La cara oculta de la luna

Seis chicas especializadas en técnicas de asesinato y lucha, todas con sus corazones pesados y una de ellas hasta con herida de bala, todas ellas metidas en un cuarto con cama queen size con capacidad de hasta cuatro personas, quizás cinco un poco apretadas, las otras dos desafortunadas tendrían que dormir en algún futon que la anfitriona Nio les había prestado. El ambiente estaba cargado de tención, seis pares de ojos puestos en el cómodo lecho, sólo cuatro cerrarían los ojos acostadas allí pero… ¿Quién?

—Ejem…si me lo permiten, creo que sería justo permitir que quienes terminaran primero en alistarse duerman en la cama—dijo la chica con lentes, acomodándolos a la vez que se iba desatando las coletas dejando suelto su cabello.

—Je ¡echo!—Shin'ya y estaba quitándose los pantalones, zapatos, calcetas, ¿bragas? ¿¡Sostén!?— ¡Yo gano un lugar en la cama!—saltó en un grito a la cama acomodándose ante la miradas sonrojadas— ¿Qué? ¿Ustedes no duermen desnudas?—a lo que todas negaron con la cabeza, Namatame se cubrió los ojos sintiendo vergüenza ajena, Tokaku sólo negó con la cabeza y sacándose la camisa y chaqueta se acomodó en el extremo opuesto de la cama. Todas siguieron el ejemplo de Tokaku y comenzaron a acomodarse, entraban bien en la cama, Kouko le arrojo una sábana individual a Bamba por razones obvias.

—Cúbrete con esto y no des más espectáculos—dijo fríamente mientras se acostaba de lado dándole la espalda y mirando a Haruki que comía un pocky con los brazos tras la cabeza.

—Exageran demasiado—dijo abrazando una almohada, de pronto se escuchó como un cuerpo caía sobre el suelo seguido de un gruñido y el choque de metales.

— ¿Qué demonios pasa contigo Azuma?—Takechi le mostraba los dientes mientras que la asesina la miraba con frialdad y sostenía su cuchilla contra las tijeras de la chica de ojos agua marina.

—No dormirás en la misma cama que nosotras, vete al suelo—dijo con frialdad a la vez que aplicaba más fuerza al empuje de su cuchilla.

— ¡Eso es injusto! Kaminaga dijo que quien terminara de alistarse podría ocupar un lugar en la cama y aún hay espacio.

—Lo ocupa Namatame.

— ¡Ella aún no está lista!

—Lo está—le indico con una mirada a la chica que ya tomaba lugar en la cama con la mirada puesta en la asesina en serie—vete al suelo—Otoya buscó ayuda en la antigua representante de clases pero esta les daba la espalda no queriendo meterse en esos asuntos, pensó en la posibilidad de empujar a Azuma a un lado y tomar lugar en la cama pero con una mirada a la chica con melena descarto la idea, era obvio que esas dos se apoyarían mutuamente, estaba sola en ese asunto y las tenía de perder. Con un chasquido de lengua empujó a Tokaku y tomo uno de los futones extendiéndolo en una esquina de la habitación.

—Ahora entiendo porque Haruchi te dejó, cualquiera lo hubiera hecho de tenerte como novia—sintió la amenaza en la espalda pero al voltearse Haruki ya tenía sujetándole la muñeca a Tokaku.

—Creo que es suficiente, tú no eres de perder la cabeza Azuma no te desquites con ella por lo que pasó contigo e Ichinose; discúlpala, pero igual opino que no es justo el trato que le están dando y Namatame…debe estarte afectando mucho lo de Kirigaya para considerar atacarme de espaldas—era cierto, tras de ellas la chica estaba tensa viendo a las tres con una llama en los ojos; Haruki soltó la muñeca y la chica se fue a recostar nuevamente junto a la pelirroja mirando al techo y apagando la luz.

Otoya se recostó en el futon sopesando la idea de irse de ese lugar, quizás a la mañana siguiente tratar de regresar al apartamento de Shiena mientras la chica no estuviera en casa para tomar sus cosas y algo de dinero para largarse de una vez de ese lugar, sí, eso era lo que debía hacer… ¿o quizás darle caza a Shiena? Escuchó el ruido de otro futon siendo a su lado, sacándola de sus pensamientos.

— ¿Se puede?—era la chica pelirroja que le había dado autostop y que le había ayudado con Azuma, no sabía porque pero empezaba a caerle bien.

