Nada me pertenece, ni Hogwarts ni mi amado Severus, pertenecen a J.K.R.

Que lo disfruten.

Espero sus comentarios y criticas.

8. Tomando decisiones.

Marcus dio un salto, sorprendido por la furia con la que el viejo golpeó con el puño el atril. El viejo dio un gruñido y fijó la mirada en los ojos de la bestia. Que lo observaba cabizbajo.

-Malditos magos. - Bramó lleno de furia. - Voldemort tuvo que haberlos matado a todos. -Dirigió una mirada llena de rencor a su asistente, que se limitó a encogerse de hombros.

Entrecerró los ojos, otra vez la misma historia. El Toro Rojo era un servidor magnifico, poderoso, cruel, fiel y su ceguera no representaba un problema. Pero tenía un único defecto, que a la vez era una virtud. Un cerebro minúsculo, era incapaz de pensar, o de recordar. Solo se guiaba por impulsos y obedecía ciegamente. Era lógico que su presa se le escabullera en sus narices, de la misma forma por segunda vez. Sintió un escalofrío de placer a ver la mirada de recelo que le lanzaba, era maravilloso ser consciente del poder que ejercía sobre ese diablo.- No importa mi pequeño. - Musitó. - Habrá otra ocasión, y entonces lo traerás.

-Es difícil señor, no sabemos en qué se ha transformado. - Comentó el mago con tono dubitativo. - Además si está en Hogwarts…

-Las malditas barreras mágicas, importan un comino. - Espetó el viejo secamente. - Serian un aperitivo para nuestro huésped.

El castaño lo miró y parpadeó varias veces. - Entonces, ¿Por qué no entrar a saco? Sería fácil librarnos de esa panda de adolescentes, señor.

-Y arriesgarme a un enfrentamiento abierto, tan pronto. NOOO, no soy tan entupido Marcus. - Interrumpió irritado. - Nuestra baza es la sorpresa. - Comenzó a pasearse por la mazmorra con las manos tras la espalda, como un animal enjaulado. - No, Marcus, no. Si mi pequeñín, ataca la escuela, no tardarían en tener sobre mí los restos de la Orden del Fenix, todo auror viviente, el ministerio entero, y cualquier maldito mago con ansias de dárselas de héroe. Y no me arriesgaré a eso. - Miró al techo. - Al menos hasta que no obtenga lo que quiero. - Hizo un gesto despectivo con la mano. - Luego, ¡Que vengan! Así será más fácil librarse de ellos.

El mago tragó saliva. Si, estaba loco, pero sabía muy bien lo que hacía. - Entonces…señor.- Comenzó vacilante. - ¿Cómo nos haremos con él?

El anciano le dedicó una mirada de esas que asustan. - Puede haberse convertido en cualquier cosa, un pájaro, un gato, un perro…incluso un humano. - Se mezo la barba de chivo. - Pero siempre será él. Pese a su cambio de forma la esencia será la misma, su magia es inconfundible.

-Entonces, solo habrá que esperar.

Sacudió la cabeza. - Si la Orden lo protege, no creo que sean tan idiotas de dejarlo pasearse a nuestro alcance. Deben de tenerlo escondido en lo más profundo de su castillo. Lo ideal sería tener alguien dentro que lo localizase, para después hacerlo salir…- Miró maliciosamente a su asistente.

-AAAAAHHH NOOOO. - Gritó retrocediendo un paso. - Usted sabe que mi lealtad es indiscutible, pero meterme bajo las mismísimas narices de Snape…eso es demasiado. Acabaría en Azcaban antes que canta un gallo, y entonces ya no le sería útil.

-Marcus, Marcus, siempre presuponiendo. - Rió entre dientes. - ¿Quién dice que tengas que ser tu?

- O…o ¿Entonces?

-Utiliza el cerebro muchacho. - Rió divertido. - Tú eres un hombre de recursos, y con contactos. Seguro que en el mundo mágico hay mas magos con tus mismos…- Sus dedos se frotaron en un gesto que implicaba PASTA. - …intereses. Y seguro que por una suma interesante estaría dispuesto a cumplir el trabajo.

El mago se quedó pensativo. - Necesitaré pensar señor. Después de la última guerra la institución es muy respetada, no será fácil…

Se frotó las manos. - Piensa lo que necesites, pero hazlo. Ah, procura que sea alguien joven, son más… influenciables.

(¬¬) "Este no sabe cómo anda la juventud." Pensó para sí haciendo una inclinación de cabeza. - Me pondré a ello, señor.

Salió de la mazmorra y caminó por el tortuoso pasillo. ¿Quién? ¿Dónde podía encontrar a alguien dispuesto a espiar en Hogwarts?

