Hola a todos.

Aquí les mando un nuevo capítulo, espero que les guste. Un sábado aburrido, un paseo por el bosque que traerá consecuencias…

5. Fuego en el bosque

En la sala de los Gryffindors cuatro estudiantes de 7º andaban algo inquietos.

Hermione estaba sentada en el alfeizar de la ventana. - Hace una noche estupenda.-Musitó la castaña. - Ideal para dar una vuelta.

Harry y su novio que andaban con la cabeza en una revista deportiva la miraron con gesto curioso. - ¿Qué insinúas? -Comentó el moreno.

Ella se encogió de hombros y miró a su novio enarcando una ceja. - Yo nada, pero hace mucho que no salimos a dar una vuelta, verdad Ron. - Ginny se acercó a ella y miró también por la ventana.

-La verdad es que a mí también se me hace dar una vuelta, es sábado noche. - Miró a su novio. -Harryyy… La chica puso morritos y voz de niñita caprichosa.

Harry frunció el ceño y se ajustó las gafas. -No hemos pedido permiso para salir, aun hay toque de queda y…- "Harryyy". La chica había puesto otra vez esa vocecilla melosa, y esos morritos. - …nena, no quiero líos, Snape está de guardia. Tenemos exámenes en dos meses y...

-Puf…cobardicas. - Espetó la castaña. - Creí que mi novio no le tenía tanto miedo a Snape.

-….Yo no le temo a ese murciélago…- Protestó el pelirrojo.

-…Harryyyy….- Gimió de nuevo la pelirroja.

- (¬¬) Y se puede saber a qué santo tantas ganas de salir.

Las dos chicas se miraron. - Pues…es por lo que nos contó la nueva profesora.

Ron parpadeo. -¿Por ese bichejo?

-Pues siiiii. Ladró Hermione.

Harry y Ron se miraron con fastidio. - MUJERES.

-¿Y de verdad os habéis creído esa historia? jajá jajá. Rió Ron estrepitosamente.

- En el bosque no hay nada, Voldemort los mato, lo vimos y si lo hubiera no va a aparecer en plan: "Hola chicos, ¿Qué tal?, ¿una partiditas de cartas? - Comentó con sarcasmo el moreno.

Las chicas los miraban con el ceño fruncido y cruzadas de brazos. - UUMMMMMM.

-BUENO, VALE. - Cedió el pelirrojo. -Pero que conste que no hay nada, nadaaaaaa

Hermione saltó a abrazarlo. - Es igual, pero daremos un bonito paseo.

Harry rumiaba. - Si, ahora el problema es esquivar al murciélago.

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Sintió como temblaba el suelo bajo sus pies, abrió los ojos pesadamente, se había desmayado, ¿Cuánto tiempo había pasado inconsciente? Difícil de saber. La temperatura era aun más alta, y el conjuro parecía en su cenit.

El viejo se acercó a él y soltó sus grilletes. -Muy buen trabajo, Marcus. Excelente. - Siseó entusiasmado. Pudo ver los cortes de sus brazos, aun sangrantes. - No tengo fuerzas para sostenerle, esperemos junto al grimorio.

-¿Esperar? - Murmuró el mago mientras agotado avanzaba hasta el atril de mármol rojizo y se lo colocaba a la espalda de su señor.

La sala entera comenzó a temblar, los dos sudaban, si algo salía mal, no saldrían de allí. Marcus miraba asustado como los cascotes se desprendían del techo, un estruendo como de un trueno sacudió la tierra, él se agacho cubriéndose la cabeza. Hararth en cambio estaba tieso como un palo, observando fijamente el pentagrama del suelo, el lugar donde había derramado su sangre. El medallón comenzó a brillar con un resplandor rojizo, latiendo al ritmo del encantamiento recitado.

Entonces comenzó a formarse, como fuegos fatuos que se esparcían lentamente a su alrededor, y unas llamas tenues aparecieron sobre el pentagrama, creciendo en intensidad y tamaño. Un fuerte rugido estremeció la sala, y en un acto reflejo cubrió a su jefe y el mismo con un Protego.

