan especial. Y aunque no me sentía preparada para ser madre iba a ser la mejor del mundo, de eso estaba segura. Criaría a mi hijo junto al amor de mi vida y sería el niño más feliz de este reino.
Conseguí tranquilizarme cuando llegué al palacio de la Marquesa, tocando en el lugar donde sabía que nadie me descubriría.
-¿Quién es ust…? - Antes si quiera de que pudiese acabar la pregunta desvelé mi rostro, y ella ahogó un grito de sorpresa y miedo. - ¡Hija! ¿Qué haces aquí? - Susurró riñéndome mientras me abrazaba. - No sabía que las monjas te dejaban salir. ¿O te has escapado, pequeña? Bella eso no esta bien…
-Me han echado. - Interrumpí antes de que siguiera sacando falsas conclusiones.
-¿¡Qué! - Se separó de repente de mi llevándose las manos a la boca. - Ven aquí. - Me cogió de la mano y me hizo caminar, pasando por unas escaleras muy estrechas hasta llegar a su habitación. - Cuéntame que ha pasado. - Me pidió mientras posaba sus dos manos en mis mejillas.
-Yo…
Me frené en seco. ¿Cómo tenía que decirle a Zafrina que estaba embarazada? ¿Qué pensaría ella de mi y de Edward? ¿También me abandonaría por pensar que era una… ?
-¿Y bien? - Insistió. Suspiré.
-Es que… - Bajé la mirada.
-Niña, me estás asustando y voy a pensar que es algo mucho peor. - Negué con la cabeza.
-No es malo, al menos no para mí… - Admití. Zafrina presionó algo más mi rostro entre sus manos intentando que se lo dijera de una vez. - Es que… yo… estoy embarazada.
El silencio se hizo por varios minutos, rompiéndolo solo la caída de las manos de Zafrina chocando con su falda. Y aunque ella había esquivado mi mirada sus pupilas seguían moviéndose. En seguida me miró a los ojos con horror, tomándome una mano.
-¿Ha sido algún monje que haya visitado el convento? - Negué. - ¿Entonces mi niña?
-Ed… Edwa…
-¿¡Edward! Dios mio… no puede ser cierto… - Agaché la cabeza.- Pero niña… ¿Cómo habéis podido? - Hizo un silencio y su siguiente pregunta sonó con algo de compasión. - ¿Es que él te forzó? - Negué con fuerzas.
-¡No! ¡No! Yo tengo la culpa… pero no me arrepiento Zafrina… - Toqué mi vientre. - Le quiero… les quiero.
-Estás loca chiquilla, ¿cómo…? ¡Pensaba que Edward era más sensato! - Comencé a sollozar.
No porque no quisiera estar embarazada, tampoco por arrepentirme de pertenecerle en cuerpo y alma a Edward, fue simplemente el hecho de estar sola, de no tenerlo a mi lado, porque así me sentía. Zafrina me abrazó fuertemente y comenzó a mecerme suavemente calmando mis sollozos, como hacía cuando era pequeña.
-Tenemos que hacer algo… - Susurró mientras seguía acurrucada en su abrazo.
Pasaron unos días. Comía en la habitación de Zafrina, no salía para nada de ese lugar, pues ya ella me había advertido que si la Marquesa me reconocía todo podía acabar muy mal. Y aunque yo no comprendía nada, algo muy malo tuvimos que haber hecho Edward y yo para que esa Marquesa nos vendiera al comercio de esclavos.
Por fin iba a salir de aquella habitación, al menos podría respirar el ambiente de la cocina. Zafrina me había dicho que la Marquesa estaba muy ocupada con el Conde de Savoia, por lo que no había problema y podría salir a la cocina. No era lo mismo que estar en la calle… pero al menos podía estirar un poco más las piernas. Cogí la cuchara de palo que ya estaba preparada sobre la mesa junto al plato de barro con mi sopa y comencé a comer.
Tenía que estar fuerte para cuando Edward volviera. Seguramente sabría a donde acudir si no me encontraba en ese dichoso convento. Tenía que estar muy guapa para cuando él volviera.
-¡Zafrina!- Me paralicé por un instante por la impresión, pero cuando quise levantarme para irme… -¡Ey! - Me quedé en mi lugar de espaldas. -¿Sabes dónde está Zafrina? Está tardando demasiado con esos documentos, pensaba que se había entretenido por aquí.
-Sirviéndole la comida a la señora Marquesa.- Respondí acongojada, no sabía de quien se trataba y tampoco quería girarme y arriesgarme.
-Ajá.- En cuanto sentí como reculaba intenté seguir adelante. - Espera.- Fue un murmullo pero en tono firme. Y cada vez estaba más segura quién era. Se acercó. - ¿Te he visto alguna vez por aquí? - Tragué saliva, el corazón comenzó a bombearme de manera ensordecedora.
-Claro… - Respondí aun sin girarme. - Ayudo a Zafrina en sus tareas.
-Que yo sepa Zafrina no tiene ayudantes… - Respondió después de algunos segundos. - ¿Por qué te ocultas joven?
-N-no me oculto.- Tartamudeé.
-Claro que sí.- Dijo convencida. Me cogió del brazo y me giró haciendo que viera su cara. ¿Cómo podía ser que el tiempo la hubiese cambiado tan poco? Seguía tan guapa como siempre, pero con esa expresión engreída y de superioridad que tanto la caracterizaba. Su cabello rubio estaba recogido en un gran moño sobre la cabeza del cual colgaban algunos tirabuzones. - No me suena tu cara… - Dijo frunciendo el ceño, después abrió los ojos con desmesura y sonrió maliciosamente. - O sí…
No me dio tiempo a decirle nada, simplemente me cogió la muñeca y me arrastró literalmente hasta el gran salón sin escuchar ninguno de mis ruegos. Allí se encontraban los dos hijos menores de la Marquesa, el ahora Marqués y un hombre más, joven y apuesto.
