Hola a todos aquí me tiene de nuevo, espero que les guste.
16. Schmendrick el Grande
Black parpadeó varias veces, su cara se tornó por un momento más pálida que la de Snape, tragó saliva y miró perplejo a este que le devolvió una mirada socarrona. Aquella loca harpía era su hija, como había estado tan ciego, tenía que haberlo supuesto. Pero la muy pécora no les había dicho nada, todo el tiempo se estuvo riendo de ellos, de él.
-¿Vuestra…hija? - Balbuceó este aun en estado de shock.
El mago asintió divertido. - Melisande, es la menor de mis cuatro hijas. Y heredera del reino, Mi señor el rey Lir la adoptó como hija, es la legítima señora de estas tierras.- El viejo rió entre dientes. – He de reconocer que el condenado carácter de una de su madre, pero amplificado.
-¿Esa Harpía es su hija? – Las palabras brotaron de su boca casi inconscientemente, se quedo con la boca abierta, vio la mirada de Severus y la cerró de golpe.- "Vale, Sirius eres un crack, cuando se trata de buscarte enemigos lo haces a lo grande."- Rumió el animago para sus adentros.
Snape parpadeó, eso respondía a la pregunta de porque el translador los había mandado tan lejos del tal Schmendrick. La energía de esa joven era la misma que la de su padre.
-¡Si, su hija! – Resonó una voz femenina en la estancia. Black se giró hacia la escalera que llevaba a la planta alta. Por ella majestuosamente, descendía la castaña, sus refulgentes ojos verdes clavados en él, con arrogancia y desprecio. Se había despojado de su armadura, y llevaba puesta una túnica granate de corte romano. Dejaba los brazos descubiertos, se cerraba en los hombros con dos broches dorados, caía sobre el generoso pecho con amplios pliegues, mostrando un amplio y sugerente escote en uve que al animago le hizo tragar saliva. Debajo del pecho, hasta la cintura se ceñía con un cordón dorado, en varias vueltas, la falda caía suelta hasta el suelo y arrastraba tras ella por los escalones. –Pareces sorprendido mago. – Sus ojos destellaron con malicia.
El se limitó a dar un gruñido y apartar la vista de ella. La idea de darle esa tunda de azotes volvió a aparecer en su mente, resultando extremadamente atractiva.- "¿Quién hubiera dicho que bajo esa armadura se escondieran aquel par de…wwooooww?"- Se dio a sí mismo un par de cabezazos mentales y apartó la idea de su mente. La odiaba, la odiaba muchhhooooo.
-Entonces, ya os habrá puesto al tanto de sus ataques en nuestra tierra. - La voz de Snape sacó a su compañero de sus cavilaciones.
-Así es, pero sigo sin comprender como puede seros útil este viejo. – Comentó el anciano rascándose la nuca.
-¡Como que no comprendéis! – Exclamó nervioso Sirius. –Vos sois el único que ha derrotado a ese monstruo.
El viejo rió a carcajada limpia, los tres lo miraban desconcertados, mientras que su hija le limitaba a torcer la boca en una mueca sarcástica y cruzarse de brazos sobre el pecho. – No sé quien os ha contado eso, pero las cosas no fueron así.
Severus miró al viejo con la cabeza ladeada y una ceja alzada.
-Así es, joven mago. Yo no vencí al Toro, por la misma razón que yo no transformé al unicornio. Su magia es de la misma naturaleza que suya. – Señaló a Selena con la mirada. – Fue Amalthea quien lo derrotó, quien lo sepultó en las profundidades del océano, no yo. ¡Ni mucho menos!- El hombre se volvió hacia su trono y se sentó pesadamente.
-Entonces no hay forma de vencerle, se la llevará sin remedio. – Bramó el animago señalando a Selena con el dedo.
El viejo miró a la chica fijamente, de una forma que le hizo estremecerse. – Si que puede vencérsele, ella es la única que puede.
-Yo…así… ¿Cómo? – Murmuró la joven.
