Hola a todos, aquí les dejo otro capítulo.
¿Podrá Selena adaptarse a la vida de Hogwarts? ¿Cómo llevará Severus la resaca? ¿Maldecirá Hermione a Ginny por su bocaza?
Pasen y lean
Reviews Please
10. Primer día en Hogwarts.
Caminaba por los largos pasillos, detrás de la maga castaña. Todo era bullicio en lunes por la mañana. No podía evitar sentirse incomoda ante las miradas curiosas de todo el mundo. Hermione ya le había dicho que sucedería, que siendo la novedad, y en un lugar tan pequeño y cerrado como la escuela todos hablarían de ella e intentarían averiguar lo más posible. - "De Finlandia. Si alguien te pregunta di que eres de Finlandia. Y tu nombre es Selena Einhorn." - Se repetía una y otra vez las palabras de la muchacha.
Entraron al gran comedor, una sala enorme donde se servía el desayuno, el delicioso olor a bollería y café, llegó a su nariz, despertando esa sensación recién conocida: hambre.
La chica de alborotados cabellos, la tomó de la mano, y la arrastró a una gran mesa alargada, donde aguardaban el resto de los que le había dicho, eran sus amigos. Las otras dos chicas, les hicieron un gesto y les abrieron hueco. - Heyyy, Buenos días. - saludó alegremente Lavender.- Habéis tenido suerte, hoy hay gofres de chocolate…- Comentó alegremente señalando una bandeja que flotaba sobre sus cabezas, en la que se amontonaban varias de aquellas cosas de aspecto similar a la tarta que probó el día anterior.
La pelirroja le guiñó el ojo. -Están buenísimos. Pero no te acostumbres, son un vicio muyyy malo.
La rubia la miró de arriba abajo con una picara sonrisa. - Déjala, con ese cuerpo puede comer lo que le dé la gana.
-Café. -Informó Ginny agarrando al vuelo una jarra de cristal.- No sé si te gustará pero a mí me activa las neuronas por las mañanas.
La rubia rió. - Ahh, pero te funcionan en algún momento. - La pelirroja la miró mal.
Se sirvió una taza y llenó la de Selena. - Creo que me tomas por mi hermano.
-¿? - El pelirrojo que estaba sentado enfrente las miró con gesto interrogante, y una tostada atravesada en la boca.
La Castaña meneó la cabeza con desgana. - Déjalo Ron, sigue a lo tuyo.
Selena dio un pequeño sorbo a la taza y frunció el ceño.
- AAAhh, espera. - Gruñó la rubia quitándosela de las manos. Le mostró un pequeño recipiente de cerámica con unos pequeños cubitos blancos. - Terrones de azúcar. - Puntualizó al tiempo que tomaba dos de ellos y los arrojaba al café. - Así mejor, solo a esta pedazo de alcornoque se le ocurre darte café sin azúcar.
-Y con leche está más suave. - Puntualizó la castaña añadiendo un chorro a la taza y ofreciéndosela.
- ¿Mejor? - Preguntó Lavender mientras ella tomaba otro sorbo, asintió con la cabeza y la apuró de un trago.
- En cuanto acabes te llevaré con la señora Pomfrey, nosotras tenemos clase de transformaciones. - Comentó Hermione alegremente.
-Si y luego con el murciélago. - Rumió con desgana la pelirroja, mirando de reojo a la mesa de profesores, donde un mas ojeroso que de costumbre Snape, engullía taza tras taza de café solo. - Y tengo la sensación de que no ha tenido buena noche.
-Pufff, que miedo. -Gruño Ron entrando en la conversación. - Espero que la tome con Neville y nos deje a los demás en paz.
Selena las miraba a una y otra interrogante, y luego al profesor. - ¿Murciélago? - Preguntó tímidamente. -¿Tampoco es humano? Yo conozco muchos murciélagos que…
-SSHHHHHHHHHHss- La callo Lavender llevándose un dedo a los labios. - A ver, no es que sea un murciélago de verdad.- Se acercó más a ella y le hablo con mucho sigilo. -Y que él no nos oiga decirlo.
-Es un mote, un mote. - Explicó la pelirroja. - Un mal nombre que a veces los humanos le damos a alguien para meternos con él, porque nos cae mal. - Se acerco a susurrarle al oído. - Y Snape nos cae muyyyy mal.
Ella asintió levemente aun confundida, decididamente, los humanos estaban todos locos. Caerle mal, a ella él no le caía mal, para nada.
Hermione palmeó y se levantó. - Bueno vamos, hoy es tu primer día en Hogwarts, oficialmente hablando. La unicornio se levantó y la siguió hacia la salida.
-Hey, sangre sucia. - La incordiante voz de Draco Malfoy sonó tras ellas. Hermione se giró con cara de pocos amigos. - Ummmm, que guapa estas esta mañana. - Se burlo el rubio.
- Yo te diría que hoy estas un poco gilipollas, pero como eso suele ser lo normal en ti, no hace falta. - Replicó con desgana.
El Slytherin alzó las manos con una maliciosa sonrisa. - Paz, "sangre sucia". ¿Quién es la nueva? - Preguntó señalando a Selena que lo observaba con curiosidad.
