Hola a todos. Acá les dejo un nuevo capítulo. Espero que les guste.
Los recuerdos están en cursiva.
4. Invocación de sangre.
Despertó sobresaltado, se había quedado dormido por un rato sobre aquel libro. Se frotó los ojos con cansancio y miró la vela que lo alumbraba sobre la mesa de su oscuro despacho. Esa noche estaba más inquieto que de costumbre. Ahogó un bostezo y se estiró pesadamente. Bajó la vista al libro, un antiguo manual de invocaciones oscuras, muy del gusto de Voldemort. Pero nada referente a invocaciones muggles.
-"Demonio ancestral despertado, por ambición y sangre muggle convocado…"- Recitó para sí, poniéndose en pie pesadamente. -Cualquiera que me vea tomándome enserio las tonterías de esa loca.- Mascullo con gesto de fastidio.
Comenzó a caminar por la habitación, con las manos enlazadas a su espalda, repasando mentalmente las palabras de Sybil. Dio un gruñido y arrugó el ceño. - "…Demonio ancestral…antigua magia por siglos ocultada…" - Se giró en seco y volvió meditativo sobre sus pasos.
Levantó la cabeza y cerró los ojos evocando sus tiempos de estudiante. Las clases de Historia de la magia, y su profesor Percy, recitando con aquella voz cansina. "…Poco se sabe damas y caballeros, de la época conocida en la magia como arcaica. " - Sonrió para sí, aquel viejo tenía una voz tan monótona que hasta a él le costaba mantener la atención. "Cansino Percy" le llamaba el cretino de Sirius, y por una maldita vez estaba de acuerdo con él. "De hecho uno objetivos de la fundación de esta escuela, fue para recabar la información que quedaba de esa Época Oscura, e intentar mantener unos archivos de la magia en continua evolución y desarrollo…"- Si, era un cansino, podía ver su figura encorvada, avanzando despacio por el pasillo sus lentes reposando en la punta de su nariz y agitando el índice ante él. Era su antítesis de profesor. - "…pero si hay una cosa en la que los estudiosos coinciden. En aquel tiempo la magia fluía salvaje, como una corriente que envolvía el todo. Las fronteras entre los muggles y las razas mágicas como shuamis, veelas, druidas y otros, no eran tan definidas como en nuestros tiempos. Esa naturaleza de la magia hacia que pudieran existir, se cree, algunos rituales por los que incluso algún muggle podía ser usado por la magia."
-" ¿Usado, profesor?" - Ese era él, ahora se metía mucho con Granger, pero en su época él también era un sabelotodo insufrible, de hecho recodaba que Sirius le dio una colleja en ese momento, ese pedazo de hijo de...
"-Si, Sr. Snape. En aquella época la magia era la que usaba al portador. Y lo elegía a voluntad como una entidad viva. Ahora sigue siendo una entidad viva, pero es el mago el que la domina a voluntad como parte de su propia identidad. Pero por un momento traten de imaginar algún muggle poseído por la magia como si de una marioneta se tratase. "Aquel comentario arrancó carcajadas generalizadas.
-Muggles poseídos por la magia. -Rió para sí. Pero una idea se formó en su mente, y si alguien había sido capaz de recuperar conocimientos de aquel tiempo, y los usaba en su beneficio. Los muggles no tenían una mente tan fuerte como los magos, además desde que nacían los magos vivían en la magia, crecían con ella, aprendían con y de ella, formaba parte de su vida como algo natural. Sin embargo para un muggle, con sus limitaciones, su mente podría colapsar, dar lugar a un monstruo de la talla de Voldemort. Un gran poder conlleva una gran responsabilidad, y los muggles no eran muy pródigos en ella. Sacudió la cabeza, mala combinación, muggle, magia descontrolada, y ansias de poder.