-Con valor mi niña, con valor. – Le contestó. – Y con tu verdadera forma, solo así.
Un escalofrió recorrió a Severus al oír la referencia a la verdadera forma de ella. –Y no hay otra alternativa. – Murmuró con gravedad.
La cara del mago se tornó sombría. – El toro es un enemigo implacable e imposible de detener. Una vez se fija una presa no parará hasta obtenerla, por lo que…- Volvió a mirar a la unicornio. – Ella nunca estará a salvo, aunque sea en esa forma. La seguirá, la acosará, hasta su muerte, y arrasara lo que sea para obtenerla. Es un ser maligno, sin alma, sin piedad.
-Pero actúa dominado por alguien, no es así. –Interrumpió el animago.
El anciano asintió complacido. – Veo que sabéis bastante. El toro carece de voluntad, solo es una encarnación de la sombra, de la maldad, de los temores más profundos. En el principio todo fue creado junto a su contraparte, bien y mal, luz y tinieblas, y ambos son necesarios. Ella. – La señaló con el brazo extendido. – Es la luz, su encarnación más pura, su contraparte. Es la voluntad de otro lo que lo guía. Igual que en el pasado fue el Rey Hagard. Perseguirá a todos los unicornios hasta que los tenga en su poder, y la buscará a ella más tarde o más temprano.
-No hay más unicornios ella es la ultima. – Murmuró el profesor.
-Eso no es posible, fueron liberados a miles, y volvieron a sus bosques. – Hablo la castaña con gesto confuso acercándose a su padre.
Sirius miró a Selena con gesto grave. – No, allá de dónde venimos, ella es el ultimo. Todos los demás han muerto.
El mago y su hija se miraron, sus rostros habían palidecido de golpe. – Eso es imposible los unicornios son inmortales, eso lo sabe todo el…
-No somos inmunes a la espada. – Susurró la joven. – Y nuestra alma ya estaba herida de muerte. Ellos mismos se inmolaron, yo simplemente esperé.
El anciano miró a Severus con el ceño fruncido. – Creo que no habéis contado toda la verdad, ¿de dónde venís en realidad?
-¡Díselo, Quejicus! - Espetó el animago, algo asqueado. – Un mago tan poderoso no debería extrañarse.
Severus tomo aire. - No venimos de un reino lejano. Venimos del futuro. -Soltó con tono de fastidio.
-Del año 1998, para ser exactos. - Puntualizó Black con una sonrisa.
Schmendrick se limitó a encogerse de hombros. - Porque será que no me sorprende. - Comentó despreocupadamente volviendo a mirar a la unicornio que ya lo observaba más relajada.
- Por eso me parecíais raros.- Comentó su hija por lo bajo, con una sonrisa
-Bueno, de donde vengáis en el fondo carece de importancia. – Murmuró el viejo con tristeza. –Pero sí que es cierto que lo que dices es desalentador. Mucho dolor se produjo en esos días sombríos, personas muy amadas sacrificaron mucho por la derrota del Toro. Lo que dices implica que nada de eso sirvió a su propósito.- Su hija se apoyo en su hombro, el hombre parecía abatido. La imagen de Amalthea tomada de la mano con Lir, rogando no ser cambiada de nuevo. Sus ojos azules suplicantes, en aquella cueva, debatiéndose entre su amor y el deber a los suyos. Tal vez de haber dejado las cosas como estaban mucho dolor se habría ahorrado, el dolor de Amalthea, condenada a una vida eterna de soledad, el dolor de su amigo y señor por la mujer a la que amo más que a nada y se vio separada de él, y el dolor de aquellas criaturas que habían conocido el sufrimiento, la angustia y el temor, y que veía ahora a través de los ojos de la joven que tenia ante él. En un futuro ese dolor les causaría la muerte, el destino del mundo había sido el mismo de todos modos, un mundo sin unicornios. – Fue un error, todo fue un error. – Murmuró sacudiendo la cabeza con gesto abatido.
