Casa de Nio (Y dale que es de Nio) última parte
Regresamos unas horas al reloj, a las horas de la mañana en la que decidimos dejar de dar cuenta a la otra cara de la luna.
―Sumireko-sam, lamento venir sin avisar ¿Haru puede pasar?
Una máscara de decepción remplazo la mirada esperanzada de la joven heredera, ese arranque le hizo entender cuanto extrañaba a esas chicas, frente a ella estaba esa chica abeja reina, la misma que le había dejado caer por varios pisos de altura desde el techo de la academia, aun no comprendía cómo era que sobrevivió a ese impacto, no todo su cuerpo era metálico, como su cabeza o vientre bajo donde esta ese tesoro escondido entre las piernas.
―Sí, seguro Ichinose, adelante adelante―dijo dándole espacio para que entrara. Observó fuera al patio de su mansión, allí desde donde Mahiru y Shin´ya tuvieron que recoger sus cosas. Entró dando un suspiro.
Tener un cuerpo mitad metal mitad carne era extraño y pese a su fuerza igual significaba debilidad y dependencia, dependencia a sus partes metálicas, de saberse que sin ellas era más débil que cualquiera en esa casa. Aún recordaba la noche en que Shin´ya entro a su cuarto sin tocar, había quitado una pierna y un brazo, se sintió desnuda frente a su mirada, la que no cambio en ningún momento y continuo con lo suyo como si nada hubiera pasado, a la hora de dormir, estando ella entre los brazos de la chica con ojos amatista preguntó por lo que pensaba sobre ella, se sentía expuesta, como si su intimidad fuese vista por accidente. Como si no le perteneciera ya más.
Sólo escucho la risa de la chica que depósito un sonoro beso en su mejilla y la apretó más contra su cuerpo desnudo para poder dormir. A la mañana siguiente tenía sobre ella el cuerpo de Mahiru que la observaba detenidamente los brazos, quizás intentaba encontrar esa unión entre las prótesis y ella misma. Dijeron los buenos días pertinentes, los de rutina y el día comenzó como si nada pasara, pero las horas sólo la desesperaban más; era la tarde y no tardaría en llegar Shin´ya, hablaban como siempre, era un momento tranquilo pero fue esa misma tranquilidad la que provocó que Sumireko subiera las escaleras a su habitación huyendo de la mirada sonriente de esa chica. ¿Cómo podía actuar como si nada sucediera?
Escucho como se abría la puerta, la chica tímida se asomaba a las ultimas luces naranjas que entraban por la ventana, no pidió entrar, sólo lo hizo, camino hasta estar frente a Sumireko y le tomo la mano. Jamás olvidaría esas palabras, nunca antes había imaginado escucharlas a esa hora en que aún existía el sol, era como estar al umbral de esas dos chicas, en medio de ellas. Querían protegerla, lo harían, no estaban allí solo para vivir sino para cuidar de Hanabusa, pues sabían lo que era que la gente crea que eres débil, que te vieran débil y sólo te tomaran en serio cuando sostienes el arma. Ellas creían que Sumireko era más fuerte que ellas dos juntas. Esa noche se despojó de todas sus prótesis y Banba estuvo allí para abrazarla, pero no tuvo idea de cuál de las dos chicas, si el día o la noche, era quien lo hacía.
― ¿Qué te trae por aquí? Haru-chan―dijo sirviendo té en ambas tazas.
―Bueno, se trata de Tokaku-sam―dijo la chica jugando con el líquido humeante, esperaba que se enfriara un poco para poder beberlo, alzó la vista un poco sorprendida de que la chica enfrente de ella si pudiera beber así sin más.
―Algo me contó Hashiri, han tenido un par de problemas.
― ¿Nio-chan te contó? ¿Aún hablas con ella?―Hanabusa había aparecido en compañía de Banba frente a la casa de Tokaku y Haru, ambas se disculpaban con ella por lo ocurrido en el pasado, la chica de ojos hielo acepto que Haru era la reina por haberla vencido una contra una, pero conociendo a esa chica con la chispa del sol en su mirada, esta también se disculpó por aquella pelea y el daño que llego a causarle. A partir de ese entonces intercambiaban llamadas o se veían en ocasiones.
―Creo que Hashiri está en contacto con todas las exalumnas de la décima clase negra―respondió Hanabusa.
―Eso parece, pensaba en ir a casa de la presidenta para hablar con Nio-chan pero a esta hora no hay nadie allí.