Convocó sobre su escritorio otro tomo de historia arcaica del mundo mágico, se frotó los ojos. Se dejó caer pesadamente sobre la silla, y abrió el tomo por el capítulo de antiguos rituales de sangre. Aspiró profundamente y continúo con su tarea hasta el amanecer.
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Las antorchas iluminaban los oscuros pasadizos, pese a que había intentado por medio de hechizos y maldiciones librarse de ellos, ratas, cienpieses, y otras alimañas desagradables continuaban pululando a sus anchas por suelos y paredes. Una enorme rata rozó su pierna y lanzó un Flagrate, dejando al bicho algo achicharrado y humeante. Llevaban ya varios días en aquella mansión maldita, y el jefe apenas se había movido de aquella lúgubre mazmorra, pegado a sus antiguos legajos, inmerso en alguna especie de ritual largo y tedioso. Si el viejo seguía así, acabaría enfermo o muerto de cansancio. Bueno, mientras cumpliera lo prometido y le dejara un buen pico, lo demás poco le importaba.
La pesada puerta de la cripta se abrió con un agudo chirrido, entró muy tieso, arrugó la nariz por el potente olor a azufre, sulfuros, y un olor acre que no pudo identificar, pero le era desagradablemente familiar. Miró a su alrededor con un gesto de asombro. Ciertamente el tipo había estado muy ocupado, las cinco paredes de la sala estaban cubiertas de extrañas inscripciones, tan raras que ni él las conocía, las observo detenidamente, y abrió los ojos al identificar la sustancia de la que estaban hechas. Sangre.
Sacudió la cabeza, y no se quiso preguntar de donde habría sacado el muy tarado toda esa cantidad. Si algo había aprendido durante su carrera como mortifago, era a veces existen cosas que es mejor no saber.
Se acercó a la especie de atril de piedra de la pared opuesta, Hagarth, estaba allí con esos anteojos, encorvado sobre lo que fuera que andaba leyendo, tan absorto que ni se había dado cuenta de su presencia. Pese a que llevaba ya allí encerrado tres días, no había rasgos de fatiga en su arrugado rostro, que en ese momento reflejaba una concentración absoluta. Vestía el mismo traje negro de lana, y sobre este una túnica pesada de color rojo sangre, adornada con el mismo tipo de símbolos que las paredes.
Se acercó quedando frente a él y carraspeó para hacer notar su presencia. El anciano sacudió la cabeza y le miró con aquellos pequeños ojos grises. -Ah Marcus, te esperaba.
-Señor, como siempre a su servicio. - Musitó con tono zalamero el mago.
-Bien, bien muchacho. Hoy es el gran día…- Sonrío con maldad. -…O la gran noche. Hoy todas tus preguntas serán contestadas.
El mago miró con curiosidad a su alrededor. - ¿Esto es lo que lo ha tenido tan atareado? - Preguntó curioso. -¿Todo, sin magia?
El viejo se encogió de hombros. -Mis secretos se guardan solos muchacho. No había llegado el momento de que supieras, pero ahora…- Le hizo un gesto con la mano. -Acércate.
El castaño se acercó dubitativo al atril. Y contemplo lo que allí reposaba. Un libro tan antiguo que parecía que solo con tocarlo desaparecería convertido en polvo. Bueno llamarlo libo era quizás demasiado. Se trataba de varias hojas del pergamino más raro, manchado y mohoso que hubiera visto jamás, sujetas por unas cuerdas de Merlin supiera que material, y unas tapas de algún metal oxidado, quizás cobre. Se acercó más, y arrugó la nariz ante el nauseabundo olor que emanaba del susodicho legajo. El viejo no pudo evitar soltar una carcajada al notar su reacción.
El mago lo miró interrogante. - Marcus, tienes ante ti al legendario Grimuario de Mabruk. Soltó con gesto de satisfacción.
El mago los desorbitados ojos del mago fueron sucesivamente del libro al viejo, que lo miraba enseñando los dientes en gesto triunfal. -Pero…eso es imposible. No puede existir…y si existiera…seria…
- Anterior a la época de Merlin. Interrumpió la voz sombría del viejo. -Sí, lo que tienes ante ti es el primer grimuario de rituales oscuros, recopilado por Mabruk el Negro hace 1500 años.