Y allí estaba, ante ellos, en toda su envergadura. Mirándolos con esos ojos incandescentes, vacios, ladeo su enorme cabeza husmeando el aire, observándolos, sobre todo al anciano. Marcus aguantó la respiración. No era para nada un Fiendfyre, era corpóreo y maligno. De un tamaño mucho mayor que un rinoceronte, sus cuernos eran como los del buey salvaje. Unos colmillos amenazadores como cuchillos relucientes surgían de sus fauces amenazadores. Su cuerpo ardía como si estuviera hecho de lava ardiente, las llamas danzaban sobre su lomo y su cuerpo como penachos ardientes. Sus pezuñas poderosas se afianzaban en tierra haciendo que el suelo humease y la roca se pusiera al rojo. Miraba fijamente al viejo, y el viejo le miraba a él, como si entre ambos existiera un vínculo invisible.

Rufus bajó los peldaños hacia él, lentamente. - Has acudido al llamado, mi criatura, has venido a tu señor. - Comenzó a caminar a su alrededor, los dos se observaban. - Yo te he sacado de tu encierro, a mi servirás.

El monstruo parpadeo varias veces, un chorro de babas corrosivas cayeron al suelo, haciendo hervir la roca caliza. El mago se incorporó en silencio y bajo lentamente la barita. Tal y como había vaticinado el viejo era un perrito a su servicio.

El viejo acercó su cara al animal, todo lo que el calor que emanaba le permitía. -¿Sabes lo que quiero? - El animal estrecho los ojos. - ¿Sabes para que te he llamado?- Se apartó a tiempo de que el animal rugiera, con furia.

Subió los escalones nuevamente, y lo miró poniendo la mano sobre el grimorio. Sus ojos se encontraron con los del monstruo en una mirada llena de maldad. - TRAEMELO.

Con otro potente rugido se desvaneció igual que había venido.

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Ella estaba de pie junto a su estanque, pateó varias veces el suelo, el reflejo de la luna en el agua…le traía terribles recuerdos. No era su luna, su compañera de brillo plateado. Esa era una luna de muerte, se alzaba roja como la sangre, como presagio de sucesos nefastos.

Sacudió la cabeza, observó a su alrededor, todos los animales habían desaparecido, ellos también sabían que algo iba mal. Bufó varias veces mientras rascaba la tierra con sus pezuñas, subiendo y bajando la cabeza inquieta, su respiración estaba acelerada. Retrocedió lentamente, el olor, el olor a azufre…

Relinchó y se alzó violentamente sobre sus patas delanteras, una y otra vez, presa del pánico, la pesadilla se repetía.

Y allí estaba, cayó del cielo como una bola incandescente frente ella, arrancando de cuajo varios árboles que se desplomaron envueltos en llamas. Se materializó entre las llamas, su horrenda cara, observándola como el cazador a la presa, sus ojos ardientes y vacios fijos en los suyos, todo iluminado por ese resplandor rojizo. Debía moverse, huir, correr, pero donde… sabía de sobra que no había escapatoria del Toro.

El rugido del toro hizo temblar el bosque, lanzando contra ella una llamarada con su aliento, todo a su lado se incendió. Entonces reaccionó, En un brusco movimiento giró y salió al galope, no sabía dónde, solo corría y corría. No quería que la atrapara de nuevo, no podía, antes preferiría morir, como los otros…A su espalda el monstruo arrancaba tras ella, podía sentir sus pezuñas retumbando sobre la tierra, y como los árboles se desgajaban a su paso, podía sentir al lamento de su bosque al ser herido por esa bestia sedienta de muerte y maldad.

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Las dos parejas caminaban por el bosque, se iluminaban tenuemente por sus varitas. Salir del colegio no había sido tan difícil, hasta el profesor de pociones andaba más relajado, aunque no lo quisiera reconocer.

-Se está bien aquí ¿Eh? - Musitó la pelirroja agarrándose al brazo de Harry.

-Si, la verdad es que el bosque está tranquilo. - Comento Hermione.

Harry miró a su alrededor. - Demasiado tranquilo, no oigo a los animales. - Miró al cielo. - Y esa luna. No me gusta.

-Puff, la miras como si fuera la marca tenebrosa. Comentó Ron.

-No se…- De pronto el moreno abrió los ojos, y se quedó clavado en el suelo. Los demás lo miraron perplejos. - Ese olor…

Husmearon el aire, y se miraron confusos, quemado, algo se quemaba…

El moreno no lo pensó dos veces. Hizo brillar su barita. - Ascendio. - Convocó, y salió disparado en línea recta hacia el cielo, subiendo por encima de los árboles.