―Así que soy tu segunda opción, eso es muy cruel de tu parte―dijo cerrando los ojos, sus palabras eran cosa de broma.
― ¡Ah! No Sumureko-sam, no es así, es que yo, Haru ahh―parecía que Ichinose entraría en un ataque de nervios, su propia lengua se enredó tratando de dar una excusa; por último soltó un suspiro derrotado―no es que Haru tuviese opciones, sólo quiero hablar con alguien de lo que pasa.
―Me gustaría poder ser alguien que te diese buenos consejos en estos momentos, pero por mi parte también estoy pasando por malos momentos―dijo con una sonrisa que pedía disculpas.
―Eso le recuerda a Haru ¿Dónde está Banba-sam? No la he visto desde que entré―preguntó volteando a ver a todas partes.
―Sobre eso mismo tengo problemas, puede decirse que la relación que había entre Mahiru-chan y Shin´ya-sam se fragmentó.
―Oh, Haru lamenta escuchar eso, suena a que cupido se enojó con nosotras jeje.
―No parece tan descabellada esa idea; pero cuéntame de tu relación, por eso estas aquí ¿no?―la chica inmediatamente bajó la mirada al recordar sus propios problemas.
―Haru terminó con Tokaku-sam―observaba su reflejo en el líquido de su taza, la chica en a taza le muestra una mirada triste.
― ¿Por qué?―cuestionó al ya no escuchar más de la chica.
―Haru no sabe bien porque, ocurrió sin pensar últimamente Tokaku-sam pasaba más tiempo en el trabajo que con Haru, Kaiba le ofreció trabajo tiempo después que terminara la clase negra y luego que Haru pensó que lo difícil ya había pasado; hablábamos por teléfono como siempre con ella ocupada sin poder llegar pronto a casa y al segundo siguiente le gritaba en la bocina del teléfono, toda la noche tuve miedo de escuchar la motocicleta de Tokaku-sam.
― ¿Temes a que te haga daño?―no dudaba de la capacidad física de esa chica para hacerle daño a la abeja reina, pero no entraba en su cabeza la idea que esa chica quisiera hacerle algo a Haru, importando poco la situación. Pero igual tenía sus dudas, alguien tan enfermizamente debía tener algo mal apretado en la cabeza.
― ¡No, no es eso!―se apresuró a aclarar―sólo que Haru no está lista para enfrentar a Tokaku-sam, por eso salí de su casa, no quería verla aún.
Hanabusa observo a la chica jugar distraídamente con la taza en sus manos, no le gustaba la idea de Haru enfrentando sola toda esa situación, de cierta forma le recordaba a Mahiru pero sin la ayuda de Shin´ya.
― ¿Dónde piensas quedarte hasta estar lista?
―También por eso quería hablar con Nio-chan, sé que ella tiene un cuarto extra en casa de Meichi-sam, pensaba quedarme un par de días con ella, Tokaku-sam no iría a buscarme a ese lugar.
―Pero ¿esa no es casa de Meichi-sam? No sabía que fueran en verdad familia.
―Tengo entendido que somos familia muy lejana―dejó la taza vacía en la mesa―es un poco penoso pero tengo que hacerlo, gracias Hanabusa-sam―dijo sonriendo, hizo una inclinación respetuosa en agradecimiento por el tiempo y la taza de té.
― ¿Por qué no te quedas aquí?―le ofreció.
Al principio Haru no entendía a lo que se refería, pero cuando las cosas tomaron lugar en su cabeza intentó negarse lo más posible, pero a insistencia de la Ojou-sama terminó aceptando; ambas chicas fueron a la casa que Haru compartía con Azuma, cortesía de la herencia de la peliazul. Tardaron poco tiempo en recoger lo necesario, mientras la pelirroja empacaba blusas y ropa interior Sumireko se pasó por la sala observando los detalles de ese lugar. "En verdad es casa de estas dos" pensó a la vez que recogía una foto donde aparecía Tokaku siendo abrazada por Haru, se le notaba un casi imperceptible sonrojo a la vez que volteaba a otro lado, la foto era tomada por Haru y el paisaje era una calle con árboles de cerezo a la izquierda.
―Ichinose te saca el lado bueno Azuma, no deberías descuidarla―descuido, según lo poco que había escuchado de la reina, ese era el problema fundamental en su relación.
― ¡Estoy lista!―pese a su situación sentimntal, la pelirroja no podía dejar de sentir emoción, se quedaría con su antigua compañera de la academia a pasar unos días, sera divertido pensaba.
