Hola a todos de nuevo, he tardado en subir el capitulo, por que mi router se quemo, y los ladrones de la compañía de teléfonos se están tomando con calma reemplazarlo. No espabilan ni a fuerza de reclamaciones.
Pero aquí me tiene de nuevo, espero que les guste.
13. A Través del tiempo.
- Nunca dejaré que la atrape, me oye, nunca. Me he jurado que la protegería y lo hare. - Ella se limitó a asentir levemente. - Ahora cálmese, no quiero que los estudiantes nos vean forcejeando por los pasillos.
Por un instante se miraron fijamente, la seguía sujetando contra la pared, lleno de furia. "Si esa bestia hubiera sabido que ella estaba fuera, si la hubiera visto, si la hubiera reconocido…yo…" La respiración de ella estaba acelerada por la carrera, su pecho ascendía y descendía a un ritmo frenético, y la forma en que lo miraba, tan inexpresiva. Volvió en si de pronto, y se dio cuenta que debía de estar haciéndole daño, soltó la presión de sus manos, lentamente, quiso apartar los ojos de los suyos pero simplemente no podía.
-No quiero que nadie sufra por mi causa. – Suplico la joven al tiempo que apartaba la vista y un leve rubor teñía sus mejillas.
-Esto no es solo por usted. – Se apartó de ella recuperando la compostura. – Sígame al despacho de Dumbledore.
Ella asintió y le siguió por el vestíbulo, a través de diferentes escaleras y corredores. Su respiración seguía acelerada, no era solo por la carrera, o la presencia de ese ser. Sino por él, se habían evitado desde el día anterior, tenía terror a encontrarse con él, tanto como al monstruo, sentir sus fuertes manos sujetándola, sus negros ojos clavados en los suyos, su cálido aliento sobre su rostro. No era él, ella sabía que no la dañaría, que la defendería hasta de sí misma. Era a ella misma, a las reacciones de ese cuerpo cuando él estaba cerca, esas emociones que no sabía identificar y le aterraban.
La gargola del fénix se abrió ante la contraseña y subieron el estrecho último tramo de empinadas escaleras. Los dos se pararon un instante antes de entrar al despacho. – Siento si he sido brusco con usted. – Se disculpo el hombre suavemente. Ella que aun trataba de recuperar el aliento, alzó la vista y lo miró, con aquellos indescifrables ojos azules. Pero por un momento creyó leer en ellos un rastro de anhelo. Cómo podría ser leer en esos ojos, que habían visto miles de años pasar ante ellos. Deseó con todas sus fuerzas poder tocarla, poder al menos acariciar su dulce rostro.
Unos apresurados pasos en la escalera le hicieron salir de sus pensamientos, se volvió para ver al Niño que vivió, subiendo al trote acompañado por su "mascota", Weasley.
-Profesor, Selena. Saludaron los chicos.
Severus recuperó la compostura. -¿Estaba enterado de esta "Aventurilla", Potter? - Prácticamente escupió las palabras.
El chico tomó aire ante él y miró a la unicornio, la chica seguía sofocada, Temió enseguida que ella hubiera sido víctima de una de sus broncas. - ¡Profesor, no le habrá…!
-No, por las barbas de Merlin, se cree que soy Filch.-Bufó indignado. - Pero Hagrid si que se merecería una buena sanción por ponerla en peligro de un modo tan infantil.
La puerta del despacho se abrió de golpe tras ellos, dando paso a una directora bastante pálida, los miró a los cuatro con gravedad. - Ese monstruo ha vuelto al bosque, ¿no es así? - Miró inquisitivamente a Snape y le tendió la mano a la muchacha para hacerla pasar.
-Fue una imprudencia, Minerva. - Comenzó el profesor caminando tras ellas. - Si yo lo hubiera sabido…
-No podemos tenerla encerrada. - Le cortó la mujer bruscamente. La sentó en una butaca, y le ofreció una taza de té. Ella negó con la cabeza.
Un fogonazo verde en la chimenea les hizo volverse a los cuatro. -" ¡El que faltaba!" -Pensó Snape arqueando la ceja y con su peor cara de asqueo, al ver que el que acababa de hacer la entrada era su "adorado" Black.