—Adelante, parece ser que eres la única en este lugar que no me trata como basura, pero eso es algo a lo que estaba acostumbrada—sonrió poniendo un brazo tras su cabeza como si aquello le enorgulleciera—bueno…tú y Shiena.

—No acostumbro tratar de mala manera a alguien, en ese aspecto soy muy paciente, je debes serlo para tener de novia a Isuke-sama.

— ¿Por qué la sigues llamando así? Ya no estas con ella, eres libre de sus cadenas y órdenes.

—jeje ¿has escuchado la frase "tus deseos son órdenes para mi"? Bueno…quiero creer que las órdenes de Isuke son como una forma de manifestar sus deseos…no es muy propio de ella demostrar lo que siente y lo que en verdad quiere, por eso trato de cumplir todo lo que desea…o al menos eso era lo que intentaba.

—Venga ya Haruki, aras que Mahiru y yo nos deprimamos.

—Jaja ¿Qué tal si nos cuentas tu historia, Bamba? No tengo mucho sueño.

—Je… ¿Qué puedo decir? Sumireko es toda una ojou-sama, una chica de fino talle y refinados modales…casi una princesa y para mí es una reina pero…supongo que mi forma de ser no encaja en su mundo…la amo pero todo lo que toco se rompe con facilidad y de esa misma manera es que rompí nuestra relación…llevándome a Mahiru de por medio, ella trataba de reconciliarnos siempre y hasta se ponía de mi parte provocando igual una pelea entre ellas…nosotras sólo deseábamos alguien en quien volver a confiar…pero no contábamos con que esa persona también desearía confiar en nosotras…

— ¿Cómo es que le puedes infundir confianza a alguien?—ahora era Namatame quien hablaba— ¿Cómo hacerlo cuando esa persona no te cree cuando le dices que es lo más importante para ti sobre cualquier cosa?

—Sólo tratando y tratando…hasta que te diga que no quiere que intentes otra vez…que no importa cuántas veces lo repases eso no es lo que quiere…

—Cuando esa persona no es para ti no hay nada que hacer…no importa la determinación que le pongas…—Tokaku fue la última en hablar, dejando a todas ensimismadas en sus pensamientos—ahora sólo nos queda aprender a dormir solas de nuevo.

Era un pensamiento colectivo, Kouko no acostumbraba irse a dormir sin compartir un baño con esa chica que tanta tranquilidad le daba sin que ella supiera que su vida era intranquila; Otoya trataba de recordar el último capítulo del libro que Shiena le leyó en voz alta antes de irse a dormir; Chitaru veía sus brazos vacíos, los sentía tan raros de esa forma; Tokaku odiaba ese silencio, quería oír esos latidos de corazón que la arrullaban por las noches; Shin'ya no podía cerrar los ojos, su cuerpo quería ese horrendo brebaje al que llamaban té que tanto la calmaba por las noches, quería dormir desnuda sobre Sumireko para que las pesadillas no llegasen; Haruki casi le pide a Otoya que le quitara la caja de pockys como lo haría la dueña de su corazón, el cuerpo le dolía por lo mucho que deseaba abrazarse a Isuke y descansar su cabeza en verdaderas almohadas y no esas rocas que Nio les había dejado.

Ninguna dormiría bien esa noche.

SSSSSSSSSSSSSSSSSSZZZZZZZZZZZZZZZIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII

La alarma sonó a las siete de la mañana, tal y como estaba programada, una chica se estiraba viendo el sol que iluminaba a lo lejos la ciudad que despertaba en ese agradable fin de semana. Apagó la alarma y miró el calendario, allí una pequeña anotación con una fina y exquisita letra, "Diez de la mañana, desayuno en el nuevo restaurante de la plaza, mismo lugar donde se compró el nuevo libro de Suzu" esas notas estaban por todo el calendario, ella no las entendía pues no siempre eran muy detalladas sobre el lugar, dando referencia de cuanto le había gustado a ella o que acción fuera de lo normal habían hecho, pero parecía que Kouko las recordaba todas y cada una de ellas.

