Hola a todos. Aquí les dejo un nuevo capítulo, espero que les guste.

Espero sus reviews.

Besos

9. Al filo del abismo.

Estaba erguida en aquella playa, retrocediendo lentamente. Sus ojos fijos en los de la bestia. La marea comenzaba a rozar sus cascos, la espuma se arremolinaba entre sus patas y la arena se escurría entre ellas. Ya no podía luchar ni huir, no había salida. Y aquella risa que se escuchaba por encima del viento y el rugir de las olas, helándole la sangre en las venas. El recuerdo del dolor de su cuerpo al chocar contra las olas, la angustia al verse arrastrada hacia la orilla, tan cerca de la libertad y que ese miedo la hiciera retroceder.

Luego, aquel momento de confusión y euforia, centenares de los suyos, chocando unos con otros, se sentía arrebatada por las olas, pugnando por evitar ser lanzada sobre la playa. En medio de aquel atropello, sus ansiosos ojos se posaron en la playa. La vio allí cargando con su cuerno brillando, tembloroso, contra aquel que había sido su carcelero, lo hacía retroceder, fundiéndose con las olas, enviándolo a aquella prisión que durante tanto tiempo había sido la suya.

Se recordaba entre todos sus hermanos que pugnaban ebrios de libertad, solo pensando en salir de esa playa, arrastrada por aquella marea. Pero ella no había cedido a aquella vorágine, algo dentro de ella la había empujado a buscar a su salvadora, se quedo erguida frente a ella, las dos se habían mirado a los ojos, había visto aquella pena en sus ojos, la mirada perdida en el vacío, aquel resto de mortalidad que la llevaría a su fin.

Cerró los ojos, vio su bosque, sintió el grito de sus hermanos retumbar en su alma en el momento de caer a la espada, la llamada de Voldemort retumbando en su mente, invitándola a unirse a ellos, a librarse de su angustia. Luego se desvanecía y su enemigo volvía a surgir entre las llamas, mirándola con sus ojos vacíos, la acorralaba contra un precipicio, deleitándose en su terror. Ella miraba su única salida, decidida a saltar, a acabar con todo ese dolor…

Abrió los ojos y se incorporó ahogando un grito. Miró a su alrededor, solo había sido una pesadilla, otra más. Su cuerpo estaba cubierto de sudor y sentía que se ahogaba. Miró sus manos y cerró los puños contra su pecho negando con la cabeza, eso no era una pesadilla, tenia cuerpo humano. Se giró hacia la humana que dormía plácidamente en la cama de al lado, y sonrío levemente.

Para ella había sido una sorpresa conocer a humanos como aquellos, era una chica sensible y noble. Había estado hablándole durante horas, hasta que se cayó dormida. Le hablo de su infancia, hija de padres muggles, del schock que supusieron sus poderes, de su vida en Hogwarts, lo difíciles que fueron sus comienzos por ser una "sangre sucia", de sus esperanzas, penas, de sus amigos a los que quería por encima de todo, de las ilusiones que tenía en una vida en común con su novio, ahora que el innombrable ya no estaba. La había observado dormir un rato hasta que ella misma intentó cerrar los ojos, pero era inútil, las pesadillas estaba allí, una y otra vez.

Sigilosamente te deslizó de la cama, tomó la túnica negra que se hecho por los hombros y salió de la habitación. Bajó la escalera hasta la sala común, todo estaba en silencio, y se encaminó a la puerta.

Nada más salir al pasillo una voz chillona la reprendió. - ¿Dónde cree que va jovencita? Se volvió al retrato de la señora gorda, que abrió los ojos al reconocerla. -Es usted…

La unicornio le sonrío vagamente. -Voy a la torre de Astronomía, a ver el lago.

El retrato carraspeó. - Bueno, usted no es propiamente una alumna, así que no puedo reprenderla. Pero tenga cuidado, ¿Si?

- Se que no puedo salir del colegio, y no lo haré. - Ladeó la cabeza. - Gracias.

-Y tenga cuidado con Filch. Le advirtió la vos chillona a su espalda.

Lentamente y amparada en la oscuridad se deslizó por los pasillos en silencio, recordando el camino que le habían enseñado las muchachas horas atrás, notaba el frío del suelo de piedra en sus pies descalzos, era una sensación extraña, como todo allí.