Una luz se encendió de pronto en su mente. Y una sonrisa burlona apareció en su rostro. ¿Cómo no, ella?

Lavender parpadeó varias veces, para finalmente quedarse con los ojos y la boca muy abiertos, mirando fijamente a la recién llegada. – ¿Qué me cuentas? – Masculló alucinada. – La gente va a alucinar. Las tres Gryffindors se encontraban en el dormitorio de la Grandger, juntó con una aun más confusa Selena, que permanecía sentada en la cama con las manos juntas sobre el regazo.

-LA GENTE NO VA A ALUCINARRR, NADA. – Espetó Hermione con la vena de la frente a punto de reventar. – Pero la culpa es tuya, por esa boca que tienesss. – Señalando a Ginny que estaba repantigada en la cama donde estaba sentada Selena.

La aludida se encogió de hombros. – Vamos Herms. No seas tan melodramática. – Contesto despreocupadamente. – Es Lavender se habría enterado de todos modos.

La castaña se hizo aire con la mano. –Sí, pero ya oíste a Snape. Si esto sale de aquí nos tendrá castigadas hasta el día que resuenen las trompetas del juicio.- Le lanzó una mirada criminal. – Si a ti te la trae al pairo, yo sí que quiero graduarme. – Se acercó a la rubia amenazándola con el dedo y un visible tic en el ojo. –…Y TUUUUU….

-Si, si. – Con gesto despreocupado. – Juro solemnemente que mi boca estará sellada.

La castaña se cruzó de brazos. – Más te vale.

Selena desvió levemente la mirada de la de Lavender. – Pues humana o no, es muyyy bonita. Si no aparentase algo más mayor seguro todos los chicos le andarían detrás.

La pelirroja soltó una carcajada. – Si llegas a ver al padrino de Harry, solo le falto arrodillarse y besarle la mano.

-WOOOOWWWWWW – Soltó la rubia. – Que buen chisme, que pena…- Hermione volvía a mirarla de forma amenazadora. - …que…nada, nada.

-Entonces, tenemos que cuidar de ti, y enseñarte. – Preguntó Ginny volteándose hacia ella.- Costumbres humanas.

La rubia la miró de arriba abajo. - ¿Y por donde empezamos? Por el vestir, esa túnica parece del murciélago.

-Es que ES, del murciélago. – Puntualizo Hermione. La rubia arrugó la nariz con desagrado.

La muchacha la miró contrariada. A ella le gustaba esa prenda, ¿Qué tenia de malo? Cuanto más los conocía más confusos le parecían los humanos.

De un impulso Ginny se sentó a su lado, y la miró alegremente. – Lavender tiene razón, eres demasiado bonita para llevar ropa tan…seria. –El vestido que le había dado la Sra. Pomfrey era bonito, pero no dejaba de ser demasiado formal para alguien con la apariencia de una entrada veinteañera. Tendremos que comprarle algo en Hogsmeade.

La castaña la miró con fastidio.- No creo que sea conveniente que ella salga de aquí. Quien sea debe andar buscándola.

Ella continuaba en silencio. La rubia acercó su cara a la suya. – ¿Acaso es tan tímida?, no sabe hablar.

-Si, si que sabe, pero… es reservada. – Musitó Ginny.

-Todo es tan confuso…- Murmuró casi para ella, las tres chicas se le quedaron mirando, con los ojos muy abiertos. Lentamente te puso en pie y caminó por el cuarto de la prefecta, se paró ante un espejo de pie. - Vosotros decís que soy hermosa, pero…este cuerpo se muere. Siento como se pudre a mí alrededor. ¿Cómo puedo ser hermosa? , ¿En un cuerpo mortal?

-Queremos ayudarte, todo será más fácil. – Le dijo la castaña, colocándose tras ella y posando su mano en su hombro. – Claro que eres hermosa. Además pronto volverás a tener tu cuerpo, y a cuidar tu bosque.

Se volvió a mirar a la joven humana, con una nota de tristeza en sus ojos. - Volver a mi bosque…- Musitó casi para sí.

Por un momento la joven maga tuvo la sensación de que aquella idea tampoco la llenaba de alegría, como si no supiera lo que quería en realidad.

Meneo la cabeza. - Es solo una apariencia, sigo siendo yo, mi alma, mi magia, cubierta por un velo. Un velo mortal.

-Pero necesitaras saber actuar con ese velo - Susurro dulcemente la castaña.