KKKKKHHHHHHHKKKKKKKKSSSSSSSS
Su recorrido duró quizás media hora, la cual aprovechó en la medida que pudo, observaba fuera de la ventana sucia del autobús, observaba a cada transeúnte que se cruzara por su campo de visión; ponía cierta atención especial a los puestos de periódicos, bibliotecas y anuncios en las pantallas gigantes que arruinan la estética de la ciudad. Sabía lo que buscaba, se lo reprochaba una y otra vez, pero no dejaba de agudizar la vista cuando veía a un viejo abrir el periódico en la primera plana, rogando a los dioses no divisar ninguna cabellera morada en las fotos.
Dio el treceavo suspiro en esa mañana y se bajó en la siguiente parada. A partir de allí sólo tendría que caminar 10 minutos. No le urgía llegar, camino a paso tranquilo bajo la arboleda viendo sin ver a su alrededor, sólo por la costumbre que le contagió Otoya, estar atentas si no se acercaba una patrulla que la buscara. Después de todo, no todos los archivos sobre Jack el destripador del siglo XXI estaban en las computadoras y jamás podría borrar todas las fotos en internet o las páginas web que mencionen a esa chica.
―Tenía manía por ser el centro de atención―entre las pocas cosa que Otoya consideraba su propiedad, dentro de un compartimiento en su bolsa para tijeras en su cadera, había una libreta no muy grande ni tampoco chica, de buen tamaño para que Otoya pegara algunas noticias que encontraba en diarios, algunas de la misma victima pero un reportero diferente. No cumbiamba muchas cosas, sólo algunas palabras o el ángulo de las fotos. Encontrar esa libreta fue como descubrir con cuantas chicas se había acostado la de cabello morado. Imaginar su cara de satisfacción, sonrojada y con la saliva escapando por la comisura de su boca luego de alcanzar el orgasmo, salpicada del rojo de sus víctimas. Takechi la encontró llorando, pasaba las páginas una tras otra, sólo leía el nombre de esas chicas queriendo convertir sus manos en puños. De un movimiento Otoya lanzó esas páginas al aire, en menos de un segundo todo se volvió pedacitos de papel demasiado minúsculos para leer más de dos palabras coherentes.
"Todo eso ya es el pasado, Shiena…tu eres mi ahora" le dijo sonriendo, limpió sus lágrimas con delicadeza, siempre era así con ella, temía herirla por accidente, su cuerpo le parecía estar dispuesto a cortar en cualquier momento. Se abrazaron en medio de todos esos papeles cortados, un símbolo de dejar todo atrás.
―Pero no fue así…tú no lo podías dejar pasar―perdida en sus pensamientos llegó antes de lo esperado a su destino, un edificio de apartamentos, de unos 15 pisos pero sencillo. Su destino era el 4-C donde vivía una de las pocas personas de la clase negra con la que aún se mantenía en contacto, Namatame Chitaru. Observaba el número de pisos que iba dejando abajo al igual que los pensamientos de esa chica psicópata y en poco tiempo ya estaban abriéndose las puertas del ascensor en el piso que la pelirroja vivía junto a su novia.
Kirigaya le había parecido de lo más simple en la academia, una de las pocas personas de las cuales no tenía que preocuparse, junto con Suzu, Kouko, Banba, sólo por mencionar a quienes, en su análisis mental, no le causarían problemas o, dejando la modestia de lado, estaban menos capacitadas para ese asesinato que ella. Vaya sorpresa que se llevó al verse despertar en un hospital días después, pero menos grave que la que tuvo al ver a esa niña de aparente inocencia paseándose por el mismo hospital en que ella estaba recuperándose, al igual que Namatame, cuando la pelirroja se encontró fuera de peligro la cambiaron al mismo cuarto que ella, allí se enteró sobre su relación, una algo controladora si se lo preguntaban, esa niña era una celosa de lo peor, incluso llego a sospechar que la hubiera envenenado por quitarla del camino para llegar a Ichinose o porque se acercaba demasiado a Namatame, claro que cuando se lo contó a esta última ella lo negó completamente, en su estancia en la misma habitación les fue imposible hacerse cercanas y cuando a ambas les dieron de alta no fue un adiós sino un hasta la otra.
Era por ello que estaba en ese lugar, quería una mano amiga con la cual hablar y desahogar eso que tenía enterrado en el pecho y sólo le causaba tristeza y ansiedad.
Pero lo que encontró fue a una chica de aparentes 10 u 11 años envuelta en una toalla y con el cabello aun escurriendo gotitas de agua; la expresión de felicidad genuina se esfumo con una rapidez ofensiva de su rostro.
