Saludos a todos, aquí les dejo otro nuevo capítulo.

¿Qué sentiríamos nosotros al despertar en el cuerpo de un ser que nada tiene que ver con nuestra naturaleza? Confusión, angustia, dolor, enojo…

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6. Despertar.

Sintió ese extraño olor, no era el aroma de su bosque, ni nada parecido, olía a humanos y a magia, pero muy diferente a la que emanaba de ella. Sintió otro aroma, un olor que ya había sentido con anterioridad, impregnado en la prenda que le cubría. Notó su cuerpo extraño, diferente, lentamente trató de abrir los ojos, aun entre brumas, la luz la cegó por un instante, era más intensa que la que se filtraba entre los árboles de su hogar.

Parpadeó varias veces tratando de enfocar algo, estaba tumbada sobre algo blando, y no era hierba. Además la postura de su cuerpo era imposible para su fisonomía, observo extrañada el cielo sobre ella, no había cielo, era una especie de pared blanca. Atrapada, estaba en algún tipo de construcción humana, ¿ella?, simplemente era imposible. Aguantó la respiración cuando comenzó a escuchar algo que parecían voces humanas.

Asustada trató de moverse, pero su cuerpo no respondía como siempre. Comenzó a sentir una presión en el pecho. Sus patas, algo les ocurría a sus patas, lentamente las alzó ante ella, y entonces sus ojos se abrieron con horror y un leve gemido escapo de sus labios. Ante si tenía una mano humana, al final de un brazo largo y esbelto de piel blanca nacarada. Trató de mantener la serenidad, simplemente no podía ser, pero ahí estaban, dedos en vez de pezuñas. Casi en estado de shock comenzó a moverlos, lentamente ante sus ojos. "Su cuerno". En un impulso tocó su frente, no estaba, ni su pelaje tampoco, rozó la superficie con sus recién descubiertos dedos. Nada estaba como debía estar, piel suave y tersa, sus ojos, nariz humana, labios. La desesperación hizo presa en ella, debía de ser una horrible ilusión, ella era un unicornio, un unicornio.

Comenzó a sacudirse violentamente, quería despertar de ese horror. Rápidamente una humana mayor de dulce rostro acudió a su lado, se arrodillo y la tomo con fuerza de las manos. Había algo en esa humana transmitía paz, y emanaba un tipo de magia que la reconfortaba.

-Vamos querida, no hagas eso. Te harás daño. - Susurró con su dulce voz mirándola a los ojos. - Estas en Hogwarts, estas a salvo de ese horrible monstruo. Nosotros cuidaremos de ti. Sus dedos comenzaron a deslizarse por sus cabellos, acariciándola con ternura.

-Tal vez debería intentar prepararle una poción sedante. - Comentó otro humano al que no podía ver, su voz sonó profunda y preocupada, le gustaba esa voz.

La mujer apartó la vista de ella, debía de estar mirando al hombre. - No podemos arriesgarnos, Severus. No sabemos el efecto que podría causar en…- La miró apenada. - …alguien como ella.

-Poppy tiene cierta razón Severus, nunca antes hemos tratado a un unicornio. - Hablo otra voz, de una mujer de la misma edad que la primera, los humanos la conocían, sabían lo que ella era. - Aunque se haya transformado en humana, su metabolismo podría ser diferente.

-¡Por Merlin!, la habéis chequeado con las varitas y es perfectamente humana, solo esta confusa. - Comentó de nuevo el hombre, ella parpadeo, sí le gustaba esa voz.

La enfermera le dio un beso en la frente y se apartó de ella, para continuar hablando con los otros. Ella escuchaba atenta, asimilando cada sonido, conocía todas las lenguas existentes, de cualquier criatura, solo necesitaba ordenarlo en su mente, y salir de allí. Volvería a su bosque y todo estaría bien, pero para eso tenía que levantarse.