Giró en el cielo buscando, la respiración se le paró, una enorme bola de fuego avanzaba por el bosque, a una gran velocidad, incendiando todo a su paso, trago saliva ante la imagen dantesca que tenía ante sí. - Dissendio.

La mirada de Harry al posarse entre ellos alertó a los otros tres Gryffindors. -¡FUEGO! - Gritó, provocando miradas de miedo. - El bosque se quema. Algo está quemando el bosque.

-Tenemos que pararlo. Los animales. - Gritó Hermione alzando su varita.

-Hay algo raro. Alerta al colegio. - Le espetó Harry, los otros asintieron, poco importaba ya el castigo por salir a hurtadillas.

La castaña asintió y lanzó su varita hacia delante. - EXPECTO PATRONUS.- Gritó al tiempo que una nube brillante formaba en el aire la figura de una nutria, dio varias vueltas en el aire y se esfumó en dirección a Hogwarts.

-¡Vamos deprisa! - Gritó el pelirrojo, con un agitar de varitas los cuatro se desvanecieron en el aire, para enfrentarse al fuego.

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Caminaba ligero por los corredores, iluminándose con la varita frente a él. Tantos años el mismo recorrido, se sabría orientar hasta con los ojos cerrados. Sábado noche, ideal para que alguno de esos niñatos hiciera de las suyas. Sospechaba que los gemelos preparaban alguna de las suyas para la graduación del curso de su hermano. Desde que habían vuelto a hogwarts como técnicos de equipo de quidditch, no perdían la oportunidad de hacerse notar. Lo que era una pena es que ya no fueran alumnos, pero era igual. Siempre acaban involucrando a su torpe hermano menor. ¡Perfecto!. Una oportunidad única de volarles puntos a los leones.

-¿No tienes nada mejor que hacer esta noche?

Se giró hacia la pared, un retrato de Dumbledore, lo miraba con gesto jocoso.

-Le cambie el turno a Vector, tenía una cena, y yo tampoco tenía nada mejor que hacer. Murmuró con desgana.

El antiguo director meneo la cabeza. - Muchacho, no deberías encerrarte tanto. Eres un héroe, aprovecha para aumentar tus relaciones sociales.

Severus enarcó una ceja. - Si por aumentar mis relaciones sociales te refieres a perder el tiempo tomando copas en El Caldero Chorreante, o acudir a recepciones llenas de idiotas en el ministerio. Pierdes el tiempo.

-Severus, Severus. Tú no cambias, eh. Protestó el anciano.

El profesor lo miró con esa sonrisa suya tan cínica. – Si no, no sería yo.

Un patronus se materializó en la galería ante ellos girando en el aire, una nutria. Los dos se miraron. - ¿Granger?

-¡FUEGO EN EL BOSQUE!

- ¿Los chicos han ido al bosque? - Ladró Snape. - Otra vez escabulléndose a hurtadillas, ¿En qué lío se ha metido ahora esa panda?

- Corre Severus, si han mandado el patronus debe ser algo grave. -

-¡Mierda! Avisa a los demás. Tengo la sensación de que esto es serio. - Bufó agitando la varita y desapareciendo en una bruma azulada.

En su retrato Albus se mesaba la barba. - Te haces mucho el duro, pero en el fondo los quieres. - Meneó la cabeza. - Este Severus…

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Seguía tras ella, arrasando todo a su paso, como la lava de un volcán que corre sin control por una pendiente. Lo oía cada vez más cerca, su aliento ardiente y apestoso en su lomo. Relincho con fuerza, fue como un grito de terror, no podía dejar que la alcanzase.

Driblo, saltando sobre unas rocas, tratando de despistarlo cambiando de dirección, pero fue inútil. Se quedo clavada cuando sus potentes pezuñas destrozaron un tronco frente a ella. El monstruo la miró ladeando la cabeza, una amenaza velada en sus ojos ardientes, entreabrió las fauces y un chorro de acido cayó sobre el suelo con un sonido siseante. Ella retrocedió echando la cabeza hacia atrás, el aire salía de sus ollares como un gemido. Sacudió sus crines y giró nuevamente, ella era más pequeña, más ágil, pero tenía su misma velocidad, de poco servía que ella esquivara y saltara los obstáculos a su paso, ese monstruo simplemente los arroyaba. Era inútil, todo era inútil se la llevaría de nuevo y no tendría escapatoria siquiera con el consuelo de la muerte.