― ¿Qué demonios haces aquí?―decir que aquello fue grosero sería un eufemismo.
―Buenos días para ti también, busco a Namatame―desvió la mirada al pasillo, no le gustaba de nada hablar con aquella chica, jamás se habían dedicado palabras muy amables y la relación era únicamente respetuosa pero al menos no actuaban tan rudo como lo estaba haciendo ahora aquella chica de cabello celeste.
―Justo ahora no se encuentra―dijo sin ocultar el coraje en su voz, Shiena rodó los ojos ya cansada por esa manera de actuar. Metió la mano dentro de su chaqueta, tanteo el peso del arma cargada dentro del bolsillo y entro al apartamento pese a los gritos de la chica, efectivamente, la leona no estaba en el apartamento.
―Más te convendría salir antes que pierda la paciencia contigo―escuchó a su espalda.
―Abriste muy rápido la puerta, como si esperaras a alguien, ¿pasó algo con Namatame para que no llegara a dormir?
― ¿Tu cómo sabes que no llegó a dormir?―guardo silencio sopesando el significado de esas palabras― ¡¿Pasó la noche contigo?! ¿¡Te habló del restaurante!?
―No, tú lo hiciste, justo ahora―suspiro un poco―parece que no soy la única con problemas…tengo que encontrarla―dijo saliendo del lugar.
― ¡Kenmochi!―se detuvo un momento y tomo el arma sin sacarla del bolsillo―si legas a verla…―se mordió el labio odiándose por lo que hacía―avísame cómo se encuentra, por favor.
― ¿Ya has intentado llamarle?―recibió una negación― ¿y ella no ha llamado?―nuevamente la chica negó con la cabeza.
―Sólo… ¿por favor?―dijo en tono suplicante, esa chica estaba a punto de soltarse a llorar.
―Vale está bien, pero sólo te diré si está bien o no―dijo y retomo su camino, no estaba segura si eso era lo indicado, si Chitaru no la había llamado ni tampoco pasó allí la noche debía haber sido algo grande lo que pasó, quizás una pelea como pasó con Otoya, pues conociendo lo noble de la pelirroja ella haría hasta lo imposible por encontrar una solución a las cosas.
Lo mejor sería que regresara a su apartamento y limpiara todo ese desastre, luego de eso llamaría a Namatame, podrían ir a comer o algo parecido.
―Conociéndola seguro está con Azuma-san―llegó a su apartamento, tomó una bolsa para la basura y se dedicó a recoger los pedazos de vidrio que encontraba, buscó un poco bajo el mueble y sacó rápidamente la mano, algo le había cortado el dedo, volvió a meter la mano ahora con más cuidado y saco una de esas malditas tijeras, la observó detenidamente, esa chica, otra vez esa chica, parece que le había dejado una cicatriz mental y emocional pues o podía sacársela de la cabeza, ¿qué estaría haciendo? ¿Seguiría en la ciudad? ¿Estaría pensado en ella o no logró hacerse con un pedacito de ese corazón corrompido, un pedacito de ese corazón aerodinámico?
No tenía idea de lo que sentía, por un lado estaba enojada por las cosas que hacía actuaba como si no pudiese controlarse o su relación no le interesaba para nada; pero a la vez triste por estar sola en ese lugar, Otoya era la primera verdadera compañera que había tenido en su vida, sus amigos o compañeros de despido colectivo pocas veces hablaban entre sí y su líder sólo lo veía en contadas ocasiones, Namatame era la que podía considerar como una amiga pero era con la asesina serial con quien se sentía completa, cada día con ella era diferente y eso era refrescante para ella, la sacaba de su cuarto para caminar, la molestaba mientras leía, acostaba su cabeza en su regazo para escucharla leer la obra en turno, vivir con Takechi era lo mejor que le había pasado hasta ahora pero…en esos momentos a la vez creía que eran los peores de su vida, peor que todas las burlas y abusos que recibió, pues ya no podía seguir creando más y esa chica no parecía tener deseos por aparecer.
Dejó las tijeras en el suelo y fue a su cuarto, la cama deshecha la recibió en un abrazo y allí se quedó, peleando por no llorar y así durmió, sumida en lo que podía considerar tristeza por esas punzadas en el pecho que tanto le dolían. Lo último en que pensó fue llamar a la pelirroja cuando despertara.