La impresión le hizo boquear, cuantos magos darían su lo que fuera por poner sus manos sobre esa joya, cuanto hubiera dado Voldemort por poseerlo. Y sin embargo allí estaba en las manos de un viejo y loco muggle.
El viejo lo miró enarcando una ceja. - Es mío. Lo descubrí hace muchos años. Cuando era algo más joven que tu. Y dedique la fortuna de mi familia a hacer excavaciones arqueológicas en antiguas ruinas celtas. - El viejo cerró los ojos evocando su pasado. - En aquel tiempo ya creía en la magia, y había jurado dedicar mi vida a demostrar al mundo que vosotros existíais. Era joven e idealista. Pero con los años y los fracasos descubres cosas más grandes, y este libro me abrió la mente a un conocimiento más allá del que ningún mago o muggle haya poseído en todo este tiempo. Y ese conocimiento es poder, la mayor de todas las magias.
Marcus miraba a su jefe fascinado, un muggle poseyendo los secretos de Mabruk, eso podía explicar con creces todos los misterios que le rodeaban.
-Hoy con la luna de sangre culminaran todos los años de búsqueda. - Aspiró profundamente. - Al fin, la vida eterna, la juventud…el poder que ansío.
El mago volvió a mirar fascinado el texto, tembloroso rozó el pergamino con los dedos, no lograba reconocer la textura del material. -¿De que esta hecho?
-¿Un exmortifago no reconoce el material? - Comentó jocoso. - Simple muchacho. Piel y sangre de mago.
Dio un paso atrás y el acido subió por la garganta con una violenta arcada. La risa del viejo volvió a resonar.
-Vamos Marcus, habrás visto cosas peores con tu ex jefe.
Aspiró profundamente y compuso su gesto. -Tiene razón señor, ha sido solo el momento.
-Bien, porque ahora necesito de tu ayuda, sin el poder de un mago que canalice la fuerza de la invocación la ceremonia que vamos a iniciar no servirá de nada.
El mago lo miró con temor.
-No temas imbécil. No voy a matarte, me resultas más útil vivo. -Suspiró con fastidio.- La única sangre que se va a verter aquí es la mía, de otra forma no podre mantener el dominio sobre nuestro "Huésped".
-¿Huésped?
El viejo asintió. - Cierta criatura que lleva muchos siglos recluida, tan destructiva y poderosa que ninguna magia puede pararla.- Sacó un estuche de terciopelo negro y de su interior una daga de oro llena de inscripciones junto con un antiquísimo medallón con una estrella de cinco puntas invertida que se colocó sobre el pecho. - Y por mi sangre quedara bajo mi control, como mi perrito faldero. Esa criatura me traerá lo que más ansió, y barrera de la tierra a todos aquellos que osen oponerse a mí, aunque sea la poderosa Orden del Fénix.
-Deduzco señor que usted desea obtener poder sobre el mundo mágico.
-No solo poder Marcus. El Poder. Un simple muggle obtendrá aquello en los que tu Lord Oscuro fracasó. Seré el mago más poderoso de todos los tiempos, y quien no se incline ante mi será eliminado. - Puso cara soñadora. - Todo eso me lo dará mi unicornio.
El mago volvió a mirar el grimuario y después los ojos brillantes del viejo. Ciertamente estaba como una cabra, pero estaba apostando a una carta ganadora. Y ya se había cansado de jugar en el bando perdedor. -Y yo le serviré con fidelidad. - Murmuro inclinándose con mucho ceremonial.
-No esperaba menos, mi fiel Marcus. Ahora acércate, no podemos perder más tiempo. - Le hizo una señal y ambos caminaron al otro extremo de la habitación. -Este es tu puesto. - Comentó despreocupadamente señalándole unos grilletes en la pared donde estaba dibujado un pentagrama. El semblante del mago se descompuso.