Bufó nuevamente enfilando a galope tendido una zona más despejada, su velocidad era su única arma, su cuerno zumbaba y brillaba con intensidad, como un acto reflejo ante al miedo que sentía. Pero seguía allí más y más cerca.

-PROTEGO. Un grito juvenil retumbo por encima del estruendo, sintió con euforia que una barrera se formaba entre el Toro Rojo y ella. Sus patas la dejaron clavada al suelo, alzó la vista y vio a un joven mago humano, con unos enfurecidos ojos verdes avanzar contra ellos alzando su varita incandescente. Miró a su alrededor y otros tres jóvenes surgieron de las sombras, rodeándolos. ¡La estaban ayudando!, ¡a ella!

Volvió la vista, una barrera invisible se alzaba entre ella y el Monstruo, que ladeaba la cabeza con aire incrédulo.

- ¿Harry que es esa cosa? Gritaba el chico pelirrojo, al otro que se acercaba más a ella, mirándola con unos sinceros ojos verdes.

-No lo sé, pero no podemos dejar que se salga con la suya. Le contestó secamente.

El rugido fue sobrecogedor, los humanos y ella saltaron de sorpresa y terror. El moreno gimió al ver como su barrera se desmoronaba ante el poder de la bestia.

Ella saltó relinchando, su cuerno se iluminó de nuevo. Salió disparada hacia delante, justo a tiempo para que no la arroyase. Las chicas, gritaron. - Noo, no podemos…- El moreno saltó hacia atrás saliendo de la trayectoria, pero aun así el fuego que emanaba del toro prendió la manga de su abrigo.

-Piensa Harry. Se gritó a sí mismo a la vez que cerraba los ojos y alzaba su varita. Debía encontrar la forma de proteger a ese hermoso animal, como fuera.

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Severus se materializó en el bosque, todos sus años como espía, viviendo al límite, hacían que todos sus sentidos estuvieran en tensión. El olor a quemado era muy potente, y luego estaba ese nauseabundo olor a azufre, frunció el ceño en un gesto desagradable. ¿Dónde estaban esos malditos mocosos? Volvió a desmaterializarse concentrándose en aquellos a los que deseaba encontrar, y por todos los demonios que si todo era una trastada se iban a enterar de verdad quien era Severus Snape, el profesor más temido de Hogwarts.

Otro fogonazo, estaba entre los árboles de nuevo, cuando aquel rugido ensordecedor le hizo estremecerse. Giró de golpe sobre sus talones, rechinando los dientes, el resplandor rojizo lo cegó un instante, sintió de golpe una cantidad de magia acumulada como nunca antes en su vida. Alzó su varita casi por inercia, pero paralizó su ataque, corriendo hacia él, con los ojos llenos de pánico, y bufando, estaba la criatura de sus recuerdos, el mismo unicornio blanco, no era un sueño era real…y tras él acosándolo, con una mirada asesina una bestia del averno como jamás había visto.

Sintió que una gran furia lo invadía, alzó su varita acumulando toda la magia de la que fue capaz. - EXPELLIARMUS. -Gritó a todo pulmón, dejando salir toda la potencia del hechizo para golpear de golpe aquella cosa, mientras el unicornio pasaba a su lado como una exhalación, continuando su carrera entre los árboles.

El bicharraco apenas se inmuto, frenó en seco y aspiró sonoramente, un sudor frío cubrió la frente del profesor de pociones, aquella criatura absorbió su ataque como si se alimentase de él. ¿Cómo protegerse de aquello?. El monstruo lo miró frunciendo el ceño y torciendo la cabeza, un claro gesto de advertencia, y siguió su persecución.

Masculló una maldición, y de pronto lo notó, el viento que mecía las ramas, la vibración de todo el bosque, esa energía condensada, fluctuando en armonía…sacudió la cabeza y corrió tras la bestia.

-Piensa Harry. Se gritó a sí mismo a la vez que cerraba los ojos y alzaba su varita. Debía encontrar la forma de proteger a ese hermoso animal, como fuera. Se volvió como un resorte, y entones simplemente paso. Y les pasó a los cuatro al mismo tiempo.

Sintieron como una electricidad surgía de las profundidades mismas del bosque, les recorría desde los pies, fue como un trance hipnótico. Toda esa magia pura vibrando a través de ellos, inconscientemente alzaron las varitas, la imagen de aquel hermoso animal en peligró, aquella bestia, las palabras de su profesora…"la oculto de su enemigo transformándola en otra cosa, una criatura que le pasara desapercibida"…y la magia actuó como ella misma estaba deseando.