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―Por favor entiérrenme con las cajas de pockys que tengo en el apartamento y también mis guantes, mi dinero y pertenencias van para mis hermanos y hermanas…sólo espero que todo sea rápido e indoloro―dijo la pelirroja que caminaba junto con Takechi entre los árboles, quería ver el daño de su pobre auto el mismo en que Isuke vio a Takechi―estoy muerta.
―Ah venga que no le pasó nada, sólo el barro del camino―llegaron al lugar y Haruki corrió a ver a su bebe, lo miro por todos lados y efectivamente no tenía un solo rasguño― ¿contenta? Vamos, tenemos una fiesta a nuestras espaldas.
―Aliviada pero hay algo que no entiendo ¿por qué una fiesta?―dio alcance a Otoya que ya caminaba a la casa, los arboles tapaban la vista al segundo piso del cual salía humo.
―Todas están desanimadas y eso me molesta, esta no es una situación para estar tristeando en un rincón y lamentarse si hay tanto por lo cual vivir, yo quiero celebrar que al fin me deshice de la cadena al cuello, todas somos libres vamos a brindar por ello y cantar―dijo con una entusiasta sonrisa.
―Takechi ¿Tu querías a Kenmochi?
― ¿De qué hablas? Sí, sí la quería pero eso ya termino, rompió conmigo y también con esa cadena llamada relación.
― ¿La sigues queriendo?
― ¿Por qué preguntas esas cosas?
― ¿Sí o no?
Otoya soltó aire, no entendía a qué quería llegar Haruki pero de cualquier forma respondió.
―Sí, la sigo queriendo, es una chica sin igual…al verla sólo quiero abrazarla y que me mire sólo a mi…para que ría y sepa que vale la pena estar conmigo―sacudió la cabeza borrando esos pensamientos― pero ¿eso qué?―Otoya se detuvo y Haruki unos pasos después de ella, se volteó para mirarla.
―Aun tienes la cadena al cuello Otoya, igual que todas las demás, y es tan fuerte que no te podrás soltar fácilmente de ella porque no es tan débil como un contrato de palabra, es igual de fuerte que los sentimientos que tienes por Shiena-chan, quizás se rompió la relación pero esos sentimientos seguirán allí por mucho tiempo, esas chicas se metieron en nuestros corazones y no están dispuestas a salir en un buen rato―le brindo una sonrisa y continuó su camino a la casa.
Otoya miró al cielo azul oscurecido, gruño un poco frustrada sabiendo que Haruki tenía razón, no le gustaba estar separada de Shiena pero no podía regresar así como así. Pateó el suelo molesta y camino nuevamente a la casa, ya se encargaría de arreglar esa cadena o romperla para siempre por ahora quería desfrutar un poco y olvidarse de esas ansias que le ocasionaba estar lejos de la morena.
― ¡¿Por qué no dijeron que habría fiesta?! Nos hubiéramos dado un baño.
―Jaja, llegó Shin´ya―dijo cantándolo corrió dentro de la casa, ignorando al igual que Haruki el humo que salía en enormes cantidades de las ventanas del segundo piso.
―No grites tanto, esto nos tomó de sorpresa al igual que a ti―dijo la chica de anteojos a su lado, suspiraba observando la habitación en penumbra iluminada por la televisión y una esfera que lanzaba luces de varios colores por la habitación, gracias a la sala espaciosa de la presidenta Yuri todo eso parecía una pista de baile con karaoke al incluir el micrófono.
―De cualquier manera Takechi debió avisar que sería fiesta―dijo sonriendo.
―En mi opinión esto está muy mal, no pedimos permiso para estar en este lugar―las chicas estaban sentadas, Namatame conectaba los últimos cables y Tukaku se aseguraba que las bocinas no estuviesen muy cerca del micrófono, no lo hacían por querer ser parte de todo eso, sino más bien por mantener la mente ocupada en algo, ambas observaban sus celulares cada 5 minutos, en realidad la mitad de esas chicas revisaba su celular cada 5 minutos.
―Hashiri dijo que nos sintiéramos en casa y yo siempre quise hacer una fiesta―dijo Otoya entrando en escena, cargaba 6 latas y entregó una a cada chica pero Kouko la rechazó.
―Evito tomar muchas gracias.
―Vamos Kaminaga-san, una no va a hacerte nada―dijo Otoya insistiendo pero la chica no daba muestras de ceder.
―Aquí la guardo yo, seguro cambia de opinión despues―dijo Shin´ya con su sonrisa característica.
―Cuento contigo, pareces ser la única que entiende de que va esto―miro a su alrededor, las demás tomaban un poco de la bebida pero era todo, ninguna mostraba muchos ánimos―todo se ve monótono.