-No temas, ya te he dicho que no vas a morir. Pero si tendrás que mantener tu magia fluyendo durante 12 horas, el tiempo que dure la invocación. Y no puedo garantizarte que los efectos de los conjuros no sean dolorosos. Esta es la única forma de mantenerte en la posición correcta durante todo ese tiempo.
La vista del mago se fijó en los grilletes, de oro, como la daga.
Todo lo que ves en las paredes y el suelo son los mismos conjuros que recitaré, las cadenas canalizaran tu magia para que impregne y recorra cada símbolo, dotándolos de mayor poder.- El viejo le dio una palmadita en la espalda. - Ten presente que recordaré este día. Y lo tendré muy presente cuando obtenga lo que quiero. - Ambos se miraron a los ojos, la codicia de Marcus era mucho mayor que el miedo que sentía.
Con un gestó de decisión se coloco de espaldas a la pared, sobre el pentagrama y se colocó él mismo el grillete derecho. El viejo le colocó el otro e inmediatamente notó un extraño fuego en sus muñecas. El viejo le dirigió una sonrisa tranquilizadora y volvió despacio hacia el atril.
-Bueno Marcus, es la hora.
Alzó las manos hacia el techo y comenzó a recitar palabras en aquella legua arcaica, con su voz lúgubre y potente. En ese momento aterraba más quien el propio Voldemort. Marcus cumplía su parte, lentamente su magia era expulsada de su cuerpo a través de los grilletes como una corriente de electricidad rojiza. Desde el punto en que se encontraba anclado y como si de una marea luminosa se tratase todos los símbolos comenzaron a brillar con una luz rojiza, incandescente como de fuego, en el suelo surgió dentro de dos círculos concéntricos una enorme estrella de cinco puntas invertida, resplandeciente, y la luz se fue extendiendo hasta llegar al atril y cubrir la sala en su totalidad. El resplandor palpitaba con la entonación de los cánticos de Hagarth. Espasmos dolorosos comenzaron a recorrer el cuerpo del mago, había hecho bien encadenándolo, no era tan doloroso como los "Crucio" de su antiguo maestro, pero si era una sensación muy desagradable, y en un momento dado podía tener impulsos de salir por pies.
Casi estaba desfallecido, habían pasado ya muchas horas desde que empezó el ceremonial, tantas que ya había perdido la noción del tiempo, el calor dentro de aquella mazmorra era insoportable, los hechizos de la pared ardían como hierro al rojo. Levantó la vista tembloroso hacia su patrón, y allí estaba incansable, como si absorbiera la energía de su cuerpo, cada vez más eufórico. Alzó la daga ante él comenzando otra letanía, y avanzó lentamente hacia el centro de la estrella del suelo, alzó los brazos y repitió tres veces un nombre extraño. Como sumido en trance tomo su antebrazo y empezó a realizar profundos cortes en forma de runas. Apretó el puño sobre el centro del símbolo y su sangre comenzó a fluir, roja y espesa, extendiéndose por las marcas que formaban en diseño. Fundiéndose con el fuego que surgía de los símbolos, en un extraño siseo.
Por ultimo tomó el medallón de su pecho y lo impregnó igualmente con el rojo fluido, su voz se elevó en un último grito.
-¡ACUDE A MI, FUERZA DEL ABERNO! ¡ACUDE A MI FUENTE DE DESTRUCCION! Nacido del fuego. Hijo de la noche. Y sírveme, por la sangre que te ofrezco. Por mi voluntad y la antigua magia, te libero de tu encierro.
En ese momento el dolor fue insoportable y el mago se desmayo, con la última visión de la risa enajenada de su jefe.
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Era noche cerrada, la luna llena brillaba en el cielo del mar del norte. Pero esa noche todos habían comentado en la plataforma petrolífera el extraño color que tenia. Rojo, rojo sangre, como un presagio de muerte y destrucción.