Hermione se cruzó de brazos haciéndose la interesante. - Te diría que no te interesa. Pero te lo diré. La señorita Einhorn es estudiante de post grado en medí magia. Ha venido de Finlandia expresamente para cursar un máster con la Sra. Pomfrey . - Ni ella misma se creía que mintiera tan bien.
Malfoy la saludó cortésmente. - Yo soy Draco. Encantado. De Finlandia, ¿eh? - La observó con interés. - Se nota a leguas que debes de pertenecer a una familia de rango. No te interesa mezclarte con sangre sucias. - La castaña comenzó a gruñir por lo bajo. - Estoy a tu disposición para lo que necesites, preciosa.
- Muy amable. Gracias. Hermione es mi amiga y estoy con ella. - Susurró suavemente. La castaña sonrió con un gesto de triunfo y agarró a la otra del brazo arrastrándola hacia la puerta, y dejando a un Malfoy con dos palmos de narices.
-Jajaja- Reía la castaña por el pasillo. - Menudo planchazo le has dado. Casi la misma contestación le dio Harry el primer día que llegamos aquí.
- Bueno, es la verdad, creo que puedo considerarte amiga. - Susurró tímidamente. - Y ese chico, no me gusto su mirada, ni como te trató.
-Pues claro que soy tu amiga. Y no te has equivocado, Draco es un imbécil y un prepotente. Pero ya lo iras conociendo.
Llegaron a la enfermería, y la castaña llamó a la puerta. - Adelante. - Cantó la voz de Poppy desde dentro.
Las dos entraron y la castaña abrió los ojos de par en par al encontrarse allí con un enorme ramo de rosas rojas.
-Ah, Selena. El Sr. Black le envió este maravilloso regalo. Comentó alegremente la mujer.
La castaña se abalanzó sobre las rosas como si fueran para ella –Wooooohhhhh. ¡Qué bonitas!, A mi el tonto de Ron no me regala cosas como estas.
La unicornio algo incomoda avanzó hacia la mesa.
-"Rosas para la flor más hermosa" Su servidor, Sirius Black. – Leyó la tarjeta Hermione, miró parpadeando y con una gran sonrisa. – Que hombre, es todo un caballero.
Ella las miró horrorizada y retrocedió un paso. Las mujeres la miraron confusas.
-¿Qué ocurre querida? - Preguntó la mujer, acercándose a ella.
-Las flores…- Murmuró la muchacha. - Estaban vivas, en su hogar, y ahora están muertas…
Hermione miró las rosas y luego a ella con gesto de incredulidad. - …Jo, con lo que daría yo por unas así…
-El Sr. Black trataba de ser amable niña.
-Lo siento. - Susurró la joven apartando la vista. - No conozco sus costumbres. Aun estoy desconcertada.
La joven maga rió nerviosa. –Bueno, yo tengo clase. Nos vemos luego. Y desapareció por la puerta.
La enfermera se llevó las rosas a la habitación continua para colocarlas en agua.
- Bueno querida, parece que tienes un pretendiente, y un pretendiente que no está nada mal. – Le comentó alegremente al volver junto a ella.
Ella se encogió de hombros. - ¿Pretendiente?, no entiendo.
-Ya lo entenderás. - Rió de nuevo. - Son temas complicados en las relaciones humanas. Es cuando a un hombre le gusta una mujer como pareja, la pretende, la corteja, hasta que ella accede a ser su pareja.
-Pero yo no soy una mujer, soy un unicornio. - Contestó ella algo indignada.
La señora la invitó a sentarse junto a ella. - Puede que seas un unicornio, pero ahora eres una mujer, y es natural que resultes atractiva a los hombres. Tendrás que acostumbrarte a que revoloteen a tu alrededor.
La mujer se la quedó mirando con expresión lánguida. - Sabes es curioso, pero me recuerdas a una de esas princesas encantadas de los cuentos de hadas.
Ella la miró con los ojos muy abiertos. - ¿Cuentos?
-Si, es como una historia de un cuento de hadas en la que la princesa debe vencer al villano. - La enfermera la miró sonriente. - Y todas las princesas de cuento tienen un príncipe. Tal vez el Sr. Black.
- Que tontería. - Rió ella, tomando un libro de encima de la mesa, y ojeándolo con interés. - No soy una princesa, ni me interesa serlo. Soy lo que soy. Y mucho menos me interesa un príncipe.
-Pues ningún cuento puede terminar sin su príncipe.- La mujer miró el libro que ojeaba - ¿Sabes leer, querida? -Preguntó extrañada.
Ella le sonrío. - No existe ninguna forma de comunicación que yo no conozca, solo tengo que observar y luego yo soy capaz de utilizarla, su escritura también.
-La verdad querida, tus poderes son increíbles, ayer ni siquiera necesitaste una varita.