Bajo la mirada un poco triste y solitaria pero de cualquier manera se levanta de la cama y da inicio su rutina como si ningún cambio hubiese en su vida. Dio una vuelta por la manzana y saco su tapete de yoga al patio trasero, luego de estiramientos y posturas se sentía un poco más despierta, entró a la casa secándose las pequeñas gotas de sudor de la cara, tomaba un vaso de agua para rehidratarse, Kouko siempre le pedía que lo hiciera de manera correcta, se preocupaba mucho por ella. Tomo su medicamento bajándolo con el poco de agua que le quedaba y miró el reloj.

—Kouko-chan compro ese libro en la plaza que queda a una caminata de treinta minutos…no se me antoja preparar nada en casa.

Hizo cuentas mentales, eran ya las nueve de la mañana y ella tardaba en ocasiones hasta cuarenta minutos tomando un baño con sales, veinte si sólo era una sencilla ducha.

—No se me antoja llenar esta mañana la bañera—se desnudó y entro bajo el agua, no se molestó si quiera en cambiar la temperatura, su cuerpo ya lo sentía frio de por sí, la solitaria caminata a casa parecía haber bajado su temperatura corporal por cada paso que daba más lejos de esa chica de cabello negro.

Recordó cada detalle de esa noche y la despedida que se dieron, si es que eso puede llamarse una despedida. Era cierto que se divertía con Kouko pero la chica tenía una seria manía por planificar todo para que quedara perfecto, cosa que jamás le había interesado a Suzu, jamás se detenía a colocar cada cosa en su lugar, ¿para qué hacerlo? Al final volverían a estar desacomodadas, no es que fuera desordenada, pero antes tenía el tiempo del mundo para eso y los viejos hábitos se arraigan.

Sólo duro quince minutos en el baño, extrañamente ni siquiera el agua lograba darle tranquilidad en ese momento, se vistió de manera sencilla y salió a la calle, dio un par de pasos y tuvo que regresar al no escuchar el pestillo cerrado de la puerta, por supuesto, Kouko ya no estaba para llamarle la atención por no cerrar la puerta con seguro pero echándolo ella de todas formas.

Salía de casa a las nueve con treinta, apuró un poco el paso llegando exactamente a las diez para tomar asiento en una silla al final del restaurant. Sabía que no llegaría a ese lugar, era algo tonto esperar que recordara esa pequeña anotación en el almanaque de su recamara, su ahora exnovia no llegaría en un milagroso momento donde ambos destinos vuelven a unirse, esas no eran escenas de telenovela donde milagrosamente ambas personas llegan a un mismo lugar como si estuvieran conectadas y por el sólo hecho de estar allí todo volvería a ser miel sobre hojuelas.

—Si Kouko-chan llegara…seguramente seguiría de largo…—tomo un sorbo de su café con un suspiro resignado, pero se sorprendió en cuanto vio a la persona frente a ella, bajo la tasa de manera un poco brusca, la porcelana hizo un sonido no muy refinado.

KKKKKKKKKKSSSSSSSSKKKKKKKKKKHHHHHHHHH

—Maldición, este era mi libro favorito—una joven recogía los platos rotos, literalmente, de la noche anterior, en el suelo del apartamento se encontraban muchos pedazos de vidrio y porcelana de los jarrones y platos arrojados a Otoya. Tomó entre sus manos la bocina volcada en la entrada del lugar, se preguntaba si volvería a sonar sus tonadas clásicas y el alocado rock and roll de Otoya—que estupidez, por supuesto que no—se dio un pequeño golpe al pensar que en su apartamento volvería a oírse esa estruendosa guitarra eléctrica por la que sus vecinos se habían quejado.

Cargo la bocina y volvió a ponerla junto al estéreo, conecto los cables un poco preocupada de haberlos dañado luego de arrancarlos bruscamente fuera de sus entradas.

—Sólo hay una forma de saberlo—busco el control del estéreo y lo prendió, espero un poco para que reconociera el disco y un bajo junto a la guitarra eléctrica y batería se escucharon claramente en ambas bocinas, tal parece que Takechi fue la última en usar el aparato antes de su pelea y como siempre, se olvidaba de sacarlo y regresarlo a su caja—menos mal—dijo al comprobar que no le había pasado nada grave, pero dejo que la canción siguiera sonando para comprobar que no había problema.

"Hoy te volví a mirar. Tan linda como siempre. Te dije "hola ¿cómo estás?" y te seguiste de frente" si definitivamente era disco de Takechi, ella rara vez escuchaba esas canciones de otros países, prefería las canciones electro o las clásicas y tranquilas que servían para leer "Ya se ha esfumado el amor, el que algún día nos tuvimos, entre problemas y disgustos no nos comprendimos".

