Aquí les dejo un nuevo capitulo. Selena ira conociendo otras facetas de ser humana, espero que les guste.

Gracias a Anko Mitarashi y Lupita Snape por sus reviews, confío en que les siga gustando y espero no defraudarlas.

11. Situaciones comprometidas.

Se estaba desquitando de veras con aquel montón de trabajos a corregir, no tenia caso, otra T adornaba la esquina del pergamino, lo pasó al montón de corregidos y tomó el siguiente. Tantos años ejerciendo la docencia y esos malditos críos seguían igual de inútiles. Bueno, aun la sabelotodo de Granger tenía un paso, pero con ese novio suyo terminaría desperdiciándose. Y es que tenia bien aprendido que la estupidez terminaba haciéndose contagiosa.

Y la última clase con los de 7º le había desquiciado sobremanera. San Potter no cambiaría nunca, si es que acaso se pensaba que le iba a regalar el aprobado andaba listo. Una cosa era salvar su culo del Señor Tenebroso, y otra muy diferente pasarle sus tonterías en clase. Weasley, para que hablar, ¡pobre Granger! Y Longbottom, dio un bufido de frustración, en el fondo tenía la esperanza de que a estas alturas ese espabilase, pero decididamente lo suyo ya era congénito. Pero que se podía esperar, ¡eran Gryffindor! No pudo evitar pensar en ella, conviviendo con esa pandilla de tarados. Seguramente terminaría por creer que toda su raza estaba loca.

Esa maldita jaqueca…Dio un respingo y plasmo una T en otra de sus correcciones.

Toc, toc…

Unos suaves toques en la puerta lo devolvieron a la realidad. Alguno de esos inútiles abría dejado algo en su clase. Dio un bufido, se levantó de golpe echando la silla hacia atrás bruscamente y se acercó a la puerta a grandes zancadas, con un gesto de muy malas pulgas en la cara, dispuesto a gritarle hasta la saciedad a quien osaba trastocar su relativa paz. Abrió de golpe, y la expresión de su cara se cambió por completo.

-Disculpe, profesor…- Susurró tímidamente la joven de cabellos blancos, bajó la vista. - La Sra. Pomfrey me envió pedirle esto. - Sin mirarle le tendió el pergamino. - Le he molestado, lo siento…

-Usted no molesta, nunca molesta. - Susurró el nervioso, tomando el pergamino de manos, de la joven. Y lo leyó detenidamente. - Ummm, ahí algunos preparados que tengo en excedente, pero otros tendré que elaborarlos. - Murmuró por lo bajo.

Ella observaba el aula con interés. Era amplia y sombría, todo estaba pulcro y ordenado, era la primera vez que veía un aula y sentía verdadera curiosidad. - ¿Es aquí donde enseña? - preguntó.

-..¿Eh?, Si, esta es mi clase. -

Ella entró en la mazmorra y comenzó a caminar entre las mesas, mirando todo con curiosidad, los calderos, los armarios con ingredientes que flotaban dentro de los tarros de formol, la pizarra, su mesa llena de montones de pergaminos. Estaba particularmente hermosa, llevaba sus largos cabellos recogidos en una gruesa trenza que caía por su espalda, unos mechones sueltos enmarcaban su rostro, llevaba puesto un vestido violeta que sin duda era de Pomfrey y que pese a que era algo ancho no la afeaba en absoluto. Era algo irreal, un rayo de luz en aquella oscura mazmorra. - Tengo que ir a mi despacho, a por esto. Si quiere puede pasar. - Comentó con voz grave.

Ella asintió y le siguió al pasillo. Con un toque de su varita las piedras de la pared se abrieron mostrando la entrada al despacho privado del profesor. Él se apartó para dejarla pasar. Miró a su alrededor la habitación en penumbra, las paredes estaban cubiertas de estanterías plagadas de libros. Los miraba fascinada. - ¿Le gustan los libros? - Murmuró él a su espalda. Con un movimiento de su varita encendió varios candelabros.