―Entonces vamos a animar el ambiente, ¿sostienes esto linda?―dijo dándole las bebidas a Kaminaga, se quitó la camisa de Namatame y se la devolvió.
― ¿No tiene vergüenza esa chica?―sus gafas se habían empañado un poco por esas acciones, la peliplata se sentó frente a la consola con computadora y la música comenzó a sonar bajo para amenizar el ambiente, las luces de colores parecían moverse al compás del ritmo.
― ¡Gouju! ¿Qué importa si no tiene vergüenza? Al fin algo de ánimos―Otoya corrió a su lado para escoger las pistas, Kouko suspiro resignada, bajo su vista a las bebidas y se preguntó a que sabría la cerveza.
De fuera llegaron unas luces azules y rojas, la música se detuvo y todas se levantaron de sus asientos, voltearon a ver a Otoya quien solo sonrió sacando sus tijeras.
―Si son 4 puedo encargarme sola.
―A partir de ahora yo me encargo, quien sea que pueda ser llevada a prisión por favor escóndase en el piso de arriba―Tokaku, Chitaru, Haruki, Shin´ya y Otoya corrieron escaleras arriba, se escucharon golpes en la puerta del frente y Kaminaga suspiro―no es posible…―camino a abrir, esperaba que Nio no tardara mucho en llegar.
―Mierda ¿Qué paso aquí? ¿Algo se está quemando?―preguntó Haruki, tapando su boca para no respirar el denso humo, pero este no olía a uno provocado por el fuego, de echo olía muy muy dulce.
―Lo lamentamos, Mahiru dejó el aparato de humo en las escaleras y parece que estuvo trabajando por un buen rato.
― Entremos en la habitación―dijo Namatame, pero el lugar igual estaba lleno de humo, todas las habitaciones lo estaban. Cerraron el cuarto donde ellas pasaban la noche y se acercaron al pasillo donde estaba la escalera para respirar un poco, si se mantenían calladas no habría problemas, el humo podía esconderlas.
―Solo estoy yo oficiales, espero a unas amigas―escucharon desde el piso de abajo.
―De cualquier forma entraremos a echar una ojeada, nos llegó el comunicado que Jack el Destripador del siglo XXI estaba en los alrededores y la última vez que vieron el coche que conducía se dirigía a esta zona―le llegaron las pisadas pesadas de aquellos hombres al entrar en la casa, calculaban a tres hombres― ¿Por qué hay tantas cervezas si dice que está sola aquí?
―Son mías, que descuido, dejarlas por allí―Kouko tomo una y la bebió completa de unos pocos tragos, su estómago sintió eso frío caer dentro y prometiendo regresar después.
― ¿Por qué hay tanto humo en la parte de arriba?―pregunto uno de los policías.
―Bueno…esa máquina suelta humo y la dejé en la escalera por accidente jejeje―al parecer el alcohol quería hacer acto de presencia en su cabeza.
―Revisaremos la parte de arriba si no le molesta, sólo es por formalidades.
Las chicas se levantaron rápidamente observando a todos lados, no podían ir a ninguna de las habitaciones. Haruki tocó el hombro de Namatame, señalo la escalera que Otoya había bajado y subieron en silencio al ático. Cerraron la trampilla justo a tiempo, dentro no había luz, tampoco sabían dónde estaba la bombilla, se quedaron en silencio acostadas alrededor de una rendija por la que pasaba luz, veían unos hombres inspeccionar el baño, los cuartos, el armario en el pasillo, pero al no encontrar nada volvieron sobre sus pasos.
Las chicas en el hatico exhalaron aliviadas.
― ¡Vaya oficiales! ¿A qué debo el honor de su visita?―Hashiri había llegado a casa justo a tiempo, los oficiales preguntaban a Kouko un par de cosas pero esta no podía hablar con claridad.
Hashiri hablaba sólo para venderles a los oficiales la historia de una fiesta sencilla que estaban organizando, todo parecía ir sobre ruedas, estos ya se despedían cuando de la nada un celular empezó a sonar donde se escondían las chicas, todas inmediatamente buscaron los suyos.
―No es el mío―dijo Tokaku, Haruki, Otoya y Shin´ya no tenían celulares.
― ¡Chitaru calla eso!―grito-susurro Otoya, pero en los nervios y presión a la leona se le calló en la oscuridad, tanteó el suelo entre una maldición, ya habían hecho mucho ruido.