Sonrío vagamente. Cuantas veces había espiado a aquellos jóvenes humanos, oculta entre la hojarasca del bosque, observando sus alegrías, sus tristezas, mostrado todo aquello que ellos llamaban emociones, y que no comprendía. Ella conocía el miedo, la angustia, pero nada más. En el fondo de su corazón deseaba saber, conocer, comprender aquello que les hacia ser como eran. ¿Cuántas veces había pensado en lo que vivió Amalthea? Y ahora ella repetía la historia. - Enséñame. - Le pidió esbozando una leve sonrisa. - Si, deseo aprender, a ser lo que ustedes son, a vivir lo que ustedes viven, a sentir lo que sienten,…quiero comprenderlo.

La pelirroja dio una palmada. - ¡Bien! Eso me gusta, actitud positiva.

-¿Y por donde empezamos? - Musitó la rubia pensativa.

-Buena pregunta. Objetó Ginny

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Sendos chispazos rojos cruzaron el despacho del antiguo director. Dumbledore que dormitaba en su retrato, abrió los ojos sobresaltado, justo para ver a los dos hombres que rodaban a ambos extremos del salón, se alzaban al unísono y se apuntaban amenazadores con las varitas.

-Que gusto da ver que las cosas no cambian. - Rió divertido ladeando la cabeza. - Muchachos… un poquito de por favor…

El profesor le dirigió una mirada de disgusto, con el cabello negro pegado a la cara por la humedad. - Es tu culpa por mandarme con este perro pulgoso. - Espetó enojado.

-Mejor eso que ser un murciélago grasiento, solo y amargado…Quejicus. -Rió el otro ostentosamente, poniendo los brazos en jarras y sacando pecho.

Snape lo miró girando los ojos con desprecio. - Si yo estoy solo es porque quiero, "Canuto". No como tú, que te las das de playboy y eres solo un desesperado. Siseó la palabra con deleite.

Un leve tic apareció en el ojo del animago. - Dilo otra vez, Quejicus…- Retó.

Severus lo miró peligrosamente. - Des…

-Ya vasta los dos. - Cortó Dumbledore. -Si continuáis actuando como niños tendré que trataros como tales. - Bramó el ex director callándolos a los dos en seco.

Los miró a ambos de reojo. - ¿Y bien?, supongo que habréis hecho alguna cosa productiva, aparte de lanzaros maldiciones imperdonables…

Snape dio un gruñido dirigiéndole una última mirada al animago que mostraba su mejor gesto despreocupado. - Tal y como pensamos aquello estaba plagado de muggles. Tomando medidas e intentando recuperar restos. -Musitó el señor de las mazmorras.

-Si, Quejicus disfrutó de lo lindo paralizandolos y lanzando obliviatte a discreción. - Comentó en tono de burla. -Igual hasta me acaba gustando trabajar con él.

Snape dio otro bufido "Antes me visto de fucsia.". - Aparentemente es un accidente fortuito, causado por un fenómeno natural. Eso creen los muggles. Pero cuando bajamos al fondo…

-¿Qué vieron? - Preguntó el anciano echándose hacia adelante apoyando la barbilla en las manos cruzadas.

- El aspecto del fondo no era de un terremoto, ni de una erupción. - Comentó Black con gesto preocupado. - El suelo estaba fundido, podían apreciarse…pisadas…- Miró al ex mortifago.

-Si, eran las mismas huellas que "eso" dejó en el bosque, como fundidas y vueltas a solidificar al enfriarse con el agua. - Murmuró. - Además había una especie de caverna, desmoronada, fundida desde dentro, lo que fuera salió de dentro.

- Y esa presencia…- Murmuró seriamente Black.

Severus asintió. - Era un vestigio de una presencia antigua y maligna, la misma presencia del bosque.

Albus aspiró. - Bueno ya sabemos de donde salió. Ahora falta saber que es en realidad y por supuesto quien lo convocó.

-Esto apesta a mortifago. - Rumió Sirius lanzándole una mirada de desprecio al profesor.

Severus se cruzó de brazos y echo la cabeza hacia atrás, pensativo. - Yo no estaría tan seguro, "Canuto". Todos los mortifagos que servían a Voldemort están muertos, presos, o demasiado vigilados para mover un pelo.

-Volverá a intentar hacerse con ella. Lo mejor será sentarse tranquilamente a esperar. - Y el anciano se echo tranquilamente otro caramelo de limón a la boca.

Severus cabeceó. - ¿Y mientras tanto?, ¿Qué va a ser de ella? - Su voz sedosa mostraba profunda preocupación.

Sirius le miró enarcando una ceja. -¿Quejicus?, ¡Que novedad!, tu preocupándote por alguien.

- ¡Calla imbécil! Tú no viste sus ojos cuando despertó. - …Se quedó pensativo…- …no lo resistirá.

