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Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. Todos humanos.
ALAS AUSTERAS
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._Lo que es mío_.
Allí estaba la razón de la enorme felicidad que sentía en esos mismos momentos. Entre dos arbustos, observando como las rojas amapolas se inclinaban al compás del viento. Su cabello achocolatado bailaba con el mismo ritmo, estirando de vez en cuando sus puntas onduladas, igual de hechizantes que la forma de su cuerpo.
Había cambiado, se había desarrollado más de lo que hubiese imaginado en un año, cuando salimos de aquella cárcel, y se había convertido en el ser más hermoso que alguna vez hubiese conocido, aunque siempre lo había sido.
Me acerqué sigilosamente, Rose estaba a su lado cortando alguna margarita blanca de las que se encontraban entre las amapolas. Solo era consciente del movimiento de su cabello, de la sonrisa que formaban sus carnosos labios rosados, de su mirada llena de felicidad por fin y de sus pequeñas manos rozando los pétalos de aquella afortunada amapola.
-Nos tenemos que conformar con estas simples flores silvestres… - Escuché hablar a Rose, Bella la miró con el ceño fruncido.
-¿Qué tienen de malo?
-¿No te gustaría tener rosas de color rojo terciopelo? Esas flores son las más preciosas que alguna vez he visto. - Escuché la risa leve de mi pequeña, siempre lo sería.
-Prefiero las flores silvestres. - Le contestó cortando una de estas delicadamente y acariciando los pétalos. - Al menos no son tan traicioneras como las rosas, son mucho más inofensivas y lejos de ser preciosas, son hermosas por su sencillez, ¿no te parece? - Rose se quedó mirándola de manera inconformista.
-Yo estoy de acuerdo. - Contesté agachándome a la altura de ellas dos. - Pero hay flores más hermosas, como por ejemplo vosotras dos. - Rose me miró con ojos abiertos por mi inesperada contestación. - Es la verdad, para mi no hay nada más hermoso que Bella. - Me acerqué un poco a Rose. - Y estoy seguro, que lo más hermoso para Emmett no se encuentra muy lejos de aquí. - Le susurré, guiñándole un ojo.
-Emmett tiene cosas más importantes qué hacer. - Contestó con voz contenida. No pude evitar reírme y me encogí de hombros.
Se alejó para unirse a mis otros tres amigos, quienes habían decidido asar la carne de conejo que habíamos podido cazar entre los hombres durante la mañana. Teníamos suerte de que no fuese un coto de caza privado, porque a medida que pasaba el tiempo, menos tierras de campo libre existían para nosotros los pobres.
Me senté junto a Bella sin quitarle la mirada de encima, sin perder de vista como su cabello seguía ondeándose a causa del viento y como su mirada no paraba de mirarme tampoco.
-Deja de mirarme así. - Dijo de repente, retirando la mirada, sonrojada.
-¿Por qué?- Pregunté elevando su mentón con un dedo.
-Me deslumbras. - Reí y me acerqué un poco más a ella acariciando su mejilla.
-Me gusta tener esos efectos en ti, mi amor. - Ella sonrió tiernamente y besó la palma de mi mano, repetidamente. El contacto con la piel de sus labios causaba sensaciones que tenía que evitar y que también estaba evitando desde hacía tres días.
Me moría por volver a hacer mía a Bella, lo ansiaba, pero no iba a faltarle más el respeto hasta que nos casáramos, aunque a ojos de la gente siguiera haciéndolo, no importaba, se trataba de ella. Aunque a mi me parecía que me iba a volver loco en el acto, deseaba acariciarla de principio a fin y volver a fundirme en su cuerpo, pero debía esperar, solo unos días más, ya todo estaba preparado.
-Deseo hacerte ya mi esposa. - Contesté retirando mi mano de sus labios. Bella apoyó sus manos en la hierva y miró a nuestros amigos.
-Yo también… me rehuyes demasiado. - Puse los ojos en blanco.
-Bella, por favor, ya hemos hablado de eso. - Ella bufó inflando sus mejillas, un gesto que me pareció de lo más adorable.
-¡Ey tortolitos! La comida ya va a estar lista. - Gritó Alice.
-¿Vamos? - Pregunté de pie, extendiéndole mi mano. Ella se encogió de hombros y se levantó con mi ayuda. La abracé en cuanto se levantó y besé su mejilla sintiendo su suavidad, su olor fresco… - Te quiero. - Susurré acunando su rostro.