-¿Qué tal Canuto?, ¿Te aburriste de buscar huesos?- Espetó con su voz más sarcástica.
El animago hizo una mueca de asco. - ¿Quién invitó al murciélago grasiento? ¿Creía que esto era una reunión de personas? -Miró a la chica que lo observaba con gesto desconcertado. - Señorita. - Saludó efusivamente acercándose a la muchacha con una sonrisa deslumbrante. La cara del profesor de pociones se tensó más si cabía. - Es un placer volver a verla. - El animago se inclinó le tomó la mano y la besó delicadamente. Los ojos de Snape se estrecharon en una rendija, prácticamente le salía humo por las orejas. Pero para su consuelo la chica parecía ignorar completamente al "chucho", él y sus malditas rosas.
-De nuevo insultándoos. - La voz de Albus sonó jocosa desde el retrato, Snape bufó, y Black le sonrió con su gesto de niño bueno. - Sentaos de una vez los dos.
Harry y Ron amagaron una risilla, al tiempo que los dos hombres daban un bufido y tomaban asiento en los dos extremos del salón, la directora McGonagall se limitó a mirar al techo con resignación.
-Bueno, ya saben por qué les he llamado. - El director les miró por encima de sus lentes de media luna. - Lo de la otra noche no fue algo puntual, esa bestia ha vuelto. Y volverá hasta que encuentre a la señorita.
La chica se levantó de golpe, con los puños apretados a los lados del cuerpo, su cara se contraía con rabia, en una reacción que les sorprendió a todos. - ¡Ustedes no me han dejado ir! Es que no entienden, que si no voy con él empezará a matar. - Gritó la chica. - No hay forma de detenerlo, es imposible.
-Cálmate, niña. Susurró Minerva tomándola por los hombros.
-Si que existe, tú misma lo dijiste. - Espetó el ex director mirándola duramente. - Una de tu raza logró sellarlo hace mas de 1300 años, y tú harás lo mismo. Esa bestia es una amenaza para el mundo mágico y no debe seguir suelto.
-Pero yo no sé cómo. - Susurró ella bajando la cabeza.
Albus los miró con gravedad. - Pero se quien lo sabe. - Murmuró con aire enigmático.
- ¿Qué quiere decir? - Preguntó Potter ajustándose las gafas.
-Schmendrick el Grande, él sabe como derrotarlo.
Severus sacudió la cabeza incrédulo. -Schmendrick está muerto hace más de mil años. Es que acaso le has encontrado entre los fantasmas.
El ex director chasqueó la lengua. -No, su espíritu se desvinculó del mundo hace mucho.
-¿Entonces? - Preguntó Black cruzando las piernas.
-Muy simple, si las respuestas no pueden llegar a nosotros a través de las brumas del tiempo. - Los miró a todos, manteniendo el suspense. - Nosotros las cruzaremos.
Harry y Ron se miraron. - ¿Cruzarlas? - Cantaron a coro.
Snape soltó una carcajada. - Eso no es posible, no hay ningún gira tiempo tan potente. Albus se te ha ido del todo la chaveta. -Pero calló en seco al ver la cara del espíritu.
-Si que existe un artefacto, pero es raro, el único. – Comentó mirándolos inquieto.- Es un translador especial, muy especial. Permite a quien lo usa trasladarse en el espacio y en el tiempo.
-Y dónde está esa maravilla. – Preguntó despreocupado Black poniéndose las manos tras la nuca.
Albus lo miró divertido. – Aquí mismo. – Sirius medio se cae de la silla y los demás lo miraron sorprendido.
El ex director se llevó un caramelo a la boca. – Claro, además Harry ya lo ha usado antes.
Todos miraron al chico con los ojos muy abiertos. – La Copa de los Tres Magos…- Susurró el chico aun perplejo, el viejo asintió entre risillas.
-La cuestión está en que solo la puede usar quien ya haya estado antes en ese tiempo o lugar, o si tienes alguna conexión con alguna persona allí. Harry pudo usarla por la propia conexión de Voldemort con él. -Anunció el anciano.
Severus miró a la chica que tenia la mirada fija en el retrato. – Entonces solo…
-Si, muchacho, ella puede ir allí. Si es capaz de visualizar la esencia de Schmendrick dentro de su mente.