-Me parece curioso el afán del ser humano de conservar las cosas, su saber, sus experiencias. - Tomó un pesado volumen de pociones avanzadas, y lo ojeó con curiosidad. - Tanta ansia por recordar.

Él esbozó una sonrisa y caminó hacia el armario donde guardaba sus pociones. - El ser humano es limitado, solo así se puede transmitir el conocimiento de unos a otros. - Comenzó a sacar frascos y colocarlos sobre una mesa. - No todos tienen el poder de transmitir sus recuerdos directamente.

-"Conceptos avanzados en artes oscuras." – Leyó la joven en voz alta y tono de curiosidad, Severus la miró con cierto reparo.

-Creo que esa parte de mi biblioteca no es muy recomendable. – Comentó con desgana. - Pero siempre he pensado que no puedes luchar contra algo que no conoces. Mi afición por las artes oscuras no aumenta mi buena fama ¿No teme a la oscuridad?

Ella le miró ladeando la cabeza con esa expresión imperturbable. - ¿Por qué había de hacerlo? – Comenzó a pasar su dedo índice por las cubiertas de los volúmenes. – Todos formamos parte de la misma magia. Luz y tinieblas, bondad y maldad, como las caras de una misma moneda, una cosa no puede existir sin la otra. Simplemente no pueden separarse. – Su tono de voz era distante, sombrío.

-Me sorprende oírla hablar así.

- ¿Por qué? – Preguntó mirándolo sorprendida.

Se encogió de hombros. – Por nada, solo me sorprende. A veces Voldemort decía cosas parecidas, me extraña oírlas en un ser como usted.

Dejó el libro y se acercó a su mesa de trabajo, allí se amontonaban ingredientes diversos, frascos de cristal, raíces, pergaminos. El pequeño cuchillo de plata que usaba para trocear los ingredientes llamó su atención, lo tomo con su mano y lo observo con curiosidad. Cuantos de los suyos habían caído bajo el filo de instrumentos como aquel. La hoja brillante reflejaba su imagen como un espejo, sin saber porque se le ocurrió pasar la mano por el filo. Dio un gemido y lo dejó caer al suelo con un sonido metálico. Asustando a un profesor de pociones que aun andaba recopilando frascos.

En dos zancadas llegó a su lado, ella se miraba la sangre de su mano con incredulidad. - Veo que tiene una irresistible tendencia a dañarse a sí misma. - Le reprochó con seriedad.

Tomó su mano para observarla con detenimiento, apenas un pequeño corte en la palma, pero sangraba abundantemente.

Apuntó su varita. -Episkey. - Murmuró el hechizo para sellar heridas. Al tiempo que recibía el hechizo, la marca de su frente se iluminó levemente con un resplandor azulado. Snape abrió los ojos confuso al ver que la herida seguía ahí. - ¿Cómo? - Murmuró.

Ella sonrió vagamente. - ¿No lo sabe aun?, al igual que el Toro Rojo soy inmune a cualquier hechizo. Los dos estamos constituidos por la misma magia primigenia. - Murmuró la muchacha mientras él tomaba su pañuelo para cubrir la herida. -…Y sin embargo es roja…- Ella lo miró asombrada. - …No es de plata…es roja. – Volvió a mirar su herida completamente atónita ante lo que veía.

-Ahora es humana, su sangre es tan roja como la mía. – Susurró suavemente, mientras tomaba un frasco de pomada de un estante. – Rechaza los hechizos, pero tal vez las pociones…He usado esto miles de veces en mí mismo y en heridas peores.

Bajo la atenta mirada de la muchacha, tomo su mano y comenzó a aplicar la pomada con suaves toques, sobre la herida abierta, la piel blanca estaba ligeramente hinchada, tal vez por el contacto de algún resto de ingrediente de alguna poción que quedaba en el cuchillo. Ella cerró los ojos y suspiró, la sensación de alivio de la pomada y la forma en que sus dedos masajeaban la palma de su mano le producían esa sensación indescriptible en el estomago, lo mismo que sintió en la torre cuando la sostuvo en sus brazos. Selena se estremeció levemente, su corazón martilleaba como si hubiera galopado por todo el bosque, como un acto reflejo dio un paso atrás hasta dar con la mesa a su espalda, abrió los ojos encontrándose con los negros del mago con el mismo desconcierto que ella.

