Aquí les dejo un nuevo capitulo. De vuelta al presente, y con más problemas.

¿Vomitará Melisande en el viaje? ¿Sobrevivirá Black a ella? ¿Sufrirá Minerva un infarto?

Espero que les guste

18. Regreso a casa

Se encontraban de nuevo en la gran sala. Sirius miraba a Melisande con desprecio patente. Ella iba ya ataviada con su armadura y su capa, su gran espada a la cadera, apoyaba su peso despreocupadamente en una enorme lanza acabada en un filo afilado y brillante. Su madre le ajustaba los broches de la capa sobre los hombros.

-¿Y piensa pasearse por nuestra época de esa guisa? – Ladró con sarcasmo. – ¡Y con ese pincho!

Snape miró al techo con resignación, pronto empezaba la fiesta con el par de tarados.

La hechicera le dirigió una mirada de odio feroz al animago, agarró la lanza de forma amenazante con las dos manos. – Este pincho, estúpido idiota. – Avanzó hasta él que permanecía con los brazos cruzados sobre el pecho. Sus ojos verdes destellaron con furia, Black le dedico una de sus medias sonrisas. – Es Gungnir, la lanza de Odín. – Alzó la lanza ante sus ojos y en un rápido movimiento la lanzó con furia contra la pared, la hoja se hundió en la roca como si fuera de mantequilla. Black tragó saliva, y ella lo miró con una sonrisa de triunfo. – Puede perforar cualquier cosa, hasta la piel del lobo Phenrir.

Sirius se limitó a dar un silbido, disimulando su inquietud. – Sigo pensando que es un pincho grande.

Ella lo ignoró y dando un respingo se acercó a la pared, agarró la lanza y de un tirón seco la desincrustó de su hueco. Sostuvo la hoja ante su rostro y sonrió con suficiencia, no tenía ni un rasguño. – Y yo sigo pensando que tu eres un imbécil. – Rezongó.

-Esto no puede ser. – Bramó el animago. – ¿Y dónde vamos a meter a esta tarada en Hogwarts? - Molly lo miró con el ceño fruncido, y Schmendrick amagó una carcajada.

-Lo que sí es cierto es que Minerva sufrirá un infarto cuando la vea. – Murmuró Snape. Sacudió la cabeza, y sacó la copa del bolsillo. Murmurando un hechizo esta recuperó su tamaño normal.

-Interesante objeto. – Comentó el anciano avanzando hasta la mesa donde Snape la había colocado con delicadeza, ladeando la cabeza observaba su resplandor azulado que inundaba toda la sala, se pasó la mano por la barba. – Oh, ciertamente hay mucha magia contenida en este objeto. Generaciones de magos han volcado en ella conjuros muy poderosos. –Acercó sus arrugadas manos a ella y la recorrió despacio sin llegar a tocarla, pero notando la energía que emanaba de ella. – ¿Esto es lo que os trajo? – Severus asintió.

La unicornio miraba el objeto con recelo, no le había gustado la experiencia de viajar con él, su estomago ya se revolvía solo de pensarlo. Lo único bueno había sido tenerle tan cerca, su brazo rodeando su cintura apretándola contra él. Un cosquilleo le recorrió la espalda, le gustaba demasiado la sensación que él le producía. Vio como sus ojos negros se posaban en ella nuevamente en una invitación a que se acercase y la sensación se intensifico.

-No tenga miedo. –Le susurró. – Esta vez sabemos el lugar sonde queremos aparecer, el aterrizaje no será tan brusco. Confié en mí. – Le tendió la mano caballerosamente. Ella asintió y tomando su mano se colocó junto al objeto, sintió como la apretaba y deslizaba su pulgar sobre su dorso en una suave caricia. Alzó la mirada a sus ojos negros y sintió como su corazón se aceleraba. "Por la magia." ¿Qué era ese sentimiento tan extraño que sentía a su lado?

-Bueno, perro pulgoso, cuando queráis. – Bramó la castaña posicionándose junto a la unicornio.

-No seas temeraria Hija. Esta bestia no es cualquier dragón. – Musitó su padre que tomaba a su madre de la mano, la mujer lloraba a mares.

-Ni yo cualquier hechicera. – Contestó la otra altivamente. – Soy la Dama Dragón.

Sirius dio otro respingo, y aferró la copa junto a la castaña, ella le dirigió una mirada socarrona y él soltó un gruñido.

Severus miró por última vez al anciano mago, siempre guardaría un gran recuerdo de ese hombre tan sabio y excepcional, en sus cansados ojos verdes, creyó reconocer una chispa de esa fuerza que algún día le había llevado a confiar ciegamente en Albus Dumbledore. Alguien ante cuya mirada profunda ni él un maestro en oclumancia tenía nada que hacer. –Gracias por su sabiduría, señor. – Murmuró dirigiéndole una inclinación de cabeza, justo en el momento en que los cuatro aferraron con fuerza el translador. – "No renuncies a tu mañana." – Resonó en su cabeza.