Snape se puso de pie furioso. – Eso es demasiado peligroso…
-¿Más peligroso que estar aquí con ese demonio rondando? - Le cortó el anciano mirándolo fijamente.- Además no irá sola.
-Yo iré. – Saltó Potter con gesto decidido.
-Se que quieres ayudar, pero tienes los EXTASIS en pocos meses. – Minerva lo miraba inquisitiva, la verdad es que tenía sus estudios algo abandonados. El chico puso mala cara y se hundió en el asiento.
-¿Entonces? Preguntó el pelirrojo.
Sirius se puso de pie ceremoniosamente. – Deduzco entonces que YO, acompañare a la señorita.
"¡Y una mierda!" Pensó Snape lanzándole una mirada criminal, y apretando la mandíbula. Dumbledore lo miraba de lo más divertido.
El ex director chasqueó la lengua. – Pues había pensado que fuerais tú y Severus. – El último miró a Black alzando una ceja en un gesto poco amistoso. – Después de todo el profesor está muy versado en artes oscuras y magia antigua.
-Y tan oscuras. – Mascullo el animago mirando con odio a Snape.
La chica se encogía más en su asiento, no entendía mucho lo que pasaba. Pero algo tenía claro, que pasaría tiempo con él.
-Me parece bien, pero, ¿mis clases? – Preguntó el profesor.
-No te preocupes por eso, la copa os devolverá exactamente al mismo momento en que os marchéis.
-Por mí cuando quieras. Dijo Black animadamente alisándose la llamativa chaqueta granate.
Dumbledore le hizo una señal con la cabeza a Minerva que se deslizó en un pasadizo oculto tras un armario.- Espero que sepáis comportaros ante la señorita. – Los dos magos lo miraron con gesto indignado.
Ella continuaba sumida en sus pensamientos, mirando fijamente sus manos enlazadas sobre su regazo. – Señorita, ¿podrá hacerlo? – Le llamó la voz del ex director sacándola del trance. Ella alzó el rostro y miró al hombre que la observaba desde el retrato con ojos cándidos. – ¿Recuerda al mago que ayudo a liberarlos?
Ella se quedó un instante en blanco, evocando aquella playa. Los suyos corriendo, huyendo, los ojos de su salvadora, tristes, empañados por el llanto, un llanto humano, fijos en el cuerpo del hombre tendido sobre la arena. Y sobre el cuerpo tratando de protegerlo, un hombre y una mujer. Si, recordaba la imagen de aquel tosco hombrecillo de ojos verdes, cabellos castaños y enorme nariz, ataviado con unas ropas azules que prácticamente eran arrapos. Recordaba su olor, la esencia de la magia nueva, fresca que emanaba de él. Asintió levemente. – Sí, creo que lo recuerdo. Es un recuerdo borroso, pero está ahí.- Dijo casi en un suspiró.
-Ahora todo depende de usted. Respondió el anciano al tiempo que una mano joven aferraba la suya, ella se volvió para mirar a Potter, que se aferraba a ella para darle ánimos y le sonreía, ella le devolvió el apretón y se puso de pie lentamente. Al tiempo que la directora volvía por el corredor con la copa en sus manos.
Todos guardaron silencio mientras la depositaba sobre la mesa de centro. – Aquí la tienen. –Musitó la mujer con respeto. El objeto palpitaba con una brillante luz azulada que iluminaba toda la estancia.
Ella tragó saliva y avanzó hacia ella, Black y Snape se miraron muy serios y luego a la copa.
-Una cosa más. – Interrumpió Dumbledore, todos lo miraron. – Solo tenéis 24 horas para volver, pasado ese tiempo no podréis usar el cáliz, así que no os encantéis demasiado. Y aunque viajéis a la edad de la magia, no abuséis tampoco. – Todos asintieron. – Ahh, y pensad que si alteráis algo, podéis cambiar el presente, así que…
-Que si, Albus, que sí. – Ladró el profesor de pociones. – Que ya no somos unos críos para que nos leas la cartilla.
(¬¬) – Pues yo creo q sí. -Comentó Minerva al oído de los Gryffindor haciendo que los dos chicos esbozaran una sonrisa. Detalle que no se escapo a Snape, el cual los fulminó con la mirada.