― ¿Están seguras que no hay nadie arriba?―y con esa pregunta escucharon como dos hombres subían otra vez la escalera. Los pasos se detuvieron al mismo tiempo que Namatame contestaba la llamada.
― ¿Hola?―hablaba por lo bajo.
―Chitaru-san, hola, ¿Cómo estás?
― ¿Shiena?―Otoya se acercó en cuanto escucho que mencionaban a su ex novia―estoy bien pero ahora mismo no es un buen momento.
―Lo siento, sólo quería saber cómo estas, fui a buscarte a tu apartamento pero no estabas allí.
―Te hablo después Shiena, sólo dame unos minutos―y tras esto colgó. Los pasos ahora se escuchaban distantes, los hombres bajaban la escalera sin decir nada.
―Señores policías, ustedes ya comprobaron que no hay nadie en esta casa salvo nosotras dos, un par de chicas completamente normales que nada malo están haciendo, debería retirarse y terminar la jornada de hoy sin sentir sospecha alguna de nosotros, la puerta está allí, discúlpenme si no puedo acompañarlos―y tras aquello la puerta se cerró, dejando que las chicas volvieran a respirar tranquilas.
― ¿Puedo saber por qué Shiena te hablo por teléfono?
―No creo que se asunto tuyo―dijo Namatame ya bajando por la escalera. Otoya gruño un poco más no insistió, sabía que no podría sacarle ni una palabra a esa chica. Ya abajo encontraron a Hashiri suspirando de alivio y a su ex representante tambaleándose hasta el sillón.
― ¿Se puede saber por qué llegó la policía a registrar mi casa?―dijo la rubia.
Tokaku empujó con el hombro a Takechi quien se ocultaba tras Haruki y Shin´ya sin querer enfrentar a Nio.
―Ya está bien…uff fue culpa mía, quería comprar unas cosas por lo que pedí el auto a Haruki-chan.
―Me sacaste las llaves del bolsillo y quiero de vuelta mi billetera.
―Pero parece que la chica que me atendió no podía mantener la boca cerrada y cobrar por las cajas de cerveza, pidió mi identificación y yo no tengo tal cosa por lo que la asuste un poquito con mis tijeras―dijo jugando con sus dedos―y puede que me reconoció y alertó a la policía.
Tokaku le golpeó la cabeza pero la chica se limitó a sonreír mientras frotaba la zona adolorida, sabía que merecía el golpe.
―Bueno ya no importa, me encargue de esos inútiles pero saben que deben mantenerse en un perfil bajo, Meichi-san no está muy contenta con que yo les deje estar aquí, si quieres quedarse deben comportarse―observó las cosas que bajaron del hatico―. ¿Y todo esto?
―Bueno, en vista de que el ánimo esta por los suelos pensábamos en tener una pequeña fiesta ¿tú que dices, Nio-nya?―dijo sonriente.
―Moo, me lo preguntas ya que esta lista la fiesta, está bien, suena divertido―dijo con su sonrisa gatuna y haciendo el signo de la paz. Shin´ya y Takechi chocaron palmas y la música comenzó a sonar, Nio se dedicó a bailar en conjunto de Chitaru y Haruki, no querían tener por más tiempo los ánimos abajo y el alcohol ayudaba un poco para quitar la seriedad de sus caras; Tokaku prefirió sentarse junto a Kaminaga para observar cómo estas se divertían, admitía que le resultaba gracioso y hasta en cierto punto las envidiaba por poder desentenderse un poco de si mismas y simplemente disfrutar un poco.
―Tu y yo nos parecemos.
― ¿Disculpa?
―Nos parecemos, a ninguna le gusta mucho expresarse frente a otras personas y no comprendemos por qué se ríen tanto…pero queremos reír también― Kaminaga le entregó una botella a la mitad―apúrala por tu garganta, quizás no podemos sólo reír pero con esto no nos importara tanto―la chica ya tenía pensaba claramente pero sus palabras tocaron una parte de Tokaku, quería reír, quería saber qué era eso que Ichinose llamaba diversión, quizás si a encontraba todo lo arreglaría. En pocos tragos terminó con la bebida y se sintió un poco mareada pero una casi inexistente sonrisa de satisfacción apareció en su rostro―se levantó y ofreció la mano a Kaminaga, quien la aceptó sin otro miramiento y se acercaron a bailar con las demás.
―Pon esta.
― ¿Estas segura Takechi? ¿No temes hacer el ridículo?―dijo Shin´ya sonriendo pero cambiando de cualquier forma la canción.