-Lo siento…yo…- Murmuró temblorosa, bajando la vista.

Él sacudió la cabeza, tratando de recuperar el autocontrol, cerro el frasco y se volvió a devolverlo a su estante. - No… la culpa es mía…debí recordar que teme que la toquen.

Ella miró la palma de su mano, la herida era ya una línea rosada apenas visible. No temía que le tocase. Era algo diferente, confuso. Sacudió la cabeza y cerró la mano contra su pecho. - …no es eso…yo…- No terminó la frase, bruscamente se apartó de la mesa y salió corriendo del despacho, dejando a un Snape completamente petrificado.

Tardó apenas unos segundos en reaccionar y tratar de alcanzarla, pero al salir al pasillo ella ya había desaparecido. Giró sobre sí mismo y descargó un manotazo de frustración contra la pared, ¡como había podido ser tan imbécil!

Entró de nuevo en su despacho, y miró los frascos que había apartados sobre el escritorio, miró al suelo, y vio la pequeña daga que ella había dejado caer al cortarse. La recogió y la sostuvo en sus manos mirándola, aun había restos de sangre en el filo, su sangre. Suspiró y cerró los ojos, pensando en ella. La suavidad de su piel, su fragancia, como se estremecía al tomarla de la mano, al rozar con sus dedos su palma. El había apartado su mirada de la herida para mirar su rostro, sus ojos estaban cerrados, un leve rubor teñía sus blancas mejillas, y sus labios entreabiertos que dejaban escapar un suspiro, eran una irresistible invitación a ser besados.

Sacudió la cabeza tratando de alejar esos pensamientos. ¡En que rayos estaba pensando? ¿Acaso se había vuelto loco? Ella no era humana, era un unicornio, y en algún momento el hechizo se rompería y volvería a serlo. Recordó las palabras de Albus en su despacho. "He visto como la mirabas muchacho. …Solo te he visto mirar así a alguien, la mirabas como a…"…a Lily.

Durante más de 19 años había permanecido fiel a su recuerdo. No es que no hubiera tenido mujeres en su vida, durante sus días al lado del lord Oscuro había gozado de la compañía de mortifagas, pero solo había sido sexo, simple desquite, en aquella época su alma estaba corrompida y se dejaba arrastrar por los más bajos instintos. Pero amar, solo la había amado a ella, aun cuando la sabia en los brazos de otro, aun cuando había visto el odio en su mirada, aun después de su muerte, había seguido amándola.

Pero ahora, esa joven, sus ojos, su mirada, esa pureza, la imagen de su cuerpo desnudo en la enfermería, una visión deslumbrante que no lograba apartar de su mente. Su presencia le perturbaba, le hacía recordar sensaciones olvidadas, le recordaba tanto a ella. Y sin embargo tan distinta.

Rió amargamente, Lucius tenía razón, desde luego era un jodido masoquista.

Terminó de colocar los frascos en una caja de madera y se dispuso a llevárselas a Pomfrey. Y esperaba que no le interrogase sobre el por qué era él quien se los llevaba en vez de su protegida.

-Uuummm. – Gimió cierta pelirroja en el salón común de Gryffindor. - ¿Quién esta contentito?

El Niño que vivió se removió en el sofá ante el acoso de su novia que se mantenía a horcajadas sobre él. – Ginny, por Merlin eso n…aaaaggghh. – No pudo terminar la frase cuando la mano de la chica se cerró juguetonamente sobre su bragueta. – Que esta sensible… ¡Joder! - Gritó nuevamente tratando de quitársela de encima.