La profesora se acercó a la muchacha y le ajustó la túnica negra sobre los hombros, en un gesto maternal. - ¿Estarás bien querida?- Ella asintió.
-Cuando guste, solo tiene que agarrar la copa y visualizar a la persona que buscamos. – Black le tendió la mano hacia la copa, ella se acercó a la mesa, y los dos hombres se pusieron uno a cada lado de ella.
Miró un momento más la copa y aferró una de sus asas, mientras sus acompañantes hacían lo mismo, tomó aire un instante y miró a Severus, él le devolvió una leve sonrisa. – No tenga miedo, intente concentrarse en ese hombre. – Le susurró suavemente acercándose a ella, sintió la calidez de su cuerpo junto a ella y eso la calmo. Cerró los ojos, tratando de verle de nuevo, sintió esa magia, vio a la mujer de alborotada cabellera castaña que se abrazaba a él, tomó aire. Y de pronto una luz azulada los envolvió absorbiéndolos en un torbellino.
Sus músculos se tensaron, el estomago se le contrajo, dio un grito por la sensación de vértigo. Un brazo rodeó su cintura firmemente, dándole seguridad, no necesitó abrir los ojos para saber que era él. De pronto empezaron a caer, más y más deprisa. Casi inconscientemente se aferró al hombre que la sujetaba enterrando la cabeza en su pecho y sujetando su túnica con la mano que no asía el translador. Luego todo se tornó negro.
Le dolía todo el cuerpo, trató de moverse pero algo se lo impedía, abrió los ojos lentamente, y lo primero que vio fue la túnica negra de ella pegada a su cara. Sacudió la cabeza y fue más consciente de la situación, se encontraba tirado en un suelo pedregoso con la muchacha unicornio sobre él, aun la mantenía abrazada por la cintura sobre su pecho. ¿Entonces lo que aplastaba su cara eran sus…? O_O ….AAAaaaahhnhhhh. Abrió aun más los ojos y la hizo rodar de costado para sacarla de esa comprometida situación y depositarla delicadamente sobre el suelo. Se incorporó un poco y la observó un instante, aun no había recuperado la consciencia, pero su mano aferraba aun con fuerza la copa. Por ese instante se olvidó de todo y se limitó a mirarla, retiró unos mechones de pelo perlado de su cara, era tan suave y sedoso. Se hubiera quedado allí para siempre, si no fuera…
-¡QUEJICUSSS! – Maldijo por dentro e hizo su peor gesto de asco al oír la voz de Black a unos cuantos metros de distancia. "No podía haber caído en otro siglo, el muy…"
Se terminó de incorporar quedando sentado en el suelo, se llevó la mano detrás de la cabeza donde había recibido un buen golpe al caer, de seguro tendría un buen chichón como recuerdo. Miró a su alrededor, el paisaje era muy diferente del de Hogwarts. Se debían de encontrar sobre algún tipo de formación montañosa, ya que todo lo que se veía eran moles de roca granítica, la tierra era yerma y arenosa, y apenas había alguna rama calcinada. Miró la copa que aun sujetaba en la mano y había dejado de brillar, su billete de vuelta, con un pase de varita la encogió y la guardo cuidadosamente en un bolsillo interior de su abrigo.
La chica se removió a su lado, parecía que despertaba.
Pronto Black apareció en su campo de visión tambaleándose, al parecer su caída tampoco había sido demasiado suave. - ¿Se puede saber dónde diablos estamos, Quejicus? – Atinó a decir tratando de mantener el equilibrio.
-Pregunta mejor cuando, chucho.- Respondió secamente, bajo de nuevo hacia ella que ya le miraba con sus grandes ojos azules. - ¿Está bien? – Susurró, ella apenas asintió y esbozó lo que parecía una sonrisa. – ¿Cree que podrá levantarse? – Volvió a asentir. El la tomo de la mano y suavemente tiró de ella para ayudarla a ponerse en pie.
-Como usted dijo, esto ya es una costumbre. – Susurró apenas con su suave voz. Él esbozó una media sonrisa.
-¿Conoce este lugar? – Preguntó el animago llegando hasta ellos, que ya estaban de nuevo en pie.