—Si Otoya estuviera aquí, sujetaría el control como si fuese un micrófono y la cantaría, seguro dando brincos o desfajándose la corbata que tanto insiste en traer puesta incluso en casa—imagino la voz de su exnovia interpretando esa misma canción a la vez que le coqueteaba, sin importarle que ella tratara de leer y le pidiera que le bajara el volumen al estéreo, "Yo aferrado al rock and roll, entre tocada y tocada, tú con tus celos infundados no te controlabas"— ¿Eso fue lo que pasó Otoya? Debes estarme tomando el pelo…eran perfectamente fundados—le preguntaba a la Takechi que le cantaba en la sala de su apartamento, siempre con esa sonrisa que le sacaba de cualquier problema que tuviera con su novia respecto a celos por aquellas chicas a la que quería cortar en pedacitos.

Se preguntaba qué era lo que estaba haciendo en ese preciso instante, si la recordaba o ya era alguien de la que se olvidaba, había llegado lo suficientemente profundo en el corazón de esa loca asesina en serie o en sólo una noche había corrido sintiendo jubilo de deshacerse de esa relación que compartían. "Tu piel desnuda…me hace falta mi amor, tu lindo cuerpo que a mí me enloqueció ¿cómo poder olvidarme de aquellas noches de Abril? cuando en mis brazos tú te entregabas a mi" Se sonrojó al imaginar esa estrofa en boca de la peli purpura, no por lo que decía bueno sí en parte, sino porque sabía con qué tono lo hacía, pues en otra ocasión se la había cantado al oído en una noche tormentosa, con las luces apagadas y el estéreo más alto que de costumbre, las noches con truenos y relámpagos eran las únicas que le permitía a Takechi subirle a la música, pues los vecinos no la oían y esa noche en específico, el ritmo de la canción parecía poner juguetona a la bestia que tenía en el interior, volviendo a la fiera un manso gatito que se dejaba consentir y se acariciaba contra su ama; en esa ocasión los gemidos de Shiena casi se escucharan tan altos como los bajos de la guitarra. Si hubo una noche en la que se entregara a los brazos de Takechi era esa.

"Ya me voy a cotorrear, las tocaditas me llaman, nena no olvides a este loco que tanto te ama" eso le recordaba tanto a la noche anterior, sentía los ojos escocer y la garganta echa un nudo, imaginaba esa sonrisa de quien se come al mundo en dos bocados pintada en sus labios mientras le daba la espalda y se marchaba.

—Qué tontería—se limpió rápidamente la cara y tomo sus llaves antes de salir corriendo fuera de allí—luego puedo encargarme de limpiar, no llegare a ningún lado así, necesito hablar con ella.

KKKKKKKKHHHHHKKKKKKKKSSSSSSSSS

—Mmmm… ¡Ahh!—una chica despertaba esa mañana en el suelo de su habitación, sobándose el porrazo que se dio en la barbilla; echa un enredo de sabanas había estado rodando de un lado a otro toda la noche desde que llego a su casa y la cama al fin se le había acabado, no era la primera vez que le sucedía, pero ese tipo de cosas habían dejado de pasarle al menos desde la clase negra, en la que luego de rodar hasta caer del lado derecho en medio de la noche, su compañera de cuarto, amable como acostumbraba, le ofreció, movida por la preocupación, que durmiera en su cama, esa noche, unos brazos la rodearon evitando que callera o se moviera, su descanso era calmo y reconfortante, podía decirse que supo que estaba enamorada al aspirar ese aroma a rosas y querer enterrar la cara en esa piel—…Chitaru...—se abrazó a una almohada en el piso pensando en cómo la había dejado la noche anterior, la imagen de su rostro sin poder entender o procesar lo que había pasado.

Se levantó de un salto pensando que era muy infantil estar tirada, abrazando una almohada en el piso como si el mundo se desmoronara a su alrededor por perder a esa hermosa chica con melena de león y corazón de príncipe; movió la cabeza en negativa sabiendo por donde irían sus pensamientos, trato de escapar de ellos corriendo al cuarto de baño pero fracaso patéticamente cayendo de bruces al suelo por el enredo de sabanas en sus pies, su mente le hizo escuchar tan claramente, cual grabadora que se reproduce pero sin ser exactamente el mismo sonido, la risa amable de su exnovia, una locura, pues no estaba allí, no volvió a casa esa noche, pasó buena parte de la madrugada afinando el oído esperando por el sonido de la puerta de enfrente cerrarse y el muy suave chirriar de las bisagras de la puerta de su habitación, aquellas que se supone este fin de semana la pelirroja aceitaría para no despertar a Hitsugi cuando volviera a casa luego de sus misiones semanales por parte de su maestra.