Ascendió las largas escaleras de caracol y empujó la pesada puerta. Cerró los ojos y echo hacia atrás la cabeza al sentir la fresca brisa rozándola, le traía los aromas de su bosque, de su hogar. Se acercó vacilante a las almenas y se recargó contra el muro. La luna brillaba con su color de siempre, el mismo color de sus cabellos y se reflejaba sobre el lago, en una imagen de quietud. Podía ver la silueta oscura de los árboles mecerse por el viento, el mismo viento que sacudía sus cabellos. Cerró los ojos y pudo ver a sus amigos, las ardillas, los ciervos, los oseznos, todos los habitantes del bosque que la miraban con sus ojos suplicantes, ¿La echarían de menos?, y nuevamente los ojos de ella en aquella playa, los mismos ojos que ella misma había visto al mirarse en el espejo.

Se abrazó a sí misma, y se encogió contra la pared, volviendo a ver la imagen de su sueño, ya no era una pesadilla, el Toro había vuelto, había vuelto a por ella. Su sueño, ella de espaldas al precipicio…y la bestia frente a ella. Sacudió su cabeza y dio un gemido de angustia.

-"Hubiera preferido morir." - Se escuchó gritando a sí misma en la enfermería. -" ¿Llevarme con él?, sepultarme bajo el mar…ya lo he vivido…y es horrible. "

Y era cierto, no podría soportarlo de nuevo, ¿Morir?, qué más daba, en ese cuerpo estaba destinada a ello, se ahorraría toda esa angustia. De una forma u otra, lo había visto en su sueño, el precipicio era su única salida. Suspiró levemente y se acercó un paso al borde. El viento hizo ondear la túnica negra, otro paso y los dedos de los pies ya estaban en el vació. Miró hacia bajo, sería un instante, un golpe seco y el lago que la había acompañado tantos siglos seria su tumba.

Cerró los ojos, aspiró, dio otro paso en el vacío y dejó el peso muerto de su cuerpo caer hacia delante, hacia su escapatoria.

Unos fuertes brazos se cerraron sobre ella por detrás, tomándola en el aire. Negándole nuevamente el consuelo de la muerte.

Se debatió en el aire con furia, contra los brazos que la mantenían aprisionada. Quería morir, ya no quería más la vida eterna, solo sumirse en la oscuridad y dejar de sentir temor. Ya no le importaba nada, ni su bosque, ni su poder, ni ser el último de su especie, el mundo no sabía que existía, menos le importaría que muriese, ¿Por qué se obstinaban en negarle su descanso? Rugió de frustración y bruscamente volvió la cabeza para enfrentar a quien la sujetaba. Unos ojos negros se clavaron en los suyos, dejándola sin respiración.

-Si usted fuera de verdad una Gryffindor, habrían perdido de una tajada todos los puntos de este año. - Siseó una voz sedosa y masculina junto a su nuca. - ¿Se puede saber que pretendía?

Ella no contestó, solo emitió un gemido lastimero, como de un animal herido. Dejo caer la cabeza hacia delante con abatimiento. Sin soltar su agarre bajó su cuerpo lentamente hasta que sus pies tocaron el frío suelo. Inconscientemente recargó su espalda contra su cálido pecho y comenzó a sollozar. Él la abrazó con más fuerza tratando de protegerla de su dolor. Y por un instante eterno permanecieron así, con el viento sacudiendo sus negras túnicas.

Mientras sentía que su respiración se relajaba, aflojó su agarre suavemente. - Voy a soltarla. ¿Puedo confiar que no hará tonterías? - Ella asintió levemente. Abrió los brazos y ella sintió como sus piernas casi no podían sostenerla, tambaleándose, se revolvió sobre sí misma y retrocedió temblorosa hasta quedar con la espalda contra el muro de las almenas.

Él estaba allí de pie, mirándola con expresión grave, varios mechones de pelo negro como sus ropas caían sobre sus ojos oscuros y profundos. Observó su rostro detenidamente, sus ojos azules estaban empañados por el llanto, pero no había rastros de lágrimas, simplemente era incapaz de derramarlas. -¿Por qué? - Susurró en un reproche. - ¿Por qué? Ya había decidido…

-Seria demasiado fácil. - Susurró con su voz profunda. - ¿Es que acaso es una cobarde? ¿Piensa rendirse tan fácilmente?

Ella le miró con los ojos muy abiertos, volvían a ser viejos, como un mar profundo e insondable. - Mi pueblo ha perecido, y yo le seguiré pronto, este cuerpo terminara muriendo, tarde o temprano. Qué importancia tiene que sea yo y no esa bestia quien elija el momento. - Musitó dejándose caer lentamente hasta quedar sentada con la espalda pegada a la pared.

El suspiró pesadamente y se sentó a su lado. - No tiene sentido seguir luchando. La escucho susurrar pasa si.