-Y yo a ti. - Me contestó alzándose de puntillas para dar un casto beso a mis labios.
-¡Vamos, no tenemos todo el día! - Volvió a gritar mi amiga provocando que Bella y yo nos separáramos.
Más tarde, cuando todos volvimos a la pensión Webber, vino Zafrina, quien me había asegurado el día anterior que vendría a visitarnos para despedirse, ya que volvíamos a casa. Por fin podría llevar a Bella a nuestro hogar, aquel que había construido con tantas ganas.
-Léelo. - Me dijo extendiéndome una hoja de papel grueso que parecía tener bastantes años.
-¿Qué es esto, Zafrina? - Pregunté cuando lo abrí y leí el contenido.
-Lucha por lo que eres, cariño.
-No, no puedo aceptar esto, es más ¿De dónde lo has sacado? ¿Te ha visto la Marquesa? ¡No tenías que haberte arriesgado!
-Pero ¿qué es Edward?- Preguntó Bella a mi lado en tono ansioso.
Bella ya estaba informada sobre mi historia, aquella que acababa de conocer hacía tan poco, pero lo que tenía entre mis manos… ¿Cómo…? Aun no entendía nada y también sabía que aunque ese documento estuviese descansando en ese mismo momento entre mis manos no podía hacer nada.
-Es el título nobiliario de Edward. - Contestó por mi Zafrina. - El título de Duque.
-No puedo hacerlo. - Les dije a las dos. Bella entrelazó una de sus manos con la mía.
-Hijo… es tuyo, tienes que luchar por quien eres. - Insistió Zafrina.
-Le prometí a la señora Marquesa que no haría nada… le di mi palabra.
-¡Pero ese palacio te pertenece! - Exclamó.
-No quiero arriesgarme. Si le pasara algo a Bella, o a mi hijo, no podría perdonármelo. Tú mejor que yo sabes que sería capaz de cualquier cosa… así que mi respuesta es no. - Zafrina negó con la cabeza.
-Tú tienes el poder con esto mi niño, ella no podría hacer nada.
-¿De dónde has sacado esto? - Zafrina me miró con la disculpa pintada en el rostro y se mojó los labios.
-Tu padre tenía guardados muchos documentos en su despacho… intentaba encontrar algo que evidenciara quien eres… y…
-Te arriesgaste demasiado. - Ella volvió a negar y acunó mi rostro entre sus manos.
-Te lo debía, os lo debía. - Dijo mirándonos a Bella y a mi. - No supe protegeros, tenía que compensaros de alguna forma. Podrías pensarlo esta noche. - Abrí la boca para volver a negarme pero me la tapó con la palma de su mano. - Solo pensarlo pequeño.
Podía entender en parte a Zafrina. Se sentía culpable por no protegernos a Bella y a mi cuando éramos solo unos niños y quería enmendar su error, pero no todo era así de fácil. Y lo cierto era, que aunque en parte sentía la necesidad de aceptar el título para darle a Bella y a mi hijo todo lo que no podría darle, por más que quisiera trabajando en la herrería, no podía faltar a mi palabra.
Para mi valía mucho más el trato que había cerrado con la Marquesa de lo que a cualquier persona le parecería. Bella lo era todo para mi y lo único que me importaba era estar con ella, bien, felices, al fin juntos.
Aunque por otra parte, debía admitir que la Marquesa solo había aceptado el trato por conveniencia, a ella solo le interesaban los títulos y las riquezas, jamás me habría dicho el paradero de Bella de no ser porque le di mi palabra de que jamás me involucraría de nuevo en todo esto.
Pero no podía evitar pensar en el daño que sufrimos Bella y yo por su culpa cuando éramos solo unos niños, no podía olvidarlo, por más que quisiera, era algo que por desgracia siempre llevaría en mi.
-¿En qué piensas? - Preguntó Bella, desde la otra cama, por fin había podido alquilar una habitación con dos camas.
-Solo… en el título. - Bella se acercó a mi lado y se sentó en el colchón.
-Haz lo que creas conveniente, amor.
-Por una parte, no quiero faltar a mi palabra, pero por la otra… - Suspiré. - Nos hizo demasiado daño, demasiado. No debería tener reparos en presentarme como el primogénito del Duque.