Ella ladeó la cabeza. - ¿Varita?, no. Hace muchas lunas los humanos tampoco las usabais. - Comenzó a explicar con cierta nostalgia en el rostro.- O al menos no los magos que conocí. Pero ahora la magia ya no es libre, esta aprisionada, por eso necesitáis instrumentos superfluos para canalizarla. - Tomó con curiosidad la varita de la bruja, que la miraba admirada. - En los tiempos antiguos ningún mago habría necesitado de esto. No entiendo porque ahora sí. La magia es la misma.
- Los tiempos cambian querida. - Comentó la mujer. - De todos modos algunos magos muy hábiles pueden llevar a cabo determinados hechizos sin la varita, Severus es un experto en ello.
-Los tiempos…si. -Susurró para sí. - Y es curioso verlos cambiar.
-Y yo que pensaba que Albus era viejo. - Suspiró la mujer.
-¿Y dices que mi padrino le ha mandado rosas? - Espetó el Niño que Vivió a su compañera, mientras ella troceaba una enorme raíz de mandrágora para su poción.
Ron se rascó en cogote. - Bueno ya sabes, desde que el Oscuro desapareció. Anda recuperando el tiempo perdido. 12 años en Azcaban, son muchos. Y haber vuelto de entre los muertos aun lo ha rebotado más.
El moreno añadió 10 gotas de esencia de luna llena. - Si pero últimamente anda un poco desenfrenado. Remus también me contó de la fiestecita de la que hablo Snape, a él el chisme casi le cuesta que Tonks le bote de casa.
El pelirrojo rió entre dientes. -Sirius es un tipo atractivo y con carisma. Tiene éxito con las mujeres, y lo aprovecha. ¡Quien pudiera! ¡Es mi ídolo!
La mirada de Hermione lo fulminó en el sitió. La vena de la frente le palpitaba sin control. - ¿Tu qué?
La cara del pelirrojo se tornó blanca. - Nada nena, nada. - Harry amagaba una carcajada.
La castaña arrugo la nariz. – Pues lo que os decía, le envió rosas. Pero parece que no tuvieron el efecto esperado.
-¿Y eso? Preguntaron los dos a coro.
-Bueno si ALGUIEN …- Miró a Ron con cara de "toma nota" – Me regalase rosas, yo me entusiasmaría. Pero ella se comportó como si le dieran terror, y asco.
- Pues vaya…- Murmuró Harry. – Que putada para mi padrino.
Una sombra negra y amenazante te cernió sobre su mesa. - KKKYYYYAAAAA
- ¿Andamos divertidos, eh, Potter? 20 puntos menos por tomar mis clases como hora de la tertulia. - "¡AAAhhhhGGGG que ganas tenia de hacerlo!" Su boca se curvó en una siniestra sonrisa.
Ambos Gryffindors le lanzaron al pelirrojo una mirada amenazante. - Granger, por su bien en los próximos EXTASIS. Controle a su mascota.- Se volvió agitando su túnica negra y pasó a revisar el trabajo de las otras mesas.
- Ay…- Gimió Weasley al recibir una patada en la espinilla de su novia, y un pescozón por parte de Harry.
-Tres días sin que nos quitara puntos…demasiado bonito para ser cierto. - Suspiró la castaña, avivando el fuego del caldero.
Harry dio un gruñido. - Lo raro es que no nos haya quitado antes. Y más con el numerito de la otra noche. - Añadió el último ingrediente, y un humo violáceo ascendió del caldero.
BOOOMMMM - Una fuerte explosión hizo saltar a todos de sus asientos. Neville les miraba cubierto de hollín negro. Una masa negra e informe me esparcía por la mesa y el aula, Lavender hacía ascos intentando librarse de los pegotes de su pelo y túnica. La mesa de los Slytherin era un regocijo. Snape avanzó en una zancada hasta el desconcertado muchacho. - Ya me parecía raro Sr. Longbottom, que no nos deleitase con una de sus exhibiciones pirotécnicas. - Se cruzó de brazos y lo observó un momento enarcando una ceja. - ¿Se puede saber en qué diablos andaba pensando?
-Creo que aumenté la temperatura muy bruscamente…
-…Usted cree…- Gruñó. - …esos errores son para los novatos…pero usted…es de 7º. - Bramó enfurecido. El chico solo deseaba desaparecer en un agujero.
Movió su varita y con un "Evanesco" el aula y los dos alumnos quedaron limpios.
-Agradezca que no tenga ganas de ver su cara de bobo, si no se habría quedado a limpiarlo, y al estilo muggle. - Volvió hacia su escritorio. - Tienen dos minutos para entregarme sus pociones. Y ustedes…- Señalando a la accidentada pareja. -…me presentaran mañana un pergamino de 50 cm sobre los peligros de la combustión incontrolada en elaboración de pociones, y 20 puntos menos.- Se sentó y continuó corrigiendo trabajos.
Transcurridos los dos minutos, toda la clase salió en estampida y unos con más torpeza que otros fueron dejando los frascos en la mesa del profesor, que simplemente los ignoraba completamente. Y por fin se quedo solo.
Aspiró pesadamente y se echo hacia atrás en la silla con las manos enlazadas tras la nuca, al fin tranquilidad. No recordaba una resaca tan mala desde cierta fiesta clandestina con Lucius, y por entonces tenía 17 años. Ya no estaba para esos trotes.