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Vio los rayos eléctricos que recorrían el bosque, aquella corriente de magia salvaje fuera de control, todo confluía en un único punto. Aquel punto frente a él.

Paró en seco, y tragó saliva, frente a él se encontraba el toro, parado en medio de aquel claro, rugiendo como en un lamento de frustración, revolvió la cabeza y lo miró con aquellos ojos vacíos, se mantuvo firme cuando le rugió por última vez y se desvaneció en el aire con una llamarada.

Snape sacudió la cabeza, una idea apareció en su mente. - "¡La criatura! No podía estar muerta." Avanzó sigiloso con la varita alzada ante él, temiéndose lo peor. Unos metros más adelante algo resplandecía en el suelo, ¿Muerto?

Temiendo la desagradable escena que podía encontrar, avanzó con el corazón encogido. Se sentía culpable por no haber podido hacer nada más, pero aquella bestia maligna era demasiado fuerte, demasiado…

El resplandor residual de un hechizo aun resplandecía, sobre aquel cuerpo inerte, y comenzaba a disiparse. La cabeza le dio vueltas cuando se dio cuenta. Donde debía estar el cuerpo de aquella criatura se encontraba, otra cosa, completamente diferente. Conteniendo la respiración se acercó cuidadosamente. Lo que tenía ante si en el suelo, no era un unicornio, sino una joven humana. Su cuerpo desnudo estaba tumbado bocabajo, las manos estiradas hacia delante, sus larguísimos cabellos blancos y resplandecientes la cubrían como un delicado manto, estaba desvanecida pero su respiración aun estaba desbocada, como si hubiera caído tras una desesperada carrera. No podía ser…acaso era…

Los pasos acelerados se oyeron tras él, y se giró bruscamente, allí jadeando por la carrera llegaban los dos chicos Gryffindors. - ¿Profesor? - Los tres se miraron sorprendidos, Snape giró su vista a la chica, y luego de nuevo a ellos.

-¿Ustedes…han hecho…esto? - Murmuró tratando de ordenar sus ideas.

Harry sacudió la cabeza tratando de salir de su aturdimiento. Y se acerco vacilante a la joven que seguía inconsciente. - Profesor…no se… ¿Es ella?… ¿La hemos…?

-Joder, ¡Que buenos somos! - Exclamo Rón.

Snape le dirigió una mirada asesina. - Ahórrese su euforia, Sr. Weasley. Espetó secamente. En un rápido movimiento se quitó su túnica negra, avanzó hasta la muchacha y se arrodilló junto a ella cubriéndola delicadamente con la prenda. Apenas se atrevía a tocarla, parecía tan frágil y delicada. - ¿Granger y su hermana? Estaban con ustedes en su excursioncita ¿no? Les espetó secamente.

Harry se acuclilló juntó a él. - Cuando esto paso, los cuatro nos desvanecimos. Hermione está con Ginny, parece que a ella la debilitó más. - El profesor que lo miraba asintió.

-Los cuatro tendrán que explicar muchas cosas, y no solo a mí.

Ron miró con fastidio al cielo. Si, ciertamente les caería una gorda.

Su respiración parecía normalizarse. Tembloroso el profesor la tomó delicadamente por los hombros, y le dio la vuelta. Apoyando su cabeza contra su pecho, pudo verle la cara. Sus ojos cerrados, sus labios rosados entreabrieros dejaron escapar un leve suspiro. Weasley ahogó una exclamación. -¡Es preciosa! - Si que lo era, pero a él no se lo oirían decir.

Con sumo cuidado la tomo en sus brazos y se puso en pie. - Hay que llevarla a la enfermería. - Miró a Harry con gesto serio. -Ustedes arreglen este desastre como puedan. Después hablaremos. Espetó secamente, con un gesto de su varita se desvaneció en el aire, dejando a los dos chicos sumidos en la confusión.

-….Jo tío, ¿Has visto lo que hemos hecho? … QUE GUAY…- Musitó el pelirrojo aun alucinando. Harry solo lo miró con asombro. - …Además esta buenísima…

Una gota cayo por la frente del Niño que Vivió. (¬¬) -Si Hermione te oye decir eso perderás una parte de tu cuerpo, luego no me digas nada…

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Bueno, ahí queda eso. Espero que les este gustando.

Saludos a todos.