―Que tu autoestima deba ser compartida entre dos personas no significa que sea igual para mí―dijo tomando el micrófono, las demás dejaron de bailar para ver a la chica sobre un taburete―ya que se están divirtiendo es hora de subir un poco de nivel―empezó a sonar una guitarra eléctrica seguida de a batería y acompañamiento y en dos segundo la música comenzó a ir más y más rápida para detenerse un momento dando paso a la voz de la chica―deinir el amar o el odiar tan natural hasta hoy no eh hallado en que diferenciar― Otoya no cantaba nada mal y en poco tiempo las más animadas la ovacionaban, en esa canción dejaba ir mucho de lo que sentía y todo esos sentimientos que tenía por Shiena en una especie de regocijo masoquista―para saber que es la felicidad te hare llorar hasta sangrar, ¡si llegas a sentir que tu interior se pudre! ¡Mírate lo bello de tu ser y anímate! Y de esa forma tú jamás olvidaras la cicatriz que siempre quedara en tus memorias, ya déjame ver tus lagrimas brotar…aún más―nunca lastimó a Shiena con sus tijeras pero estaba segura que le había dejado una cicatriz y muy profunda en su mente y corazón, las chicas aplaudían y Otoya sonreía sinceramente pese a sentir las lágrimas queriendo salir. De pronto vio como Namatame observaba su celular y se retiraba a la cocina. "Shiena" piensa, miró a Tokaku y le arrojó el micrófono― ¡Te reto Azuma!―la chica sonrió segura de sí misma y subió a hablar con Shin´ya mientras dejaban música de fondo.
Takechi se acercó a la cocina con Tokaku cantando "Oye cantinero" de un antiguo roquero de un país al otro lado del mundo.
―Es una larga historia―se escuchó decir a la pelirroja.
―Comprendo, quizás podamos hablar mañana, tomar un café o algo parecido, en verdad quiero platicar un par de cosas contigo.
― ¿Salir? Sí, ¿por qué no? Pasaré a buscarte mañana a la hora de siempre―ahora sonreía un poco y ese detalle no pasó desapercibido por la chica peli purpura que observaba su reflejo en la ventana―de acuerdo, nos vemos mañana, que descanses Shiena-chan―colgó pero al darse la vuelta tuvo que tomar la espátula sucia de aquella mañana, siendo esto lo más cercano que tenía para detener unas tijeras que iba en su dirección.
― ¿Se puede saber por qué hablabas con Shiena?―esos ojos mostraban a una bestia enojada, el choque de metales parecía muy fuera de lugar con la armónica sonando y Tokaku cantando "yo sé lo que quiero y me quiero emborrachar pues la mujer que quiero con otra se fue a bailar" aunque claro sin fingir la voz de alguien con las copas un poco subidas.
―Ese ya no es asunto tuyo.
―Puede que no, pero estoy segura que a tu Loli le enojaría saber que su lindo gatito recibe caricias de alguien que no es su dueña.
Aquello molestó a Chitaru.
―Hitsugi no es mi dueña, ya no es tampoco mi pareja, decidió dejarme y por lo que tengo entendido tú dejaste a Shiena-chan o es lo que has gritado desde que llegaste a este lugar, no tienes ningún derecho de reclamarme a mi o a ella de nada. No eres más su novia―empujó a Otoya lejos de ella.
―Escucha, Namatame, más vale que no intentes nada con Shiena, no importa si la deje, ella no le pertenece a nadie más que a mí, así que mantente alejada si no quieres una buena cicatriz sobre tu lindo rostro―dijo con una sonrisa intimidante antes de salir con el resto, algo gritó sobre Shin´ya pero ya Chitaru no la escuchaba, miraba el fondo de pantalla de su celular.
―Oh Hitsugi...por favor…llama de una vez―pero el celular no sonó, la única llamada que recibió fue de esa chica con lentes de color rojo.
N/A: al fin logré terminar este capítulo, que como verán lo dividí en tres partes, ¿Qué opinan? Eh visto que el fandub está muy flojo y quería traerles algo de drama para entretenerlos, espero que les gustara y que sepan de que canciones me refiero, je esta noche aún no termina y faltan muchos coqueteos y canciones para desahogarse, maldito alcohol lo que hace. Bueno aquí me despido, dejen sus comentarios de que les pareció y pasen a leer el nuevo capítulo de La Casa Sagae y dejen su comentario. De igual forma los que leen "I´ll Set You Free" esperen actualización en estos días próximos. Bueno, nos estamos viendo. Ciaou ciaou.