La luz azul los cegó a todos, de nuevo el túnel oscuro los absorbió, con esa terrible sensación de ser lanzados al vació, como si su estomago subiera a la cabeza para luego bajar de golpe. Los cuatro fueron lanzados de golpe y de nuevo se hizo la luz.

Albus continuaba chupando su caramelo, cuando el zumbido y la luz hicieron temblar el despacho, Harry alzó la cabeza de su taza de té y Ron dio un salto en su asiento. Minerva miró al reloj sorprendida, ¿apenas 5 minutos y ya estaban de vuelta?

Unas sombras se dibujaron en la cegadora luz, luego se oyó un fuerte golpe contra el suelo y un berrido femenino. "¿Selena?" Harry parpadeó varias veces, y entre la luz se dibujo la inconfundible silueta de su arisco profesor de pociones, acurrucada contra él, la joven unicornio escondía la cara contra su pecho. "¿Entonces?"

Un bulto empezó a moverse en el suelo, y una maldición muy mal sonante se oyó de labios de una mujer, seguida de una carcajada de alguien familiar, demasiado familiar. - ¿Padrino? – Murmuró El niño, se acercó con cautela, un golpe seco y otra maldición proferida por un hombre, el chico ya palpaba su varita en el bolsillo. Snape y la chica, recuperándose del viaje dirigían sus miradas al bulto que rodaba por el suelo, el uno con su típica mueca más sarcástica, la otra con perplejidad.

-¡Desgraciado! ¡Sueltameee! -Bramaba una desconocida que se retorcía bajo el cuerpo de Sirius.

El animago soltó una carcajada y rodó hacia un costado. – Encantado de la vida, MI SEÑORA. – Esto último con tono de burla.

La directora McGonagall soltó una exclamación al ver a la extraña muchacha que trataba de incorporarse en el suelo. Miró a Black que se limitó a bufar, y a Snape que se encogió de hombros y se apartó el pelo de la cara.

-Alguno de los dos puede decirme que es esto. – Atinó a articular el ex director observándolos por encima de sus gafas de media luna, desde su retrato.

Black y Severus se miraron, la extraña chica se había puesto de pie y empuñaba su enorme lanza mirando a su alrededor desorientada.

-Esto es simplemente un problema más. – Ladro el animago haciendo que la chica saltase en el sitio y le dirigiera una airada mirada.

-Explícate Severus. – Exigió la Directora, que se acercó a él y se llevó a Selena de un tirón. –¿Estás bien, querida? – Preguntó a la chica en un tono maternal, ella se limitó a asentir.

-Bueno. – Comenzó el profesor. – Esto es…

La chica pareció volver en sí. – Soy Melisande de Hagsgate. – Cantó haciendo una reverencia ante la directora. – Hija de Schmendrick el Grande, señor de Hagsgate, y Dama Dragón de Pictia.

-¡Una picta! – Exclamó Albus entusiasmado. - ¡Una antigua maga sacerdotisa picta!

-Más o menos.- Escupió el animago.

La chica se había acercado a Harry y a Ron y los tres se miraban con curiosidad. – Jo, ¡Qué espada tan guapa! – Murmuró el pelirrojo viendo con ojos desorbitados la enorme empuñadura en su cadera.

-¿Y se puede saber cómo han cometido la imprudencia de traerla? – Preguntó Minerva con patente disgusto. – Han quebrantado normas, básicas. Ya te dije Albus que no era buena idea…

-Calma Minerva, habrán tenido alguna buena razón. – Interrumpió el anciano desde su retrato con gesto conciliador. - ¿Severus?

-Su padre insistió en que nos seria de ayuda. – La miró de reojo, y parpadeó varias veces anta la escena que vio, la chica sonreía con suficiencia mientras Weasley se caía hacia delante al tratar de alzar la espada con las dos manos, y Potter trataba de quitársela para probarla. - ¿Se puede saber que hacen? – Espetó, los chicos se cuadraron, y ella lo miró extrañada.

-Les enseño mi espada, el chico nunca ha usado una. – Se explicó señalando al pelirrojo. – ¿Qué clase de magos no han usado nunca una espada?

-Ya te dije loca, que aquí no usamos eso, la herramienta de un mago es su varita. –Ladró Black, enarbolando la suya.

Ella bufó airada. – No hablaba contigo, IMBECIL.

-FFFiiiiuuu. – Silbo Potter encogiéndose y cerrando un ojo ante el fuerte tono de voz usado por la hechicera, miró a su padrino y luego a la cara crispada de la chica. Ron le dio un codazo.

-¡Joder, como está el patio! – Exclamó el pelirrojo.