Soltó un suspiro y camino al baño, tomo su celular que estaba en modo sonido, con el tono de llamada y el de mensajes a toda su capacidad, raramente lo dejaba de esa forma, siempre la sobresaltaba el ruidoso aparato, pero no quería que ni una sola llamada o mensaje se le pasara; comprobó la bandeja de entrada y de llamadas perdidas, nada, no había ni una sola llamada o mensaje.

El agua enjuaga todos los problemas, o es lo que ella había oído por allí, se preguntó que debería hacer ese día de fin de semana, cualquier tipo de plan que incluyera a una segunda persona estaba completamente descartado. Miró la pared húmeda de la ducha y allí estaba, una hebra de cabello rojo, lo tomo entre sus dedos y vio que no era el único en ese baño, esa chica parecía en verdad un león, encontraba parte de su melena en todos lados de su casa, almohadas, cama, sillones, el suelo y también la ducha, cambiaba de pelaje según la temporada en la que estaban, en verano era peor, eran bolas que rodaban por el suelo.

Salió de la ducha envuelta en una toalla, seguramente se dedicaría a limpiar el apartamento, encontraría muchas bolas de cabello rojo. Elegía la ropa interior más cómoda que tenía cuando el timbre la hizo voltear en dirección a la puerta. Era ella, debía ser ella.

― ¡Chitaru!―corrió a la entrada importándole poco en con que fachas pensaba abrir la puerta, sólo llegaban palabras de disculpa para la pelirroja, por dejarla en ese lugar, por sus constantes celos, por creer que ella podría ir buscando a cada chica que se le cruzara por el frente, pero todo ese torrente de pensamientos que demostraban su arrepentimiento se esfumo al ver a aquella persona en la puerta.

Quizás no estaba tan equivocada después de todo.

HHHHHHSSSSSIIIIIHHHHHH

Su rutina parecía normal. Despertar a cierta hora de la mañana en un cuarto que no era el suyo, uno medio vacío y echo un desastre, ropa regada por todos lados, al igual que zapatos y otro tipo de cosas; regresar a su cuarto luego de una noche con otra chica, en eso estaba fallando, no había ninguna otra chica con al que pudiera pasar la noche; tomar un baño en compañía de veinte o treinta patitos de hule, error, sólo quedaba un patito rezagado de sus hermanitos, nadando solitario y triste en esa enorme bañera junto a la señorita de la mansión; un desayuno de lo más tranquilo en conjunto de una chica que le alabara entre tartamudeos su té mañanero, otro error, sólo el desayuno.

―Señorita, su padre vendrá hoy para discutir ciertas cosas de las empresas; tiene clases de política antes del almuerzo y recibirá sus clases de música, etiqueta y pintura luego de la comida―que monotonía sentía en esa casa, ¿siempre había sido de esa forma? No se la podía creer. La voz de su mayordomo le parecida igual de lo más aburrida mientras le recitaba la agenda de ese día.

―Gracias Tanaka, ¿tengo alguna llamada o llegó alguien?

―Nadie señorita.

―En la noche o madrugada ¿nadie tocó la puerta?

― ¿Debían alguien hacerlo?―pensó un momento la pregunta, sabía de quien esperaba noticias, era tonto negarlo.

―No, nadie debía. Retírate, dile a mi padre que lo recibiré aquí mismo.

―Como usted diga. Con su permiso―. Su mayordomo se retiró dejándola sola, recordó la noche anterior y como es que había perdido los estribos con ellas―espero que ninguna bala les alcanzara…uff―escucho dos toques en la puerta―pase.

Como era costumbre, su padre únicamente llego por razones de la empresa, acabados estos asuntos se retiró inmediatamente, ni a él ni a ninguna de las personas que trabajaban en ese lugar les gustaba estar mucho tiempo con Sumireko, temían a esas prótesis que le brindaban esa extraña fuerza mecánica. En ese lugar sólo Tanaka, cuando no estaba ocupado en las responsabilidades de la mansión, le hacía compañía. Hasta que ellas llegaron a su vida.