Sirius lo miró enarcando una ceja con gesto de burla. – Ummm, Quejicus, no estarás…- Severus le lanzó una helada mirada de advertencia que lo dejó clavado, el animago se limitó a soltar aire y mirar a Albus.

Albus carraspeó. - Bueno Sirius, creo que Severus y yo tenemos cosas que hablar. - Haciendo un gesto de que les dejase.

El animago sonrió sarcástico. - Seguro el "nene" tendrá que quejarse a su "papaito". - Otra mirada del profesor lo fulminó. -Está bien, ya me marcho.- Elegantemente sacudió la varita y se esfumo.

Snape se dejó caer pesadamente en un butacón y echo la cabeza hacia atrás cerrando los ojos, con gesto cansado.

-¿Y ahora porque peleaban? - Mascullo el ex director.

-VAAAA, lo de siempre. - Contestó con desgana. - Empezó a recordarme cosas del pasado. Y yo le entré al trapo. Algo sin importancia.

-He visto como la mirabas muchacho. – Soltó el anciano sin más.

-¿A quién? - Replicó enderezándose de golpe, como un adolescente al que acaban de pillar en una trastada.

Albus meneo la cabeza. - A la chica unicornio. Solo te he visto mirar así a alguien, la mirabas como a…

-No lo digas. - Le cortó bruscamente. - ¿Era eso lo que me querías decir? - Lo miró frunciendo el ceño. - No soy ningún crío, al que puedas sermonear Albus. El que me preocupe por ella no quiere decir nada.

-Si tú lo dices. - Se encogió de hombros.

El profesor se quedó mirando al vacío. - Es solo que cuando vi esos ojos, había tanto dolor en ellos, tanta angustia…era como…

-Ver reflejado tu propio dolor. - Concluyó. El exmortifago asintió levemente. - Aun sigues cargando con ello.

-Y lo haré hasta que me muera. - Espetó secamente. - Sé que he cumplido con todas las penitencias que esta guerra me ha impuesto, y me las he merecido con creces. Es lo que tiene vender tu alma a las sombras. Pero ella…es demasiado pura…limpia, no merece ese dolor.

-No has pensado el por qué sobreviviste a Nagini. Severus lo miró con desgana.

-Como dice "Canuto", eso fue un desgraciado accidente. - Esbozó una sonrisa.

Dumbledore meneo la cabeza y chasqueó la lengua. - Estoy seguro que lo dice para cincharte.

-¡Ya!- Su gesto se hizo más triste. – Pero tiene razón, tal vez hubiera sigo mejor acabar ese día, cerrar los ojos y ya está. El vacio, la nada.

El anciano lo miró duramente. - ¿Y crees que esa es la mejor forma de acabar con el dolor?

- Es una forma, ¿no?- Contestó sarcástico. – Aunque de todos modos llega un momento que te acostumbras a vivir con ello, supongo que tengo que seguir con mi condena.

-Nadie mejor que tu sabe lo que es perderlo todo. Precisamente por esa empatía, pienso que eres el más adecuado para ayudarla.

-Ayudarla. Si supiera como…- Susurró tristemente.

-Tal vez solo tengas que estar ahí cuando se derrumbe. Es la última de su raza, atrapada en un cuerpo que no le pertenece, sintiendo cosas que no debía sentir, sintiéndose sola.

-Sola en la oscuridad. – Miró su antebrazo, sabiendo que bajo su manga aun estaba la cicatriz que la marca del Señor Tenebroso había dejado.

-Igual que tú lo has estado todos estos años, tú sobreviviste, aprendiste a vivir con ello, pero ella no. – El profesor alzó los ojos y miró al ex director que lo miraba con ese gesto paternal que tenia siempre hacia él. - Protégela Severus, cuida de ella. Eres el que mejor sabrá hacerlo.

-Eso no era necesario que lo dijeras. Ya había tomado la decisión de hacerlo. – Se levantó para salir del despacho, pero otro carraspeo de Dumbledore le hizo volverse.

-La magia del unicornio puede dar crear vida de la muerte, traer la primavera en el más frio invierno y sanar cualquier herida, tal vez haya llegado el momento de sanar las tuyas y terminar con eso que llamas "tu condena".

El sonrió vagamente. – Hay heridas que nunca sanan.

-Todas las heridas sanan, solo hay que querer curarlas, y el problema es que tú nunca has dejado que curasen.- Los ojos oscuros se encontraron con los azules de su mentor, este le dedicó una leve sonrisa. – Piensa que no todos tienen una segunda oportunidad.

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Bueno, hasta aquí otro capítulo.

Besos y saludos a los que me estén soportando. ^^