-No te muevas - Me ordenó. Como ella dijo ni me inmuté, y después de un par de segundos volvió Zafrina a quien se le cayeron todos los documentos que sostenía. -¿Qué pasa querida? ¿Algo te ha asustado? - Preguntó con ironía.
-Señora… perdón. - Comenzó a recoger los documentos y se dirigió frente a la Marquesa. - ¿Eran estos los documentos? - La señora Marquesa comenzó a reír.
-¿Me quieres tomar el pelo Zafrina? ¡Sé quien es ella! - Gritó apuntándome con el dedo. - Es la hija de los Swan, ¿verdad? - Ni yo ni Zafrina abrimos la boca, mucho menos los comensales que se encontraban alrededor de la mesa. - ¿¡Qué hace aquí! - Preguntó exasperada.
-Señora yo…
-Fuera las dos, no os quiero volver a ver.
Zafrina me miró apenada y yo la miré a ella de igual forma. Había perdido su empleo por mi culpa.
-Señora, no es necesario que eche a Zafrina, ella necesita el trabajo, yo puedo irme, le aseguro que no volveré, pero por fav…
-¿Y a ti quien te ha dado vela en este entierro? - Preguntó rasgando todas y cada unas de las palabras. Un silencio mayor se alzó en el salón. - Fuera.
Zafrina me miró suplicante, mirando hacia la puerta para que la siguiera, pero comencé a dar los primeros pasos escuché el chirrido de una silla.
-Esperad. - Habló una voz masculina y juvenil.
-¿Qué sucede Jacob? - Preguntó muy modosita la señora Marquesa.
-Tengo entendido que Zafrina es indispensable para usted, ¿Por qué desea echarla?
-Ha abusado de mi confianza. ¿No es suficiente?
-No es necesario que la despida. - Le miré a él porque sentí su mirada sobre mi. El miedo me invadió por un momento. - Además yo puedo encargarme de esta joven, ya sabe por qué mis riquezas suben como la espuma. Puedo decirlo porque estoy en confianza y sé que usted no me traicionaría.
-No le entiendo.
-Deje que me la lleve, Esme. - Se acercó hasta mi.- Es bonita. - Sostuvo mi barbilla entre su dedo índice y pulgar, estudiando mi rostro.- Ojos grandes, piel pálida pero sin imperfecciones, labios carnosos.- Me cogió la mano y me dio una vuelta.- Incluso tiene una bonita figura. Podría ser una de mis bailarinas.
El corazón se me encogió. ¿Ba-bailarina?
-Sí, podría ser una de ellas… y cuando me canse… - Me soltó y se volvió hacia la Marquesa.- Cuando me canse ya sabe usted lo que le espera. - La Señora comenzó a reír ruidosamente.
De pronto un cansancio repentino me invadió, los sentidos se me nublaron por completo y : oscuridad.
Desperté aun mareada y llevé una mano a mi cabeza, esperando que todo lo que recordara fuera fruto de un fatídico sueño. Pero al palpar la cobija acolchada y suave sobre la cual me cernía abrí mis ojos inmediatamente.
Era una habitación, una habitación llena de lujos. Miré horrorizada y con miedo todo a mi alrededor. ¿Dónde estaba? ¿En casa de aquel Conde? ¡Cielos! ¿Qué iba a hacer?
Edgard llegó a mi mente en aquel preciso momento y me sentí morir. Presa del pánico caminé de puntillas hasta la puerta y la abrí un poco, entonces alguien, que parecía un criado se giró.
-¿Ya ha despertado señorita? Espere un minuto, voy a avisar al señor Conde.
En cuanto el sirviente te alejó salí de allí caminando por el pasillo sin saber a donde ir. No había nadie, todo estaba muy silencioso. Solo había puertas y más puertas, hasta que llegué a unas enormes escaleras.
-¿Tan rápido te has cansado de mi? - Preguntó otra vez el mismo joven a mis espaldas, me giré temerosa y sostuve mi vientre de manera involuntaria, queriendo proteger a mi bebé. No le miré a la cara, no quería que se sintiera ofendido de algún modo. - ¿Cómo te llamas?
-Bella.- Escuché como sus pasos se acercaban despacio y todo mi cuerpo se estremeció de miedo. Volvió a sostener mi barbilla y me hizo mirarle.
Sus ojos oscuros se clavaron en los míos con una sonrisa aparentemente amable.
-Bien, Bella. Pues no deberías tener miedo, voy a tratarte muy bien. - Fruncí el ceño y él calló observándome por un largo tiempo. - Cielos… eres realmente hermosa. La chica más preciosa que he visto en mi vida.
Bueno a ver si a partir de ahí podeis comenzar a hacer teorías sobre la carta... Creo que este va a ser el único POV Bella, así que en el siguiente ya vendrá Edward y la carta. No sé si el lunes me dará tiempo a actualizar la historia... pero si no lo hago ya no volveré hasta dentro de unas tres semanas... lo siento pero me voy de viaje ... :) pero volveré! Aunque espero poder actualizar el lunes... NO ASEGURO NADA!
E. Cullen Vigo, Maggice, Black Cullen, smile79, Marylouu, viszed, sophia18, missNICOLEturner, Fran Masen, Priss Cullen Swan, Lynn, Miley Lecter, GRACIAS!
Nos leemos en el próximo :)