Severus la observó un instante en silencio, la muchacha continuaba tumbada observando su mano con incredulidad, con sus bellos ojos azules muy abiertos. Su túnica negra aun cubría su cuerpo, contrastando con la blancura de su piel y sus cabellos. Era la criatura más bella que había visto en su vida, emanaba pureza y una frescura de recién nacida que conmovían. Por un instante trató de ponerse en su lugar, la confusión y el miedo que debía de sentir al verse atrapada en un cuerpo tan diferente. - Todo por causa de esos tarados. - Espetó a la directora, que lo miró con gesto de reproche.

-¿Y que querías Severus? Era o eso, o que ese monstruo se la llevase a Merlin sabe dónde. - Le contestó la anciana negando con la cabeza.

La enfermera les miró a ambos. -Los chicos actuaron movidos por la urgencia, hicieron lo que debían. Ese ser es maligno, y quien lo envía no debe ser mejor. La cuestión es saber qué tipo de magia usaron y como revertirla.

- ¿Y será conveniente? - Preguntó preocupada Minerva.

Un suspiro y un leve movimiento hizo que cortasen la discusión, los tres miraron a la camilla. Y se quedaron boquiabiertos.

Con un suave movimiento la chica se incorporó, mirando al vacío como si no existieran. La túnica que la cubría cayó al suelo al posar ella sus pies en él. Los tres estaban paralizados, mirando como lenta y temblorosa se ponía en pie. Al profesor de pociones se le paró literalmente el corazón, cuando la cubrió apresuradamente en el bosque no se había fijado en ella y era hermosa. Su mirada continuaba perdida, era alta y esbelta, de curvas proporcionadas y pechos firmes, su piel era blanca y resplandeciente. Su rostro era como debía de ser el de los ángeles, los grandes ojos azul profundo que miraban a la nada, llenos de tristeza, labios carnosos y rosados, nariz respingona, y facciones delicadas, En su frente, donde debía haber estado su cuerno aparecía una marca de un tono malva suave, en forma de estrella de muchas puntas. Su cabello de un blanco resplandeciente enmarcaba sus finas facciones y caía por sus hombros y espalda en sedosos bucles hasta la más abajo de sus muslos. Era simplemente perfecta, debería apartar sus ojos de ella, pero estaba hipnotizado por su belleza.

La muchacha avanzó un par de pasos hacia ellos, vacilante, como un niño que aprende a andar. Salió de su trance justo cuando ella se tambaleo y cayó hacia un lado, como si las piernas no le respondieran, dando un gemido de terror. Se abalanzó sobre ella y la sujeto contra su pecho. Entonces lo notó, aquel mismo olor a flores, que sintió la noche en que perdió definitivamente a Lily, y aquella criatura le consoló en su dolor. Ella alzó la vista hacia sus ojos, los mismos ojos azules en un rostro de mujer, y lo miró con dulzura, como si también hubiera sentido algo. Fue un instante mágico.

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Tenía que moverse, saber qué hacer con ese cuerpo, como moverlo. Lentamente alzó el cuerpo del lecho, la prenda que la cubría resbaló por su piel, era tan curiosa la sensación de tener la piel desnuda. Estaba completamente concentrada en tratar de moverse, bajó los pies de la cama y tocó el suelo. Frío, por primera vez en su vida, sintió frío al tocar aquella superficie plana. Tragó saliva y aspiró profundamente, sabía que los humanos estaban allí mirándola anonadados, pero a ella no le importaba, solo quería ser capaz de andar sobre esas… ¿piernas?

Dio un impulso y sintiendo un vértigo tremendo consiguió ponerse en pie. Tenía que caminar, pero ¿Cómo?, un pie delante de otro…complicado, ella que era ágil y rápida cuando galopaba por su bosque, pero con sus cuatro patas. Pero esto…¡por la luna!…tenía solo dos… ¿piernas? Temblado por el miedo y la concentración logro avanzar un paso, luego otro…

De pronto todo fallo, era incapaz de sostenerse, y vio aterrada como caía como un peso muerto hacia un costado. Gimió asustada y cerró los ojos esperando el golpe, pero algo la detuvo.