La directora le miró con gesto recriminante.

La chica arrebató la espada al chico y enarbolo con una mano en las narices de Minerva que se llevó la mano al pecho con una taquicardia. – Pues donde yo vengo, ESTO es la herramienta de un mago. – Soltó, y con un rápido movimiento la devolvió a su funda en su cadera.

La directora tuvo que tomar asiento en el sofá ante la impresión que le provocó la chica, con su cota de maya, la armadura de piel y metal tan rudimentaria parecía una barbará sacada de una película muggle de los tiempos de Avalon. Si ya era complicado hacer pasar desapercibida a Selena, como hacerlo con esa fiera.

-Bueno Minerva, la situación no es tan catastrófica, la señorita ha venido a ayudar. Comentó alegremente el ex director desde su retrato, dedicándole una sonrisa a la castaña, la chica le inclinó la cabeza con reconocimiento.

-Mi padre ha dicho que esa criatura es indestructible. – Comenzó la chica. – Pero también lo eran los unicornios, y según me habéis contado todos menos ella han caído bajo la espada. –Selena asintió levemente. – Entonces, porque no había de hacerlo la bestia, usando las armas adecuadas.

-¿Queréis decir…? – Preguntó Snape frunciendo el cejo.

-Gungnir.- Alzó la lanza. - Por eso la traje, puede perforar cualquier cosa, con ella he dado caza a multitud de dragones. Hasta los piel de roca, puede perforar cualquier cosa. – Selena arrugó la nariz, no olvidaba que ella había asesinado a muchos dragones, según la había dicho por ser devoradores de hombres, lo comprendía, pero le seguía doliendo.

Black, soltó una carcajada despectiva, se irguió y se cruzó de brazos. – Y piensas que TÚ, serás capaz de cazarlo. – Comentó con sarcasmo.

La chica volvió a mirarlo con odio. – Acaso tú lo harías mejor. PERRO.

Harry volvió a mirar a uno y a otro, Ron le dio otro codazo. – Te has fijado…- Susurró el pelirrojo en su oído.

-Aquí hay mucha tensión…- Contestó el otro con una sonrisa picara.

-Otra víctima para el gran Black.

Harry rió, los dos continuaban intercambiando insultos. –No creo que lo vaya a tener muy fácil. – Susurró en su oído.

-Tal vez podáis ocuparos los dos de intentarlo, ya que os lleváis tan "bien". – Los dos miraron a Albus, con los ojos desorbitados.

-¿Cómo? – Chilló con un hilo de voz el animago.

-Pero eso es muy peligrosos Albus. – Gimió la directora. – Ese monstruo es muy poderoso.

-Démosle una oportunidad a la señorita, ella está acostumbrada a tratar con bestias que para nosotros ya solo existen en los libros de historia. – Comenzó en un tono muy neutro. - ¿Tu qué opinas Severus?

Snape, salió de su letargo, y miró a los tres. – Bueno, le he visto enfrentarse a un colacuerno como si fuera un gatito…

-¡UN COLACUERNO! – Saltaron los dos gryffindor, recordando lo mal que lo había pasado Harry con uno en la prueba de los tres magos.

Severus los miró. – Y bastante más grande que el suyo, Potter. – El chico silbó. – Démosle un voto de confianza.

La unicornio agachó la cabeza, acaso no formaban ella y el Toro una misma unida mágica, podría ser que si el Toro era destruido la afectase a ella de alguna forma, incluso acabado también con ella misma. Sintió un leve escalofrió, no le importaba morir, ya había vivido y visto demasiado. Si se detenía a esa bestia y a quien la dominaba, su muerte valdría la pena. Su rostro se contrajo en un gesto de dolor, el mundo ya no necesitaba unicornios.

Ella miró a su protector, como siempre imponente con su capa negra, discutiendo con los otros la forma de emboscar al monstruo. No debía saberlo, él no permitiría que ella muriese, pero era algo inevitable si querían destruir al monstruo que amenazaba su mundo.

Tal vez si eran capaces de sellarlo, o de destruir a su amo…pero era demasiado complicado, y la muchacha parecía decidida a cobrarse su presa. Además ella no podía enfrentarse a él, no con esa forma. Pensó en su conversación con la hechicera durante la noche.

-¿Deseas volver a tu cuerpo?- Le había preguntado la chica con curiosidad.

Ella la había mirado desde la ventana, suspiró profundamente y sacudió la cabeza confusa.

-No lo sabes, verdad. La chica se incorporó y se sentó con las piernas cruzadas sobre su jergón.

-Es todo demasiado confuso, hace unos días no me lo habría planteado.- Susurró. –Pero ahora…

-Te atrae demasiado. – Interrumpió la chica dulcemente.