Ella miró a su alrededor, concentrada en su memoria, cerró los ojos y comenzó a oler el aire. Frunció el ceño y arrugó la nariz. El olor que sentía era familiar, pero no lograba situarlo. Era algo, antiguo, peligroso. – No estoy segura. – Comenzó. – Pero este sitio, huele a…no sé.
-¡Fosforo! –Interrumpió Snape con un gesto de preocupación en su rostro. La miró interrogante.
-No es otra cosa, algo vivo, es…- No pudo acabar la frase, un terrible rugido les hizo tambalearse.
Snape la cubrió de nuevo con su cuerpo poniéndose delante de ella con su varita ya en la mano, Black sacó rápidamente la suya y se puso junto a él, los dos hombres se miraron con el rostro sudoroso. - ¿Eso suena a lo que yo creo? – Preguntó Black.
Severus tragó saliva. – Si, me temo que sí.
Un nuevo rugido los hizo retroceder dos pasos. Y junto al rugido unos ruidos como de metal chocando y unas fuertes pisadas sobre la tierra que se acercaban más y más a ellos.
Los tres saltaron hacia atrás al verlo alzarse sobre las rocas, aferrándose a ellas con sus garras delanteras, su piel gris cuarteada, surcada de espinas y protuberancias, sus ojos amarillos brillaban llenos de furia. Era un dragón, pero no un dragón cualquiera, este era el colacuerno más grande y cabreado que habían visto en su vida. Aquel al que se enfrento Potter en el Torneo de los Tres Magos era una iguana comparado con este. –Mierda, mierda, mierda, mierda…- Comenzó a articular Sirius con un tic en el ojo derecho, miró a Severus con cara de "Cuando gustes".
De nuevo la bestia rugió, tomó aire y un torrente de fuego surgió de sus fauces, pero extrañamente no les apuntaba a ellos, de hecho parecía ignorarles completamente, su objetivo se encontraba detrás de las rocas en las que estaba encaramado. Los dos magos se miraron al ver que el fuego rebotaba contra algún tipo de barrera mágica a tiempo que se oía el relincho de un corcel.
-Mejor nos largamos mientras esté ocupado. – Apuntó el animago alzando las cejas y sonriendo nervioso.
Severus no tuvo tiempo de contestarle, la chica salió de tras él, y decidida avanzó hacia el dragón. - ¿Pero qué diablos?- Ladró el profesor agarrándola por el brazo, ella le miró con algo que parecía rabia e indignación.
-No puedo dejar que le hagan daño, está sufriendo. – Protestó la chica tratando de soltarse y dejando a los dos con la mandíbula desencajada. Mientras la bestia seguía su lucha con quien o lo que fuese.
Black sacudió su alborotada cabeza con gesto de incredulidad y señaló al dragón con indignación. – A ver preciosa. ¿Qué parte de ESO es un dragón, chungo, asesino, comegente no entiendes? – Le gritó histérico.
Ella le miró con furia, apretando la mandíbula. – Es un hermano, es como yo.
Snape la miró con gesto inescrutable. – Ya oyó a Albus, no podemos interferir. Podríamos causar daños irreparables. – La tomó del brazo suavemente y ella lo miró implorante.
-Quejicus…- Llamó su compañero con la cara desencajada. Se volvieron de nuevo hacia donde estaba el dragón, este se había girado hacia ellos, sus ojos estaban fijos en ellos, bufaba con fuerza, y ahora si parecía dispuesto a atacar. Una de sus garras se cerró sobre un saliente de la roca que estalló en mil pedazos.
Severus con un rápido movimiento se volvió a poner delante de ella, alzando su varita frente al animal. Justo a tiempo de que este les lanzara una potente llamarada. Con sendos "protego" los dos magos generaron una barrera de energía azulada, desviando el fuego a los lados y sobre sus cabezas.
-¿Que te dije? – Bramó Sirius retrocediendo, y con la guardia en alto.
-Esta asustado. –Protestó la chica. – Y cree que queréis hacerme daño.
Los dos la miraron interrogantes- ¿Puede hablar con él? – Preguntó Snape con cierto desconcierto.
Ella asintió. –Con él y con cualquier otro ser vivo.
Hasta aquí otro capitulo, espero que les este gustando.
Y ya saben un review cuesta muy poco y me gusta saber su opinión, acepto todo tipo de criticas y sugerencias.
Besos a todos