-Si que lo tiene. - Murmuró él. - Siempre hay que luchar. Aunque todo parezca perdido. Aunque todo lo que veas sea oscuridad. Siempre se encuentra un motivo por el que seguir haciéndolo, por el que continuar adelante.

Ella le miró en silencio. - Un motivo por el que luchar…ella lo tenía. Pero yo…ya no me queda nada.

-Eso no es cierto, y lo sabe. - Replicó secamente. - Todo tiene un motivo en la vida. Está viva por algo. Piénselo, si se rinde les estará fallando a ellos, le estará fallando a ella.- Sonrió vagamente, que ironía era oírse decir esas cosas a él mismo. Snape echo la cabeza hacia atrás apoyándola contra la pared y cerró los ojos, relajando el gesto. - No es la única que ha estado al borde del abismo, sabe. - Su voz sonaba suave. -Se de sobra lo que es caminar entre las sombras, y no encontrar la salida. - Su mente se vio a sí mismo en el despacho de Dumbledore, hundido en aquella silla, desesperando de dolor, gritándole a Albus. "Desearía,…desearía que yo hubiese muerto." su cara se contrajo en un gesto de dolor.

Ella suspiró. -¿Pero sabe lo que es hacerlo por toda la eternidad?- Él tragó saliva. - No, claro que no. - Sus ojos azules se perdieron en el vacío. - …dice que si no lucho les fallaré a mi pueblo, a ella…- Negó con la cabeza. - No, lo sabe. Yo estuve allí, en esa playa, frente a ella. Vi sus ojos, esa herida de muerte en su alma. Yo no soy tan fuerte como ella…

Rió con su típico tono sarcástico. -Sí, que es fuerte, pero no lo sabe. Si ha llegado hasta aquí es porque lo es. ¿Acaso alguno de los otros lo ha hecho? - Ella se limitó a bajar la vista. - Ve como tengo razón.

Los dos permanecieron unos minutos en silencio, solos con la noche. -Aun sigue sintiendo el mismo dolor, aun más profundo, más escondido.- La escuchó decir suavemente, abrió los ojos y se encontró de nuevo con los de ella.

Rió de nuevo. -No soy muy bueno aplicándome mis propios consejos. - Se quedó serio. -Sabía que era usted.

-Recuerdo al joven mago que dormía junto a mi estanque. - Susurró sin apartar sus ojos de los de él.- Recuerdo su pena, sus lágrimas…

Su boca se curvó en una leve mueca. - El mago ya no es tan joven, y hace tiempo que dejó de derramar lagrimas, simplemente ya no puede. - Se pasó la mano por los negros cabellos, apartándolos de la cara. - Y ha pasado los últimos 19 años preguntándose porque vio un unicornio.

-Tal vez porque en ese momento necesitaba verlo. Contesto ella suavemente.

-Igual que usted necesitaba que la sujetasen en el vacío. -Ella asintió levemente.- Podría decirse que estamos a mano. La observó por un instante en silencio, sus bellas facciones iluminadas por la luz de la luna, la fragancia a flores que emanaban sus cabellos y le embriagaba, era simplemente perfecta, demasiado perfecta para estar allí, con él, sentada en el frio suelo de aquella torre.

El frío de la madrugada se hizo algo más intenso. La notó encogerse y temblar bajo su túnica. - Es muy tarde y hace frío, debería acompañarla a la torre Gryffindor para que durmiera un poco.- Murmuró él suavemente.

- Dormir…- Musitó tristemente. -…es curioso, nunca antes había sentido frío, es una sensación extraña, como todo en este cuerpo. Y extrañamente me hace sentir más…viva.

-Supongo que cuando uno es consciente de su propia muerte, le hace sentir la vida más intensamente. - Instintivamente te llevó los dedos al cuello, donde aun podía sentir la ardiente mordedura de Nagini.

Ella se dio cuenta del gesto, y del sutil cambio en su mirada. Volvió momentáneamente a su claro del bosque, a aquel instante en que se había acercado sigilosamente a aquel muchacho dormido, las sensaciones que le evocaba, la necesidad de aliviar su pena, y el vínculo que su gesto había creado entre ambos. Y ahora ese muchacho era un hombre, que intentaba socorrerla a ella, aspiró aquel aroma que había guardado tantos años en su recuerdo. Se sentía extrañamente reconfortada a su lado. No es que con el resto de humanos de aquel lugar se sintiera mal, pero la sensación era sutilmente diferente. Le gustaba y le asustaba al mismo tiempo. Quizás fuera algo normal en los humanos, pero para ella era desconcertante. Un leve temblor la recorrió nuevamente y él se percató de ello.