-Siempre he observado a los humanos, escondida, en silencio. Su forma de ser, sus vidas, sus sentimiento, me confunden y a la vez me fascinan.- La hechicera pudo percibir un brillo en los ojos de la chica, aun en la penumbra.- Unas vidas tan cortas, y a la vez tan intensas. – Se miró las manos. – Y ahora ser uno de vosotros…

Melisande Suspiró. – No es solo lo que sientes siendo humana. – Comenzó suavemente. – También es por él.

-¿Él? – Ella se revolvió incomoda.

La hechicera asintió. - El mago serio, de las túnicas negras. – Comentó con desgana. – No es mi tipo de hombre, pero he de reconocer que tiene algo.- Las mejillas de la unicornio se tiñeron completamente de rojo. – Si, si. Y no me cabe duda que él siente algo también por ti. ¡Por la diosa Madre! No hacéis más que buscaros con la vista y las manos, siempre frío y correcto, y cuando te mira su muro se rompe por completo…

-Lo que dices no es posible. – Susurró la unicornio, abrazándose a si misma. – No repetiré los errores de Amalthea, ella y tu rey sufrieron por ello. No deseo que él sufra…- Tomo aire. - …No quiero causarle más dolor.

-Aun así te atrae. - Afirmó con energía. - La mujer en quien te has convertido siente algo por ese hombre.

-Parece que sabes mucho de ese sentimiento llamado amor.

La hechicera se estiró perezosamente. - Nunca he sentido ese cosquilleo en el estomago por ningún hombre, hasta ahora…Pero tengo tres hermanas ya casadas, y he visto tu mirada en ellas. Y en las doncellas del castillo cuando son cortejadas por algún caballero de su agrado.

-¿Y a ti ninguno te corteja? - Preguntó la otra interesada.

La castaña rió. -No creo que ninguno se atreviera, me temen demasiado. Además como te he dicho nadie ha estado a la altura.

-Ni siquiera el Sr. Sirius. - Comentó la joven de blancos cabellos, estaba aprendiendo pronto eso que los humanos llamaban chincharse.

Ahora fue la otra la que se removió inquieta. Su rostro se tornó una máscara de frialdad. - De ese imbécil no hablo.

La unicornio rió. -Cada vez os entiendo menos a los humanos, dais consejos, pero después sois incapaces de aplicároslos a vosotros mismos.

-Supongo que será un rasgo de la especie. - Masculló la guerrera con desgana.

Minerva la miraba fijamente. - Querida, ¿Te encuentras bien? - Musitó la mujer, tomandola del brazo.

Ella asintió. - Solo recordaba, son demasiadas cosas nuevas.

-Y encima dejarla sola con estos dos irresponsables. - Reprochó la directora. -Debería ir a descansar.- Se giró hacia los dos muchachos que continuaban junto a la castaña, mirando sus armas con fascinación. - Potter, Weasley, acompañen a la señorita a su sala común para que se asee y descanse. - Los chicos se cuadraron.

-Y nosotros a decidir dónde meter a la "Princesa Guerrera". - Masculló Sirius con desgana.

Harry amago una sonrisa al oír el comentario de su padrino mientras salía por la puerta con su amigo y la chica.

-Es un problema. - Murmuró el anciano. - El monstruo ronda el bosque.

-Entonces me quedaré en él. - Afirmó ella con energía.

Snape frunció el ceño. - La cabaña de Hagrid, está cerca del límite del bosque, y es quien mejor lo conoce.

-No creo que ponga ningún problema en que Sirius y ella se queden en su casa. - Comentó la directora.

-¿QUE YO QUE? - Bramó Black apretando los puños.

-¿Él, conmigo? - Gimió la otra señalándolo con el dedo extendido y un gesto indignado en el rostro.

Sirius miró de refilón a Severus, que le devolvió una mirada socarrona arqueando una ceja. - ¿Y por qué no él? - Protestó el animago.

-Simple Canuto, Te recuerdo que yo doy clases de pociones, más las clases de 6º y 7º de DCAO, si te parece tengo muchooo tiempo libre. - Comenzó con su tono de voz más sarcástico. - Tu en cambio vives de rentas, y no creo que te rompa mucho esa apretada agenda que tienes…mírale el lado positivo, disfrutaras de la naturaleza…- Rió por lo bajo. - …y podrás conocer mejor a "tu amiguita".

- Mo-me-jod…- Se atragantó el otro con la última afirmación.- ¿Estáis tomándome el pelo no?

- Severus tiene razón eres el más indicado para cooperar con la señorita. - Comentó divertido el ex director.

El animago bajó los brazos y la cabeza derrotado, la chica lo miraba con una promesa de hacerle la vida imposible en sus ojos verdes… ¡Dioses! ¿Por qué a él?

La directora se sentó muy tiesa en su sillón. - Y ahora. Cuenten lo que han averiguado…

Saludos a todos.

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