Una presencia cálida y protectora la apretó contra si, manteniéndola arropada entre sus brazos. El olor…pergamino nuevo, hierbas, lluvia…lo había sentido años atrás, en su hogar. Abrió lentamente los ojos y encontró los de él, negros y profundos, los mismos ojos de aquel muchacho, la misma intensidad, la misma tristeza, pero con más años…era él. Los dos se miraron en silencio transmitiéndose tantas cosas…

Un grito los sacó a los dos de su trance. Pero sobre todo a él.

-AAAHHHHGGG, Severussss. - Gritó llena de indignación la directora McGonahall. - ¡Esta joven esta desnuadaaaaa…!

Severus la miró enarcando una ceja, en uno de sus gestos sarcásticos, mientras la mujer tomaba la túnica del suelo y la colocaba sobre la joven, que continuaba aferrada a su abrigo. - …Ella…se caía…yo...- Musitó él ante la mirada enfurecida de la mujer, la enfermera se limitó a encogerse de hombros, tartamudeaba… ¡Merlín!…él era Severus Snape, su elocuencia era admirada…TARTAMUDEANDO. - ¡No me avasalles, Minerva! ¡No soy uno de esos hiper hormonados Gryffindors tuyos! - Espetó enfadado.

Ambos la miraron al sentir que la muchacha suspiraba, cerró los ojos, para volver a abrirlos y mirarlos a ambos. - … ¿Qué me…habéis hecho?

Los tres magos se miraron con los ojos muy abiertos, había hablado, su voz surgió de ella suave y dulce, como un suspiro, pero lleno de tristeza y amargura. Ella sacudió levemente la cabeza y se llevó la mano a la frente, palpando la señal en forma de estrella, cerró los ojos en un gesto de dolor y le miró a él. - ¿Qué es lo que me habéis hecho? -Esa mirada fue como si le desgarrase el alma, tanta belleza y tanta angustia.

Él intentó esbozar una sonrisa tranquilizadora. - Solo intentamos protegerte de ese monstruo…- Murmuró todo lo suave que pudo.

-Criatura, fue la única forma de salvarte la vida, cambiarte a ese cuerpo. - Musitó la anciana acariciándole el cabello. - La magia eligió la forma, no los muchachos que lo hicieron.

Ella se desprendió lentamente de sus brazos y ayudada por Minerva se puso en pie. Los miro a ambos. - ¿Salvarme? - Miró sus manos. - ¿Así? – Sus hermosos ojos se empañaron por un llanto que era incapaz de brotar.

Caminó un par de pasos, y se giró bruscamente para mirarlos. - ¿Así? - Sacudió la cabeza con fuerza. - Yo soy un unicornio. - Sollozó fuera de sí. - Soy un unicornio.

- Niña…- Susurró la directora tendiéndole la mano, ella la miró aterrada y retrocedió otro par de pasos negando con la cabeza y sacudiendo los cabellos con un gesto poco humano. Snape se limitaba a mirarla en silencio, tanto dolor…

-Hubiera preferido morir. - Gritó. - ¿Llevarme con él?, sepultarme bajo el mar…ya lo he vivido…y es horrible…- Se miró la manos de nuevo. - …Pero esto…esto…este cuerpo es la peor de las prisiones…- Se abrazo a sí misma. - …siento que este cuerpo se me muere a cada instante…no…puedo…- Se dejo caer al suelo de rodillas, ocultando su rostro con las manos, llena de dolor pero incapaz de derramar lagrimas.

La enfermera Pomfrey avanzo hacia ella y la abrazó contra su pecho acunándola como a una niña.

Minerva miró a Severus, tenía sus negros ojos fijos en la joven unicornio, su rostro siempre frío y duro, mostraba algo que nunca había visto en él. Estaba completamente conmovido por el sufrimiento de aquella criatura encantadora. Tal vez en el fondo sí que tuviera un corazón como decía Albus.