La pelirroja se incorporó y puso morritos. – Harry…no seas malo…- La chica estaba despeinada, con varios botones de la blusa blanca abiertos y la corbata casi suelta.

Potter se recolocó las gafas. – Nena…si yo también tengo ganas, pero no es momento ni lugar. Aun no se explicaba cómo diablos le había embaucado para saltarse el entrenamiento de Quidditch, decirle a los Super Entrenadores Weasley que tenían que preparar un trabajo para el EXTASIS de transformaciones, ¡menuda idea la de McGonagall de darles ese puesto!, para terminar metiéndose mano con su hermana pequeña en el sofá. Esa niña hacia de él lo que le daba la gana.

Ella lo miró picarona. – Ummm, a esta hora están todos en clase. Dime no te da morbillo. – Dijo desabrochando un par de botones más, el chico comenzó a sudar ante la visión del sujetador de encaje rojo. – Gryffindor, cariño, para TODO…

Las gafas volvieron a resbalarle del sitio. – No me hagas esto, nena…por favor. – Suplico, al tiempo que la pelirroja se comenzaba a contonear peligrosamente sobre él y se recogía el cabello tras la nuca en un gesto tremendamente sexy. El moreno bufó ante su visión, tratando de contenerse.

-Cariño, no le temiste a Voldemort y me temes a mí. – Rubricó con una arrebatadora sonrisa, aquello ya había sido demasiado.

En un rápido movimiento el moreno tumbó a su novia bajo él. – Tú te lo has buscado. – La voz del chico sonó como una ronca amenaza y la jovencita estalló en carcajadas.

O__O El sonido de la puerta los dejó a los dos helados, Ginny saltó como un resorte del sofá, Y Harry Rodó al suelo dándose un fuerte costalazo, ante ellos la chica unicornio los miraba con gesto confuso.

-¡NO ES LO QUE PARECE!- Gritaron los dos a coro mientras Ginny acomodaba sus ropas y Potter trataba de ocultar cierto bulto sospechoso tras un cojín.

Ella relajó su gesto y ladeó la cabeza. – No entiendo. ¿Qué tenía que parecerme? Los humanos sois tan extraños…

-Pues… es que estábamos…"Aiggg" – Chillo Harry al recibir un codazo de su novia.

La pelirroja puso una sonrisa boba. - ¡Es cierto!, Tu no conoces las costumbres humanas. - Y miró a su novio con una sonrisa llena de dientes.

La joven rodó los ojos hacia los tapices que colgaban de las paredes de la sala, el día anterior, y esa mañana, todo había sido tan rápido, no se había fijado en ellos. Y ahora los tenía allí frente a ella. Sobre el fondo rojo había bordadas varias escenas medievales, escenas en las que se veían seres como ella, escenas en las que había unicornios.

Se acercó lentamente a ellos, alargando la mano, como si de verdad los pudiera tocar. No se parecían en verdad demasiado a ella, eran más desproporcionados, sus cuernos más largos, las crines más cortas y encrespadas, y esas ridículas barbas. Pero eran unicornios.

Su pecho se lleno de un sentimiento extraño, acaso era nostalgia, nostalgia por lo que había sido, por lo que en realidad era, debajo de ese extraño cuerpo. Confusión, confusión por lo que ese cuerpo le hacía sentir, por sentirse más viva y plena que nunca en todos sus siglos de existencia.

Alguien la tomo del brazo, se volvió y vio a la despeinada pelirroja. - ¿Estás bien? - Preguntó la chica con tono preocupado.

Ella la miró con tristeza. - ¿Quién soy yo? - Susurró mientras se volvía de nuevo al tapiz, a la imagen de un unicornio que se tenía sobre sus dos patas traseras, como tantas veces había hecho ella.

-Bueno, creo que eres un unicornio. O al menos lo eras hace dos noches. - Comentó Harry desde el sofá.

-Pero ahora eres Selena Einhorn. Y tienes que aprender a vivir como tal, al menos hasta que venzamos a esa cosa. - La pelirroja seguía aferrada a su brazo. -Intenta disfrutarlo, no es tan malo. ¿O sí?