Cuando volvieron a encontrarse no se alejaron, trabajaban ayudando en la cocina por insistencia de Mahiru, no creía que fuera correcto quedarse en un lugar sin responsabilidad alguna. Cuando se alojaron allí la Ojou-sama dejó de sentirse sola. Claro, hasta que saco a patadas a sus exnovias de su mansión e incluso les disparó.

― ¿Cómo pude hacerles eso?―se tapó la cara arrepentida por sus acciones, sentía claramente como sus ojos picaban; dos golpes en la puerta la sobresaltó, rápidamente limpio cualquier rastro de lágrimas que pudieran ponerla en evidencia―adelante.

―Señorita, una chica la busca―dijo Tanaka con buen porte―dice que es importante. Es una de sus excompañeras.

― ¿Excompañera? ¡Bamba!―no espero a que su mayordomo le confirmara sus suposiciones, corrió directo a la entrada de su mansión esperando poder ver a sus chicas.

IIIIIIIHHHHHHHHHHHHHHHSSSSSSSS

Rayos del sol entraba por una ventana, golpeaban el suelo de una habitación y creaban una resolana que terminó despertando a la chica acostada en la cama; sus ojos los sentía muy muy pesados y el cuerpo se le antojaba torpe y perezoso, no de la manera en que se sentía cuando enfermaba, sino como quien tiene un peso sobre su espalda, una constante preocupación y ansias. Durante la noche no pego ojo, ya sea porque esperaba oír la motocicleta de Tokaku o porque esperaba no oírla, no tenía del todo claro, quería y a la vez no quería ver a su exnovia.

―Haru no puede pasar todo el día en la cama―dio un salto en la cama y se apresuró a cambiarse las ropas con las que se había acostado por un vestido veraniego―listo ahora vamos a tomar un desayuno completo―su sonrisa optimista se esfumo de su cara al recordar quien decía esa frase y que era lo que había de desayuno―uummm bueno con una buena manzana está bien y un poco de café―trataba que su sonrisa no desapareciera de su rostro.

Haru siempre había sido así de optimista, aun cuando todo el mundo buscaba lastimarla o matarla había afrontado eso con una sonrisa, cuando su familia murió protegiéndola, tenía una sonrisa en su rostro; cuando sus amigos murieron protegiéndola ella aun sonreía, pero había llorado hasta dejar la almohada húmeda en cuanto regreso a esa casa, amaba a esa chica fría y distante, eso jamás podría negarlo, no sabía porque si Tokaku era tan distinta a ella, quizás porque era la única quien estaba a su lado no por ser la Reyna sino por propia voluntad, una voluntad tan grande que le dejo una cicatriz en su pecho; pero no podía aguantar más tiempo de esa forma, entendía que era su trabajo, pero ella ya había estado sola el suficiente tiempo, perdiendo para siempre seres queridos, uno tras otro, como para saber que no quería eso; una efímera felicidad estando junto a Tokaku no le era suficiente para pasar hora tras hora esperando a que ella llegara, en ocasiones hasta el día siguiente o dos incluso una semana, siempre sin llamadas de parte de esa chica, siempre tomando el celular y pensar si sería conveniente llamarla ahora o más tarde.

―Es un lindo día y Haru debe sonreír…no importa que…―pero esta pena era diferente, no se había ido para siempre, sólo no deseaba que estuviera con ella de esa forma tan inconstante―Haru debe ser firme con su decisión, quizás un paseo sirva para despejarme―miró el reloj y soltó un suspiro al ver que no había pasado ni una hora desde que despertó, salió de su casa llevando una sencilla y pequeña bolsa― ¡Ya lo tengo! Puedo visitar a Chitaru-san y Hitsugi-san…no, mejor no, Chitaru-sam y Tokaku salen a correr a esta hora antes del desayuno…―caminaba por las calles pensando en que hacer o a quien visitar para poder hablar y desahogarse un poco―Nio-chan se encuentra en la Academia a esta hora junto con la directora…me dijo que debía estar allí temprano en la mañana…Haruki-sam podría estar disponible pero jeje no me animo a llamarla y que conteste Isuke-sam… ¡Oh! Ya lo tengo―saltó de la banca en la que se sentaba y dio un pequeño chequeo a su dinero, tenía suficiente para llegar.

IIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIHHHHHHHHSSSSSSSS

"En mi simpatía me oculto ¿Cuántas veces ya me ha pasado? Pero el cuerpo siempre es honesto, no doy más, soy ambiciosa" un celular sonaba tirado en el piso de una habitación en un edificio de apartamentos, era un tono de guitarra muy alto y que a cualquier despertaría, incluso a una chica que llegó a casa a media noche, echa una fiera pese a haber caminado lo suficiente para que a cualquier ser humano se le pasara el coraje por el cansancio, eso se lo dejábamos a otras personas, Inukai Isuke había asustado al chico que la había recogido en medio de la carretera, casi ensuciaba sus pantalones por los gritos que pegaba la chica y la manera en que golpeaba el interior del auto, llego a temer que las arremetidas de la peli rosa activaran las bolsas de aire.

― ¡Haruki, apaga esa cosa!―grito cubriéndose con una almohada, pero la canción no dejaba de tocar y con eso el sueño se le espantaba más y más― ¡Idiota, Isuke te dijo que…―se levantó dispuesta a golpear a la pelirroja que acostumbraba abrazarla de la espalda pero no había nadie compartiendo cama con ella―apagaras la alarma…―ni un solo rastro de la pelirroja, las almohadas que usaba tras la espalda seguía en su lugar, así como la sabana con la que las tapaba a ambas cuando Isuke olvidaba cubrirse―por supuesto, esa idiota no regreso…Isuke la golpearía si se atreviese a regresar…―se inclinó del lado derecho de la cama para alcanzar el celular―y como siempre olvidándose de llevar el celular…es como si no quisiera que nadie la encontrase…―recordó una conversación en la que esa chica come pockys se disculpaba por olvidar otra vez su celular "jeje quizás se me olvida porque…cuando estoy con Isuke-sama me siento en mi propio paraíso, uno del que jamás deseo salir, no quiero que el mundo me llame de regreso tan pronto"―tsk…que idiota, puras mentiras…e Isuke es igual de idiota por haberlas creído―miro el celular ya apagado en su mano, abrió la tapa y pudo ver una foto de ellas dos, Haruki la cargaba en su espalda riendo, podía verse a sí misma mostrando una sonrisa real y sincera, una de completa felicidad, cerro la tapa y arrojo el aparato a un cesto de basura―Isuke no necesita nada de esto…―trató de convencerse pero le entristecía saber que no podría dejarle una llamada perdida, fingiendo que se había marcado por accidente desde su celular, para oír su voz mientras se disculpaba y quedaban en el mismo café de siempre y pedir un pay y una rebanada de pastel de fresa, compartir un poco y terminar esa pelea en el sillón. Esa pelea había sido definitiva y el celular en el bote de basura lo probaba.

En vista de que no podría volver a dormir tomo un baño y se vistió, la única cosa que podría hacerle olvidar esas cosas sin sentido era caminar en la plaza, ver que podría comprar o simplemente obtener un buen desayuno. Había escuchado que en la plaza en el centro de la ciudad tenía un buen lugar para desayunar, se dirigiría allí, no pensaba pasarse por la casa de sus padres a desayunar, luego de lo de anoche prefería no hablar con Eisuke por un tiempo y hacer algo en el apartamento era una estupidez, la única persona en ese lugar que cocinaba se había ido mucho al cuerno para ella.

―Isuke nunca te va a perdonar que la dejaras en medio de la carretera…―gruño con los dientes apretados y pateo un bote de basura en medio de la plaza, muchas personas la vieron de forma rara y asustada― ¿¡Qué demonios están viendo!?―le grito a la gente, todos continuaron sus caminos, entre miradas ofendidas y otras tanta apenadas. La chica miro alrededor buscando un lugar decente y digno para ella donde pudiera aplacar su hambre, vislumbro uno que no le parecía tan asqueroso cerca de una librería, pediría un café y algo suave para esa mañana, cualquier cosa que no fueran hot cakes, esas cosas llenas de miel le recordaban a las mañanas en su cocina junto a su exnovia.

N/A: estoy de vuelta, ¿Qué les pareció? Muchos de ustedes se preguntaban por las otras chicas, bueno, aquí están ellas, cada una tratando de superar el rompimiento con su pareja. Espero me digan que opinan en sus reviews. Nos veremos pronto.