-No padre, no fue un error. Las cosas debían de suceder en el momento adecuado. – Saltó la chica con furia. – Además tú lo has dicho, la magia fue la que lo hizo, no tú. Nada podías hacer, solo dejarte llevar por ella.
El hombre meneó la cabeza nuevamente. – No, la historia no debía haber terminado así, fue un final equivocado y triste.
-No, padre, tal vez la historia este aun inconclusa y de alguna forma se deba cerrar en ese futuro del que nos hablan.
El hombre alzó la mirada hacia la unicornio que se había acercado hasta él y le tomaba de la mano. La muchacha le sonreía dulcemente. – Tienes razón, la historia no termino, solo fue un punto y aparte. Y el deber de este viejo es ayudaros a darle un final correcto. – Acarició con el pulgar la mano de la joven que se aferraba a la suya, la miró a los ojos. – Ahora tú debes ser capaz de dárselo.
Ella tragó saliva.
El mago miró a los dos hombres de pie ante él. – Tal vez la solución no sea destruir al toro. – Ellos se miraron el uno al otro.
-Eso ya lo había pensado. Destruir a quien lo controla. – Murmuró Snape Con aire sombrío.
-¿Pero cómo encontrarle? Debe de ser muy poderoso.
-Solo Mabruck sabía como convocar al Toro, y sus secretos nunca fueron revelados. – Comentó el anciano. – Una verdadera lástima, tanto conocimiento perdido.
- Cierto, él fue el que le mostro la forma al rey Hagard. – Puntualizó la chica.
-Entonces ese rey también debió ser un mago muy poderoso. – Murmuró Black. El viejo estalló en carcajadas.
-¿Mago? ¿El Viejo Hagard? NOOO, en absoluto. Carecía de poder de ningún tipo, solo aquel que le otorgaba el Toro y el propio Mabruck mientras estuvo a su servicio.
-¿Estáis diciendo entonces que ese rey era un muggle? – Sirius no salía de su asombro.
La castaña puso cara de extrañada. - ¿Muggle? ¿Qué es eso?
-Persona no mágica. – Aclaró Snape. – En nuestra época llamamos así a aquellos que no poseen ningún tipo de magia.
-Eso no tiene sentido, la magia puede usar a quien quiera, cuando quiera. – Replicó la joven.
-Hija es posible que todo haya cambiado de tal forma que solo unos pocos tengan la sensibilidad para ser usados. Mira a tu madre, no he conseguido ni que sea capaz de encender fuego.
-Madre es madre. – Rumió la chica.
La cabeza de Snape continuaba trabajando. – Solo ese Mabruck conocía la forma de convocar al toro, la profecía de Sibil empezaba a tomar forma…por ambición y sangre muggle convocado…y si no es un mago, sino un muggle.
Sirius lo miró desconcertado. - ¿Qué dices quejicus? Eso es una tontería, como va a ser un muggle, ellos no creen en la magia, es absurdo, sin duda debe ser un mortifago.
-Y si ese libro existe, el Grimuario de Mabruck. – El anciano palideció al oir las palabras del profesor. – Y si lo tiene, tienes idea de la cantidad de magia oscura que puede haber en ese libro maldito.
-Ciertamente es un libro maldito. – Comentó con voz temblorosa. – Y por ello lo ocultó antes de morir, en manos equivocadas puede llevar al mundo a la destrucción. No, ciertamente no sabéis las fuerzas con las que estáis tratando.
El viejo se puso de pie y caminó por la sala. – No solo es el Toro, ese libro puede abrir los tres sellos de los infiernos, consumirá a su poseedor, hasta convertirlo a él mismo en un demonio sediento de poder, sangre y destrucción. Solo os queda rezar por que los rituales no hayan sido realizados. – El viejo dio un bramido de frustración. – ¡Maldito viejo loco, tenía que haberlo destruido!