-Precisamente por lo que eres, no podíamos dejar que te llevara. - Dijo la directora con firmeza. - Ahora perteneces a Hogwarts. - Miró de nuevo al profesor de pociones, que seguía absorto en la chica.- Es responsabilidad de todos protegerte y ayudarte.

La Joven la miró con sus hermosos ojos azules. - ¿Ayudarme?… ¿Protegerme? - Murmuró y volvió a bajar el rostro derrotada. - ¿En este cuerpo…?

Severus sacudió la cabeza, y avanzó hacia ella con decisión, sin decir palabra se paró a su lado la miró un instante. Se agacho para tomarla en brazos y la alzó llevándola de nuevo a la cama. - Es la forma más segura para ti. - Murmuró mientras las otras dos mujeres lo miraban asombradas. - Tú deberías saberlo mejor que nosotros, la magia a veces hace su voluntad. - Los dos se miraron un momento a los ojos, antes de depositarla con delicadeza en la cama. - Es como un ente con vida. Si eligió ponerte en ese cuerpo…debía tener un motivo.

Ella lo miró, el alzó su mano haciendo ademán de acariciar su rostro, pero la mirada temblorosa de ella lo detuvo. Serio, como siempre se irguió y miró a las dos brujas. - Descubriremos qué es esa cosa, y quien lo controla. Y cuando estés a salvo, te devolveremos tu forma.

-Hasta entones permanecerás aquí. - Anunció la directora. - Encontraremos la forma de que pases desapercibida ante el resto de los estudiantes, tal vez pasando por uno de ellos.

-UMMM.-Rumió la enfermera. -Está un poco crecidita para ser una estudiante, Minerva. Puede aparentar 25 años, pero menos de 18...complicado.

-Pues algo habrá que idear, no creo que sea buena idea que esto sea noticia en el Profeta. - Protestó secamente Snape, cruzándose de brazos y retomando en parte su semblante siniestro. - Solo faltaría eso. - Rumió con fastidio.

La directora se quedo pensativa. - Tienes razón, después de lo reciente que esta lo ocurrido con el Innombrable solo nos faltaría hacer cundir el pánico con otro enemigo entre la comunidad, intentemos llevar esto discretamente.

-Pues lo primero será taparle la boca a tus niños prodigio. - Espetó el profesor. - Esos sí que son radio Chisme Hogwarts…por Merlín. -Se pasó la mano por sus negros cabellos en un gesto de exasperación.

-Tal vez deberías tu mismo hablar con los chicos. - Severus miró a la directora con gesto jocoso "¿El marrón a mi?", ella se encogió de hombros. - Ellos te respetan Severus, seguro que sabrás ser persuasivo. - Alzó la ceja. "Unos cuantos puntos menos y unas detenciones, y veras como soy de persuasivo. " Pensó para sus adentros.

La mujer lo miró con un gesto de advertencia. - No te pases con ellos, Te vigilare. – "Oooohhh que pena, se jodio el plan." - Yo mientras hablare con Albus, sabiendo que hay otro enemigo al acecho deberíamos reunir a la Orden.

-Si, así podré recordarle al imbécil de Sirius, que ya os lo advertí. Espetó avanzando hacia la puerta de la enfermería. Antes de salir se volvió para mirarla otra vez, recostada en el regazo de la enfermera, y salió bruscamente para cantarles las cuarenta a Potter y cuadrilla.

Los cuatro Gryffindors estaban sentados en el pasillo con la espalda apoyada en la pared, ahumados y chamuscados, junto a la puerta de la enfermería. Al oír el portazo se levantaron como un resorte quedando firmes frente a la figura siempre siniestra de Snape.

-Bueno damas y caballeros, cuéntenme algo bueno…- Musitó con su tono más cínico y observándolos con una ceja levantada. Los chicos se miraron.

-Bueno es…- Bueno balbuceó Ron.

-Weasley, podría comenzar comentando el motivo por el cual andaban por el bosque después del toque de queda…y luego les diré cuantos puntos les vuelan…- Su boca se curvó en una leve sonrisa.

-¿Ella está bien? - Preguntó Harry.