-Pues hazlo. Ahora eres el Duque, todo lo que la Marquesa goza te pertenece por derecho, por ese título que Zafrina te trajo ¿Qué te detiene?
-El enorme agradecimiento de confesarme dónde estabas.
-Pero lo hizo porque sabía que podía perderlo todo, Edward, no lo hizo por nosotros. - Me senté a su lado y acuné su rostro, apoyando mi frente en la suya.
-Lo sé pequeña, lo sé, pero no puedo evitarlo. Estaba tan desesperado, hubiese hecho lo imposible por encontrarte, habría vendido mi alma al diablo.
-No digas eso. - Murmuró, acariciando su frente con la mía.
-¿Tú quieres que lo haga, amor? Podría hacerlo, solo por ti. - Sus manos me acariciaron las mejillas y me sonrió separándose un poco de mi rostro para mirarme a los ojos.
-Esto solo es algo que tiene que ver contigo y no pienso meterme. Yo solo soy feliz si estoy contigo, en el lugar que sea, no importa, siempre que estemos juntos. Así que yo seré feliz con la decisión que tomes. - Le sonreí acercándome a su rostro y besándola suavemente.
La amaba, no era ningún secreto, la quería con todas las fuerzas de mi corazón y ella solo había hablado con la verdad. Seríamos felices en cualquier lugar, solo teníamos que permanecer juntos.
Me dediqué a observar cómo dormía ya que yo fui incapaz de conciliar el sueño. Había sido demasiado difícil llegar a la situación en la que nos encontrábamos, habíamos pasado tantas trabas, tantos problemas para alcanzar la felicidad que ya ni me importaba ser hijo de un Duque. Había pasado tanto dolor que podía conformarme demasiado bien a la inmunda pobreza que nos rodeaba si estábamos juntos. Solo ella era capaz de arrancarme una sonrisa estando dormida.
El gallo cantó y con él, Bella comenzó a moverse en la cama.
-Buenos días, amor. Tenemos que darnos prisa.
-Mmm. - Abrió sus ojos hermosos pero en seguida frunció el ceño y elevó una de sus manos para acariciarme las ojeras que se suponía tendría.- ¿No has dormido? - Negué con la cabeza.
-No he podido dormir en toda la noche.
-¿Qué has decidido? - Su evidente preocupación derrumbó todas las decisiones tomadas la noche anterior. No cesaba de examinar mi rostro, de acariciarme, y podía observar su obvia ansiedad plasmada en sus pupilas.
Ella se merecía un mundo. Lo había pasado tan mal o peor que yo. Ella era una princesa, un ángel que había iluminado mi vida, era la única razón por la que seguía en este mundo tan injusto. Por ella había luchado y me había superado, ahora era ella la que necesitaba de mi, ella y mi hijo.
-¿Amor? - Insistió más preocupada aun. Sí, no podía permitir que viviera en la miseria cuando podía ofrecérselo todo, no lo merecía. Sonreí, acariciando su rostro.
-Voy a ir ahora mismo al palacio.
-¿Al palacio de la Marquesa? - Me quedé pensativo por unos minutos.
-¿Por qué todo el mundo le llama el Palacio de la Marquesa? Es el palacio del Duque, mi padre era el Duque y voy a luchar, solo por ti, mi amor. - Ella frunció el ceño y se puso de rodillas quedando más cerca de mi rostro. Negó con la cabeza.
-No, no tienes que hacerlo por mi. Te he dicho que seré feliz contigo en las condiciones que sean… - Le sonreí tiernamente y toqué su vientre.
-Entonces, déjame hacerlo por mi hijo y futuro Duque. - Se acercó preocupada hasta mis labios para besarme.
-Ten cuidado, por favor. -Susurró contra mis labios.
-Sí. - Volví a besarla. - Vístete e informa a Emmett por favor. No tardaré. - Besé su frente, la abracé y comencé a caminar hacia mi destino.
Lo siento por tardarr! Pero os compenso con los dos ultimos capítulos, vale? :) Estoy muy liada estudiando de nuevo... :( lo sientoo!
visced, E. Cullen Vigo, BlackCullen, sophia18, Fran Cullen Masen, joli cullen, Noelle xD, Lynn, Estrella, esmeralda aguirre, piscis 1, paulapm1, arreolacullen, mairim cullen, lucy2010, chely 1901, Marylouu, GRACIAS! :)
Un besitoooo!