- Joder, porque todos los pirados megalómanos nos tocan a nosotros. ¿Y si es tan fuerte para que la quiere? – Black señalaba a la chica unicornio que los miraba perpleja.
-Sin ella no podrá lograrlo, ella es la principal fuente de poder, la vida eterna. Necesita tener bajo su control las dos formas de magia pura, y podrá llevar a cabo su propósito.
Los ojos de Severus se encontraron con los azules. – ¿Y si ella…no recupera su forma?
El anciano lo miró fijamente, el profesor sintió la punzada en su mente, como un reflejo alzó sus defensas evitando la intrusión. El viejo sonrió para sí. – Podría ser una idea. Pero si ha llegado tan lejos, no parará hasta tenerla, sea en esta forma o en la suya propia.
-Estamos donde al principio. – Bufó frustrado el animago. –Podríamos buscar ese grimo… lo que sea y destruirlo, así no llegara a nuestro tiempo y asunto resuelto.
Snape aspiró profundamente. –Te recuerdo que solo teníamos 24 horas, de las cuales ya hemos consumido casi la mitad, y no creo que sea tan fácil encontrarlo.
-Desechad la idea, muchos magos hemos buscado ese libro y ha sido imposible hallarlo Creo que debemos pensar con calma, y se piensa mejor con el estomago lleno. –Comentó alegremente el anciano.
Palmeó dos veces y la chimenea se encendió de golpe, junto con más antorchas de las paredes. Varias criadas y siervos aparecieron por la escalera portando enormes bandejas de comida y rápidamente comenzaron a preparar las mesas para un banquete. – Supongo que me haréis el honor de acompañarme a mi mesa.
Una mujer de alborotados cabellos grises apareció por la escalera. Tenía los ojos color avellana, su rostro estaba ya arrugado por los años. Portaba una túnica verde oscuro de amplias mangas, un cordel dorado a la cintura y una capa negra enganchada sobre los hombros con dos broches también dorados. La mujer miró a Selena y sus ojos se llenaron de lágrimas. –Tu… - Se acercó llorosa a ella y la abrazó. - …Melisande me lo había dicho, pero no podía creerlo, otra vez, lo mismo.
-Mi esposa Molly Grue, ya os dije que lloraría como un bebe cuando la viera. – Comentó alegremente el viejo mago.
-AHHHgg. Insensible carcamal, no entiendes nada. – Se apartó levemente de la chica y le acarició el rostro, la joven miraba a la anciana desconcertada. – Ven mi niña, siéntate a mi lado, hay tantas cosas que quiero preguntarte. – La anciana se llevó a la joven a un extremo más tranquilo de la sala, que comenzaba a llenarse de criados, damas caballeros, juglares y música.
-Toma asiento con migo, joven mago. – El anciano señaló dos lugares de honor en la mesa principal a Snape. – Pareces un erudito, me hablaras de la magia en tu tiempo. O al menos lo que puedas contarme.
El profesor se inclinó levemente. – Sera un placer serviros en lo que pueda, señor. – Miró de reojo a Selena, que se había sentado con la anciana, ella también le miraba a él, por un momento creyó que su bello rostro esbozó una sonrisa, una sonrisa para él.
-En fin, mañana sin falta hemos de volver. – Comentó Black alegremente encogiéndose de hombros y mirando el buey asado que portaban dos criados, su estomago emitió un gruñido. – No vamos a desperdiciar toda esta comida, eh Quejicus.
-¿Te vas tan pronto mago? – Rezongó la castaña con tomo burlescamente seductor y entornado los ojos. - …Que lastima…-Y se sentó altivamente al otro lado de su padre.
Sirius también entornó los ojos pero de furia, como era posible que esa mujer le sacara así de sus casillas. –Lo dices porque tienes ganas de la revancha…- Espetó riendo con malicia, mientras tomaba asiento en la gran mesa junto a Snape. Este pegó un respingo, estos dos comenzaban de nuevo, seguro seria una larga velada.