-Todo lo confusa que cabía esperar en un cuerpo que nada tiene que ver con el suyo, pero parece que sí, Potter. Ahora vayan al grano.

Los chicos se miraron con cierto sonrojo. - Bueno, nosotros…- Comenzó Hermione, vacilante. - …hacia una bonita noche, y ya no había peligro…

- ¿No me digan que las parejitas se fueron a hacer manitas la bosque? -Rió sarcástico el profesor. -¡Adolescentes hormonados!

Harry bufó con fastidio. -No es eso, Ginny quería ir a buscar el unicornio…y yo…

-¿Y usted complació a su novia?

-Bueno la profesora Smith nos contó una historia, y nos contó que en el bosque podía quedar uno. - Ron miró a las chicas con enojo. - Estas dos querían ir a buscarlo, y al final cedimos. -Hermione soltó una exclamación de reproche.

Snape se cruzó de brazos, amagando una carcajada. "Además de inútiles, calzonazos. ¡Qué juventud!" - Pensó con regocijo.

-Nos adentramos en el bosque, y de pronto vimos el fuego. El resto ya lo sabe. - Comentó la castaña. -Envié mi Patronus a dar la alarma y nos materializamos en el incendio.

-Y allí estaba esa cosa, profesor, persiguiendo a aquella criatura, a su paso temblaba la tierra, los árboles caían envueltos en llamas. - Recordó con gesto horrorizado la pelirroja. -Era como volver a la guerra, era aterrador.

-¿Qué era esa cosa, Profesor? -Preguntó resuelto Harry. -No era para nada un Fiendfyre, era algo diferente y más terrible. Usted lo vio también, y lo enfrentó con su Expelliarmus y el bicho ni se inmutó.

Los dos se sostuvieron la mirada en silencio. -Ciertamente lo que fuera tenía un poder devastador y terrible. Rompió todos los Protego que le enviaron para detenerlo, fue como si los absorbiera al igual que el Expelliarmus. -Murmuró el profesor con cierto tono de preocupación. Sacudió la cabeza y volvió a mirar a Potter. -¿Y como lo hicieron?…- Los cuatro se miraron. -¿Qué hechizo emplearon para transformarla? - Los chicos seguían mirándose confusos. - Sin el hechizo original será imposible revertirlo…quedará atrapada para siempre.

- Nosotros…- Balbuceó Harry. - …Hemos hablado de ello…pero ninguno lo sabe…fue como entrar en trance. - El gesto de Snape se tensó.

-Es cierto. - Puntualizó la castaña. - Todo fue muy extraño, como si el bosque nos usara de transmisores.

Snape los miraba incrédulo. - ¿Están diciendo que el bosque la transformo?, ¿me están tomando por loco?

-Nooo, señor es la verdad. -Gimió Ginny. - Solo recuerdo que una corriente muy fuerte pasaba a través mío, y a mí apuntando con la varita al unicornio, luego me desmaye.

-Es verdad. Todos sentimos lo mismo.

Severus se mordió el labio pensativo, sí, él también había sentido esa magia extraña que se condensó de pronto, era algo que nunca antes había visto. Quizás la joven conocía las respuestas. -Cometieron una falta muy grave saliendo sin permiso, y de noche. - Comenzó con seriedad, los jóvenes lo miraban con recelo. - Pero si no hubieran dado la alarma ese monstruo se habría salido con la suya. - Le encantaba mantener el suspense. - Así que por esta vez no les retirare puntos.

Los chicos suspiraron aliviados y el profesor les dio la espalda para irse.

-Ah, se me olvidaba. Esto es máximo secreto. - Les espetó girándose a mirarlos nuevamente. -No creo que convenga que cunda el pánico. ¿Verdad?

-Somos una tumba. Afirmó Potter alzando la mano, los otros tres repitieron el gesto.

-Eso espero, de lo contrario, no seré tan magnánimo. - Ladró mientras se alejaba de ellos por el pasillo.

Ahí queda eso, espero que les haya gustado. Saludos