- La llevaré a la torre, no aceptaré una negativa. - Se puso de pie en un ágil gesto y le tendió su mano para ayudarla a levantarse. - Sería imperdonable que el último unicornio muriera de una pulmonía, ¿no cree? - Siseó, con una sarcástica sonrisa, al tiempo que ella tomaba su mano.

Tiró de ella hacia él, quizás con demasiada brusquedad, sus jóvenes piernas fallaron y perdió el equilibrio, pero la volvió a sujetar con sus brazos, igual que en la enfermería. Sus ojos volvieron a encontrarse. - Creo que esto se está empezando a convertir en costumbre, señorita. - Susurró esbozando una sonrisa.

Ella apartó la vista con un extraño hormigueo en el estomago. El frunció el ceño volviendo a la realidad, soltó su agarre, y se volvió hacia la puerta alzando su varita. - Lumos. - De la misma surgió una tenue luz azulada que ilumino el camino.

Los dos caminaron en silencio durante todo el camino de vuelta a los dormitorios de los Gryffindors, él iba delante, la varita bañaba el largo corredor con un resplandor azulado, su larga túnica negra ondeaba tras él elegantemente proyectando tenues sombras, Selena la observaba pensativa, la túnica que ella misma vestía le pertenecía a él.

Llegaron hasta el retrato de la señora gorda, que los miró a ambos de muy mala manera. ¿Qué hacia ella con el Murciélago? Refunfuñó para sus adentros.

El profesor la miró con gesto grave. - Buenas noches, señora. - Siseó con aparente desgana. - La señorita se había perdido, la encontré vagando por los pasillos. ¿Sería tan amable de dejarla pasar?

Ella la miró enarcando una ceja. - Espero que no le haya quitado puntos a mi casa, profesor. - Comentó con su chillona voz.

El hizo una mueca, sarcástica. - Por esta vez no, pero no corra la voz. Tengo una reputación que mantener. -La puerta de la sala común se abrió con un chasquido. Ambos se miraron una vez más. Él se despidió inclinando levemente la cabeza. - Buenas noches señorita. Intente descansar.

Ella se quedó un instante en la puerta, observando como la negra túnica desaparecía por el fondo del largo y oscuro pasillo, camino de las mazmorras, luego ella también lo haría tras la puerta del retrato.

Llegó poco después a su despacho, no le gustaba beber, pero en ese momento necesitaba un trago. Se dejó caer pesadamente en su sillón y convoco mentalmente un vaso con whisky de fuego, que se materializó instantáneamente su mano. Dio un buen trago, pegó un respingo y echo la cabeza hacia atrás pesadamente.

El corazón aun le latía a toda velocidad. ¿Qué hubiera pasado si él no hubiera estado allí?, ¿Estaba verdaderamente decidida a acabar con su vida?

No pretendió seguirla, como todas las noches que no conseguía dormir se dedicó a hacer la ronda por los pasillos, cuando oyó el sonido de unos pasos hacia la torre. Había sonreído para sus adentros pensando que pillaría a alguno de esos mocosos haciendo una trastada y en el castigo que podría imponerle. Y sin pensarlo demasiado siguió el sonido hasta la torre de Astronomía.

Subió las escaleras y abrió la puerta de un golpe, la vio allí, iluminada por la luna, en el mismo borde de la torre, sus cabellos y la túnica negra agitados por el viento, su mirada perdida en el vació, en ese momento fue como si le hubieran lanzado un Petrificus Totalis. ¿Acaso pretendía hacer lo que parecía? Cuantas veces él mismo había estado tentado de saltar desde ese mismo sitio, el mismo día que Lily murió, los momentos de flaqueza ante las torturas del señor Oscuro, los recuerdos que lo atormentaban.

Apenas pudo reaccionar cuando la vio moverse levemente hacia adelante. Como un acto reflejo corrió hacia ella, y sus brazos la enlazaron cuando ya estaba en el aire. Ella luchó y se debatió con una fuerza impensable en su aparentemente frágil cuerpo. Pero no se lo permitiría, algo dentro de él le empujaba a protegerla hasta su último aliento.

Dio otro sorbo al vaso, y se quedó mirando fijamente al líquido ambarino. Era como si pudiera ver esos ojos azul profundo mirándolo con aquella expresión indescifrable. Y las sensaciones que le producía tenerla entre sus brazos. Sensaciones que creía olvidadas, enterradas en el fondo de su alma, enterradas junto con ella. Tal vez el viejo se había dado cuenta, el muy zorro le conocía mejor que él mismo. Apuró el vaso de un tragó y convocó el licor nuevamente. Alguien tendría una buena resaca ese lunes, y alguno de esos torpes ineptos lo lamentaría.