Ella se giró a mirarla. - No, no es tan malo.

-Entonces, ¿Qué pasa?, te noto, alterada.

Ella se frotó instintivamente la palma de la mano. – Solo me herí…-La chica le cogió la mano sobresaltada y miró la leve marca de la palma. - …pero no es nada, está curado.

-¿Dime que tal tu primer día? – Preguntó alegremente el chico, sentado nuevamente en el sofá.

Ella lo miró con una leve sonrisa. – Creo que bien, lo cual no quita que los humanos seais un poco…

-¿Qué? – Preguntó la pelirroja.

Ella se quedó pensativa buscando la expresión adecuada. – No se…caóticos.

Ginny y Harry se miraron interrogantes. - ¿Caóticos?

Ella se sentó en una butaca frente a ellos. – Si, caóticos. – Medio rió, era la primera vez en su vida que reía, los unicornios no lo hacían al menos de esa forma. – Los seres del bosque también comen, protegen a los suyos, sienten, viven, pero vosotros los humanos sois diferentes.

El chico se echó para atrás con las manos tras la nuca. – Bueno la verdad es que somos un poco complejos. ¿Te cuesta dominar las emociones no es así?

Ella asintió con la mirada. – No logro comprenderlas. Hasta ahora todo en mi era inalterable, como el tiempo. Nosotros sentíamos otro tipo de emociones, pero no de la misma forma que vosotros. Solo una vez había sentido temor, y me sigue atormentando. De hecho fue ese temor lo que llevó a los míos a la destrucción.

-¿Es por lo que contaste en el despacho?, ¿Lo de la otra vez? – Preguntó la pelirroja apretando la mano de su novio.

Ella no contestó pero su rostro se contrajo en un gesto de dolor contenido. –Los humanos os pasáis la vida deseando la inmortalidad. Pero en verdad no entendéis la maldición que implica.

-Voldemort quería ser inmortal, incluso bebió sangre de…- Harry se calló en seco y vio la punzada de dolor en los ojos de ella.

-Lo sé. – Murmuró la joven. – Cinco unicornios quedábamos en el bosque, muy raramente nos encontrábamos, nos gusta la soledad. – Ella suspiró su mirada estaba perdida. – Un día penetró en nuestra mente, conocía nuestro dolor, nuestro sufrimiento. Nos dijo que terminaría con todo que sería rápido, y ellos acudieron a su llamada, uno a uno. Yo también quise seguirlos, pero algo me lo impidió. – Ella miró a Ginny que la observaba en silencio.

- Su llamada era muy fuerte, lo sé bien. – Aquello despertó terribles recuerdos en la mente del chico, su primer curso, cuando junto con Hagrid descubrieron el cadáver del que creyeron era el ultimo unicornio.

-No sé porque cuento esto ahora, necesitaba compartirlo de alguna forma. – Murmuró con cierto desconcierto.

- Se llama alivio. Sientes alivio al contarlo. Sonrió la pelirroja.

-Alivio, otra emoción. – Comentó agachando la cabeza. – Si vuelvo a ser un unicornio, no sé como podre vivir con todo esto.

-¿Y si no vuelves? – La chica la miró con ojos brillantes. – No sé, ahora estas a salvo, tan malo sería ser humana.

Ella ladeó la cabeza en un gesto poco humano.

-No digas tonterías Ginny, ella es lo que es. – Espetó Harry de golpe.

-No conocemos el hechizo que la transformó, podría ser permanente. – Le respondió la chica.

-Pero eso, sería descabellado. También puede debilitarse y cambiar ahora mismo. ¿O no?

Ella se había quedado ensimismada pensando en las palabras de la pelirroja, ajena a la discusión de la pareja. Volvió a rozar su mano, evocó el contacto de sus dedos en su piel. "Ser humana, para siempre."

Hasta aquí este capitulo.

Espero ansiosa sus criticas.

Besos a todos