En la sala de mandos, el primer oficial dormitaba con un café caliente en la mano, cuando, de pronto todas las señales de alarma comenzaron a pitar y a iluminarse a la vez. El hombre dio un salto y pegó un grito cuando el café se le derramó en el regazo. - ¡Mierda! - Mascullo sin saber si acudir a la mancha, o a las luces. La puerta de la sala se abrió de golpe.
-¿Qué pasa Richards? - Mascullo el capitán, un hombre experimentado con barba y pelo canoso, y más de 30 años en el mar.
El oficial comenzó a pulsar nervioso las teclas del ordenador de a bordo, buscando lecturas de presión, sonares y satélites. Mientras los datos pasaban por la pantalla un sudor frio comenzó a bajarle por la espalda. -…Señor…- Musitó tembloroso.
-¿Qué ocurre? - Gritó el capitán empezando a contagiarse el miedo.
El oficial le miró, cuando una fuerte sacudida hizo temblar los pilares de hormigón, los dos hombres se aferraron al cuadro de mandos para no caer. - … ¡Dios bendito! - Gimió el oficial. – Señor, las lecturas muestran…- Otro fuerte golpe, varias estanterías cayeron estrepitosamente. - …Es una erupción submarina…
Los dos se miraron aterrados, la plataforma, el gas natural que extraían del subsuelo oceánico, una fisura, una chispa, y todo aquello seria un infierno. -Hay que evacuar, toque alarma, rápido.
Bajo ellos fuerzas ancestrales y malignas se revolvían con violencia. Muchos siglos había durado su encierro, un nuevo señor lo reclamaba. Bramaba en aquella gruta que lo había aprisionado, su furia aumentaba, otro rugido y el techo se desmoronaba a su paso. Su fuerza crecía y crecía con cada llamada de su amo, sus pesadas pezuñas se hundían en el suelo, y el fuego que desprendía hacia hervir las heladas y oscuras aguas que lo envolvían, la tierra y el mar entero se estremecían ante su emergente poder.
Era muy difícil mantener a raya el pánico, las sacudidas eran cada vez más intensas, toda la tripulación luchaba para mantenerse en pie, mientras el helicóptero que tenía que sacarlos de allí encendía sus motores, y aun así no cabían todos en un viaje.
El capitán y Richards trataban de mantener la calma de ellos y de sus hombres, que por turnos comenzaban a subir al aparato. Los focos iluminaban la superficie de la plataforma, y las aguas que los rodeaban. De pronto lo vieron. Unos metros a estribor, las negras aguas comenzaron a burbujear, y a emanar vapore sulfurosos. - Hierve, esta hirviendo. - Gimió alguien de la tripulación.
La desesperación se hizo mayor, los hombres pugnaban por un puesto en el helicóptero, en una desesperada lucha por salvar su vida.
Todos se miraron cuando empezó a llegarles ese fuerte olor a gas, todo estaba perdido.
-Dios ayúdanos. - Musitó el capitán cuando lo vio. Emergiendo lentamente de las aguas, con el resplandor incandescente, y la furia del mismísimo infierno. Sus llamas iluminaron el cielo, sus ojos maléficos ardían mirándolos llenos de odio, aquella bestia era el diablo, y venia por sus almas.
Fue lo último que vieron aquellos pobres desgraciados, la bestia lanzando un potente rugido que taladro sus tímpanos, al tiempo que su aliento de fuego caía sobre ellos, prendiendo la nube de gas. La detonación y la nube de fuego se elevo al cielo calcinado todo en la superficie. El resplandor fue visto desde muchas millas. En el lugar donde estaba la plataforma, el gas seguía ardiendo como un enorme mechero. Pero la bestia ya había partido al llamado de su señor.
Ahí queda eso. Cualquier comentario, critica, sugerencia, tomatazo, será bienvenido.
Saludos a todos/todas