El anciano arqueó una ceja atento a la discusión. - …Puedo machacarte cuando quiera, estúpido chucho…a ti y a tu…varita… ¡ja! - Ladro la chica agarrando con pocos modos un muslo de pollo. Mientras Sirius apuró de un trago la copa de buen vino que le sirvió una rolliza muchacha de rubias trenzas, sus ojos grises fijos en los verdes de la chica, se sonrió.
-Siento deciros mi señor. – Dirigiéndose al viejo, que miraba distraídamente el contenido de su copa – Que vuestra hija necesitaría unos cuentos azotes. –El viejo alzó las cejas divertido.
Ella se rió sonoramente. – Y acaso vas a decir que serias tú quien me los diera. – Ella comenzó a juguetear con el afilado puñal que usaba para cortar la carne.
-Creó que cuando nos conocimos ya te di tu merecido, ¿recuerdas? – Apenas alzó la cabeza en un acto reflejo, el puñal de la chica se clavó en la mesa de madera justo entre sus manos. Ella sonrió malignamente y alzó las cejas, Snape carraspeó y miró a su compañero con un reproche, el anciano se mesaba la barba y miraba al animago con gesto indescifrable. – Upsss, veo que te molesta recordarlo.
El viejo se giró hacia su hija con aire triunfante. – Dime hija, ¿Qué es eso que mis oídos escuchan? – La chica palideció de pronto.
-Este perro no me ha vencido, así que…- Bramó la chica poniéndose en pie, todos en la sala se giraron a ella, el juglar dejo de tañer su laúd. - … ¿Y tú que miras? TOCAAA. – Le gritó fuera de sí. El hombrecillo tragó saliva y siguió tañendo una alegre tonada, automáticamente el murmullo continúo.
-¡Que no te vencí! – Ladró el otro con una gran sonrisa de triunfo en su rostro. – Díselo tu Quejicus. – El mago oscuro alzó las cejas y casi se atraganta con el vino que estaba bebiendo. Este se giró hacia él y lo miró con mueca de: "A-mi-no-me-metas-en-tus-problemas."
-Te recuerdo yo a ti, quien ha terminado rodando por el suelo, doliéndote de cierta parte…. – Espetó la chica mirándolo roja de furia.
Black se puso de pie y la miró amenazante. – ¡Y quien se debatía debajo mía como una anguila! ¡No podías moverte!
-¡JA!. Y te recuerdo lo que paso después. – La chica ya estaba de un color más bien granate.
-Melisande. – Cortó su padre con toda su parsimonia. – ¿De esta conversación puedo deducir que este mago te ha derrotado en combate?
-NOOOO. Bramó la una.
-SIIIII. Siseó el otro entre dientes.
-Por la sagrada magia, es posible que al fin alguien te baje los humos. – El anciano hablaba con calma pero en sus ojos había algo que parecía peligroso.
Ella volvió a empalidecer y a temblar levemente, apretó los puños con ira. – No me ha vencido, no ha nacido el hombre que sea capaz de derrotarme en combate leal.
-Sirius se limitó a reírse y señalarse a sí mismo con la mano. –Salvo yo, claro está.
El caso es, que Snape continuaba callado, tratando de concentrarse en su porción de asado. Pero su sexto sentido le decía que había algo más en juego que el orgullo de la castaña.
-Entonces, hija…- La voz emocionada de su madre llego hasta ellos, la mujer se había levantado de su asiento junto a la chimenea y avanzaba hacia ellos con los ojos vidriosos de emoción.
La chica retrocedió y negó con la cabeza. – No, no y no.- Fuera de sí señaló amenazante al animago. – Y aunque así fuera no pienso casarme con ese maldito perro sucio y asqueroso….esas son cosas que se dicen por decir, mama se lo toma todo demasiado en serio.
Hasta aquí un nuevo capitulo, espero que les haya gustado.
Y ya saben espero sus reviews, critica,s sugerencias, tomatazos, con impaciencia.
Besos a todos.
